MATRIMONIO

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HINATA

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Desnudo, se ve aún más imponente que con la ropa puesta. Eso debería ser ilegal. Debería verse incómodo o extraño despojado de todo más que su traje de cumpleaños, y las diferencias en su cuerpo deberían ser desagradables. En cambio, se ve poderoso y un poco salvaje y me deja sin aliento.

No es que no estuviera sin aliento de todos modos. No es solo el entrenamiento, que obliga a mis músculos que no han hecho nada tan físico en años a trabajar. Es su cercanía, su desnudez, su todo.

Sin embargo, realmente no puedo dejar de mirar su desnudez.

Su polla está completamente erecta, apuñalando en el aire, y su mano se cierne cerca de la punta, como si estuviera a punto de tomarla. Es enorme, mucho más grande que cualquier hombre humano que haya visto en este aspecto en particular. Su polla también es afortunadamente muy normal. Grande, sí, pero no tan extraña como podría ser. Es peludo en su entrepierna, pero eso lo esperaba y no me alarma. En realidad, nada de él me alarma más, me doy cuenta con asombro.

Ha tenido muchas oportunidades de hacerme todo tipo de cosas terribles y ha sido amable en todo momento.

Simplemente refuerza que esto es algo que tengo muchas ganas de hacer.

Así que trago saliva y sostengo las esposas paralizantes.

—Antes de comenzar, me gustaría ofrecerte un trato.

—El momento es terrible, Hina —gruñe.

—En realidad, pienso que mi momento es bastante bueno. — Todavía estoy sin aliento, a pesar de que ya no estamos entrenando. Es su cercanía lo que me provoca eso. —Estaba pensando... Sé que te esposé antes, pero ¿y si me dejas esposarte de nuevo?

Parece malhumorado, su cola se agita tan salvajemente que golpea el chorro de la ducha. Él todavía se para frente al agua, no del todo dentro.

—¿Por qué?

—Porque entonces no estaría asustada.

La expresión de Naruto se oscurece.

—¿Te asusté de alguna manera…

—No. Es, ah… —Me muerdo el labio. —Estaba pensando en el sexo. Y cómo cuando me alcanzaste, enloquecí. Entonces pensé que tal vez si estuvieras esposado no entraría en pánico, y luego podríamos besarnos y... hacer otras cosas y descubrirnos. —Mi corazón late con fuerza en mi pecho y me siento como una idiota. —Sabes qué, no importa...

Me doy vuelta para irme.

Su mano toca mi brazo.

—Espera.

—Fue una idea estúpida. —balbuceé. Por supuesto que no querría que lo espose de nuevo. La última vez que lo esposé tuvo una noche horrible. Todavía recuerdo que me llamó torturadora y lo miserable que era. Dios, ¿por qué no pensé en esto? —De verdad…

— Hina. —La voz de Naruto no admite discusión. —Cállate por un momento.

Mi mandíbula se cierra cuando él toma las esposas de mis manos.

Detrás de mí, escucho el agua cerrarse. Naruto pone una mano sobre mi hombro, patinando por mi brazo desnudo, y tiemblo. Se inclina sobre mí por detrás, y es similar a lo cerca que estábamos en la sala de entrenamiento... pero ahora se siente muy, muy diferente.

Puedo sentir la longitud de su polla presionando contra mi piel. Yo tampoco tengo miedo. Solo estoy... nerviosa, apretada y nerviosa.

Desliza un brazo alrededor de mis hombros, me acurruca contra él, y luego sostiene las esposas frente a nuestras caras.

—Entonces... ¿tu plan es esposarme para que puedas besarme sin que te agarre?

—Quizás no sea el mejor plan. —respiro.

—Te estoy tocando en este momento —señala. —¿Por qué necesitamos esposas? Explícame.

—Así no entrare en pánico. Así sentiré que soy yo quien controla la situación .

—Ya veo. —Él acaricia mi oreja y mi cuerpo se eriza en respuesta. — ¿Sabes que puedo romperlas en cualquier momento?

—Lo sé. Es solo... la ilusión de control. Como dije, fue una idea tonta...

—No es tonta. Quieres una forma de sentirte poderosa contra mí para que tus malos recuerdos no interfieran. Entiendo eso.—Muerde la concha de mi oreja. —Y lo acepto.

Luego se estira sobre mí y ajusta una de las esposas alrededor de una muñeca, y me hace un gesto para que tome la que cuelga libremente.

—Soy todo tuyo. ¿Dónde me quieres?

Oh Dios. No pensé tanto despues de eso. Estoy llena de pánico... y solo un poco de emoción. De acuerdo, mucha emoción. No todo lo que me late es miedo. Tomo el brazalete y miro alrededor del baño humeante, tratando de decidir. ¿De vuelta a la cama? Pero si le esposo las manos a la espalda, eso podría ser doloroso. No la cama, entonces. Tampoco hay cabecera para usar. Mi mirada se desliza hacia la bañera y luego de regreso a la ducha. Hay un asiento de baldosas en la esquina, lo suficientemente grande como para que alguien se siente y se relaje bajo el rocío. Lo guio hacia eso.

—Justo aquí, creo.

—Tu voz está temblando. —dice suavemente.

—Estoy muy, muy nerviosa.

—¿Por qué? Tú no eres la esposada. —Se inclina y presiona un beso en mi hombro antes de pasar a mi lado para pararse frente al asiento. Me da la espalda y sostiene ambas muñecas en la parte baja de su espalda, esperando que termine de esposarlo. —Recuerda, Hina, tú tienes el control.

—De acuerdo. —Este es mi festín. Me va a dejar hacer lo que quiera.

Espero a que mi cuerpo se inunde con la sensación de poder, pero todo lo que tengo es más ansiedad.

—Hagamos una palabra segura, ¿de acuerdo? Si no te estás divirtiendo, di "Slapjack". Si no me estoy divirtiendo, haré lo mismo y luego lo dejaremos.

—Muy bien.

Cierro el brazalete alrededor de su otra muñeca y noto cuán grandes son sus brazos. Sus gruesas muñecas apenas caben dentro de las esposas, y sus antebrazos y bíceps son troncos de árboles. Dudo, luego levanto la mano y trazo mis dedos sobre esos grandes brazos, solo porque sí.

—A veces no puedo superar lo fuerte que eres. —le susurro.

—Significa que puedo protegerte de todo.

Esa es de alguna manera la respuesta perfecta. Estoy sin aliento cuando se da vuelta y se sienta, moviendo la cola una vez antes de quedarse quieta al lado de su muslo. Él me mira, esperando.

Hora del show.

Puedo hacer lo que quiera con este hombre y él me dejará. Está desnudo, dispuesto... y él es mío. Si le digo que solo me deleite con su boca, lo hará. Si solo quiero explorar su cuerpo con mis manos, puedo hacerlo. Si quiero enjabonarlo y lavarlo porque es un chico sucio, tengo el control.

El último pensamiento me hace reír.

Naruto arquea una ceja peluda hacia mí.

—Creo que voy a lavarte —le digo. Porque entonces puedo poner mis manos sobre él en todas partes, con un propósito. Es una débil excusa para tocarlo, pero en este momento parece la mejor idea de todas.

—¿Me lavarás todo?

Me acerco y le toco la nariz.

—Eso es algo que decidiré yo, ¿no?

Él sonríe, y ese primer torrente de poder me golpea. Así es. Estoy totalmente en control aquí. Puedo hacer lo que quiera, tanto como quiera... o tan poco.

Él es mi patio de recreo dispuesto.

Continuará...