Quédate: Parte Dos


Capítulo 8: Parte dos


La reunión con Kakashi Hatake divirtió mucho a mi amigo, en vez de sentarnos a negociar la renovación de nuestros contratos ‒como esperaba nuestro jefe‒ presentamos nuestras renuncias. Por todos los medios trató de que revocáramos nuestra decisión.

—Kakashi, cumpliremos con el último libro y nos iremos.

—Estaré encima de ustedes, no aceptaré cualquier cosa, tengo un prestigio que defender.

—Nosotros también —Kiba le puso su mejor cara. Sí que estaba disfrutando.

—"Bajo tu piel" estará en las librerías a tiempo.

—No te apures, tenemos todo un año, por ahora hay que concentrarse en la promoción de "Atada a ti" —Lo tendrá antes.

—Puede ser pero, entenderás que no puede publicarse hasta que "Atada" cumpla su ciclo en las librerías.

—Yo cumplo con escribir el libro, la fecha de publicación es problema suyo. No voy a quedarme en Hatake Editores esperando a que usted me publique.

—Eres otra, Hinata. Antes del libro erótico que te impuse escribir era más suave, más tímida y ahora, ¡mírate! tan firme, tan segura que asustas.

—Si quiere le doy las gracias pero, la decisión está tomada, Mi contrato con Hatake Editores terminará el día que entregue mi nuevo proyecto.

La noticia de nuestra renuncia se había esparcido como espuma, así que cuando fui a la máquina por algo de beber mis compañeras de trabajo empezaron a hacer preguntas. Tardé más de lo que pensaba en satisfacer su "curiosidad", iba a decirle a Kiba que saliéramos a celebrar cuando escuché su conversación telefónica.

Joder Samui, ¿cómo demonios quieres que te explique que no hay nada? ¡Demonios, estoy contigo!

Kiba se pasó la mano por el pelo mientras caminaba de un lado a otro en su cubículo.

—¡Es que eso es lo que no quieres entender mujer! ¿Cuánto tiempo llevamos en esto?, ¡desde que empezamos a salir solo te he tocado a ti!

¡Sudo agua bendita por el amor a Dios!.

Siguió con su paseo.

—¿Sabes qué? Piensa lo que te dé la jodida gana ¡maldición!

Colgó pegándose en la frente con la pared, pasó la mano por su rostro y peinó su cabello hacia atrás antes de verme.

—¿Cuánto tiempo llevas de pie ahí?—dijo entre dientes mirándome fijamente.

—Alto ahí, vaquero que conmigo no es tu lío—lo vi apretar el puente de su nariz— ¿Problemas en el paraíso?

—¿Ves por qué jodida razón no me gustan las relaciones?

—¿Son... complicadas?

—¡Son el jodido infierno!

—Bueno, yo venía a invitarte a celebrar, le dimos en el culo al viejo y tú tendrás pronto tu propia editorial.

—Claro que sí, lo merecemos y de paso dejo de pensar en Samui Croes por esta noche—dijo mirándome esperanzado.

Fuimos a un pub cerca a Hatake Editores y estuvimos dos horas comentando lo que nos había pasado en la tarde, luego llamé a Ino y la cité en mi apartamento, teníamos que oficializar el calendario de gira.

—¡Estoy entre golpearlos o felicitarlos! ¿Cómo es posible que haya pasado todo eso y yo recién me esté enterado? Estoy embarazada no inválida.

—Todo fue inesperado.

Lo de Õtsutsuki sí, pero lo de la renuncia, no. Habíamos quedado que lo harías después de entregar el último libro.

—Una cosa llevó a la otra. Vamos, amiga ¿Qué tal unos ravioles con mucho queso y tomillo para la cena?

Me miró extrañada.

—¿Los harás tú?

—¡Hasta yo los puedo hacer! Solo hay que hervirlos 12 minutos en agua. Agregó Kiba a modo de burla, le di un codazo y conteste a Ino que yo cocinaría.

Recordé los viejos tiempos cuando éramos solo los tres, cuando yo no era una persona que caminaba, respiraba y sobrevivía con el corazón pegado con cinta adhesiva.

Comimos con suave música de fondo y Kiba estuvo con su celular casi toda la noche intentando marcar pero luego se arrepentía y lo dejaba a un lado del sofá. Después cenar y de confirmar varias veces toda la ruta de la promoción y dejarla sellada, Ino se fue a su casa.

Kiba estaba pensativo, había participado poco en la cena y cada tanto observaba su celular.

