Preparen los pañuelos.
La última batalla. Parte I. Sacrificio
Las horas se transformaban rápidamente en días, y los días, sin piedad, se transformaron velozmente en semanas. Todos los que eran conocedores de la Guerra, en la pequeña ciudad de Storybrooke, sabían que su llegada estaba próxima. Para los que iban a luchar, las espadas eran desenvainadas y lustradas, las flechas eran sacadas de sus carcasas y las reservas eran repuestas, cuchillos, lanzas y otros tipos de armas estaban siendo afiladas y preparadas, y quien poseía algún tipo de magia se estaba entrenando y fortaleciéndola para poder usarla de manera más poderosa posible. Nunca el clima en la acogedora ciudad había estado tan tenso y angustioso.
Y entonces, ella llegó. Proveniente del bosque, una densa, aterradora y gris nube avanzó rápidamente y de forma tenebrosa por encima de Storybrooke, aposentándose sobre las casas y terrazas, cubriendo cualquier vestigio de la luz del sol y de la alegría azul y limpia de los cielos. Todo lo que se formó fue una aplastante masa que anunciaba que lo peor estaba por venir, introduciendo en el alma de los moradores una tremenda angustia.
Tal y como Fiona, el Hada Negra, dijera, la gran nube sería enviada como aviso del comienzo de la Batalla, y al final de tres días, al anochecer, la Guerra comenzaría. Todos lo que lucharían comenzaban a prepararse más arduamente, preparados para la espera. Emma, Regina y Henry pasaron el máximo de tiempo posible juntos en esos tres días de aflicción y agonía, como si no tuvieran ganas de separarse. Mary Margareth, David y Zelena se juntaron también a ellos. Emma y Regina lloraron, a veces, a escondidas, pues ninguna de las dos quería que la otra la viera hundida en esos momentos de debilidad.
Lo planeado con Ruby se fue poniendo en práctica en cuanto la nube se hubo instalado. La humareda violeta de Regina llegó a ella a través del portal del bosque de Storybrooke, ahora visible para que se pudiera traspasar. La loba, con su poderoso aullido, llamó a los guerreros, brujos, magos y hechiceros que habían reunido para convocarlos para la batalla. Ruby, Dorothy, todos los guerreros convocados por ella y también por Emma, Regina y Zelena estaban listos al finalizar el día para atravesar el portal y llegar a Storybrooke.
Y así se hizo. El portal se abrió y allí estaban Regina, Zelena y Emma para recibirlos. Pasaron por el Ruby, Dorothy, Mulan y su ejército, Mérida, Elsa, Pocahontas, el príncipe Philippe, también con sus ejércitos, además de una infinidad de magos, hechiceros, guerreros, Trolls, Elfos y luchadores del bien. No paraba de pasar gente, y todos y cada uno que llegaban al bosque de Storybrooke saludaban a Emma, Regina y Zelena con una gran reverencia y sonrisa. Las tres mujeres se emocionaron. Mucha gente estaba, de verdad, dispuesta a ayudarlas en esa Batalla.
Los grupos fueron divididos en tiendas y barracas en el lado sur del bosque, y Granny se encargaba de la comida de todos, junto con su nieta a la que había echado mucho de menos.
Todos estaban acomodados. Al final del segundo día, víspera del inicio de la Gran Batalla, era el momento de volver al portal del Bosque de Storybrooje, pero esta vez con el propósito de que lo atravesaran todos los que no podían ayudar en la lucha: los enfermos, los niños, y las personas sin nociones de lucha o sin magia, hasta un escondrijo en el Bosque Encantado, hasta que la tormenta pasara y pudieran regresar.
Lo más difícil de todo fue convencer a Belle de que se fuera. Ella no quería en modo alguno separarse de Rumpel, de Emma ni de nadie en ese momento, pero al mismo tiempo sabía que por no poseer magia y no saber luchar, no podría ser útil. Emma entonces la convenció de que se quedara encerrada en la biblioteca, y solo saliera cuando todo acabara, por su propia seguridad y para no tener que contarle a Gideon, cuando creciera, lo que le había ocurrido a su madre. Al escuchar el nombre de su hijo, Belle lloró y asintió.
Mientras Regina iba guiando a todos para que pasaran, Emma aún intentó una última vez convencer a Henry para que se marchara, pero como era de esperar, la respuesta del muchacho fue una expresión fea y una vehemente negativa, poniendo como excusa que si lo mandaban para allá, se las arreglaría para volver, y que sería una agonía estar lejos de sus dos madres en ese momento. Además, Henry tenía conocimientos de espadas y podría luchar, y para dejar a Emma y Regina más tranquilas, les garantizó que si veía que no podía enfrentarse a algo, correría y se escondería en alguna esquina. Emma suspiró. Sabía que con Henry no había manera y al final concordó.
Todo estaba listo. Emma ya tenía la espada Himperius en sus manos, extraída de la magia que la encubría en el Mausoleo de Regina. La Última Batalla tendría comienzo exactamente dentro de veinticuatro horas.
Veinticuatro horas después…
Las campanadas del gran reloj de la ciudad dieron las seis de la tarde, y a pesar de la densa nube gris que flotaba sobre Storybrooke, era el momento en que el sol se ponía y comenzaba el anochecer. Emma, Regina, Zelena, Henry, Gold, Mary Margareth, David, todos los guerreros que lucharían, ya fueran de Storybrooke o provenientes del Bosque Encantado, estaban listos y preparados, cada uno empuñando sus armas o ya preparados con sus magias, formando un único, enorme y poderoso frente de batalla, apenas esperando.
–¿Podré ayudar yo también?–la voz masculina, que provenía de detrás de Emma, la asustó. Pero enseguida se tranquilizó al ver de quién era.
