Hablar tras la fiesta
Miyako tardó dos minutos en darse cuenta de que estaba intentando meter el pie en la bota equivocada. Por culpa de Ken, por supuesto. El chico, al que ella la profesaba una admiración secreta (a pesar de que todo el grupo de amigos era consciente de ello) le había enviado un mensaje muy breve: "Ven a mi casa. Tenemos que hablar". Y apenas lo había visto había saltado de la bañera, resbalado con la alfombrilla del baño, se secó lo más rápido que pudo, eligió cuatro cosas del armario y tras vestirse, salió a toda velocidad.
Solo había una posible cosa de la que tuvieran que hablar, por fin. El sábado anterior, en la fiesta de cumpleaños de Hikari, se habían besado, por fin. Apenas había sido un rollete, que tal vez… solo tal vez, podría haber llegado un poco más lejos si no hubieran sido interrumpidos en el cuarto por culpa de un Yamato y una Mimi bastante perjudicados por la bebida. Les había maldecido internamente, pero no importaba mucho. Ese día era tan bueno como cualquier otro para llegar a la conclusión.
A medio camino se dio cuenta de que era más inteligente no correr demasiado. No era plan de parecer una desesperada tampoco. De modo que relajó el paso, aunque sentía que su corazón acelerado iba a salírsele del pecho y continuar el camino por su cuenta, a la espera de que llegase el resto de su cuerpo. Se preguntó si sería demasiado prematuro plantarle un beso en los labios nada más verle. Mejor reservarse. Pronto podría darle todos los besos que quisiera.
De este modo llegó al edificio donde residían los Ichijouji. Ahora que lo pensaba…
—Mis padres se van dos semanas de vacaciones a Hawaii —había comentado el chico durante la fiesta.
¡Eso podría implicar una semana solo para ellos! Miyako mandó a la porra la lógica y volvió a apretar el paso por las escaleras. Solo debía procurar no llamarle "mi amor" demasiado pronto. Llamó al timbre un par de veces no aceleradas. Ken no tardó mucho en abrir la puerta.
—Hola, Miyako. Has venido deprisa —comentó el chico, sorprendido.
—Me has pillado vestida —mintió ella con descaro.
—Entra, por favor.
Miyako entró en la casa. Y cuando llegó al salón, hubo algo que no entendió. ¿Qué coño hacía ahí Daisuke? Bueno, sabía que ambos eran buenos amigos, al fin y al cabo. Seguramente habría ido a jugar a los videojuegos y ahora se iría. Eso explicaría la frase de Ken. Estaría esperando que el castaño se marchara durante el rato que ella volvía a su casa. Así que saludó con normalidad.
—Hola, Daisuke.
—Hola, Miyako. ¿Tú también has venido?
¿"También"? ¿Cómo que "también"? ¿Acaso acababa de llegar? Vale que él vivía más cerca, pero no tenía mucho sentido que Ken le fuera a declarar su amor delante de Daisuke. Oh, no… Oh, no… Eran tan amigos… ¿No sería capaz de preguntarle a Daisuke si pensaba que sería buena idea salir con ella, verdad? ¡Y menos con ella delante! Ese cabeza de chorlito de Daisuke no le iba a joder la relación. Ni de coña.
—Sí, me ha sorprendido el mensaje de Ken. Tampoco sabía que venías tú.
—Por favor, sentaos —indicó Ken—. ¿Queréis beber algo?
"El néctar de tus labios", pensó Miyako, pero en su lugar pidió un vaso de agua. Daisuke, por su parte, no quería nada. Ken arregló la situación llevando una jarra de agua fresca con tres vasos, por si acaso.
—Bueno, perdonad mi mensaje tardío, pero tenía que hablar con los dos, antes o después —empezó Ken—. Pero bueno. Después de la fiesta de Hikari el otro día, os debo una explicación a los dos. Daisuke, lo siento. No puedo dedicar más tiempo a los videojuegos contigo. Miyako es el amor de mi vida y voy a pasar todo mi tiempo con ella. Espero que lo comprendas.
Eso era lo que Miyako había esbozado en su cabeza. Pero la realidad fue algo diferente:
—Bueno, perdonad mi mensaje tardío, pero tenía que hablar con los dos, antes o después —empezó Ken—. Pero bueno. Después de la fiesta de Hikari el otro día, os debo una explicación a los dos. Ya sabéis. Después de que… nos enrolláramos.
—¡¿Se lo has contado?! —dijeron Miyako y Daisuke al unísono.
—¡¿Contado qué?! —se preguntaron mutuamente.
—¡¿De qué va esto?! —volvieron a preguntar a Ken.
Este, simplemente, se había puesto un poco colorado.
