Miraculous Ladybug pertenece a Thomas Astruc, Zag Animation, Disney y TF1, hago esto sin fin de lucro.

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Je Suis

Por Mimi chan

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Capitulo 39

Todas las preguntas tienen una respuesta. De algunas no te gustaría conocerla porque resulta mucho más complicada que la propia pregunta. Algunas son tan complejas que parecen simplemente no estar allí, pero solo es cuestión de seguir buscando, de esforzarte por encontrarlas. De cualquier manera, siempre es mejor tener una respuesta a quedarte en la incertidumbre.

Para ella no había sido tan complicado en realidad, solo había tenido dos preguntas que responder. Una había sido: ¿Había dejado su pasado verdaderamente atrás? Estando solo un día en Japón había recibido su respuesta. Aquellas últimas horas con Uranosuke dejando ir todo su rencor y su miedo, la habían verdaderamente curado. La segunda… suponía que al estar Michael allí delante de ella cuando había tenido que atravesar la mitad del mundo para hacerlo tenía que darle la otra.

— ¿Qué haces aquí? – dijo sin terminar de creérselo.

— Marinette me dijo que habían venido a Japón por un asunto importante – dijo muy serio haciendo énfasis en la última palabra – encontrarte aquí ha sido incluso para mí una sorpresa, no te imaginaba en una habitación aquí, Hermana Kagami.

— Se supone que Marinette no tenía que decirle nada a nadie – dijo cruzando sus brazos, tendría que hablar con su amiga.

— Lo hubiera averiguado de todos modos – dijo el hombre que lucía desaliñado y cansado.

— Y te habrías ahorrado un viaje de casi diez mil dorales – le dijo en un tono de regaño – porque, dudo mucho que hayas venido en clase turista.

— Tengo un avión privado y eso es lo último que me preocupa.

Kagami se tuvo que reír. Por supuesto ¿Qué tipo que invertía su dinero en la bolsa y donaba diez mil dólares a un refugio cada mes no tenía un avión privado? Lo miró y si era posible estaba un poco más molesto que antes.

— ¿Quieres subir? – dijo con una sonrisa – podemos platicar en mi habitación, la verdad tener esta plática en la administración no me llama mucho la atención.

Tuvo la satisfacción de ver a Michael mirar a su alrededor como dos turistas europeos, si no se equivocaba, no habían perdido nada de la plática.

La tomó por un brazo y subieron en el elevador hasta llegar a su habitación.

Una vez en la habitación lo vio casi recostarse en uno de los elegantes sillones de la habitación. Kagami tuvo que reconocer que él tenía razón, ella jamás se habría permitido una habitación como esa: los sillones de suma calidad de color caramelo, los pisos de mármol oscuro y elegante. Solo la cama en la que había medio dormido había sido deliciosa, tan cómoda y decadente que casi se sentía culpable de lo mucho que eso costaba, una habitación así podría mantener el albergue abierto por lo menos una semana.

Michael miró a su alrededor buscando algo.

— ¿Este hotel no tiene minibar? – preguntó con cierta violencia.

— ¿Eso crees? – dijo casi divertida, era uno de los mejores hoteles de todo Japón, no solo de Tokio. Este estaba empotrado en un mueble que aún olía a madera recién pintada. Era del tipo de hoteles que no solo tenía el minibar repleto de la mejor calidad de vinos si no que se preocupaba por que se vieran discretos. Sacó una botella de whisky japonés con un vaso y se la tendió.

— Tengo 24 horas sin dormir, supongo que ayudara – dijo recibiendo la botella, dejando ver su cansancio acumulado.

— ¿Por qué no dormiste en el viaje?

— Porque estaba tratando de encontrar el mejor argumento para convencerte que volvieras conmigo a Estados Unidos – le respondió siguiéndola con la mirada.

— Perdiste tu tiempo – dijo la joven que se levanto para ir a la pequeña cocina en la habitación a prepararse un café.

Kagami río para ella misma, de espaldas a él yendo a la cafetera a preparar café, le habría gustado poder decirle porque. Tardó solo un par de minutos, en hacer un café cargado, solo una cucharada de azúcar y fue a sentarse a su lado, él se veía casi deprimido. Sabía que estaba siendo mala, pero quería estar segura de algo.

— Y ¿Qué argumentos encontraste? – preguntó con curiosidad.

— De que sirve – dijo él tomando un trago del whisky que sin duda lo reanimó – no acabas de decirme que es una pérdida de tiempo.

— Bien ya invertiste tu tiempo en ello, lo más justo es que te deje que me lo digas ¿No lo crees? – dijo ella con una pose pacífica que pareció sacar de los nervios a su acompañante.

Michael vacío su copa en dos tragos. Ella conocía ese whisky, lo había probado una vez cuando era más joven, era potente y sin embargo él lo bebió como agua.

— Eres más necesaria en América – dijo Michael como el inicio de su argumento – y tú lo sabes, no hay lugar donde puedas hacer más, que como directora de una asociación.

— Muy cierto – le dio la razón dejando que su taza de café le calentara las manos — pero el asilo no se caería sin mí, Cole solo pondría a alguien más en mi lugar.