–Robin…¡Pero claro! ¿Dónde está Rolland? No recuerdo haberlo visto pasar por el portal hasta el Bosque Encantado junto con los otros niños…–el hombre sonrió y asintió, a ella y a Regina. Estaba preparado para luchar, con su arco y flechas en las manos.
–En realidad, no fue. No conseguí convencerlo al saber que yo me quedaría y lucharía. Está con Belle, a salvo en la parte de atrás de la biblioteca.
–Robin, todos los niños deberían haber pasado…–dijo Regina, preocupada.
–No te preocupes, Regina. Estará bien. Los dos lo estarán–apretó el hombro de Regina, tranquilizándola. No había en Robin ningún sentimiento de malicia o malas intenciones con Regina, todo lo contrario. Emma lo vio en su mirada, y Regina también. Robin realmente quería luchar y ayudar, por su propia y libre voluntad, de buen corazón, y si quedaba algo por resolver con Regina, por su parte estaba todo superado. Emma y Regina le sonrieron amigablemente.
Dominada por una intensa y fuerte emoción al ver a tanta gente allí reunida en pro del bien mayor, Emma Swan, con lágrimas en los ojos, llamó la atención de todos, lo más alto que pudo.
–¡Me gustaría que todos me prestaran atención un momento, por favor!–todos la miraron atentamente –Bien…Nunca he sido buena en hablar delante de muchas personas, pero lo voy a intentar…–rió y todos junto con ella –No tengo palabras para decir cuán emocionado está mi corazón, y agradecido por el hecho de que todos os habéis ofrecido a ayudarnos a vencer este gran desafío. Quiero que sepáis que no estáis haciendo esto por la Salvadora o por Regina, o por mis padres, o por nadie de nosotros. Los hacéis por el mundo, por el bien de naciones y reinos, por vuestros hijos, por la paz de futuras generaciones. La amenaza que planea sobre nosotros es grande y poderosa, pero nada tan grande que no pueda ser derrotado por la fuerza de nuestra unión–todos aplaudieron y silbaron, y Regina, Henry y Mary estaban llorando, llenos de orgullo –Pues aquí, grandes guerreros, tenemos amor, tenemos el bien como aliado. Y a eso, las Tinieblas no lograrán derrotar–en ese momento Emma ya estaba tan dominada por las emociones que dejó que el llanto resbalase libremente por su rostro. Y todos siguieron aplaudiendo con fuerza, alentándola –Sabéis…Yo crecí sola, y aprendía a estar sola, estaba acostumbrada a la soledad y pensaba que no tenía nada más que esa soledad, pero fue aquí, en Storybrooke donde aprendí el verdadero sentido de la importancia de tener a tu lado a personas que te aman…Aprendí lo que es el amor verdadero…–Miró a Regina, Mary, David y Henry con una gran sonrisa, recibiendo otras a su vez, emocionadas, y besos volados –Aprendí lo que es la verdadera amistad…–Miró a Zelena, a Gold, a Archie, a Ruby, a Lilith, a Maléfica, a los enanitos, entre otros, recibiendo de todos sonrisas y movimientos de asentimiento con la cabeza –Y también aprendí la fuerza de la comprensión y del saber dejar ir…–miró a Robin. Este, con una verdadera sonrisa, asintió con la cabeza y le hizo una ligera reverencia –Aprendí que todos, sin excepción, independientemente de los errores cometidos en la vida, pueden cambiar, sí, pueden cambiar. Solo es necesario una oportunidad y que alguien crea en ellos…–Miró de nuevo a Regina con una enorme sonrisa, recibiendo una sonrisa emocionada de vuelta –¡E incluso al que no conozco muy bien, pero al que querré conocer en cuanto esta tempestad acabe, mi más sincero agradecimiento por juntarse a nosotros y por arriesgar sus vidas en pro del Bien Mayor!–Miró a Mérida, Mulan, Pocahontas, Elsa, entre tantos otros y todos sonrieron –Así que, no puedo estar mejor acompañada para lo que tal vez sea mi mayor desafío y carga como Salvadora. Quiero que sepáis que, por más aterrador, incierto y tenebroso que sea todo, conseguís que para mí todo sea más leve y ameno. Por favor, solo pido que os cuidéis y os protejáis, porque perder a alguien sería un dolor inmenso. ¡Adelante, amigos míos! ¡Adelante rumbo a la victoria!
Emma retiró la espada Himperius de la parte de atrás de sus pantalones y la blandió en lo alto con fuerza, y esta brilló intensamente dejando ver el nombre de Emma Swan en la hoja y lo que había escrito en la empuñadura:
"Para la Salvadora destinada
Himperius, la poderosa Espada
Levanta tu lámina plateada
Y entiérrate en el corazón del Hada!
Emma Swan, en aquel momento, no era solo la escogida, o la Salvadora, era también una verdadera líder. Emma fue ovacionada, aplaudida, ovacionada de nuevo, entre silbidos y mucho fervor. Todos blandieron sus armas y la acompañaron, y quien no tenía armas pero sí magia, hizo salir de sus manos infinitas luces de colores hacia lo alto, que estallaron como fuegos artificiales.
–Te amo…–Regina susurró al su oído, apretándola en sus brazos.
–¡Y yo te amo mucho a ti!–Emma le devolvió el abrazo en medio de aplausos y miradas emocionadas de todos los que presenciaban a aquella bella pareja.
Después de unos pocos minutos, tras la conmemoración, la nube gris y densa se fue abriendo y desapareciendo, lentamente…El cielo, ahora oscuro por ser de noche, aparecía poco a poco, sin embargo, estaba cubierto por densas nubes, que en cuanto se vieron libres, empezaron a dejar caer una fina llovizna.
