Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
NOTA: Les recomiendo ver todo en retrospectiva. Pueden releer la historia cuando terminen este capítulo porque finalmente muchas cosas tendrán el sentido del que antes carecían. Solo faltan 4 escenas y el epílogo :')
Acto III: Madurez (El juicio de las almas)
Escena 14: Guiones del Destino.
El héroe, la mártir y el vivo.
-Luffy..- le llamó, alcanzandolo en la cabeza del Thounsand Sunny. Vió como el joven la miraba de reojo y le hacía un gesto, indicándole que tomara lugar a su lado. Ella sonrió levemente y se acercó hasta llegar a su altura y sentarse. Notó como éste tenía los ojos cerrados y disfrutaba tranquilamente de la brisa del mar y el color dorado de la caída de la tarde- ¿Estás bien?
El sonrió también, sin abrir sus ojos o mostrar algún signo de preocupación o pesadez, respirando de manera apacible, casi al mismo ritmo en que las olas del mar golpeaban la madera del marco. Meciendolos.
A los ya no tan pequeños huérfanos del destino, el mar, que siempre los consideró como suyos, les arrullaba una vez más.
Quizá consiente de que podría ser la última vez que lo haría.
- ¿Y tú?- le preguntó luego de un silencio corto, moviendo su cabeza en dirección a ella mientras abría los ojos para mirarla con la pureza que limpiaba su ser- estás palida desde la mañana. Como si hubieses visto un fantasma.
Ella abrió la boca a punto de responder que se sentía como si hubiese visto uno, pero sería explicarle que el dios que les había complicado más de una existencia se había colado en su habitación la noche anterior, y aunque consientes de la historia que llevaban a cuestas, aquel no era un dato necesario a saber, al menos no por el momento cuando tenían tantas cosas por pensar. Tal vez, de salir con vida, le aclararia que Ace en ese momento aún no podía considerarse como uno.
- He hablado con Law- contestó en su lugar, meditando la reacción de su hermano, quién devolvió su vista al horizonte, allá donde el cielo y el mar se juntaban, mientras asentía lentamente con la cabeza- sigue sin estar de acuerdo.
- No lo estará a menos que llegue el momento- dijo el, sereno. Porque ahora todos sabían que de alguna manera, quién menos imaginaban, siempre lo supo también. Luffy no era el más inteligente, pero siempre sabía qué hacer- entonces lo hará.
Ella encogió sus piernas hasta tocar su pecho.
- ¿Y tú?- preguntó también, repitiendo sus palabras, pero con un significado distinto detrás.
El la miró detenidamente como si quisiera guardar aquella imagen de ella para siempre en su cabeza, sin importar que sus ojos estuviesen cansados, que el viento le hubiese desordenado el cabello y que claramente, no hubiese dormido bien. Entonces, asintió.
Ella no pudo contener el sollozo que se escapó de sus labios, mucho menos al notar como en el rostro de el, bajo la cicatriz que le vio hacerse de niño, se deslizaba una lágrima solitaria desde sus ojos cristalizados.
- No llores, tu no- le pidió su hermano, tomándole de la mano.
- Prometelo- dijo ella, apretándolo con fuerza y resistiéndose a que su mirada se nublase como la de el- tienes que prometerlo.
Luffy levantó sus manos entrelazadas y se las llevó cerca de su corazón, dejando que la de ella sintiese el latir proveniente del mismo. - Te lo prometo.
Ella volvió a sorber, sonriendo como una idiota, con la tristeza y una lágrima rebelde invadiendo su rostro. Su mano libre se deslizó a la nuca de el para pegar ambas frentes sin dejar de mirarse ni un instante: -Si algo sale mal, tendrás la última mirada de mis ojos, hermano estúpido.
Su corazón latía aún con más fuerza bajo la calidez de la mano de ella.
- Y tú tendrás el último latido de mi corazón, hermana problemática.
Y ojalá Law pudiese vivir con eso.
- Si él vivía, no importaba que nosotros dos no lo hiciéramos.
- ¿Disculpe?- la confusión en los rostros de los demás era evidente. Yo le aclaré la garganta.
- Ordene el escape de Trafalgar en caso de que Luffy y yo fuésemos capturados, porque significaba el final de todo. Si mi padre hubiese tenido a Law, habría asegurado su inmortalidad sin importar si podía o no tenernos a nosotros, probablemente, en algún momento tendría otra oportunidad...Pero para asegurarnos de que eso no pasara, Law debía deshacerse de las dos cosas que el más quería.
