Bonus.
XXXII. Cuatro magos
Come and be welcome, O noble court poet
The treasure of knowledge is kept in your words
So unlock the riches of rhyme and of rhythm
And let all the wealth of your wisdom be heard
Heather Dale
Katsuki hace sus últimos exámenes de aprendiz de magia lleno de vendas en el vientre y en el hombro. La tarde que se convierte en mago hecho y derecho también va con Chiyo para que le quite las vendas. No se anima a verse las cicatrices en ese momento. Simplemente vuelve a ponerse la camisa y sobre ella la túnica mientras escucha la voz de la maga enfermera. Tendrá que tener cuidado con su hombro en adelante, pero por lo demás está perfectamente sano.
Sube hasta las habitaciones y busca el copo de nieve en la puerta de la habitación de Shouto hasta encontrarlo. Llama a la puerta. Supone que él ha vuelto a su habitación tras finalizar el examen. Por lo que Katsuki oyó, también aprobó con creces.
Shouto abre la puerta.
—¿Puedo usar tu espejo de la luna?
Si le extraña la pregunta, no dice nada. Sólo asiente.
Katsuki entra entonces y espera que Shouto lo haga aparecer el espejo en la puerta del ropero. Por supuesto, como tiene un título de príncipe que no le importa, también tiene el dinero necesario para tener un artefacto de esos. Son los espejos más claros que existen, que nunca se manchan. Katsuki se para frente a él y deja caer la túnica al suelo. Luego sigue la camisa.
Y entonces sí, ve las cicatrices que las heridas de Shigaraki y las curaciones de Shouto le causaron. La del vientre es más grande y vistosa, parece una estrella; la del hombro no se queda atrás.
Shigaraki sigue vivo, igual que el resto de su grupo. Dabi, la maga que robaba sangre, los demás. Katsuki apenas si los recuerda. El consejo de Archimagos se reunirá para hablar durante horas qué es lo que deberían hacer con ellos. Izuku no dice nada, pero es obvio que le molesta no dar su opinión. A Katsuki si se la dice, a veces, en las noches, cuando no puede dormir y llama a su puerta. No quiere venganza. No siente que sea productivo o bueno. A Katsuki un poco de venganza no le importaría, pero Izuku le dice mil y una veces que simplemente quiere romper el ciclo que causó que la Gran Oscuridad pudiera aprovecharse de Tomura Shigaraki —o lo que sea, Izuku a veces también menciona otro nombre—. Ha hablado con Nana Shimura también, pero sobre eso no ha compartido demasiado. Ya lo hará cuando esté listo.
Shouto se acerca.
—¿Katsuki? —pregunta.
En esa pregunta van unidas otras.
«¿Estás bien? ¿Qué ocurre?».
—Quería verlas.
—Lo siento —dice Shouto—, si no lo hacía de la manera en que lo hice… Quizá hay otras maneras, pero no sabía…
—No importa —interrumpe Katsuki.
Shouto se acerca y lo abraza por detrás. Sus manos rodean su vientre.
—Te dan un aspecto temible —dice—. De un mago realmente temerario. Capaz de todo.
No es una descripción muy alejada de la realidad.
Se quedan así un momento, hasta que alguien más llama a la puerta. Shouto se separa un poco y Katsuki vuelve a ponerse la camisa, aunque no alcanza a recoger la túnica cuando un Izuku radiante aparece frente a él. Por la sonrisa, Katsuki asumirá que pasó todos sus exámenes y ahora tiene más que nunca el derecho a llamarse mago.
Antes de que Izuku lo vea, abraza a Shouto. Prácticamente se le lanza encima y se cuelga de su cuello. Cierra los ojos cuando Shouto rodea su cintura; cuando los abre, nota con sorpresa que Katsuki también está allí y suelta a Shouto para lanzarse hacia él.
—¡Kacchan!
No le da tiempo ni de ponerse la túnica. Hace lo mismo que con Shouto y cuelga de su cuello.
—No seas tan brusco, maldita sea —se queja Kacchan—, recién me quitaron las vendas.
Eso es lo que hace que Izuku se aparte. Estira la mano en dirección a cuello de la camisa, todavía mal puesta y, cuando Katsuki no hace nada por apartarla, la mueve para ver una de las cicatrices. Se queda así unos momentos y nadie dice nada. Luego extiende la otra mano y, con cuidado, bordea la cicatriz con la yema de sus dedos. Katsuki no se lo impide.
—Se te ve…
—… temeraria —completa él—. Ya lo dijo Shouto.
Pero él todavía no sabe que pensar.
—Supongo que tendré que volver a Aldera para enseñársela a la vieja bruja antes de poder hacer cualquier cosa.
—No le digas así a Mitsuki, Kacchan.
Él sólo bufa.
La habitación vuelve a asentarse en el silencio hasta que caer sobre ellos lo que Kacchan dijo. Pronto dejarán la torre y ya no será su hogar. Será un lugar de paso para ellos o un lugar donde dictar cátedra a otros aprendices por largas temporadas, pero ya no será su academia. El bosque seguirá allí, pero ya no pasarán las tardes intentando despejarse de los estudios en él. Quizá todavía busquen ingredientes mágicos en él, pero ya no de manera tan frecuente como antes.
