T/N

Contemplo el rostro familiar frente a mi. De esta persona extraña, que conozco, pero que ha cambiado mucho.

Solia sentarme aquí y verla. Lucía triste, amargada y enfadada. Se arreglaba y maquillaba, pero no se sentía linda. Era quien creía que debía ser, y lo que los demás decían le afectaba más de lo que demostraba.

Pero hoy, lo que veo es otra cosa.

Me siento frente a ella y luce feliz, contenta. Es linda, se arregla y maquilla para sí misma porque es algo que le gusta. Es quien quiere ser y no le importa nada de lo que puedan decir.

Ella cambió.

Mi reflejo en el espejo, cambió.

Me paré de mi asiento y respiré. Miré mi cuerpo y me sentí bien. Me gustaba.

Yo me gustaba.

Tomé un bolso y puse mis libros dentro. La varita la oculté en el bolsillo de mi túnica y antes de partir, ajusté mi corbata color verde, haciéndola lucir perfecta.

Porque a pesar de todo, debía mantener la postura.

Debía ser una Duboa.

Salí de mi habitación y caminé hasta el Gran Comedor. Mi estómago rugia de hambre ya que el día anterior me salté la cena, y no podría aguantar un minuto más sin comer algo.

Al entrar divisé a mis amigos, sentados en la mesa Slytherin. Diana y Blaise platicaban mientras reían y tomaban su desayuno.

—Buenos días tortolos. - dije sentándome frente a ellos.

Diana me miró con el ceño fruncido.— No seas tonta T/n, ¿Blaise y yo? nunca.

—Eso no es lo que dice tu cara. - le respondió él.

Sonreí y miré a mi alrededor. Todos reían, charlaban, y disfrutaban de lo que es, el contundente plato del comienzo del día.

Miré la mesa Gryffindor pero él no estaba.

Joder nunca está.

—¿Se te perdió algo? - preguntó Diana, sacudiendo su mano frente a mí rostro.

Negué con la cabeza suavemente.— Solo miraba, no es nada.

—¿Mirar la mesa Gryffindor? - preguntó Blaise.— Joder, no vas a ser una traidora a la sangre, o ¿si?

"Traidora a la sangre" típico título implantado a las personas de sangre pura que conviven con nacidos de muggles o magos mestizos. Y no, claro que no era una traidora.

O al menos, no que ellos supieran.

—Aquí vamos. - rodee los ojos en blanco.

Blaise levantó las manos.— Yo solo digo T/n. A tu madre no le gustaría para nada eso.

—Yo jamás, traicionaría a mi familia ¿oíste? - gruñí.— Y no vuelvas a decir una mierda así.

Zabini sólo me miró y se quedó en silencio. Diana a su lado ni siquiera nos prestaba atención. Estaba muy ocupada mirando "El Profeta".

Volví a mirar a la mesa de Gryffindor y seguía sin aparecer. Necesitaba verlo, porque, aunque esto solo era un polvo, no podía dejar de pensar en él, y eso se estaba convirtiendo en un problema.

Mi familia jamás lo permitiría. Siendo una sangre pura de buena reputación, familia adinerada, y socia de muchas de las familias mejores catalogadas en el mundo mágico, esto podría ser una decepción. Una traición. Me desterrarían si pudieran.

—T/n Duboa... - sentí una voz tras de mí.

Grandioso.

—Emily...

Emily D'Amico. Mi peor enemiga.

La chica que conozco, desde que entramos a Hogwarts, parece tener serios problemas obsesivos conmigo. La pobre se busca día a día nuevas excusas para enfrentarse y pelear.

Y yo, por muy mal que me sintiera, no la dejaría ganar.

—Creí que, luego de todo lo que te dije el año pasado, no tendrías cara para venir aquí - dijo mirando sus largas uñas.

Me paré frente a ella, quedando a la altura de sus ojos.— Y yo creí, que luego de la golpiza que te di, también el año pasado, se te quitaría lo estúpida. Pero no todo es posible ¿verdad?

Su rostro pasó de sereno, a furioso. Sus mejillas se enrojecieron y sus ojos se entrecerraron bajo su ceño fruncido.

—Mira, Duboa, no te atrevas a meterte conmigo ¿oíste? - rechistó.— Tu no sabes lo que soy capaz de hacer con tu asquerosa cara. Podría patearte y gritarías como la estúpida bebé que eres.

