Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.
Por obligación, serán un dragón y una víbora
43. Tercer año: Pongamos fin a esto
El mes de mayo llegó a su final, llevándose consigo la victoria de Gryffindor contra Ravenclaw y proporcionando la copa de Quidditch a los leones. Malfoy se había puesto tan verde como su bufanda cuando la casa escarlata adoptó su canción insultante para alabar a Weasley:
A Weasley vamos a coronar.
A Weasley vamos a coronar.
La quaffle consiguió parar.
A Weasley vamos a coronar...
—¡Bola de pelafustanes! ¡Todo lo tienen que tomar de segunda mano! —mascullaba el príncipe de Slytherin cuando el partido había terminado. —¡Ni siquiera pueden tener originalidad para una canción nueva! —aquellos eran los únicos insultos que se le ocurrían en esos momentos que estaba muerto de rabia. Ahora si había tocado fondo. Su humor no podía ser peor en esos momentos y como si eso no fuera poco, tenía un sin fin de obligaciones que realizar.
El príncipe de Slytherin se planteaba seriamente la idea de saltar de la torre de astronomía, y cabe destacar que pasaba buen parte de sus noches en ese lugar, memorizando las dichosas estrellas para su TIMO. Se estaba volviendo loco con los exámenes, la copa perdida, posiblemente la copa de la casa también la podía dar por perdida de una vez, la Brigada Inquisitorial resultaba tediosa cuando Umbridge los traía como si fueran sus sirvientes y bueno, ya no soportaba tener encima a Pansy, mientras a distancia observaba a Astoria tan cerca de Cole.
Cambiaría su insignia de prefecto y demás por ser él que contemplara a Astoria bailando cerca del lago negro. Pagaría por tener a Astoria a su lado mientras le tocaba escribir los largos pergaminos de más de un metro de largo para las estúpidas clases. La única diversión que le quedaba disponible en esos momentos era poder hacerle la vida de cuadros a Pipote, pero en vista de que ni para eso tenía tiempo, se estaba amargando la existencia de lo lindo.
Su tiempo libre lo mal gastaba intimidando a los de cursos inferiores, quitando puntos a los de Gryffindor y pensando como deshacerse de Pansy. Claro que en eso último no le iba muy bien, pues cada idea tenía el pequeño detalle de que terminaría metiendo a Astoria en problemas. La única forma de que aquello no pasara era borrando la memoria de la pelinegra, pero sabría Merlín donde estaba ese dichoso encantamiento que él no recordaba y por cuestiones de sensatez, no se atrevía a preguntarle al profesor Flitwick. Tenía que encontrar la forma de ponerle punto final a esa pesadilla o no llegaría a ver los resultados de sus TIMOs o siquiera a tomarlos.
O-O-O
El tiempo siguió pasando sin darle tregua nadie y el mes de junio comenzó. Los jardines del castillo relucían bajo la luz del sol como si acabaran de pintarlos; el cielo, sin una nube, se sonreía a sí mismo en la lisa y brillante superficie del lago; y una suave brisa rizaba de vez en cuando las satinadas y verdes extensiones de césped. Aquello sería una verdadera maravilla si los exámenes no estuvieran encima de todos. Mientras que los de quinto estaban siendo acosados, junto con los de séptimo, para estudiar y repasar los temas de sus TIMOs y EXTASIS respectivamente, los de tercero y cuarto ya habían sido atrapados por la semana de exámenes.
El peor lunes que Astoria pudiera recordar, durante el tiempo de los exámenes, fue aquel donde le tocó lidiar con: Transformaciones y Encantamientos. Si bien no tuvo problemas con la teoría, la practica resultó ser algo desastrosa. Su varita parecía estar molesta con ella, pues en lugar de convertir una tetera en un cisne, había terminado convirtiendo la tetera en una aterradora boa que tenía toda la intención de comérsela viva; McGonagall se había impresionado un poco, no cualquiera convierte una pequeña tetera en un monstruo de cinco metros de largo, pero sin duda alguna se había molestado pues eso no era lo que ella había pedido. Además, la jefa de Gryffindor se tuvo que deshacer del peligroso reptil que escapó del aula, y a diferencia del pantano y los fuegos artificiales, ese animal era peligroso para los estudiantes.
En Encantamientos parecía que nada podía salir mal, solo era una práctica del encantamiento de la risa y una revisión de Wingardium Leviosa, Lumos, Incendio, Glacius y Aresto Momentum, pero su varita, que seguía queriendo hacerle la vida imposible y miserable, había provocado que su Glacius (que originalmente solo debía de producir unos bloques de hielo) terminara volviendo el aula de encantamientos en un Iglú. Vale, que el profesor Flitwick se mostró encantando con el despliegue de habilidad mágica, pero sin duda alguna no le calló en gracia que todo se volviera de solido hielo a una temperatura bajo cero.
—Ya sabía yo que no eras más que una víbora presumida —le había dicho Romilda al salir de aquel examen. Y Astoria no había podido contestar, pues no tenía cuartada que justificara el porque su varita parecía querer llamar la atención.
—Te digo que eso no es normal, deberías cambiar de varita —le comentó Cole, sus amigos creían firmemente que Astoria no estaba presumiendo y que esos despliegues de poder habían sido accidentales, pero mostraban cierto temor, tanto por ellos como por la castaña, pues era extraño y peligroso que una varita respondiera de aquella manera, actuando casi por voluntad propia. Y cabe destacar que la castaña jamás les había comentado como esa varita le había roto el brazo a Malfoy o como había destrozado toda una habitación, o el los dos Curciatus que habían recibido Romilda y su hermana Daphne. Seguramente si les decía aquello le dirían que su varita estaba maldita, y en definitiva aquello era algo que Astoria ya había deducido tiempo atrás, aunque conservaba la esperanza de domar ese núcleo de Banshee. Quizás solo lo hacía por el orgullo con un toque de ambicion, pues si lo pensaba bien, jamás le había agradado que le tocara aquella varita, pero admitía que se sentía como un reto importante.
Además, con las prácticas en el ED había perdido miedo a usar la magia con esa endemoniada varita, aunque al parecer se había confiado demasiado y había subestimado lo que la varita podía hacer bajo presión. Quisiera o no, sus emociones eran las que regían su magia y tanto los nervios como la tensión que estaban a flor de piel, no ayudaban mucho para su desempeño académico. Lo único bueno que le veía a todo, es que en el examen de Defensas Contra las Artes Oscuras no habría parte practica, pues la profesora Umbridge no lo consideraba necesario, al menos ahí no correría riesgo de que algún contra-embrujo fuera hacer explotar el aula.
El martes llegó con Cuidado de Criaturas Mágicas, Pociones y Astronomía. Astoria no tuvo muchos problemas con las Criaturas Mágicas, a diferencia de Paige, a quien la mordió una de las Doxy, que debían de meter en jaulas antes de aplicar en Doxycida, y la pelirroja terminó en la enfermería por el resto de la hora. En pociones todo salió a pedir de boca con la poción de Arpías que Astoria recordaba de memoria, y aunque le daban asco los ingredientes, su poción, según Snape, era de las mejores que había visto entre los alumnos de tercero. El examen de Astronomía fue en la noche y aunque se distrajo un poco contemplando las constelaciones, al menos pudo completar correctamente la mitad de su mapa.
Cuando llegó el miércoles los alumnos ya no aguantaban más. La tensión se sentía en el ambiente, y con esa atmósfera de arduo trabajo los bromistas les habían dado una tregua a los estudiantes de Hogwarts, claro que no era lo mismo contra la profesora Umbridge, a quien le seguían apareciendo alimañas en su despacho o le explotaban cosas cuando andaba en los pasillos. El primer examen de aquel día fue el de Historia de la Magia, tan aburrido como tedioso y complicado; por más que intentó recordar lo de la caza de brujas, a su mente solo llegaban las ilustraciones del libro en lugar de las fechas y los nombres. Herbología no fue más complicada que Historia de la Magia, las tentaculas venenosas que debían podar les dieron varios problemas, pero por suerte ni Leo, ni Paige, ni Astoria sufrieron heridas.
Finalmente, los últimos dos exámenes fueron el jueves; Defensa Contra las Artes Oscuras y Adivinación. El primero solo fue aburrida teoría, Umbridge ni siquiera les dejó sacar sus varitas, y aunque no lo aprobaba, Astoria agradeció aquello, pues los comentarios sobre su exhibicionismo con los embrujos seguían rondando entre los alumnos, todo cortesía de Romilda. En ocasiones pensaba que la leona esa debía de ser pariente lejano de Parkinson. Por último, Adivinación no fue en lo absoluto lo que Astoria y sus amigos esperaban a principio de año, la bola de cristal y la lectura de las hojas de té no formaron parte del examen de Firenze.
—Solo dos años más —decía Paige mientras salían del aula. —¡Dos años y no volveré a tomar esta clase por el resto de mi vida! —vociferó desesperada.
—No entendí ni media cosa de lo que hicimos —masculló Astoria, apoyando a su amiga.
—¿Como diantres vamos a saber si lo hicimos bien o mal? —se quejó Leo, y no era el único que estaba nervioso con eso. Firenze les había puesto cosas extrañas, preguntas capciosas que parecían no tener respuesta concreta y otras cosas sin sentido; ninguno estudiante por más estudio, hubiera sabido como contestar.
—Bueno, ya nos enteraremos en unas semanas más —resopló la castaña. —Dudo mucho que no pasáramos, y si fuera el caso contrario... bueno, no seriamos los únicos. Sería irracional que alguien lo hubiera hecho de manera "correcta"...
—Si, en eso tienes razón —le interrumpió Paige —Si hasta ese tal em... ese que se junta con Osborne y que parece querer ser el sucesor de Trelawney o en tal caso de Firenze, hasta él parecía tener problemas con el examen —añadió desdeñosa.