—A ver, qué iba a decir yo… El sábado nos lo estábamos pasando todos muy bien. Miyako, tú te me acercaste cuando los demás bailaban… Ya sabes —dijo, y omitió de su narración la parte en la que había empezado a comerle la oreja. Sin duda, llevada un poco por el alcohol—. El caso es que nos lo estábamos pasando muy bien en el cuarto de Taichi cuando Yamato y Mimi nos interrumpieron.
—Esos sí que llevaban un buen pedal encima —comentó Daisuke—, pero entonces…
—Nos cortaron el rollo y nos fuimos sin que nadie se diera cuenta. Miyako, creo que te pusiste a hablar con Meiko y yo vi que Daisuke andaba solo en el balcón, y salí a hablar con él. Estaba un poco de bajona por los exámenes. El caso es que… no deberíamos beber porque, por alguna razón, decidí consolarte con unos besos… que no me rechazaste… —añadió.
Miyako estaba intentando procesar aquella información. ¿La misma noche que el alcohol le había dado el valor de atreverse a dar un paso con Ken era la misma en la que este… también se había enrollado con su mejor amigo? No, seguro que no lo había escuchado bien.
—Es que… besas muy bien —admitió Daisuke, apartando la mirada.
Pero la reacción de Miyako fue más desatada.
—¡¿Pero qué pasa contigo?! ¡Es decir…! ¿Tú sabes lo que me costó lanzarme? ¡Pensaba que yo te gustaba! ¡¿Y me dices que ese mismo día también besaste a este tonto?!
—Jódete, que a nosotros no nos interrumpieron —murmuró Daisuke, en tono bajo pero audible.
—¡Atrévete a decírmelo a la cara! —estalló Miyako—. De verdad, Ken, qué decepción.
—¿Decepción? ¿A mi amiga le decepciona que sea bisexual? —preguntó el aludido, sin alterar su tono.
—¿Bisexual?
—Eso es que te gustan tanto los hombres como las mujeres —apostilló Daisuke. Encontraba cierto placer en hacer rabiar a Miyako.
—¡Ya se lo que significa! —espetó ella—. Pero… ¿cómo es que no nos habías dicho nada? Tú…
—¡Y menos mal! —suspiró Ken—. ¡Mira como te lo estás tomando! Oye, yo quería ser sincero con los dos. La verdad… Tú también me has gustado durante mucho tiempo, Miyako. Pero pensé que tú seguías obsesionada con el genio intelectual y de muchas habilidades que me daba la Semilla Oscura. Ya no soy así. Y Daisuke ha sido mi primer amigo de verdad en mucho tiempo. Y, lo reconozco… Me di cuenta de que también me gustaba hace un tiempo. No me atrevía a decirte nada por si… por si de pronto me dabas de lado.
—No podría darte de lado, Ken. De hecho, yo he pensado en aquella fiesta también. Al final, me lo pasé mejor de lo que me esperaba —confesó Daisuke—. Me daba miedo que no me escribieras, ¿sabes?
—Ya ves que tenía que hablar con alguien más...
—Mirad, yo no quiero saber nada de esto. Apañad lo que tengáis que apañar entre vosotros y luego si quieres hablamos —dijo Miyako, levantando las manos—. Y si queréis ser felices, cojonudo por vosotros.
—Espera, Miyako. No te he pedido venir para que te enfadaras.
—¡Pues lo has conseguido! ¡Porque me gustas muchísimo y ahora me entero de que tu corazón pertenece la mitad a este tonto! Bueno, o eso es lo que dices. Igual yo solo era un capricho tuyo.
—Te aseguro que no. Los dos me gustáis mucho. Y es más, me duele veros siempre discutir así por cualquier tontería…
—¿Tontería? ¿Esto es una tontería? —inquirió Miyako.
—¡El otro día casi os tiráis de los pelos por decidir si veíamos la versión original de Mulán o el live-action! —se exasperó Ken.
—Tranquilo, que después de esto, yo no pienso volver a quedar con este tonto.
—¡Deja de insultarle!
—¡Oh, mira como defiende a su novio! —ironizó Miyako. Estaba herida en lo más profundo de su ser. Estaba segura de que amaba a aquel chico. Incluso al redescubrirle tal como era, sin alteraciones por culpa de aquella Semilla. Y ahora se topaba con esa situación. Pero no le daba la gana.
—Miyako, tienes que escucharme, por favor.
—¡No quiero escuchar nada!
—¡Pues lárgate! ¡Yo soy más capaz que tú de hacer feliz a Ken! —dijo Daisuke, con una sonrisa muy cruel dedicada a su mala amiga.
—No. ¡Espera! —exclamó Ken, y por instinto, atrapó la muñeca de Miyako. Ella intentó apartarla, y Ken no forcejeó—. Daisuke, no digas esas cosas. Yo no puedo ser feliz si alguno de los dos falta en mi vida.
