Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,

sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.

Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.

Capítulo 31

—No tenías que haberte arriesgado por mí —me dice Yuzu cuando nos quedamos

los mellizos y yo solos en la sala de espera. Los demás han ido a preguntar por Ichigo.

—Era lo que tenía que hacer.—No es lo que hace todo el mundo —Me dice Ashido

—. No sé si eres valiente o una insensata. Pero gracias por querer proteger a mi hermana.

No hay duda de que eres parte de esta familia, todos estamos locos y hacemos cosas estúpidas

para protegernos los unos a los otros. Pero hay que hacerlas juntos, Rukia.

—¿Cómo lo habéis sabido?

—Han registrado la casa de Kugo —Me informa Ashido—. Al parecer estaba puesto

hasta arriba de droga. La droga se la proporciona ''Arrancar'' y es muy peligrosa en

personas inestables. Les hace darles valor para cometer este tipo de actos. Tenía

varios informes tuyos y fotos... te ha estado siguiendo, Rukia. Pero ya ha acabado

todo.

—No sabéis cómo me arrepiento de haberme dejado liar por él en su día.

—Estas personas son muy buenas en el arte de la manipulación —me dice Yuzu—.

Yo lo sé muy bien. No te culpes por ello.

—Y, sobre todo, no hagas nada tú sola nunca más —me dice Ashido—. Si vieras

cómo se ha puesto Ichigo cuando no te ha visto. Se ha congelado de miedo y se la

levantado diciendo que si no lo llevábamos se iba andando él solo. Que tú ibas a irte.

Que lo sentía así. Kaien lo llevó porque era eso o dormirlo a la fuerza.

—Rukia, Ichigo te quiere, pero él nunca te lo dirá —me dice Yuzu—. Y sí quiere

tener hijos, pero no quiere descubrir tarde que sería un mal padre.

—¿Por qué?

—Dale tiempo y cuando escuches toda la historia entenderás muchas cosas.

Asiento a Yuzu. Cada vez tengo más piezas de este puzle y sé que es cierto, que

Ichigo me quiere. Pero algo le impide poder ser feliz. Algo oscuro y lo

suficientemente gordo como para que me alejara de él por miedo.

Dormito en los incómodos sofás del hospital hasta que nos dicen que todo está

bien. Que han tenido que volver a coser a Ichigo y que ahora está dormido. Masaki

insiste en que vaya a mi casa a cambiarme o descansar un poco. Sólo lo hago para que

deje de insistirme. Ya sé de dónde viene lo de ser cabezota de su hijo. Tras darme una

ducha y cambiarme de ropa regreso, y lo hago al tiempo de que cambian a Ichigo de

planta y nos pueden dejar a verlo. Antes de entrar lo escucho protestar, diciéndole al

médico que está perfecto y que puede irse a casa. Sonrío, pues escucharlo protestar

tranquiliza y me hace ver que está mejor.

Entro y noto el alivio en los ojos ámbar de Ichigo cuando me ve.

—Te dije que no me iría —le digo, cogiendo su mano y acariciándosela.

—¿Cómo estás, hijo? —le pregunta su padre.

—Genial, ¿Podéis decirle al médico que me dé el alta? Esta cama la puede usar

otro que se sienta peor...

—Ni hablar —le responde su madre—, tú te quedas en esta cama hasta que te repongas,

así tenga que atarte a ella.

—Son unos exagerados —responde Ichigo—. Ésta ha sido la mejor herida de bala

que tenido.

Me recorre un escalofrío y, una vez más, recuerdo que en el trabajo de Ichigo estas

cosas pasan. El miedo me cierra la garganta y me alejo un poco para que su familia

pueda interrogarlo. Como si Ichigo notara que algo no va bien busca su mirada con la

mía. Cuando se encuentran le sonrío para que no note que el miedo me tiene

paralizada ahora mismo. Ahora más que nunca puedo ver lo peligroso que es su

trabajo, y si antes sentía helor cada vez que pensaba en ello, ahora siento que algo

dentro de mí se ha helado de manera irremediable.

