No permitió que aquel desgraciado le tocase por más tiempo del necesario. Se dejó guiar por Pettigrew hasta el salón principal de la Mansión deseando que fuese verdad que su tía únicamente pretendía que identificase a alguien y no estuviese de nuevo encaminándose a una nueva ronda de cruciatus.
Su cuerpo estaba marcado, y apenas respondía a sus órdenes. Su padre no había tenido problema alguno en dejar que fuese sometido a todo tipo de torturas, y su madre no había tenido coraje para contradecir absolutamente nada. Trataba de enmendarlo a la mañana siguiente, llevándole algo de comer e intentando que Draco le dejase curarle las heridas.
'No puedo hacer más, cariño. Tienes que intentar aguantar, los tres dependemos de ello'
Podría perdonar a su madre si no dijese esas cosas tan fríamente, como si no fuesen nada del otro mundo. Pero la realidad era que Draco no era una prioridad ni para sus propios padres, y terminó por aceptarlo como buenamente pudo. Debió haber imaginado que siempre estaría solo.
- ¡Draco, querido sobrino! - exclamó su tía mientras se dirigía hacia él. Se dejó agarrar por ella y la acompañó sin levantar la mirada. - Acércate y dime por favor que este engendro de aquí es nuestro querido Harry Potter.
Draco alzó la vista rápidamente, tratando de no alterar la máscara de indiferencia tan perfeccionada que siempre portaba. Pero internamente estaba al borde del ataque de pánico. Granger y Weasley, más sucios y delgados de lo que jamás hubiese podido imaginar, le devolvían la mirada enfurecidos desde una esquina del salón, siendo sujetados por carroñeros. Unos metros más adelante, a mitad de camino entre él y los dos chicos, un hombre extraño e igualmente sucio miraba fijamente al suelo, hincado de rodillas.
Su tía le soltó bruscamente y pasó a agarrar a ese hombre del cabello, haciendo que levantase la mirada. Unos profundos ojos verdes le observaron directamente, y no tuvo ningún tipo de duda. Trató de parecer absolutamente indiferente ante la visión de aquel Potter desfigurado ¿Realmente era tan estúpida su tía como para pensar que Granger y Weasley estarían acompañando a otro que no fuese Potter, o simplemente era una trampa para probar su lealtad?
- Fíjate bien hijo - sentenció Lucius al tiempo que le obligaba a arrodillarse frente a Potter. Con la poca fuerza que tenía, no opuso ninguna resistencia y sus rodillas prácticamente crujieron al no haber casi carne que las protegiese. Se mordió la lengua y ahogó un quejido. - No podemos fallar, si llamamos al Lord y nos equivocamos seremos castigados. Vamos Draco ¡fíjate!
Potter permaneció estoico ante los gritos de su padre, y le lanzó una mirada ácida, esperando a que le delatase.
Pero no había nada en Draco que le impulsara a buscar el beneficio para su familia. En sexto año movió cielo y tierra para tratar de protegerles de la ira de Voldemort, pero aquellos meses le habían hecho abandonar todo sentido de la lealtad para con sus padres; pasando a ponerse a sí mismo como prioridad por pura supervivencia.
El instinto de autopreservación le suplicaba ahora que hiciese caso a su tía, que identificase a Potter y que se librase de un castigo mayor. Pero en el momento en el que volvió a tener cerca a la única persona por la que había logrado mantenerse cuerdo, su prioridad dejó de ser él mismo.
Seguiría con el show aunque le supusiera la muerte por traidor. Lo consideraba un precio justo: la sangre que derramase compensaría toda la que ayudó a derramar.
- Estoy convencido de que no es él. Se parece un poco, pero creo que han cogido a otro y le han lanzado un hechizo punzante precisamente para que caigamos en la trampa. - Draco habló tan serenamente que su padre aflojó el agarre sobre su hombro. Tenía que ser más convincente. Acunó el rostro impactado de Potter con ambas manos, elevándolo hacia su tía - Mirad, ni siquiera tiene la cicatriz. Llevo años riéndome de Potter por su cicatriz, un simple hechizo punzante no eliminaría una marca así.