—Pues ya me dirás qué hacemos. Miyako y yo no nos aguantamos, ya lo sabes —dijo él, encogiéndose de hombros.
—¡Porque eres tonto!
—¡Y tú te crees que lo sabes todo!
—¡Basta! —pidió Ken—. Parad, por favor. Yo no quería esto. Os necesito a los dos, por favor. ¿No podéis hacer eso por mi?
Daisuke y Miyako se intentaron asesinar con la mirada. Daisuke no tenía nada en especial en contra de ella, pero su capacidad para tolerarle los insultos fuera de lugar había mermado mucho con el paso del tiempo. Por su parte, la chica de pelo morado consideraba al castaño como un verdadero tonto, intelectualmente como por su modo despreocupado de vivir en general.
—Podemos intentarlo —dijo Miyako.
—Si ella lo intenta.
—Daisukeeeeee —advirtió Ken.
—Perdón. Venga esa mano.
Se levantó y estiró mucho el brazo para tenderle la mano a Miyako, en pos de su entierro del hacha de guerra, pero sin querer acercarse demasiado. Ella también alargó el brazo todo lo posible para no tener que acercarse. Pero sus planes se vieron truncados por Ken, que decidió que quería un abrazo entre los tres. Y al aproximar a Daisuke y Miyako entre sí, de pronto ambos se toparon con los labios a muy escasa distancia.
—Ken, podemos llevarnos bien pero un poco más lejos —dijo Miyako. Apartó los labios, intentando no coincidir con los de Daisuke.
—Eso digo yo. Que a quien queremos es a ti —protestó Daisuke. Y en ese momento sintió la mano de Ken acariciándole la nuca. Su debilidad.
—Pero tenéis que llevaros bien. Daos un besito.
Ken hubiera declarado ante un jurado que su intención era simplemente que se dieran un beso en la mejilla. La realidad fue que, cuando les hizo aproximarse y ellos se resistieron, coincidieron en el mismo punto sus labios. Y le pareció tan tierna la imagen de verles besarse… bueno, "besarse". No apartar los labios, al principio. Hasta que los dos tontos intentaron protestar, y entonces sí se pudo hablar de un beso.
—Mejor así, ¿verdad? —preguntó Ken. Pero de pronto se sentía una pizca celoso—. Oye, Miyako, siento que nos interrumpieran —le dijo, y besó con suma delicadeza a Miyako. Con el rabillo del ojos pudo ver que Daisuke se ponía colorado— Tranquilo. Para ti también tengo —añadió antes de besar al castaño.
—Ken… ¿por qué has hecho esto? —preguntó Daisuke. Se sentía confuso.
—Porque sé que soy compatible con vosotros dos… y me gustaría saber si lo sois vosotros… —explicó este mientras besuqueaba el cuello de Miyako. Les sujetaba ahora con firmeza por las caderas, apretándoles bien contra su cuerpo e impidiendo que pudieran tomar distancia entre ellos.
—Eso es imposible… —suspiró Miyako, aunque no estaba muy segura de sus palabras, pues se había imaginado tantas veces a Ken haciéndole eso, que por alguna razón que hubiera otra persona entre medias no le resultaba incómodo. Aunque fuera el tonto de Daisuke.
—Pues hace un momento os habéis besado —le recordó el moreno—. ¿Por qué no lo hacéis sin ayuda?
Miyako y Daisuke se miraron, completamente colorados. Ken les dio un breve beso a los dos como anticipo, y a continuación les dejó libremente. Con cierto temor, se aproximaron. Como si temieran que el otro les fuera a comer. Pero finalmente sus labios se encontraron en un beso libre, sin la presión de antes. Miyako se sorprendió. Vaya con el castaño, no era tan mal besador… ¿pero qué estaba pensando? Ella era de Ken y solo de Ken. Pero entonces, ¿por qué no podía apartarse?
Daisuke también estaba gratamente sorprendido. Los labios de Miyako no estaban mal. Sabían a frambuesa. Tal vez los hubiera preparado para Ken. Pero su amigo parecía disfrutar viéndoles en aquel beso. Ni siquiera se había dado cuenta de que el moreno se limitaba a mirar, había apartado las manos, y el tacto que ahora sentía era el de las manos de Miyako, a las que él correspondía de modo inconsciente.
—¿Veis que cuando queréis os podéis entender? —preguntó Ken, sonriendo.
—Esto es raro —confesó Daisuke. Aunque también le había parecido raro los besos de Ken en la fiesta y no había protestado por ello—. Si de verdad te gustamos, ¿por qué quieres que me bese con ella?
—Como ya he dicho, compatibilidad. Si podemos entendernos entre los tres, yo sería feliz de verdad —dijo Ken—. Sois muy importantes para mi.