"El día en que su Reino fue destruido, murieron solo dos de los tres guardianes: El chico del cielo y la chica del mar. Quién se suponía era guardián de la muerte escapó de ella y fue el único en sobrevivir, tener una descendencia, cuando desde el inicio, no debía ser así. El hijo del rey y quien debía heredar su voluntad era Luffy, no Ace...Mientras Ace viviese, Luffy jamás podría ser el rey que estaba destinado a ser. Y de no serlo, nadie más podría cumplir con su destino. "
" - No importa donde estén, o en qué momento. Espérenme, yo les esperaré aunque el mundo se acabe. Volveremos a estar juntos."
El hombre recordaba haber estado bajo una tormenta también antes de terminar allí, antes de caer completamente con todo el peso de su cuerpo sobre el suelo, pero ahora se encontraba de pie en un puerto que no pudo reconocer.
Miró a su alrededor, notando como el salvajismo del mar era igual de grande que el que había presenciado anteriormente, pero tras de sí no estaban las ruinas, el fuego y la destrucción que recordaba, si no, un gran bosque, siendo azotado también con fuerza por la tormenta. A unos cuantos metros, como si fuese a partirse en dos, se encontraba un barco pequeño, moviéndose al ritmo frenético de las olas.
Aún confundido se acercó sin saber muy bien que hacer, con la mente nublada por los últimos golpes y recuerdos. Cuando llegó hasta el, saltó dentro y deslizó su vista por cada rincón. No había nada importante ni fuera de lo normal, nada que le indicase el que hacia allí.
No hasta que escuchó, sobre la lluvia, sobre el rugir de las olas, un llanto. Un doloroso e intenso llanto, como si de poder hablar gritase todo el miedo o el odio que le tenía a la vida.
Corrió rápidamente dentro de una parte del barco, de dónde provenía aquel sonido y lo encontró. Un pequeño bulto envuelto en una manta gris, colocado cuidadosamente en una pequeña cuna de madera, que parecía ser el único mueble aferrado al suelo, pues todo lo demás, debido a los movimientos fuertes del barco, habían rodado por todos lados.
Se acercó al bulto y lo tomó entre sus brazos, aún confundido, más preocupado, sin saber de qué trataba todo aquello. Cuando quiso asegurarse de que aquel ser estuviese bien, arregló delicadamente la triste manta, permitiéndole ver su rostro. Los ojos del recién nacido se cruzaron con los de el, descomponiendolo.
- ¿Leriana?...- susurró anonadado, porque los golpes en su cabeza le habían impedido pensar con claridad en sus últimos momentos, pero aunque realmente fuesen los últimos y el no pudiese procesar ningún pensamiento más, tenía claro que esa mirada no tenía igual en ningún mundo, en ningún tiempo.
Miró aquellos ojos cristalinos, suplicantes, que no dejaban de llorar, descubriéndose a si mismo invadido también por el llanto, por ver aquello que no creyó que volvería a ver. Levantó su mano para tocarle el rostro, sin creerse lo que estaba pasando, pero una sacudida más fuerte de lo normal lo impidió. Dejó al bulto en su lugar y se dirigió afuera, donde se encontró con un grupo de hombres, vestidos de negro, de pie en la pequeña cubierta, a punto de entrar en la habitación.
Su instinto le dejo entrever lo que estaba pasando de inmediato, por lo que decidió encargarse de la situación.
Cuando acabó con aquellos hombres levantó el ancla que impedía el moviendo de la embarcación y rompió la soga que lo seguía manteniendo atado al muelle, y con sus propias manos, impulso a la embarcación para alejarse lo suficiente. Su instinto natural fue el de la supervivencia.
Escucho gritos que llamaban el nombre que el mismo había pronunciado momentos atrás y no supo porque no le sorprendió a pesar de no entenderlo, solo se concentró en alejar más el barco de aquel puerto, de aquellos asesinos.
El llanto volvió con fuerza cuando se introdujeron cada vez más en el agua, en la bravura del mar que parecía querer tragarlos. Quizá Poseidón los seguía viendo allí también, aunque no supiese donde o cuando estaban.
Volvió a la habitación, tomando al bulto en brazos para calmarlo, cuando un cañonazo atrajo nuevamente su atención. Sus piernas temblaron y su piel se erizo debido a los recuerdos, afectando directamente al bebé, que reaccionó llorando también. Sin embargo, mientras pensaba que hacer para ponerla a salvo en aquel reducido lugar, el moviendo se detuvo al mismo tiempo que la diminuta mano de ella, buscaba un dedo de el. Y tocándole, se echó a reír. Fue como si el mar mismo se hubiese apagado de repente, así como el sonido, siendo únicamente proveniente de la leve lluvia y la risa inocente y débil del bulto.
