- ¿De cuántos estamos hablando? - preguntó el hombre sentado al otro lado de la mesa, Daron-Vex, el embajador de Krypton. Era moreno con una barba espesa que no había dejado de acariciar en toda la reunión.
- Ahora mismo en la fortaleza tenemos retenidos una cincuentena de los soldados. Son los altos cargos. En la ciudad hay el resto, más sirvientes y esclavos que trajeron con ellos. En total, unos ciento cincuenta.
- Interesante. - respondió Daron pensativo.
- Piense también en el valor de estos prisioneros. - añadió Kara sentada junto a Kal en frente del hombre. - Seguro que Krypton sabe hacer un buen uso de ellos.
- Sin duda son de gran valor. Hay que hacer pagar a los daxamitas el atrevimiento de atacar a uno de nuestros más preciados aliados. - sonrió - El problema es que el número de esclavos acordado con el rey Jor-El era de mil al año. Puede ver el problema, majestad.
- Estoy seguro que podemos llegar a un acuerdo. El final de esta guerra nos ha dejado cosas buenas y malas. No tenemos suficientes candidatos para llegar a ese número.
Un sirviente interrumpió en la reunión. Se acercó a Kal y le susurró algo en el oído.
- Me temo que me tendrán que disculpar. - dijo Kal levantándose. - Asuntos de la fe que debo atender de inmediato.
- Por supuesto, majestad. No se debe hacer esperar a Rao. - respondió Daron levantándose también y haciendo una reverencia.
- Mi prima, la princesa Kara Zor-El, se encargará de la negociación mientras yo no esté. - la señaló Kal y se fue seguido por el mensajero.
- ¿Zor-El? - preguntó sorprendido el hombre una vez estuvieron solos y se volvió a sentar. - Sus padres eran brillantes. Todavía se habla muy bien de ellos en Krypton.
- Nunca los conocí. - contestó seca Kara.
- Es una pena. ¿Nacisteis aquí? - preguntó Daron con curiosidad.
- Sí. La verdad es que nunca he salido de Thera.
- Vaya. Deberíais plantearos volver a Krypton algún día. - sugirió Daron. - Aquí solo podéis aspirar a ser la segunda por detrás de vuestro primo. Seguro que con vuestro apellido conseguiríais brillar por usted misma en nuestro hogar.
- Esta es mi casa, señor. La pondré por delante de cualquier ambición propia. - respondió Kara.
- Está bien. Pero bueno, no está de más que sepáis que podéis aspirar a más.
La reunión continuó un par de horas más hasta que llegaron a la conclusión de que ese día no iban a ponerse de acuerdo. Decidieron dejarlo para el día siguiente. Se despidieron. Daron se fue en dirección a sus aposentos mientras Kara seguía los pasos de Kal.
- ¿Sabéis dónde está el rey? - preguntó Kara a uno de los empleados que pasaba por allí. Kal no había dado señales de vida desde que se había ido.
- Alguna cosa ha pasado en la biblioteca, princesa.
*/*/*/*
No se lo podía creer. Allí estaba ese hombre otra vez.
Lena solo lo había visto ese día entrando junto a la Voz de Rao a esa misma sala. No había vuelto a saber de él. Se fue con la Voz.
- ¿Qué haces aquí? - preguntó Lena en tensión agarrando lo primero que pudo como arma: una silla.
- Así que es cierto. Encontrasteis su pequeño escondite. - dijo en hombre paseándose tranquilamente por la sala.
- Sí y ya no eres bienvenido aquí. - gruñó Lena levantando el mueble por encima de su cabeza.
- Si todavía no sabes mis motivos para estar aquí, ¿por qué me estás amenazando? No sabes si te puede interesar. - contestó fijando su atención en un montón de papeles e ignorando la silla que matenía en alto Lena.
- ¿Qué querría un perrito faldero de la Voz? - contestó Lena sin bajarla.
- Veo que habéis podido descifrar estos documentos. Interesante. - contestó el hombre analizándolos papeles.
- ¿Lena? ¿Quién es ese hombre? ¿Qué está pasando? - preguntó alarmado Brainy entrando por la puerta.
- Vaya, tú debes ser Brainy. He oído mucho de ti. Mi nombre es William. Soy uno de los altos sacerdotes de Rao. - dijo William ofreciendo su mano a Brainy.
El antiguo esclavo lo miró confundido e hizo un paso atrás.
- Brainy, ve a avisar al rey y a Alex. Explícales quien está aquí. - le ordenó Lena.
- En seguida. - asintió y desapareció de la sala.
- No soy una amenaza. - dijo William girándose hacia la morena.
- ¿Estás aquí para detenernos? - preguntó desconfiada Lena.
- Ni mucho menos. Si hubiera querido deteneros, hubiera recurrido a otros métodos. Mis espías han sabido que estabais encallados y he venido a ayudar. Por ejemplo, - continuó cogiendo un papel aleatorio- ¿habéis podido descifrar este? - preguntó mirando a Lena que solo negó con la cabeza. - El código está relacionado con las escrituras raoistas. Supongo que no las has leído. - rio - Comienza por: "Estimado Jor-El". A ver… Mira, parece estar firmado por la Voz. - dijo sonriendo burlonamente a Lena. - ¿Lo habíais descifrado?