—Pero Ken… esto no es… —intentó protestar Miyako, pero cerró los ojos cuando volvió a sentir los labios del chico en su cuello. Se derretía por ello. Y de pronto sintió unos segundos labios por su cuello.
—Bien, Daisuke… —oyó a Ken decir. Pero de pronto los otros labios desaparecieron—. Bueno, si insistes…
Abrió levemente los ojos para ver a Daisuke atacar el cuello de Ken. Se murió de la envidia pero de pronto el moreno la besó de nuevo. Y esta vez parecía algo más pasional. Con más fuerza. Sintió que se derretía por el poder de los labios del moreno. Notó su lengua dominarla, y ella se limitó a dejarse hacer. Pero no podía dejar a Daisuke desabrochando por su cuenta la camisa de Ken, y optó por mover la mano para ayudarle a quitar aquellos botones.
—Me gusta lo que veo —comentó al ver el torso de Ken al descubierto.
Y adelantándose a lo que iba a hacer Daisuke, Miyako se lanzó a probar el sabor del cuerpo del moreno. Sonrió malévolamente, pensando en quitarle el puesto al castaño. Pero cuando él se arrodilló a su lado, por alguna razón, ella le dejó espacio para disfrutar de Ken. ¿Qué le estaba pasando?
—Daisuke… —dijo ella—. Él es mío —bromeó. Y le dio un beso al castaño, impulsada por no sabía qué. Pero eso gustaba a Ken, que se puso en cuclillas.
—Se me ocurre algo mejor. En vista de que ya os lleváis bien.
En el dormitorio de Ken, Daisuke y Miyako pudieron disfrutar de un sensual baile de desnudo por parte del moreno. No era el mayor experto, pero fue quitándose poco a poco la camisa para su público, y dejó que cayera al suelo. Luego se llevó las manos al pantalón y se dio la vuelta para ellos, mientras se despojaba de la prenda poco a poco, movimiento a movimiento hasta que ya no los llevaba puestos.
—Y ahora me da un poco más de vergüenza seguir —confesó. No osaba a quitarse aún el bóxer, pero sabía por las miradas de Miyako y Daisuke que les estaba gustando lo que podía percibirse por debajo de la tela. Les sonrió—. ¿Creéis que podéis hacer lo mismo? También me gustaría veros…
Casi activada por un resorte, Miyako se puso en pie. Estaba segura de que su cuerpo le encantaría a Ken. "Y también a Daisuke", pensó para sus adentros. Y acalló la voz. La voz que intentaba matar el pensamiento de gustarle a Daisuke. El castaño, como se fijó Ken, no perdía detalle de los movimientos de Miyako. Eran bastante más sensuales. La chica optó por quitarse primero el pantalón, dejando al descubierto sus braguitas para los dos, y empezó a darse la vuelta mientras levantaba su camiseta, exponiendo también su sujetador.
—¿Qué opinas? —preguntó Ken a Daisuke.
—No está mal…
—Daisukeeeee…
—Eres muy bonita —dijo el castaño, mirando directamente a Miyako.
—Gracias… —murmuró ella, avergonzada—. ¿Ken? —también quería su opinión.
—Preciosa —aseguró—. ¿Vemos a Daisuke?
Miyako asintió. Se sentó en la cama, sintiendo el cuerpo de Ken perfectamente al tacto contra el de ella. Y sonrió cuando sintió que la rodeaba con un brazo. Necesitaba volver a sentir sus labios pero el parecía ensimismado mirando al castaño. Se preguntó si acaso la había mirado a ella con la misma intensidad y maldijo haberse puesto de espaldas unos momentos. Su corazón no resistiría que a Ken le gustase más Daisuke. Ni por un uno por ciento de diferencia.
Pero bueno. Debía reconocerse que el castaño no tenía mal cuerpo. Se le notaba que hacía deporte y que trabajaba en ello. ¿Eso era un principio de "tableta"? Qué escondido se lo tenía. Y por qué demonios pensaba en esas cosas, se preguntó. No importaba mucho. Se quedó embobada por unos momentos fijándose en la entrepierna de su amigo. Tal vez había llegado el momento de dejar de hacer el tonto. Se puso de pie.
—Daisuke. Tenemos que dejar de pelear, definitivamente —dijo ella—. Y dejarnos llevar por fin.
—… Tienes toda la razón —dijo él, tendiéndole la mano, esta vez más sinceramente.
Aquello descuadró un poco a Ken. Por cómo se miraban en ese momento… ¿acaso había sido tan tonto como para no darse cuenta de que, en realidad, ellos se deseaban? Podía alegrarse por ambos, claro, pero si era así, le dolía un poco tener que renunciar a ambos.