Salió a cubierta aún con ella en brazos y miró a su alrededor, donde ya no había nada, ningún perseguidor, ni olas, excepto un dios.
- ¿Porque estoy aquí?- preguntó serenamente, envolviendo con más fuerza al bulto entre sus brazos.
- Tu querías verlos una vez más, se lo pediste a Ananké y ella te escuchó. Pero incluso con tu deseo, nuestra intervención siguió provocando cosas como está- apuntó a aquello que el otro protegía tanto. Se alegró de que sus últimos pensamientos al morir fuesen escuchados cuando nunca lo fueron en vida.
- ¿Ellos están bien?- preguntó nuevamente, sin más, dirigiendo su vista al bulto que ahora le sonreía. El sonrió levemente también- ¿Porqué solo estoy con ella?
El agitó su mano. - ¿No confías en nosotros?- el otro negó automáticamente con la cabeza. El dios suspiró- por que él logró escapar de todo en su momento, ella no...Así que al momento del choque, por ser tú destino, el destino te trajo aquí para que lo supieses.
- ¿En su momento?...- la interrogante en el rostro del hombre fue evidente- ¿Qué debía saber?
- 800 años adelante- declaró el dios, viéndolo detenidamente a la expectativa de una reacción que no tardó en llegar- debías saber que su castigo era absoluto pero tú recompensa los ha cubierto por 800 años en donde no han dejado de encontrarse.
El viento les agitó las ropas y los cabellos, les rozó la piel y le sacó una risa a la pequeña, antes de que comenzara a llover levemente otra vez.
- Los volverás a ver incluso en esta vida a la que aún no has llegado, pero debido a nuestras acciones, podríamos haberlo estropeado...Por eso el destino se encargó de que lo arreglases nuevamente aquí- explicó con más tranquilidad, a medida que las olas comenzaban a formarse otra vez y el barco se movía nuevamente- gracias a ti, estarán bien, pero tenemos que irnos.
El mortal apretó el bulto, con recelo.
-¿Qué pasará con ella?
- Estará bien.
El Príncipe de Laugh Tale nunca cuestionó al destino, ni a su dios, o a los otros. Aunque fuese destinado al cielo, el siempre creyó en el mar, el era un marinero.
"El mar no hace distinciones entre sus hijos" le había dicho, y aunque no le creyó en ese momento, decidió hacerlo en este.
- Perdóname- le dijo al bulto, antes de entregárselo al hombre y finalmente, caer.
Cuando Robin decifro la historia del Siglo Vacío y conocimos la verdad, lo entendí.
Lo entendimos.
Simplemente no fuimos capaces de darle un nombre al porqué ciertas cosas sucedieron como si realmente fuese el destino. No hasta que Plutón me lo dijo hace no mucho.
"Revancha del destino" llamó el dios a lo que está destinado a ser, pero debido a cosas que escapan a los mortales no se da. Como el que siempre fue cuestión del destino que nuestro Reino ganase la guerra - porque en ambas líneas de tiempo, Luffy se quedó a batallar hasta el final- pero por la intervención de los dioses a favor de los 20 reinos que nos atacaron, no se dió. Fue entonces que se creó aquella brecha entre los mortales y los divinos que participaron en el suceso.
Se creó aquella bifurcación en donde en un mismo espacio y tiempo, estuvimos vivos y muertos.
-¿Que es esto? - preguntó el niño confundido, viendo como el único hombre a cargo de todos los menores le extendía la mano y tomaba la de el con firmeza, depositandole un pequeño objeto.
- Es una semilla- explicó él, suspirando-alguna vez fue una fruta, pero estuvo rodeada de cuervos.
Llevaban varios días navegando sin parar. La comida había escaseado desde el inicio, pero gracias a la presencia de el, quién cazó peces y los cocinó para todos, lograron sobrevivir hasta ese punto en donde el niño consideró si aquel hombre, luego de la destrucción de su tierra, se había vuelto estupido intentando que comiese aquello.
Alzó las cejas con interrogante. El mayor se dejó caer en la madera del barco, cansado por los sucesos que lo habían llevado a hacerse cargo del pequeño grupo de revoltosos llorones y hambrientos que lo habían perdido todo, y porque el mismo lo había perdido también, siendo un cansancio no solo físico, si no también mental. Pero se obligó a sí mismo a no demostrarlo.
No podía demostrar que cada uno de los días trasncurridos se había preguntado el porqué.
Porqué el y no ellos.
No entendía como las cosas habían cambiado tanto en tan poco tiempo como aquel segundo donde se tocaron y el término allí sin saber nada más de los otros dos.
