La semana había comenzado con una nota agridulce. Cinco años en esa oficina y todo había terminado en tres cajas de cartón blanco. Estaba emocionada por ver lo que el futuro le deparaba, pero también sentía un poco de incertidumbre que la inquietaba. Nunca le había temido al cambio...

-¿Necesitas un momento?

Maura se giró para mirar a Ella que sostenía la última caja blanca en sus brazos. Negó con la cabeza y recogió su abrigo, mirando el espacio vacío por encima del hombro antes de cerrar la puerta detrás de ella.

Ella se ofreció para conducir. Primero irían a recoger a Constance para llevarla al aeropuerto y luego llevaría a Maura a almorzar. Apenas había estado en el aeropuerto la tarde anterior cuando llegó de Boston y, mientras veía a su madre y Ella abrazarse, se dio cuenta que comenzaba a odiar las despedidas. Se había girado para darles un poco de privacidad, y su mirada ahora estaba perdida en la pantalla con la información de los vuelos. Aún tenía la sensación de vacío que se había quedado en su pecho cuando se despidió de Jane, otra vez. Había pensado que en algún momento se acostumbrarían a las despedidas y no le tomó mucho tiempo para darse cuenta que era todo lo contrario: cada una era peor que la anterior y cuando estaba en Nueva York no podía esperar el momento de volver a regresar.


-¿Cuándo será tu vuelo? -finalmente preguntó mientras picaba del aperitivo y Ella sonrió porque había estado esperando por esa pregunta.

La mujer mayor se dirigió al mozo que se acercó con sus bebidas y le agradeció antes de dirigirse a la mujer sentada enfrente de ella.

-No tengo una fecha aún y necesito cuidar de Natalia por unos días. Creo que esperaré a que tu madre vuelva para la exposición de Navidad y entonces volveré con ella a Francia.

-¿Cómo lo haces? Las despedidas... -dijo y se quedó paralizada al percatarse que había dicho aquello en voz alta.

Ella apoyó los codos sobre la mesa, cruzando los brazos a la vez que un suspiro se escapaba entre sus labios. Era como si hubiera estado reteniendo aquel suspiro desde que se despidió de Constance.

-No se hace más fácil -confesó y Maura notó la sinceridad en su voz y su mirada-. Ya la extraño -dijo en voz baja con la mirada perdida en un rincón del restaurante. Los labios de la rubia se separaron, sorprendida por la confesión, pero antes de que pudiera decir algo Ella volvió a hablar cambiando el tema-. ¿Cómo te sientes ahora que dejaste tu trabajo? Sé que no tomas una decisión así de grande a la ligera.

-Lo he estado considerando desde que mi madre propuso la idea.

La sonrisa de Ella se amplió al recordar aquel día como si fuera ayer.

-Te dije que sus intenciones eran buenas. Me alegro que hayas tomado esa decisión, Maura. Tal vez sea prematuro decir esto, pero desde que me dijiste te he notado más relajada... aunque no se si se deba a eso o si cierta detective tenga que ver con tu cambio de humor -sonrió al escuchar que Maura se aclaró la garganta y evitó su mirada, apenada-. ¿Qué opinan tus compañeros de Boston? ¿Seguirás trabajando con ellos?

-De momento solo el teniente está al tanto. Y sí, seguiré asistiendo en el caso con los detectives.

-¿Jane no sabe?

Maura negó con la cabeza, mirando las manos que cruzó sobre su regazo para que dejaran de moverse nerviosamente.

-¿Por qué?

Maura pensó por varios segundos, sintiendo la mirada fija de la mujer.

-No sé...

Ella se apoyó en el espaldar del asiento, alzando una de sus cejas y Maura se pasó una mano por el cabello; un gesto que al parecer se le había pegado de la morena.

-¿En serio me harás decirlo?

Maura la miró en silencio sin saber a qué se estaba refiriendo exactamente.

-La única vez en mi vida que te he visto insegura de algo ha sido sobre Jane. No con ella sino con los sentimientos que estaba causando en ti. ¿De verdad no sabes o no quieres admitirlo?

