Sigan con los pañuelos delante.
La Última Batalla. Parte II. Esperanza
Emma en su momento no había entendido esa parte de la profecía, pero ahora en su mente esas dolorosas palabras encajaban perfectamente con lo que estaba viviendo en ese momento. Y daría todo lo que tenía para que fuera mentira, una broma de mal gusto del destino.
Nunca en toda su vida imaginó tal profundo dolor como el que estaba sintiendo ahora, en ese exacto instante. Ni siquiera la poderosa Espada que estaba a punto de entrar en su carne pocos minutos atrás podría causarle sufrimiento mayor que el de ahora, con Regina inerte y sin vida en sus brazos. Su gran amor había muerto en su regazo y su pecho estaba siendo rasgado, quemado, aplastado y ahogado por una agonía y tristeza tan insoportables que Emma juró que en cualquier momento podría matarla allí mismo, sin armas físicas, solo por ese dolor que traspasaba todos los infinitos de todos los universos de su alma.
Dejó campo abierto al incesante llanto, las cálidas lágrimas, insistentes y recurrentes le quemaban el rostro junto a la lluvia que las nubes dejaban caer al ver el sufrimiento de la Salvadora, llorando con la misma intensidad y tristeza de Emma Swan, derramando gotas más gruesas sobre todos los presentes. Y no solo las nubes lloraban junto a Emma, sino también toda la población de una pequeña ciudad que había seguido la maravillosa redención de aquella que otrora había sido por tanto tiempo la temida Reina Malvada. Lloraban junto a todos los guerreros del bien que allí estaban unidos a petición de la misma ex Reina para salvar al mundo. Y lloraban junto con Zelena, Henry, Blanca, David, Gold, Maléfica, Archie y Robin. Estos, más desesperaos, pegados a Emma, agarrando el cuerpo de Regina. Sí, porque todos allí, soldados de la Luz, lloraban incesantemente la perdida de la Reina y la alcaldesa a la que tanto habían aprendido a amar. Podrían tener cada uno una historia diferente, pero todos tenían su historia con Regina Mills.
Y con la muerte de Regina Mills, su otra mitad también se había ido…De la misma manera que Emma Swan agarraba firmemente a la alcaldesa en sus brazos, la princesa Clarissa agarraba a la Reina Malvada en los suyos, al otro lado. La bellísima reina también yacía muerta en su regazo, había fallecido al momento en que su otra mitad había dado el último soplo de vida. También había muchas personas alrededor de la joven, intentando consolarla en su llanto desesperado mientras agarraba a la reina y la acunaba hacia delante y hacia atrás. Emma y Clarissa intercambiaron una larga mirada, comprensiva y repleta de la más profunda tristeza. Las dos compartían exactamente el mismo dolor y sentimientos en aquel instante.
La guerra había literalmente parado en aquel momento, mientras las primeras señales de luto se hacían, tanto por Regina como por los guerreros que yacían muertos, que no habían sido todavía identificados en la noche oscura y lluviosa. Incluso los guerreros de la Oscuridad estaban parados, aguardando. Porque todos sabían que, por más que la lucha entre ellos ayudaría a sus respectivos ejércitos, quiénes iban a decidir el lado vencedor serían realmente Emma y Fiona. Y los dos frentes de la Batalla estaban ahora prácticamente empatados en acumulación de poder. Ya no era viable seguir matándose, sobre todo después de la muerte de las dos mujeres más poderosas de la Guerra: Regina Mills y su otra mirad, la Reina Malvada. Solo quedaba esperar la afligida decisión, a partir de aquel momento.
Un silencio profundo se instaló en medio de la lluvia que no dejaba de caer, y en ese momento, Clarissa miró a Fiona que aún estaba apoyada en calma contra una piedra, algo apartada de toda la situación que allí estaba pasando. Y una intensa rabia y odio se apoderó de ella al notar que el Hada Negra estaba totalmente inerte e indiferente al hecho de que su gran cómplice y compañera, aquella que la había hecho revivir de las sombras y de las montañas y que había cuidado de ella sin cesar para que volviera a ser lo que un día había sido, estaba muerta en sus brazos. A Fiona ni siquiera le importaba eso. Para ella, la muerte de la Reina Malvada no significaba nada, todo lo que la otra había hecho por ella no significaba nada para ella, a fin de cuentas, todo lo que importaba era el poder y la ingratitud era su marca personal. Pues claro que sería así, Clarissa ni sabía por qué ella iría a conmoverse. Seguía con la misma cara de aburrimiento, solo esperando una actitud por parte de Emma para finalizar la lucha. La princesa estaba segura de que al Hada incluso le había gustado la muerte de su Regina, porque así podría dominar el mundo sola. Al final, era eso lo que siempre quiso, pensó Clarissa. Y así, la princesa Clarissa, que ya sentía desde hacía algún tiempo pinchazos de remordimiento por todas las maldades que había cometido, sintió dentro de sí la mecha que le faltaba para que la llama de esperanza de su redención se encendiera dentro de ella. Les mintió a todos diciendo que estaba bien, posó delicadamente el cuerpo de la Reina Regina en el suelo, y pidió que la cuidaran bien. Se apartó un poco de la multitud aglomerada y a escondidas y rápidamente cerró los ojos, concentrándose. Había aprendido una magia de localización silenciosa con el poder de la mente y en pocos segundos la fuerza de su pensamiento la guió para localizar lo que estaba buscando. Sonrió y abrió los ojos. La Espada Himperius estaba caída atrás de unos pequeños arbustos, y lentamente y de forma sutil, Clarissa la llamó con la mano y la Espada vino hacia ella por el suelo, la cogió y la escondió en la vaina, detrás de su vestido y allí siguió, escondida a los ojos de la mayoría, solo esperando el momento oportuno para actuar…
Emma Swan no quería desprenderse de Regina, pero sabía que era necesario. Había sido por eso que su amor había muerto, y la Salvadora necesitaba terminar lo que había comenzado, o al menos, intentarlo. Por Regina. Por ella misma. Por todos. Por su gran responsabilidad.
Regina aún tenía sus lindos ojos castaños, ahora sin vida y fijos, vidriados y ligeramente abiertos. Emma delicadamente y con todo el cuidado del mundo los cerró con su mano. Sin dejar de llorar en ningún instante, le dio un beso largo en su frente fría.
–Ve en paz, mi amor…Yo me encargaré de todo por aquí, lo prometo. Ten la certeza de que tu muerte no ha sido en vano–dijo bajito, estaba segura de que estuviera donde estuviera ahora podía escucharla. La voz entrecortada e hiposa de Emma partía el corazón. Y de hecho, su corazón y el de todos los presentes estaban partidos en mil pedazos –¿Podrían…cuidar de ella? Por favor…Papá…–miró a David –Llévala al lado del cuerpo de la Reina. No dejes que nada ni nadie las toque…–No tuvo valor para mirar a nadie más aparte de a su padre, quien, solícito y triste, asintió. Emma escuchaba los gritos y llantos inconsolables de Zelena y Henry, pero no quiso interferir por ahora, pues sabía que si miraba sobre todo a su hijo podría perder las fuerzas para la lucha. Y ella necesitaba reunir valor para terminar con aquello.