—¡Vamos! ¿Qué más da? ¡Al fin terminamos! —Leo intentó subir un poco los ánimos, tenía facilidad para dejar de lado, en poco tiempo, lo relacionado con los estudios. Y si lo pensaban bien, pues ya no les quedaba nada que hacer, solo disfrutar las semanas restantes y esperar por los resultados de los exámenes.
—¡Pues a celebrar y comer se ha dicho! —le apoyó Astoria, riendo al ver la cara de la pelirroja. —Bueno, solo a celebrar, esperaremos que llegué la cena —dijo sin perder la sonrisa y risa. Paige miró a sus dos amigos y negó con la cabeza.
—Par de glotones, y yo pensando que solo comían así por los nervios de los exámenes —los tres rieron a carcajadas y tomaron el camino a las mazmorras. Por fin se había terminado el martirio para ellos, o al menos el martirio de los exámenes, pues aún tenían otros problemas, pero por el momento ni para que pensar en ellos.
O-O-O
Mientras los alumnos de cursos inferiores disfrutaban del descanso, lo de quinto apenas y empezaban su martirio con los TIMOs. Obviamente los de Slytherin no era la excepción y sufrían estragos por la presión. Por ejemplo, Daphne se había vuelto una histérica de primera, no dejaba a nadie tocar sus apuntes y si le hacían una pregunta que no supiera responder se iba maldiciendo a la biblioteca. También Zabini estaba extraño y de mal humor, dejaba pasar las oportunidades para bromear o molestar y prefería acosar a Tracey para que le dejara copiar sus apuntes. Incluso Pansy lucía nerviosa y no dejaba a Draco solo ni a sol ni a sombra, pidiéndole que le ayudara a corregir su trabajo. Los únicos que parecían relajados eran Crabbe y Goyle, aunque era más que evidente que su falta de preocupación era porque no había mucho que hacer con ellos, podían pasar todo un mes estudiando con la sangre sucia y aún así no habría diferencia en los resultados que fueran a obtener.
El príncipe de Slytherin, por su parte, no estaba del todo preocupado por estudiar, ya había repasado lo suficiente como para tener un descanso antes de las pruebas, eso de estar bajo presión no era lo suyo, las cosas le salían mejor cuando estaba seguro y relajado.
Así pues Junio avanzó y llegaron las dos terribles semanas para los de quinto, esas dos semanas donde harían los TIMOs. Durante la clase de Transformaciones, los de Slytherin y Gryffindor, recibieron los horarios de los exámenes y las normas de funcionamiento de los TIMOS.
—Como veran —explicó la profesora McGonagall a la clase mientras los alumnos copiaban de la pizarra las fechas y las horas de sus exámenes —Sus TIMOS están repartidos en dos semanas consecutivas. Harán los exámenes teóricos por la mañana y los prácticos por la tarde. El examen práctico de Astronomía lo efectuaran por la noche, como es lógico.
La bruja hizo una pausa, para darles tiempo de copiar a los alumnos y tener mejor su atención.
—Que fastidio, siempre dice el mismo discurso —masculló Draco en voz baja, cruzándose de brazos para esperar las reglas sobre las plumas, las sanciones para los que harían trampa, etc, etc. Solo Crabbe y Goyle escucharon lo que dijo el rubio y rieron un poco.
—Debo advertirles que hemos aplicado los más estrictos encantamientos antitrampa a las hojas de examen —comenzó a decir la profesora —Las plumas autorrespuesta están prohibidas en la sala de exámenes, igual que las recordadoras, los puños para copiar de quita y pon y la tinta autocorrectora. Lamento tener que decir que cada año hay al menos un alumno que cree que puede burlar las normas impuestas por el Tribunal de Exámenes Mágicos —Malfoy rodó los ojos.
—Y cada año, por lo menos, nos repiten esto —susurró Theo a Draco, aprovechando que McGonagall les estaba dando la espalda.
—Espero que este año no sea nadie de Gryffindor. Nuestra nueva... directora... —los Slytherin sonrieron cuando la profesora puso una expresión tensa al pronunciar esas palabras, evidentemente no le agradaba tener a Umbridge como directora. —Nos ha pedido a los jefes de las casas que advirtiéramos a nuestros alumnos que si hacen trampas serán severamente castigados porque, como es lógico, los resultados de sus exámenes dirán mucho de la eficacia del nuevo régimen que la directora ha impuesto en el colegio... —la profesora McGonagall soltó un pequeño suspiro—Aun así, ése no es motivo para que no lo hagan lo mejor que puedan. Tienen que pensar en su futuro.
—Por favor, profesora —como siempre, Granger levantó la mano para hablar —¿Cuándo sabremos los resultados?
—Se les enviarán una lechuza en el mes de Julio —contestó la profesora McGonagall.
—¡Merlín! —murmuró Blaise detrás de Draco —¿Nos van a hacer esperar hasta vacaciones? —se quejó en voz baja, pero lo suficientemente audible, pues McGonagall volteó a verlos con el ceño fruncido.
El grupo de serpientes sonrieron sin mucha preocupación, y la alardeando como de costumbre salieron de aquella ultima clase del viernes. Mientras los demás no disimulaban su nerviosismo y contaban las horas durante el fin de semana, el grupo del príncipe de las serpientes había adoptado una actitud algo desdeñosa con los estudiantes, alardeando de sus contactos e influencias, como si no hubieran pasado noches enteras con las narices metidas en los libros.
Draco era el mejor ejemplo de aquello, que ya tenía fastidiados a sus amigos, menos a Pansy, con su discurso de siempre, lo único que vareaba con los años era el nombre de la persona a la que Lucius Malfoy conocía:
—Lo que importa no es lo que hayas estudiado —les alardeaba a unas chicas de segundo que se habían amontonado a su alrededor durante la tarde del sábado. —Lo que importa es si estás bien relacionado —continuó, ignorando la mirada asesina de Pansy, a quien no le caía en gracia que les pusiera atención a esas mocosas —Mirad, mi padre es íntimo amigo de la jefa del Tribunal de Exámenes Mágicos, Griselda Marchbanks, ha ido varias veces a cenar a mi casa y todo...
—Entonces recomienda mucho a tu novia con esa mujer, Malfoy —una aniñada voz interrumpió el discurso del rubio, y Parkinson se hubiera alegrado por la interrupción de no ser por las insolentes palabras que había dicho justamente esa endemoniada niña que tanto odiaba.
—¿Celosa? —preguntó con arrogancia el susodicho.
—No, para nada, mi padre conoce Griselda Marchbanks también, y curiosamente jamás nos ha mencionado a los Malfoy —Draco palideció, y juraría que por unos instantes le había visto sobresalir colmillos a su niña. Aquellas palabras no habían sido un golpe bajo, habían sido una mordida directa a la yugular.
—¿Qué no tienes algo mejor que hacer? —masculló Pansy muy molesta —¿Como irte a bailar con Grayback? —lo que la pelinegra pensó que sería un golpe contra la Greengrass, resultó ser un golpe para el rubio que de mala manera se abrió paso entre las chicas de segundo y salió vuelto un basilisco hacía las mazmorras.
—¡Ups! —sonrió con burla, llevándose la mano a la boca para cubrirla como si acaba de decir algo que no debía de decir.
—Te has vuelto muy insolentes, pulga —le riñó Parkinson. —Como si quisieras probarle algo a alguien...
—Deja de pensar y sacar ideas, eso es algo que no te queda —concluyó altivez, girándose y alejándose a largos pasos para evitar el enfrentamiento.
O-O-O
—No puedo creerlo —dijo Paige asombrada cuando Astoria terminó de contarles lo que había pasado en el pasillo.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Cole, desconcertando a las chicas, porque Leo asistió igual de interrogante. La castaña y la pelirroja se miraron sin comprender y Astoria tenía tal cara de desconcierto que Cole formuló la pregunta de nuevo. —Suena genial dejar a Malfoy en ridículo, pero no suena a algo que harías tú.
—Pues... yo solo... —las mejillas de la pequeña Greengrass tomaron un color rojo intenso. Entonces Paige soltó una fuerte carcajada.
—Ustedes dos tenían que ser hombres —habló sin dejar de reír. Ahora los que lucían confundidos eran los chicos.
—¿Pero eso que tiene que ver con el comportamiento de Tory? —indagó Leo, frunciendo el entrecejo.
—Obviamente lo hizo porque estaba celosa. ¡Au! —apenas y terminó de formular la frase, Astoria le dio un codazo fuerte en las costillas, sonrojándose más.
—¿Eso es cierto? —quiso saber Cole, quien tenía los ojos muy abiertos, pero la chica de ojos esmeraldas no contestó.
No le hubiera gustado dar explicaciones que eran evidentes, o al menos para su amiga fueron así, los chicos al parecer no tenían mucho sentido común para ese tipo de cosas. Aunque ahora que lo pensaba, después de lo que le había dicho Cole, sin duda alguna aquel comportamiento no había sido propio de ella, pero es que quería que Draco dejara de alardear con esa bola de chiquillas que aspiraban también a ser la princesa de Slytherin. Suficiente tenía con verlo con Pansy, como para que ahora el señorito se pusiera a coquetear con niñas de doce años.
—El que calla otorga —suspiró Leo, encogiéndose de hombros.
—No pensé que aún después de todo sintieras celos por ese oxigenado —masculló el Slytherin de cuarto año, rodando los ojos.
—Mejor cambiemos de tema —propuso la pelirroja al ver el ambiente que se había formado: Astoria roja, Cole de malas y Leo bostezando sin interés. —¿Y que planean para sus vacaciones? —preguntó intentando levantar el ánimo.