Con una fuerte tensión habitando en todos ellos, los guerreros regresaron a sus posiciones, ahora simplemente esperando la hora. El silencio era denso, aplastante, hasta el punto de que se podía escuchar las pesadas respiraciones de todos los que allí estaban.
Y frente a la vanguardia del ejército del Bien comenzó a aparecer, caminando lentamente, con sus armas, con sus magias preparadas el ejército del Mal. El ruido de los pasos era fuerte y seguro mientras se aproximaban. Frente a todo el ejército venía la Reina Regina, preparada con su poderosa magia, la princesa Clarissa, igualmente preparada para luchar al lado de su maestra con magia, y Fiona, la gran Hada Negra, con sus ropas negras y una fuerte y aterradora mirada, la sonrisa macabra, empuñando la Espada Savior, arma especialmente creada para mar a la Salvadora y succionar hasta la última gota de poder de su sangre. Las palabras grabadas en la empuñadura de la espada Savior también brillaban con intensidad, intentando llamar la atención de todos.
"Que la Espada Savior sea alzada
Causando en la Salvadora gran herida
Sabed empuñarla y matarla sin temer
Y así tomaréis posesión de todo su poder"
Finalmente, tras un tiempo que pareció una eternidad, el ejército de las Tinieblas se detuvo delante de la vanguardia del ejército del Bien, a corta distancia, y los dos grupos se encaraban, cada uno mirando a los ojos a su oponente. El grupo del Mal era, como mínimo, de poner la carne de gallina. Magos encapuchados, brujas, hechiceros, soldados con capas oscuras, monstruos de bosques sombríos…
La primera quiebra del silencio tenso instalado bajo la lluvia que comenzaba a arreciar y mojaba a todos fue el llanto fino de un niño, más precisamente, un bebé. Sonriendo, la Reina Malvada, Fiona y Clarissa se apartaron ligeramente para dejar ver a las dos mujeres jóvenes, amas de cría del castillo, que llevaban en brazos a Neal y a Gideon. Neal lloraba agarrado fuertemente al cuello de su ama. Gideon dormía tranquilamente en los brazos de la otra. Pero los bebés estaban bien.
Al darse cuenta de quiénes se trataban, Mary Margareth y David, gritando, corrieron hacia delante para cogerlos, pero fueron brutalmente lanzados hacia atrás por la magia implacable lanzada por las manos de Clarissa. Los dos cayeron con un ruido sordo a los pies de Emma y Regina, que los ayudaron a levantarse. En ese momento, Gold no estaba ahí, pues había quedado responsable de lanzar un hechizo de protección en el cuarto donde se habían resguardado Belle y Rolland en la biblioteca, pero pronto estaría con ellos. Todos los guerreros aguantaron sus respiraciones.
–¡Devolved a los bebés!–Mary gritó entre lágrimas –¡Prometisteis devolverlos sanos y salvos si no había intervención nuestra hasta el momento de la Batalla! ¡Y hemos cumplido nuestra parte, cumplid la vuestra!
La Reina Regina, en su glamuroso vestido largo color vino, dio un paso hacia delante, sonriendo, con las manos en la cintura, hasta quedar frente a frente con Mary y David. Los miró a los dos de los pies a la cabeza, con desprecio, antes de decir con calma
–¿Y quién dice que no cumplimos nuestra parte?–pasó los dedos por el rostro de Mary –Como puedes ver, los bebés están muy bien cuidados. ¡Y los tendréis, pero cuando la guerra acabe! Como mi intención es llevaros a todos como esclavos y torturaros en cuanto venzamos…–esta vez se encaminó hacia David, y lo miró fijamente, y Emma amenazó con intervenir, pero Regina la agarró por el brazo –Dejaré que los veáis, sí, quizás esporádicamente–se miró las uñas y Mary y David la miraron con desprecio –Vais a pagar por cada segundo que me hicisteis sufrir…Y poder ver a vuestro hijo con límites será un castigo muy suave…
Regresó al frente del ejército riendo fríamente, y con un simple chasquido de dedos, hizo que las dos amas de cría que llevaban a los bebés desaparecieran del sitio.
–¡No!–Mary cayó al suelo y David la agarró, ayudándola a levantarse y le susurró al oído
–No podemos flaquear ahora mi amor, porque es exactamente lo que ellas quieren. Sé fuerte, pronto tendremos a Neal de nuevo en nuestros brazos…
–Los bebés han regresado al palacio, solo los traje como prueba de que había cumplido mi trato de que estarían bien…Mirad qué buena soy…–desdeñó la reina y todos en su ejército rieron.
Emma, llena de rabia, dio un paso al frente, encarando a las tres mujeres y a su ejército con odio en su mirada. La espada Himperius brilló en su mano, y Fiona, al mirar hacia ella, perdió momentáneamente su sonrisa, desorbitó los ojos y tambaleó levemente hacia atrás. La Espada, de cierta forma, aún la aterrorizaba, incluso con todos los poderes que poseía. Emma se dio cuenta y una ligera sonrisa de satisfacción se estampó en sus labios. Se volvió más confiada.
–¿Os la vais a pasar hablando o vamos a empezar ya con esto?–comentó alto y llena de valor.
Y Fiona dio un paso hacia delante hasta casi sentir la respiración de su oponente. Emma también titubeó ligeramente y sintió un frió recorrerle la espina dorsal al presenciar la espada fina y afilada que el Hada Negra empuñaba, fabricada especialmente para matarla. Ya la había visto en sus sesiones con los Espectros, pero en vivo era mil veces más asustadora.
