Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo treinta y uno

Carlisle

Relamo mis labios al ver que sigue corriendo con esos leggins oscuros, observo con atención sus caderas que están ligeramente más anchas y se contonean en cada paso que da, también percibo que sus senos están más inflamados que antes, se notan a través de ese minúsculo top deportivo. Su cuerpo ha cambiado y me molesta porque sé que ya es una mujer.

Y no mi mujer.

― Maldita sea, Carlisle, deja de seguir acechando a esa chiquilla ―se queja Aro desde el asiento copiloto― tenemos una hora y media en este lugar. ¡Estoy harto!

Hago como que no escucho y continuo observando con los binoculares a mi princesa. Parece fatigada porque su rostro está enrojecido y tiene la boca ligeramente abierta cuando se detiene, hace alguna clase de estiramientos con sus brazos y se sienta frente al lago con su mirada perdida en algún punto.

¿Qué pensará?

― ¡Estás enfermo! por tu jodida culpa nos has arrastrado a cambiar nuestros planes. Mis hermanos me tienen vigilado la mayor parte del tiempo y por si fuera poco Lauren me está amenazando. ¡Esa maldita mujer resultó ser peor de lo que creí!

Aprieto con fuerza mis dedos alrededor de la fría carcasa al ver llegar a Edward junto a Bella.

― ¿¡Por qué simplemente no puede dejarla en paz!? ―pienso en voz alta.

― Porque es su mujer, ¿entiendes? ¡Su mujer! ―vocifera Aro indicando que eche andar el motor―. ¡Vámonos!

Deslizo los binoculares en la guantera ignorando la ansiedad que me provoca no seguir vigilando sus movimientos.

Es tiempo de irnos.

Aparco en el estacionamiento del consorcio dejando que Aro siga blasfemando en contra mía. Es sábado por la tarde y las oficinas están cerradas y por ende vacías.

― No me dijiste cómo reaccionó Esme a tu distinguido regalo. ¿Te hizo un drama?

Solo sacudo la cabeza sin ocultar mi sonrisa.

― Algo estoy haciendo mal. No puede ser que ni Bella ni la frígida de Esme actúen normal. No funcionó en lo absoluto hacerle creer que Bella es mi amante. Ni siquiera Edward ha reaccionado.

Caminamos a paso lento recorriendo la estancia de la entrada y los anchos pasillos, mi oficina siempre está cerrada y solo yo tengo la llave.

― Ten cuidado porque Edward tiene una maldita manía de mandar investigar todo, si no fuera por Alec, te aseguro que en estos momentos estaríamos tras las rejas ―sus ojos oscuros me enfrentan con dureza―. Tu maldito hijo es un dolor de culo, no soporto su arrogancia.

― ¿Qué te ha dicho tu sobrino? ¿hay novedades? ―arrastro por el escritorio una caja de puros coleccionables ofreciendo a Aro. Él elige uno y lo pasa por su nariz un par de veces.

― Me dijo que está en la ciudad Kate Denali ―me observa con una sonrisa malévola en su boca. Él está recordando aquella vieja charla.

Sonrío en respuesta, puede ser que mi corazón haya dado un vuelco debido a una extraña emoción de anticipación. Pero mi verga ya no reacciona ante su recuerdo… por cierto, un magnífico recuerdo.

― Creo que tienes una maldita obsesión por las mujeres de tu hijo. Nunca te has puesto a reflexionar sobre el odio que sientes por Edward para que se te antoje tener a sus mujeres. Piénsalo, has tenido a todas menos a quien realmente te interesa.

Descanso mi espalda en el respaldo de la cómoda silla de cuero mientras sostengo entre mis dedos un habano, lo observo meticulosamente meditando que no odio a Edward.

Es mi único hijo. Cuando nació y lo sostuve entre mis brazos por primera vez me sentí orgulloso de ser padre, pero al crecer... todo cambió. Edward siempre fue un chico difícil y testarudo que impuso su voluntad ante mi autoridad. Sin embargo, ese no fue el momento detonante sino cuando descubrí que las chicas que tenía de novias también me atraían a mí, quizá se oye perverso y hasta aberrante sobre todo la forma en que terminé por enredarme con Charlotte.

La chica era coqueta y fue fácil ceder a ella, estaba recién estrenada de mamá y tenía cierta repugnancia por mi hijo. Todo fue de mutuo acuerdo a pesar de ser menor de edad. Yo solo tomé lo que se ofreció.