- No.
- Ya me parecía. - respondió volviendo su mirada al papel.
- Si eres tan listo, descifra este. - dijo enseñándole otro. Lena llevaba horas con ese y, como era habitual, no había logrado nada. William lo cogió echándole un vistazo.
- Interesante. Creo que está mezclando diferentes códigos. ¿Puedo? - preguntó haciendo un gesto para coger algunos papeles en blanco y empezar a tomar apuntes.
- Adelante. - respondió Lena algo desconfiada ofreciéndole la silla que estaba sujetando. Se puso a un lado para observarlo atentamente.
- Quiero una explicación de lo que está pasando aquí. - interrumpió Kal furioso en la habitación seguido de Brainy. - ¿Qué hace este aquí?
El kryptioniano lo agarró de las solapas de su túnica y lo estampó contra una de las paredes
- Solo vengo a ayudar. - dijo William levantando las manos en señal de rendición.
- ¿Por qué? - lo interrogó Kal.
- Tenemos en común que queremos sacar a la actual Voz de Rao. ¿Cierto?
- ¿Qué interés puedes tener en eso? - preguntó Kal desconfiado.
- Vais a necesitar una nueva. - respondió William. - Estoy apostando por mi candidatura.
- ¿Y por qué crees que te convertirías en la nueva Voz?
- Sé lo de los esclavos y todo lo que ha hecho la Voz. - añadió mirando a Lena de reojo. - Me repugna tanto como a vosotros. Solo quiero hacer de Thera un lugar mejor.
- ¿Lena? - le preguntó Kal.
- Puede ser útil, aunque no me fio. - respondió ella entrecerrando los ojos.
- Llevarás a alguien de confianza vigilándote constantemente. - advirtió Kal mirando al extraño y lo soltó.
- De acuerdo. No tengo nada que ocultar. - aseguró William.
Brainy, William y Lena volvieron al trabajo. Se repartieron por diferentes sitios de la sala. Kal se quedó con los tres en una esquina para verlos trabajar y ayudó en lo que pudo. Al cabo de unas horas, Kara apareció también.
- ¿Por qué hay un sacerdote de Rao aquí? - gruñó Kara desconfiada.
- Está ayudando. Dice que quiere ser la nueva Voz de Rao. - explicó Kal. - ¿Ya habéis acabado?
- Creo que se te dan mejor las negociaciones a ti que a mí. - suspiró Kara frotándose la frente. - Mañana vamos a continuar. Pero no quiere bajar de la cifra de dos cientos cincuenta.
- Es una gran mejora. - celebró Kal. - Pero sigue siendo malo.
- Me dan asco estos kryptonianos que viene aquí exigiendo. - se quejó Kara. - ¿Qué se creen?
- De momento, son los que nos tienen entre la espalda y la pared. Y vuestros paisanos. - bromeó Lena señalando a Kal y Kara.
- Nadie te ha pedido la opinión. - gruñó Kara enfadada. ¿Qué se había pensado? Que estuvieran en la misma sala, no significaba que la morena pudiera dirigirle la palabra. Menos, si sola era para burlase de ellos.
- Haya paz. - intervino Kal. - ¿Mañana tienes algo programado?
- No, ¿por qué? - contestó Kara con curiosidad.
- Porque necesito que alguien se quede vigilando a este. - señaló Kal a William. - Mientras tanto, yo me encargaré de negociar.
- ¿Todo el día? - se quejó Kara.
- Mientras esté trabajando aquí, sí. Para el resto del día asignaré a algunos guardias de confianza.
- Si te parece bien Kal, voy a trabajar el tema hospital desde aquí. Así también le echo un ojo. - añadió Lena.
- Perfecto. - respondió él.
- Genial… - respondió Kara también rodando los ojos.
*/*/*/*
Kara se encontraba golpeando con fuerza el muñeco de entrenamiento cuando Alex apareció por el patio.
- ¿Has vuelto a ver a Lena? - preguntó divertida Alex.
- ¿Tanto se nota? - respondió Kara sin detener sus golpes.
- Esos tres muñecos rotos del suelo me lo dicen. - dijo señalando a los objetos en cuestión. No estaban muy lejos de la rubia mientras esta apalizaba a su cuarta víctima.
- Tienes que comprar mejores. No aguantan ni dos golpes. - se quejó Kara.
- Lo que no aguantan es a ti enfadada. Aunque creo que lo llevan mejor que yo. - bromeó Alex.
- ¿Qué quieres decir? - dijo Kara confundida deteniendo sus golpes.
- Que eres idiota, para variar.
- ¿Por qué? - preguntó ofendida.
- Por estar todo el día de morros porque estás enfadada con Lena y ser incapaz de hacer algo al respecto.
- ¿Y qué quieres que haga?
- Hablar con ella.
- ¡Ja! - respondió dando un golpe a la cabeza del muñeco que lanzó a algunos metros de distancia. Kara suspiró. Ahí iba el cuarto.