—¿No tienes ganas de comer helado? Ino dejó lleno el congelador. —Caminé hacia la cocina, sacando la tarrina de helado del refrigerador y colocando una porción en dos tazas.

—Debería irme—me dijo apenas me vio volver

—Toma—le entregué una taza con helado—. ¿Quieres contarme qué sucede?

—¿Con esto olvidaste a Naruto?—Kiba enarcó una de sus cejas.

—Lo mío con Naruto no tuvo importancia, él debe estar en India ahora— dije intentando que no notara el quiebre de mi voz.

—Y así pretendes que yo te cuente mis problemas, mintiéndome— pasé un mechón de cabello detrás de mi oreja—. En fin, Hinata, no es nada, solo que Samui cree que estoy con ella y con otra mujer.

—¿Es eso cierto?—pregunté sentándome frente a él y metiendo mi cuchara en mi taza.

—Sí y no—lo miré sin entender—. No entenderías.

—Tal vez si me explicas...

—Cuando empecé a salir con Samui le dejé muy en claro que no tendríamos una relación exclusiva, ella lo aceptó así porque tampoco quería comprometerse y estábamos bien, hasta Navidad —iba a preguntarle qué había sucedido en Navidad, pero él hablo—. Samui notó que había alguien. Antes que preguntes algo: Sí había alguien o al menos, eso pensaba, ¡Uff!, estoy tan confundido.

—¿Amas a Samui?

—¿Amaste a Naruto?—aunque lo intenté no fui tan buena ocultando el dolor que causaban sus palabras—. Lo siento bonita... Debería haberlo golpeado, él te hizo daño—intenté hablar, pero Kiba no me dejó—. Vamos, no soy estúpido, no me insultes, Hinata, puedes mostrar una máscara de indiferencia, pero yo conozco a la verdadera tú. Tus ojos son dos lumbreras apagadas y ya no sonríes como antes, como mi Hinata.

—¿Quién es la chica?—Cambié de tema. No quería hablar de Naruto, mucho menos con Kiba. Él enarcó una ceja—. La chica a quien amas; si no estás enamorado de Samui es porque amas a esta chica.

—Yo creí amarla—dijo bajando la mirada—. Hinata, tú eres muy importante para mí, yo...—agarró mis manos—. Olvídalo, debo irme—me dio un beso en la frente y se levantó para irse.

—Kiba, huir de los problemas no te los solucionará.

—Mierda, Hinata. ¿Te estás escuchando?—me interrumpió exasperado —. ¡Joder! Aplica lo que estás diciendo en ti, no creo una mierda eso de que lo tuyo y el niño de oro de Nueva York terminó porque no funcionaba cuando el día de Año Nuevo se les veía tan bien.

—No estamos hablando de mí.

—No estamos hablando, estamos... Huyendo de los problemas...

—Nos dimos cuenta de que teníamos proyectos diferentes. —él respiró resignado.

—No vale la pena que te hable de lo mío, no cuando la otra persona siente por mi algo netamente fraternal—se encogió de hombros—. Ahora, lo único que puedo hacer es protegerla, ella se ha convertido en alguien muy importante para mí, ella es mi familia —tragué saliva sin saber que decir—.Y se enamoró, aunque se lo niegue a sí misma, y yo solo tengo la categoría de amigo. En fin, no vale la pena hablar de cosas sin importancia

—musitó con melancolía—, ella es mi hermana—suspiró fuertemente—.

Debo irme, mañana nos vemos temprano en el aeropuerto—me dio un gran abrazo y un beso en mi frente—. Te quiero, Hinata, siempre te querré.

No había que ser un genio, ni siquiera tenía que preguntar, pero antes de que Kiba abandonara mi departamento las palabras abandonaron mis labios.

—Soy yo la chica de la cual crees estar enamorado—no era una pregunta y Kiba lo interpretó así al quedarse de pie frente a mi puerta unos segundos antes de girarse.

—No sé qué siento por Samui, Hinata, no sé qué mierdas está pasando conmigo, pero no quiero que se vaya de mi lado y estoy asustado como el infierno.

La puerta se cerró suavemente haciéndome sentir completamente sola, en ese instante el vacío bajo mis pies me llevó a las profundidades y quedé tirada en el suelo. Al menos, Kiba intentaba no huir de sus sentimientos; él no era un cobarde, enfrentaba sus miedos actuando de una manera que yo simplemente no podría, Kiba afrontaba, en cambio yo, simulaba que nada había sucedido.

