Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?


Acto III: Madurez (El juicio de las almas)

Escena 15: Los huérfanos del destino.

"¿Los piratas son malos?

¿Los Marines son justos?

Estos términos siempre han cambiado a lo largo de la historia. Los niños que nunca han visto la paz y los niños que nunca han visto la guerra tienen diferentes valores. Aquellos que están en la parte superior determinan lo que está mal y lo que es correcto. Este lugar es un terreno neutral ¿La Justicia prevalecerá?

¡Pero por supuesto que lo hará!

¡Quien quiera que gane esta guerra se convertirá en La Justicia!"

- No tengo más que agregar, señores- dije finalmente, soltando todo el aire que había retenido cuando inicié.Mis ojos se cruzaron con los del abuelo, luego los de Sabo, aceptando con franqueza que aquello era lo más difícil que había hecho en la vida.

Los jueces guardaron un silencio que se prolongó demasiado. Al menos a mí me pareció una eternidad.

Me dió mi tiempo suficiente para recordarlo todo:

Desde que salté de la Tierra Santa hasta que Shanks me rescató.

Cuando llegamos a Foosha y conocí a Luffy.

Cuando Shanks me dejó.

Cuando conocí a Sabo, a Ace...

Cuando cada uno de nosotros se fue.

Cuando Ace lo hizo para siempre.

Todo lo que pasó entre esos sucesos y lo mucho que quise llorar y acabar, desaparecer. Lo avergozada que estaba, el dolor que sentía, lo empeñada en esconderlo para que nadie fuese capaz de hacerme daño con eso, no más del que ya me habían hecho, o le habían hecho a el.

Y aquí estaba, diciendolo todo frente a todos. Nunca había estado más desnuda o vulnerable como ahora.

Esperaba que ni mis hombres, ni mis hermanos, ni mis nakamas o seres queridos me odiasen, me repudiasen por ser lo que fui, por haber hecho lo que hice...Esperaba que el asunto fuese capaz de perdonarme, de no sentirse mal por qué le tocó a alguien como yo, con mi pasado y mis errores, con mis penas y perdidas.

- Puede retirarse- la orden salió finalmente de boca del juez mayor, quién me indicó el lugar donde debía esperar mientras llamaban a declarar a la única persona que podía y debía confirmar o refutar lo que había dicho.

Así fue como el ex-almirante de flota, Sengoku, se acercó al podio donde estaba anteriormente. Llevaba su uniforme blanco a pesar de estar retirado, su cabello cubierto de canas y una mirada cansada, pero se movía con un caminar relajado, como si no le pesara nada.

Antes me habría sentido ofendida por ello, pero ahora se, le costó tanto como a mí. Recuerdo cuánto le odié en esos días, inconsciente de que el solo fue un peón más.

"Los marines solo siguen órdenes."

No estoy segura de si el en verdad pudo evitarlo, si podría haberme ayudado, o de verdad me odiaba como decía hacerlo. Pero el podría haberse negado a declarar y aún así, estaba allí. Una vez más, con mi cabeza servida en su bandeja. Por el, podía perderlo o ganarlo todo en un instante.


- Siempre puedes irte, niña- el hombre gigante de blanco le hizo un gesto sin mirarla, indicándole que no avanzara más. Ella se mantuvo de pie en el mismo lugar- si crees que no vas a aguantar más...- finalmente levantó la cabeza y cruzando las manos debajo de su barbilla, dirigió sus ojos hacia los de ella, un gesto que ella aprendería de el. No había compasión alguna reflejada en su mirada- vete antes de que sigamos gastando más recursos en ti.

La niña se aguanto las ganas de llorar mientras apretaba con debilidad los puños. Carecía de la fuerza necesaria para hacer cualquier acción más allá de respirar o dar unos cuantos pasos, cosas que le provocaban la sensación de estar dejando la vida con ello. Seguramente el Almirante de Flota solo se burlaba de ella, así como se burlaba ella de el a sabiendas de la sorpresa que se llevaría cuando encontrase el vómito frente a su oficina -que luego le tocaría limpiar- pero después de tantas humillaciones y derrotas, aquello se sentía como una pequeña victoria. La serie de acciones que él le impondría hacer la llevarían a desarrollar su carácter rebelde y lleno de rencor hacia el, que la mayoría consideró injustificado, pero ella encontraba como su único medio para desahogarse.