De modo que se asustó cuando, sin previo aviso, los dos se lanzaron a por él. Sintió los labios de Daisuke besando los suyos. Se fijó en el detalle de que Miyako parecía besar el cuello del castaño, pero solo hasta el momento en que le liberó. Ella también ansiaba volver a probar el sabor de Ken.
—Creo que podemos aprender a llevarnos bien —comentó Daisuke.
—De momento te queremos a ti —añadió Miyako—. Era esto lo que querías, ¿verdad?
—Sin duda —dijo Ken, sonriendo ante la situación—. ¡Aaaaah!
Sin esperárselo, sus amigos habían pasado la mano bajo la tela de su bóxer. Miyako le masajeaba el pene suavemente, mientras Daisuke hacía lo propio con sus testículos. Sus manos intercambiaron posiciones casi en perfecta sincronía, sin debates sobre dónde debía estar cada una. Ken era para los dos.
—¿No vais un poco… rápido? —suspiró Ken en el momento en que sus amigos le quitaban, casi arrancaban, el bóxer, dejándole por completo desnudo sobre la cama.
—Ahora no nos vengas con esas —dijo el castaño—. Has sido tú quien nos ha besado y ha empezado con el strip-tease. Nosotros solo hemos terminado lo que empezaste, ¿verdad Miyako? … ¿Miyako?
Daisuke observó a la chica, que parecía haberse quedado paralizada al ver el miembro erguido de Ken. Una cosa era tocarlo sin mirar, como había hecho cuando aún llevaba el bóxer puesto, y otra era tenerlo frente a los ojos. A Daisuke estuvo a punto de darle la risa. Pero aguantó. Por Ken. Iban a darle amor, así que su deber era ayudarla a conseguirlo.
Tomó la mano de Miyako y la dirigió hacia la erección de Ken, que quedó atrapada entre ambos. Con las manos unidas empezaron a masturbar lentamente al moreno. La chica sonrió. Al final Daisuke no iba a ser tan capullo. Le gustaba lo que hacía. Miró a Daisuke, que parecía concentrado en aquella tarea. Ambos notaron a Ken acariciándoles la espalda, y se estiraron en el colchón para darle mejor alcance.
—¿Qué piensas? —preguntó Daisuke a Miyako. Podían sentir los latidos del pene de su amado entre sus manos.
—En algo que les gusta a los chicos —fue su respuesta, y separó con cuidado la mano del castaño. Intentando no darle más vueltas, o no se atrevería, plantó un beso en el glande de Ken. Este se estremeció. Y le dio otro beso, y otro más, empezando a practicarle una felación. La erección del moreno, por fin… Tenía un curioso sabor. Claro que ella no tenía con qué compararlo. Solo sabía que le gustaba.
Daisuke sintió una ola de envidia en ese momento. Por escuchar a Ken gemir por el placer. Él también quería hacerlo. Aunque le daba cierto reparo. Sintió un escalofrío cuando la mano del moreno empezó a acariciarle la entrepierna. Y un gemido de Miyako le indicó que a ella también se lo hacía.
—Daisuke… ¿quieres probar? —preguntó la chica de pelo morado, ofreciendo al castaño el pene de Ken. Este intentó analizar la frase. ¿Se estaba riendo de él? No, no tenía esa impresión.
—Me gustaría… pero… —sintió que los colores subían por todo su cuerpo hasta la cabeza.
—No duele —le dijo con una sonrisa—. Seguro que también le gusta si lo haces tú.
Aquello le había costado decirlo. Su parte más egoísta seguía reclamando ser la única en yacer con su amado, en arrancarle cada gemido, en hacerle eyacular. Pero sabía que no podía ser. De forma que dirigió el pene de Ken hacia el castaño, que contó mentalmente hasta tres y se abalanzó hacia adelante, atrapando la mitad de su longitud de una vez, antes de que pudiera echarse para atrás. La chica le miró con los ojos brillantes.
Daisuke quedó hipnotizado. El sabor de Ken era… increíble. Y la forma y tamaño de su pene parecían perfectos. Era fácil disfrutar de su forma y tamaño. Aguantó la excitación que le provocaba la mano de Ken por debajo de su bóxer, y probó a hacer lo propio con los testículos del chico, permitiendo a Miyako que retomase su actividad inicial. Para Ken aquello era el paraíso, y no podía negárselo: le gustaba que ambos se dedicaran para él. Pero esperaba que pudieran pasarlo bien experimentando a tres bandas.