-A veces es detestable lo fácil que me lees -susurró entre dientes y Ella se hubiera tomado en serio sus palabras si no fuera por la sonrisa plasmada en su rostro.

Ella se sacudió de hombros.

-He tenido muchos años para conocerte.

Maura agarró una servilleta y comenzó a jugar con ella para mantener sus manos ocupadas. Ella le había asegurado que no era necesario que le dijera si no quería, pero ya se estaba cuestionando sus razones.

-No lo hice antes porque... no quiero que piense que estoy dejando todo atrás por ella... -Se mordió el labio inferior y Ella se acercó otra vez, apoyando los brazos sobre la mesa que las separaban-. No quiero que tome mi decisión como una responsabilidad, como una car... -Se calló y Ella no la presionó, simplemente estiró un brazo y cubrió una de sus manos, haciendo que la alzara la cabeza y la mirara a los ojos.

-Conoces a Jane mucho más que yo. ¿De verdad crees que te tomaría como una carga? ¿O la decisión que has tomado?

Maura negó con la cabeza y suspiró, retirando las manos de la mesa cuando el joven se acercó con sus pedidos y colocó los platos sobre la mesa. Las dos continuaron hablando sobre los planes que tenían para el resto de la semana. Ella había preguntado un poco más sobre Boston, específicamente si pensaba mudarse.

-No es un plan que tengo en estos momentos.

-¿Pero irás y vendrás igual? Ya no tienes un trabajo que te haga volver cada semana. En cambio en Boston estarás asistiendo en el caso del Imitador y, bueno, está Jane. Imagino que es difícil siempre que tienes que volver -añadió, recordando las palabras de Maura.

-Aún no sé. Tengo mi estudio aquí...

-Que podrías trasladar fácilmente al sótano del loft -tomó un sorbo de su bebida solo para ocultar la sonrisa al ver el cambio de expresión de la mujer.

-¿Has hablado con Jane sobre su estadía en el loft?

-Estaba buscando un apartamento. Se puede quedar en el loft todo el tiempo que desee. -Era cierto que Jane le había mencionado sobre su búsqueda de apartamentos, pero eso había sido antes de que su relación tomara un paso adelante. Se preguntaba si aún estaba buscando.

-Me sorprende que puedas estar cada fin de semana con ella, tan cerca y tan lejos a su vez. Se me hace impresionante el auto control que tienes, Maura. No sé cómo puedes controlarte con la forma con que te mira.

Maura se aclaró la garganta y su rostro comenzó a sonrojarse. Agarró el vaso de agua para tomar un sorbo a ver si así se aclaraba la mente.

-¿Estás bien?

-... tuvimosrelacionessexuales -farfulló en voz baja y Ella casi le escupe la bebida en el rostro si no le hubiera dado tiempo a cubrirse la boca.

-¿¡Perdón!? ¿Qué dijiste? -preguntó con un tono más alto de lo deseado, llamando la atención de varias personas a unas mesas de ella.

-Coito.

Ella se quedó boquiabierta como si hubiera escuchado a un fantasma.

-Sexo.

-¡Se lo que significa, Maura! -Se cubrió el rostro con una mano-. ¿Desde cuándo?

-Acción de Gracias, esa noche después de que se fueron...

Ella se quedó boquiabierta otra vez y comenzó a reír. Maura fue quien se quedó mirándola sorprendida esta vez. Había pasado mucho tiempo desde que la había visto reír con una expresión tan abiertamente feliz.

-Ni siquiera me molesta que no me hayas dicho nada hasta ahora. Estoy tan feliz por ti, Maura -pausó de repente antes de seguir suponiendo-. ¿Están bien, cierto? O sea, ¿Jane está bien con... todo?

Maura asintió, esta vez sintiendo cómo sus mejillas ardían y su corazón palpitaba más deprisa. Estaba segura que debía estar sonrojada. Tomaba la sonrisa de Ella como una confirmación de sus sospechas.