— ¿Y esa persona trataría a las personas con el mismo respeto y cariño que tú lo haces? – refutó el – ¿Crees que alguien más le daría su manta a la Sra. Robertson? o ¿Qué Ángela la apoyaría igual? o ¿Qué…?

— No estoy segura – dijo interrumpiéndolo – pero estoy segura que Cole podría escoger bien. Michael yo no soy indispensable para nadie. ¿O sí?

Michael la miró con sus labios temblando. Ella sabía lo que sentía y aunque le parecía egoísta no admitirlo, quería que él lo hiciera primero, si es que sentía algo real por ella.

Lo que ella sentía por él era tan grande, que más de una vez la había querido hacer llorar, porque nunca había imaginado que ella tendría a su alcance esa clase de sentimiento. Ese que toca a los humanos y los hace sentirse capaces de cualquier empresa, de lograr cualquier milagro, aquel sentimiento que mueve montañas y te hace cruzar el mundo con tal de encontrarlo.

Solo tenía que verlo a los ojos y recordar las risas que habían compartido, los momentos en que estaba a su lado para apoyarla en las cosas grandes y pequeñas, en unos pocos meses de estar juntos él había sido un amigo que, así como la podía hacer reírse a carcajadas también estaba allí cuando algo la preocupaba y que siempre tenía un buen consejo.

Michael era inteligente, paciente, comprensivo y muy en el fondo, oculto de todos menos para ella que tenía esa capacidad de ver en lo profundo, tenía un alma noble y amable que era imposible no amar… y aquellos momentos íntimos cuando la había abrazado muy fuerte, cuando la había besado con tanta delicadeza y ternura que la hacía pensar que él creía que ella era de cristal… aun cuando nunca había experimentado eso con nadie más, sabía que era tal y como debía de sentirse cuando había amor.

— Eres irremplazable para mí – reconoció el por fin.

— ¿Por qué? – insistió ella.

— ¡Maldita sea! Porqué iba a ser, porque te amo.

Ella no pudo detener su risa y vio encenderse su temperamento, soltó la taza de café en el alfeizar de la ventana y lo rodeó con los brazos y lo besó en los labios. Sintió como Michael cerró sus brazos a su alrededor y la atrajo más cerca y correspondió a su beso con una suerte de desesperación.

Se separó de él después de un momento.

— Esperaba que fuera un poco más romántico ¿Sabías? – dijo ella pero igual había lagrimas bajando por sus mejillas.

Michael besó sus mejillas y secó sus lágrimas de esa manera, sostuvo su rostro entre sus manos y recargando su frente contra la suya dijo con un susurro profundo y roto.

— Te amo.

— Si, así sonó mejor. Te amo también

Y después de eso se volvieron a besar.

Permanecieron allí un largo momento, solo absorbiendo el calor uno del otro en un apretado abrazo. El descubrimiento de esto era algo grande. Dos personas que habían pensado que quizá nunca podrían enamorarse, que habían vivido sus vidas en pos de un propósito y habían renunciado a esto para alcanzarlo. Ahora la vida los había llevado por otro camino y se habían encontrado, si eso no era un milagro no sabía como si no podía denominarlo.

— Pensé que habías venido para quedarte – dijo él después aún sin soltarla.

— Lo siento – dijo ella – pero tenía que venir, era algo realmente importante.

Michael finalmente la soltó, se sentó correctamente en el sillón, en realidad casi habían terminado arrodillados en el piso, pero la jaló con él y la sentó casi en su regazo

Y mientras Michael la sostenía con fuerza, tuvo la completa seguridad esta vez de que había hecho lo correcto, sentía que… más que el albergue, América o la gente que allí la esperaba… allí, en medio de los brazos de alguien que la amaba, de alguien a quien amaba; bien, ese era su hogar… ese era su destino.

Kagami lo miró a los ojos y lo encontró mirándola detenidamente de una forma por demás curiosa.

— ¿En qué piensas? – preguntó ella esperando que no se rompiera el encanto del momento.

— Que este es el momento en que debería pedirte que hicieras el amor conmigo – dijo con seriedad – pero por algún motivo aún no lo he hecho…

— Michael…

— Lo cierto es que supongo que alguna parte de mi sigue queriendo que seas tal cual eres – le dijo con suavidad — no quiero ponerte en el mismo estandarte que a todas las mujeres con la cuales he estado.

Kagami no sabía que decir, tener intimidad… esa era una de las cosas a las cuales había renunciado voluntariamente después de lo que había pasado, más que solo ser… más que solo haber creído por tanto tiempo que Uranosuke le había fallado, el dolor de perder a su hijo. Tenía miedo de que intentarlo de nuevo significara un dolor parecido a ese… en cambio él.

— Yo tampoco quiero estar allí – dijo Kagami por fin después de un minuto de silencio – pero… ¿Ellas te han importado Michael? ¿Alguna te ha importado como yo?

— Créeme, por ninguna de ellas he abandonado siquiera una cita de negocios – dijo con una sonrisa — mucho menos viajado al otro lado del mundo… por ti, podría hasta bajar estrellas del cielo.