Los labios de Miyako y Daisuke se encontraron en el glande de Ken, y cooperaron juntos para dar placer al chico, mientras este estaba ya desesperado. Miyako se sentía muy húmeda en ese momento, por culpa de los dedos juguetones del moreno que la estimulaban mucho. Pero el moreno, a pesar del placer que sentía introduciendo sus dígitos en el sexo de la chica, a pesar de lo mucho que le gustaba sentir el pene de Daisuke palpitando en su mano, sentía que necesitaba algo más, de modo que les avisó para que continuaran. Le costó un poco que le escucharan, parecían ensimismados.
—¿Te ha gustado? —preguntó ella.
—No lo suficiente, aún no se ha…
—¡Así no! —exclamó Ken—. Estoy muy caliente ahora… vamos a ir más allá… si queréis.
La de pelo morado y el castaño asintieron. Ken se aferró al bóxer de Daisuke, e indicó a Miyako que le imitara. Entre los dos despojaron a Daisuke de toda su ropa. A este no se le escapó el detalle de que su amiga se mordía el labio inferior. Se sintió halagado. Buscó con la mirada los ojos de Ken, pero este también parecía maravillado por lo que había descubierto.
—Ayúdame —apremió Ken al castaño cuando recuperó la consciencia.
Daisuke se situó a la espalda de Miyako y forcejeó un poco para abrir el cierre de su sujetador. Ella se sintió liberada cuando por fin desapareció aquella presión en sus pechos. Y de paso se dejó hacer cuando el moreno tiraba suavemente de sus braguitas hacia abajo. Se sintió halagada por la mirada de Ken, y sus colores se subieron aún más cuando a Daisuke se le escapó un silbido de admiración del que pronto se arrepintió. Pero al moreno le gustaba.
—¿Veis que podéis entenderos? —les preguntó.
—Todo es por ti —respondió Miyako. Aunque sentía que no era del todo cierto. Tenía ahora la gran duda. ¿Quién sería el primero en degustar del yacer con Ken?
—Oye, Ken —empezó a decir Daisuke, y puso las manos sobre los hombros de Miyako—, deberías empezar con ella. Sabemos que le gustas hace mucho tiempo, y no sería justo que le robase eso. Solo espero que no te olvides de mi.
Miyako no se creía aquellas palabras. ¿De verdad? ¿Iba a ser la afortunada en tomar la primera vez de Ken Ichijouji? Su corazón bailó de alegría. Pero Ken negó suavemente con la cabeza. Uno de los motivos por los cuales no había hablado antes con ellos era porque quería cerciorarse de que lo que hacía no era incorrecto.
—Esto no va de dos, sino de los tres —les dijo con calma.
—¿Qué es lo que propones? —preguntó Daisuke.
Miyako se sentía especialmente excitada. Echada en la cama bocarriba, veía a Ken apuntando con su erección hacia ella, mientras suavemente acariciaba su sexo con el pulgar, estimulando en los puntos que se había dado cuenta que producían mayor reacción por su parte. Y gimió suavemente cuando sintió los dedos de Daisuke dilatándole.
—¿Estás seguro de esto? —le susurró, besuqueando su hombro, mientras le preparaba para penetrarle.
—Lo estoy si tú lo estás —respondió Ken—. Sé gentil…
—Por supuesto —dijo el castaño, y le robó un beso desde su espalda, masajeando todo su torso con la mano que tenía libre.
—Miyako… ¿estás lista? —preguntó el moreno a la chica, agachándose sobre ella y rozando su intimidad con el glande.
—Sí… lo estoy… —susurró ella, deseando que por fin ocurriera. Y suspiró en el momento en que sentía el pene de Ken deslizándose en su interior—. Es… mara… villoso… —alcanzó a decir.
—Se siente bien —reconoció este, y ahogó un quejido cuando sintió que Daisuke le penetraba—. Ohhhh…
—¿Te duele? —se alarmó el castaño.
—No, vas bien… así, despacio… Mmmmmm —protestó el moreno. El principio era doloroso, pero de pronto le estaba alcanzando un punto que se sentía genial—. Os quiero mucho…
Y besó los labios de Miyako nuevamente mientras permitía a Daisuke llevar el ritmo de las acometidas. Le notaba perfectamente entrando y saliendo de él, al tiempo que su pene se deslizaba dentro y fuera de Miyako, que parecía estar en una nube. Se aferró al cuello de Ken, pero Daisuke le bajó el brazo suavemente ya que quería seguir disfrutando del sabor del cuerpo del chico. Nunca se hubiera esperado en hacer algo así con Ken. Y menos con Miyako de por medio. Pero no podía quejarse del resultado. Tenía su primera vez con un chico que le gustaba. No podía pedir más.
Su cuerpo empezaba a exigir más movimiento, y aceleró suavemente el ritmo de sus embestidas. No podía correr mucho, Ken le había advertido de lo mucho que le podía doler si iba a lo loco. Pero él no protestaba, sino que ahogaba sus gritos de placer contra la boca de una Miyako cuyas piernas temblaban por el placer y la felicidad. No pudo controlar su eyaculación, que se produjo momentos antes del clímax de los otros dos.
