Año 42
Distrito 5
Terrence Trafford - 16 años
Darriel permanece sentado al fondo de la habitación, entre las sombras, fumando un cigarrillo, parece relajado pero en breve será un águila sobre mí, al pendiente de todas mis reacciones. Por su parte, la señorita Burnett, con sus anteojos casi en la punta de la nariz está dormitando, tras la extenuante tarea de lidiar conmigo estas últimas horas. Ni para las entrevistas con Caesar sufrió tanto la mujer conmigo.
La verdad es que ya hace bastante tiempo que tengo claro que las cosas en Panem no son ni serán justas y había aprendido a vivir con ello. Pero sobrevivir a los juegos ha inutilizado algunos de mis filtros, es por eso que hoy me acompañan mi mentor y mi anciana escolta, ya no tengo un criterio confiable, pues desde que salí de la arena y tras mi recuperación, mi lengua se ha convertido en un arma peligrosa que suelo esgrimir especialmente en mi contra.
La victoria me ha agriado el carácter y el día de hoy no puedo sino ser dulce y agradecido, ya que las chicas que más me apoyaron durante los juegos vendrán a conocerme. Priscilla, Jessalyn y Narelle son chicas capitolinas de mi edad, tres niñatas consentidas que nadan en lujo y dinero, a las que nunca les ha faltado nada, que no saben lo que cuesta ganarse la vida y que jamás tendrán que jugársela como yo.
Repaso las fotos del club de fans que me han armado, que decoran una de las paredes de la habitación, y pensar que en parte les debo la vida me indigna, ellas no estuvieron ahí y nunca tendrán que vivir nada parecido.
Cuando la campanilla resuena en la habitación, mi pierna está a punto de abrir un orificio en el suelo de mármol rosa. Mi mentor y mi escolta se ponen en movimiento para la gran función. Él abre la puerta y la señorita Burnett me da un afectuoso apretón, en su intento de subirme los ánimos.
En un colorido y bullicioso tumulto llegan nuestras ilustres invitadas: ―¡Terry T! ¡Terry T! ¡Terry T…!― Corean en cuanto entran en la sala del hotel, que se ilumina con una parafernalia caleidoscópica. Las chicas se acercan animadas, sonriendo y Darriel es el primero en acudir hasta ellas.
―Bienvenidas, señoritas. Tengo el honor de presentarle a Terrence Trafford, gracias a ustedes nuestro más reciente vencedor.
Me tenso de inmediato, irguiéndome y apretando el agarre de mis manos tras la espalda, me obligo a sonreír, tratando de ocultar el desprecio generalizado que siento por el Capitolio y sus habitantes.
―Yo soy Priscilla ―Vocifera una chica castaña, envuelta en un vestido de volantes verde neón, que se acerca a grandes zancadas con una enorme sonrisa.
Las otras tres chicas parecen no querer opacar el protagonismo de la líder, permanecen detrás y más atrás un par de guardias uniformados de negro se posicionan a ambos lados de la puerta.
―Un gusto conocerte― Le tiendo la mano, a fin de estrecharla y capto el gesto apremiante de mi escolta, por lo que le doy un tenue beso en el dorso.
La chica amplía su sonrisa, encantada, entonces presenta a sus acompañantes.
―Estas son Jessalyn y Narelle, y mi hermana Pamela, que se ha colado.
La más pequeña de las tres se ruboriza como un tomate tras la observación y esa tontería me enternece. Es la única que no presenta un maquillaje recargado, y su atuendo también parece un poco más normal, aunque no por ello menos lujoso. Le sonrío y, a manera de rebeldía, decido dedicarle toda mi atención.
―Supongo que si te has colado es porque no apostabas por mí… ―Le señalo una vez que, tras el correspondiente beso a las otras muchachas, retengo su mano cerca de mis labios.
―La verdad… ―Intenta responder, pero Priscilla, atenta a cada uno de mis movimientos se adelanta a su hermana respondiendo:
―La verdad es que es una tonta a la que no le gustan los juegos y no los ve… Pero papá me ha obligado a traerla, no te preocupes los grandotes aquellos están para cuidar de ella. Otra exigencia de papá.
La señorita Burnett se acerca e invita a las chicas a sentarse, Darriel me dedica una mirada asesina, mientras tomo asiento al lado de la pequeña Pamela a la que vuelvo el centro de mi atención.
…
De alguna manera pude sobrevivir a aquella entrevista y a los actos protocolares que le sucedieron. De alguna manera esa pequeña pecosa, de sonrisa velada y constante expresión consternada me sostuvo aquella primera vez. Pero fue Darriel quien me permitió darme cuenta de que se puede seguir siendo fiel a uno mismo, pese a las cosas que nos toquen aguantar. Contar con él me hizo reparar en que no soy el único que tuvo que someter sus principios, pero también me dijo que todo el sacrificio no sería en vano.
Sólo somos tres vencedores en el Cinco, pero hay muchos que no nos conformamos con bailar al ritmo que nos marque el Capitolio, durante mi gira de la victoria les conocí, incluso entre aquellos de los más populares… también entre los mayores, aquellos que llevan más tiempo cargando esta cruz. El mantener una buena relación con el Capitolio es la principal ventaja que debemos mantener, el poder movernos en sus círculos, conocer sus debilidades, explorar la posibilidad de encontrar aliados. Sí, en un principio perdí el camino y me dejé abrumar por el dolor y el arrepentimiento, pero ahora más que nunca sé a dónde quiero llegar.
Los juegos deben terminar, la rebelión es nuestra única salida y nosotros tenemos sobre nuestros hombros la responsabilidad de liderar a nuestros distritos.
¡Hola! ¿Qué tal? ¿Cómo les sigue tratando el 2020?
El año pasado nuestro Lars sobrevivió por su cuenta bastante tiempo, tenía muchas aptitudes para ser sigiloso, pero además se atrevió a probar los pocos frutos de los que se disponía en la arena, debió ajustar radicalmente, se dijo que se valdría por sí mismo y que si estos frutos llegaban a ser venenosos era mejor morir así que atacado por tributos que se defendieran de sus robos. Sin embargo, aun no ha llegado el día en que un chico de 14 años gane los juegos.
Esa edición fue ganada por Derek Teal de 17 años del D3.
SS.