—Mamá dijo que si... bueno, que si ya saben quién no aparece por la casa iremos a pasar vacaciones a Polonia —Leo fue el primer en hablar y desatar la conversación sobre los lugares en donde pasarían el verano, en donde les gustaría pasarlo y demás cosas que incluyeron comentarios sobre Australia y Francia, haciéndole recordar amargamente a Astoria el enojo de su padre, que le había dicho que no harían más viajes ni nada para darle gusto hasta que reconsiderara volver con Draco.
Pero de igual forma, dejando detalles de lado, continuaron la tarde hablando de los lugares y los que les gustaría conocer o visitar, solo soñando y especulando. Ya entrada la noche dejaron la platica de lado y comenzaron a hacer algunos deberes que tenían pendientes, argumentando que trabajaban mejor "bajo presión" para justificar su completa falta de responsabilidad.
El reloj marcó las nueve de la noche y los más jóvenes se retiraban de la sala común para dormir. Astoria miró resentida su trabajo de Adivinación, pero dejando todo a medias sobre la mesa, en la que Leo y Paige seguían trabajando, se retiró para tomar un baño rápido, diciendo que necesitaba despertarse.
—No te tardes, que jura que no haré el trabajo por ti —le advirtió Paige, mirando con recelo a la castaña que sonrió y subió de prisa las escaleras.
La Greengrass entró al cuarto, notando que todo estaba en penumbras, como si al salir por la mañana se hubieran encargado de apagar todas las velas de la araña de cristal verde que colgaba del techo y las antorchas que generalmente iluminaban las entradas, incluso a la hora de dormir. Entró sigilosamente, murmurando "Lumus" e iluminando su camino hasta la mesa de noche de Paige donde encendió una lampara de aceite, para luego iluminar el resto de la habitación con un hechizo que lanzó a donde pendía la enorme araña verde.
Observó cuidadosamente alrededor de la habitación, no notó nada extraño, fuera del toque tenebroso que se producía siempre al estar en las mazmorras y debajo del lago negro. Se encogió de hombros y sacó unas cosas de su baúl para tomar un baño rápido antes de terminar su tarea de Adivinación. Pasó de largo a un lado de un armario, sin embargo, cuando estaba por abrir la puerta del baño asignado a su dormitorio, un ruido como el de una respiración muy fuerte y acelerada se escuchó.
Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Astoria, mientras su mente comenzaba a trabajar al mil por hora. Se giró sobre sus talones y pegó su espalda contra la puerta de madera, aunque luego se deslizó para un lado, apoyándose contra la fría piedra, no fuera la de malas que lo que sea que estuviera dentro del dormitorio se hubiera escondido en el baño y abriera la puerta repentinamente. Permaneció en silencio, escuchando aquel respirar fuerte y maldijo por lo bajo al ver que su varita estaba en la mesa de noche a un lado de su cama. Meditó un segundo y agarrando bien sus pertenencias, corrió a zancadas para atravesar la habitación, pero antes de llegar a su cama, la puerta de un viejo armario de cedro color negro se abrió. La castaña se quedó helada. Giró temerosa y observó el armario con horror.
Del armario salió una fina zapatilla negra, atada con delgados listones a un tobillo huesudo y muy pálido. Astoria retrocedió asustada y dejó caer las toallas y cosas de baño que llevaba en las manos. La zapatilla pisó firmemente y le dio paso a toda la pierna, hasta mostrar el dobladillo de una túnica morada que llegaba unos cinco centímetros por debajo de la rodilla. Una mano huesuda y pálida, con dos brillantes anillos, también salió del armario y se agarró de la puerta. Finalmente, una alborotada cabellera negra se asomó en la oscuridad; para darle paso a la clara silueta de una mujer delgada y alta, que sostenía en alto una peculiar varita.
—Buenas noches, cariño —murmuró la mujer con una voz aguda y con un toque aniñado, sonriendo con demencia.
Astoria estaba paralizada como para gritar, correr o simplemente repetirse que era imposible que esa mujer estuviera ahí. Y es que ahí, frente a ella, estaba ni más ni menos que Bellatrix Lestrange. Con ese porte elegante y superior, corrompido por la locura y los estragos que Azkaban habían hecho en ella.
—¡Tú no puedes estar aquí! —gritó cuando su voz parecía regresar a su cuerpo. Astoria retrocedió y con la mano tentaba para encontrar su varita, no dejaría que la mataran sin por lo menos dar lucha. ¡No se había quedado sin novio por nada! ¡Las clases de Harry debían de servir para algo!
—Claro que puedo —contestó la bruja, sin dejar de sonreír. —De hecho, debo de estar aquí, contigo. —añadió enfatizando la última palabra.
—No —susurró Astoria. Tenía la boca seca, y el corazón queriendo escapar de su pecho, la respiración de Astoria se estaba tan volviendo inconsistente, que cualquiera que la viera juraría que en cualquier momento fuera a sufrir un ataque o colapsar. Sus manos temblaban tanto que no era capaz de tomar su varita; además que gruesas lagrimas comenzaban a resbalar por sus mejillas.
—¿Sabes por qué debo estar aquí contigo? —preguntó la mujer, acercándose más a Astoria, la cual retrocedía, muerta de miedo.
—¡Tú no debes estar aquí! —masculló, apenas audible.
—Claro que sí, mi querida —aseguró la mortífaga, sin impacientarse, jugando distraída con su varita.
—¡Que no, carajo! —chilló Astoria, buscando como escapar de la habitación en esos momentos.
—¿Donde más debería estar, si no es con mi hija? —dijo repentinamente la bruja tenebrosa, mirando con burla a la niña y sonriendo con arrogancia.
—¿Qué? —la pequeña Greengrass se quedó en trance; perdió el color, adquiriendo el tono blanco de la cera, completamente pálida como un fantasma y rígida como una estatua. Su cerebro tardó unos instantes en procesar del todo la información, y un inmenso terror se apoderó de ella, haciéndola reaccionar de tal manera que tanto los modales como la cordura se fueron al demonio, sacando a flote el instinto de supervivencia —¡Mentira! ¡Mentira! ¡Largo! ¡Ayuda! —gritó al tiempo que se lanzaba sobre la cama de Paige para alcanzar la varita. Resbaló y se golpeó fuertemente en la mejilla contra la mesa de noche, pero alcanzó a tomar su varita.
—¿Qué haces? —una sonora y espeluznante carcajada resonó en el dormitorio. Bellatrix parecía disfrutar de aquello y Astoria parecía estar volviéndose loca.
—¡Reducto! —bramó Astoria, desesperada. El chorro de luz golpeó contra la estructura de la cama adocelada, provocando que esta se derrumbara, cubriendo con la cortina a la bruja mayor que solo rió más y con una brusquedad que Astoria no llegaba a ver en sus pesadillas, Bella rasgó las cortinas y salió de entre ellas, aun sonriendo como si nada pasara. —¡Oppugno! —volvió a gritar, provocando que varios objetos que estaban sobre las mesitas de noche salieran volando para atacar.
—Tranquila, querida —a pesar de todo lo que hacía Astoria, Bella parecía no sufrir daño alguno a sus ataques, aunque extrañamente tampoco respondía a la agresión y aquello solo asustaba más y más a Astoria, pues si la mujer no respondía al ataque era porque a lo mejor estaba diciendo la verdad. ¿Podría ser eso cierto?
—¡No! —gritó para si misma. Negó energéticamente con la cabeza y manteniendo en alto su varita, de la cual comenzaron a salir diferentes chorros de luces que golpeaban a diestra y siniestra todo lo que había en la habitación. Y sin embargo, parecía que nada le daba a Bella, quien apenas y esquivaba algunos ataques sin siquiera usar la magia. —¡Aléjate! ¡déjame! ¡Mentirosa! —bramaba con desesperación, destrozando más y más el dormitorio.
—Sé que nadie te lo ha dicho nunca, y es comprensible —dijo Bellatrix con ternura y locura. —Pero es la verdad, Astoria. Tú eres mi hija, tienes los ojos de Rodolphus —en esos momentos la castaña soltó la varita sin querer y deseó quedarse ciega, se negaba a creer lo que escuchaba. —Y tienes mi cabello, claro está —continuó diciendo la bruja, soltando una escalofriante risa. —No siempre fue así de crespo como lo ves ahora, claro que el tuyo es más claro porque Rodolphus es rubio, fue como mesclar café con leche —añadió con obviedad, como quien le explica a un niño de tres años que uno y uno son dos.
—Mentira —susurró de nuevo la pequeña Slytherin, con la mirada clavada en la araña verde que colgaba del techo. Por su mente cruzó la idea de que sería bueno que en esos momentos le cayera encima a alguna de las dos.
Escuchó los pasos de los tacones de Bella, se acercaba a ella, pero no tenía a donde correr, ni siquiera podría decir que prefería lanzarse por la ventana, pues ni una desdichada ventana había, estaba bajo tierra, literalmente aquella sería su tumba, y juren que prefería morir a que lo que decía la loca de Lestrange fuera cierto. ¿Astoria Lestrange? ¡No, Merlín! ¡Aquello era una pesadilla! Seguramente se había quedado dormida en la sala común y en cualquier momento Paige la despertaría.
—¿Por qué no me crees? ¿Por qué no te alegras? —preguntó la mujer de abundante cabellera oscura, con un semblante relajado y tranquilo, como quien habla del clima en un día soleado. —¿No te enorgullece saber que perteneces a la noble y respetada casa de los Black? ¿No te hace feliz saber que eres prima de Draco Malfoy? —aquello fue un golpe muy bajo para la chica, que se llevó las manos al estomago como si efectivamente hubiera recibido un golpe. —¿No te emociona saber que muy pronto servirás al Señor Tenebroso? —añadió con sorna.