Mientras la tempestad continuaba cayendo con fuerza, Emma Swan pasó el cuerpo de Regina a los brazos de su padre que fácilmente la cogió en sus brazos, y con un coraje fuera de lo común y un odio mortal quemándole en el pecho, se levantó con garra y fuerza, y se giró peligrosamente en dirección a Fiona, que esperaba. Los ojos esmeraldas se clavaron en los del Hada con un nuevo brillo de sed de venganza. Fiona, por su parte, sustentó aquella mirada con triunfo y una sonrisa sarcástica. La morena ya tenía la Espada Savior de nuevo empuñada y caminó lentamente hacia Emma, que hacía lo mismo, pero sin la Himperius. Swan tenía que pensar rápido, cómo haría y qué haría para recuperar su arma, si necesitaría distraer a Fiona, hasta que…
"Emma Swan…"
¿Pero qué diablos era aquello? La voz sonó de la nada dentro de su cabeza, y Emma instintivamente se detuvo donde estaba y miró hacia todos lados, buscando la voz. Fiona también se detuvo, arqueando una ceja, extrañándole la actitud de su oponente. Todos alrededor ya habían parado y prendían la respiración formando un gran grupo para asistir la lucha final.
"¡Disimula, caramba! ¡Soy yo, Clarissa! Te hablo por telepatía mágica. Finge que no pasa nada y continua andando…"–la princesa continuó
Clarissa estaba aprovechando la distracción de todos y esperaba escondida con la Espada Himperius detrás de un banco cercano.
Emma entendió el recado y obedeció. Recuperó la mirada de peligro y la direccionó a Fiona y continuó caminando hacia ella, como si nada hubiera ocurrido, esta vez más lento para ganar tiempo.
"¡Clarissa! ¿También tú puedes oírme?"– habló con la princesa en su mente –Si esto es algún tipo de truco…
"¡No lo es! ¡Escúchame! Tenemos que ser rápidas y tienes que confiar en mí. Distrae a Fiona…"
–Pensé que ibas a estar una eternidad llorando encima del cuerpo de tu prometidita muerta–Fiona había llegado cerca de Emma y habló con desdén. Antes de matarla, el Hada quería provocarla bastante y hacerle sufrir con sus palabras, pero eso en verdad iba a ayudar a Emma.
La tensión de todos los asistentes solo aumentaba. ¿Cómo conseguiría la Salvadora salir de esta sin su arma, la única capaz de matar al Hada Negra? Blanca ya lloraba copiosamente en brazos de David, que también estaba desesperado por no poder hacer nada por su hija.
–Ya he acabado. Ahora vine a ocuparme de ti y darte lo que mereces…–respondió Emma fríamente, limpiándose las lágrimas que aún le quedaban en su rostro.
"Tengo la Himperius. Cuando estés lista para atacar, grita AHORA que te mandaré la espada a través de la magia"–dijo Clarissa por telepatía.
"OK"–respondió Emma también en su mente. Su pecho se llenó de esperanzas renovadas.
Mientras tanto, Fiona se echaba a reír fríamente.
–¡Qué patética eres!–la miró de arriba abajo –Mírate. Estás desarmada y vulnerable, rubita…Estás en mis manos, y únicamente no disfruto un poco de ese cuerpecito lindo antes de matarte porque no tenemos tiempo–Emma sintió asco –Solo es cuestión de tiempo que te mande al mismo sitio donde está tu amada Regina ahora.
–¿A ti nada te importa, no? Solo poder y ambición. ¿No te has dado cuenta de que tu fiel compañera también ha muerto junto con Regina?–Emma intentaba distraerla.
"Ya estoy preparada, cuando tú quieras. No me busques con la mirada. Dame la señal y yo gritaré tu nombre, mostrándote la dirección en que estoy para que te guíes"–dijo Clarissa
El Hada Negra se encogió de hombros ante la pregunta de Emma.
–¿La Reina?–rio–Antes ella que yo, querida. Le estoy agradecida por lo que hizo por mí, pero no tengo culpa de lo que ha sucedido. Nunca me importo apañármelas sola.
"Estate alerta. En cualquier momento"–dijo Emma
"Sí"–Clarissa
–Como imaginé…–le decía Emma a Fiona sarcásticamente –Estás podrida, Fiona. Por eso ni tu propio hijo te quiso.
Emma sabía que había metido los dedos en la herida. Vio los labios de Fiona temblar un poco y la sonrisa marchitarse un instante.
–¡No menciones el nombre de Christopher!–se acercó peligrosamente a Emma furiosa, con la espada en ristre –No sabes nada, así que cierra esa boca linda y vamos a terminar con esto–apuntó la punta de la hoja hacia el pecho de la rubia que, una vez más, vio cómo brillaba y sintió un dolor ardiente en el pecho. Puso una mueca.
Y la desesperación de los presentes aumentaba. Cada frente rezaba por su líder. El lado de la Luz, por Emma. El lado de la Oscuridad, por Fiona.
Emma no retrocedió. Todo lo contrario. Un nuevo brillo surgió en sus ojos verdes y una sonrisa sarcástica apareció. Fiona no entendió la actitud de su oponente, dado que se creía con seguridad victoriosa y pensaba que nada podría salir mal.
–Sí, tienes razón. No sé mucho, pero de una sí estoy segura. ¡Que me has arrebatado a Regina, pero no conseguirás ninguna otra vida!–gritó en su cara –¡CLARISSA, AHORA!
–¿Pero qué?–balbuceó el hada sin entender nada.
–¡EMMA SWAN! ¡AQUÍ!–Clarissa gritó a su vez desde el lado derecho de Emma y esta pudo ver ligeramente su silueta a lo lejos. Clarissa, a través de la magia, hizo que la espada Himperius volara por los aires y llegara de forma certera a la mano de Emma, quien sonrió triunfante al agarrarla perfectamente. Todo eso sucedió en pocos segundos y todos alrededor dieron gritos de ¡OHHHHH!, mientras Henry, David, Blanca, Robin, Gold y Zelena sonrieron con emoción y esperanzas también renovadas.
La mandíbula de Fiona cayó bruscamente. Miró directamente hacia el lado opuesto, desde donde Clarissa venía caminando lentamente, con las manos en la cintura. Era mirada por todos.
–¡TRAIDORA! Maldita…–Fiona gritó de odio.
–No he hecho nada que tú no harías, ya que la traición es lo mínimo que tú eres capaz de hacer–la princesa se encogió de hombros y cuando Fiona amenazó con ir contra ella, la lámina fría de la Himperius sobre su cuello se lo impidió, causándole estremecimientos de miedo. Emma la encaraba con sed de lucha y de victoria.
–No le vas a poner un dedo encima. Tu rabia es conmigo, querida. ¿O te estás acobardando?–dijo Emma pausadamente y con desdén.