- No es para que lo comas, es porque eres el más inteligente y responsable de aquí- le explicó con suavidad, golpeandole la frente con los dedos- necesito que la cuides, y que si en algún momento algo llegase a pasar conmigo, busques un lugar seguro y lo plantes, ¿Entiendes?
No. El niño no lo entendió del todo, pero el mayor no lo culpaba. Para el, que aceptase la misión considerando la importancia de la misma aún sin saber las razones, le era suficiente.
- Eso no significa que vas a dejarnos solos, ¿Cierto?- su voz Infanti, generalmente seria y dura, que no la había visto dudar desde que dejaron su hogar, ahora tenía ese tono de inseguridad que el siempre quiso evitarle a los niños de su reino. A los niños.
Los ojos grises con ojeras , quizá por que cuidaba también de los otros niños, aunque de forma más reservada y silenciosa, o porque tenía recuerdos de lo desgarradora que fue su huida -no lo sabía, pero aquella mirada estaba caracterizada por el cansancio oscuro sobre sus mejillas- le miraron atentamente, esperando una respuesta.
- No. No planeo hacerlo por mucho tiempo- prometió él- no hasta que sean suficientes.
Lo había decidido después de ver el sacrificio de quién consideraba su hermano. De saber todo lo que habían arriesgado para tener aquella pequeña oportunidad, y aferrándose a la semilla, cansado y herido se había puesto de pie, mirando como los barcos enemigos se alejaban poco a poco a poco, dejando el lugar que habían destrozado.
Lo decidió cuando un dos días después, un pequeño barco apareció en el horizonte, dirigiéndose hacía el, que era lo único que quedaba allí. Y cuando estuvo lo suficientemente cerca, lo que parecía ser una embarcación solitaria, fantasma, le mostró a aquellos niños.
- ¿Suficientes?
Entendió las razones del muchacho para dejar el alma en la batalla y seguir luchando aún cuando ni siquiera podía mantenerse de pie. Qué dejó el orgullo y el dolor de lado para protegerlos, para asegurarse de que al menos alguien saliese de allí y mantuviese su espíritu con vida. El le haría honor a sus deseos como el guerrero que nunca dejará de ser leal a su rey.
- Hasta que pueda estar seguro de que no dejarán morir la voluntad y nombre de nuestro reino.- consoló Ace.
Como los niños lograron sobrevivir en su escape y saber cuándo finalmente era seguro regresar había sido un misterio que luego comprendimos como otra de las fichas que ni los dioses ni los mortales dispusimos, pero que solo ocurrió.
Ocurrió de tal forma en la que mantuvo a las personas correctas en el lugar correcto para que afectase la historia, porque en su momento no pareció hacerlo.
Para que aquella semilla que fue planteada brindase los frutos de un árbol que nunca nadie planeó, estuviese en mano de los mortales. Qué un día diese de entre sus frutos, uno que sería tan importante.
- No puedes culparme por eso- declaró ella, sentada de forma solemne en el asiento que le habían dispuesto- no fui yo quien te robó.
- ¿Porqué estás aquí entonces?- ladró el hombre frente a ella, tocándose el puente de la nariz como si estuviese frustrado, como si fuese posible que un dios perdiese los nervios.
- No lo sé- dijo ella con sinceridad, sin miedo. Estaba muerta, había perdido todo, no había nada que la asustara más- yo solo quería tocarle y terminé aquí, pero cuando desperté, ya no estaba.
- Claro que no...- musitó el otro con sarcasmo mientras regresaba a su trono, envuelto en oscuridad, y la miraba desde allí- tu deberías de haber desaparecido para siempre. No estar aquí siendo juzgada.
Porque todos los muertos debían ser juzgados por él. Enviados según sus pecados a dónde más les convenía.
- Tu eres un dios, yo solo soy una humana...¿Porque habría de entenderlo?
El dios quiso decirle que porque el destino parecía jugar a favor de ellos, protegiéndolos hasta de lo que parecía imposible y rompía todas las reglas que el conocía. O al menos, las que había considerado.
Pero no considero convertirla en una mártir a ella y un héroe a Luffy, mucho menos en dejar vivo a Ace. Entonces lo pensó mejor, porque el lado divino parecía estar con ellos, usaría al lado que parecía no estarlo.
- Supongo que es lo justo y así es como lo quiere el universo. No seré yo quien te juzgue...- declaró Plutón, atrayendo la mirada de Ler, que había perdido el brillo de la emoción- si no aquellos por los que arriesgaste la vida y de igual forma te condenaron.