Estaba en el limbo por elección propia.

La gira había sido buena si excluíamos las entrevistas y las estúpidas preguntas de mi "relación" con Naruto, me parecía muy extraño que los medios no se hubiesen enterado de nuestra ruptura, pero tampoco iba ser yo la que les daría de qué hablar, a pesar que Ino y Kiba revisaban las preguntas nunca faltaba la conductora lagartona operada por todos lados que me preguntaba qué se sentía estar en una relación con el soltero de oro de Nueva York.

Otras con menos tacto preguntaban que se sentía besar y poseer el cuerpo de ese hombre en exclusiva. Si por algo era conocido Naruto, era por su capacidad de poseer a cualquier mujer que se le acercase. Por un momento anhelé reventar el mundo y acabar con esta agonía, deseando no haber aceptado su trato.

Seattle, Orlando, San Diego, Los Angeles, Phoenix, Virginia y por fin Nueva York. Había hablado con Hanabi cuando pasé por su ciudad a pesar de que seguía con su insistencia de que leyera el condenado diario, discutimos en el restaurante del hotel y la comida me sentó mal.

Las entrevistas y la tarde de autógrafos en Virginia resultaron un desastre, Ino tampoco la estaba pasando bien por lo cual Kiba llamó a Kakashi y le dijo que cancelaríamos los compromisos en Chicago. Kakashi aceptó con la condición que no canceláramos las entrevistas en "Stars", "Hablemos de sexo" y la firma de libros en el centro comercial.

—¿Segura que estás bien? —Kiba preguntó y asentí sin abrir los ojos. El vuelo de regreso a casa me había descompensado y estaba algo mareada —. Estaré con Samui, solo una llamada y estaré aquí.

No había vuelto a hablar con Kiba acerca de su relación con mi vecina y lo que sentía por mí, no había que ser un genio, si unía todos los cabos la mujer que amaba era yo.

Su enfrentamiento con Naruto, su distanciamiento conmigo, todo calzaba, desafortunadamente él tenía razón, lo que yo sentía por él era un cariño fraternal; sí, me hacía temblar cuando estaba cerca ¿Quién no temblaba con Kiba Inuzuka cerca?.

Él era realmente recreable para la vista, sexy, musculoso, chistoso sin rayar en lo vulgar, dedicado a su trabajo, honesto y no me cansaría enumerando sus virtudes, pero yo estaba enamorada de Naruto, aunque él no quisiera nada conmigo. Bufé frustrada porque necesitaba olvidarlo. Sacarlo de mí.

—¿Hinata?

—Sí, entendí: si me siento mal, te llamo.

—Genial, nos vemos mañana—besó mi frente y se fue dejándome en el sofá.

No supe cómo llegué a mi cuarto, tampoco si comí o no lo hice, solo sé que cuando toqué mi cama caí profundamente dormida.

—¡Hora de levantarse!

—¡Grrr! —me volteé enterrando la cabeza en mi almohada

—¡Joder, Hinata!, es hora que levantes tu perezoso trasero de la cama, Kiba está afuera haciendo café.

—¡No!

—¡Hinata! —Ino me quitó la sábana y gemí levantando mi rostro y dándole una mirada matadora.

—¡Qué!

—Ya sé de dónde aprendió Inojin esa jodida mirada. Para tu infortunio, todavía no matan, ¡levántate y dúchate! te espero afuera, tenemos un día largo—hizo un énfasis muy largo en la "o".

Obedecí resignada porque entre más temprano hiciera la entrevista con Stars más rápido saldría de ello, solo me quedaría la firma de libros para la tarde y la visita a la emisora, me duché rápidamente y me coloqué unos vaqueros con algo de trabajo debido a que había aumentado algunas libras, tomé un suéter de cuello alto, estábamos a principios de marzo, coloqué mis botas y saqué una de las chaquetas de mi clóset, me peiné el cabello recogiéndolo en una cola suelta y me dirigí a la cocina.

Ino y Kiba estaban sentados en mi isleta ambos disfrutando de café recién hecho y croissants, tomé mi taza de café y fui a sentarme con ellos.

—Te ves terrible—dijo Kiba con burla, le mostré mi dedo medio, tenía sueño aún y el estómago me punzaba.

—Comiste mucha chatarra durante la gira y subiste de peso —dijo Ino mordiendo su croissant.

Si no la amara tanto también le hubiese mostrado mi dedo del medio en un claro "vete a la mierda".

