Garen estiró sus brazos, movió en circulos su cuello y dejó escapar un suspiro de sus labios. Abrió la puerta de aquella habitación y salió cerrándola tras de sí. Se sentó en un sofá que había en el medio de la estancia y dejó caer con pesadez su espalda y su cabeza, llevando una mano a su frente, acariciándola mientras la arrugaba y apretaba los ojos con fuerza.

—¿Hijo? —Escuchó la voz de su madre y se incorporó lo mejor que pudo—. ¿Estás bien?

—Sí —respondió de inmediato—. Solo un poco cansado, y preocupado por Lux.

—¿Cómo está? —Preguntó la mujer y Garen enfocó su mirada en el techo—. Mal, pero al menos se ha logrado dormir. Prefiero que esté dormida aunque sea por ahora.

—¿Qué dicen los ansianos?

—Nada bueno, Invetia, supo perfectamente cómo inmovilizarla, no tenía intenciones de atacar y y ya. La quería muerta y de no ser por Lux y Darius, lo hubiese conseguido, pero, aunque no la asesinó, ahora mismo, está inmovilizada.

—Debe haber alguna manera.

—No lo sé. La verdad, no quiero pensar en eso ahora. No quiero pensar en nada. —Sujetó su cabeza entre sus manos y apoyó sus codos sobre sus rodillas—. No sé qué hacer.

—Por ahora, deberías descansar tú también. Zoram está tranquilo, por qué no aprovechas de dormir un poco. Además, creo que despertar y no verse sola, le será útil también.

—Supongo que tienes razón. —Se levantó y besó la frente de su madre antes de echar a andar de regreso a su habitación.

Cerró la puerta tras entrar y sus ojos fueron de inmediato a la cama. Katarina estaba dormida. Tenía el rostro hinchado, cómo clara prueba de que había estado llorando antes de dormirse. Suspiró y se acercó despacio, buscando no hacer ruido para no despertarla, se metió en las sábanas y se acostó a su lado. Durmió, finalmente el cansancio era mayor.

—Buenos días —aquella voz le hizo abrir los ojos lentamente.

—Buenos días —respondió estirándose en su lugar—. ¿Cómo te sientes?

—Como una inútil, pero, supongo que tengo que hacerme a la idea o clavarme yo misma una daga en la garganta. Ninguna opción me agrada, para ser honesta.

—Kat... —se sentó y ella, usando la fuerza de sus brazos hizo lo mismo—. Debe haber algo que se pueda hacer, ¿vale? Y si no se puede, ps veremos opciones. Cuando las cosas se calmen, hablaré con algunos conocidos de Piltover, seguramente-.

—No. —Dijo tajante—. No voy a ser el conejillo de indias de nadie, ni pienso convertirme a mí misma en un monstruo o una especie de robot.

—Solo digo, que podemos ver opciones para solucionarlo. Pero ahora mismo, solo podemos esperar aquí porque, no creo que alguno de los dos pueda hacer demaciado.

—En resumen, ambos somos unos inútiles ahora mismo.

—Si quieres, míralo de esa manera, en parte es cierto —apretó el puño y lo relajó en un suspiro—. Cuando era capitán de la vanguardia, pensaba que era el más fuerte, y me entrenaba constantemente para que las cosas se mantuvieran de esa manera. No mostraba miedo, no mostraba debilidad alguna.

—Impenetrable cómo tú armadura —Garen asintió.

—Un día, me di cuenta que lo único que me hacía difícil mi trabajo era la boca de mí hermana. Siempre hablando de más, siempre diciendo algo malo sobre las leyes de Demacia y otras cosas. No sé mucho cómo funcionen las cosas en Noxus, pero, en Demacia, se espera que personas con un apellido cómo el nuestro, sean fieles devotos a nuestra forma de vivir y las leyes impuestas por el rey. Que ella estuviera en contra de muchas de éstas, era prácticamente una ofensa. Entonces, la solución era obvia para Tía Tianna. "Eres el hombre de ésta familia, habla con el príncipe, es tu amigo, ofrecerle a tu hermana por esposa no debería ser un problema."