Y Fiona se olvidó de Clarissa, sonriendo a la Salvadora y empuñando de nuevo la Savior.
–Sigue soñando un poquito más, venga…–respondió el Hada y con gritos tanto suyos como de Emma la lucha recomenzó.
Con más fuerza que antes, las dos mujeres se enfrentaban brutalmente, con rapidez y habilidades increíbles. Todos alrededor asistían la lucha, y les dejaban cada vez más espacio en medio de la lluvia que seguía sin dar tregua. Los gemidos de ambas volvieron a escucharse, las miradas clavadas, la una en la otra, el odio saliendo por sus ojos, se sentía el deseo de ganar. Las hojas chocaban por el dominio, sus choques eran escuchados a lo lejos, el tintineo de una sobre la otra se oía cada vez más en medio de toda aquella tensión que solo aumentaba, las dos desviaban, esquivaban, se caían y se levantaban, pero jamás se rendían. Emma fue herida en el brazo izquierdo y soltó un grito. Mary casi se desmayó. Pero a pesar de la quemazón, siguió fuerte, valiente, con coraje, al igual que Fiona. Era una lucha de grandes líderes, de grandes luchadoras. Comenzaban a cansarse y la fatiga iba apareciendo, poco a poco, en sus cuerpos. Clarissa estaba afligida, ahora rezando por Emma. La batalla era ardua para ambas. Ya hacía un buen tiempo que luchaban. Emma estaba totalmente centrada y renovada, la muerte de Regina le estaba dando un coraje y superación sin tamaño. Ella estaba segura de que de alguna manera su amada le estaba dando fuerzas desde algún lugar.
Y se fortaleció aún más cuando, después de un tiempo de lucha, se dio cuenta de que Fiona comenzaba a flaquear ligeramente y a perder un poco el control de su cuerpo y el dominio de sus movimientos. El Hada era dominada por el cansancio y Emma tenía ventaja. Tenía que sacar provecho de eso, era ahora o nunca.
Y entonces sucedió. Emma aprovechó un momento en que Fiona erró un golpe, la espada pasó por debajo de su hombro y la morena perdió el equilibrio de su cuerpo. Emma no había conseguido darle en el corazón como pretendía, sin embargo, la Espada Himperius brilló con un color verde y le hizo un arañazo grande y hondo por debajo de la clavícula, casi en el mismo sitio donde Christopher la hirió dejándole la marca que Fiona no quiso retirar. El Hada Negra dio un grito estridente de dolor y se dobló de rodillas, cayendo al suelo, pero sin soltar la Savior.
Se escucharon gritos de triunfo por todos lados, que se mezclaban con los gritos de frustración del ejército del Mal.
–¡Vamos, mamá! ¡Tú puedes!–gritó Henry a pleno pulmón desde una esquina.
Emma estaba triunfante y con más sed de victoria. Ahora tenía plena convicción de que esta sería suya. Era cuestión de tiempo, solo para encontrar la brecha para enterrar la espada en el corazón de Fiona. Ella sabía cuán dependiente y vulnerable era el Hada Negra a la Espada Himperius. Un arañazo ya era capaz de hacerla dormir durante años, como había sucedido cuando su hijo no tuvo el valor para matarla. Pero ahora, Emma concluiría esa misión.
Emma esperó. Fiona, con extrema dificultad, pero sin querer admitir el dolor que sentía por la herida abierta y sangrante, se levantó. Encorvada, caminó tambaleante hacia Emma, que iba retrocediendo mientras la otra se acercaba. Ella reía, y reía alto y de forma irónica, incluso con la dificultad para respirar.
–Qué tonta eres, rubita…–dijo débilmente –No sé si lo sabes, pero la Himperius ya no tiene tanto poder sobre mí…
Emma fingió no entender y arqueó una ceja.
–¿Ah no? Siento curiosidad. Explícame por qué
–Porque…–Su voz iba haciéndose más débil –Hice el mayor de los sacrificios que los libros de magia negra exigían a cambio de mucho poder. Maté a mi propio hijo. Si quería tener todos mis poderes más fortalecidos no podía tener vivo a nadie de mi linaje. Y, consecuentemente, eso repercute en la espada…–Fiona comenzó a sentir un ligereo sueño –La Himperius aún puede matarme, sí, sin embargo…–Comenzó a caminar más lentamente y a encorvarse aún más, agarrándose la herida. Ella comenzó a encontrar todo eso muy extraño –Tendrás que hacer un esfuerzo mucho mayor para matarme, y sé que la lucha te va a cansar y…–los párpados amenazaban con cerrarse. Emma sonrió al ver los cambios en su rostro –E incluso en mi corazón, la Himperius tardará en matarme, tendrás que enterrarla en mí más de una vez y…–Fiona se detuvo abruptamente y cayó al suelo jadeando, soltó la Savior, estaba nítidamente débil y exhausta. Sus piernas y brazos comenzaron a debilitarse y hormiguear. Ella intentaba mantenerse de rodillas –¿Pero qué es esto? ¿Qué me está sucediendo?–su voz comenzaba a debilitarse.
Swan se acercó, de brazos cruzados.
–¿Qué pasa, querida? ¿Por qué estás perdiendo el habla? ¿Quieres dormir?
El Hada la miró incrédula y asustada. Aquella era la misma sensación de cuando Christopher la había herido con la Himperius miles de años atrás. Una somnolencia tenebrosa, y después, el resultado que ya conocía: dormir en lo profundo de las montañas durante una eternidad. Se estremeció de la cabeza a los pies.
–¡No! ¡NO!–gritó, luchando por mantener los párpados abiertos –¡No puede ser! ¡Esa herida no tendría que hacerme esto, hice el último de los sacrificios por el poder, maté al último de mi linaje!–su voz era aguda y desesperada.
Entonces Emma la obligó a mantenerse en pie, cogiéndola por el cuello del vestido y mirándola profundamente a los ojos. Vio, en aquel momento, sin sombra de dudas, miedo y pánico en la mirada de la gran Hada Negra. Le dijo cerca de su rostro, de forma muy pausada.
–Ahí te equivocas, Hadita. De nada valió que mataras a tu hijo. Estuve observándote durante un bien tiempo gracias a la ayuda de unos amigos de otro plano espiritual. Sé todo lo que hiciste hasta este momento, y todo el horror y mezquindad a la que te sometiste hasta el punto de manchar tus manos con tu propia sangre solo por el poder. Sin embargo, deja que te diga una cosa que aún no sabes. Christopher no era el último de tu linaje.
Los párpados que casi no conseguían mantenerse abiertos ahora se desorbitaron para encarar a Emma. La boca se abrió con incredulidad y su respiración estaba totalmente desacompasada.
–¿Qué? ¿De qué infierno estás hablando? ¡Claro que Christopher era mi último descendiente vivo!
–No, no lo era. Tu hijo dejó un fruto, una hija de la que nunca tuviste conocimiento y a la que él protegió de ti. Te presentó, Fiona a…Lilith Page. Tu nieta.