Draco contuvo el aliento, presionando firmemente con su dedo anular la cicatriz que, con la deformidad, había pasado de estar en la frente a prácticamente perdida en el inicio del cuero cabelludo. Deseó que Potter entendiese de esa forma que él lo sabía.
Bellatrix pareció convencida, y soltó el pelo de Potter al tiempo que este ahogaba un gemido de dolor. Lucius soltó definitivamente a su hijo y maldijo por lo bajo.
Draco no tardó en levantarse mientras hacía lo mismo con Harry. Simuló sujetarle para que no escapase apuntándole con la varita, cuando realmente quería alejarle de su loca tía. Se colocó detrás de él, apretando su pecho contra la espalda del moreno, y sujetando un brazo con la mano libre. Notó a Potter temblar contra su pecho, totalmente debilitado.
¿Qué había sido del chico que conoció en el colegio? ¿Cómo habían podido girar tan bruscamente las ruedas del destino para que hoy se viesen así? Durante seis años fueron simplemente ellos dos, con sus rivalidades, sus peleas y con aquella irremediable y desquiciada atracción que había comenzado a sentir por el chico de ojos verdes en tercero. La vida parecía ser ya lo suficientemente complicada. Pero ahora Potter prácticamente se derrumbaba contra Draco, quién tampoco tenía fuerzas casi ni para sostenerse a sí mismo. Sentirle tan sumamente destrozado, verse tan incapaz de salvarle le consumió. Era demasiado, no podía soportarlo. Harry había sido su vida, pero la vida siempre está lejos de ser justa.
'¿Fui estúpido al amarle? ¿Soy imprudente por intentar ayudar?' Las dudas le carcomían por dentro, pero una voz en su cabeza respondió que no en ambas ocasiones.
- Sea como sea, vosotros claramente sois los amigos de Potter. Y algo me dice que tú y yo vamos a tener una charla interesante. Llevad al chico Weasley a las mazmorras, luego nos encargaremos de él. Pero primero, va la sangresucia - prácticamente gritó Bellatrix, acercándose peligrosamente a Granger.
Antes de que nadie pudiese anticiparse, un hechizo no verbal mandó a Granger contra el suelo, desplazándola varios metros lejos de Ron. Esta gritó por el golpe, y trató de ponerse en pie cuando otro hechizo volvió a golpearla contra el suelo. Harry comenzó a moverse entre sus brazos y a gritar. Weasley tuvo que ser arrastrado por dos carroñeros hasta las mazmorras, pero se continuaban escuchando sus alaridos.
Draco buscó el origen del hechizo con horror hasta que fijó la vista en su padre. Era el único que sostenía en alto una varita. Enarcó una ceja en dirección a su cuñada.
- Gracias Lucius, me lo has ahorrado a mí - prácticamente siseó la morena, inclinándose sobre Granger como un animal dispuesto a rematar. - Me parece que a tus amigos les va a encantar la vista.
Acto seguido comenzó a torturar a la castaña, lanzando crucios a diestra y siniestra mientras Granger se retorcía de dolor y se dejaba la garganta gritando. Aquellos gritos se colaron hasta lo más profundo del alma de Draco, partiéndole de nuevo el corazón.
¿Hasta qué punto había sido obvio para todos menos para él el hecho de que vivía en una mentira? Los ideales de pureza de la sangre y de superioridad en los que le habían criado sus padres y por los que debían pelear al lado de Voldemort ya hacía tiempo que se tambaleaban en su interior, pero aquellos gritos terminaron por destruirlos hasta reducirlos a polvo. Había presenciado todo tipo de horrores en aquel último año, pero ver a su familia colaborando activamente en torturar a una persona como Hermione Granger lo llevó al borde de la locura.
'Ninguno de ellos estuvo jamás de mi lado, pero sin embargo no dudaron en correr al lado de un desquiciado como Voldemort'.- pensó con amargura.
Sintiéndose totalmente engañado y desolado, agarró a Harry de la cintura al tiempo que se le escapaba un sollozo y desviaba la vista. El deseo de terminar con todo aquello que le había perseguido durante meses se hizo presente más fuerte que nunca. A estas alturas no le importaba si iba al cielo o al infierno, cualquier lugar sería mejor que aquella vida.