–Cuando quieras, rubia guapa…Estoy como loca para clavar esta espada en la Salvadora y succionar cada mínima gota de poder de tu sangre…–dijo peligrosamente, hablando bajo y lento mirando con firmeza los ojos de Emma, para que solo ella escuchara. La rubia no retrocedió, y la encaró con todo el coraje que consiguió reunir.
–Eso lo veremos, Hada…Soñar es gratis. ¡Vamos ya con esto! ¡ADELANTE!–Emma gritó esa última palabra, y a partir de ese momento, todo comenzó…
Se escucharon estruendosos gritos por la ciudad y más allá de sus límites. Quienes poseían armas, en ambos bandos, las empuñaron al mismo tiempo. Quien poseía magia, ya estaban preparados para ponerla en práctica.
La gran Última Batalla, descrita en libros y profecías, estaba comenzando en aquel exacto momento.
Los dos grupos, la Oscuridad y la Luz, se atacaron al mismo tiempo, a una velocidad y brutalidad increíbles. Emma, Regina, Gold, Mary, David, Henry y Zelena prometieron quedarse cerca unos de otros. La lucha que definiría el vencedor de la Batalla solo pertenecía a Emma y Fiona, sin embargo cuántos más ojos cerca y más personas amadas a su alrededor, mejor.
Maléfica y Lilith se convirtieron en dragones y escupían fuego a cualquier enemigo que pudieran alcanzar, sin embargo muchos eran poderosos ante ese tipo de ataques y respondían a la altura con magia, causándoles heridas a ambas en alguna parte de sus grandes cuerpos, sobre todo en las alas. Ruby, por otro lado, tomó la forma lobuna, y a pesar de que algunas lanzas alcanzaban su piel gruesa y peluda, ella lograba morder y rasgar la carne de muchos soldados, que salían corriendo asustados y gritando. Su esposa, Dorothy, lanzaba sus flechas acertando en muchos enemigos, y muchos contestaban.
Elsa lanzaba su magia de hielo, y era muy importante, porque muchos enemigos quedaron presos en cubos de hielo o se congelaban por completo, pero como eran conocedores de muchos tipos de magia, algunos lograban responder y herir a la muchacha.
Robin, hábil con el arco y las flechas, estaba teniendo éxito en sus ataques, derrumbando a muchos oponentes. Había sido herido por la magia de un mago en su hombro izquierdo. Henry estaba a su lado, luchando hábilmente con otro joven y su espada.
La pelea con magia era intensa. Por un lado, Gold, Zelena y varios otros atacaban con sus magias a los poderosos hechiceros y brujos de la Oscuridad. No estaba siendo nada fácil, pues el lado oscuro realmente había venido con magia poderosa y desconocida incluso para Gold. Los rostros ya empezaban a dar señales de cansancio por el esfuerzo de esa disputa de poderos, luces de todos los colores se mezclaban provenientes de diferentes manos, y podía decirse que estaban en empate. Muchos cayeron del lado del Mal, pero en compensación, muchos del lado de la Luz también estaban caídos…
Las luchas entre los Reinos del Bien y del Mal del mundo mágico también estaban siendo exacerbadas. Mérida y su ejército atacaban ferozmente con flechas y lanzas; Pocahontas y su tropa con flechas y cuchillos; Mulan y sus soldados con poderosas espadas, entre otros muchos, sin embargo estaban siendo también ferozmente atacados, con todo tipo de armas e incluso con catapultas y grandes martillos. A pesar de que había algunos heridos, el lado de la Oscuridad se estaba llevando la mejor parte…Pero pronto todo cambió, provocando que más guerreros de los reinos del Bien llegaran y se enfrentaran al enemigo con toda la fuerza.
La Reina Regina y Clarissa estaban luchando ora con magia, ora con espadas contra Regina, David y Mary.
–Gracias por la ayuda, muchacha…–la Reina Malvada dijo sonriéndole a Clarissa, mientras luchaba con la fuerza de la magia contra su mitad, la alcaldesa –Pero ahora esto solo me compete a mí…–Se echó a reír, intentando derrumbar a su oponente con magia negra que salía de sus manos. La alcaldesa tenía dificultades en responderle a su mitad, realmente, su lado oscuro se había vuelto muy poderoso, como jamás había soñado un día –Puedes encargarte de la parejita Charming…Después tendré mucho tiempo para ellos…
–Déjalos en paz…–la alcaldesa intentaba argumentar, con rabia
–Uy, uy, uy…Solo eres una decepción, Regina…Defendiendo a quién es la mayor responsable de tu sufrimiento…¡Yo no nací dentro de ti para esto!
–Tardé, pero me di cuenta…De que la única responsable de mi sufrimiento fui yo misma…–dijo mientras luchaba con su magia color violeta –Me gustaría que también tú te dieras cuenta…
La Reina Malvada reviró los ojos resoplando
–Qué aburrimiento…Deja que acabe contigo, que es más interesante…–con un golpe de magia, la Reina Malvada lanzó hacia lo lejos a Regina, pero esta se levantó rápidamente con furia renovada, y le hizo lo mismo a la Reina. Y las dos continuaron el enfrentamiento.
Mientras tanto, Clarissa, demostrando una habilidad increíble, luchaba contra David y Mary al mismo tiempo.
–Pues parece que sois divertidos…–desdeñó la princesa, casi alcanzado a Mary en el abdomen –No veo la hora de teneros como esclavos en el palacio.
–¡La única que se convertiría en esclava aquí eres tú, muchacha insolente!–gritó David intentado responder a sus ataques, junto con Mary, que ya estaba sudando.
La lluvia comenzaba a caer en gotas más grandes e implacables, otorgándole a aquella guerra un aspecto más sombrío.