Emma vio que Lily estaba cerca, agarrándose el brazo herido. Llorando, Lilith se acercó cuando Emma la miró. Fiona acompañó su mirada, sin creer lo que sus ojos veían y en lo que acababa de escuchar. Balanceó la cabeza con vehemencia.
–¡Una nieta! ¡No, no puede ser!–gritó, mirando a Lilith, parada prácticamente a su lado. Las dos se encaraban.
–Sí es verdad, Fiona. Soy Lilith, hija de Christopher, y tu nieta. Tengo tu sangre, pero permíteme decirte que no me enorgullezco de eso. Si pudiera, separaría tu sangre de la de mi padre. Pero de cualquier forma, eso ahora fue de ayuda. Pagarás por todas las maldades que has causado. No te entristezcas, pero no voy a llamarte abuela en estos últimos momentos de tu vida–dijo Lilith con amargura.
–¡No! ¡NO!–Fiona solo gritaba, pero enseguida volvió a sentir mucha debilidad y sueño, mucho más que antes. Los efectos de la Espada estaban actuando demasiado rápido.
Emma Swan, desviando su atención de su nieta, la agarró por el cuello del vestido de nuevo.
–Voy a decirte una última cosa con toda la sinceridad de mi corazón, Fiona…–Emma le dijo cerca del rostro, esta vez, sin sarcasmo o frialdad. Allí había ahora una Salvadora que lloraba y mostraba sensibilidad y tristeza por cada palaba proferida –No creas que estoy contenta haciendo esto, pues no lo estoy. Nunca me ha gustado tener mis manos manchadas de sangre por tener que matar a alguien. Solo lo hago porque no tengo elección y no puedo dejar que el mundo acabe en tinieblas por una ambición tuya mal resuelta. Siempre creo en el bien, en la redención y en el amor, Fiona, y juro que querría que también tú hubieses encontrado el camino de la redención para no tener que haber llegado a este punto en que nos encontramos hoy. Pero infelizmente, todas las profecías y certezas son que tenemos que detenerte, cueste lo que cueste, pues tú nunca abandonarás la oscuridad. Lo siento mucho…
Y cerrando los ojos con fuerza, Emma Swan hizo lo que tenía que hacerse. Con todo el valor que consiguió reunir, empuñó la Espada Himperius en lo alto con las dos manos y la enterró firme y fuerte en el corazón de Fiona. En el momento en que la afilada hoja entró en contacto con el corazón de su víctima, su brillo verde se intensificó e incontrolables temblores salieron de ella, sacudiendo todo el cuerpo de Fiona y también los fuertes brazos de Emma que mantenían la espada en su sitio. Un viento fuerte comenzó a soplar en ese instante, rayos de luz verde salían de la Espada Himperius y de Fiona, y se perdían de vista en el cielo ennegrecido por la lluvia y por la oscuridad de la noche.
El grito que se escapó de la garganta del Hada Negra resonó por todos los lugares. Era una mezcla de dolor, desespero, pánico y frustración. La última imagen que Emma tuvo de Fiona fueron los ojos oscuros y asustados firmemente clavados en los suyos, mientras el Hada escupía sangre negra y espesa por la boca, sin parar. La sangre también comenzó a salir por los ojos, y claro, por la abertura ahora abierta en su pecho causada por la espada. Sin dejar de mirar a Emma, el Hada fue cayendo al suelo, lentamente, con las manos firmemente agarradas a los brazos de la rubia, manos que ahora iban perdiendo lentamente la fuerza.
Fiona fue cerrando los ojos, entregándose a la muerte eminente. Cayó al suelo, en sus últimos segundos de agonía. El suelo dio un fuerte estremecimiento, así como todo alrededor, como los cielos. Era el gran poder dejando el cuerpo de Fiona, ahora débil, temblando en el suelo. La magia, a través de luces de colores, dejó sus manos y desapareció en lo alto. Y en un último vislumbre aterrador, el Hada Negra se fue desintegrando, volviéndose piedra, y después en polvo y cenizas, comenzando por los pies hasta llegar a la cabeza, y la Espada Himperius enterrada en su corazón también se desintegraba y se convertía en polvo junto con ella. La poderosa y hermosa Hada Negra ahora se resumía a un montículo de cenizas que, inmediatamente, fue barrido hacia lo lejos por el fuerte viento y por la lluvia, como si nunca hubiera existido. El sitio donde estuviera Fiona por última vez ahora estaba vacío y ennegrecido.
Asustados, derrotaos y con miedo, los sobrevivientes del ejército del Mal comenzaron a huir hacia el mundo mágico por medio de sus propias magias, cargando unos con otros. Por todos lados, desaparecían de la nada con un simple chasquido de dedos o por medio de sus humaredas. En pocos segundos, no quedaba ninguno de ellos, ni siquiera los cuerpos de los combatientes muertos, que también desaparecían cargados por los vivos.
Fiona había muerto. La Última Batalla había llegado a su fin. Emma Swan, la Salvadora, había vencido y había cumplido brillantemente su papel y su misión, de forma sublime y como una verdadera líder y heroína. Pero la sangre sacrificada de Regina realmente había sido la mecha para la salvación, pues había dado una segunda oportunidad para que Emma pudiera vencer. Como estaba escrito.
En cuanto la última brizna de polvo de Fiona desapareció con el viento, una explosión de gritos de conmemoración se escuchó por todos lados. Silbidos, llantos de emoción, abrazos apretados, personas que se buscaban y se agrupaban saludándose, en una gran euforia y alivio. La Batalla había terminado, y el bien y el amor, una vez más, habían vencido. Todos celebraban emocionados.
Pero para Emma Swan, al menos en aquel momento, no había motivo para conmemorar. Sí, ella había luchado, lo había conseguido, había ganado la batalla. Sabía que había cumplido su misión y había salvado a todos, pero a cambio, tuvo que entregar a su gran amor para la muerte. Había salvado a todos, pero no había podido salvar a Regina. Ella no lograba celebrar. No lograba sonreír. En vez del alivio por la victoria, sentía un enorme, profundo y agónico vacío, como nunca antes en toda su vida había sentido, ni en los peores momentos. El pecho oprimido, libre ahora de la adrenalina de la lucha, se permitió ahora toda la agonía, el sufrimiento y el aplastante dolor que allí tenía guardado, solo esperando la victoria para que la tempestad torrencial de lágrimas brotara sin cesar de sus ojos verdes que ahora solo mostraban una tristeza tan profunda capaz de partir cualquier corazón que se acercara a Emma en aquel momento. La Salvadora, por ahora, solo quería desaparecer, y pedía en su interior, que alguien le arrancase de su alma tal sufrimiento.
