La Espada será empuñada

¿Hasta dónde un hombre podría llegar por su obsesión por una mujer? ¿Qué precio tan alto podría infringirse a sí mismo solo para intentar mantener en pie su ego y su orgullo, resultados de un inconformismo que nunca tenía fin? ¿Cómo el amor, si es que realmente un día existió amor verdadero, llegó al punto de convertirse en un deseo insaciable de posesión a toda costa? Existe una línea muy tenue que une el amor a la obsesión, y una vez que esta se fortalece, las consecuencias pueden ser drásticas. Killian Jones era la prueba viviente de eso.

En eso pensaba Emma Swan mientras miraba durante largos minutos, sin ni siquiera parpadear, hacia el majestuoso e infinito mar reluciente que tenía delante. Apoyada al parapeto del pequeño puente que había en la playa, la rubia suspiraba, con lágrimas en los ojos. Por más que ya no sintiera nada por Kilian y que lo quisiera lejos de ella, por más que él hubiera hecho cosas que podrían perjudicarla, Emma no deseaba ese triste fin al hombre con el que casi un día se casara.

Fue interrumpida por Regina, que le dio un pequeño susto. La morena colocó suavemente su mano en su hombro, llamando su atención. Mills, desde el coche, había presenciado todo lo que había sucedido, sin embargo, al ver a Emma apoyarse en la barandilla del puente y quedarse allí, reflexiva, percibió que su prometida necesitaba un tiempo a solas. Y le dio ese tiempo, rompiéndolo solo ahora.

–¿Estás bien, Emma?–preguntó suavemente al captar la atención de las esmeraldas

–Sí…Solo…Estaba pensando. ¿Cuándo es que Killian se convirtió en este hombre obsesivo e inconformista? ¿O acaso siempre fue así, y yo nunca me di cuenta?

–No podemos saberlo, amor–entrelazó los dedos a los de su prometida y las dos se quedaron mirando al mar –Quizás sí, quizás no. Hook siempre fue un hombre grosero e ignorante sobre muchas cosas, y tú lo sabes–Emma suspiró y una lágrima resbaló de su ojo derecho.

–¿Lo has visto todo, no?

–Sí

–No quería que tuviera ese destino, Regina…

–Solo ha cargado con las consecuencias de sus propios actos.

–Sí, pero…

–Mírame…–la morena alzó el mentón de Emma delicadamente, haciendo que girara el rostro hacia ella –Te voy a repetir lo que una vez te dije. ¡Eres buena, Emma! Por eso serías incapaz de desearle ningún mal, y eso es una de las cosas que admiro en ti, y me encanta. Confieso que por más que detestase a ese pirata de rímel, también creo que es un destino terrible. Pero a fin de cuentas, fueron sus propias elecciones. Quien hace tratos con Katrina no sale ileso. Conozco muy bien a la Reina de las Aguas.

Emma abrazó a Regina con fuerza.

–Lo sé, amor. Es que todo esto es realmente muy triste.

–No estés así…–Regina acariciaba sus cabellos rubios.

–Sé que Killian cavó su propia tumba, pero incluso así no puedo dejar de sentir pena por su futuro…–sollozó y volvió a mirar a su prometida –¿Salimos de aquí? Solo quiero olvidar todo esto.

–Claro…–Y las dos se marcharon caminando abrazadas hasta el coche de Regina.

Algunos días después…

Ya que no podía volver a tener sesiones para reunirse con los Espectros de Valle Sombrío debido a todo lo ocurrido, Emma Swan ahora solo tenía algunas pequeñas intuiciones, y estaba segura de que eran los Espectros quien se las enviaban, y la dolorosa espera incierta del comienzo de la Última Batalla, que podría tener lugar en cualquier momento. La rubia estaba muy preparada en lucha de espadas, su arma de lucha, la espada Himperius, que estaba muy bien guardada en el Mausoleo de Regina, esperándola para cuando llegara el gran momento, y en prácticamente todas las luchas que había tenido con Regina y David los había derrotado. Pero incluso así, las expectativas ante la lucha real con Fiona la dejaba asustada y con muchas inseguridades sobre el futuro. La carga, tan dura a veces, de ser la Salvadora nunca le había pesado tanto como ahora, la gran responsabilidad que cargaba la ahogaba de forma sofocante y dolorosa.