Kagami no pudo si no reírse de la frase más cursi que alguna vez algún enamorado haya creado, se preguntó quién sería y porque la había dicho de aquella manera, pero le daba aún más risa que cada mujer del planeta la quisiera creer.

Se quedaron un largo momento sentados en aquel sillón. Kagami no se quiso mover porque no sabía que es lo que debería hacer a continuación. Había definitivamente renunciado a una vida conocida por él, ¿Cómo debería enfrentar el futuro de allí en adelante? ¿Podría volver a confiar en el amor sin temor a la traición? Para ella el amor debía ser así. Debería estar lleno solo de confianza, de ternura, de amabilidad, de todas las cosas buenas y hermosas que te hacen sentir feliz. Después de que le rompieran el corazón no había considerado la opción de amar a un hombre de nuevo hasta que Michael había aparecido en su vida, y ahora estaba ante esta puerta abierta, una puerta que solo podía atravesar.

Hacía mucho tiempo no había vuelto a sentir esa sensación que siempre la alcanzaba en medio de un combate de esgrima o una competencia de arco. Su mantra personal siempre había sido "no dudar" no siempre había hecho lo mejor para ella esa regla de vida, pero al menos podía presumir siempre que era fiel consigo misma y en ese momento… Bien, si podía abrirle su corazón primero, podía hacer lo demás ¿cierto?

Y confeso esas cosas intimas que solo había hablado con Marinette y ni siquiera con ella con total libertad. Le hablo de su niñez solitaria en Japon, se su casa llena de atención calculada y fría. Le habló del lapso de tiempo en Paris, de los primeros amigos que había hecho en su vida y el momento embarazoso del compromiso con Adrien Agreste. De su regreso a Japon. Le habló de Uranosuke y de su hijo no nacido

Michael solo la había escuchado con atención y respeto. Le habló de lo decepcionados que habían estado sus padres cuando les dijo que había quedado embarazada fuera del matrimonio. Era hija única, su madre no había querido tener más hijos y siempre le habían dicho que tenían otros planes para ella, aunque nunca le dijeron cuáles eran.

Por primera vez pudo reconocer que, aunque se había sentido profundamente herida, también había sido un alivio, una vía de escape de esa vida que había tenido en su casa. Le hablo de la envidia que le tenía a veces a Marinette por sus padres que se amaban y siempre estaban juntos.

Casi se hacía de tarde cuando terminó de hablar, cuando había sacado todo aquello de su alma. Michael solo la había sostenido con fuerza escuchando sus secretos e infundiéndole fuerza.

— Pero ¿crees en el amor? – dijo cuando ella había terminado su largo relato – ¿Crees que el futuro puede ser diferente?

— ¿Tú crees en ello? – le pregunto mirando sus profundos ojos verdes.

— Sí. – respondió él.

— Bueno… no lo sé pero… – ella no estaba realmente segura de nada, nunca lo había sentido ella misma, por lo menos no la clase de amor de la que él hablaba. "no dudar" se repitió de nuevo. — creo en ti.

La noche finalmente cayó sobre la ciudad mientras ellos estaban aún allí. Había sido tan increíblemente fácil abrir su corazón para él y decirle cosas que no le había dicho nunca a nadie, él no la había juzgado o reaccionado de una forma negativa ante nada de lo que le había dicho… quizá, sería igual de fácil abrir su cuerpo para él.

Lo miró a los ojos buscando alguna manera de expresar para él lo que estaba pensando, lo que estaba deseando en ese momento, pero lo encontró mirándola también, cuando estuvo a punto de decirle algo, Michael se adelantó.

— No – dijo con ternura – no quiero apresurar nada Kagami, a pesar de que pienses que lo deseas, no quiero aprovechar la situación.

— Michael… yo…

— Lo sé, pero hacer algo para lo que no estas lista hoy puede significar un adiós después y no me voy a arriesgar… puedo esperar.

Kagami solo sonrió y sintió de nuevo deseos de llorar pero se tragó sus lágrimas con todas sus fuerzas. No, no más lágrimas… por lo menos no hoy.

— Tengo hambre – dijo ella con cierta timidez y esperó que su estómago no empezara a protestar, sería embarazoso.

— No me gusta la comida japonesa – confeso él.

— Me conozco un buen restaurante francés - dijo con una sonrisa amplia.

— Hecho.

Michael se puso de pie ayudándola a levantarse, la envolvió con uno de sus fuertes brazos y la llevó afuera. Arrebujada en su brazo cálido y fuerte, Kagami sintió algo, algo realmente grande que tenía la esperanza los envolviera a los dos… no lo sabía con seguridad pero quería pensar que era… amor.

Fin capitulo 39

10 de enero de 2021

1:23 a.m.

nota de autora: En mi defensa no he he ido esta vez por gusto, hubo un daño masivo del servicio en mi comunidad y me quede sin internet por una eternidad y no tenia como actualizar. Pero aqui estoy de nuevo. A que Michael se ha destacado, me encanta lo que resulto de su romance ains.

¿reviews?

tata

Mimi chan