Astoria no soportó más y se dejó caer de rodillas, haciéndose pequeña en el suelo. Cerró los ojos con amargura, repitiéndose una y otra vez que no era verdad, mientras todo su cuerpo temblaba y la risa de loca de Bella resonaba en la habitación.
—¿Pero qué rayos ha pasado aquí? —gritó una chica que al parecer había abierto la puerta del dormitorio. La castaña entre-abrió los ojos, identificando a sus compañeras de habitación, las cuales profirieron un grito aterrador al identificar la presencia de la mortífago. Las chicas salieron corriendo y gritando, alertando que Bellatrix Lestrange se había escapado de Azkaban y había matado a una alumna.
Afuera del dormitorio se formó un revuelo y escándalo que opacaba la risa de Bellatrix, quien parecía no darse cuenta de lo que ocurría. Astoria tirada en el suelo y hecha bolita, realmente parecía que estuviese muerta. Transcurrieron unos segundos, cuando en la puerta de la habitación apareció Paige con su varita en la mano.
—¡Astoria! —gritó la pelirroja, quedándose de piedra al comprobar que efectivamente en el dormitorio estaba la fugitiva de Azkaban. Paige no había creído del todo la historia, y mientras la mayoría salía de los demás dormitorios para refugiarse en la sala común, mientras los prefectos y la brigada inquisitorial avisaban a la directora y a los profesores, Rowle, ingenuamente, subió a comprobar que no se tratara todo de una broma de mal gusto en la que efectivamente Astoria estuviera herida, y es que teniendo como enemiga a Pansy, se podía esperar lo que fuera. Pero efectivamente, Bellatrix Lestrange estaba ahí.
La bruja mayor se volteó y se quedó mirando por unos segundos a la pelirroja que estaba demasiado asustada como para escapar. Cuando Bella avanzó hacía Paige, Astoria se puso repentinamente de pie, agarrándose de la túnica la mortífago, para detenerla. Sin embargo y para sorpresa de las dos, en apenas un parpadear Bellatrix ya no era Bella, si no que ahora tenían frente a ellas al padre de Paige. Thorfinn Rowle estaba ahí, a mitad de un dormitorio hecho ruinas, cubierto de sangre y con la varita en alto. Miraba a su hija con culpa, pero una sonrisa torcida se formaba en su rostro.
—Lo siento, Paige —dijo el hombre. Astoria lucía confundida, pero ahora Paige era la que temblaba y parecía haber entrado en un estado de trance.
—¡No! —gritó la pelirroja, tapándose el rostro y comenzando a llorar sin explicación alguna.
—Lo hice por ti —volvía a decir el señor Rowle con voz gruesa y ligeramente ronca. —Ella te ponía en peligro. Fue su culpa por seguir los pasos de su familia.
—¡No! —volvió a repetir Paige, dejando que su varita resbalara de su mano. Astoria seguía estupefacta ante lo que ocurría, no entendía lo que había pasado.
—Fue por tu bien. Tu madre siempre fue débil y testaruda, ¡cambiarse de bando a estas alturas! Fue su culpa, pero ya pasó y sé que tú nunca cometerás ese error de ponerte en mi contra —aseguró Thorfinn, caminando hasta donde su hija e intentó abrazarla, pero Paige corrió a tiempo para evitarlo. Pese sentido común, la chica corrió hacía donde estaba su amiga, aun sentada en el suelo, en lugar de salir por la puerta que quedaba a sus espaldas. Parecía que el miedo la estaba carcomiendo.
—Paige —susurró la castaña cuando sintió los brazos de su amiga aferrarse a ella.
Rowle volteó a verlas a las dos y se aproximó a paso decidido, sin embargo, de un momento a otro cambió de nuevo a ser Bellatrix.
—Hija, mi hija —llamó la mujer con esa voz de loca, haciendo temblar a Astoria. Pero cuando Paige volteó a verle, nuevamente apareció su padre, cubierto de sangre. Ambas chicas se miraron y luego voltearon a ver a lo que sea que estuviera frente a ellas, notando como ese ser, cosa o lo que fuera, cambiaba repetidamente de forma, intercalándose la apariencia entre Bellatrix y Thorfinn; hasta que quedó una mujer rubia de ojos azules con el cabello crespo, túnica masculina y cubierta de sangre brilloza, que al habar sonaba con voz de eco. —Hija, hija, mi hija... —era lo único que decía.
—Es un Boggart —analizó Astoria, ahora que lo que estaba frente a ella no le daba miedo ni le producía desconcierto. ¿Como no lo había notado antes?
—¡Larguémonos de aquí antes de que tome otra forma! —chilló Paige, jalando fuerte a la castaña para salir de la habitación sin mirar atrás. Llegaron a la sala común donde casi todos los Slytherin estaban agrupados, mirando con horror a las chicas que recién llegaba, sobre todo a Astoria, quien según esto estaba muerta.
—¿Pero qué pasó allá arriba? —Zabini fue el primero en abrirse paso entre los presentes para alcanzar a las chicas, que por la conmoción solo atinaron a abrazarlo y echarse finalmente a llorar a todo pulmón, balbuceando lo que había sucedido arriba.
—¡Era horrible! ¡Por un momento pensé que era verdad lo que estaba diciendo!
—¡Me quise morir cuando me dijo eso!
Las dos Slytherin chillaban y hablaban al mismo tiempo, por lo que, por más que los presentes quisiera, era difícil entender lo que decían.
—¿Qué ha pasado aquí? —la fuerte voz del profesor Snape se hizo presente en la sala, provocando un silesio absoluto. —Señor Zabini, retírese. —ordenó el profesor, jefe de la casa, para poder ponerse frente a las dos chicas.
Astoria miró por encima del hombro de Snape, descubriendo que detrás venía su hermana, Nott y Parkinson. Y como si eso no fuera poco, por el muro entraba la profesora Umbridge, seguida de Malfoy, quien estaba flanqueado por Vincent y Gregory, que tenían una cara como si les hubieran dicho que ya no había más comida.
—¿Y bien? —volvió a insistir el profesor Snape.
—Severus, ¿Qué ha pasado aquí? —preguntó la rechoncha mujer, acercándose a donde estaban las niñas.
—No lo sé, señora Directora —respondió con cierta indiferencia. —¿No estaba usted muerta, señorita Greengrass? —Astoria negó con la cabeza.
—¿Entonces todo ha sido una broma? —gruñó la mujer con cara de sapo, haciendo una expresión de enfado muy grotesca. —¿Me han sacado de mi despacho, con lo ocupada que estoy, por una broma de unos niños de tercero? —volteó a ver a Malfoy, quien palideció al instante, dejando ver el miedo de que tomaran represarías contra él. —Ustedes dos se merecen un buen castigo... —añadió, regresando su vista a las chicas que temblaron.
—¿Nada que decir? —intervino Snape, mirando con intensidad las orbes de esmeralda, como exigiendo que por lo menos mintiera en su defensa.
—Fue un Boggart, señor —contestó con vergüenza la Greengrass. —Un Boggart que tomó la forma de Bellatrix Lestrange y luego de Thorfinn Rowle.
—¿Tanto escándalo por un Boggart? ¿Qué acaso no les enseñan nada en este colegio? —bramó la directora, sin caer en cuenta que acaba de echarse a si misma un buen puñado de tierra, pues siendo ella la profesora de Defensas Contra las Artes Oscuras, ella era quien no les había enseñado como defenderse de esas criaturas, con suerte y Astoria podía decir que recordaba la teoría y descripción del Boggart, o ni siquiera hubiera sido capaz de explicar porque esa cosa había salido del armario y cambiado de formas tantas veces, matando de miedo a Paige y a ella misma.
—Si me permite decir, señora Directora. —habló tranquilamente el profesor de pociones. —Son solo chicas de tercero, que no tienen idea de cómo enfrentarse con esas criaturas. Seguramente se han aterrorizado porque su mayor miedo es ser asesinadas por unos mortífagos con ese historial, ya ve lo que sale en El Profesta, sobre lo peligroso que es Black y como se están reuniendo con él —Umbridge le dirigió una mirada con algo de reproche al profesor, pero no carraspeó ni dijo nada como seguramente lo hubiera hecho en otro caso. — Por lo visto los demás que presenciaron o alcanzaron a ver al Boggar de las señoritas Greengrass y Rowle también se asustaron, les fue difícil reconocer de buenas a primeras que no se trataba de los fugitivos de verdad. Lo que es desepcionante, pues es absurdo pensar siquiera en una posibilidad así con usted aquí presente, representando al ministro mismo, ninguno de esos fugitivos se atrevería a venir a Hogwarts. —aduló con falsedad, y provocó que en el rostro de sapo se dibujó una pequeña sonrisa de superioridad.
—Muy cierto Severus, sería absolutamente absurdo que esa gente se atreviera a entrar aquí, conmigo como directora —alardeó.
—Entonces, déjeme sugerir que, por cuestiones de las normas, usted suba a deshacerse del Boggart que está en el cuarto de las chicas, mientras yo pongo el orden en los alumnos de mi casa —sugirió, aunque más que nada parecía una orden.
—Está bien, Severus —aceptó la mujer, subiendo la escalera de una forma no muy grata y visiblemente mal humorada al tener que trabajar.
—¡Bien, vayan a sus dormitorios! —ordenó Snape a todos los alumnos. —Sin excepciones —añadió mirando a Malfoy de manera seria. —Y ustedes dos, a mi despacho —indicó a Paige y a Astoria, quienes asistieron sin chistar.