- ¿No tienes nada que decir?- preguntó viéndola con una ceja alzada, interrogante. Parecía ignorar el hecho de que estaba cubierta de sangre, con la mitad de su rostro lleno de hematomas, sosteniendo un brazo que parecía solo estar colgando.

Nadie sabría nunca como Ler se las arreglaba para recomponerse después.

- Pensé que solo era un entrenamiento- dijo ella tras considerar un poco si debía hacerlo o no. Luego llegó a la conclusión que nada podía ser peor, así que se resignó a decir lo que pensaba, ignorando el dolor en su garganta. Lucci casi la había asfixiado, presionando la rodilla en su garganta con tanta fuerza , tanto tiempo, que de no haber sido por Kuzan, ya estaría con Sabo.

- Lo es. ¿Pero es que acaso tú crees que en la vida real van a detenerse? Cuando un miembro del Cipher Pol lucha, solo hay dos opciones: Matar o morir. Y aún así, no te veo muerta. Mucho menos veo que hayas acabado con tu compañero.

Ella apretó los labios aunque la acción dolió más de lo que pensó. Desde que había sido enviada de la marina hasta el Cipher Pol, tras pasar exitosamente todas las pruebas , parecía como si se hubiesen ensañado con ella por hacerlo, como si la intención inicial hubiese sido que fracasara.

Estaba segura que ningún otro recluta recibía el "entrenamiento" que ella estaba recibiendo. Incluso antes de entrar a la oficina había escuchado a su abuelo, Kuzan y al mismo Sengoku discutir acerca de la naturaleza del mismo "Es muy joven, es una niña...". Sengoku había insistido que era la única forma de mantenerla con vida cuando los otros dos argumentaban que aquello era un castigo, aunque no parecía como si fuese el quién lo hubiese impuesto, pero tampoco lucía cómo alguien que quería evitarlo. Los hombres la habían defendido, pero claramente, ninguno estaba de su lado, solo tenían lástima de que la mandarán medio moribunda a dar informes y luego al hospital, para regresar dos o tres días después buscando el mismo destino.

Pero ella no se rendiría, no se quería rendir. Tenía la esperanza de que si aguantaba un poco más, podría volver a casa, con sus hermanos, con su haha. Y todos estarían bien. Esa era la promesa que le habían hecho.

Debía cumplir el trato sobreviviendo el tiempo necesario.

Ace y Luffy no soportarían perder a alguien más y ella no podía hacerles eso, no podía morir...Aún cuando sentía que ya no tenía vida.

Irse significa romperlo. Perder la "protección" y "palabra" que le habían ofrecido para ella y ellos.

Podía morir aquí intentándolo o salir para ser asesinada, llevándose a todos los que quería consigo.

- Lo siento, Sengoku-san. Mejoraré pronto...

El asintió sin mucha convicción, viéndola directamente a los ojos con algo parecido a la amargura. Pero Ler, aún siendo tan inteligente como era, no pudo entenderlo. Para ella no había razón alguna que justificara su odio.

Al menos ella no la sabía, no.

En aquel momento, no conocía a su futuro verdugo: Doflamingo. Ni que fue el de alguien más: Corazón.

- Recuerda que no hay lugar para los débiles en la Marina. La justicia...La Justicia siempre debe vencer.


- Así que definitivamente fue Rocinante quien se la dió- concluyó el hombre, pensativo. Soltó un suspiro cansado, lleno de pesadez que le hizo ver como si se quitara una roca gigante que llevaba a cuestas.

Ler lo miró atentamente, insegura si era el momento para irse o no. Sabía que debía correr y encontrar a sus nakamas para hacerles saber que estaba bien y ayudarles, pero aún tenía el deber de quedarse junto a Sengoku para aclararle sus dudas. Se lo debía. Pese a toda la mierda que le hizo pasar, tenía que hacerlo por Corazón.