Llego a casa de Ichigo tras un martes agotador. No he querido faltar al trabajo, ni al

de por la mañana y mucho menos al de por la tarde, ya que la madre de Ichigo no

quiere despegarse de su hijo y así evita que éste coja sus cosas y se marche. Es un mal

paciente, no sabe estar quieto y dejar que lo cuiden. Al final le han dado el alta antes

de tiempo, con la recomendación de que guarde reposo en casa y si siente alguna leve

molestia vaya al hospital. Cosa que veo imposible tratándose de Ichigo. Le han dado

el alta esta tarde. A medio día no puedo pasarme verlo y lo he visto poco estos días,

entre el trabajo y las pocas visitas que le dejan tener... y en que cada vez que lo veo

herido de bala me recuerda su trabajo y me entra un miedo atroz... sí, más bien es por

lo segundo. No sé cómo lidiar con su trabajo, con el hecho de tener que aceptar que

mi novio se juega la vida por elección propia. Antes supe hacerlo, ahora me parece

imposible. Tengo miedo y no sé cómo sobrellevarlo.

Me quito la chaqueta y el bolso, y los dejo en el armario de la entrada. Me

sorprende no escuchar ningún ruido o alguna voz procedente del cuarto de Ichigo, o

mejor dicho, a Ichigo quejarse de algo. Sonrío y entro hacia el salón y reparo en

alguien, pero no es Ichigo, es Kaien al lado de Byakuya, el compañero de Ichigo.

Siento una pequeña tensión ante su escrutinio y me pongo alerta.

—Buenas, Rukia, ya conoces a Byakuya —asiento.

—¿E Ichigo? —pregunto, tras asentir a modo de saludo, no muy convencida con la

forma en que me sigue observando Armando.

—Se le abrieron los puntos al llegar y mis padres lo han llevado de vuelta.

—Tengo que ir con él...

—Luego, antes tienes que contestar unas preguntas sobre Kugo. Byakuya ha pensado

que te sentías más cómoda si lo haces aquí y no en la comisaría.

—¿Y por qué Byakuya sabe que es mejor para mí, si no me conoce? —le digo, a la

defensiva, y Byakuya se ríe.—Tientes carácter y eres desconfiada, ya lo noté el otro día —

recuerdo el otro día y que no paraba de preguntarme cosas que me ponían nerviosa.

Es como si él supiera algo que yo desconozco—. Tranquila, soy casi un miembro de esta familia.

—Es de confianza, Rukia y lo que sabe lo sabe por Ichigo. Estaré en el despacho de

Ichigo.

Kaien se va y me deja sola con este hombre que me observa con lo que parece ser

una cálida sonrisa.

—Intuyo que no te caen bien los policías.

—No me gusta que se inmiscuyan en mi vida.

—Curiosa respuesta, siendo novia de un detective al que lo que más le gusta es

inmiscuirse en la vida de cuantos le rodean para no llevarse sorpresas.

—Cierto.

Byakuya me señala el sofá para que me siente y lo hago. Se sienta y coge su libreta

y su grabadora.

—Necesito que me cuentes todo, es decir, desde que conociste a Kugo.

Se lo cuento y Byakuya sólo asiente de vez en cuando y toma notas. No le digo por

qué huí de él, sólo que vi algo siniestro en su mirada que me hizo salir corriendo.

Recuerdo lo de las drogas y se lo digo.

—Es cierto que se drogaba y con esa droga dichosa de ''Arracar''. Es una droga

peligrosa porque no sólo te pone hasta arriba, si no que a la gente de mente débil les

da fuerzas para cometer estupideces o para hacer este tipo de acciones y sentirse que

pueden con todo. Hasta con la policía. Esta droga ha hecho mucho daño.

—Es terrible.

—Sí, pero eso no les hace menos culpables. Hemos registrado su casa y tenía muchas

fotos tuyas, y te ha estado siguiendo, Rukia. Todo apunta a que él pagó al ladrón para

que robara, quería asustarte —me recorre un escalofrío y debo de tener mala cara

pues Byakuya se asusta y me toma una mano—. Tranquila, Rukia, Ichigo no dejará

que nadie te haga daño.

—Es asqueroso que alguien se inmiscuya así en tu vida privada.

—Sí. Tenía anotado todo lo que sabía de ti, esto lo hacía cuando no tomaba nada.

Las drogas que llevaba en sangre esa noche, sólo le dieron alas para cometer esa

estupidez, pero no lo eximen del crimen. En los diarios que escribía anotó lo que te

dejaba en la puerta de tu casa. Pensé que querrías saber que todo eso ha acabado

también.