—Con esta bienvenida, mejor me vuelvo a la cama.

—¡Alto ahí! Siéntate y come.

Kiba me sirvió un café y yo saqué un pan de la canasta Bebí un sorbo.

—¿Con qué lo hiciste? ¿Con lodo?

Tiré por el desagüe el resto del contenido de la taza y saqué una botella de refresco del refrigerador y me la bebí. Le di dos mordiscos al croissant y esperé paciente a que Ino terminara.

—Obedécele en todo a Ino, te llamo más tarde. —Kiba se despidió, tenía que ir a la editorial.

—Ya escuchaste, no te quejes de la ropa, del peinado ni del maquillaje.

Salimos directo al hotel donde se realizaría la sesión de fotos, afortunadamente para mí, Karin no era la encargada, ahora había un chico llamado John y que a pesar de su muy extraño aspecto resultó ser un muy buen productor, eligió la ropa, el peinado, el maquillaje y las joyas perfectas para la ocasión.

—Ahora, tomaremos unas en el jardín—dijo al fotógrafo que estaba encargado de la sesión.

Reemplazaron el vestido de noche por uno de tarde, corte evasé, desarmaron el moño alto para hacerme una trenza, cambiaron las joyas y el maquillaje y fuimos hasta la pérgola del hotel—¿Podrías darme un minuto? —dije agarrándome el vientre y respirando profundamente mientras me sentaba para controlar las arcadas. Ino fue rápidamente junto a mí.

—¿Te sientes bien? Estás pálida—dijo Ino pasándome una botella con agua.

—Creo que no debí tomar esa gaseosa fría al desayuno. Me duele el estómago—tapé mi boca cuando sentí arcadas y respiré nuevamente.

—¿Quieres que paremos aquí? —preguntó frunciendo el ceño.

—Terminemos con esto, después del almuerzo me recostare y estaré como nueva para la presentación—intenté sonreír.

Ino alzó una ceja.

—¿Segura?

—Segura, y a partir de ahora, tomaré solamente agua.

Stefan tomó un par de fotografías más y luego Ino y yo subimos a la habitación que Kakashi había reservado para nosotras, pedimos ensaladas para almorzar y mientras esperábamos a que fuera hora de bajar nos dedicamos a descansar.

—¿Cómo estás?—dijo Ino, llevábamos varios minutos acostadas una al lado de la otra mirando al techo sin decir nada.

—Mejor, fue la gaseosa—respondí sinceramente.

—No me refiero a eso—hizo una pausa—, me refiero a Naruto —dijo con cautela.

Respiré fuertemente antes de contestar, hablar con plena honestidad delante de Ino serviría solamente para derrumbarme, lo cual llevaba tiempo tratando de evitar. Su recuerdo me perturbaba sobremanera y lidiar con ello era una batalla constante, se necesitaba demasiado esfuerzo para llevarlo a un lugar oscuro y apartado de mi corazón. Me costaba horrores hablar de ello así que dije lo que mejor podría responder en este momento.

—No puedo darme el lujo de echarme a morir, además, no es la primera vez que me rechazan—traté de burlarme de mí misma.

—No digas eso, yo te conozco y sé que tu corazón está...

—No tengo corazón, Ino, estoy aburrida de tenerlo, mi corazón se hizo polvo

Ino se giró de medio lado en la cama colocando el codo en la almohada y la mano en su cabeza clavando sus ojos en mí cuando pasé mi brazo por sobre mis ojos. Negarme a hablar de ello era lo mejor que se me daba, sí era tonta, pero no necesitaba más dolor.

—Te conozco mejor que a mí misma, puedes parecer muy fuerte, pero sé que lo estás escondiendo.

Bufé sonoramente, ante el comentario.

—No escondo nada. Simplemente no he tenido tiempo como para pensar en él, seguramente ya ha de estar en India haciendo lo que más le gusta, ¡follar!

Ino iba a decir algo más pero un leve toque nos hizo mirar hacia la puerta, me levanté de la cama sintiéndome levemente mareada aun así llegué y le abrí al camarero que traía nuestra orden

Comimos mientras ella organizaba los últimos detalles de la firma de libros, olvidado quedó el tema de Naruto Uzumaki al menos para ella. Yo solo estaba sobrellevando todo ahora, "Atada a ti" me mantenía ocupada y luego sería "Bajo tu piel". Todavía no tenía noticias de Toneri Õtsutsuki ni de su esposa.