Ahora, libre de la Espada Himperius, que al igual que ella había cumplido su misión, y de Fiona, Emma Swan se permitió flaquear y entregarse a la tristeza que tanto la consumía. Con la mano fuertemente apretada en su pecho, los ojos cerrados en un llamativo llanto, perdió las fuerzas de las piernas y cayó de rodillas al suelo, quedándose en esa posición mientras abría las dos manos llenas de sangre de Regina y de Fiona y las colocaba hacia lo alto, para que la fuerte lluvia, que aún caía, lavara el líquido rojo y espeso. Y así las aguas lo hicieron, llevándose lejos toda la sangre, y Emma miró hacia lo alto, al cielo, con la esperanza de que también lavara su alma y su corazón de todo lo que sentía, que la anestesiase. Pero eso las aguas no podían hacerlo, y la Salvadora una vez más se entregó al llanto compulsivo, desesperado e interminable, con la cabeza agachada y las manos en los muslos.
Y fue en ese instante que sintió muchas manos y brazos a su alrededor, y cuerpos que se unían a ella compartiendo su momento de dolor en un gran abrazo apretado, colectivo. Todos permanecieron así, unidos, durante largos minutos, llorando incontrolablemente. Mary, David, Henry, Zelena, Robin, Lilith, Maléfica, Ruby…Intentaban consolarse los unos a los otros en vano. La pérdida de Regina aplastaba el corazón de todos.
Mientras los otros se apartaban ligeramente, Mary se quedó agachada frente a la hija y agarró firmemente sus manos, encarándola y acariciando sus cabellos, para reconfortarla, mientras Henry, inconsolable, tenía la cabeza echada en su hombro, y Zelena lloraba abrazada a Robin y David.
–Mamá, la primera parte de la profecía…–Emma consiguió balbucear –La sangre sacrificada era la de la Regina. Nunca imaginé que ella tendría que morir para que yo ganara la batalla…–sollozó, mientras Mary acariciaba su rostro –¿Recordáis cómo comenzó todo? ¿Meses atrás? –dijo, ahora intercalando su atención entre Henry y Mary –Comencé teniendo aquellas repetidas pesadillas, todas las noches, las mismas. Y en esos sueños, que los Espectros diseñaban, veía exactamente a alguien apuñalado en lugar de otra persona, por ponerse delante para defenderla. Esa persona era yo, y la víctima de la espada era Regina…–volvió a llorar –y ahora entiendo por qué cuando pregunté a los Espectros, en cuanto pude tener contacto con ellos, sobre quién era aquella persona que sería apuñalada en la Batalla me respondieron que no podían decírmelo porque ciertas cosas no podrían ser dichas para no interferir en el devenir de las cosas…Pues claro. Porque si yo hubiera sabido que era Regina quien iba a morir en mi lugar para salvarme haría todo lo posible para evitarlo, y mi victoria en la Última Batalla podría entrar en riesgo y no suceder. Tiene completo sentido.
Mary cariñosamente cogió el rostro de la hija en sus manos e hizo que la mirara.
–Hija…–comenzó –Todo tenía un propósito. Sé que ahora tu pecho está lleno de dolor como el de todos nosotros. Pero Regina fue una gran heroína–sollozó –Y su sacrificio fue el tiro final para que vencieras la Batalla y nos salvases a todos. Lo conseguiste, mi pequeña…–Mary también estaba sufriendo mucho con la pérdida de su ex madrastra. Hubiera querido tanto que Regina tuviera su final feliz al lado de su hija, después de todo el camino que había recorrido para liberarse de la oscuridad.
–¿Pero a qué costo, mamá?–Emma estaba nerviosa, triste y con rabia al mismo tiempo –Sí, lo conseguí, pero, ¿a qué precio? ¿Al precio de tener que enterrar a Regina…Y a todos ellos?–Emma tragó en seco antes de hacer un movimiento con el brazo señalando los cuerpos inertes de sus guerreros que estaban esparcidos aquí y allí, por todas partes. Encima de todo, aún tendrían que lidiar con ese dolor.
–Toda gran guerra tiene un precio, mamá…–esta vez fue la voz de Henry, abrazado al hombro de Emma, dejando que sus lágrimas mojaran la zona –Mi otra madre lo sabía…Todos los sabíamos–Henry finalizó con sabiduría, incluso en medio de toda la tristeza que consumía su corazón.
–¡No estás sola, hija! ¡Vamos a estar siempre contigo, ayudándote a ti y a Henry a pasar por este momento tan difícil y doloroso!–Mary abrazó con fuerza a Emma y a Henry al mismo tiempo, y David se juntó a ellos en el apretado abrazo, en el que todos seguían llorando y externalizando sus emociones. Mary sentía su pecho aplastado solo al imaginar el sufrimiento de la hija ante la pérdida de su amor verdadero. Ella imaginaba que perdía a David y esa sencilla visión ya le daban ganas de desmayarse.
Como si el mundo supiera que el tormento de la guerra hubiera acabado, de repente, los cielos se abrieron y las gruesas nubes de lluvia desaparecieron. La tempestad cesó y la luna y las estrellas volvieron a brillar en el cielo limpio y abierto. Todos miraron hacia arriba. Pero ni el brillo de un próspero recomienzo calentaba el corazón de aquel grupo que lloraba su pérdida.
Con esfuerzo, Emma se levantó del suelo, ayudada por todos. En cuanto se puso de pie, escuchó aquella voz tan conocida y bienvenida, que gritaba su nombre.
–¡EMMA!–Belle venía corriendo en su dirección al igual que Rolland iba corriendo hacia los brazos de Robin. Atrás venía Rumpel. Había ido a la biblioteca para liberarlos. Belle se tiró en los brazos de Emma en cuanto llegó a ella, apretándola con su cuerpo dándole un gran abrazo fraterno –¡Rumpel me ha contado todo mientras nos sacaba de allí! ¡Ah, mi amiga!–comenzó a llorar –¡Lo siento mucho, Emma, tanto! Has ganado, y estoy feliz, pero…Pero…–No consiguió continuar.
–¡Lo sé…Lo sé!–apretó más a la amiga.
–¡Me siento tan impotente! ¡Hubiera querido hacer algo, alguna cosa!–sollozaba
Al deshacer lentamente el abrazo, Emma le sonrió a Belle con cariño.
–¡Haz hecho de todo, Belle, créeme! ¡Solo el hecho de poder contar contigo en todo momento y tener tu amistad ya lo es todo para mí!
Las dos se abrazaron una vez más, un abrazo que contenía una mezcla de tristeza y dolor. David colocó la mano en el hombro de Emma y lo apretó, llamando su atención.
–Hija…Creo que es mejor…
–Papá, vamos hasta ella, por favor. ¿Dónde está?–Emma intentaba recomponerse, luchando de nuevo contra las lágrimas.
–Pero…
–Por favor, papá. Quiero ir hasta ella.
Suspirando, David asintió. Le iba a decir a su hija que él se encargaría de los cuerpos de Regina y de la Reina para ahorrarle a ella ese sufrimiento. Pero fue bobo al pensar que Emma no iba a querer acercarse a su amada una última vez esa noche.
Y el instante que vino después fue totalmente emocionante y fue imposible no ver las lágrimas en todos los rostros de alrededor.