Pero Kate. Con ella pasó diferente porque me tenía miedo, y su miedo se volvió una obsesión implacable, me atraía y me hacía desear estar dentro de ella, por eso mismo la forcé y no me gustó. No es que me arrepintiera, solo que la sensación no es la misma que al entregarse por voluntad propia.

Con Irina… ella se sentía abandonada y yo igual. Al ser una mujer tan sosa no pude pasar de una vez.

Aunque ninguna de ellas se compara a Isabella.

Bella, Bella, Bella.

Es increíble que mis pensamientos solo tengan presente su nombre como si fuera una mantra, inclusive hasta la tela de mis pantalones se encoge al evocar su recuerdo.

En cambio si debo maldecir algo, es la hora en que Billy Black se atravesó en mis planes, por su culpa no pude asistir a mi encuentro con mi princesa. Convirtiéndome en su perro fiel desde ese momento, sí, he perseguido a Isabella desde el instante que me rechazó. La he seguido en cada maldito minuto de su vida siendo su ángel guardián para ella o su maldito acosador pervertido.

La he acorralado como una presa débil y asustadiza y una y otra vez siendo salvada por alguna fuerza sobrenatural que siempre impide mi acercamiento. Como cuando le tocaba caminar de noche a su apartamento siempre aparecía algún amigo para acompañarle, cuando obligaba a McCarty que la dejase estar hasta tarde en el despacho y Edward era quien llegaba por ella.

Él siempre él.

― ¿Te has comunicado con Renee?

Parpadeo al escuchar de nuevo a Aro. No fui consciente que me he perdido en mis pensamientos de nuevo.

― Sí.

― Esa mujer es capaz de vender su alma al diablo por dinero, si te ofreció a su hija a cambio de una casa para ella y sus muchos hijos. Es peor que el mismísimo Lucifer. Y bien, ¿harás lo que te propuso? Su idea no es tan descabellada, puede ser muy buena para que puedas tener a tu princesa ―se ríe y al ver que lo observo duramente, encoge los hombros―. ¿Qué? Nunca tendrás a Bella por amor a menos que sea a la fuerza

― ¡Jamás la tendré a la fuerza! Eso nunca.

Aro se inclina un poco, tan solo manteniendo su espalda recta, saca el puro de su boca sosteniendo una risa burlona.

― ¿No te has dado cuenta de la obsesión tan oscura que sientes por Bella? ya no hablas de otro tema que no se de ella, estás enfermo. Tan enfermo que estás enloqueciendo.

Cierro mis párpados.

Aquí está el catálogo de las nuevas egresadas ―Aro abre el enlace desde su portátil de pantalla grande, rodea el escritorio y me muestra una gran sonrisa antes de dejar la Ipad en mis manos―. Eres mi mejor cliente ―alaba― por esto mismo serás tú quien elija esta vez.

Empiezo a ver con curiosidad a cada chica. Por supuesto todas siendo muy jóvenes y vírgenes, es el primer requisito para estar dentro de esta lista. Ya llevo suficientes desflores en mi vida que es imposible pedir menos.

Sigo mirando cada joven hasta que una castaña de ojos grandes y expresivos llama mi atención ―la punta de mi índice recorre su imagen, cierro mis ojos y casi puedo imaginar que su boca está en mi verga, gimo―. Asustado miro en todas direcciones al percatarme que tengo una erección.

Aro ha vuelto a su lugar frente al escritorio y está riendo a carcajadas.

Ella me gusta ―señalo la chica castaña en donde el pie de foto dice Isabella―. La quiero para mí, en el hotel de siempre. Ya sabes todas las instrucciones que hay que seguir ―le doy un guiño― solo me gustaría algo diferente… que vaya vestida de colegiala.

Asiente con una sonrisa exultante.

Mi corazón está golpeteando con mayor fuerza al imaginar estar dentro de ella.

Isabella. ―Relamo mis labios al rezar su nombre.

― Será mejor no vernos más ―murmura Aro tan claro y sin ocultar su enojo. Se incorpora queriendo presumir esa vestimenta de joven desgarbado que ya no puede lucir a sus años―. El negocio está detenido y es por tu culpa ―reclama― nos has arrastrado a una especie de limbo cuando bien podríamos seguir disfrutando de lo lucrativo que es la prostitución de jóvenes universitarias.

― No quiero que me vayas a involucrar en nada relacionado a esa castaña ―continua― no deseo verme en más escándalos por culpa tuya.

Aro anda despacio a la puerta, voltea y me mira sin ninguna mueca en su rostro que no sea la seriedad plasmada en sus expresiones.