Incluso si Doflamingo había acelerado el final de su historia, su hermano -Rocinante- se había arriesgado a través de Law a crear una oportunidad para que ese final no fuese tan malo.

- Siempre supe que tú y Law se convertirían en un problema tan grande como lo fue Ace desde que nació- comentó el viejo, provocando un respingo en Ler, quién no se esperaba la mención del pecoso- no tenía ni idea que debimos habernos concentrado en el otro nieto de Garp. Pensé que era insignificante...Y los terminó juntando a los tres.

"Lloró.

Lloró tan amarga y escandalosamente que de su garganta, luego de un rato, dejó de surgir su lastimero llanto y odio. Y el dolor que se formó en ella ni siquiera le distrajo o le molestó, no cuando su pecho se sentía tan adolorido y angustiado, cuando dentro de si una explosión había devastado todos sus nervios y reglas arraigadas por una vida acostumbrada a la perdida y el fracaso.

En esa ocasión el niño no podía considerar aquel suceso como un fracaso, porque de alguna manera, mientras se arrastraba vergozosa y lastimeramente por la nieve, saldría con vida. Era consiente de que había dejado muy atrás lo que le aquejaba y perseguía, pero también, a lo que podía considerar una de sus mayores perdidas.

Rocinante resistió lo suficiente para silenciar el llanto de Law, para no permitir que sus gritos de dolor, de miedo y culpa permitiesen revelar su ubicación a Doflamingo. El marine encubierto se negó a dejar a la deriva hasta el último momento a la pequeña esperanza que veía en aquel niño de ojos grises, que en ese momento, tan helado como el mismísimo cuerpo de su protector, no sabía que hacer.

Law perdió una vez todo lo que conocía, no creía volver a sentir nada por nadie, no quería volver a hacerlo, poco le importaba morir; pero después de Rocinante consideraba morir como la mayor ofensa de todas al sacrificio que había hecho.

¿Pero que iba a hacer el ahora?

¿A dónde iría? ¿Con quién?

Su corazón, aún débil porque estuvo tan enfermo, sentía emociones salvajes dentro de el, que giraban en torno a lo perdido y solo que se sentía en el mundo, al miedo que le tenía al mundo.

¿Y si le fallaba a Rocinante?

Law no sabía cuan importante era, o sería.

El mundo en el que le tocó nacer le enseñó desde que fue consiente de el, que todo era efímero y se podía acabar en cualquier momento, que ninguna vida valía la pena para los que estaban arriba y aún así, Rocinante, siendo quién era, dió la suya por el.

¿Por qué?

Law siguió gritando, llorando, huyendo, porque no podía obtener una razón lógica, porque no podía pensar en motivos suficientes para que de alguna forma, todo lo que conocía y amaba siempre fuese destruido y no el.

No entendía porque el mundo se empeñaba en hacerle el peor de los daños: dejarle solo; cuando el habría aceptado la muerte sin más.

Quería morir en aquel momento, quería acabar con su miedo, porque aún era un niño y más que el miedo a la muerte, le tenía miedo a la vida.

Porque así era la vida, al menos para los niños para el.

Pero Rocinante dió la suya para que un día, esto fuese diferente."

Ler alzó su vista al paisaje delante de ellos, a la destrucción de aquel Reino, lo que le trajo una sensación extraña más allá de cuánto odiaba volver allí.

Luffy nunca había sido insignificante y lo sabía, pero tampoco imaginó que sería el más importante de todos. Porque aúnque sus ojos viesen todo el sufrimiento del mundo, permitiéndole alcanzar su máximo potencial, y Law por alguna razón, realizará la operación de la vida eterna y el transplante, no podían continuar sin tener la voluntad del Rey. El Fuego que había sido heredado desde el vacío hasta ese momento.

Qué un día llevo Ace, pero que le pertenecía a Luffy.

- Ahora mismo somos un blanco ideal, ¿No?- rio la chica, sin humor- y nada más y nada menos que en manos de Doflamingo...

- ¿Acaso no confías en tu hermano para lograrlo?- preguntó el viejo ex-almirante, comenzando a comer nuevamente de sus papas.

Ella sonrió de lado, notando como las explociones se habían reanudado como indicador de que era momento de volver.