Y Emma y Fiona…
Las lucha entre las dos estaba siendo difícil, enraizada, equiparable. Gemidos de esfuerzo y dolor se escuchaban por parte de ambas mujeres. Tanto Emma como Fiona estaban muy bien preparadas para la lucha. Emma por varias veces se giró hábilmente escapando por un pelo de la espada del Hada. Por otro lado, Fiona también conseguía escapar a los ataques de una forma que Emma no sabía explicar. La mujer era extremadamente habilidosa. Pero Emma también lo era.
En varias veces, Fiona casi consigue desarmar a Emma, y viceversa. Emma escapaba por un pelo de la afilada lámina en su pecho, y Fiona sintió la espada de Emma diversas veces pasarle con un zumbido aterrador cerca de su cuello. Pero ambas estaban logrando defenderse.
Estaban sudadas, exhaustas, sus fuerzas renovadas solo por el intenso deseo de vencer. Las dos espadas poderosas batían una en la otra, rechinando, un sonido ensordecedor y alto.
–Vaya, pero qué belleza…¿Quiere esto decir que la rubia bonita sabe luchar? Confieso que amo los desafíos…A pesar de saber que no vas a durar mucho…–dijo jadeante Fiona, defendiéndose de otro ataque de Emma.
–¿Creíste que te lo iba a poner fácil, eh?–Emma por poco no acertó en su brazo, y Fiona respiró hondo, ante el susto.
Y las dos mujeres continuaban firmes y fuertes, mientras la lluvia se volvía torrencial y la batalla atrás se intensificaba, volviéndose difícil identificar quién era quién debido a tanta gente que se enfrentaba, tantos cuerpos que caían, y Emma estaba desesperada de miedo por perder de vista a sus seres queridos debido a la aglomeración y la confusión.
En cierto momento, Robin apuntó una flecha hacia la espalda de la Reina Malvada, que en ese momento aún se enfrentaba con su otra mitad, pero Clarissa, que combatía cerca contra David y Mary, vio ese momento en que él apuntó hacia la espalda de su amada y entró en pánico.
–¡No!–su grito estridente cortó la noche, y la muchacha soltó la espada que empuñaba provocando un sordo ruido contra el suelo y corrió lo más rápido que pudo para salvar a la Reina.
Y Clarissa se interpuso en la trayectoria de la certera flecha de Robin, y esta se clavó en la zona entre el hombro derecho y el pecho de Clarissa. La princesa gritó de dolor, un chorro de sangre brotó y ella cayó al suelo. Intentó lanzarle un hechizo a Robin, pero no pudo enfocar debido al dolor.
Al darse cuento de lo que había ocurrido, la Reina Malvada se giró y se deparó con la escena angustiante de su pupila caída a sus pies. Enseguida de olvidó de Regina y se agachó con rapidez, agarrando a la joven en sus brazos.
–¡CLARISSA!–gritó –¿Pero en qué diablos estabas pensando?–le dijo tras ver que la princesa había corrido para defenderla –¡Esa flecha no podía hacerme nada! ¿Por qué lo has hecho?
La muchacha gruñó de dolor y apretó la mano de su Reina.
–Sabes que no, Regina…–respondió jadeando –Por más que tengas poderes, no estabas preparada para defenderte…Aquella flecha iba a alcanzarte…Ahhhh…–sollozó y comenzó a salir más sangre.
Regina, la alcaldesa, en ese momento, se olvidó por completo de que estaba luchando sin piedad con su mitad. Todo lo que veía ahora era a una mujer angustiada, afligida, con lágrimas en sus ojos, una nueva fragilidad que ella no imaginaba ver allí en aquel momento, en aquella guerra. La poderosa Reina Malvada tenía miedo. Regina la conocía como nadie, a fin de cuentas, era ella misma, el miedo profundo era lo que ahora traspasaba su corazón, ajena a todo lo que ocurría a su alrededor. Clarissa era realmente importante para ella, la alcaldesa tuvo la certeza. Y todo lo que la Reina Malvada demostraba allí, en ese momento, era un miedo desesperante y profundo de perder a su muchacha, o que algo grave le sucediera.
La alcaldesa se olvidó de cualquier pelea u orgullo y se agachó al lado de su mitad.
–Aprieta bien la zona de la herida…–dijo suavemente demostrándoselo con la mano, y la reina obedeció, ayudando a que la sangre se detuviera –Estás nerviosa, pero la verdad es que se curará fácilmente. Las flechas del bosque encantado poseen venenos propios, y tardará un tiempo en cicatrizar, sin embargo, creo que las dos podremos aliviar la herida hasta conseguir que cicatrice…–la Reina Malvada asintió, entendiendo lo que su otra mirad quería hacer. Su boca temblaba.
La princesa, desesperada, miraba de una a otra.
–¿Qué vais….?
–Todo saldrá bien, mi amor…–respondió la Reina Malvada suavemente, y Clarissa notó cómo se le aceleraba el corazón ante aquellas palabras. ¿La reina la había llamado realmente "mi amor"?
A pesar de que la batalla continuaba a su alrededor, en ese momento, todos estaban preocupados con sus oponentes y lo que las dos mujeres estaban haciendo no estaba siendo percibido.
Las dos Reginas colocaron sus manos juntas sobre la herida de Clarissa, y con la unión de sus poderosas magias, consiguieron cerrar la herida causada por la flecha, dejando un rastro rojo. No había más sangre ni hemorragia. Aún tendría que cicatrizar, pero los daños principales ya estaban sanados. La joven movió los hombros y los dedos de las manos, y aunque sentía todavía dolor, estaba bien. Les sonrió a una y otra.
–Gracias…–dijo en voz baja.
–Por favor, niña, no me asustes más así…–la Reina Malvada la sorprendió con un fuerte abrazo, besó sus cabellos rubios, y la joven se anidó en sus brazos, emocionada y feliz como una adolescente que conquista su primer amor.