Durante unos instantes en los que Bellatrix dejó de torturar a Granger, sintió como una mano apretaba la suya contra la cintura de Harry. Al desviar la mirada y al percatarse de que Harry entrelazaba sus dedos, un calor desconocido llenó su pecho por el tiempo suficiente. Dejó que ardiese mientras recuperaba el valor y trataba de pensar en un plan.
Harry no podía verle llorar. No importaba lo que él quisiera, podría buscar la forma de acabar con todo más adelante, pero ahora tenía que salvar a Harry y a sus amigos. Ahora no era el momento para morir.
Debía únicamente pensar en ayudar al Trío, a Luna y a los otros dos que estaban en las mazmorras. Que la supervivencia de sus padres y la de él mismo ya no fuese una preocupación hizo que pudiese idear rápidamente un plan. Todo era mucho más sencillo de esa manera. Había aprendido la lección, y los rostros de su pasado ya no le atormentaban.
Aprovechó una nueva oleada de gritos de Granger para inclinarse sobre el moreno.
- Voy a sacaros de aquí. Te lo prometo. - susurró, besando levemente la nuca de Harry. Escuchó como este ahogaba un sollozo y apretaba el agarre sobre su mano, y se sintió complacido.
- ¡Padre, ¿ha escuchado eso?! - gritó, alejándose de Harry y mirando a su padre con fingida preocupación. Este parecía no querer despegar la vista de la tortura que continuaba bajo sus pies - ¡Creo que ha llegado otra nueva tanda de rehenes! - continuo gritando, intentando hacerse oír.
- Narcissa, vigila a este. Draco, recíbeles y tráelos.
Draco rápidamente soltó a Harry, que le miraba con desesperación, y comenzó a caminar sosegadamente hacia la salida. Una vez fuera de la vista de todos, echó a correr hasta meterse en la cocina.
- Dobby, te necesito. – susurró.
Con un plop, el que fue su mejor amigo durante la infancia apareció ante él con una sonrisa y un montón de prendas extrañas encima.
- ¡Amo Draco! Lo que sea por usted, ya sabe que estoy...
Antes de que el elfo comenzase a divagar, Draco le interrumpió.
- Dobby, necesito que hagas exactamente lo que te voy a pedir. Aparécete en las mazmorras, toma a todos los que están allí y llévales a donde Weasley te diga. Llévate a Weasley también, aunque se resista. Desmáyalo si es necesario. Cuando estén a salvo, regresa y súbete a la lámpara del salón. - Draco tomó de las manos al elfo - ¿Recuerdas aquél día en que la tiré con magia accidental y tú lo arreglaste? Ahora necesito que la dejes caer cuando te haga una señal.
- Sin problema señor, ya sabe que amo servirle. ¿El amo Weasley está aquí?
- Sí, y Granger y Harry Potter.
- ¿¡Mi señor Harry Potter!?
- Sí Dobby, todo esto es para intentar salvarles. ¿Me harás caso? – suplicó. Vio la determinación en los ojos de la criatura.
- Dobby siempre ayudará al amo Draco a salvar a Harry Potter, como lo intentó en segundo curso. Esta vez no fallaré.
Y con un plop, el pequeño ser volvió a desaparecer.
Draco regresó al salón con el corazón en un puño. Tal y como había sospechado, la tortura continuaba y su padre parecía no importarle lo más mínimo lo que Draco hubiese estado haciendo. Seguía mirando como un enfermo la manera en que Hermione se retorcía. Harry, sin embargo, le miró con una desesperación que rayaba lo desquiciante. Trató de no mirarle por más de un segundo para no levantar sospechas.
- Draco cariño, coge las varitas y tráemelas. Quiero ver cuál fue el último hechizo de esta mocosa - río su tía. Extasiado porque le había ahorrado la parte del plan en la que robaba las varitas, Draco las recibió de buen talante de mano de Pettigrew, y rápidamente contó cuantos eran en la habitación.
Los carroñeros habían sido espantados por su tía, pero tanto Bellatrix, su madre, su padre y Pettigrew estaban armados. No había forma de salir de allí con vida, pero al menos le daría tiempo a Harry, Hermione y Dobby.