- Voy a dejar de comprarlos como continúes a este ritmo. ¿Por qué no te vas a nadar un rato y cuando te calmes hablamos?
- Iría encantada. - gruñó Kara furiosa. Ese era un tema sensible. - Pero, ¿sabes qué? El sitio ideal que tenía para ir está tapiado desde la invasión, desde que todo el mundo lo descubrió. Y ¿sabes por qué? Porque Lena se encargó de que todos lo vierais.
- Kara…
- No, Alex. Estoy harta. Y encima tendré que pasar el día de mañana con ella.
- ¿Qué? - preguntó Alex sorprendida.
- ¿No te has enterado sobre lo de William?
- Ahora me lo cuentas. Por cierto, ¿a qué hueles? ¿Te has bañado en cerveza o algo?
- No, solo que he ido a la ciudad un rato y ha habido una pelea en una taberna.
Kara prefirió obviar que ella había sido una de las que se había peleado. Evidentemente, la otra mujer no tuvo ninguna opción. Solo Barry, ofreciéndole otra jarra de cerveza, consiguió que la rubia tuviera un poco de compasión.
*/*/*/*
De momento, el plan de Kara estaba funcionando a la perfección. Llevaba tres horas allí y Lena no había podido dirigirle ni una sola vez la palabra. No era por falta de intentos de la morena. Cada vez que veía de reojo que iba a hablarle, ella empezaba a hablar con quien fuera. Nunca había cruzado tantas palabras seguidas con Brainy, aunque no entendiera la mitad de lo que le decía. William empezaba a caerle bien. Todo estaba bajo control.
- Creo que voy a buscar algo de agua. ¿Queréis algo? - dijo Kara levantándose aburrida.
- Yo un poco de agua. - contestó Brainy.
- Yo también. - ese fue William.
- ¿Puede ser un poco de té? - preguntó Lena.
- Perfecto, tres de agua entonces. - dijo Kara con toda la intención de hacer saber a la Luthor que no pensaba traerle nada. No iba a ser la camarera de Lena. Se dio media vuelta y salió por la puerta.
Cuando llegó a la puerta de entrada de la biblioteca oyó unos pasos a su espalda y como la agarraban del brazo haciéndola girar.
- ¿Puedes dejar de ignorarme? - le reprochó Lena.
- No sé de qué me hablas.
- Lo sabes perfectamente. Mira, entiendo que no quieras perdonarme. No te estoy pidiendo que volvamos a lo de antes. Pero, por lo menos, ¿podemos tener una relación cordial?
- No veo el problema en continuar como hasta ahora.
- ¿Y vamos a estar toda la vida así? Venga, Kara. Somos mayorcitas como para comportarnos como crías. Por el bien de Thera, que por si no lo has notado, es lo que está en juego, vamos a llevarnos bien.
Kara se la quedó mirando unos instantes. Lena todavía la tenía agarrada del brazo. Se sentía idiota por sentir un cosquilleo en el estómago por tenerla tan cerca. Su cuerpo tenía que estar tomándole el pelo. No podía ser que respondiera así después de todo lo que había hecho la otra. Pero, ¿a quién intentaba engañar?
- Dejaré de ignorarte si eso te sirve. Pero no esperes más de mí. No me hables si no es estrictamente necesario, no me toques y no me busques. ¿Queda claro? - preguntó Kara zafándose del agarre de Lena.
- Transparente.
- Ahora vuelvo.
Lena volvió a la habitación a trabajar. El hospital casi estaba listo y, con la ayuda de William, habían conseguido empezar a descifrar ciertos documentos.
Kara apareció al cabo de un rato con una jarra con agua, tres vasos vacíos y una taza de té.
*/*/*/*
Kara, Kal, Alex y Lena estaban sentados alrededor de la mesa cenando. Hacía unos días desde que William había aparecido por la fortaleza y que Kara había aceptado el pacto de tolerancia de Lena. De momento, la morena se había comportado, así que Kara aceptaba tener que compartir la mesa con ella.
- ¿Así que ya lo tenéis todo listo? - preguntaba Kal.
- Sí, todo ha ido mejor de lo que esperaba. - explicaba Lena. - En un par de días podremos inaugurar el hospital.
- Por fin una buena noticia. - suspiró Kal. - Kara, ¿te encargas de organizarlo todo?
Kara estaba ignorando a los otros tres hasta que oyó su nombre. Repitió las últimas palabras de Kal en su mente. Tenía que estar de broma.
- ¿Por qué yo? ¿No tengo que estar vigilando a William?
- Te recuerdo que forma parte de tus funciones. - explicó Kal.- De William, se encargará Alex.
- A sus órdenes, majestad. - refunfuñó Kara cruzándose de brazos.
- Vamos, Kara. No es para tanto. - la consoló Alex.
- Ya lo sé, pero es que nunca me ha gustado tener que encargarme de estas cosas. Es muy aburrido y artificial.
- Bueno seguro que entre Lena y tú podéis hacer algo decente. - rio Kal.