- Aunque estuviese al borde de la muerte, no dejaré de creer en el.


- ME SUELTAS AHORA O TE MATARÉ...QUE ME...- la voz se le murió, ahogada en el agua del váter. Burbujas salieron de su boca, así como balbuceos mientras tratagaba el líquido, por lo que inmediatamente la cerró y trató no respirar, pataleando inútilmente para librarse.

Segundos después, su atacante le levantó la cabeza, permitiéndole tomar una gran bocanada de aire y dirigirle una mirada afilada. Envolviendo la mano al rededor de su cabello largo, este la arrastró hasta atrás, sacándola de los cubículos y tirándola en el suelo.

Los demás miembros del escuadrón la rodearon, inclinándose sobre ella de forma burlona.

- ¿Cómo vas a matarnos, dragoncita, si ni siquiera puedes defenderte?

"No quiero hacerlo" pensó ella, respirando forzosamente. Por lo menos Lucci le daba las palizas sin más, dejando todo dentro de su entrenamiento, sin embargo, aquellos chicos que la odiaban a muerte, arrastraban ese resentimiento muy por fuera de los límites del entrenamiento, de la Marina, de todo.

Como en aquel momento.

¿Debía dejarlo ella de lado también?

Comenzó a tocer por la presión que sentía sobre su estómago tras una patada, escupiendo sangre, doblándose . Cerró los ojos y se aferró a uno de los lavabos, mientras trataba de pararse con decisión.


- ¿Qué demonios significa esto?- Sengoku entró dando zancadas en el lugar, sin fijarse en la sangre esparcida por el suelo, solo atento a la chica que se encontraba con las rodillas encogidas sobre su pecho en una esquina, pensativa.

- Dijo que era matar o morir- el alzó las cejas cuando la escuchó, notando la frialdad de su tono- No pienso rendirme, no pienso morir- soltó ella con la mirada perdida, ignorando los cuerpos de dos de sus compañeros a sus pies, quienes la habían atacado anteriormente.

"Sacrificar unas cuantas vidas por salvar muchas más."

Porque ella no podía morir allí, no debía hacerlo cuando era la única que podía mantenerlos fuera de aquello, de darle más tiempo al corazón de Ace para fortalecerse.

Sengoku la miró con las manos llenas de sangre, el cabello mojado y el rostro tranquilo. La escuchó silbar una canción común entre mercenarios en el océano mientras movía las manos rítmicamente desentendiendose de la situación. La observó deslizar su vista por la escena que había montado sin emoción alguna, sin remordimiento.

Pero lo que lo hizo retroceder inconscientemente fue el darse cuenta de lo perdido que estaba viendo su sonrisa, similar a la del asesino de su hijo.

A la de su hijo mismo.

La sonrisa de un Dragón.

Y sus malditos ojos, que no eran ni del demonio, ni de su enemigo.


- Debes juntarlos.

- No.

El Almirante de Flota se plantó frente al padre de Ler. Había decisión en su mirada a pesar de que sabía, no podía hacer mucho más que retrasarlo.

Aquella niña problemática tenía un destino, como lo tenía el, como lo tenían todos, pero se le hacía difícil participar en el cuando con los años había aprendido que ella se parecía más a la parte buena de lo que debía ser absolutamente malo.

Le recordaba tanto a Corazón, desafiando su propia naturaleza, su sangre...

- Debes hacerlo, y lo harás...Ya intentaste salvar a uno un día y mira como resultó. No puedes cometer el mismo error dos veces.

¿El error sería alejarla o ponerla en el centro del desastre?


- No todos somos guerreros, pequeña. No intentes ir contra lo que no puedes vencer.

La pequeña niña observó a la anciana desde su posición a penas un segundo antes de volver a cerrar los ojos con pesadez, cansancio y dolor. Todos los huesos de su cuerpo dolían en magnitudes inimaginables, se sentía rota y sucia como nunca antes y en algún momento deseó quedarse allí.

Cuando la encontraron deseó incluso que la hubiesen dejado morir.

Pero aquella mujer mayor le tomó entre sus brazos y con dificultad la llevó con ella susurrando un "pobre niña ultrajada".

