Capítulo 35
Itachi
Mientras me subía a mi motocicleta y salía acelerando del estacionamiento, no podía dejar de pensar en el comportamiento de Sakura y su actitud hacia mí. Estaba siendo irracional y estaba molesto por el hecho de que me llamara como su padre. Habíamos tenido una larga charla sobre cuántas horas iba a trabajar en el bar durante los primeros meses y me dijo que entendía, que estaría conmigo y me apoyaría durante todo el proceso. Cuando entré al estacionamiento del bar, estacioné mi moto en el costado del edificio y atravesé las puertas. Suspiré cuando me puse detrás de la barra y me serví una cerveza fría.
—¿Hacia dónde saliste corriendo? —preguntó Tenten mientras preparaba las bebidas.
—Al apartamento de Sakura.
—¿No la trajiste contigo?
—No, peleamos.
Tenten dejó de hacer lo que estaba haciendo y me miró.
—¿Sobre qué?
—El bar y cómo está harta de no verme y de que no pase tiempo con ella —le dije mientras golpeaba el vaso contra el mostrador y la miraba—. Mira, esto es lo que no entiendo: pasamos tiempo juntos, y nos vemos todos los días. Viene aquí, y cuando salgo, voy a su casa, y paso cada noche con ella.
—Tienes que darte cuenta de que las cosas para Sakura han cambiado significativamente en las últimas semanas. Perdió su trabajo de maestra y su novio, que pasaba cada minuto del día con ella, se convirtió en el dueño de un bar, así que ya casi no lo ve. Eso es mucho que asimilar en tan poco tiempo.
—Me llamó Kizashi —le dije.
—¿Qué? ¿Por qué hizo eso? —preguntó Tenten confundida.
—No lo sé. Todo lo que dijo fue que esto me consumirá porque es mi pasión y mi sueño.
Mientras miraba hacia abajo, Tenten puso su mano sobre la mía.
—Suena como si estuviera recordando a su padre y cómo nunca estuvo cerca. ¿No dijo que su ex novio también empezó a pasar menos tiempo con ella?
Asentí con la cabeza y apreté la mandíbula.
—Tienes razón. Ahora las cosas están empezando a tener sentido.
—Tienes que hablar con ella, Itachi. Los quiero a los dos, y no quiero que la relación se vaya por el retrete por un malentendido.
—Voy a hablar con ella, no te preocupes. Me iré cuando termine el presupuesto. Quiero darle tiempo para que se calme.
Sacando mi teléfono de mi bolsillo, miré la pantalla y vi que tenía un mensaje de texto de Óbito.
Acabo de salir de casa de Sakura y es un desastre. Sé que no es asunto mío, pero no estoy seguro de haber visto a una chica así. Está muy mal, y si la amas, vuelve allí.
Gracias por estar ahí para ella. Voy para allá ahora mismo.
Miré mi reloj y me dirigí a mi oficina. Apagué la computadora y acomodé los papeles en un montón ordenado para mañana. Me acerqué a Tenten antes de salir del bar.
—A partir de mañana, te quiero fuera de aquí a las 5 p.m. Te has quedado hasta tarde, y te lo agradezco, pero no es justo para Mila. Sé que es solo por un tiempo, pero las cosas volverán a la normalidad. Mañana vamos a sentarnos y tener una reunión, así que ven aquí después de dejar a Mila en la escuela —le dije mientras la besaba en la mejilla.
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Cuando abrí la puerta del apartamento de Sakura y entré, no la vi. Caminé por el pasillo, me detuve en la puerta de su dormitorio y la encontré tumbada en la cama, acurrucada. Me rompió el corazón verla así. Debe haberme oído, porque se dio la vuelta y trató de abrir los ojos hinchados. Mientras caminaba hacia ella y me sentaba en el borde de la cama, le acomodé el pelo detrás de la oreja y me incliné, besando sus ojos llorosos y su mejilla húmeda. Levantó su brazo y lo enroscó alrededor de mi cuello, acercándome mientras enterraba mi cara profundamente en ella.
—Siento mucho todo lo que te dije. —Empezó a llorar.