- ¡¿Qué?! - gritó Kara alarmada mirando a Alex como si le hubiera dado la peor noticia del mundo.
Lena, que en ese momento estaba bebiendo, se atragantó.
- ¿Qué pasa? - preguntó Kal confundido.
- ¿Como que entre Lena y yo? ¿No era cosa mía?
- Es su hospital. Me pensaba que habíais arreglado las cosas.
- Lo justo para convivir. - murmuró Kara.
- Perfecto. Entonces no veo ningún problema. - dijo alegre Kal.
Cuando acabaron de cenar. Lena fue la primera en irse. A ella, todavía le quedaba volver hasta la ciudad a dormir. Alex la acompañó hasta la puerta.
- Sabéis que me puedo encargar de la inauguración yo sola. No necesito a Kara. - dijo Lena a la Danvers.
- Bueno, te quejarás de que te hemos dejado a Kara en bandeja de plata. - bromeó Alex.
- Así que lo hacéis a posta. - respondió Lena entrecerrando los ojos.
- Evidentemente. No hay quien soporte a Kara con este humor. La verdad es que, mientras estaba contigo, era más soportable. Todos ganamos.
- Sí, claro. Porque obligarnos a trabajar juntas va a ayudar muchísimo.
- Mientras no vuelvas a meter la pata… Ahora ya es cosa tuya.
- Sin presión.
*/*/*/*
- ¿Quieres beber algo? -preguntó Lena a Kara que se acababa de sentar a su lado en una mesa vacía.
- No, gracias. De momento, no. ¿Con qué quieres empezar?
- Me preocupa la seguridad. Ya sabes, últimamente los radicales han estado muy activos. No han dejado de pasearse por delante del hospital.
- Vale. Empecemos por ahí. ¿Me dejas ver los planos? - preguntó Kara.
Lena se levantó y fue hasta un armario cercano. Abrió el cajón donde los guardaba. Los agarró y los puso delante de la rubia.
- Aquí los tienes. - le dijo la morena quedándose de pie a su lado.
- No te ha quedado mal la distribución del hospital. - dijo Kara analizándolos. Se puso de pie al lado de Lena para poder verlos mejor.
- ¿No los habías visto todavía? Los expliqué en una reunión del consejo. - le contestó Lena mirándola confundida.
- Tendía a desconectar cuando hablabas tú.
- Bien. Déjame que te los explique. - contestó acercándose a Kara y señalando las diferentes partes del plano de las que iba hablando. La rubia volvió a notar un cosquilleo en todo su cuerpo. Volver a sentir el cuerpo de Lena cerca de ella no la estaba ayudando a concentrarse en la explicación lo más mínimo.
Con un poco de suerte, comprendió lo justo como para trazar un plan decente y continuaron con el resto de la organización.
Kara cogió la silla que había estado usando y la alejó lo máximo de la de Lena, cada una sentandose en extremos opuestos de la mesa. Suficiente de Lena había tenido por lo que quedaba de día. Un par de discursos por aquí, la invitación de ciertos personajes importantes por allá y poco más y lo tendrían todo listo. Serviría como un buen ejemplo para mostrar a Daron-Vex.
Pararon para ir a almorzar un rato y descansar. Bajaron a uno de los comedores. En todo el camino no cruzaron una sola palabra. El ambiente siguió igual mientras comían. Se había instalado un silencio incómodo entre ellas. Kara solo rogaba por volver al trabajo para acabar con aquello cuanto antes.
- ¿Te ha gustado el vino? - rompió el silencio Lena intentando relajar el ambiente.
- No está mal. Me resulta familiar. - dijo Kara dándole un trago.
- Es de la región de Midvale. Se parece al que tomamos en la mansión del gobernador. ¿Recuerdas cómo nos emborrachamos? - rio Lena.
- Recuerdo más como me desperté al día siguiente con una nota tuya. - gruñó Kara enfadada.
- Vaya, no ha sido el mejor tema que podía sacar.
- Para nada.
- Supongo que te he dado motivos de sobra para odiarme.
- Unos cuantos.
- Lo más gracioso es que nunca lo hice con intención de hacerte daño. - sonrió con dolor Lena mirando su copa vacía.
- No se nota.
- Kara… te he pedido perdón una y mil veces. - dijo Lena derrotada soltando su copa y mirándola. - Pero sé que no sirve de nada. Así que dime, ¿qué quieres que haga?
- No hace falta que hagas nada. - respondió Kara cruzando los brazos.
- Pero quiero arreglar lo nuestro. - contestó Lena levantándose para acercarse a Kara y ponerse de rodillas a su lado.
- Y yo no. - contestó Kara. Se levantó y se giró para contestar lo siguiente: - Lena, lo decía en serio cuando te dije que desde que te conozco no hago más que salir más y más herida. Y no solo físicamente. No quiero pasar por eso otra vez. Simplemente estoy cansada.
- Lo entiendo, pero ahora ya no tenemos por qué salir heridas otra vez. - dijo Lena cogiendo una mano de Kara todavía desde el suelo. - Todo lo que pasó fue por culpa de la guerra. Y la guerra ha acabado. Ahora estamos en el mismo bando.