Salieron de la sala común y caminaron por las mazmorras hacía la oficina que pertenecía a Snape. El lugar, como al menos Astoria recordaba, estaba en penumbras y lleno de varios envases de cristal llenos de líquidos viscosos y cosas demás raras. El profesor se sentó detrás de su escritorio, indicándoles a las chicas, con una seña, que tomaran asiento frente a ellas.
—Una noche particularmente interesante —dijo Severus, mirando seriamente a las chicas. —¿Un Boggart? —preguntó desdeñoso. —Qué vergüenza que dos estudiantes de mi casa no sepan identificar a un Boggart y provoquen un alboroto de esta magnitud. ¿Sería tan amables de explicarme por qué? —entrelazó los dedos.
Astoria y Paige cruzaron miradas y suspiraron, para luego comenzar a narrar las cosas desde el momento en el que hacían sus deberes tranquilamente en la sala común, hasta que regresaron a la sala común donde daban por muerta a la pequeña Greengrass.
—Interesante Boggart, señorita Greengrass; ser la hija de Bellatrix Lestrangre, la imaginación no tiene límites. —comentó el profesor apenas terminaron de narrar lo ocurrido. — ¿Así que, si la señorita Rowle no se hubiera acercado lo suficiente para delatar a la criatura, tendríamos el castillo rodeado por Dementores en busca de una mortífago fugada de Azkaban? —se burló, haciendo sonrojar a las dos chicas.
Astoria se hizo más pequeña en el sofá, se sentía absurdámente ridícula por su boggard. El profesor Snape tenía razón ¿Como era posible que su mayor miedo fuera descubrir que era hija de Bellatrix? ¡Aquello ni siquiera tenía sentido!, y sin embargo el mundo se le había venido encima por unos largos y torturador minutos en los que había contemplado la idea como una posibilidad. Ser prima de Draco, tener por seguro la locura de Bella y encontrarse 100% expuesta al Lord Oscuro.
—Era difícil adivinar de lo que se trataba... son criaturas muy realistas —masculló la pelirroja, sacando a su amiga de sus pensamientos.
—¡Sentido común! —las reprendió Snape, poniéndose de pie y caminando un viejo armario cerca de una pintura extraña. Por un instante las chicas pensaron que otro Boggart saldría de ese armario; sin embargo, el profesor sacó un pequeño frasco naranja brillante. —La probabilidad de que esos individuos aparecieran en Hogwarts, es la misma que tienen ustedes para convertirse en Ministros de magia —les comentó con la lengua filosa de una serpiente, regresando al escritorio y ofreciéndoles la poción naranja.
—¿Qué es? —preguntó la castaña, mirando desconfiada el frasco brillante.
—Un tónico para descansar —respondió con indiferencia. —Que hoy se asustaran y estuvieran al borde de un infarto, no las exhorta de sus deberes y el lunes por la mañana quiero ese pergamino sobre las pociones que hemos visto durante todo este año escolar.
—Si señor —contestaron al mismo tiempo las chicas, tomando el tónico para darle un trago cada una, dejando el frasco de cristal, ya vacío, sobre el escritorio.
—Andaos y no se relajen de más, que aunque mañana sea domingo, el lunes quiero sus pergaminos sobre mi escritorio —volvió a señalar y las chicas asistieron. —No me haga arrepentirme de todos los puntos que le he dado, señorita Greengrass —añadió antes de que las chicas salieran.
Las amigas regresaron aturdidas y algo temerosas a su dormitorio, comprobando que todo había quedado como nuevo, aunque había un ligero aroma a caucho quemado. Se metieron a sus respectivas camas, sin siquiera tomarse el tiempo para cambiarse.
O-O-O
El domingo se levantaron ya pasado medio día y eso solo porque Daphne y Tracey se aparecieron para despertaran y ver como seguían. Pasaron media hora hablando de lo ocurrido la noche anterior, aunque Astoria prefirió omitir el detalle de que su Boggar era Bella diciendo que era su madre, cambiándolo por simplemente Bella queriéndola matar y de igual forma Paige mintió diciendo que su Boggart era su padre diciéndole que su madre estaba muerta, y no diciendo que él la había matado.
Se cambiaron apenas las Slytherin mayores dejaron el dormitorio y bajaron a comer en compañía de Cole y Leo, a quienes les contaron la misma historia que a Daphne y Tracey; comprobando que lo del Boggart se había esparcido como un rumor entre los alumnos del colegio.
Astoria notaba como Draco se topaba "casualmente" con ella cada tanto y siempre le dedicaba una mirada que parecía escudriñarla, como para comprobar que no estuviese mal. Y aunque aquello reconfortaba a la castaña, le era algo incomodo notar la presencia del rubio hasta en la biblioteca, vigilandola, acosándola y sin atreverse a dedicarle ni media palabra.
—Ustedes dos están locos —le murmuró Paige por lo bajo, cuando copiaban mutuamente sus apuntes.
—Él está loco —se defendió Astoria. —¡Me está acosando! —intentó no levantar la voz, no fuer a ser que Madame Pince las escuchara.
—Claro que está loco —admitió la otra chica. —Está loco por ti y tú por él. Pero par de orgullosos que resultaron ser ambos, que no se hablan más que para soltar veneno —aclaró con un tono como quien se confiesa ante el ministerio de magia.
—¿Sabes? —reprochó, arrugando la nariz. —Eso de la honestidad no va contigo —añadió y suspiró al ver de reojo como Draco volvía a pasar con un libro diferente a una distancia prudente y de manera tan despistada que muchos podrían afirmar que ni enterado estaba de que Astoria estaba en el mismo planeta que él.
—Vale, no te vuelvo a decir nada con respecto a él —sentenció Paige, con fingida indignación, mojando su pluma en el tintero.
Continuaron trabajando en silencio y calma, o al menos hasta que el descaro de Draco llegó a su límite. El rubio se puso justamente a un lado de ellas, paseando la vista por unos estantes en los que supuestamente buscaba un libro o algo. Y como si eso no fuera poco, no pasaron ni cinco minutos antes de que apareciera Pansy, sonriendo y de forma despreocupada llevaba varios pergaminos y unos cuantos tinteros.
—¿Ya has encontrado el libro que buscas, amor? —preguntó con su voz chillona.
—Si así fuera, no seguiría aquí —respondió con brusquedad, sin voltear siquiera a verla.
La indiferencia de Draco para con Pansy no pudo más que sacar una sonrisa del rostro de Astoria. Lo que fue un gran error, al menos un error dejar que la pelinegra lo notara, pues la prefecta notó esa sonrisa y de forma muy poco ortodoxa tomó un tintero de tinta roja y lo vació sobre la cabeza de la castaña, que por unos instantes se volvió pelirroja.
—¿Pero qué haces? —bramaron Paige y Draco al mismo tiempo, mientras Pansy reía y Astoria tenía un tic nervioso
—Vayámonos de aquí —sentenció la novia del príncipe de Slytherin, quien, de mala manera, fue quien termino sacando a jalones a Parkinson.
—¿Pero qué ha pasado aquí? —gritó alterada la señora Pince, viendo como la tinta roja manchaba algunos libros y el suelo de la biblioteca.
Para antes de que empezara la semana, la pequeña Greengrass y Rowle estaban castigadas y con veinte puntos menos para Slytherin. Al parecer la semana de exámenes había sido relativamente relajante en comparación a todo lo que les estaba pasando en los últimos días de escuela, en los que ya solamente deberían de estar repasando el curso y esperando los resultados de sus exámenes.
O-O-O
El lunes amaneció terrible y tenso para los de quinto año, y aunque los de Slytherin aparentaran desinterés por los TIMOs, era más que notorio, al menos entre ellos, lo nerviosos que estaban. Blaise repasaba el horario una y otra vez, intentando hacer notas mentales de lo que debería de estudiar y recordar cada día:
Primera Semana.
Lunes —Encantamientos
Martes —Transformaciones
Miércoles —Herbología
Jueves —Defensa contra las Artes Oscuras
Segunda Semana
Lunes —Pociones
Martes —Cuidado de Criaturas Mágicas
Miércoles —Astronomía y Adivinación
Jueves —Historia de la Magia
—Ya deja de leer eso, hermano —le regañó Draco, tomando el pergamino y poniéndolo a un lado. —Desayuna como la gente decente.
—¿Por qué ponen Historia al final? Mi cerebro no lo soportará —se quejó Daphne, quien había agarrado el horario y lo leía como si no lo hubiera visto antes.
—¿De que te quejas? —Theo suspiró, cruzando mirada con Blaise —Runas Antiguas el viernes, incluso tendremos un día de examen más —bufó de mala gana.
—¿Runas Antiguas? —Zabini le arrebató el horario a Daphne, y horrorizado comprobó que no había anotado la fecha de esa materia. Casi con media salchicha en la boca, sacó un bote de tinta y una pluma para añadir aquella asignatura.
—Eres caso perdido —comentó Nott, riendo entre dientes.
—Al menos si repruebas no la tendrás que tomar el año que viene —comentó Crabbe, riendo solo y ganándose miradas de reproche de parte de Blaise y Nott.
—Eso les pasas por tomar esa clase de materias —comentó Draco de forma burlona —Esa materia es para gente como la rata de biblioteca, que se pone a llorar en el hombro de la comadreja cuando no hay deberes o exámenes, una matada de primera —añadió, a lo que Crabbe y Goyle soltaron fuertes carcajadas.
—Hermano, cierra el pico ¿si? —bufó Blaise, dándole un codazo a Crabbe de una vez. —La materia es buena, que no te guste es otra cosa. Claro que tomando ciertos factores en cuenta, si por ti fuera no tomarías ninguna asignatura en la que estuviera Granger, te castra el hecho de que sea mejor que tú. —añadió desdeñoso.