Robin solo quería hacer las cosas bien, confiar aunque sea un poco en alguna persona que le diese la oportunidad de no sentirse tan sola e insegura, un lugar en el que no fuese perseguida, sin embargo, a quienes encontró y que no buscaron entregarla, le hicieron mucho daño. Y en su pequeño corazón, la única culpable era ella.

"Tonta niña confiada."

Desangrándose, se echó la culpa.

Llorando, se preguntó porqué.

Y con a penas un rezo vuelto susurro, cuestionó a quien estuviese sobre ella por cuánto duraría aquel dolor, cuánto tiempo tardaría en encontrarse con los suyos.

Se sintió inútil y débil por ser la última y querer rendirse, pero quizá, quien la dejo seguir ni aún imaginando su destino como uno cruel y dañino, puedo preveer que llegaría a los extremos en dónde una mente prodigiosa tocaría fondo.

Robin, a penas consiente en algunos momentos del día, sabía que estaba en lo oscuro y siendo tan inteligente como era, sabía también que le quedaba mucho recorrido por allí.

Aquella anciana , sin saber quién era ella, le daría uno de los mejores consejos que recibiría jamás y que llevaría consigo para siempre, al menos hasta que el dueño de una sonrisa peculiar cuyo destino estaba inexorablemente vinculado con el suyo, la salvase.

- Aprende a desaparecer, pequeña. En este mundo, es la única oportunidad para sobrevivir de aquellos quienes no tienen quién les proteja.

Y Robin aprendió que cuando las cosas se ponían difíciles, o quizá, ella comenzaba a acomodarse y ser un poco feliz, cuando menos lo esperaba, lo mejor era desaparecer.

Cómo su familia, su gente y su historia lo hicieron también .

Hasta que llegase el día en que no tendría que volver a hacerlo.


" Algunos males son necesarios. Y por ende, algunas cosas buenas, a su vez, no lo son.

En esta vida todo debe tener un equilibrio y proporcionalidad. Todo debe ocurrir de cierta forma para que aún siendo insignificante, genere una condición que no lo sea.

Son cosas que simplemente no se pueden evitar. Ir contra ellos significa suicidio.

El problema de este sistema clasicista permanente, es que como todo, resulta imperfecto.

Siempre habrá alguien que no quiera seguir viviendo porque ha sido el que conoce el lado oscuro de la balanza, asi que a veces no hace falta ni siquiera ser valiente, basta con ser lo suficientemente cobarde como para tratar de huir del camino.

Y alterar el sistema.

Los marines estamos aquí para mantener cierto orden, pero ni siquiera el orden humano es absoluto cuando es el humano quien decide que forma parte de el o no.

Está justicia y lucha se vuelve en un elemento inestable, y en lugar de proteger la integridad de ese sistema, se convierte en su mayor fallo y ventana de acceso a la inseguridad.

¿Que es la justicia? No. No es la pregunta correcta.

¿Quién es la justicia? Por otro lado, si lo es.

Quien decide lo que es bueno y lo que es malo, y en la medida de como puede ser juzgado, es lo primordial. Y en un mundo donde los malos son quienes no están del lado del beneficio, los perjudicados comienzan a preguntarselo y a dudar.

Y como una semilla que un día fue plantada en la tierra, al final, dará frutos.

Tal vez descuidamos la verdadera maldad e hicimos juzgar bajo un único juicio, a lo que desde el inicio, alguien decidió que lo era. Y hasta ahora, nadie se preguntó por qué.

Pero entonces, los inocentes que no se consideraron como tal al no entrar en la categoría del juzgador, se perdieron.

Y esas perdidas se acumularon.

Y con el tiempo, se volvieron el gran problema que son hoy, hasta convertirse en la mayor amenaza que este sistema ha enfrentado.

Porque incluso algunos quienes somos usados para ejercer la justicia - más no definirla como tal- caímos en dicho lado.

Y los pocos que decidieron por todos un día se olvidaron que echar tanto peso a la oscuridad acabaría inclinando la balanza hasta romperla.

800 años de injusticia acumulada es mucho tiempo, es mucho peso.

Entonces aparecen individuos de todos lados que saben que algo está mal.