-Es perfecta. Es suave, cariñosa, fuerte...tan delicada... -Se mordió el labio inferior y Ella alzó una ceja, insegura de querer saber a dónde se había ido la mente de la mujer-. Me hace feliz. Muy feliz, Ella, y la extraño cada segundo que no estoy con ella.

-Podría gritar en estos momentos -confesó y miró alrededor.

-Por favor no lo hagas -pidió porque estaba segura que podría hacerlo de verdad.

-No lo haré, pero te voy a abrazar -advirtió ya poniéndose de pie. Maura se deslizó de su asiento poniendo de pie, aceptando el abrazo. La fuerza del abrazo de Ella la sorprendió-. Estoy tan feliz por ti, Maura. No tienes idea-. Al separarse de la joven la sostuvo de los hombros y mirándola a los ojos susurró: Recuerda que el hogar es donde está tu corazón. -Le hizo un guiño antes de volver a sentarse con una sonrisa que se ampliaba cada vez más con cada segundo que Maura permanecía de pie, inmóvil.


Maura se lavó la pintura de las manos y se recogió el pelo en una coleta desorganizada mientras caminaba hacia el refrigerador. Era oficialmente su primer día libre de trabajo y había estado pintando desde que se levantó. El celular sonó y vibró en el bolsillo de su overol y sonrió como una idiota al leer el mensaje de Jane.

"¿Sabías que los elefantes no pueden saltar?"

Movió sus dedos rápidamente sobre la pantalla y envió su respuesta:

"Y como alguien que conozco, comen constantemente"

"Tomaré eso como un halago, Dra. Isles"

Maura se quedó mirando la pantalla por varios segundos, releyendo el mensaje. Se podía imaginar la sonrisa en el rostro de Jane. Estuvo a punto de escribir una respuesta, pero otro mensaje apareció.

"Ya quiero llegar a casa para llamarte... te extraño"

Su corazón dio un vuelco al leer aquellas palabras y le tomó un minuto en responder.


A mediado de semana recibió una llamada de parte de Korsak en la madrugada. Había sido una llamada corta que hizo que tomara el primer avión disponible a Boston. Aunque ninguno de los dos detectives le había dado muchos detalles, era consciente que no se le pediría algo así si no se trataba de una emergencia. La única pregunta que hizo antes de terminar la llamada era si se trataba de Jane y si se encontraba bien. Korsak le aseguró que lo estaba y dos horas más tarde Frost la recogió en el aeropuerto puntualmente. Le extrañó que Jane no estuviera con él. Lo que se le hacía más raro de toda la situación era que Korsak le había pedido que no se comunicara con Jane.

-Perdona que hayas tenido que venir así de imprevisto -se disculpó Frost y agarró una de las dos tazas de café que tenía en el portavasos-. Lo compré en el camino, debe estar caliente aún. Creo que he escuchado a Jane pedir tantas veces el café que sé exactamente cómo te gusta. Espero no haberme equivocado. Imagino que necesitas algo de cafeína a esta hora.

-Gracias -agradeció y sonrió al degustar el café; estaba perfecto.

-Supongo que tienes muchas preguntas. Korsak y Cavannaugh no querían decirte por teléfono.

-¿Decirme qué?

-Ha vuelto. -Apartó la mirada del camino por un segundo para mirarla a los ojos, asegurándose de que Maura había comprendido sus palabras.

-Y Jane no sabe -dedujo y el hombre asintió.

-Aún no. Tampoco sabe que estás aquí. Por eso no querían decirte por teléfono. Por si Jane preguntaba algo...

-Soy una profesional. Puedo lidiar con información confidencial.

-Y eso no lo dudo, Maura. Pero ambos sabemos cómo es Jane y cuando algo se le mete en la cabeza no hay forma de sacárselo. Especialmente cuando se trata del caso. Y aparte de ser compañeras de trabajo son mejores amigas; sé que Jane te conoce muy bien y no lo digo deseando ofender, pero no creo que puedas ocultarle algo.