Emma echó a andar lentamente, en primer lugar, seguida de Mary, David, Henry, Belle, Rumpel, Zelena, Robin y Maléfica.
Mientras Emma iba pasando, con todos atrás, un corredor se abrió por ambos lados, a la derecha e izquierda se aglomeraban los guerreros y los habitantes de Storybrooke, todos aplaudiendo, sonriendo y ovacionando mientras la Salvadora pasaba. Recibió sonrisas, miradas de cariño, admiración, respeto y condolencia por parte de todos. Ruby, Lilith, August, algunos enanitos, el Hada Azul, Mérida, Pocahontas, Elsa eran los rostros conocidos que fue viendo por el camino, todos sonriéndole y haciéndole una reverencia, símbolo de la heroína en que Emma Swan se había convertido. Emma pasaba intentando sonreír y balanceaba la cabeza de forma sutil hacia todos, en medio de los aplausos. Solo pensar que después tendría que reconocer a los muertos su corazón se estremecía de dolor.
Y Emma llegó, junto con todos…Al final del inmenso corredor formando por la gente, y Swan vio a lo lejos, sintiendo un estremecimiento por todo su cuerpo y la tristeza inundando de nuevo su corazón, los cuerpos de Regina, la alcaldesa, y de su copia, la Reina Malvada, ahora perfectamente colocados lado a lado, con las manos cruzadas en el pecho. Clarissa estaba sentada acariciando los largos cabellos de su amada Reina sin vida, con la cabeza echada sobre su regazo. Sus ojos y rostro estaban rojos de tanto llorar. Rumpel estaba de pie al lado del cuerpo de Regina, y se veía que también el hombre estaba sufriendo, cuando Emma finalmente llegó hasta ellos y vio una lágrima resbalar por su mejilla. Los aplausos cesaron y ahora toda la multitud solo observaba, hundidos en el luto, muchos llorando, todos en silencio en señal de respeto ante aquel momento.
Emma no quería ver de nuevo el cuerpo del amor de su vida allí, helado e inerte, pero necesitaba despedirse, y se despediría cuantas veces fuera necesario hasta que llegara el doloroso e inevitable momento de enterrarla. Emma quería estar con Regina hasta el último segundo, cuanto le fuera permitido y fuera posible, aunque fuera delante de su cuerpo frío.
Miró hacia los cuerpos de la Reina y de su amada. Las dos aún poseían la herida de la Espada en su abdomen, sin embargo, alguien había limpiado un poco la sangre que manchaba sus ropas. Parecían dos ángeles que dormían serenamente y que podrían despertar en cualquier momento. Pero Emma sabía que eso no sucedería más. Y todo lo que deseó fue estar soñando y que alguien la despertara de aquella terrible pesadilla.
Se acercó a Clarissa y le apretó el hombro, para llamar la atención de la joven. Cuando los ojos negros se encontraron con los verdes, Emma ofreció su mano y la princesa la miró antes de aceptarla. Finalmente, la agarró y Emma la ayudó a levantarse, quedando las dos frente a frente.
–¡Gracias!–Emma le dijo en tono bajo
–¿Por qué?
–Por tu ayuda. No soy la única Salvadora aquí. Gran parte de esta victoria es mérito tuyo. No lo habría conseguido si tú no me hubieras lanzado la espada.
La princesa sonrió triste y se encogió de hombros.
–No hay nada que agradecer. Solo hice lo que consideré correcto. Fiona me lo ha arrancado todo…–miró a la Reina Regina en el suelo –nos lo ha arrancado…–Miró a la alcaldesa a su lado –Para ella no importaba nada a no ser su poder. Tardé en ver ese hecho. Mi Reina tenía posibilidades de cambiar, pero Fiona no. Y por mucho tiempo yo misma fui dominada por mi propia ambición y egoísmo, y viví duras consecuencias por eso. Ahora lo estoy pagando. Mi corazón ansió muchas veces liberarse, pero parecía que algo siempre me empujaba de vuelta hacia abajo, y soy consciente de que también perjudiqué mucho tu vida. Pero aquí, en esta Batalla…Ante tanta pérdida y dolor…Creo que finalmente conseguí liberar mi corazón de la oscuridad, al menos parte de él.
Emma le sonrió sincera
–Es eso lo que importa de verdad. Redención, tarde o temprano. Todos nos merecemos una segunda oportunidad y alguien que crea en nosotros–suspiró, miró a Regina en el suelo y con lágrimas en los ojos abrazó a Clarissa que, a pesar del susto inicial, retribuyó aquel abrazo sincero de forma emocionada. Las dos lloraron una junto a la otra, dejando que toda la tristeza saliera de sus lacerados corazones.
Al soltarse de la joven princesa, Emma una vez más se acercó a su gran amor, que yacía sin vida en el suelo. Se agachó lentamente y con delicadeza acunó el cuerpo frágil y sin vida de Regina en su regazo, abrazándola con todas sus fuerzas, como si esperase que su eterna alcaldesa fuera a despertar en cualquier momento. La emoción continuaba plasmada en sus ojos, gruesas lágrimas calientes resbalaban por su rostro enrojecido, en un llanto tan dolorido que hizo que todos a su alrededor la acompañasen en ese extremo momento de sufrimiento.
–¿Por qué, Regina? ¿Por qué, mi amor? Este fardo no era tuyo…–Swan la acunaba como a un bebé, hacia delante y hacia detrás, gritando contra los cabellos negros que pendían sueltos en la cabeza sin fuerza.
Emma se quedó un rato allí, solo dejando salir el llanto, despidiéndose, hasta que sintió que alguien la agarraba delicadamente de su hombro derecho. Al abrir los ojos despacio y mirar hacia arriba, vio que era Belle, que, con ojos húmedos y enrojecidos, le sonreía ligeramente.
–Emma…Rumpel ha hablado conmigo en estos minutos que has estado ahí. Le gustaría hablar contigo–dijo la hermosa muchacha, de forma delicada.
Sin muchas ganas, Emma soltó a Regina lentamente, colocándola en la misma posición en que estaba antes, en el suelo, y caminó hacia Rumpel. El hombre comenzó a decirle en tono bajo y despacio, mientras todos alrededor observaban el diálogo, curiosos.
–Señorita Swan…He dudado en decirle esto porque no me gustaría darle falsas esperanzas, y mientras usted luchaba, pensé mucho y llegué a la conclusión de que no sería justo no ofrecerle este último intento y esperanza de salvar a Regina de la muerte…Tenemos una última oportunidad.
Fue como si un puñetazo le abriera un agujero en el corazón. Sintió su respiración fallar como nunca antes, todas sus neuronas se pusieron en señal de alerta. Desorbitó los ojos hacia Rumpel.
–¡Gold, por Dios! ¿Por qué no me has dicho que había una opción para salvar a Regina? ¡Dímelo ya! ¿De verdad crees que no me agarraría con unas y dientes a esa última esperanza?