—¿Esto es… el cielo? —preguntó ella, con el cuerpo completamente derrotado por la experiencia.
—Es mejor —sonrió Ken. Se sentía liberado. Su cuerpo solo enviaba al cerebro señales de lo mucho que había disfrutado, tanto con ella como con Daisuke. De hecho, se dejó caer hacia atrás, apoyando la espalda en el torso de su amigo—. Has sido increíble.
—Me alegra que te gustara —respondió el castaño.
—Deberíais probar también los dos juntos —comentó Ken—. En serio, si yo me he sentido bien con los dos, no hay motivo para que no os pase a vosotros.
—Pero… A mi me gustas tú —murmuró Miyako. Era cierto que Daisuke no tenía mal cuerpo, pero no había ido pensando en eso.
—Pues a mi no me importaría —reconoció Daisuke, admirando el cuerpo de la chica. Ella se puso colorada, y Ken la miró con ojos suplicantes. Quería que pudieran disfrutar entre los tres.
Y Miyako aceptó. Se acercó a ellos, besó a Ken y este se hizo a un lado. Daisuke sintió que la chica apresaba su pene con la mano. Fue un poco brusca, pero debió darse cuenta, porque le estimuló con mucho más cuidado, asegurándose de que su pene se erguía. "Fíjate, lo tiene así para ti", pensó mentalmente cuando estuvo completamente erecto. Miró los ojos de Daisuke, que se había puesto colorado. Sonriendo, pasó una pierna por encima de él, y Ken se apresuró en ayudarla. La sostuvo por las caderas mientras ella se dejaba caer suavemente por su erección. Miyako gimió. Era mejor de lo que se esperaba. Y Daisuke empezaba moverse debajo de ella suavemente.
—¿A que se siente bien? —preguntó Ken a la chica, que había echado la cabeza hacia atrás, apoyándola sobre el moreno.
—De maravilla —reconoció Miyako. Ya no le importaba mucho, no en esa situación en la que se sentía tan bien por partida doble. A la penetración de Daisuke debía sumarle la estimulación en sus pezones de Ken—. Pero… ¿tú estás bien así? —preguntó al sentir el glande del chico en su espalda.
—Bueno, luego podemos…
—No… ahora… —murmuró Miyako. Ken le estimulaba el clítoris—. Malo… Deja que me ocupe de ti…
Y Ken se puso en pie sobre el colchón, de modo que la chica pudo alcanzar su erección con los labios y volver a degustarlos. Ken miró a Daisuke con preocupación. Antes estaban tan competitivos que no quería que se tomara aquello como que prefería que el sexo oral se lo diera Miyako. Pero no, el castaño en ese momento parecía maś concentrado en hacerlo con Miyako. Incluso se echó hacia adelante para disfrutar del sabor de sus pechos, cosa que la estimulaba más. Sonriendo, disfrutó de aquel momento. Pero apenas el castaño y la chica estaban eyaculando, él notó que su cuerpo estaba también a punto.
—Miyako… basta… voy a… ¡aaaaah! —gimió en el momento en que culminó—. Joder, lo siento…
—No pasa nada… —comentó ella con calma—. Me has avisado, pero yo he seguido, ¿verdad?
Ken volvió a agacharse y besó a la chica. Pero el beso se vio interrumpido por un Daisuke ansioso de probar los labios de los dos. Y poco a poco, ella sintió que la empujaba hacia atrás, separando sus piernas con ternura. El castaño acarició las piernas de Miyako.
—Me alegra ver que empezáis a soltaros —dijo Ken, pero cuando se iba a situar al lado del chico, este le detuvo.
—Dices que te hice sentir bien… quiero que hagas lo mismo por mi —pidió Daisuke.
—Lo haré —prometió el chico, y le dio un beso al castaño antes de moverse a su espalda. Daisuke estaba tendido por completo en la cama, de forma que podía alcanzar fácilmente el sexo de Miyako con la boca y empezó a lamerlo con cuidado. La chica de pelo morado empezó a gemir de inmediato. Diablos, ¿cómo se podía sentir así de bien? No había sido muy justa con el chico que ahora le estaba haciendo esa maravilla.
Por su parte el castaño respondía con pequeños espasmos a la presencia de los dedos de Ken estimulando su culo. Le daba miedo que le doliera, pero tenía claro a esas alturas que el chico no le iba a mentir. Si decía que se sentía bien, era por algo. Devoró el sexo de Miyako en el momento en que le sentía penetrarle finalmente. Molesto… molesto… bien… placer… sí, justo en ese punto. Suspiró. Cada vez que le alcanzaba ahí gemía. Era lo mejor. Y las manos de Ken sujetando sus caderas le gustaba aún más, amaba el contacto con su piel. El moreno le había levantado las piernas de modo que le era más sencillo encontrarle el punto, pero sintió que se iba al cielo al notarle eyacular. Unos momentos después, los jugos de Miyako resbalaban también por su boca.