No me sentía bien, sentía el sudor correr por mi espalda y ni Ino ni Kiba estaban cerca, ella salió del salón con el celular pegado a su oreja mientras que él estaba verificando cuántas personas faltaban por firmar sus libros.

Mi amigo había estado pensativo y cabizbajo, lo que me decía que no le había ido tan bien con Samui, solo esperaba que pudiesen arreglar sus diferencias. Kakashi se había ido luego de la presentación de "Atada" a los medios, afortunadamente la rueda de prensa había sido enfocada en la historia de Menma y Tanahi, alcé la vista dando mi mejor sonrisa falsa a una chica que me extendía el libro con timidez.

—¿Dedicado a quién? —pregunté tragando la bilis que había subido por mi garganta.

—Alexandra Shalon—dijo ella—. He leído todas tus obras.

Asentí sabiendo que si abría mi boca podría ocurrir un accidente, le di una sonrisa tímida y estampé mi firma en el libro antes de regresárselo.

—Me gustó mucho el del sacerdote y si soy sincera compré el libro porque se dice que DSex te ayudó a escribirlo

Negué con la cabeza y tragué la bilis antes de hablar.

—Él solo fue un tutor, alguien quien verifica que todo se leyera real— susurré sin despegar mis labios completamente, entregué el libro a Alexandra y tomé mi celular abrí la aplicación de Whatsapp y le escribí a Kiba.

H: ¿Quedan muchas personas?
No me siento bien

K: Unas siete u ocho
¿Necesitas algo?

No contesté, bajé la cabeza cerrando los ojos un momento respirando profundamente mientras llegaba el siguiente lector, había firmado más de cien libros y Kiba me daba pequeños espacios de tiempo entre uno y otro. Sentí un golpe brusco frente a mí y abrí los ojos observando un ejemplar del libro en el escritorio.

—¿Dedicado a quién?

—¡A la perra que utilizo a mi hermano y luego lo dejó como si fuese un maldito trapo viejo!

Miré a la mujer frente a mí con desconcierto, se veía triste pero su postura y su mirada trasmitían ira, desesperación y desconsuelo.

—¡Karin!

—¡Lo dejaste cuando más te necesitaba! Sabía que debía confiar en la intuición de Sakura, eres una maldita oportunista, Hinata.

No entendía nada así que me levanté intentando quedar a la misma altura de la mujer frente a mí.

—Karin, no sé de qué me hablas.

—¡Claro que no sabes! Lo único que te interesaba era tu maldito libro, ¡Pues ahí está! Espero que lo disfrutes. No eres más que una puta mosquita muerta, Hinata Hyûga.

Vi a Kiba acercarse a mí y la gente en la cola murmurar cosas, traté de mantener la calma, no era el momento ni el lugar, tampoco sabía qué demonios le había dicho Naruto.

—Si tienes algo que decirme puedes esperar a que termine y hablaremos como personas civilizadas—dije lo más bajo que pude.

—No hablo con hijas de puta, espero que tu maldito libro sea un éxito Hinata y deseo no volver a verte nunca en mi jodida vida—Karin se alejó dejándome completamente consternada.

Sentí como la bilis volvía con más fuerza sobre mi garganta y salí del salón sin importarme nada más que buscar un baño donde devolver mi almuerzo.

Ino estaba fuera del baño cuando salí, sentía que el mundo me daba vueltas, ella me tendió una toalla y una botella de agua enarcando una ceja en mi dirección.

—¿Qué fue lo que sucedió con Naruto?—abrí la botella y tomé un sorbo de agua—. Karin estaba frenética, me dio un empujón cuando salía como loca del salón.

—¿Te hizo daño? —pregunté preocupada.

—No. ¿Qué fue lo que sucedió? y no me digas que nada—Ino me dio una mirada que no aceptaba replicas.

—No sé qué diablos les habrá dicho Naruto acerca de nuestra ruptura, pero estaba muy enojada conmigo—pasé la toalla por mi cara— me trató de puta mosquita muerta.

Mi amiga me miraba con cara analítica y no prestó atención a lo que yo le decía, se acercó, tocó mi pelo, me hurgueteó mis ojos y se detuvo en mi vientre.

—Hinata, ¿tú no estarás...?—Ino acarició su vientre y yo negué frenéticamente con la cabeza.

—¡¿Cómo se te ocurre?! Ni lo pienses, Ino, ¡me cuidé!

—Hinata, cuando mi anticoncep...

—¡No!, me hice una prueba y salió negativa—dije tajante.