No pasó mucho tiempo para que las expectativas de Emma y sus inseguridades fueran aliviadas, o de cierta forma, aumentadas. Solo algunos días más tarde, la Reina Regina, Clarissa y Fiona viajaron hasta Storybrooke, apareciendo de sorpresa con una gran humareda roja en un momento en que Emma y Regina cenaban juntas en la mansión de la morena. Las palabras sarcásticas y al mismo tiempo agresivas salieron de la boca del Hada, con los ojos brillando de placer

–Como dictan las profecías y también todos los grandes maestros y videntes a los que fuimos para buscar orientación, esta Batalla tiene que ser justa para ambos lados para que pueda cumplir su propósito, ya sea la victoria de las tinieblas o del Amor…–torció la nariz al decir esta última palabra y puso cara de asco –Pero claro está que solo hemos venido por protocolo, ya que las Tinieblas vencerán…–la Evil Queen y Clarissa se echaron a reír, y Emma y Regina permanecieron serias –Bueno…Pero volviendo a lo principal. Hemos venido solo para cumplir ese papel de justicia, ya que no hay otra manera, pues adoro una trampa–dijo desdeñosa–Así que, hemos venido a avisar. Traeremos ejércitos, como ya debíais sospechar. Preparad ese ejército de débiles que tenéis, pues aún hay tiempo. Nos va a encantar masacrarlos, será muy divertido. Y, para mi hermosa oponente…–miró a Emma de arriba abajo, lamiéndose los labios –Voy a ser bien buena y te daré un tiempito para que te prepares y prepares tu fiesta de despedida de esta vida–Regina hizo amago de lanzarse contra Fiona, pero Emma la mantuvo en su lugar, pidiéndole calma –Qué linda actitud, defendiendo a su noviecita…Pero, volviendo a lo importante. Como anuncio y aviso del comienzo de la Última Batalla, mandaremos a la ciudad una nube densa y gris, que se aposentará sobre ella durante tres días. Al tercer día al anochecer, la Batalla comenzará–Se acercó peligrosamente a Emma, pero esta no retrocedió, quedando cerca de su rival, las alteradas respiraciones mezclándose –Prepara tu arma, rubia, que la mía ya lo está…Como dije una vez…Será un desperdicio matar a una rubia tan bella…Pero haré ese sacrificio con gusto, para tener el mundo en nuestras manos…–miró a la Reina Regina y a Clarissa, y sin dar tiempo a que Emma o Regina replicaran, las tres desaparecieron en la misma humareda roja, riéndose, camino ya del Bosque Encantado.

–¡No veo la hora de poner a ese proyecto de Hada en su debido lugar! ¡Bajo tierra!–gritó Regina lanzando una bola de fuego contra la pared de su propia mansión, presa del odio.

–Calma, amor…–Emma fue hasta ella y la abrazó –No entres en su juego. Es eso lo que quiere, desestabilizarnos emocionalmente a todos.

–¡Detesto todo esto…Lo detesto!–la morena hundió su cabeza en el pecho de Emma –Estoy tan cansada, Emma…Y temo tanto por ti…–se desahogó con la voz tomada.

–También odio todo esto y estoy exhausta, pero ya falta poco. No temas. ¡Vamos a superar esto! Quizás sea la peor de las pruebas que tendremos que enfrentar, pero ya lo verás: cuando lo superemos, la luz al final será tan grande que no dejará de brillar nunca más. ¡Basta con que estemos juntas!

–¡Te amo!–se apretó aún más a Emma

–¡Y yo te amo a ti!

–Van a traer un ejército…

–Y eso significa que…

–Tenemos que preparar el nuestro–suspiró Regina, temerosa –No quisiera cargar a nadie con este fardo.

–Sabes que necesitamos ayuda.

–Lo sé

–Entonces…¿Vamos en su busca?

–Sí.

Las dos sonrieron y partieron en dirección de la casa de Zelena, poniéndose de acuerdo simplemente con sus miradas.


Después de dejar todo atado y aclarado, Regina, Emma y Zelena se pusieron los mágicos zapatos plateados y viajaron a varios reinos mágicos con la intención de buscar la ayuda y formar al ejército para la Última Batalla.