—Pero que carácter —el rubio puso los ojos en blanco, llevándose una tostada a la boca. —Y no es mejor que yo... al menos no en pociones.
—Porque eres el favorito de Snape —dijo Daphne, sonriendo con burla y viendo como el chico le lanzaba una mirada asesina.
—Será lo que sea, pero al menos no se quema el jugo de salamandra —respondió con veneno. Daphne resopló, pero prefirió no seguir el juego.
—Hablando de quemar pociones, ¿donde está Pansy? —preguntó Theo, mirando a los alrededores, comprobando que la chica no había hecho su aparición.
—Te aseguro que estudiando no está —comentó Blaise, dejando su plato vacío de lado y sacando más pergaminos para anotar algo mientras miraba el horario.
—No tengo idea, pero no me amargues el desayuno, ¿quieres? —resopló Malfoy cuando notó la mirada de su castaño amigo. Theo se encogió de hombros.
Daphne, quien compartía habitación con Pansy, sabía que la pelinegra no aparecía porque ella había apagado el despertador y la chica seguiría dormida. ¿Cruel, verdad? Pero aquello era una pequeña venganza porque el día anterior le había tirado la tinta roja encima a su hermana. Si, Daphne se había enterado de aquello cuando encontró a limpiando las ventanas del segundo piso a mano y Astoria aun tenía tinta roja en el cabello. Y como nadie se metía con una Greengrass sin pagar el precio de aquello, bueno, quizás su hermana jamás se enteraría y posiblemente no causaría mucho daño, pero se sentía bien amargarle la vida un poco más a la cara de perro. ¿Y por qué un poco más? Porque la noche anterior Draco ya le había amargado la vida cuando le había puesto un libro en la cara cuando ella buscaba besarlo.
El desayuno terminó y los alumnos de quinto y séptimo se congregaron en el vestíbulo mientras los demás estudiantes subían a sus aulas. Dieron las nueve y media y los llamaron clase por clase para que entraran de nuevo en el Gran Comedor. Tal cual lo predijo Daphne, Parkinson apenas bajaba por las escaleras, y poco le falto a la profesora McGonagall para no dejarla entrar a presentar el examen de Encantamientos; pero al final accedió, aunque la acomodó a gran distancia de su grupo, por lo que no le sería nada fácil intentar copiar mirando sobre el hombro de Draco, Blaise o Theo, quienes generalmente le acomodaban las notas que viera mejor.
Maldiciendo en voz baja, Pansy se acomodó en el lugar asignado y observó el lugar. En el Gran Comedor ya no estaban las mesas de las casas, si no varios pupitres individuales y acomodados en hilera, el grupo de Malfoy estaba entre las primeras filas, muy cerca de donde generalmente estaba la mesa de los profesores. Frente a todos se encontraba la profesora McGonagall, quien permanecía de pie y mirándoles con severidad. Cuando todos se hubieron sentado y se hubieron callado, la profesora McGonagall habló.
—Ya pueden empezar —y dio la vuelta a un enorme reloj de arena que había sobre la mesa que tenía a su lado, en la que también había plumas, tinteros y rollos de pergamino de repuesto. Y así dieron inició los exámenes para todos.
O-O-O
A diferencia de los exámenes que Malfoy había tomado en los cursos previos, los TIMOs fueron un verdadero dolor de cabeza, sobre todo cuando llegó el practico de Encantamientos y el imbécil de Potter se lució con su desdichado Patronus. Y como si eso no fuera poco, se le había caído la copa de vino que hacía levitar; mientras la cabra o esa cosa con cuernos del cara rajada galopaba por el aula, su copa se estrellaba contra el suelo y se hacía añicos.
—Hermano, ya tranquilizate —le decía Blaise durante la cena. —Si te vas a poner así por cada cosa que haga Potter o alguno de sus amigos, ya estuvo que no vas a poder pasar ningún TIMO con una nota mejor que Crabbe o Goyle —comentó, notando la mirada de reproche de los susodichos, pero el moreno solo sonrió.
—¡Es que siempre se tiene que andar pavoneando por ahí! ¡Arg! —masculló con todo el desprecio del mundo, agarrándose la cabeza como si le doliera.
—No sé en cual me fue peor, si en el de teórico o en el de practica —se quejó Pansy, evidentemente aislada de la conversación.
—El practico no era tan difícil —dijo Theo en vista de que nadie más decía algo —Bueno, fuera de los nervios por los examinadores, los grados que vamos a obtener y como influenciará en nuestro futuro, ya habíamos hecho todos los encantamientos antes...
—Me voy a los dormitorios —interrumpió Draco, haciendo caso omiso a sus compañeros y poniéndose de pie. La cabeza le estaba doliendo de forma insoportable. —Voy a dormir —añadió cuando vio como Pansy se ponía de pie con toda la intención de acompañarlo.
—¿Te despierto para ir a dar las rondas? —preguntó la pelinegra, viendo como el rubio tomaba sus cosas. Draco no contestó y se alejó con largos pasos elegantes. —Tomaré eso como un sí —dijo para sí misma y continuó comiendo con el grupo de amigos de siempre.
Malfoy llegó a la sala común de Slytherin, lo suficientemente cansado y fastidiado como para no ponerle cuidado al grupo de jóvenes serpientes que estaban ahí platicando, ni tampoco a las niñas revoltosas que parecían conformar un mini-club de admiradoras.
—¿Qué le pasará? —comentó Cole cuando el rubio se perdió en las escaleras. —Ni siquiera reparó en sus amiguitas —añadió con veneno.
—¿Por qué le tienes que poner cuidado? —le recriminó Paige, mirando a Astoria, quien tenía la expresión afligida. —Ese odio tuyo se puede interpretar como que te gusta —añadió con sorna, intentando sacarle una sonrisa a su amiga, pero solamente Leo rió un poco, mientras que Cole se molestó.
—Bueno, yo solo decía —se defendió. —Los exámenes deben de ser terribles como para dejarle una cara así —Leo de asistió con una risa a su amigo, realmente no tenía mucho que decir además de comer chocolate; pero Rowle frunció el entrecejo ante la respuesta, mirándoles con reproche.
—Voy por algo al dormitorio —murmuró Astoria, ajena a la discusión; se puso de pie y alejó tan rápido como pudo, pero sin llegar a correr.
—Mira lo que conseguiste —la pelirroja tenía los labios apretados, en una mueca de profunda molestia con ellos.
—Quería animarla, no que se sintiera mal por ese imbécil —argumentó el Slytherin de cuarto año.
—Ninguno de ustedes dos entiende que ella sigue queriendo a "ese imbécil" —bufó la chica, dándole un disimulado puntapié a Dolohov para que no se riera.
—¡Au! ¿Yo qué culpa? —se quejó el castaño de ojos avellanas.
—Por reírte —la pelirroja arrugó la nariz y por un momento permanecieron en silencio, pero de repente los tres soltaron una carcajada.
Mientras tanto en el dormitorio de los chicos había un rubio que de lo último que tenía ganas era de reír. El chico ya se había quitado la túnica, los zapatos, la corbata y apenas desabrochaba su camisa cuando alguien llamó a la puerta. Frunció el ceño, pues era ilógico que fuera alguno de sus compañeros, ellos no tenían razón para tocar la puerta, así que siguió desvistiéndose. Escuchó otro golpe y pensando que era Pansy fue a abrir la puerta de mala gana, si reparar en su parcial desnudez.
—Te dije que quiero dormir —bramó apenas y abrió la puerta. Le tomó un par de segundos identificar que en el umbral estaba una castaña de ojos verdes y no una pelinegra de ojos oscuros como el carbón.
—De hecho, tiene mucho que no me diriges la palabra —respondió Astoria encogiéndose de hombros. —Pero te dejo descansar —puntualizó, girándose despectivamente y haciendo hondear su cabellera caoba y ondulada. Había sido una mala idea ir detrás de Draco, ellos ya no eran nada, pero en el fondo seguía negándose a la idea, seguía sintiendo celos, seguía sintiendo preocupación por él y se estaba volviendo loca con todos aquellos enfrentamientos, desplantes y demás entre los dos.
—Espera —alcanzó a murmurar el rubio, tomando la mano de la chica para meterla bruscamente al dormitorio, cerrando de inmediato la puerta con seguro.
—¿Qué te pasa? ¿Qué crees que haces? —farfulló sorprendida y asustada, su instinto de supervivencia le estaba dando una patada en la cabeza mientras le gritaba: ¡Te lo dije!, no había sido buena idea ir a buscar a Draco —¡Abre esa puerta! —exigió desesperada, pero el chico estaba de pie frente a la puerta y no la dejaba salir.
—¿Miedo, Greengrass? —sonrió con arrogancia, el dolor de cabeza ya se le había pasado. —Tú viniste voluntariamente a mí —agregó con altanería.
—Bueno... yo... —comenzó a balbucear. Maldecía el no haberle hecho caso a su sentido común, aquello no era nada bueno. Estaba nerviosa y sentía como el corazón se le iba a salir desgarrándole el pecho, además la desnudez de Draco no ayudaba mucho.
—¿Tú qué, Greengrass? —la expresión de superioridad del rubio había desparecido, ahora era seria con una pizca de reproche.
—Quería saber si estabas bien —confesó, cruzándose de brazos, pues las manos le comenzaban a temblar. Sus orbes verdes estaban clavadas en el pomo de la puerta, no era capaz de ver a Malfoy directamente, asimismo estaba pendiente de la puerta porque le tenía los nervios de punto, ¿Qué tal si alguien quería entrar en esos momentos? ¿Qué tal que Pansy decidiera ir en busca de su novio? ¿Qué pasaría si alguien se daba cuenta que estaba ahí con él?
—¿Te importa? —bufó con ironía y cierto toque de burla. Por la actitud que había tomado Astoria en los últimos días, Draco juraría que la niña lo odiaba.