–Sé que se agarraría, Swan. Lo que le dije de haber dudado sobre este intento es que…Es una magia muy arriesgada, y realmente se corre el riesgo de que no salga bien. Ya hubo muchos intentos en el mundo mágico, y créame, hubo casos de éxito, pero también fueron muchos los de fracaso.
–¡Haré lo que sea para salvar la vida de Regina y de su otra mitad! Explícame mejor eso–prácticamente gritó de euforia.
–Se llama Magia del Corazón de vidrio. Y el mayor problema para que no salga bien…Es que muchas personas pueden salir seriamente perjudicadas–Emma tragó en seco –Pues para realizarla se necesitan a muchas personas. En el caso de Regina, creo que hay una posibilidad grande de que salga bien debido a su acto de sacrificio y a vuestro gran amor. Esas cosas cuentan mucho en magias que envuelven un corazón sin vida. Señorita Swan…Para mayor entendimiento y poder realizarlo, si así se me permite, necesito hablar con todos los presentes. ¿Me permite?
–Pero, ¿cómo vas a…?
–De esta forma.
Y Gold hizo un gesto sutil con su mano hacia su garganta. Emma, en un primer momento, no entendió, pero después de dos segundos, cuando comenzó a hablar, lo comprendió todo.
–Atención a todos los guerreros y moradores de Storybrooke. Pido un minuto de vuestra atención–continuó Gold. Su voz sonaba alta, clara y límpida, como en un micrófono que expandía su voz más allá de las fronteras de la ciudad. Exactamente todos lo estaban escuchando perfectamente, y el Dark One obtuvo la completa atención de todos.
Emma esperaba con enorme expectativa la explicación del gran hechicero.
–Como todos saben, Regina Mills, la alcaldesa de Storybrooke, ha fallecido en acto heroico en esta triste Batalla, llevándose consigo a su otra mitad, la Reina Malvada. Le estaba diciendo a la señorita Swan que aún existe un último resquicio de esperanza para intentar salvar sus vidas y traerlas de vuelta de la muerte, pero tendrá que ser rápido, antes que sus cuerpos lleven muchas horas sin vida.
Un murmullo se elevó entre todos, así como sonrisas y lágrimas de esperanza brotaron, sobre todo, en Zelena, Henry, David y Mary. Rumple continuó y todos volvieron a mirarle.
–La magia que se usará se llama Magia del corazón de vidrio, y quiero advertirles a todos de los grandes riesgos, pues para que pueda realizarse, necesito a muchos voluntarios. Esta magia es poderosa pero incierta, y no puede preverse su éxito o no, y eso puede perjudicar a las personas implicadas. Sin embargo, Regina tiene grandes posibilidades porque su efecto es mayor en personas que han vivido una redención y han realizado algún acto heroico. Eso ya es un punto. Ahora, cómo funciona la magia: Regina necesitará la mitad del corazón de su amor verdadero…–miró a Emma que le sonrió y asintió con la cabeza –y la mitad del corazón de Emma es otro punto fuerte para el éxito, pues el amor entre ellas ha pasado por grandes pruebas y es un amor muy poderoso. Y bien, ahora es cuando entra la participación de otras personas…–miró a todos alrededor –Todos nosotros vamos a compartir el corazón de Regina, vamos a CAMBIAR el corazón de Regina. Ella se quedará solo con una parte pequeña de su corazón original. El resto será totalmente cambiado. Por eso, solo la mitad del corazón de su amor verdadero no basta. La otra mitad del corazón contendrá pequeños pedazos de diferentes corazones, que encajarán entre sí hasta formar la otra mitad completa, formando así el nuevo corazón palpitante de Regina, y son esos pedacitos que tendrán que provenir de los voluntarios, esos voluntarios tendrán que realmente querer ceder un pedazo de su corazón, por su buena voluntad de ayudar, y lo más importante, tendrán que venir de personas que realmente sientan afecto o amen a Regina. Os recuerdo que vamos a necesitar a muchas personas, nadie está obligado a hacerlo, tienen total libertad de elección.
Un nuevo murmullo. Las personas susurraban y conversaban entre sí.
–Rumpel…–la voz de Emma se escuchó –Mencionaste riesgos y consecuencias para las personas si no sale bien. ¿Cuáles son?
–Ya iba con eso, señorita Swan–la voz alta de Gold reverberó en la oscuridad de la noche y todos prestaron atención de nuevo –Con relación a los riesgos y consecuencias: si al colocar el nuevo corazón dentro del pecho de Regina, ella no despierta, si la perdemos en favor de la muerte, todas las personas que hayan participado en esta magia donando su corazón, incluso usted, Emma…–se giró hacia la rubia –vivirán por siempre con una enfermedad cardiaca mágica, que tiene el mismo nombre de la magia: corazón de vidrio. El corazón de vidrio es un corazón extremadamente frágil y enfermo, causando la pérdida de la magia en aquellos que la tuvieren, y todos, con magia o no, vivirán como máximo diez años más. El corazón comenzará a deteriorarse poco a poco, año tras año, como si se pudriese y se descompusiera. En los primeros años, no se notará, pero con el transcurrir de estos, aparecerán agónicos dolores así como fatiga, cansancio y falta de aire, hasta culminar con la muerte. No hay cura ni antídoto. No existe vuelta atrás.
Un silencio aplastante se apoderó del lugar ante esas palabras. Se podía escuchar el respirar pesado de cada persona allí presente. Hasta que…
–¿A qué esperas para coger mi corazón?–decidida y secándose las lágrimas, Emma Swan dio un paso adelante.
–¡Y el mío!–Henry llegó decidido hacia delante
–¡Arranca ya este corazón verde de aquí dentro!–decía Zelena acercándose
–¡Coge el mío ya!–Mary
–¡Y aquí está mi bruto corazón!–David
–¿Vas a coger el mío o no?–Robin
–¡Aquí estamos!–dijeron Maléfica y Lilith a la vez
–¡El mío está a tu disposición!–se acercó Clarissa
–¡Abran las alas que ya llegamos!–Leroy y cinco enanitos más
–¡Será un placer servir a la alcaldesa Regina!–hizo una reverencia Mérida
–¡Soy de hielo pero mi corazón no está helado! ¡Puedes cogerlo!–dijo Elsa
–¡Yo me ofrezco!–dijo un soldado
–¡Y yo!–dijo Ruby
–¡Yo también!–un elfo
–El corazón es viejo, pero creo que debe servir–Granny
–¡Yo estoy aquí!
–¡Yo también!
–¡Eh, no se olvide de mí!
Y todos, exactamente todos, se acercaban con grandes sonrisas, ofreciendo sus corazones para salvar la vida de Regina de libre y espontaneo deseo. Gritaban y hablaban al mismo tiempo, era una hermosa escena. Emma estaba emocionada, apoyada en el hombro de Belle. Era maravilloso ver lo dispuestos que estaban todos para ayudar a salvar a su amada, y lo mejor, cuánto era amada Regina.