No. Estaba. Embarazada. Tomé otro sorbo de agua.

—Pero, reconoce que tu cuerpo está cambiando.

—Se está quejando del estrés a que lo he sometido, nada más.

Damas—Kiba tocó la puerta—. Lamento interrumpir la charla, pero hay personas esperando tu firma, Hinata.

Salí del baño con la firme creencia que era el agotamiento lo que me tenía traspuesta, Kiba me dio un chicle de menta y entré al salón con una sonrisa en el rostro, como si nada hubiese pasado. El resto de la tarde fue tranquilo, después de devolver, mi estómago no me molestó más, pareció haberse asentado así que en menos de una hora terminamos todo.

Posterior a lo ocurrido con Karin, intenté marcarle a Naruto pero su teléfono me mandaba al buzón, por lo que desistí de la tarea.

—Iré por Inojin, te quedas con Hinata y esperas a que yo te pase a buscar —dijo Sai dando un beso en la frente de mi amiga.

Me habían ido a dejar a casa.

—Ve tranquilo, estoy bien.

—¿Segura?

Ino sonrió dándole un beso en la comisura de sus labios y lo guió hasta la salida; cuando la puerta se cerró, volvió al ataque.

—¿Cómo te sientes del estómago?—preguntó quisquillosa.

—Borra lo que sea que estés pensando—caminé hacia el refrigerador y saqué una lata de Pepsi.

—Salgamos de dudas—Ino se apoyó en la isleta y me extendió una bolsa con el logo de una farmacia.

—He tenido mi período todos estos meses Ino, Naruto y yo terminamos nuestro trato hace dos meses y no me he acostado con nadie.

—¡Hazte la maldita prueba, Hinata Hyûga!

Tomé la bolsa y le rodé exageradamente los ojos a modo de protesta.

—Está bien, me haré la maldita prueba y luego tendrás que comerte los jodidos palitos cuando den negativo.

Fui hasta mi habitación, saqué las dos cajas y negué con la cabeza, leí las indicaciones rápidamente y entré al baño dispuesta a terminar pronto con el trámite, tomé los dos palitos y salí de la habitación. No estaba asustada, no tenía ningún síntoma y nada que indicara que podría estar embarazada, tampoco se había ausentado mi período y como adicional yo había tomado anticonceptivos durante los 90 días que había estado con Naruto.

Ino me quitó los palitos colocándolos sobre mi cama y esperando el tiempo pactado mientras leía las instrucciones.

—Ino...—ella alzó la vista mirándome suavemente—. ¿Quién compró las pruebas?

—Sai —contestó ella como si me hablase del jodido clima—. Le dije que Kiba creía que había embarazado a Samui así que tu secreto está a salvo —debía reconocer que por cosas como estas yo amaba a Ino.

—¿Cuánto hay que esperar?—pregunté secando mis manos en los vaqueros.

—Cinco minutos.

—Voy por una Pepsi, ¿quieres?

—No puedo—acarició su vientre—. Y si esto nos da positivo, tú tampoco—puntualizó.

—No va a resultar positivo —salí de allí y caminé hasta la cocina, decliné por el refresco y tomé un bote de helado, cuando volví a la habitación Ino miraba los palitos y no tenía buena cara.

—¿Ino?

—¿Seguiste las instrucciones al pie de la letra?

—Sí. —Ella, muda de palabras y gestos.

—¿¡Ino, que dice!?—Caminé hacia ella y me senté con miles de pensamientos cruzando mi cabeza—. ¿Ino?

—Esta dio un error—dijo colocando el primer palito en mis manos— y esta tiene dos rayas.

—¿Estoy...? —Ino negó con la cabeza.

—No lo sé, una de las líneas es perfecta y la otra está difuminada, es muy débil, así que supongo que es otro error, tengo cita con el doctor Sabaku no mañana en la tarde para saber el sexo de este ratón—apuntó su vientre—. Salgamos de dudas, ven conmigo mañana, Sai estará en juicio así que no iba a poder acompañarme, hazte una prueba de laboratorio y...

—Ino Yamanaka, no estoy embarazada—sentencié tajantemente.

—Hinata, es mejor salir de dudas—su celular sonó en ese momento, Sai ya estaba abajo—. Vendré por ti mañana Hinata, hablaremos con Kakashi sobre Chicago, almorzaremos y luego me acompañarás a mi consulta. Suceda lo que suceda, yo estoy contigo.