La pequeña Greengrass se quedó mirando a su prometido por unos segundos, se sentía igual que en su segundo año, cuando le había dicho que eran prometidos. Tenía dos opciones a tomar: decirle lo que sentía de verdad, lo que pensaba, ser honesta y arriesgarse a ser juzgada por él; o bien podía mentir, ser indiferente y agregar más tabiques al muro que los separaba en esos momentos.
—Pues... —susurró, pero antes de formular alguna cosa coherente que decir, Draco se le adelantó.
—Por supuesto que no —dijo el rubio entre amargura e ironía, burlándose un poco de los dos. —Seguramente solo viniste a joderme más —reprochó, pero sin dejar la burla en su tono de voz. —Me alegra mucho que muestres los colmillos, aunque sea en mi contra. Ya era hora de que demostraras que eres digna de ser llamada serpiente... lástima que sea algo tarde para actuar como la princesa de...
—¡Claro que me importa! —le interrumpió, con los ojos cristalizados. ¿Cómo alguien era capaz de decir tanta idiotez junta? Aunque quizás en el fondo tenía razón, era algo tarde para actuar, en eso debió de haber pensado antes de unirse a los grandes enemigos de Malfoy.
—¿Qué demonios te va a importar? —resolló con enfado y rodando los ojos. Draco quería creer que su niña decía la verdad, aunque le podía más el orgullo, el resentimiento y la dignidad en esos momentos. ¿Cómo aceptar que aún la quería? ¿Cómo perdonarle por engañarlo? ¿Cómo mandar al demonio todo para darle un beso?
—¡Pues si me importa! ¡Tú, grandísimo idiota cabeza dura! —gritó desesperada ante la infamia de Malfoy. Astoria podía entender que el rubio estuviera resentido por lo que había hecho, pero eso no era justificación para poner en tela de juicio sus sentimientos.
—¡Te he dicho que no me insultes! ¡Maldita mocosa caprichosa! -le respondió, sin llegar a levantar mucho el tono de voz, aunque si se reflejaba la rabia que tenía en esos momentos. Se aproximó a pasos rápidos hacía ella, la tomó de las muñecas bruscamente y la empujo hacía la cama de Zabini, dejándola acostada y asustada. Se subió sobre ella para someterla, sin soltar las muñecas, aunque evitando hacer presión, no era su intención hacerle daño.
—¡Suéltame! —chilló desesperada, forcejando para liberarse, aunque era inútil, pues Draco era notablemente más fuerte que Astoria.
—¿Te parece divertido estarme dejando en ridículo? —le recriminó —¿Te divierte verme la cara de idiota? A que tú y la bola de imbéciles amigos de Pipipote se reían a mis espaldas. ¡La novia del príncipe de Slytherin, apoyando a los sangre sucia y traidores de la sangre!
—¡Draco, suéltame! ¡Me estás asustando! —gruesas lágrimas rodaron por sus pálidas mejillas, ni siquiera estaba poniendo atención a lo que decía el rubio, solo quería salir corriendo de ahí; ese no era el Draco que ella conocía, al que quería, él jamás hubiera empleado la fuerza bruta.
El rubio la observó unos instantes, él si puso cuidado a las palabras de Astoria y cayendo en cuenta de lo que estaba haciendo la soltó.
—Esto ya ha llegado demasiado lejos —murmuró más para sí mismo que para su compañera, al tiempo que se ponía de pie y se alejaba para sentarse en su cama, apoyando su cabeza en uno de los finos postes de plata que sostenían el adoselado. La castaña se sentó en la cama donde minutos antes él la había aprisionado, si bien era su mejor momento para salir huyendo de ahí, para ponerle punto final a esa disputa, no quería dejar las cosas así.
—Sé que no me vas a creer —comenzó a decir con voz suave, como si temiera que alguien más aparte de Draco la escuchara. —Sé que estás muy molesto y decepcionado de mí, cabe destacar que no eres él único, parece ser que por hacer mi santa voluntad termino defraudando a los que quiero —sonrió amargamente, con la vista perdida en la araña verde que colgaba del techo. Sin notar que los ojos grises estaban posados sobre ella, dedicándole toda la atención del mundo. —Mentiría si negara que formé parte del Ejercito de Dumbledore, mentiría si negara que no disfruté formando parte del grupo, mentiría si dijera que no a aprendí mucho y que no estuve haciendo lo que creo correcto...
—¿Te parece correcto lo que ellos hicieron? —resopló con fastidio.
—¿A ti te parece correcto menospreciar a alguien solo por no tener la sangre "limpia"? —ironizó en contra-ataque.
—Por supuesto —aseguró con autosuficiencia —Esa escoria no merece hacer uso de la magia, no saben nada de nuestro mundo...
—Y nosotros no sabemos nada del de ellos —le interrumpió.
—¡Nosotros no necesitamos nada de los muggles! —bramó molesto
—Bien, Draco. No te haré cambiar de opinión sobre eso —suspiró con resignación. —Solo quiero que sepas que, pese a que no comparto tus ideas, o la de nuestras familias, nunca los traicionaría...
—¿A no? ¿Y cómo defines tú el unirte al grupo de Potter y su trío de enchufados? —Draco se puso de pie y se acercó peligrosamente a Astoria, quien se hizo pequeña en su lugar, temerosa de otro atauque de furia por parte del rubio; aunque para su sorpresa el chico solo se sentó a su lado, mirándola con seriedad. —Anda, te escucho. Explícame entonces, ¿por qué te uniste a ellos si dices que jamás nos traicionarías?
—Porque pensé que era lo correcto —murmuró. —No lo vi como algo que fuera en su contra, solo aprendíamos a defendernos y yo... —la voz se le fue al formular el pensamiento: El rostro pálido y demacrado de Bellatrix sonriendo y reflejando la demencia pura, sus ojos negros y llenos de maldad; un rayo verde dirigiéndose a ella, invocado por el mismo Draco a orden de su tía. O la ridícula versión de su Boggart; la cruel voz de la bruja diciéndole que eran parientes, que ella estaba destinada a seguir el mismo camino que Bella. Las lágrimas se agruparon en sus largas pestañas, y tras un ligero temblor, rodaron por sus mejillas. Apenas y tomó aire para seguir hablando con un hilo de voz —Yo tengo miedo, mucho miedo, Draco —alcanzó a articular.
—¿Miedo de qué princesa? —quizás eran las lágrimas de Astoria las que derretían siempre la indiferencia del rubio, el verla sufrir lo hacía olvidar lo demás.
—¿Que acaso no te enteraste de la forma que tenía mi Boggart? —chilló exasperada.
—Mi tía —la expresión de Draco era entre sarcástica e incompensable. —¿Te da miedo mi tía se escapara de Azkaban? —Astoria resopló.
—Miedo de una guerra —confesó, haciendo un puchero. —Miedo del regreso del Señor Tenebroso. Miedo de que los muertos no solo sean muggle sin nombre, o sangre sucias desconocidos, si no que mueran amigos, conocidos, familiares... —la voz se le ahogaba con el llanto involuntario, e intentaba tranquilizarse a si misma, abrazándose y respirando hondo. —Tengo miedo de que algo malo les pase a los que quiero, solo por no haber escogido el lado correcto.
El joven Malfoy la miró por unos minutos, minutos que parecieron ser años. Indeciso de si sería correcto abrazarla y reconfortarla, decirle que nada les pasaría estando del lado de Voldemort. Suspiró y se frotó el rostro para despejarse un poco, para pensar con más claridad.
—¿Sabes que pasándote del otro lado lo único que conseguirás será que te maten a ti y a tu familia? —analizó en voz alta. Astoria ahogó un gemido, recordando las palabras de Paige.
—Yo jamás haría nada que los pusiera en peligro —susurró. —Sé que no cambia nada decir esto, pero cuando leí el artículo de El Quisquilloso, me retiré del grupo de Harry —Draco le dirigió una mirada de incomprensión. —Mi intención es hacer lo correcto, pero no está en mis planes poner la cabeza de la gente que quiero en charola de plata para los que se hacen llamar "Los buenos". —explicó —Puede que tu padre no sea el hombre más intachable del mundo, de hecho, el mío tampoco lo es, pero los quiero demasiado como para ver como terminan sus días en Azkaban por tomar malas decisiones.
—Astoria... —Malfoy se quedó sin palabras en esos momentos, y una pequeña sonrisa de lado se formó en sus labios.
—No espero que me entiendas, porque posiblemente ni yo misma me llego a entender —se encogió de hombros y se rió de sí misma. —Solo quiero que quede claro que jamás ha sido mi intención lastimar a nadie, ni humillarte, ni burlarme de ti, ni ser motivo de deshonra para mi familia... —hizo una pausa y jugueteó nerviosamente con su túnica —... Malfoy, tu familia también es mi familia, y te agradezco mucho que no mencionaras nunca los motivos por los cual terminaste conmigo, yo no soportaría que nuestras familias se sintieran avergonzadas de mí. Suficiente es que mi padre esté molesto por nuestro fallido noviazgo, como para añadirle un disgusto más.
El rubio tomó aire, sin despegar sus ojos de ella. Astoria era demasiado ingenua, impulsiva y rebelde para su propio bien. Quería enojarse con ella, pero realmente le era imposible hacerlo después de escuchar lo que le acaba de decir. Se mordió el labio inferior, dudoso de confesar la verdadera razón por la que habían terminado, y es que algo dentro de él le decía que después de la sinceridad de Tory, lo menos que merecía su niña era saber que él no la odiaba; puede que siguiera resentido por la mentira y el engaño, pero no la odiaba, al contrario.