Maura suspiró. El detective tenía algo de razón. Jane sabría de inmediato si intentaba ocultarle algo. Aparte de su reacción física al intentar mentir, ella simplemente sabría con solo mirarla.

-No estamos cuestionando su profesionalismo, solo estábamos tomando pasos preventivos para evitar la insistencia de Jane.

-¿Tan malo es?

Frost tomó un sorbo de café y asintió.

-Le ha dejado un mensaje directo y la escena es mucho más violenta que las anteriores. Nos dejó los dos cuerpos esta vez. Me temo que ese mensaje ha sido la última gota para el teniente y sacará a Jane del caso. Está muy involucrada y ya es muy personal para el asesino. Lo ha sido por un tiempo ¿No estás de acuerdo?

Maura asintió en silencio. Lo había sido mucho antes de haber encontrado la extremidad de Ann, dejada como "regalo" para la detective.

-Llamaremos a Jane más tarde. Cavannaugh vio la escena del crimen y concluyó que permitirá que Jane la vea solo a través de fotos. En otras palabras, de cierta forma ya la está retirando del caso. Jane se dará cuenta de inmediato.

-No estará muy feliz...

-No. No lo estará en lo absoluto.

Frost estacionó el auto enfrente de una casa que estaba rodeada de carros de policías. La cuadra de la casa estaba cerrada con patrullas. Cuando se bajó divisó a Korsak en el portal de la casa y al verla le dijo algo al oficial con el que hablaba antes de dirigirse a ellos.

-Siento mucho haberte llamado de esta forma y sin muchas explicaciones, Maura.

-El detective Frost me ha explicado un poco la situación. ¿Doster está?

-Sí, ya registró todo, pero no quería mover nada hasta que llegaras.

-Gracias.

-Va a necesitar un traje.

Uno de los técnicos forenses le alcanzó un traje blanco, botas y guantes. Frost y ella se prepararon ya que Korsak aún tenía su traje puesto. El único denominador de las escenas de crimen de este asesino es que todo ocurría en la habitación principal y esta vez no fue diferente.

Maura se detuvo en el umbral de la habitación cuando sus ojos registraron las letras en la pared detrás del marco de la cama.

-Por eso no queríamos que Jane viniera.

"Todos pasamos por cambios" y más abajo había escrito con sangre el nombre "Jane"

-Está claro que ha estado al tanto de lo que está pasando en la vida de Jane. Lo más probable es que la esté siguiendo siempre que tenga chance.

Maura tragó en seco. Los detectives tenían razón ¿De qué otra forma podría saber que Jane estaba pasando por cambios grandes en su vida? Apenas unos días atrás los detectives -unas de las personas más cercanas a Jane- se habían enterado que estaba en proceso de divorciarse.

-Esta... obsesión con Jane nos está preocupando mucho -admitió Korsak, siguiendo a la doctora que comenzó a examinar los cuerpos y las heridas-. Pensamos que tal vez necesite vigilancia aunque sea por unos días. No le va a gustar en lo absoluto y no sé por cuánto tiempo el departamento pueda pagarlo, pero no sé qué más podríamos hacer.

-No creo que el departamento pueda cubrirlo por más de un par de días. Al menos no vigilancia 24/7 -añadió Frost.

Las voces de los detectives quedaron de fondo cuando Maura detectó algo que reconocía. Era un olor muy particular. Se agachó poniéndose de rodillas para acercarse lo más que podía al cuerpo de la mujer y olerla. Frost se quedó callado al ver aquello y miró a Korsak con una expresión sorprendida, buscando alguna explicación pero el hombre solo sacudió los hombros.

El olor no venía de la mujer. Maura se incorporó con el ceño fruncido.

-¿Huelen eso? Un poco dulce... bergamota, peonía... -Se quedó paralizada y casi se cae hacía atrás al perder la fuerza en sus piernas. Ya reconocía el aroma; era el perfume que Jane había tirado por la ventana de su habitación.

-Oh eso, Doster dice que viene de las muñecas del hombre. Ya tomó una muestra para investigar qué es y si tiene alguna relevancia.