—¿No lo hacía su hermana?

—No. Su familia ignoraba esto de su hijo y no me extraña, son unos idiotas a los que

sólo les preocupa su propio ombligo —sonrío—. Todo ha acabado, Rukia. Si

recuerdas algo más, estoy en comisaria casi todo el día —saca una tarjeta de su

cartera—, éste es mi teléfono. Puedes llamarme cuando quieras.

—Gracias. No ha sido tan malo hablar con usted, el otro día estaba un poco

saturada —Byakuya se ríe y acabo por sonreír, contagiada por él.

—Nos vemos, Rukia —nos levantamos y se despide con un apretón de manos.

Kaien sale del despacho y acompaña a Byakuya a la puerta. Voy hacia ella para

coger mis cosas pero Kaien me detiene poniendo una mano sobre el armario.

—No vas a ir al hospital.

—¿Como que no? ¡Claro que voy! Ichigo...

—Ichigo está con mis padres y mis hermanos, y él está preocupado por ti. Me ha

pedido que no te deje salir de aquí y que descanses. ¿Pensabas que no nos

enteraríamos de que duermes en la sala de espera desde que le dispararon? Te

encontró anoche mi madre cuando salió a por café y te vio mal durmiendo en una silla,

cuando se suponía que habías vuelto a casa.

—Estaba más tranquila allí.

—Ichigo está bien y mañana le darán el alta. Pero tienes que descansar, y más si

tienes que cuidarle cuando esté aquí. Y no va a ser tarea fácil —miro a Kaien,

esperando encontrar una sonrisa en sus bellos labios, pero no hay nada—. Ven, en mi

casa está la cena lista.

—¿En tu casa?

—Si te quieres quedar sola aquí cenando, puedes traértela, pero aún no me he

comido a nadie.

—Qué bien está saberlo. No vaya a ser que esté a punto de entrar en la cueva del

lobo —Kaien me mira y entonces sí que alza el labio con lo que parece ser un intento

de sonrisa.

Cuando lo conocí era serio pero tras lo vivido con su esposa lo es mucho más. No

tengo dudas de que está sufriendo con todo esto y que es su manera de sobrellevarlo.

Entro en la casa de Kaien y es tan fría como la de Ichigo, con el mismo diseño sólo

que al revés. Kaien va directo a la mesa del salón y veo allí a una mujer dejando la

cena sobre la mesa.

—Muchas gracias, puedes irte.

La mujer asiente con una sonrisa y se aleja. Entro al servicio un momento a lavarme

las manos y es como el de casa de Ichigo. Todo lujo y frialdad. Salgo y voy hacia la

mesa. Me vibra el móvil, que llevo en el bolsillo, y lo saco. Es un mensaje de Miyako.

Tuvo que regresar a su casa justo el domingo y me llamó de camino. Al enterarse de

lo que había pasado estuvo a punto de dar media vuelta pero la convencí para que no

lo hiciera. Desde entonces me escribe o me llama para ver cómo va todo. Ahora me

pregunta cómo estoy y si le han dado el alta a Ichigo. Le respondo que estoy bien y

que no le han dado el alta.

—Espero que te guste la cena —me dice Kaien cuando llego a su lado. Dejo el

móvil sobre la mesa y observo la cena. Filete con salsa y patatas. Tiene muy buena

pinta.

—Yo creo que sí. No soy muy exigente con la comida. Sé lo que cuesta

conseguirla.—Yo también.

No añade nada más. Empezamos a cenar en un incómodo silencio. Más, cuando me

mira de vez en cuando a la espera de que le diga algo.

—¿Qué? —le digo al fin.

—¿Qué de qué?

—Siento que quieres preguntarme algo.

—Sólo trato de saber qué te pasa, Ichigo piensa que te preocupa algo. Ambos creemos

que es por el disparo y su trabajo.

Miro mi plato y decido ser sincera.

—¿Tú cómo lo soportas? ¿Cómo soportas saber que se juega la vida? —le

pregunto.—No me gusta su trabajo, pero ¿Qué opción me queda? Es lo que él ha

elegido.

—Eso no lo hace más soportable. Hace tiempo que su trabajo me preocupa pero tras

el disparo, más.

—Háblalo con él, cuando esté en su casa, claro. Ahora es mejor que descanses —

asiento y sigo cenando hasta que se me acuerdo de algo más.