El principal y más importante destino fue la casa de Ruby y Dorothy, que residían en una casita acogedora en un reino cercano a Oz. Tras muchos abrazos y conversaciones para reparar el tiempo sin verse y para que Dorothy y Zelena se reconciliaran, le explicaron todo con minuciosidad a la joven pareja, que enseguida estuvo de acuerdo en ayudar y hacer todo lo que estuviera a su alcance para que Emma pudiera vencer y salvar al mundo del mal. Dorohty era habilidosa con la espada y cuchillos, y Ruby, claro, sería de gran provecho en su forma de lobo. La joven loba quedó responsable de reunir a grandes magos y guerreros del bien que conocía por toda la región y más allá, y Regina construyó un portal invisible y temporal en la parte de atrás de la casa. Lo planeado era: cuando sonara la señal para que todos viajaran hasta Storybrooke para la lucha, Regina enviaría desde el portal que había construido en el bosque hasta ese en casa de Ruby y Dorothy una humareda roja, requiriendo la preparación y presencia de todos, y así, todos pasarían por aquel pasaje hasta llegar a la pequeña ciudad del mundo no mágico. El portal en casa de Ruby estaba hechizado para que a través de él se escuchara su aullido y todos lo oyeran y poder así convocar a todos a la guerra y pasar todos por el portal.

Después de combinar todo con Ruby, fueron a ver a Mulan, la gran guerrera oriental, que con una gran reverencia, se puso a disposición junto con su ejército para la lucha. Mérida, hoy reina soberana y poderosa de su reino, quedó halagada de que la buscaran y ella junto con sus tres hermanos y todo el reino se presentaron dispuestos a ayudar. Flechas no faltarían.

La Reina Elsa sonrió al garantizar que sus habilidades heladas serían de gran ayuda, y que Arendelle estaba a disposición para todo. Aurora y el príncipe Philippe estarían preparados junto con sus soldados.

Una tierra indígena distante, con la poderosa Reina Pocahontas y su ejército de grandes guerreros, también estarían atentos y disponibles.

Y muchos, muchos otros reinos y guerreros del bien. Nadie les negó la ayuda en la lucha. Reyes, reinas, soldados, magos, hechiceros blancos, e incluso hasta algunos Elfos y Trolls del bien. Todos estaban unidos y lucharían por el mismo propósito: la lucha del Amor sobre las Tinieblas.

Exhaustas, pero felices y satisfechas tras ese viaje para pedir ayuda, Regina, Emma y Zelena volvieron a Storybrooke. Y en la pequeña ciudad, ya todo estaba también preparado. Gold había usado sus grandes poderes, de forma justa. Mary y David lucharían con flechas y espadas. Las Hadas estarían en sus puestos para ayudar con la magia. Maléfica y Lilith asumirán la forma de sus poderosísimos dragones, y el fuego de sus fauces sería de gran valía. Y mucho, muchos otros que tenían la capacidad de luchar o poseían algún tipo de magia estarían preparados. Solo los ancianos, mujeres sin poderes y los niños quedarían fuera, y el portal en el bosque de la ciudad los llevaría a un lugar alejado y seguro en un bosque apartado del mundo mágico, hasta que todo haya acabado y puedan regresar a casa con seguridad.

Emma Swan estaba feliz y triste al mismo tiempo. Feliz por saber que no estaba sola en esta misión tan dura y pesada, y triste porque no quería que nadie a quien amaba se vieran envuelto en esto, sobre todo Regina, Henry y sus padres. Pero querer que se quedaran fuera era imposible, ellos jamás estarían de acuerdo y seguramente aparecerían en medio de la lucha, estaba segura. Y, como ya decían todas las profecías y orientaciones de los Espectros, necesitaba el amor de Regina junto a ella para vencer, y eso no tenía discusión.

Emma intentaba no pensar mucho en todo eso, pero la aplastante verdad estaba ahí, en su cara, delante de ella, y no había cómo escapar: la Última Batalla estaba a punto de comenzar. Hasta el día anterior, esta aparecía como una posibilidad distante y fría, remota. Pero en ese momento, ante todos los hechos y vivencias, llamaba a su puerta, implacable, cruel y austera, sonriendo sarcásticamente, imponiendo su presencia a la Salvadora a cualquier costa. Pero a pesar de los miedos e inseguridades, Emma Swan se sentía extrañamente confiada y preparada. Tenía a su lado a toda su familia y a sus amigos, y nunca más tendría que sentirse sola. La Salvadora estaba lista para la lucha. La guerra podía comenzar, la Espada Himperius estaba lista para, finalmente, ser empuñada.