-¿Sabe lo que es, doc? -preguntó Korsak al ver lo pálida que estaba.

-Es un perfume y me temo que tiene mucha relevancia... al menos que solo haya sido una coincidencia.

-¿Un perfume tan frutal en un hombre? -añadió Frost, escéptico-. No quiero suponer, pero no creo que haya sido su elección. Ya revisamos todo y no hemos encontrado ningún perfume que huela igual, mucho menos entre los de él.

-Pagaré personalmente por la protección de Jane -avisó con una expresión seria-. Si el departamento no tiene los recursos o el dinero, yo pagaré de mi bolsillo.

Los dos hombres la miraron boquiabiertas y Maura se alejó quitándose los guantes, seguida por los dos detectives. El aroma del perfume era bastante fuerte y comenzaba a tener náuseas, no por el perfume, sino por las implicaciones.

-Les explicaré todo -les aseguró.


Los dos hombres permanecieron en silencio por varios minutos después de haber explicado su teoría. Solo dijo lo necesario sin divulgar datos personales de la vida de Jane. Ellos no necesitaban saber cómo el perfume había terminado en las manos de Jane o el por qué lo había tirado. Era decisión de Jane el contarles si es que así quería.

-Esto es peor de lo que pensaba. -Korsak se frotó el rostro con ambas manos, apoyando los codos sobre la mesa del salón de conferencia.

-Si es cierto que Jane nunca usó el perfume, entonces la única explicación es que él haya estado en su casa o afuera.

-Nadie ha estado allí aparte de los agentes de mudanzas, Gabriel y Jane.

-Investigaré a los agentes de mudanza y las cámaras del área -avisó Frost al ponerse de pie-. Necesitaré otra taza de café ¿Desean?

-Iré contigo. ¿Maura?

-No, gracias. Bajaré a la morgue a ayudar a Doster con las autopsias.

Frost salió de la habitación primero y Korsak se detuvo enfrente de la puerta y se giró hacia ella.

-Jane es cabezota. La conoces mejor que nosotros. No entenderá que su vida está en riesgo. No tan sola la de ella pero también la de sus seres queridos y no podemos protegerlos a todos. Este asesino es...impredecible. Ya hemos visto que puede ser tan metodológico como Hoyt e incluso más, pero también puede ser impulsivo. Jane estará demasiado ciega para verlo, por lo menos al principio. Estará enojada porque no la llamamos primero. Y... tal vez esté enojada contigo también.

Maura no apartó la mirada de él. Sabía que Korsak estaba siendo muy generoso al decir ese "tal vez". Ambos estaban seguros que lo estará.

-Lo sé.

-Es por su bien -intentó consolar con un tono suave y Maura asintió, mirándolo hasta que la puerta se cerró detrás de él.

Sus hombros se doblaron y se apoyó en la mesa, cubriéndose el rostro. No le estaba mintiendo a Jane, pero estaba ocultando lo que estaba pasando. ¿Qué diferencia hacía eso?

Dio un brinco en la silla cuando el celular sonó y se sorprendió de que ya fueran las 7AM.

"Siento haberme quedado dormida mientras hablábamos. Lo bueno es que soñé contigo ;) te contaré si te sientes atrevida"

El conflicto de emociones que sentía en ese momento hizo que un sollozo se ahogara en su garganta. No podía responderle en ese momento, no como estaba. Apagó la pantalla del celular y se puso de pie, decidida a bajar a la morgue y distraer la mente con el trabajo.

El celular volvió a sonar mientras esperaba por el elevador. Cerró los ojos intentando convencerse de no chequear, pero no pudo contenerse y leyó el nuevo mensaje.

"¡Sabía que se me olvidaba algo! ¡Buenos días, Maur! Un día menos para volver a tenerte en mis brazos"

-¿Va a entrar? -preguntó un hombre en uniforme de policía.

Maura alzó la mirada y de forma automática entró en las cuatros paredes de metal del elevador. Puso el celular en modo silenciado y miró su reflejo en la pared de metal.

"Lo siento, Jane"