Y tras eso todo pasó a desarrollarse con más velocidad.
La Batalla se volvió más violenta y sangrienta. La ciudad ya presentaba señales de destrucción. La lluvia no dejaba de caer. Algunos cuerpos ya yacían en el suelo, y al no verse quiénes eran, todos los habitantes de la ciudad y del Bosque Encantado estaban en pánico, solo sintiendo cierto alivio cuando veían de nuevo los rostros conocidos que buscaban vivos y en la lucha. Pero no podían dejar de luchar. Gold, Zelena, Maléfica y Ruby seguían batallando con sus magias y transformaciones. Algunos guerreros estaban heridos, leve o gravemente, y se podía ver a varios de ellos agonizando de dolor, arrastrándose por el suelo intentando huir o llegar a lugar seguro. La sangre estaba derramada por muchos lados.
Lilith había sido gravemente herida por un mago de la Oscuridad en su ala izquierda. Volvió a adquirir forma humana y se agarraba el brazo, que le ardía como si estuviera en brasas. Ruby también recibió un gran arañazo en su lomo mientras luchaba con algunos trolls. Ruby había traído algunos amigos más de su manada de lobos, y también algunos de estos estaban heridos, pero no dejaban la lucha.
Henry estaban bien, a pesar de los pequeños arañazos, y había derrumbado a un soldado y derrotado a otro más. Mary y David también estaban teniendo éxito con sus espadas. Archie aprovechó la pequeña magia que aún le quedaba y consiguió que algunos soldados sintieran chispazos eléctricos en sus piernas, facilitando la caída.
Todo era una interminable aflicción.
Y Emma y Fiona…
Las dos estaban muy, muy cansadas…Emma comenzó a sentir fuertes dolores y debilidad en sus piernas. La Salvadora, por más que intentase con toda su alma, perdió las fuerzas en aquel momento. Y Fiona, aún algo más fuerte que ella, se aprovechó. Emma falló un ataque y el Hada Negra, rápida y con habilidad, desarmó a Emma, lanzando la espada Himperius a lo lejos, y lo único que la Salvadora escuchó fue el ruido de su lámina contra el suelo mojado de la lluvia, totalmente inalcanzable para sus manos.
Con un grito de horror y susto, Swan cayó al suelo, arrastrándose hacia atrás, rendida. Se encontraba vulnerable y desarmada. El Hada Negra, con una enorme sonrisa de triunfo y victoria, caminó lentamente hacia ella, con la espada Savior apuntada hacia su pecho, mientras la rubia se arrastraba hacia atrás, jadeando y con miedo. Ya no tenía esperanzas…Había hecho lo que había podido, había luchado hasta agotar sus fuerzas. Pero aquel era su fin.
Calientes lágrimas aparecieron en sus ojos mientras pensaba en todo lo que su fracaso en la lucha acarrearía para el mundo, para su familia, para las personas que amaba…Lo había hecho lo mejor que podía, había luchado con todas sus fuerzas, hasta agotarse por completo, pero cómo le habría gustado haberlo hecho mejor…
–Me has dado trabajo, Salvadora…Pero siento pena que hayas pensado por un minuto que podrías vencerme…–siseó Fiona, cuando Emma golpeó su espalda contra una piedra sin poder seguir arrastrándose. La afilada espada Savior rozaba ahora su pecho y el Hada la pasó lentamente por el tronco de la rubia. Emma gruñó y gritó al sentir el dolor que la lámina le causó. Brilló intensamente con un tono de verde al entrar en contacto con Emma, indicando que tenía el poder de matarla –¿Cuáles son tus últimas palabras antes de que me apodere de todo lo tuyo?–bromeó y sonrió Fiona.
Emma no respondió, pero la miró desafiadoramente. Sabía que no había más posibilidades, sabía que era cuestión de segundos que su muerte llegara, sin embargo, si iba a morir, lo haría con toda la dignidad. Su pecho subía y bajaba de miedo y tristeza, no obstante la Salvadora no iba a dejar que Fiona la matara como a un pajarito cobarde.
Como en esos pocos segundos en que Fiona había desarmado a Emma y las dos se mantenían en ese duelo la guerra continuaba alrededor de ellas, nadie aún se había dado cuenta de lo que allí sucedía, preocupados en defenderse y atacar a sus propios enemigos.
Sin embargo, debido al fortalecimiento de los poderes entre Emma y Regina, y a la fuerza del amor verdadero que las unía, no pasó mucho tiempo para que Regina sintiera un fuerte dolor en el pecho, como un presentimiento y una premonición. Aún estaba recibiendo los agradecimientos de Clarissa por haberla ayudado a curarse cuando el dolor comenzó a agudizarse, y de repente, gritó, asustando a la Reina Malvada y a Clarissa.
–¿Qué ocurre?–preguntaron a la vez Clarissa y la Reina Malvada al mismo tiempo.
–E…Emma…¡AHHHHHH!–gritó, apretándose el pecho con dolor.
Instintivamente, siguiendo ese fuerte y negro sentimiento en su corazón, buscó el sitio donde Emma luchaba. Y lo que vio solo hizo aumentar más su agónico dolor y el pánico se apoderó de cada parte de su cuerpo. Emma estaba rendida, y Fiona se preparaba para enterrar la Espada Savior en su corazón. El Hada, riendo, elevó la espada con sus dos manos y se preparaba para el golpe final, mientras Emma, apoyada en la piedra, cerró fuertemente los ojos y solo esperaba su triste fin, un rastro de agonía en sus labios.