Bien, insultar mi apariencia, buena jugada.

—Emily... - suspiré.— te lo dije hace, no mucho tiempo, pero al parecer, tu cabeza hueca no retiene información, aunque no me cuesta nada repetirlo. - me acerqué un poco más a ella.— No-te tengo-miedo.

Me miró a los ojos y comenzó a reírse. Una risa suave pero maniática.

Joder, esta chica está loca.

—Pues deberías, querida. - dijo en un susurro.— No te dejaré en paz hasta que te largues de aquí ¿escuchaste?.

Lamí mi labio por la parte interior de mi boca. Intentaba no soltar una risotada, pero me era imposible. Me parecía demasiado gracioso que creyera que yo, me dejaría caer ante ella.

Antes muerta.

—Claro, esperemos que no te aburridas intentándolo, querida - dije en su mismo tono.

Emily me miró con desprecio, y bajó la mirada a Diana y Blaise, que no nos habían quitado los ojos de encima. La chica bufo frente a mí y se fue hacia las puertas de salida.

Al hacerlo, me di media vuelta a mi lugar y comenzamos a reír.

—Algún día te dejara tranquila... - dijo Blaise.— está algo loquita.

—¿Algo? - dijo burlonamente Diana.— Está muy loca.

Nunca entendí las razones por las cuales, yo, era su objetivo principal en esta escuela. Somos de la misma casa, compartimos las mismas habilidades y características, se supone que somos parte de la misma hermandad. Pero no. Ella se preocupaba de implantar odio en todos, sea cual sea su origen.

Ese era su juego favorito, pero no estoy dispuesta a seguir jugando.

—Iremos al partido de Quidditch ¿no? - les pregunté tomando los últimos bocados de comida.

Diana, que había vuelto a leer el periódico, lo dejó a un lado y se inclinó hacia nosotros.— Claro que sí, merlín, espero que ganemos. Ese maldito Potter siempre atrapa la Snitch.

—Vamos, hay que decirlo, es bueno en el juego. - les dije, sin importancia.

—Merlín. - dijo Blaise.— Si que eres una traidora a la sangre.

Suspiré fastidiada.— Mierda Zabini, solo hablaba de manera técnica. El tipo es bueno, en - el - juego.

—Solo bromeaba cariño - dijo el riendo.— eres tan fácil de enojar.

Le lancé una mirada amenazante y nos paramos de nuestro lugar.

Durante las clases del día no pasó nada fuera de lo normal. Además, en días de partido de Quidditch, estas terminaban más temprano ya que todo estaban más concentrados en querer ganar el juego, a poner atención en lo que decía el profesor frente a ellos.

Cuando el día dio por finalizado fuimos a la sala común para cambiarnos de ropa y abrigarnos un poco, ya que el clima en Hogwarts no es de fiar. Puede haber un grandioso sol, pero en sólo segundos, podría avecinarse una tormenta.

El partido era dentro de poco. Quizá por eso no había estado en el Gran Comedor, debe prepararse y practicar. Así que pensé, que luego del partido podría buscarlo.

Caminamos por las afueras del castillo hasta llegar al gran campo de Quidditch. Colores Rojo y dorado, por un lado. Verde y plateado por otro. Las gradas estaban repletas de estudiantes que gritaban apoyando a sus equipos.

Me gustaba mucho el Quidditch. Creo que es un juego de mucha táctica y teoría. Para jugarlo se debe ser realmente valiente. Muchos han terminado gravemente heridos debido Bludgers locas o una Quaffle mal lanzada.

El partido comenzó y los jugadores tomaron sus escobas, haciendo lanzamientos y volando por todo el campo. La multitud gritaba y celebraba cada que algún equipo marcaba.

Pero para nuestra mala suerte, Harry Potter atrapó la Snitch antes de lo esperado, y Gryffindor recibió los puntos necesarios para ganar.

Cuando Blaise, Diana y yo terminamos de bajar las largas escaleras de las gradas, fijé mi rumbo hacia los camarines.

—¿Nos vemos en la sala común? - les pregunté, aunque no esperaba una respuesta.

—Solo apúrate - dijo Diana, caminando con Blaise hacia el castillo.

Comencé a dar pasos en contra de la multitud, llegando a una de las carpas pertenecientes a los leones. Me asomé de manera silenciosa, esperando que nadie estuviera ahí.