Y se sienten inconformes.

Y deciden actuar o dejar de hacerlo.

Algunos salen al mar. Otros se quedan escondidos por mucho tiempo para dar un golpe sorpresivo.

Es entonces que me pregunto yo, si Leriana y Doflamingo son los que están esperando o los que han decidido actuar. Provenientes de la mejor parte, no tengo idea que están haciendo, pero la verdad sea dicha, lo que sea que hagan, acabará mal.

Y están Ace y Trafalgar, incluso Nico Robin, que viniendo de la peor parte, se dieron cuenta que alguien los puso allí desde el inicio sin opción a réplica. Pero ellos han decidido replicar.

Y yo, como justicia, debería asegurarme de eliminar esas amenazas, pero parece que son necesarias porque hasta hoy no he podido hacerlo.

Parece como si el sistema hubiese dejado de funcionar como normalmente lo hizo siempre y que por el contrario, estuviese improvisando porque finalmente, todo se salió de control.

Y creo que es porque quienes decidieron estuvieron viendo siempre desde el cielo hacía el mar y no a los que lanzaron sin remordimiento al infierno.

Declaración oficial de renuncia del Ex- Almirante de Flota, Sengoku

Pág 34."


El hombre dió unos cuantos pasos más alejándose del lugar debido a que su misión estaba hecha y no había nada más que hacer allí; pero al alejarse, el sonido molesto e incesante que dejaba detrás le llegaba aún más fuerte a los oídos, como si el ver su espalda tomando un camino ajeno provocase el temor y dolor que el escuchaba.

Pero el era un marine, no un padre o una niñera, no tenía la obligación de regresar sobre sus pies para calmar el llanto de aquel niño sucio y herido, parado a duras penas sobre los escombros y basura del lugar.

La guerra de aquel país había dejado muchos muertos y perdidas, pero quizá las más grandes siempre tendrían que ver con los niños, y aún así, sabía que aquel que lloraba era ajeno al daño a su alrededor, que el no podía llorarle a ningún cuerpo, que el no iba a huir porque tenía miedo, aquel niño lloraba por estar vivo, tan solo y cansado.

Sengoku respiró hondamente meditando que sería la última vez en la que se involucraria en algo como eso y que luego simplemente se interesaría por terminar todas las órdenes que le daban para regresar a la base y buscar más, siempre lejos, porque no le gustaban los sentimentalismos de permanecer en el mismo lugar y con la misma gente. Para el, todos los marines debían ser así.

Se encaminó nuevamente por dónde vino hasta estar frente al niño llorón, que aún viéndole y sintiendole cerca, no dejó de llorar, pero si permitió que su llanto perdiese fuerza.

Sengoku nunca sabría cómo Rocinante llegó a aquella Isla. Después de haber huido de su hermano Doflamingo, pensando en que este le mataría también como a su padre, se alejó sin mirar atrás.

Pasó del miedo y la angustia a la rabia, a las ganas de acabar también con su hermano para evitar seguir regando su sangre maldita, y luego acabar consigo mismo, pero se sintió cobarde al darse cuenta que no podía hacerlo, que no quería hacerle daño a nadie. Después de todo, los niños no nacen para ser asesinos y el camino que Doflamingo tomó fue debido a los sentimientos arraigados que tenía contra el mundo debido a la decisión de su padre, quien terminó siendo víctima de ellos. Pero Rocinante solo lloró y deseó irse con el aún cuando Doflamingo le arrancó de su cuerpo, diciéndole que huyesen. Y el huyó, pero sin su hermano.

-¿Estás bien?- la voz de Sengoku invadió los oídos del aturdido y temeroso Rocinante, que vio al hombre arrodillado frente así, con su traje blanco sucio, pero evidentemente de un oficial.

Se preguntó si estaba a salvo entonces.

Y como niño , no respondió la pregunta del mayor, pero la vida si le respondió la suya dejándole en manos del marine, porque el tuvo una mejor vida mientras esta duro.

Aunque los demás no contaron con tanta suerte.