― Estás hundido en una obsesión que poco a poco te lleva a tu fin. Y no quiero ser testigo de ello ―agita su mano y da media vuelta. La puerta se ha cerrado.

Apenas Aro desaparece detrás de la puerta y Clair de lune se escucha a todo volumen en la oficina.

Poniéndome de pie abro la puerta cuando se escucha un suave toque.

Sonrío al ver que ha llegado de nuevo como cada día. Esta vez usa los mismos leggins de hace rato. Extiendo mi mano hacia ella haciéndola ruborizar cuando envuelvo mi brazo en su estrecha cintura, es muy pequeña que tengo que inclinarme a su altura para dar un beso a sus labios, son tan cálidos y suaves que temo dañar tan frágil criatura.

Con una de mis manos acaricio su larga melena castaña, estoy tan encantado con los rulos que se forman en las puntas de su cabello.

Nos balanceamos lento al compás de Claude Debussy que mis ojos están hipnotizados en su profunda mirada chocolate.

― Tengo que irme ―murmura sin quitar su vista de mí. Es como si intentase llevarme a la inconsciencia y soy capaz de ir tan solo por estar con ella.

― No. No te vayas ―suplico alarmado, es demasiado pronto para que me deje―. Acompáñame esta noche a mi casa… a nuestra casa.

― Nuestra casa ―repite en un suspiro.

La hago girar en una vuelta y mi móvil suena haciendo desaparecer su imagen en un parpadeo. Aflojo mi corbata y aun con mi ceño fruncido respondo llevando el celular a mí oreja.

― ¿Qué quieres McCarty?

Te informo que el testamento está redactado justo como lo pediste; solo tienes que venir a firmar ―carraspea― Isabella Marie Swan es la hereda universal de todo cuanto posees. Incluyendo la casa de Marruecos que compraste para ella.

― Perfecto ―suspiro― solo agrega una cláusula.

Por supuesto.

― Bella tiene que leer en voz alta las siguientes palabras: Con su sonrisa construyó un mundo destruyendo el mío. Ella es todo lo que no buscaba, una tormenta en mi calma y un sol en mi oscuridad.

Empiezo a reír mientras mis ojos se llenan de lágrimas. Estoy en un estado de profunda relajación que estoy bailando de nuevo con Debussy sonando en mi cabeza.

Solo Isabella es capaz de quitarme la cordura como ninguna mujer pudo hacerlo.

.

Sonrío al ver que sigue corriendo.

Lleva cuatro días corriendo por las tardes en el mismo parque de siempre y sin que nadie la interrumpa. Ha vuelto a vivir con su amiga rubia y Edward no se ha acercado en ningún momento, ellos ya no están juntos.

La sensación de alivio es majestuosa.

Yo he vuelto abandonar el consorcio y no tengo pensado volver, no lo haré hasta después de mi boda.

El molesto móvil suena, frunzo los labios y presiono el botón para responder la llamada.

― ¿Qué ocurre, Renee? ―respondo mientras sigo mirando por los binoculares.

Está todo listo para la ceremonia, hoy llamaré a Bella y la haré venir a casa.

Complacido finalizo la llamada volviendo mi atención a lo realmente importante.

― Pronto serás la señora Cullen ―prometo al tiempo que continuo mirándola correr.


¡Hola! Fue difícil adentrar en la mente de Carlisle, me causaba repulsa narrar a un tipo obsesionado con una chica y sobre todo escribir que él ha seguido sus pasos desde que supo de su existencia. Mi intención era narrar que él instaló cámaras en la habitación de Bella pero les juro que era demasiado para soportar, esto me provocó mucho asco y no pude hacerlo. Así que, espero que aún y las náuseas provocadas por este capítulo me dejen saber sus impresiones.

Quizá no haya quedado claro y por si no fue así, explico que Carlisle anda desaparecido de la oficina y se ha vuelto a esconder para seguir concentrado en acechar a Bella.

*Nos leemos el lunes.

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: PaolaValencia, Patty, joabruno, Eli, Jade HSos, Diannita Robles, Flor Mcarty, ALBANIDIA, Dulce Carolina, Iza, Claudia, Adriu, Andrea, solecitonublado, Pameva, cocoa blizzard, Moni, Lili Cullen-Swan, Ximena, Lizdayanna, Lily, Isis Janet, mrs puff, Pepita GY, Torrespera172, Peerla Cullen, Jane Bells, Lidia, Ana, Antonella Masen, Bell Cullen Hall, OnlyRobPatt, rociolujan y comentarios Guest.

¡Gracias totales por leer!