–¡Muy bien! Todos están avisados de los riesgos. Pero piensen en la gran oportunidad que tenemos. Señorita Swan, por favor…–Gold elevó la voz de micrófono, haciendo un gesto para que Emma se acercara. La rubia tragó en seco y se puso frente al hombre. Sabía lo que venía.
–¿Preparada?–preguntó Gold colocando la mano abierta sobre su pecho.
–¡Como nunca antes!–dijo convencida y esperó el momento, cerrando los ojos.
Emma ya había experimentado esa sensación desagradable que era ver su corazón arrancado de su pecho, sin embargo, eso era lo de menos ante la posibilidad de traer a Regina a la vida. Con un pequeño grito de dolor, sintió la mano del hombre atravesar su pecho y retirar su rojo corazón, pulsante y brillante de dentro. Rápidamente, Gold separó la mitad, y enseguida devolvió la parte de Emma a su pecho, con un nuevo jadeo de la rubia. La sensación siempre era horrible.
–¡Todos los que vayan a donar hagan una fila, por favor! ¡Frente a mí!–dijo Gold a todos.
Y así lo hicieron. Henry, Zelena, Robin, Maléfica, Ruby, Lilith, David, Mary, enanitos, Granny, August, Mérida, Elsa, Pocahontas, guerreros, elfos, hechiceros…
Rumpel iba arrancando el corazón, uno a uno, extrayendo un pedacito y volvía a devolverlo a sus pechos. Todos hacían una mueca de dolor. Y Belle llegó frente a él…
–¡Belle…No! ¡Ni pensarlo!–susurró bajo
–¡No me lo impidas, Rumpel! Quiero ayudar y tengo plena certeza de que esto saldrá bien.
–Pero…
–¡Arranca!
Gold suspiró. Sabía que no iba a conseguir convencer a Belle para que no participara ni ayudara a Emma y Regina. Aunque con recelo, lo hizo. Confiaba en el sexto sentido de la esposa.
Tras algunas personas más, Rumpel se hizo escuchar.
–¡Ya tengo suficiente! ¡Mucho más de lo esperado! ¡Os agradezco a todos!
Se escucharon murmullos de quien quedó fuera y quería ayudar. Pero Rumpel realmente ya poseía muchos pequeños pedazos de innumerables corazones en sus manos.
Todos, sobre todo, Emma, prendieron sus respiraciones cuando Gold comenzó el proceso. Cogió la mitad del corazón palpitante de Emma, y a su lado, fue pegando los otros pedazos más pequeños de los corazones igualmente pulsantes, con todo el cuidado, como si fuera un trabajo artesanal que exigía mucha precisión y habilidad.
Cuando finalmente quedó listo, Gold tenía en sus manos un verdadero corazón nuevo que latía y pulsaba a un ritmo ordenado, como un dibujo de un puzle. La mitad del de Emma y el resto formando la otra mitad como una pequeña colcha de retales, pegado a la mitad del de Swan. Estaba muy bonito, y en cuanto Rumpel cerró los ojos y pasó su mano por encima del nuevo corazón recitando bajo algún tipo de hechizo, el órgano quedó rodeado por una hermosa y brillante luz blanca, y el hombre lo alzó para que todos pudieran verlo.
–Está listo. Ha llegado la hora.
Gold caminó lentamente hacia donde yacían los cuerpos de Regina y de la Reina Malvada. Todos fueron tras él, nerviosos y en expectativa. Emma, de nuevo, se sentó y acomodó a su amada con delicadeza en su regazo, y Clarissa, a su lado, hizo lo mismo con la Reina.
–Si todo sale bien, no tardarán en despertar. Ahora, si no sale bien…–Rumpel alertó
–No vamos a pensar en eso, por favor, Gold. Solo hazlo…–dijo Emma, acariciando el rostro pálido y frío de Regina.
Rumpel suspiró, asintió, y se preparó. Cerró los ojos, alzó el nuevo corazón que latía envuelto en la luz blanca, y de un solo movimiento, lo introdujo con toda su fuerza en el pecho de Regina.
Se hizo el silencio de nuevo. Regina continuaba totalmente fría e inmóvil.
Pasaron algunos segundos…La preocupación y la aflicción comenzaban a anidar en todos.
–¡Vamos, mi amor, vamos! ¡Tú puedes! Regresa con nosotros, por favor…–Emma comenzó a llorar bajito, cerca del rostro de ella, en dolorosa espera.
Pasaron más segundos y nada. Y la esperanza iba abandonando el corazón de todos, varios rostros ya estaban desolados. Emma comenzaba a sentir cómo se formaba un nudo en su pecho y en su garganta, la última esperanza de salvar a su gran amor se escurría entre sus dedos.
Hasta que…
Emma no sabía decir de dónde aparecía aquel repentino calor, pero algunas zonas del cuerpo de Regina comenzaron a…¿calentarse?
¡Sí, sin duda era calor! ¡Era vida! Emma podía sentirla en sus brazos, así como Clarissa sentía a la Reina, y las dos se miraron en un gesto cómplice, sonriendo, con el corazón latiendo a mil. La esperanza, poco a poco, había vuelto. Y la ansiedad también.
El calor comenzó a subir por las piernas hasta los brazos, tronco y manos de Regina, Emma apretó sus dedos antes gélidos, ahora calientes. La circulación sanguínea volvía. Finalmente, el lindo rostro de la morena fue cogiendo color.
–¿Regina?–Emma llamó bajito, sus ojos verdes ya bañados en lágrimas.
Las primeras señales de movimiento aparecieron. Temblores pequeños en los dedos de las manos, párpados moviéndose sutilmente. Lo mismo sucedía con la Reina. Y los corazones de Emma y Clarissa se henchían de esperanza. Todos alrededor asistían, emocionados.
–Vamos, venga amor…Solo un poco más…–Swan susurraba.
Regina comenzó a hacer pequeños ruiditos con la boca aún cerrada, como si luchara por hablar. Hasta que, con un gran estremecimiento, todo su cuerpo se vio envuelto en la intensa luz blanca que había rodeado su nuevo corazón, y que ahora la rodeaba a ella, circulando a su alrededor, se quedó así unos segundos hasta que la luz entró completamente por sus poros, infiltrándose en todo su cuerpo, y Regina, con un gran temblor, despertó, de forma brusca, con los ojos desorbitados, la respiración totalmente fuera de control. Inhaló profundamente produciendo un ruido agónico, su pecho subía y bajaba, y apretó su pecho para recuperar el aire. La vida la rodeaba de nuevo, en toda su belleza y esplendor. La alcaldesa estaba de vuelta, así como la Reina Malvada a su lado, en brazos de Clarissa.
Y, al observar dónde estaba y situarse tras toda la confusión que envolvía sus pensamientos, sus hermosos ojos castaños ahora bien abiertos y llenos de vitalidad se dirigieron hacia la rubia que la sujetaba en sus brazos, y encaró los esmeraldas encharcados de lágrimas de emoción y de alivio.
–¿Emma?–fue su primera palabra susurrada tras retornar del abismo de la muerte.