- Yo no estaría tan segura. Sabes cómo me llaman los radicales. - contestó triste Kara. - No he hecho en mi vida algo de lo que me avergüence más y la gente solo me conoce por ello.
- Lo sé, Kara. - dijo Lena acariciando su mano. - Y sé que no eres esa persona. Ven, quiero enseñarte algo. - se puso de pie e hizo que Kara la siguiera.
Salieron a los jardines traseros. Aquello era un pequeño bosque cruzado por pequeños caminos de piedra con pequeños canales de agua por donde circulaba el agua. Remontando el agua de una corriente, llegaron a un pequeño estaque en una esquina de los muros que rodeaban el palacio. Por la pared, bajaba una pequeña cascada que lo llenaba de agua.
- ¿Qué es este lugar? - preguntó Kara. No sabía por qué, pero le resultaba familiar.
- Es la fuente donde te encontré esa vez que te perdiste cuando eras pequeña. - sonrió Lena con nostalgia.
- Antes de que los Luthor intentarais matar a mi tío y después de que mis padres murieran. - le reprochó Kara.
- ¿Puedes dejar de mirar solo las cosas malas del pasado? - rogó Lena. Kara la miró con una ceja alzada. - Yo cuando miro esta fuente solo recuerdo a una niña rubia salpicando y jugando con el agua.
- Qué tierno. - se burló Kara. - Deberíamos volver al trabajo.
Lena suspiró viendo como Kara volvía tras sus pasos. Podría haber ido peor.
*/*/*/*
Ya era de noche cuando por fin lo tuvieron todo listo. Al día siguiente cada una se encargaría de organizar su parte para, en dos días, llevar a cabo la inauguración.
- ¿Seguro que no te quieres quedar a dormir? ¿O por lo menos a cenar? - preguntó Lena preocupada.
- No, gracias. Me tengo que ir. ¿Quedamos mañana con Kal para acabar de organizarlo todo?
- De acuerdo. Te acompaño a la puerta.
- No, tranquila. Me sé el camino. Hasta mañana. - contestó antes de irse prácticamente corriendo.
- Qué descanses. - se despidió Lena triste por no poder pasar algo más de tiempo con ella.
Kara salió del despacho y bajó las escaleras que la llevaron hasta la entrada principal del antiguo palacio real. Dos guardias situados a cada lado le dieron las buenas noches a su paso.
Debería ir a la fortaleza antes de que fuera más tarde, pero necesitaba desconectar. Todo el día con Lena solo le había calentado la cabeza. Un poco más de tiempo allí y tenía la sensación que no hubiera sido capaz de alejarse. Lena era como una adicción. Hacía semanas que había superado el mono y no quería recaer. Necesitaba algo que la sacara de su cabeza y rápido. Podría pasar por Kandor. Seguro que allí se distraía. Eso siempre funcionaba.
Lena sentía la frustración crecer dentro de ella por no haber conseguido nada ese día. Aunque era entrada la noche, decidió ir al templo a rezar. Estaba en la otra punta de la ciudad. Se cubrió completamente para que no la reconocieran. Para la época del año, aquella todavía era una noche calurosa de verano. Las calles estaban iluminadas por lámparas de aceite repartidas por las calles. Lena podía leer insultos a sus dioses pintados en las paredes. Suspiró. Llegó a una plaza que se abrió ante ella. Había un gran edificio en el centro. Era circular con una cúpula que cubría todo el tejado. Antes de los El, ese edificio había sitio el templo secundario de sus dioses en la capital. Con su llegada, se convirtió en un mercado. Ahora había vuelto a ser su templo.
Entró por la entrada principal flanqueada por columna. Se quitó su disfraz y analizó el interior. Se sorprendió al encontrar gente dentro. Repartidos por el círculo, había altares para todos sus dioses más importantes. Lena se dirigió hasta el altar de Iza.
*/*/*/*
La inauguración del hospital había sido un par de días atrás. Sorprendentemente, todo había ido bien. No hubo radicales causando alboroto ni ningún problema de cualquier otro tipo. Por un día, pareció que la gente sabía comportarse.
Lo que no estaba yendo también era las negociaciones con Daron-Vex que continuaron teniendo después.
- Majestad, entiendo que el reino está pasando por un momento delicado puesto que acaba de salir de una guerra, pero no puedo bajar más del número: este año, dos cientos cinquenta y quinientos esclavos por año durante los próximos cinco años. - explicaba el embajador. - Eso es el mínimo que Krypton aceptará. Y estamos siendo generosos y comprensivos con la situación, pero tenemos un límite.
- No tenemos de donde sacar esa cantidad de gente, Daron. - insistía Kal. - Podemos ofreceros otros materiales o alimentos, pero no más esclavos.
- Quizá no deberíais haber levantado el castigo por herejía. - le respondió el hombre sereno. - En un par de meses, podríais acumular el número necesario. Además, en Krypton están preocupados por el auge de la antigua religión y la inestabilidad que podría generar la convivencia entre las dos religiones.