—Astoria —la llamó con firmeza, tomando las pequeñas manos de ella entre las suyas. La miró directamente a los ojos, sin encontrar del todo las palabras correctas para expresar su sentir o confesar la verdad. —Tendría que ser un idiota para decirle a nuestros padres lo que has hecho, sería una verdadera estupidez hacerlo con lo caro que me ha costado el silencio...
—¿Qué? —inquirió arrugando la nariz ante el desconcierto. Draco sonrió con arrogancia, ¿qué más daba alardear un poco diciendo la verdad?
—Que me ha costado caro el silencio de Pansy para que nadie sepa que formaste parte del circo de Potter —confesó finalmente, manteniendo una sonrisa de medio lado, que se alargó por su rostro cuando Astoria abrió la boca en una perfecta "O" de asombro ante las palabras de su prometido. —¿Creíste que era pura suerte o coincidencia que Pansy no dijera nada a nadie más sobre tu jueguito?
—No es era un "jueguito" —se defendió, haciendo un puchero más pronunciado, que lucía adorable para los ojos grises. —Y no me había puesto a pensar en eso, creo que ahora entiendo porque no me castigaron como a los demás miembros del ED. —el príncipe de Slytherin sonrió con arrogancia y asistió.
—La razón por la que la profesora Umbridge no notificó a tus padres, como lo hizo con los demás, la razón por la que Pansy no ha sacado a relucir el tema en tu contra y nadie de Slytherin te ha tratado mal, es por mí —aseguró con altanería, sintiéndose orgulloso de sí mismo, esperando interiormente que la castaña se lanzara sobre él a cubrirlo de besos; claro que eso último no ocurrió, pero al menos el rostro de Astoria pareció iluminarse y una sonrisa un tanto tímida apareció en su rostro.
—¿Tú? —Draco asistió con la cabeza. —¿Por eso terminaste...? —Draco volvió a asistir sin que ella terminara de formular la pregunta. —¿Y regresaste con ella por...? —el rubio soltó una pequeña risa y de nuevo asistió.
—¿De verdad pensaste que te dejaría morir? —sonrió y negó con la cabeza. —¿En que mal concepto me tienes? —añadió, pero sin sonar desagradable.
—La verdad, jamás reparé en esos detalles —confesó con cierta vergüenza. —Simplemente pensé que estabas enojado conmigo y a eso se reducía todo...
—Uhm... no sé si alegrarme o molestarme por tu falta de malicia —resopló el chico. —Sin afán de insultar, pero es increíble que no veas más allá de tus narices; realmente aquí pudo explotar algo muy grande —dijo seriamente, mirando a Astoria directo a los ojos —Algo tan grande que hasta tu padre te pudo cambiar de colegio y mandarte, por ejemplo, a Durmstrang.
—No lo había visto jamás así —volvió a confesar, estremeciéndose ante la idea. Era verdad que nunca había reparado en las verdaderas consecuencias que había tenido por sus actos. Sonrió de nuevo y sintió un calor en sus mejillas, igual que el revoloteo de varias mariposas en su estómago, ¿qué sería de ella si su príncipe no la hubiera estado cuidando? Si había algo que distinguía a Draco era que tenía palabra, él había prometido protegerla y hasta la fecha no había faltado a su promesa.
—Y reitero de nuevo —dijo el chico, dándole un golpe en su pequeña y femenina nariz de botón —No ves más allá de esa naricita tuya —sonrió de lado.
—Me alegra entonces que tú si tengas visión, más allá de esa nariz respongina —añadió en el mismo tono, dándole también un golpesito.
—Cierto —aceptó con altivez —¿Qué sería de ti sin mí? —el rubio negó con la cabeza, provocando que unos cuantos mechones platinados se desacomodaran.
—Seguramente ya me habrían expulsado por irreverente —se rió un poco y se encogió de hombros. —O me habría ido como los Weasley —Draco hizo una mueca de disgusto ante la comparación pero asistió con la cabeza.
—No tienes remedio, Greengrass —llevó su mano a la cabeza de Astoria, posándola en su coronilla y despeinando con afecto a su niña.
—Tú tampoco, Malfoy —soltó una pequeña risa y se abalanzó sobre él, dispuesta a acurrucarse en su pecho como hace semanas que no lo hacía, necesitaba de su calor, de su aroma a canela y sus fuerte brazos envolviéndola. Pero antes de que siquiera se pudieran fundir en ese abrazo que tanto necesitaban los dos, detrás de la puerta se escuchó un claro "Alohomora", seguido del seguro de la puerta y luego la claridad del pasillo inundó el dormitorio.
—¿Pero qué diantres están pensando los dos? —recriminó Blaise al encontrar a la pareja sobre su cama, a Draco solo con unos pantalones y a Astoria con el cabello tan enredado como el de Granger.
—Te juro por Salazar Slytherin que esto no es lo que parece —alcanzó a decir Astoria, con las mejillas completamente rojas al sentirse descubierta.
—¿Qué tal que hubiera entrado Pansy? —les reprendió a los dos.
—¿Qué tal que en esta escuela aprenden a tocar la puerta? —bufó el rubio, poniéndose de pie y tomando su camisa de donde la había tirado para ponérsela.
—¿Ya para qué? —masculló Astoria entre dientes. —Te hubieras vestido antes de abrir la puerta.
—No te quejaste mucho cuando te recibí así —comentó mordazmente el susodicho.
—Bueno, ¿pero que se traen ustedes dos? —les recriminó el moreno que seguía parado en el marco de la puerta, con su varita en mano. —Astoria, sabes de ante mano que no debes estar en el dormitorio de los chicos. Además, que tu amiga pelirroja te anda buscando. ¿Y tú, hermano? ¿Qué tienes en la cabeza? ¿Sabes lo que pudo pasar si ella hubiera venido a buscarte?
—Me hubiera ahorrado el trabajo de mandarla por un tubo de una buena vez —contestó de mala gana el chico.
—¿Lo dices de broma? —Zabini volteó a ver a Astoria y luego a Draco. —¿Se lo dijiste?
—Claro que se lo dije —respondió el heredero Malfoy. —Ya estoy hasta la coronilla de que Parkinson piense que me tiene en sus manos, los Malfoy no nacimos para ser manipulados ni chantajeados.
—Bien, ¿y por eso vas a dejar que a Astoria se la lleve un trol cuando todos se enteren de que perteneció al circo de Potter? —espetó con desaprobación.
—Obvio que no —se apresuró a contestar. —Sigo pensando en cómo mantener la boca de Pansy cerrada, pero no podía seguir aguantando la forma en la que mi prometida me estaba tratando, ¿sí? —dijo como si la castaña no estuviera presente.
—¡Hola! ¿Me recuerdan? —exclamó y saludó con las dos manos, llamando la atención de los chicos. —No soy un retrato en la pared, sigo aquí.
—No deberías —le remarcó Blaise. Astoria puso los ojos en blanco y resopló.
—¿Qué no hay nada que tengan en contra de Pansy? —preguntó a los chicos que por las expresiones que tenían la respuesta era negativa. —¿Ni una sola cosa con la que la puedan chantajear? ¡De verdad que dudo que tenga una reputación intachable! —resopló con desesperación.
—La conozco de hace 15 años —habló Draco. —Y si bien tiene una pésima reputación, créeme que le vale un soberano moco de duende que la gente se entere de sus cosas, si hasta ella misma alardea de las malas...
—De hecho —le interrumpió Zabini, sonriendo con malicia. —Yo le conozco algo que estoy seguro no le caerá en gracia... —miró de manera aleatoria sus amigos, sin perder la sonrisa. —Pero necesito un día o dos para confirmar ciertos detalles y luego hablaremos de cómo me deben una —añadió, dándose aires de misterio.
—¿Te he dicho que das miedo cuando quieres? —comentó Malfoy, enarcando sus perfectas cejas entre el asombro y la burla.
—Jura que, si no es porque te estoy viendo, te imaginaría como un villano del sigo XV acariciándote el bigote —aportó Astoria, riendo estrepitosamente.
—Muy chistosos los dos —se defendió el moreno, pero también terminó contagiándose de las risas de sus amigos.
—No, ya hablando, en serio. ¿En qué demonios estás pesando, Blaise? —insistió Draco, con un brillo de avaricia en los ojos. Necesitaba información, información que le permitiera pagarle a Pansy con la misma moneda.
—No seas impaciente, hermano, todo será a su tiempo —respondió solemnemente y sonriendo con complicidad.
Al cabo de unos minutos entre burlas y risas, terminaron echando a Astoria del dormitorio de los chicos, antes de que Crabbe, Goyle y Nott hicieran su aparición. Hasta donde daban crédito, Nott debería estar estudiando Runas, y los dos gorilas deberían estar comiendo, pero igual era mejor no tentar a la suerte. Sin oportunidad de siquiera darle un abrazo o algo a Draco, Astoria salió sigilosamente para que nadie notara su presencia, aunque entrando a los dormitorios de las chicas se topó con Parkinson, quien la miró desdeñosamente. Quizás era demasiado pronto para dar la batalla por ganada y para proclamar una reconciliación con su rubio, pero la pequeña Greengrass sonrió con altanería a la pelinegra y se sintió superior a ella. Estaba segura de que esa noche Pansy no tendría dulces sueños.
Llegó al dormitorio que compartía con Paige, comprobando que la pelirroja no estaba, se apresuró a cambiarse y meterse a la cama, cerrando las cortinas para no ser molestada. Esa noche no quería contar nada de nada, por el momento, esa noche sería un pequeño secreto entre Draco y ella, y bueno, Blaise también. Se metió a dormir con energía renovada, esperando que al despertar mañana no pasara mucho tiempo para ponerle fin a lo que se había vuelto una pesadilla esas últimas semanas.