- ¿A qué te refieres?- preguntó con cautela, poniéndose de pie cuando él también lo hizo.
- Ya estás muerta, el destino decidirá donde y cuando renaceras. Pero... Serán los humanos quienes juzguen el peso de tus pecados y te den tu libertad cuando llegue el día en que se acerque el final de tu existencia - ella abrió la boca para decir algo, pero en su mente no se formuló ni una sola oración coherente, ni se adhirieron de forma adecuada sus ideas- para que realmente puedas descansar, ellos deberán dejarte hacerlo.
Finalmente, tras un silencio en el que mantuvo los puños apretados y la cabeza apuntando al suelo, levantó la mirada otra vez. - ¿Solo yo?- El cerró los ojos, negando con la cabeza. Los mortales y los lazos sentimentales que formaban eran incomprensibles para el- ¿Qué pasará con Ace y Luffy?
A ella no le importaba lo que pudiese pasarle, pero si lo que les involucrarse a ellos. De alguna manera tenía la certeza de que no sería la única vida en la que coincidirían, que la promesa de encontrarse, siempre iría mucho más allá. Y no quería condenarlos con ella.
- En verdad...-murmuro el dios, harto- sus existencias están ligadas de tal forma en la que siempre se seguirán, así que será inútil que intenten salvarse a menos que rompan el ciclo. Y para romperlo no solo tienen que acabar con lo que empezaron...Y no creas que será tan fácil como eso...Tendrán que ser juzgados por lo que harán para llegar hasta allí. Así que si, Leriana, si de alguna manera se las arreglasen para cambiar el propio guión que han elegido y el mundo los juzga como inocentes, serán libres. Vivos o muertos, donde estén, serán libres.
Porque no sólo fuimos nosotros, no podía ser cuando habían más cosas allá afuera, cosas que en nuestros aislamiento, desconcierto y dolor, nunca vimos.
Cómo a quienes no estuvieron demasiado de acuerdo con la destrucción, porque tal vez, en el mundo, no todos eran tan malos.
Así fue como con nuestra última oportunidad nos dimos cuenta que no éramos los únicos, que no solo había gente de nuestro lado moviéndose para cambiar lo que parecía inalterable, de tal forma que el destino tomó su revancha de la forma más inesperada posible cuando uno de los desendientes de aquellos que realizaron la masacre le dió el poder de la inmortalidad a uno de los desendientes de aquellos a quienes masacraron.
Cuando se sembró aquella semilla y de ella creció un árbol, cuando dieron sus frutos y los demonios del infierno fueron atraídos hacía el, cuando fueron comidos, heredados de generación en generación no solo a los suyos, si no a clanes distintos, nadie se esperaba que pasado el tiempo aún existiese un "traidor". Los dioses no pudieron ver que Donquixote Rocinante le daría la Ope Ope a Trafalgar D. Water Law, desencadenando la serie de sucesos que ocasionarian la caída de los verdaderos traidores.
La juez me miró como si se preguntase que había mal conmigo, que luego de haber sido condenada de tal forma en vida, estaba dispuesta a tener la muerte por quienes me condenaron.
- Entonces la orden de Trafalgar Law, además de escapar fue...
- Si salía mal y éramos capturados, Law debía impedir ser capturado también porque le obligarian a usar su fruta en mi padre, y de no hacerlo, lo matarían para obtenerla. Sin embargo, antes de escapar encargarse de nosotros deshaciéndose de lo que necesitaba y de esa forma, Padre no podría convertirse en el ser que había planeado, alguien invencible.
Ojos que vieron la historia, el corazón que la cambió.
Fue así como le pusimos nombre a nuestro encuentro en la infancia, al día en que conocí a Luffy, al día en que coincidimos con Ace, a cuando Robin se unió a la tripulación, cuando poco a poco Luffy comenzó a hacerse con más aliados.
Llamamos revancha al día en que la alianza incluyó al otro D que necesitábamos, a quien irónicamente un traidor en el lado de los traidores, le permitió vivir y le brindó de la pieza clave que nos daría la ventaja.
Aún cuando los dioses permitieron la masacre en la Isla de Law; cuando trataron de extinguir a todos aquellos que tenían conocimiento como Robin; cuando juntaron las piezas para la muerte de Ace, la de Luffy; cuando nos intentaron separar, no funcionó. Incluso si yo nací forzada en esta vida por mis enemigos para serviles, mi guión no era jugar al lado de ellos.
Porque no importaba si un dios jugaba con los dados, si era el destino de un humano, siempre encontraría su camino, como Luffy, Law y yo lo hicimos.