- Eliminar esa ley es lo que nos ha traído paz. Thera no dará pasos atrás. - sentenció Kal. - Tendremos que llegar a algún tipo de acuerdo, porque no vamos a poder cumplir este.
Daron no contestó. Se quedó unos instantes en silencio mirando a Kal y Kara hasta que suspiró.
- Majestad, creo que no me estoy explicando. Necesitáis llegar a ese número de esclavos por vuestro bien. A Krypton no le importa qué casa esté al frente de Thera, mientras la mercancía siga llegando. Si queréis que la Casa de El siga existiendo, buscad los esclavos. Si no, usted y la princesa seréis simplemente reemplazados.
- ¿Es una amenaza? - respondió Kal arrugando la frente.
- Sí, de parte de Krypton. Yo soy el mensajero. - finalizó Daron-Vex levantándose de la mesa. Se fue de la sala seguido de su ayudante.
Kara y Kal se quedaron solos pensativos.
La rubia se paseaba de un lado al otro de la sala de brazos cruzados.
- ¿Qué hacemos, Kara? - preguntó Kal llevándose las manos a la cara derrotado.
- Supongo que si queremos mantener nuestra cabeza sobre los hombros tenemos que encontrar esos esclavos. - respondió parándose delante de una pared. Alargó los brazos colocando sus palmas contra el muro y se apoyó contra él.
- ¿Te imaginabas que esto iba a ser así? - murmuró él.
- ¿El qué? - preguntó Kara confundida.
- Gobernar. - suspiró Kal.
- Supongo que esperaba poder cambiar algo, pero es evidente que no. Seguimos siendo unos títeres. - respondió la rubia.
Los dos siguieron sumergidos en sus propios pensamientos sin moverse ni un centímetro.
- Busca en los registros de presos a ver si hay manera de sacar esos cien esclavos de algún sitio para este año. - dijo finalmente Kal.
- Está bien. - asintió Kara. - Intentaré tenerlo para mañana por la noche. Pero el consejo debería estar al tanto.
- Lena y Alex nos van a matar. - susurró Kal.
- Puestos a elegir, prefiero que me maten ellas a que lo haga Krypton. - bromeó Kara.
- Cierto. - asintió Kal con una sonrisa triste. - Programaré una reunión con el consejo para pasado mañana. ¿Crees que lo puedes tener listo?
- Empezaré ahora. - respondió Kara incorporándose de nuevo.
- Gracias, Kara. Enviaré una nota a Daron para informarle que estamos buscando esos esclavos. Y empezaré a pensar de donde sacar los esclavos del año que viene.
*/*/*/*
Después de su jornada, Lena se dirigió al despacho de Kal antes de volver al antiguo palacio real.
Golpeó la puerta y entró cuando la voz del kryptoniano le dio permiso.
- ¿Tienes un momento?
- Sí, claro. Pasa, Lena. - contestó Kal dejando sus papeles sobre la mesa. Estaba sentado en su escritorio trabajando.
- Solo quería saber cómo van las reuniones con Daron-Vex. - dijo Lena colocándose delante de la mesa de Kal.
- Te seré sincero, Lena. Muy mal. - respondió él apoyando los brazos encima de la mesa. - Aunque podría ser peor supongo.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó Lena preocupada sentándose en una de las sillas.
- ¿Básicamente? Somos unas vacas a las que explotan para sacar todo lo que pueden. Y como las vacas, no tenemos más remedio que aceptarlo. - respondió abatido dejándose caer en la silla.
- Algo habrá que se pueda hacer. - insistía Lena.
- Nos ha amenazado, a Kara y a mí. Según él, si Krypton considera que no somos lo suficientemente competentes, nos sustituirán. No creo que sea de forma pacífica.
- Os defenderemos, defenderemos Thera. No vamos a seguir bajo el yugo de Krypton.
Kal se echó a reír.
- Mira esto. - dijo Kal lanzándole un documento que tenía dentro de un cajón de su escritorio. - Es un diario de Krypton. La noticia de la portada dice que han conseguido reforzar el ejército con mil armas como esa. Son revólveres con balas tan grandes como puños que pueden disparar más de cien veces en un minuto. Dime, Lena. ¿Cómo piensas defender Thera de eso?
- ¿Qué diablos? ¿Cómo? - contestó Lena mirando el documento entre asombrada y asustada.
- Si no lo sabes tú, menos voy a saberlo yo. Lena, no veo cómo vamos a salir de esto.
- ¿Qué es lo que pide?
- Quinientos esclavos por año. Primero pedía mil. Kara lo convenció para bajar el número.
- ¿No crees poder bajarlo más?
- No, Lena. Kara ya está trabajando en sacar los de este año. Yo estoy trabajando en sacar a los de los años siguientes. Mañana lo votaremos en el consejo. ¿Contaré con tu voto? - preguntó con algo de temor.
- No, Kal. - respondió Lena completamente seria. - Por principios, no voy a apoyaros. Pero me aseguraré de que Lex no se entere. Sería el fin de la tregua.
- Gracias, Lena.