–¡NO! ¡EMMAAA!–el grito cortante, desesperado y ensordecedor de Regina rasgó la noche como un rayo. Fue tan alto, tan fuerte que llamó la atención de todos los que batallaban, incluso con la fuerte lluvia que no hacía sino aumentar.
Todos, exactamente todos, dejaron de luchar, y se detuvieron justo en aquel momento en que el Hada se preparaba para ganar la Batalla. Todos sabían que la guerra llegaría a su fin en el momento en que una de las dos ganara, Emma o Fiona. Y el duelo estaba a punto de ser decidido, la guerra también…
Fue como una película en cámara lenta: Mary, David, Zelena, Henry, Archie, Robin, todos corriendo y gritando desesperados cuando se dieron cuenta de lo que sucedía. Pero Regina fue la que corrió más y más rápido, movida por su magia, por su desespero, movida por su amor por Emma…
–¡NOOOOOO! ¡AAAAAAAA!–Una vez más el grito cortante de Regina. Pero esta vez, con dolor, Emma solo se dio cuenta de lo que sucedía al sentir el peso de Regina sobre ella. La rubia escuchó a su amada gritar, sin embargo, ella nada podía hacer al respecto, ya que su destino estaba ya trazado por las manos del Hada Negra. Así pensó ella, y solo cerró los ojos esperando la muerte. Pero jamás imaginó, en momento alguno, que Regina haría lo que acababa de hacer.
Regina se colocó frente a ella, se lanzó sobre ella. Y se llevó la puñalada sin piedad de la espada Savior venida de las manos del Hada Negra, en lugar de Emma. La hoja penetró su abdomen, la rasgó la carne, se introdujo en sus entrañas, la sangre brotaba como las aguas de un río, con un dolor tan intenso que Regina jamás había sentido. Era como brasas vivas rasgándole por dentro, su sangre manchó a Emma, y ensuciaba sus manos, que intentaban tapar la herida abierta.
–¡REGINA!–ahora el grito ensordecedor provino de los labios de Emma, que rápidamente se giró y colocó a la morena delicadamente en el suelo, mientras Fiona, con un resoplido de rabia y revirando los ojos, sacó la espada de su barriga –¡NO! ¡DIOS, NO! ¿Por qué lo has hecho? Era mi destino, Regina, no tenías que haberte metido delante…–Emma, llorando copiosamente y en total desespero, intentaba hacer algo por Regina, taponando la herida. El dolor y el pánico en sus ojos era mucho peor ahora que cuando estaba a punto de morir segundos atrás. ¡Ella no podía creer que Regina hubiera hecho aquello!
La morena, débil y perdiendo las fuerzas, cerró sus ojos en lágrimas y pasó su mano ensangrentada por el rostro de Swan.
–No soportaría verte morir…–tosió, y para mayor desespero de todos, expulsó una sangre negra y espesa –Discúlpame, mi amor…¡Discúlpame! Pero tenía que hacerlo…No soportaría…
–Regina…–la rubia sollozaba, sin poder decir nada.
Todos alrededor asistían a todo. Mary, David, Zelena y Henry tuvieron que ser detenidos por la magia de Gold para que no echaran a correr hasta allí y empeorasen las cosas. Los cuatro estaban desesperados y lloraban. Gold reflejaba preocupación en su mirada.
Mientras tanto, el Hada Negra asistía también a todo, parada, con mirada de tedio, como si nada estuviera pasando. Sabía que no podía atacar a Emma de momento, mientras estaba indefensa y frágil, porque la lucha tenía que ser justa en todos los sentidos para que la Espada succionara de verdad cada gota del poder de la Salvadora. ¿Por qué aquella maldita tenía que ponerse delante justo ahora?, pensó, resoplando.
–Cuando la parejita simpática acabe de despedirse, no olvides que aún tienes un asunto pendiente conmigo, Swan…–
–Emma…–Regina continuaba, cada vez más débil y con dificultades para hablar, por el dolor y por la pérdida de sus fuerzas y poderes –Gana…Por mí, por todos nosotros…
La rubia acarició sus cabellos, llorando a mares, agachado a su lado.
–Sabes que no puede ser, Regina…Está hecho. He perdido. Estoy acorralada, Fiona me ha arrancado la única arma que puede matarla y la ha lanzado a lo lejos, no sé ni a dónde fue a parar…
–¡NOOOOO!–y otro grito cortó la noche, esta vez, proveniente de Clarissa, al otro lado de donde estaba la aglomeración alrededor de Emma y Regina. Todos giraron la cabeza para mirar.
La princesa, llorando desesperada, intentaba agarrar a la Reina Regina, a la Reina Malvada en sus brazos. La misma sangre y la misma herida de espada que había en la alcaldesa comenzó a aparecer también en la reina rasgando su vestido, y también ella agonizaba de dolor, asustada, también perdiendo sus fuerzas, exactamente como le pasaba a su mitad en el regazo de Emma.
Pues claro, pensó Emma al igual que Clarissa, y debido a esa unión al sentir lo que les estaba ocurriendo a sus amadas, intercambiaron una mirada de dolor y comprensión. La Reina Malvada aún no estaba totalmente libre de su otra parte, la alcaldesa, a pesar de que la alcaldesa sí estaba libre de su unión con ella debido a los lazos de amor y poderes renovados con Emma. Solo se desligaría por completo cuando Fiona matara a Emma y tuvieran la sangre de la Salvadora en sus manos, para así disfrutar de su poder por completo. Mientras eso no sucediera, la Reina Regina aún estaría unida a la alcaldesa Regina, lo que le sucediera a la alcaldesa, también le sucedería a la Reina.