—¿Me parezco a Jackie? —Kaien deja de comer y me mira con intensidad—. Me

refiero a cuando empezasteis. —Kaien se queda en silencio. Sus intensos ojos verdes

no pierden detalle de los míos.

—Ahora sé que no.

—¿Por qué ahora?

—Tuve un accidente de moto cuando estaba con ella en la universidad. No vino a

verme al hospital, alegando que tenía mucho que estudiar. Ver como tú, que no llevas

apenas nada con mi hermano, te has pasado todo tu tiempo libre cerca de él, me ha

hecho ver que estaba confundido y que es posible que no todo el mundo sea como

ella. Pero esto no cambia que no quiera arriesgarme nunca más.

—Nunca se sabe lo puedes encontrar, si lo haces...

—Nunca más, y ahora cena, Rukia. Se te está enfriando la comida —da por

zanjando el tema y no insisto más, siento lástima porque se haya cerrado de esta forma

al amor. Entro en mi casa tras prometer a Kaien que descansaré y no haré ninguna tontería,

no es que vaya hacerle caso, pero sabía que sólo así me dejaría ir. Me pego una ducha

rápida y me pongo un pantalón vaquero y un jersey para ir al hospital. Mi idea es ver

que Ichigo de verdad está bien, que lo hayan llevado de nuevo al hospital no me gusta

y me hace temer que esté más grave de lo que Kaien quiere decirme. Kaien me ha

dicho que uno de sus padres pasará noche con él y que si pasa algo nos informarán

pero necesito ver con mis propios ojos que está bien. Llego al hospital y pregunto en

qué cuarto está instalado Ichigo. Me lo dice y subo hacia él. Es un hospital pequeño y

los cuartos son, en su gran mayoría, de un sólo paciente pero con espacio a poder

meter dos camas se fuera necesario. Al ser un pueblo pequeño no hay muchos

enfermos. Llego al cuarto de Ichigo. La puerta está medio entornada. Me asomo un

poco y lo veo en la cama. Hay poca luz y parece dormido. No parece tener mala cara.

Abro un poco más la puerta para verlo mejor, esperando que nadie me pille, no creo

que les haga gracia saber que me he saltado las recomendaciones de todos y estoy una

vez más aquí.

—Rukia... —alzo la mirada. Ichigo me observa con sus intensos ojos ámbar.

Pillada.

—¿Y si te dijera que estás soñando y que en verdad no estoy aquí? —Ichigo sonríe

y me tiende una mano—. No cuela, ¿no?

—No, además, mi instinto me decía que vendrías —cojo su mano y la aprieto con

fuerza.

—¿Y tus padres?

—No están, les dije que pasaría la noche solo, estoy bien. Sólo se me han soltado

un poco los puntos y han sangrado de nuevo... nada de lo que alarmarse —me dice,

cuando lo miro asustada—. Que mi padre conozca al director del hospital y sean

amigos no me está ayudando precisamente. Hacen caso a todo lo que manda mi madre.

Sonrío por el gesto que pone. Ichigo tira de mí y caigo sobre su pecho. Me besa y le

devuelto el beso con ganas. No nos hemos besado así desde hace días y lo necesitaba.

Echaba de menos el sabor de sus labios.

—Hola —me dice, acariciando mi mejilla.

—Hola.

—Métete en la cama conmigo...

—No creo que...

—No pienso dejar que duermas mal esta noche, e intuyo que no te vas a ir. Si llego

a saber que estabas durmiendo en la sala de espera yo mismo te hubiera metido en mi

cama. ¿Por qué lo has hecho, Rukia?—Pensaba que así todo estaba mejor. Que si no me

alejaba de ti, seguías estando bien.

—No ha sido nada. Sólo un disparo más.

Me recorre un escalofrío y trato de alejarme pero no me deja.

—Que hables así de un disparo que te podría haber costado la vida me enfada

mucho.

—Rukia...

—Sé lo que es un disparo, y sé lo que siente y cómo te quema por dentro, cómo

sientes que la vida se te escapa a borbotones. Así que no hables del disparo como si

no fuera nada. Porque lo es y no quiero volver a pasar por esto...

—Ahí reside todo. Ven, Rukia —dice cuando me alejo.

—Me voy a quitar el abrigo —le digo, enfurruñada.