En ese preciso instante, captó un movimiento en las alturas. Dobby le miraba seriamente, esperando. Tenía que ser rápido.
- ¡Bella! ¡Es él!
Maldita sea.
Se giró rápidamente, a medio camino entre su tía y su madre, para observar el rostro de Harry perfectamente normal de nuevo. Siempre adoraba verle la cara, pero ahora mismo se la podría haber partido.
- Vaya, vaya, vaya. Draco, tú y yo hablaremos después. No te importará que compruebe con veritaserum hasta qué punto era cierta tu inocencia - siseó su tía. Levantó de un tirón a Hermione y la sujetó del pelo, apuntándola con la varita. - Lucius, ya sabes lo que debes hacer.
Su padre le dirigió una mirada venenosa, y se apuró a levantar la manga de su chaqueta. Fue en ese instante en el que miró a Dobby y asintió. El sonido de los engranajes no se hizo de esperar. Tal y como había previsto, Bellatrix se apartó de la trayectoria en cuanto comenzó a caer, y él corrió todo lo rápido que pudo, agarrando a la castaña y llevándosela con él fuera del alcance de la lámpara, que se estrelló contra el suelo escupiendo miles de cristales.
Dobby se apareció entonces a su lado, y sin dar a nadie tiempo para reaccionar, dejó caer a Hermione a su lado y este automáticamente se desapareció. Apuntó con su varita a su propia madre y lanzó un desmaius, al tiempo que lanzaba a Harry la varita de Granger. El chico la atrapó sin problemas y apuntó a Lucius, mientras que Draco alzó en la mano derecha su propia varita en dirección a Bellatrix, y en la izquierda la varita de Granger, en dirección a Pettigrew.
- ¡Cómo te atreves, maldito traidor! - escuchó encolerizada a su tía, que se preparaba para hechizarlo.
- ¡Has atacado a tu madre! ¡Draco, estaré gustoso de matarte con mis propias manos! – rugió su padre.
- Quizás en otra ocasión. Pero ahora no es mi momento para morir – sentenció, mirando a Harry mientras asentía. Entendió la señal.
- ¡Desmaius! - gritó Harry contra Lucius.
- ¡Desmaius! - gritó él mismo, contando con que Harry atacaría a aquél que saliese ileso.
Lo que no esperaba era que ambas varitas le respondiesen. No sabía si quiera si eso era posible. Pero ambas escupieron el hechizo con una velocidad vertiginosa, y tanto su tía como la rata de Pettigrew acabaron en el suelo.
Con la respiración agitada, bajó lentamente las varitas. Todo aquello había sucedido en segundos, pero había parecido una eternidad.
Lo siguiente que sintió fueron unos brazos rodeándole el cuello, y el cuerpo de Harry contra el suyo. Cerró los ojos y le correspondió, ambos ahogando sus respectivos sollozos.
- Draco no puedo creer lo que has hecho, eres increíble, eres ... - Harry calló al romper el abrazo y acunar el rostro de Draco. Sus ojos verdes, anegados en lágrimas contaban más de lo que podía expresar con palabras, y Draco entendió. - Te debemos la vida. Te lo debo todo.
- Tú no me debes nada. Pero si quieres pagarme de alguna manera, es escapando y manteniéndote a salvo. No sé cuánto tardarán en despertar, y esta casa está infestada de alimañas, por favor Harry tienes que…
Los labios de Harry le impidieron continuar. No fue un beso particularmente largo, pero fue intenso y tuvo para Draco el efecto contrario del Beso del Dementor: le dio la vida.
- Yo no me voy a ninguna parte sin ti. Y no voy a oír ningún tipo de protesta.
Dobby apareció a su lado y reclamó las manos de ambos sin pretender romper el abrazo. Parecía estar viviendo el momento más feliz de su vida.
- ¿Están preparados, Amos?
Draco apretó la mano de Dobby, agarró firmemente a Harry y dejó que las lágrimas corriesen por sus mejillas. Se perdió en los ojos de Harry y unió de nuevo sus labios cuando sintió el característico tirón de las apariciones.
Deberían pasar muchos años para que fuese su momento de morir.