–Dios mío….–susurró Emma, en pánico –¡GOLD!–chilló, y el hombre llegó corriendo, dejó libres los cuerpos de Zelena, Henry, Mary, David y también el de Robin, y todos corrieron hacia ella, agachándose junto a Emma, cada uno inmerso en su propio llanto –Gold, por favor…–miró intensamente a los ojos al Dark One y desesperada imploró, mientras aún sujetaba con fuerza a su prometida que gruñía de dolor, e intercambiaba miradas desesperadas con Clarissa –¡Por favor! ¡Dime que tienes una cura para esto! ¡Que tienes una magia o hechizo capaz de curarlas! Por favor…–su voz fue desapareciendo al ver la expresión triste del hombre que tenía delante.
–No, señorita Swan, me gustaría poder decir lo contrario, pero infelizmente no, no tengo…Esa Espada fue forjada por medio de la unión de las más profundas y poderosas fuerzas del Mal, en sus cavernas más sombrías y el tipo de magia que posee traspasa cualquier fuente de poder, incluso el mío, y para ese poder aún no existe antídoto…Es un arma que ha sido realizada de forma muy específica. ¡Lo siento mucho!
–¡Pero van a morir!–gritó Emma con toda la fuerza que sus pulmones le dejó a través de las lágrimas –¡No puedo dejar que Regina muera! Por Dios, Gold, yo…
Sintió cómo su cabeza era delicadamente ladeada. Era Regina, en su regazo, que la obligaba a mirarla. La morena poseía en aquel momento el brillo más hermoso en sus ojos castaños, mucho más que antes, si eso era posible. Lloraba mucho y estaba débil, pero aún poseía su genuina sonrisa. Aquella sonrisa que Emma Swan tanto amaba y que amaría para siempre.
–Señorita Swan…–dijo débilmente con una sonrisa, y Emma sonrió ligeramente al recodar cómo siempre Regina la había llamado, sobre todo cuando la odiaba –Acepto mi destino. Todo lo que he hecho es por amor hacia ti, y también por el bien mayor. Ahora tienes otra oportunidad para matar al Hada…Has ganado tiempo…
–No, no lo tengo, Regina…–sollozó –Ya te he dicho que la espada fue lanzada lejos y…
Regina miró hacia un lado, y vio que el Hada, a lo lejos, resoplaba, esperando, y dijo en voz baja.
–Ah, Emma….¿Cuántas veces no hemos pensado que todo estaba perdido y conseguimos revirar la situación de forma impresionante? Mira…Sé que no tienes la Himperius en este momento…Pero siento, mi amor, aquí dentro…–colocó la mano de Emma al lado izquierdo de su pecho –¡que te las apañarás, y conseguirás vencer! ¡Lo sé! ¡Confío en ti, mi amor! ¡Ve! ¡LUCHA! ¡Perdóname por no estar contigo tras tu gloriosa victoria! Lo querría tanto, pero tanto conmemorar contigo y nuestra familia después…–lloró más –No te rindas…Por nosotras, por el futuro de nuestro hijo, cuida bien de él…
La voz de Regina fue desapareciendo y sus ojos amenazaban con cerrarse…Los de la Reina Malvada también, en los brazos de Clarissa. El pánico y la desesperación en Emma y Clarissa solo aumentaron.
–¡REGINA! ¡REGINA!–golpeó su rostro varias veces –¡Mi amor, no! ¡NO!–El llanto de Emma era implacablemente dolorido y otros muchos ya lloraban junto con ella –¡No me dejes! ¡Te necesito, mi amor! ¡Por favor! ¡Te necesito! ¡No te vayas tan pronto, no me dejes aquí sin ti! Quiero tener una vida contigo, Regina, envejecer a tu lado, ver tu hermosa sonrisa al final de mis días…¡No es justo que te vayas! Por favor…
Todavía tuvo tiempo Regina, sonriendo ante las palabras de Emma, de abrir ligeramente sus ojos y mirar a la rubia, pasando la mano por su rostro, y susurrar débilmente
–Jamás voy a dejarte. ¡Solo cambiaré de plano, pero estaré siempre contigo! No quiero que llores, quiero que estés feliz por mí, porque estos últimos meses a tu lado, Emma, han sido lo más felices de mi vida, a pesar de las preocupaciones. ¡Usted, señorita Swan, ha hecho que finalmente tenga mi final feliz y sepa cuál es el verdadero sentido del amor verdadero! Y quiero marcharme viendo este hermoso rostro…–acarició su mejilla y Emma volvió a caer en un intenso llanto –¡el rostro de la mujer que amo! ¡Para siempre! Te amo, Emma Swan…
Y con esas últimas palabras, Regina, lentamente, fue perdiendo la fuerza de sus labios y sonrisa, y sus ojos se fueron cerrando poco a poco. Emma sintió cómo su cuerpo se relajaba y su mano iba cayendo, mientras su respiración iba haciendo más y más débil, hasta pararse por completo, justo también con los latidos de su corazón, que segundos después se detuvo. El cuerpo, antes fuerte, lleno de vida y poderes, ahora estaba completamente inmóvil.
Regina Mills había muerto en los brazos de su gran amor, Emma Swan, la hija de la mujer que en otro tiempo había sido su mayor enemiga.
Y, en medio al caos y al dolor que habitaba en su dilacerado pecho, por la mente de Emma pasó como un rayo una parte de una de las profecías, que decía
"Las dos mayores fuerzas se unirán
Volviéndose una sola oscuridad
Por la sangre salvadora lucharán
Pero la sangre del amor sacrificado
Puede ser la salvación…"
Sangre del amor sacrificado…O sea, Regina la amaba verdaderamente y se había sacrificado por ella. Ella había derramado su sangre por ella, la sangre sacrificada.
Su sangre sacrificada puede ser la salvación…
Regina la había salvado. Para que Emma Swan tuviera una nueva oportunidad para ganar la lucha.