La mirada de Sengoku se cruzó con la mía cuando terminó su testimonio, y aunque hubiese afirmado todo lo que había dicho, el resentimiento por mi sangre aún era evidente en la suya. Aún no perdonaba a este mundo por haberle arrebatado a Corazón, pero quizá, el aprecio que le tenía lo obligó a decir la verdad, a apoyarme.

Él no podía ser procesado, no pagaría por ninguna de las cosas que me pasó y yo no podía pedir que fuese de esa manera, pero me habría gustado verle decir un poco antes que yo no tenía la culpa.

- Pidió 26 veces traslado desde que llegó a Dressrosa .

Si fuese a odiarle por hacerme la vida imposible, llena de trabas y laberintos sin salida, con órdenes absurdas que claramente iban en contra de su moral, pero influenciadas por su odio a los Dragones -como todos-, tendría que odiarle aún más porque a pesar de eso me mantuvo con vida y le permitió vivir lo suficiente a Ace para que coincidieramos.

- La vicealmirante Tsuru informó que intentó quitarse la vida al menos en una docena de ocasiones.

Sabo respiraba forzosamente a unos cuantos metros de mi. Aquí, en el juicio, ante todo el mundo, el no podía consolarme, yo no podía consolarlo a el, no podíamos consolar el corazón de Luffy que sin dudarlo, sería el más devastado. Solo éramos niños jugando a ser adultos, desafiando a la vida al atravernos a vivir un poco más. Y es que en algún punto, Sengoku no estaba hablando por mi, no solo era mi testimonio al cual el se estaba aferrando.

- Lo que hizo es comprensible. No traicionó a nadie, a nada que no la hubiese traicionado a ella y aún así, ya fue condenada por lo mismo- continuó mientras yo me esforzaba por recordar cómo respirar correctamente, aún con su mirada fija en la mía, pesando tanto como lo que sentía sobre mis hombros, pero que ahora se desvanecía lentamente- es un error acusar de críminal a alguien que fue condenado desde que nació...

Los huérfanos del destino lo sabiamos bien. Todos fuimos criminales por nacer en el momento, en el lugar o de la persona equivocada.

Ace murió condenado. Murió sin un juicio, sin oportunidad de redimirse, porque vivió su vida tratando de ser libre, porque alguien le dijo que no debía serlo, que el simplemente no debía existir.

Me aterra pensar si se fue creyendo eso y es por ello que yo estoy aquí.

Luffy no lo entendió, tal vez con esto lo haría. Sabo probablemente tenía una idea.

Estoy aquí, siendo juzgada por la bandera franca, por una nueva justicia en la que estoy dispuesta a creer para arrancarle la verdad, una declaración que nos deje vivir a todos en paz.

A los niños que perdieron padres en guerras injustificadas, en masacres, en el deseo del poder. Aquellos que directa o indirectamente se vieron expulsados de todo lo que conocían, que debieron huir o esconderse, que se perdieron. Aquellos que gritaron por ayuda y a los que los silenciaron.

Por los que aún estamos aquí, luchando.

Por lo que dejaron de luchar...

Necesito, por la memoria de Ace y por la vida de mis otros dos hermanos, escuchar que nuestra existencia no es un pecado.

Que somos inocentes para finalmente ser libres.

- No es la única, pero es una de las principales víctimas de la corrupción y crueldad del Gobierno... Considero que todo lo demás que ocurrió, los delitos que cometió y la vida que llevó entonces es la consecuencia clara de lo que el mundo puede hacerle a un niño que está solo y desprotegido, que es perseguido y juzgado sin arreglo o juicio. Que es condenado por su sangre...Por nacer.

Por mi.

Por Corazón.

Por Law.

Por Ace.

Por Luffy.

Por Sabo.

Incluso por el asunto.

- Algunos cayeron en buenas manos, otros tantos la pasaron peor. Fueron pocos los que sobrevivieron y aún así, decidieron enfrentar a quienes los condenaron por liberar un mundo que también les dió la espalda...Porque decidieron ser los últimos que pasarían por eso...- la voz se le rompió en el mismo instante en que mi corazón lo hizo. Estaba deshecho, adolorido, lleno de agradecimiento y otros sentimientos que no podía explicar, pero que le transmiti con mis ojos.