*/*/*/*
Como era de esperar, los miembros más antiguos del consejo no tuvieron ningún problema en aceptar el nuevo plan de Kal y Kara.
Lena era de los que lo llevó peor, pero prácticamente fue la única en votar en contra del plan.
Afortunadamente, Daron aceptó las nuevas condiciones. Pero decidió quedarse una temporada más para asegurarse que todo estaba bajo control después del cambio de rey.
Además, para empezar a recolectar los esclavos para el siguiente año, Kal diseñó cambios en ciertas leyes. Endureció los castigos a diferentes delitos que pasarían a ser cadena perpetua. Esa condena sería la que usarían para enmascarar que los entregarían a Krypton en secreto. Evidentemente, el pueblo no recibió bien las noticias, sobre todo ciertos sectores raoistas, puesto que la agresión a gente por motivos de culto pasaba a estar castigado con esa pena.
Así que desde hacía una semana había empezado a haber más y más disturbios de los radicales raoistas. Por suerte, de momento nada había pasado más allá de daños materiales. Uno de los sitios que más ataques había recibido era el nuevo hospital. Culpaban a la presencia de una Luthor en la corte de la persecución que según ellos estaban sufriendo. Parecía que la presencia de William, sacerdote de Rao, en el hospital alejaba un poco a algunos de los radicales. Así que prácticamente ahora vivía allí desde donde trabajaba en el desencriptado.
Kal y Kara confiaban en que los propios raoistas vieran que no llegarían a nada actuando así, pero Alex y Lena empezaban a estar más y más preocupadas y no paraban de insistir en que deberían intervenir.
- ¿Crees de verdad que nos dejará en paz? - preguntó Kara después de acabar la última reunión con Daron-Vex.
- Con un poco de suerte... - suspiró Kal.
Los dos estaban sentados relajados en una sala del palacio real de la fortaleza tomándose un descanso después de tantos días ajetreados.
- Siento importunarles. Alex los reclama en su despacho, majestad. - dijo una mujer entrando corriendo en la sala. - Dice que es urgente.
Kal y Kara se miraron extrañados. Salieron disparados en dirección al despacho del primero. Alex los esperaba allí acompañada de algunos de sus hombres.
- ¿Qué pasa, Alex? - preguntó Kara.
- Os avisé. Os lo dije y no me hicisteis caso. - decía Alex enfadada mientras se paseaba de un lado al otro de la sala.
- ¿De qué nos avisaste?
- Esta mañana han llegado una decena de heridos al hospital de Lena. Los habían atacado por la noche. No querían decir quien les había hecho eso, pero creo que es evidente. Y, ahora, vais a levantar el culo de vuestros asientos reales porque están atacando el templo de los antiguos dioses y estaba lleno de gente. La ciudad es un caos. Se están levantando pequeñas revueltas por todas partes. Pero lo del templo es urgente.
- ¿Y qué hacemos con Daron? - interrumpió Kara. - Como se entere de lo que está pasando, todo lo que hemos logrado estos días no servirá de nada. Tenemos que sacarlo de aquí.
- Pues no parece muy dispuesto a irse. - respondió Kal.
- A ver, dice que no ve cómo puede convivir Rao con los antiguos dioses. ¿Y si lo mandamos al pueblo donde estuve con Lena? Entre la ida y la vuelta, estaría más de un mes fuera. ¿Es suficiente tiempo?
- Puede bastar. - contestó seca Alex.
- Perfecto. Kara quédate a organizar su marcha. Que no se entere de nada. Sácalo ya de la ciudad. - ordenó Kal.
- ¿Y quién lo acompaña? - preguntó Kara.
- ¿Brainy? - sugirió Alex.
- Podría servir. - finalizó Kal.
Los tres se pusieron en marcha, cada uno a realizar su misión.
*/*/*/*
Una vez el problema con Daron-Vex estuvo solucionado, Kara se fue a apoyar a Alex y Kal en el templo.
De camino, Kara tuvo la desafortunada suerte de oír vítores de parte de los radicales hacia ella. No sabía que maldita historia estaba corriendo entre esa gente, pero parecía que la figura de la purificadora de Gimina no hacía más y más que crecer.
Para cuando Kara llegó al templo, Alex y Kal habían conseguido disolver parte de los raoistas y habían liberado la puerta principal por donde podían empezar a sacar gente del interior. Sin embargo, los radicales estaban atacando el resto de entradas secundarias. Era cuestión de tiempo de que lograran entrar por otro sitio.
Kara recogió a las víctimas y los escoltó junto a una guarnición hasta el hospital de Lena. Fue una operación delicada. Cada tanto, alguien se les lanzaba encima intentando atacarlos. No tuvieron que lamentar más heridos por suerte, pero los raoistas no iban a estar contentos.
Cuando por fin llegaron al hospital, algo iba mal. El sitio estaba desierto y los guardias, noqueados en el suelo. A medida que fueron entrando, gente parecía de diferentes escondrijos.
- ¡Kara! ¡Rápido! Han ido al despacho de Lena. - gritó William saliendo de algún escondite.
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Fuera del despacho de oyeron unas fuertes voces. Tres hombres entraron en tromba a la habitación.