No había dormido bien, Ino había sembrado en mí la duda. Me había cuidado, primero con las inyecciones y después con las pastillas pero, la posibilidad existía, el segundo embarazo de mi amiga era prueba de ello. Pero, no; yo no estaba embarazada, preferí ocupar mi mente en otro problema: ¿Qué diablos le pasaba a Karin?

Salí al balcón de mi habitación apenas eran las 5:05., y el sol resurgía entre las edificaciones de Nueva York. "Nunca sabes cuándo puedes ver el último amanecer" Las palabras de Naruto hicieron que mi pecho se contrajera, apoyé las manos en el barandal del balcón sintiendo cómo la melancolía me embargaba, él me había hecho suya aquí en este lugar mientras los dos veíamos como el sol salía de su escondite.

Llorar no servía de nada, mi vida había sido llanto desde niña y había aprendido que solo era una pérdida de tiempo pero, ¿cómo evitarlo cuando sientes que te reduces a polvo, cuándo sabes que caminas sin el corazón latiéndote en el pecho? Estaba rota, estaba destrozada y no quise aguantarme más.

Me sentí estúpida por llorar por un hombre que desde antes sabía que me iba a usar como una muñeca más en su harem. Llevé las manos a mi cara y me giré completamente dejando mi espalda pegada al barandal, dejándome caer al suelo y exploté contra el mundo, sacando el dolor y la frustración, el miedo por el futuro, por no poder seguir, la duda sobre el embarazo, todo lo que me rodeaba. Dolía, me dolía el pecho, me faltaba el aire...

Estaba jodida con letras mayúsculas, resaltadas y cursivas, pero me di permiso para llorar y tocar el fondo porque estaba segura que saldría de esta, como había salido de todas las demás.

Me di permiso para hablarme duro y sin censurarme: me enamoré hasta la médula de mis huesos de un hombre que me hizo prometerle que no lo haría. Me enamoré con la esperanza de que él también lo hiciera de mí, me entregué creyendo que él también se entregaba. Aposté todo y perdí.

La única que amó en todo este embrollo fui yo, él se volvió mi ilusión y fue poesía para mí. Ideas estúpidas de un corazón que todavía creía en el amor, aunque sabía que no obtendría nada de ello. Luché con ese sentimiento, luché hasta no poder más, pero lo único que hacía en cada lucha era arraigarme más a él, pero sabiendo que él jamás sentiría algo por mí.

Sí, era tonto, era ridículo ¡pero era mi fantasía! No príncipe, no cuento de hada. Él era un demonio egocéntrico, arrogante, pesado y cabrón, un mito salvaje, pero fue mío... ¡mío!

Lo amé.

Lo amaba.

Lo amaría siempre.

En algún punto de mi vida, esa niña a la cual su madre abandonó, que fue criada por un hombre duro y reacio a toda emoción, esa que siempre creyó que no amaría jamás , que se sostuvo bajo la certeza de que no merecía amor, y que por lo tanto tampoco amaría a nadie, fue una hoja frente a la tormenta pero, firme y orgullosa un día salió de su casa convencida que podría sobrevivir en el mundo sin necesitar de nadie.

Que el amor era algo del que podría prescindir hasta que Utakata llegó y le hizo saber que el amor era lo más importante, y la dejó destrozada cuando la abandonó. Pero, como siempre, se hizo la fuerte, buscó entre sus fuerzas desgastadas y se paró frente al espejo repitiendo un único mantra "no amaré nunca...no amaré más, el amor es una rosa hermosa con terribles espinas"

Esa niña decretó que el verdadero amor se encuentra enterrado entre los libros y se convirtió en escritora, porque su inconsciente pedía amar a gritos.

Esa niña de pronto se permitió correr hasta un huracán violento y se dejó envolver por el torbellino que derrumbó todas sus torpes defensas.

Y él llegó a su vida, y le enrostró su hambre de amor y al amar, simplemente cayó

Ahora sabía que lo amaba, aunque él no lo hiciera, pero estoy aquí, sabiendo que ya no podía negar quien era ya no podía huir, ya no podría cerrar los ojos ante este sentimiento, Naruto era parte de mi vida, era mi alma, mi corazón, mi risa, mi sonata, él estará siempre en mí y yo viviré sabiendo que ya no temo al amor, porque yo amé con todo mi corazón, lo amé a él.