—¿Volverán a Aldera? —pregunta Shouto. Lo dice con un hilo de voz, como si tuviera miedo con la respuesta.
Izuku mira a Katsuki. Él le regresa la mirada.
—¿Quizá…? —responde Izuku, dubitativo—. Prometí ir a visitar a mi madre cuando consiguiera aprobar todos los exámenes. Antes de lanzarme a viajar por doquier. Y Kacchan… Creo que Mitsuki lo hizo prometer algo parecido.
Katsuki sólo suelta un gruñido.
—¿No irás al sur?
Shouto los mira a ambos y luego se mira los pies. Durante un momento son lo más interesante que existe.
—No estoy seguro —admite después—. No sé si… Quiero ver a mis hermanos. —Alza la vista entonces—. Mi padre… no lo sé. También quiero ir a las Torres de Musutafu a ver a mi madre. Pero no sé si estoy listo y…
—Puedes venir con nosotros, Shouto. Lo sabes, ¿no?
—Eijiro quizá quiera ver a su familia —dice Bakugo—. Pero si lo convencemos de hacer una parada en el camino o dar un rodeo, no estaría mal. Sus padres no están lejos de Aldera.
Shouto sonríe.
—Gracias.
Entonces alguien llama a la puerta por tercera vez.
—¿Están ahí? ¡Sé que están allí! ¡La torre me trajo aquí cuando le pregunté dónde encontrarlos!
Shouto abre la puerta y Eijiro es quien está allí, con su enorme sonrisa. Eso es lo que les dice que también aprobó todo. Como ellos. Magos hechos y derechos, listos para viajar por el mundo y nunca dejar de aprender. Katsuki no duda que en el futuro se enfrenten a cosas que rivalicen con su enfrentamiento contra la gran oscuridad, pero primero quiere respirar hondo, decirle a su madre que está vivo y que oficialmente es el mago de la familia. Casi todos hacen lo mismo.
—Aquí estamos todos, Eiji —dice Izuku.
Katsuki por fin se pone bien la túnica y se cierra la camisa.
—Oh, genial.
Eijiro es quien se sienta primero en la alfombra. Estira una mano para jalar a Izuku con él y luego a Shouto. Katsuki lo imita.
—No quería pensar en tener que empacar todo mi cuarto.
—No tienes que hacerlo ahora, idiota; nadie nos está corriendo todavía. No importa si pasamos otros días aquí —recrimina Katsuki—. Además le caes bien a la torre. Seguro te ayuda a empacar.
Eijiro sonríe.
—Cierto. Es sólo que no sé qué quiero hacer. A dónde ir.
Los tres se miran. Eijiro se queda fuera de esas miradas, pero frunce un poco el ceño con cierta curiosidad.
—Estábamos hablando de eso —dice Shouto—. Creo que los acompañaré a Aldera. Y… dijeron que tu aldea no estaba tan lejos.
—No, no, un poco más al este. Dos días más. Aldera me queda de paso —dice Eijiro. Y entonces empieza a entender el plan. Sonríe cuando se da cuenta—. ¡Oh, mis padres estarían encantados de verlos si después de parar en Aldera van a nuestra casa! Hay camas suficientes.
—Y después quizá el sur. El desierto. —Katsuki señala a Shouto—. Podría presentarnos a sus hermanos. Y podríamos asustar a su padre.
—¡Kacchan!
—¡Sólo es una sugerencia! ¡No irás a decir que te da miedo su padre después de Tomura Shigaraki!
Izuku bufa.
—Por supuesto que no me da miedo.
—Me encantaría conocer el desierto —comenta Eijiro—. Dicen que las dunas son impresionantes. ¡Podríamos ver las dunas de colores!
Los magos se caracterizan por ser viajeros. Ante todo. En las aldeas esperan verlos llegar y siempre hay niños que vigilan los caminos cuando se rumora que un mago anda cerca. A veces viajan en grupos pequeños, también.
Katsuki sonríe de lado.
—Sí, podríamos ver las dunas de colores —concede.
No han dejado la torre atrás aún. La Gran Oscuridad quizá pueble sus sueños y pesadillas. Quizá una parte de ellos siempre esté alerta. Pero queda mucho mundo. Y ellos ya son magos, hechos y derechos.
—Son bonitas —comenta Shouto—. Están algo alejadas, pero hay muchas aldeas alrededor.
—Bueno, eso suena como un plan.
Hay mucho mundo, piensa Katsuki. Y ya no hay malos presagios.
Notas de este capítulo:
1) ¡Holaaaaaa! Ahora sí ya acabé y terminé de cerrar algunos cabos sueltos. Gracias por acompañarme en esta aventura. Me encantaría saber qué pensaron de la historia. Si leyeron anónimamente o no, lo que sea.
2) Hay más proyectos en mi perfil, pero fuera del long fic, me tomaré un descanso para crear más material durante todo noviembre. Volveré con un adviento, por supuesto, y quizá algunas cosas más. No sabría decirles que ships, aquí somos multishippers, como pudieron notarlo.
Andrea Poulain