Me quito el abrigo y las zapatillas y me meto en su cama. Ichigo no lleva suero ni

nada y en cuanto entro me abraza con fuerza.

—Si no me lo tomo a la ligera, no podría seguir trabajando donde lo hago.

—Pues deja de hacerlo. No me gusta tu trabajo.

—Lo he notado. Pero debo hacerlo. Necesito hacerlo —cuando dice "lo necesito"

siento que hay mucho más detrás de esa afirmación. Me alzo para mirarlo—. Yo

también sentí mucho miedo cuando vi que te apuntaba y que te ibas a ir con él. Olvidé

que tenía que atacarlo cuando estuviera despistado. Preparar una estrategia... sólo

pensaba en que ese desgraciado te apuntaba con un arma. No fui racional. Me moví

guiado por el corazón.

—Sé a qué te refieres...

—Lo que hiciste fue una gran estupidez, pero seguramente me salvaste la vida.

Gracias —me acaricia la mejilla antes de besarme—. ¿Por qué no me llamaste cuando

te amenazó?

—¿Cómo lo sabes?

—Byakuya me ha llamado para contarme tu declaración. Esperaba hacértela yo,

pero me dijo que seguramente yo me movería una vez más por el corazón y no me

dejaría hacer a mí algo de vital importancia.

—Tenía que hacerlo, era por Yuzu. Ese video podría destruirla de nuevo.

—Por suerte, ya está requisado y destruido. Byakuya se ha encargado de ello. No

lo ha dejado como prueba entera, sólo el trozo que te mandó a ti para evitar hacer

pasar a Yuzu por ello una vez más.

—Me alegro.

—¿Y cómo es que estabas en la playa? ¿E Ikkaku?

—Estaba en el balcón, mirando el mar, cuando te vi ir hacia la playa. Intranquilo, te seguí

y al llegar encontré a Ikkaku que había salido a correr y le pregunté por ti. Me

dijo que estabas en la playa. Escuchamos lo que parecía una voz de súplica y

alarmado fui hacia allí. Ikkaku me siguió por si lo necesitaba. Agradezco que lo

hiciera, porque nos ha ayudado a atrapar a ese capullo. Todo ha acabado, Rukia.

Nunca más, nunca más hagas algo tan estúpido sin llamarme.

—No era el mejor momento entre los dos...

—Lo siento. Siento todo lo que te dije...

—No me dijiste nada que no pensaras —le digo, apartado la mirada.

—Lo pensaba y lo pienso, pero hay una razón para ello. El otro día hablaba mi

miedo, mi terror por ser un mal un padre... te lo contaré todo. Pero quiero llevarte a

un sitio para que lo entiendas, y necesito estar recuperado.

—De acuerdo.

—Rukia, siento lo que te dije. Creo que eres una persona muy valiente y lista, que

has sabido mantenerte con vida todos estos años por tu buena cabeza y por tu instituto

protector. En verdad no creo que lo más sensato fuera haber removido el pasado.

Ellos podrían haberte encontrado. Estaba molesto y hablé sin pensar sólo para hacerte

daño. ¿Podrás perdonar a este idiota?

—Ya te dije que sí —me acerco y lo beso.

El beso se torna cada vez más intenso. Son muchos días sin estar juntos

íntimamente. Pero este no es lugar ni momento. Ichigo se aparta y apoya su frente

sobre la mía.

—Te... —Ichigo se calla, sus ojos me dicen lo que quería decirme y también lo

mucho que le pesa no poder hacerlo—. Espero que sepas entender cuánto, y un día

pueda decírtelo con palabras.

—Ya lo haces. Me lo dicen tus ojos —le respondo, feliz—. Y yo también siento lo

mismo, Ichigo, y no te lo volveré a decir hasta que tú no me lo digas, sólo entonces

sabré que estás preparado para oírlo.

Asiente y me abraza con fuerza, demostrándome con su gesto y sus miradas que las

palabras están sobre valoradas y que sólo sirven para dar nombre a las acciones que

lo demuestran, que sin acciones esas palabras caerían en la nada. Unas palabras

dichas, sin unos actos que las precedan, acaban cayendo en el olvido. Al final lo que

recuerdas no son las palabras, si no lo que éstas te hicieron sentir y lo que los gestos

te trasmitieron. El tiempo tiende a desdibujar las palabras pero guarda con gran

recelo los bellos momentos vividos.