Derrotado después de haber dado placer a ambos, el castaño se dejó caer en la cama, bocarriba. Y de pronto, sobre él, aparecieron las figuras de Miyako y Ken, preparados para devolverle el favor. Mirando hacia abajo pudo ver a Ken listo para darle sexo oral, y una sensación de calidez pura le indicó que había empezado. Así que eso se sentía… y era genial.
—Deja que te ayude —oyó susurrar a Mikayo, y su amiga pronto lamía su erección. Era muy buena. Aunque su técnica era algo tosca, no importaba eso, le estaba ayudando a liberar su carga. Sonrió cuando les vio, primero turnarse, y luego competir entre ambos por asegurarse de que le hacían eyacular. Por suerte para ambos, Daisuke estaba lo suficientemente excitado por el sexo anal que había disfrutado que no tardó mucho en culminar, en el momento en que Ken y Miyako se daban un beso alrededor de su pene.
—¿Estás segura? —preguntó Ken, besuqueando su cuello.
—Si tú lo estás… —respondió ella.
—Me gustan estas posiciones… nos permiten hacerlo a los tres a la vez —respondió el moreno.
—No te preocupes, Miyako… prometo que no te voy a hacer daño —susurró el castaño, masajeando los senos de la chica.
Ella asintió y se dejó caer sobre la erección de Ken. Disfrutó nuevamente de aquella sensación tan buena, y empezó a mover las caderas levemente, una estimulación mínima, mientras permitía a Daisuke dilatar su trasero. Jamás se hubiera imaginado permitirle algo como aquello pero la situación se les había ido de las manos de la lógica. Sus cuerpos reaccionaban perfectamente los unos con los otros y sería una pena no aprovecharlo, de modo que le permitió que la dilatase unos momentos antes de hundir su pene dentro de ella.
Su cabeza empezaba a nublarse un poco. Aquello se sentía demasiado bien, y no se le ocurría un paraíso que se pudiera siquiera comparar a aquello. Los dos chicos le hacían sentir de maravilla, y ellos también disfrutaban de ella. Los tres se encaminaron así al último y poderoso orgasmo de la tarde.
—Entonces, ¿queréis que seamos novios? —preguntó Ken a ambos. Estaban extendidos sobre su cama, con Daisuke y Miyako acurrucados contra su pecho. Él sonreía, por supuesto, le encantaba sentirse en el centro.
—Sí —respondieron los dos al unísono. Daisuke y Miyako se sonrieron. Al final no era tan difícil entenderse.
—Me alegro por ello. Y me gusta que os llevéis bien. Sois muy importantes para mi.
—Como tú lo eres para nosotros. Y sí. Iremos aprendiendo a discutir menos —dijo Daisuke.
—Siempre que me quieras a mi un poco más que a él —bromeó Miyako—. No me mires así. La verdad… me ha gustado todo lo que hemos hecho.
—Entonces, ¿qué pensáis? —preguntó Ken—. ¿Podríamos hacerlo por separado si nos apetece… o debemos esperar siempre a estar los tres?
—De momento que estemos los tres —propuso Daisuke—. Al fin y al cabo, tú eres el motivo para que estemos aquí.
¡Hola a todo el mundo! Sí, hace meses que no publicaba por aquí. Y debéis darle las gracias a thenordic5forever96, pues este fanfic es el resultado de uno de nuestros desvaríos conjuntos que al final ha terminado tomando forma. Si todo va bien, pronto habrá otros fanfic. Aunque en mi perfil tenéis las historias que actualmente estoy actualizando con frecuencia ;)
MAZINGER-TAIORA: Me alegra que te gustara :) Y sí, creo que ambas merecían ese punto de poder ser felices juntas. Y las caras de los demás, no creo que les importe mucho. En la vida hay que procurar ser feliz (sin herir a los demás). Tengo que ponerme con la continuación. Tenía ideas pero al final las musas se fueron a dar una vuelta :( Saludos, y cuidado con el Covid!
DIGI-FANTASMA-TAIKARI: Me alegra que te hayan gustado las continuaciones :D Y sí, Sora tiene la mente abierta... hasta cierto punto. Ya verás en el siguiente cap :P Saludos!
Con esto me despido por lo pronto. Espero que nos sigamos leyendo por estos lares. Lemmon rules!
PD: Es la segunda vez que intento subir el capítulo. Espero que esta vez sea la buena.