—¿Fuiste tú, quién acordó el matrimonio de Lux con Jarvan?

—Sí. Era lo mejor, para ella, para nuestra familia, para mí. Y sí, soy un egoísta, pero, a la vez pensaba en ella, en que al convertirse en princesa y posteriormente en reina, nadie se atrevería a pronunciar un comentario negativo sobre ella, y tal vez, convivir aún más con la familia real le haría entender que lo que hacíamos estaba bien. Que era lo mejor para Demacia.

—¿Y entonces?

—Nunca llegó al compromiso. ¿Sabes lo que ocurrió cuando Fiora rechazó su compromiso conmigo?

—¿Caiste en depresión?

—Es en serio, Katarina.

—Yo también hablo en serio —contuvo su sonrisa—. Te rechazaron, debes haber estado destrozado.

—Como sea. No entré en depresión, fue tomado cómo una ofensa y la propia Fiora y su padre pagaron las consecuencias. Cuando Lux no llegó estaba aterrado, no por mí, ni siquiera por mí padre, por ella. Fiora enfrentó la situación con temple, una situación con la que siendo honesto nunca estuve de acuerdo. No me importó realmente que no se casara conmigo. Era más tema de nuestras familias que nuestros. Pero, Lux, me preocupaba mucho Lux.

—Siempre la han sobreprotegido demasiado.

—Estaba rechazando al príncipe, Kat. Era una ofensa muy grave a la persona incorrecta. En lugar de ir, a recibir la propuesta de Jarvan IV, se fue a verse con ese salvaje en los calabozos de los cazadores de magos. Cuando lo supe, estaba enojado, y asustado. Luego todo se volvió un caos, y la peor parte fue verla ayudando a otros magos a escapar. Yo, no pude detenerla, aún viendo que era una maga. Ese día descubrí, que en efecto, mí mayor debilidad era Luxana.

—Y lo sigue siendo —Garen rió mientras sacudía la cabeza.

—Sí, pero, encontré algo que me hace aún más idiota...

—¿Yo? —Preguntó con una orgullosa sonrisa.

—Tú... —tomó su mano y la acercó hasta besarla—. Zoran y tú, junto a Lux, son mayor debilidad. Y ahora mismo, no poder ayudar a Lux y no haberte protegido, me hacen sentir demasiado inútil.

—Hiciste lo correcto al salvar a Fiora.

—Debiste ser mí prioridad en ese momento.

—No podemos echar el tiempo atrás. Si tendré que pasar el resto de mí vida en una cama, lo tomaré cómo un castigo por mis pecados, pero, si me levanto de aquí, para ser honesta, solo quiero dedicarme el resto de mí vida a mí hijo, a tí. En ese momento, mientras veía mi vida irse en manos de Invetia, me di cuenta de que no soy imparable, y, lo único que deseaba en ese momento era verlos a ustedes. A Zoran y a tí, solo quería verlos una última vez.

—Supongo que las cosas pasan por una razón.

—Supongo que tendré que aprender a vivir solo con mis manos.

—Lo veremos en su momento, Kat, ahora mismo, para ser honesto, solo espero que Lux esté bien.

Garen fue por el niño para que pasara tiempo con ellos. Tal vez aquella paz momentánea pudiera ser efímera y entonces no quería arrepentirse de no haber disfrutado un poco de tiempo con ellos. Si de pronto debían volver a Demacia a luchar o simplemente acababan encontrandolos, al menos quería sentirse bien de haber sentido al menos por un momento que su mundo solo eran ellos. Su hijo y la mujer que amaba. Solo ellos.

Guardó silencio cuando tras un largo rato de juego y risas el pequeño se durmió sobre el pecho de Katarina, abrazado a ella como si fuera un gran oso de peluche, y usando su busto cómo una cómoda almohada. Parecía tranquilo, relajado, feliz. Era un niño muy pequeño, pero, parecía entender perfectamente que aquella mujer era su madre, a pesar de haber pasado tanto tiempo alejado de ella. Parecía sentirse completamente seguro y relajado en sus brazos. Los lazos de sangre al final acaban siendo más fuertes que cualquier otra cosa.