Me esforcé por que fuese de esa forma, dejando que aquello que reprimi por años saliese a la luz frente a el. No sabía si lo entendería, pero esperaba que fuese suficiente para encontrar el fantasma de su ser querido en ellos, haciéndole saber que estaba bien.

El caos era evidente en la sala, en el graderío, a las afueras de los juzgados, en las islas cercanas, en todo aquel lugar donde fue presenciada la transmisión.

Podía sentirlo. Lo estaba viviendo en mi interior.

Porque está era la última pieza en el puzzle, la última mano que Monkey D. Luffy me tendería en el juicio. Más allá de las cartas, los diarios, las fotografías y todo lo que envió, había conseguido aquello que en un inicio, simplemente no se propuso.

"Necesitamos a alguien de peso" ese alguien era el intachable Sengoku, que finalizó su discurso con emoción, con dolor y orgullo.

Sabia que no lo hacía por mi, pero no importaba porque entonces, nos liberaría a todos.

- Decidieron quemar el mundo un día para que nadie más pudiese silenciar sus gritos en el futuro, aún si con eso, ellos dejaban de tener uno.

¿Estás viendo, Plutón?

¿Que opinas de este giro en la trama?


Luffy, Law, Ler y Sabo miraron a su al rededor, al campo de batalla que solo era escombros, sangre y polvo, con cientos de cuerpos rodeándolos, amontonados entre las ruinas, entre la peste, muerte y el dolor.

¿Cuánto tiempo llevaban luchando?

Ninguno lo sabía muy bien, pero algunas de sus heridas iniciales ya estaban secas, ya estaban sanando mientras otras más se abrían al mismo tiempo que sus signos vitales y la fuerza disminuían a toda velocidad al desaparecer la adrenalina.

Era un milagro que siguiesen de pie, pero no podían caer todavía.

- ¿Ha terminado?- preguntó el rubio, tambaleándose levemente. La mirada del de Sombrero de Paja se dirigió hacia su hermano, llena de seriedad, cansancio y pesadez. Los otros dos le pusieron una mano en el hombro, indicándole que voltease hacia el frente.

Poco a poco, sus aliados se ponían de pie, avanzando lentamente hacia el otro, buscando a sus compañeros, ayudando a los heridos, moviendo a los que cayeron .

Poco a poco, el cielo comenzó a despejarse nuevamente, permitiendo que les alumbrara el sol. Las aves volvieron a ser las de siempre, no solo cuervos que presagiaban la muerte.

Poco a poco, el olor a sangre desapareció del aire, y el de la pólvora y el de muerte. Ya no había bruma, ni humo, ni espaldas cayendo al suelo una vez más, todo era tranquilidad.

Poco a poco el rugir del mar sobrepasó los vestigios del sonido de los gritos y la explosión de los cañones que aún quedaba en el aire, permitiéndoles respirar, ver, escuchar.

Como siempre debió haber sido. El mundo se levantaba una vez más, como su Reino se debió haber levantado, y los descendientes, que a su vez fueron ancestros, lo sabían bien.

La mirada de Monkey D. Luffy se volvió suave, tranquila. Sus ojos oscuros tenían el brillo de la libertad, la paz y alegría en ellos, que se extendió hacia toda la alianza. Hacia los otros tres.

- Ha terminado- declaró.

Entonces, sin importarle el dolor, la sangre y que estuviesen apunto de colapsar, los envolvió en un abrazo que ninguno se atrevió a rechazar.

Ler soltó unas cuantas lágrimas.

Sabo se rió por lo bajo.

Law gruñó un "Mugiwara-ya".

Y así, decidieron que era lo justo, que podían descansar. Cayeron todos al suelo, respirando forzosamente, sonriendo como solo aquellos que han luchado toda una vida y obtienen su libertad pueden hacerlo.

Cómo cuando ven un mundo nuevo por primera vez.

Y los otros huérfanos, desde el cielo, los miraron y sonrieron también.


Me prometí no llorar cuando la historia terminara después de tantos años, pero ha sido un recorrido largo y ya vamos de salida así que me pongo sentimental.

Quedan 4 capítulos y el epílogo, gracias por leer, espero la esten disfrutado!