Si cerraba mis ojos podía sentir sus manos en mi cuerpo, sus labios en mi piel, dolor y pasión, dulzura y pasión. Él lo era todo y ahora no había nada, destruí mi barrera, quebré mi voluntad y no pude sostener mi promesa. Me enamoré de Naruto Uzumaki y ahora tenía que pagar las consecuencias.

Era libre de mis miedos, y aun así él no estaba conmigo.

Limpié mis lágrimas y entré a la habitación, sabía perfectamente que no dormiría así que ni intenté recostarme, en cambio caminé hasta llegar a la cocina dispuesta a sacar una lata fría de mi refresco favorito, pero terminé tomando una botella de agua, me senté en un taburete y traté de organizar mis ideas.

Mi cabeza era una maraña de confusión, una neblina que, aunque se dispersaba por momentos volvía más fuerte; quería dormir y despertar en unas cuantas décadas cuando el corazón no sangrara por Naruto Uzumaki.

Mi mirada se fijó en la esquina de la isleta y en el diario de Hanna, leerlo sería traer más dolor a mi vida, pero este sería un tipo de dolor diferente, un rechazo por otro, como aquel viejo adagio de un clavo saca a otro. Me levanté de la silla llegando hasta el libro y tomándolo firmemente, suspiré y abrí el libro con decisión.

Octubre 05 de 1990

Un mes. Mamá lo sabe, me mira y mira mi abdomen. No dice nada ya que prefiere obviarlo, sabe que estoy fajada. George la matará, lo hará con ambas, el bebé no patea, he decidido darlo en adopción es lo mejor para él y para mí, hay un lugar donde puedo dejarlo, no exigen mucho así que es perfecto, voy allí todas las tardes mientras mamá está en sus estúpidos cursos de pastelería, no sé para qué los hace, George es diabético y a mí no me gusta mucho el caramelo. Hoy fui al hospital de caridad y estoy asustada, el doctor Cooper dice que tendrá que hacerme una cesárea, lo que me pondrá en desventaja porque tendrán que operarme, no será un parto normal. Lo único bueno de todo esto es que George no vendrá hasta Noviembre.

Noviembre 14 de 1990

¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¿Qué jodidos hace George en casa?, Me vio y dijo que estaba gorda, que iba a pagarme un gimnasio como si no tuviera suficientes preocupaciones... Si antes estaba asustada ahora estoy peor, me han programado la cesárea, el hospital se hará cargo de llevar al bebé hasta al centro de adopción, he decidido no verlo, es mejor no encariñarme con él, hace mucho que no patea. ¡Joder! El problema real es George, si me descubre estoy muerta...

Noviembre 26 de 1990

Él sospecha, lo sé, el viejo es un ser astuto y malicioso está aquí desde hace unos quince días y no se irá, su pierna le duele desde que se la lastimó en la guerra, sus ojos me siguen por todas partes, parece un cuervo tras de mí, una sombra que no me deja, es horrible tengo que vivir con el miedo tras mis espaldas, cualquier momento un paso en falso y George sabrá mi secreto.

Diciembre 05 de 1990

Se ha enterado, alguien me ha visto entrar al centro, él mismo ha averiguado, ha usado sus contactos y presionado al doctor Cooper, me ha golpeado, y ahora estoy en mi habitación encerrada, ha golpeado a mamá, me sacó del hospital casi arrastrando mis propios pies. Lo sabía, él me seguía, debí ser más cuidadosa, debí calcular bien mis pasos... Ahora ya nada vale, él se ha enterado, casi me ha matado de no ser porque mamá se colocó frente a mí, ha culpado a mi madre por algo que ella no tiene la culpa. Tengo miedo... Mucho miedo, Hiashi, ¿por qué me hiciste esto a mí?

Levanté mi vista dejando el diario a un lado y enterrando mi cabeza en mis manos, la letra de Hanna era casi ilegible, pero podía entender su miedo más no su desprecio "¿Hiashi, porque me hiciste esto a mí?" Eso no podía ser una pregunta, Hiashi no había sido el único que había tenido relaciones sexuales sin protección para hacer un bebé, se necesitan dos personas.

La que no tenía culpa en todo este embrollo era yo. Una parte de mí no quería leer más, la otra estaba intrigada. Si Hanna estaba decidida a darme en adopción, ¿por qué fue que me dejó con George?

Respiré profundamente y tomé un sorbo de mi agua dejándola pasar lentamente por mi garganta, antes de seguir leyendo. La hoja estaba en blanco y la siguiente también, la fecha en la siguiente hoja me dejó completamente aturdida.

Enero 20 de 1991

Continuará...