Katarina continuaba charlando de cosas que él había dejado de escuchar desde hacía bastante raro, pero eventualmente asentía. Ya en su momento ella se daría cuenta de que no la había escuchado, iba a renegar, iba a discutir y probablemente pasaría horas sin hablarle, pero, no podía evitar que sus pensamientos se fueran lejos.

—¿Garen?

—Sí —respondió asintiendo.

—¿Sí qué?

—Lo que estás diciendo.

—¿Qué dije?

—Pues...

—No sé en qué universo andas, pero no hice una pregunta que debías responder con sí o no. Te dije: tú madre llama a la puerta, abre. Lo haría yo, pero no sirvo para más que ser la cama de mí hijo ahora mismo.

—Lo siento —se levantó rápido y comenzó a avanzar hacia la dirección indicada—. Me distraje un momento.

—Sí, cómo digas.

—¿Hijo? —Su madre parecía aterrada cuando la puerta se abrió.

—¿Qué ocurre? —Preguntó sujetándola de los hombros.

—Es la chiquilla, ha vuelto.

—¿La chiquilla? —Miró por sobre los hombros de su madre y vio a Zoe sentada en el sofá con la mirada un poco perdida—. Tú... ¿Qué te ha pasado? —Preguntó notando a simple vista las manchas de sangre sobre su ropa.

—¿Todo en orden? —Preguntó Katarina desde la cama, pero no obtuvo respuesta alguna—. ¿Garen?

—Es largo de contar o explicar —dijo de inmediato Zoe, mirando sus propios ropajes.

—Soy todo oídos.

La chica respiró profundo y comenzó a narrar, sin saltar ningún detalle, sin resumen alguno todo lo ocurrido desde que Darius había dejado la aldea con ella. Cómo le había pedido buscar a Lux y apoyarla si era necesario, cómo la había encontrado con Sylas, cómo éste les siguió a Demacia, su encuentro con Jarvan, el ataque a Luxana, su escape con el rey, todo, incluyendo la parte en que fue herida por él mismo y la chica que le había salvado a ella y había despertado a Lux.

Por momentos las dudas crecían pero antes de que lograra hacer una pregunta, el siguiente comentario de Zoe aclaraba cualquier pregunta que Garen pensara hacer. Y mientras más sabía, más deseaba ir a Demacia e intentar hacer algo.

Estaba enojado, el Jarvan que había crecido a su lado no hubiese sido capaz de herir a una niña, aunque solo pareciera una, y mucho menos si le había salvado. No sabía que pasaba por su cabeza o qué tanto tenía perder el poder, pero atacarlas a ambas, y todo lo demás que Zoe narraba, cómo hacer arrestar a Fiora por no querer ser capitana en situaciones tan absurdas le ofuscaban bastante.

—Por favor, ¿puedes llevarme con mí hermana?

—Lo siento, no puedo —respondió tajante—. Las órdenes de Darius fueron claras: ustedes, permanecen aquí hasta que todo esté tranquilo. Son importantes para Lux, por lo tanto, deben permanecer a salvo.

—Si es Sylas quién está ahora mismo enfrentándose a Lux, ella no podrá sola. Él es en muy poderoso y usa su magia en su contra, no podrá hacer nada. Está vulnerable y...

—He dicho que no —se levantó y flotó hasta quedar un poco por encima de Garen, intentando mostrarse imponente—. Aunque no lo parezca, tengo más de 3000 años de edad, no soy una niña, sé cuál es mí deber y a quién obedecer. Yo obedezco a los celestiales, solo ellos me dicen que hacer y qué no y solo yo conozco aquí lo que son capaces de hacer. Si insistes en ir en contra de sus órdenes, no seré amable.

—¿Garen? —La voz de Katarina desde la habitación les interrumpió. Había llamado lo suficientemente fuerte para ser escuchada.

—Oh, cierto, ¿está mejor? —Preguntó mostrando una amplia sonrisa, cómo si lo de segundos antes no hubiese ocurrido—. ¡¿El bebé está aquí?! —Se apoyó en los hombros de Garen y dió una voltereta por encima de su cabeza, cayó al suelo y echó a correr en dirección a la habitación—. ¡Bebé!