Cuando logré procurar que estaba vacío, entre de puntilla buscando a Oliver, encontrándolo enseguida.

Su torso estaba descubierto mientras secaba su pelo húmedo por la ducha que, supuse, debió haber terminado hace un momento. Me acerqué lentamente tras él y puse mis manos en sus ojos. Besé su hombro suavemente y apoyé mi frente en su espalda.

—T/n... - susurró riendo.

Lo solté y se dio la vuelta.— Te mataría si dijeras el nombre de otra.

—Jamás lo haría - sonrió dándome un beso en la mejilla.

Mordí mi labio y pase mis manos por su pecho. Sentí como su respiración se hizo más pesada y sonreí.

—No deberías estar aquí T/n... - dijo ladeando un poco su cabeza.

Pasé mi dedo por su labio.— Nadie lo sabrá.

Tomé sus hombros y lo empujé hacia una de las bancas cercanas, sentándome en su regazo. Él pasó sus manos por mi cintura y la apretó levemente. Mis dedos recorrían su piel morena y mis labios se posaron en su cuello, dando pequeños besos.

Su pecho subía y bajaba en diferentes tiempos. Mis caderas tenían vida propia, y se movieron lentamente sobre él. Podía sentir el palpitar de su corazón, que latía con fuerza pajo su piel.

Pegué mis labios a los suyos y nos sumimos en un suave y tierno beso, sin dejar de lado los movimientos que cada vez se hacían un poco más rápidos.

Un fuerte ruido nos sacó de lugar, y me separé de su rostro mirando hacia todos lados.

—¿Qué fue eso? - preguntó Oliver separándome de él para inspeccionar.

Me paré y arreglé mi ropa, estirando las partes arrugadas y dobladas. Pasé los dedos por mi pelo fugazmente y me acerque a la salida de la carpa.

—Es mejor que me vaya Wood... - le dije.— no podemos arriesgarnos.

El asintió.— ¿Te veré mañana?

—Siempre puedes verme Oliver. - guiñe un ojo y salí del lugar.

El campo estaba cada vez más oscuro debido a que la noche estaba cayendo. El pasto era de un color verde oscuro y la luna comenzaba a iluminar los terrenos.

Cuando estaba por llegar al puente, un fuerte jalón en mi brazo me sacó del camino, y una mano tapó mi boca con fuerza.

Intenté hacer todos los esfuerzos por soltarme, pero no tenía la suficiente fuerza para correr el fuerte brazo que me atrapaba.

—Así que tenemos una puta traidora en Slytherin - dijo una voz, que logré reconocer al segundo.

Mierda Malfoy. Draco Malfoy.

—No creo que a tu familia le vaya a gustar que estés de ofrecida. - siguió hablando él en mi oído.— Y mucho menos con la escoria del mundo mágico.

Su mano apretaba con tanta fuerza mi boca, que podía sentir como su anillo hacia presión contra mi mandíbula.

Y joder, el dolor era horrible.

Hice un movimiento brusco, golpeando su abdomen con fuerza. Fue la manera de lograr que me soltara.

—¿¡Qué demonios Malfoy!? - grité tomando todo el aire que me faltaba.

Su mirada recorrió mi cuerpo de pies a cabeza. Pude notar una sonrisa en su rostro. No una normal. Una con maldad. Se acercó a mí a lo que retrocedí casi por inercia.

—¿Quieres que le cuente a todos lo puta que eres? - preguntó sosteniéndome la mirada.

Mi cuerpo tembló un poco pero me mantuve en pie.— No tienes ningún derecho a hablarme así. - dije con seguridad.

—¿A no? - preguntó acercándose nuevamente.

No alcancé a responder y sentí como tomaba mi camisa desde los pliegues superiores, quedando frente a frente, demasiado cerca para mí gusto. Podía sentirnos respirando el mismo aire.

—Así es como se trata a las putas como tú. - gruñó en mi rostro.

La rabia me carcomía viva. Estaba furiosa. Jamás dejaría que me traten así, menos un imbécil como Draco. Puse mis manos sobre las suyas y las tiré con fuerza, zafándome de su agarre.

—Si vuelves a ponerme las manos encima, juro, que te mato - dije en un tono grave y lleno de desprecio.

Me di la vuelta y avancé hacia el puente antes de que pudiera volver a tocarme.

—No si te mato primero.- gritó con ironía mientras me alejaba.

¿Qué mierda les pasa a todos hoy?