—Siento no haber estado aquí para ti cuando me necesitabas, Sakura.
Nos quedamos tumbados unos momentos en silencio antes de retroceder y mirarla. Sus ojos estaban hinchados y rojos. Cuando me levanté de la cama, me agarró la mano y le dije que volvería enseguida. Caminé hasta el baño y agarré una pequeña toalla de debajo del lavabo. Pasé el paño bajo el agua tibia y lo doblé mientras caminaba de regreso al dormitorio. Limpié suavemente su cara y las comisuras de su boca se levantaron, formando una pequeña sonrisa.
—Eso es lo que me gusta ver. —Le devolví la sonrisa.
Se sentó con la espalda contra la cabecera. Puse la toallita en la mesita de noche, y tomé sus dos manos en las mías, entrelazando nuestros dedos.
—Tenemos que hablar, nena. Tienes que decirme qué sientes, de dónde vino esa última discusión y por qué me llamaste por el nombre de tu padre. Porque si no lo hacemos, volverá a pasar, y eso no es bueno para nuestra relación.
—Sé que sí —contestó.
—¿Tienes hambre? —le pregunté, me moría de hambre.
—Sí. No he comido en todo el día.
—¿Qué tal comida china? Llamaré para que la traigan y podremos sentarnos en el sofá, comer y hablar.
—Me encanta esa idea. —Sonrió mientras ponía su suave mano en mi mejilla.
Me llevé su mano a la boca y le besé la palma antes de levantar el teléfono y llamar para pedir la cena. Sakura se levantó de la cama y agarró un par de pantalones de yoga y una camiseta de tirantes de su cajón. Se cambió de ropa y se recogió el pelo en una cola de caballo.
—¡Mira mi cara! —exclamó mientras se limpiaba los ojos.
La rodeé con los brazos y le dije—: Tienes un rostro hermoso, manchado de lágrimas y todo.
Sonrió y arrugó su nariz mientras se daba la vuelta y me besaba en los labios. Tomé una botella de vino y un par de vasos y Sakura sacó dos platos del gabinete y los cubiertos. No mucho después de hacer el llamado, golpearon la puerta. Cuando el repartidor me entregó la bolsa marrón, busqué en mi bolsillo y saqué algo de dinero. Sakura se acercó, me quitó la bolsa de las manos y se sentó en el sofá.
—Voy a llamar a un terapeuta mañana por la mañana y pediré una cita — dijo Sakura mientras sacaba los cartones de comida china de la bolsa.
—¿Realmente crees que lo necesitas?
—Sí. Es algo que debería haber hecho hace mucho tiempo. Cuando te grité antes, sentí como si estuviera reviviendo mi infancia y viendo a mi madre y a mi padre teniendo la misma discusión. Kō le gritaba porque nunca estaba cerca, y él le decía que era parte del negocio y que las cosas mejorarían. Pero en lugar de mejorar, empeoraron. Se iba de gira durante meses, lo que era comprensible, pero cuando volvía a Seattle, no volvía a casa sino hasta después de unos días.
Puse mi plato sobre la mesa, me acerqué y la abracé.
—Siento que hayas tenido que crecer así.
—Me sentí abandonada, Itachi, y lo sentí de nuevo después del incidente de la iglesia con Hinata y Hidan. Todas esas emociones y sentimientos volvieron a mí estas últimas dos semanas cuando estabas tan ocupado en el bar y no pasamos tanto tiempo junto. Ese es un tema que necesita ser resuelto, y creo que un terapeuta puede ayudarme.
—Te amo, Sakura. No sé cómo dejártelo más claro.
—Sé que me amas, cariño, y créeme, no eres tú. Yo soy la que tiene estos problemas, cortesía de Kizashi y Kō Haruno y soy la que necesita ocuparse de ellos. Sé que me amas, de verdad. Es solo que este cambio de las últimas semanas me ha afectado mucho.
—Entonces haz lo que tengas que hacer para liberarte de tu pasado. Estaré aquí para ti en cada paso del camino. —Sonreí mientras le pasaba la mano por la mejilla y me incliné para besarla.