—¿Zoe? —La pelirroja parecía sorprendida de verla aparecer.

—Hola. —Saltó a la cama y antes de que acercara sus manos al niño Katarina la detuvo para que no lo despertara.

—Zoe, por favor —pidió Garen y la niña se volvió a verlo con enojo.

—He dicho que no te llevaré con Luxana. Yo también odio seguir órdenes, pero si son de ellos debo obedecer, por mucho que no me guste. No quiero tener que escuchar un sermón de la reina sobre por qué tengo que hacerles caso y blablabla. Así que no seas fastidioso y déjame en paz.

—¿Pasa algo con Lux? —Preguntó Katarina y la pequeña sonrió.

—Nada importante, ¿tú cómo estás?

—Postrada en una cama.

—Genial —Katarina enarcó una ceja y Zoe cubrió sus labios con una mano—. Digo, no es genial. Es lo opuesto a genial. Pero... ¡Tengo una idea! —sonrió y de un salto bajó de la cama—. Espera aquí.

—¿A dónde vas? —Preguntó la pelirroja pero no obtuvo respuesta, solo la vió desaparecer en uno de los portales que usaba continuamente—. Que chica más rara, Garen... —no estaba—. ¿Garen? —Llamó y no obtuvo respuesta.

—¡Volví! —Katarina observó curiosa que no estaba sola. Una joven mujer, con largos cabellos azules estaba a su lado—. Ella es Sona. Es muda, pero, es genial lo que puede hacer.

—No conoces la palabra "tacto", ¿cierto? —Preguntó Katarina, pero la acompañante de Zoe sonreía con amabilidad.

—Upsi —Se acercó e invitó a Sona a hacer lo mismo con un gesto de sus manos—. Ella, fue quién curó mí herida, era muy grave, pensé que moriría. Y también, logró hacer que Lux despertara.

—¿Despertara? —Sona asintió.

—Es difícil de explicar —dijo Zoe y Sona volvió a asentir—. Tal vez, pueda ayudarte.

—No lo sé... —Sona movió sus manos, pidiéndole continuar—. No estoy segura de cómo, pero, al parecer no puedo mover mis piernas.

Sona cubrió sus labios con sus manos, sorprendida y notoriamente apenada. Se sentó a su costado y pasó sus manos sobre sus piernas, parecía relajada y hasta mostró una sonrisa al hacerlo. Subió más y le pidió girarse.

La espalda de Katarina quedó descubierta cuando ésta acostó al niño en la cama para poder mostrar su herida. Estaba cambiando de color nuevamente, entre el morado y el verde formaban un ematoma horroroso. Sona frunció el ceño ante lo que veía y llevó sus manos a la herida. Cerró los ojos y comenzó a dejar que su magia fluyera desde ella hacía la mujer que tenía al frente.

—Se siente extraño —susurró Katarina con los ojos cerrados y el rostro relajado—. Muy extraño...

—Está bien... Relájate —la pelirroja escuchó aquella voz y se giró a encarar a Sona pero ella solo sonreía sin mover los labios—. No te asustes, soy muda, pero no significa que no tenga una voz. Es simplemente que no todos pueden escucharla.

—¿Magia?

—Si quieres llamarlo así, es exactamente eso.

—Seguro fue una mierda crecer así —Sona asintió con una sonrisa—. Me agradas.

—Garen ha ido a Demacia cuando Zoe ha abierto el portal —Katarina afirmó la mirada en el niño y tensó la espalda—. Lo siento, sentí que debía decírtelo.

—¿Qué sabes sobre...?

—Me conecto al espíritu de las personas para poder hablarles. Y alguna vez pude hablar con él. Me enteré de muchas cosas sin que las dijera y ahora las acabo de ver en ti también.

—Ok. No vayas por ahí revisando la mente de las personas —dijo y Sona sonrió—. Zoe, Garen se ha escapado.

—¡¿Qué?!

—Está en Demacia.

—¡Ah! —Gritó frustrada—. Lo voy a lanzar del Monte Targón.