- ¡Tú! ¡Bruja! - gritó uno de ellos apuntándola con un trozo de madera.
- Vaya, eso sí que es un cumplido. - dijo levantándose de su silla tranquila. Rodeó su mesa y se apoyó en ella. Los analizó de arriba abajo. - Veo que ninguno de los tres está herido. A no ser que alguno de vosotros esté enfermo, podéis largaros. Esto es un hospital.
- No hasta que venguemos la muerte de nuestro rey. - gruñó uno acercándose a ella para agarrarla del cuello y estamparla contra la pared. - Si tú mueres, solo quedarán dos Luthor más. - añadió para luego empezar a apretar el agarre en el cuello de la morena. Ella se removía contra él intentándolo golpear, pero el aire dejó de entrar en sus pulmones. Entonces, intentó escaparse de él, pero los otros dos la inmovilizaron contra la pared. Pese a eso, no dejaba de intentar moverse.
Se oyó el martillo de un revólver cerca de ella. Su vista empezó a volverse negra y apenas lograba ver más allá del hombre que la ahogaba. Podía notar como sus músculos perdían fuerza poco a poco.
Había tenido una buena vida, no se iba a quejar a esas alturas.
- Soltadla. Tengo balas para todos. - oyó de lejos en mitad de la oscuridad la voz de Kara.
- Pero, majestad, tenemos que matar a la bruja. - oyó a un hombre responder.
- A esta bruja solo yo la puedo matar, ¿queda claro? - contestó Kara y oyó el ruido del disparo.
El agarre del hombre desapareció y Lena cayó al suelo intentando recuperar el aire.
Pudo ver como los tres hombres salían corriendo por la puerta. Kara se arrodilló delante de ella. La cogió de la mandíbula para que la mirara.
- ¿Estás bien? - le preguntó preocupada a un palmo de distancia.
- Solo un poco mareada. Sepárate. Necesito aire. - le contestó Lena dándole un empujón.
Con el espacio recuperado, se apoyó contra la pared intentando volver a recuperar el aire. El corazón le latía desenfrenado. Kara se había puesto de pie y la miraba incómoda a un metro de ella.
- ¿Qué haces aquí? - le preguntó Lena cuando ya estaba más relajada.
- De nada por salverte la vida. Ha habido un ataque al templo de los antiguos dioses. Hemos conseguido sacar a la gente de allí y te los he traído para ver si puedes curar los heridos. - explicó de brazos cruzados apoyándose en la mesa.
- ¿Habéis asegurado el hospital?
- Claro. No soy tan idiota. - bufó Kara.
- ¿Y qué haces aquí de todas formas? En mi despacho quiero decir.
- William me ha dicho que un grupo de hombres había entrado destrozando todo lo que había por delante y que habían ido directos a tu despacho. - respondió encogiéndose de hombros.
- Gracias. - dijo Lena incorporándose.
- De nada. ¿Estás mejor? - preguntó Kara acercándose cuando Lena se tambaleó un poco al levantarse.
- Sí, no te preocupes. - respondió volviendo a la mesa yponiendo distancia entre las dos. No tenía el cuerpo para lidiar con nadie en ese momento. Viendo que no tenía nada más que hacer allí, la rubia se fue a asegurar la protección del hospital. - Kara, de verdad, gracias. - suspiró Lena cuando estaba a punto de desaparecer por la puerta.
- De nada. ¿Seguro que estás bien? - la miraba preocupada. Lena estaba mucho más pálida de lo habitual.
- Sí, tranquila. Es la falta de aire. - sonrió Lena dejándose caer en la silla.
- Bien, voy a revisar que todo esté en orden.
Dicho esto, Kara salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí.
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Al cabo de una hora, volvieron a encontrarse por los pasillos del hospital. Kara había organizado los soldados para proteger cada entrada del antiguo palacio. En cambio, Lena había estado ocupándose por los heridos.
- ¿Crees que van a volver a atacarnos? - preguntó Lena preocupada.
- Considerando que es tu hospital, tienes todo decorado con antiguos dioses y no hay una sola alusión a Rao sin contar a William, sí. Es prácticamente seguro que volverán a intentarlo. - respondió Kara como si fuera obvio. - Con un poco de suerte los soldados los disuaden . ¿Había pasado esto antes? Que entraran hasta tu despacho a atacarte.
- No, normalmente se quedaban en las puertas montando ruido. Parecían inofensivos.
- Todo está escalando muy rápido. -suspiró Kara. - No me voy a ir ahora que he visto que os pueden atacar energúmenos como esos. Voy a quedarme para asegurarme que todo está bien. Supongo que tienes alguna habitación libre, ¿no? - contestó Kara sorprendiendo a Lena.
- A este paso, no. - dijo señalando a los pacientes.
- No será la primera vez que duermo en el suelo. - dijo despreocupada Kara.
- Siempre puedes dormir conmigo. - sugirió Lena medio en broma medio en serio.
- No te pases. - rio Kara.
- Está bien. Tenía que probarlo. - rio Lena también. - Mandaré que te preparen una habitación.
