Atsushi
La jornada transcurrió con inesperado tranquilidad. Las grandes mentes de la agencia jugaron a armar casas de naipes con los ojos cerrados. Mientras el resto del personal pasamos las horas entre papeleo y ocio.
No volvimos a hablar del asunto con Kyouka-chan. No tardó en volver todo a la normalidad.
Estaba reorganizando carpetas del fichero acerca de antiguos casos de la agencia. Cuando Dazai-san se acercó sigiloso.
-Sabes Atsushi-kun, tengo una pequeña apuesta con Rampo-kun.
Enarque una ceja y No me atreví a indagar que Clase de apuesta se trataba. Tampoco debí hacerlo, porque él prosiguió comentando sin esperar que preguntase.
-solo debes responder dos preguntas sencillas- sentenció alzando los hombros como si nada.
-primero; ¿Es mejor morir ahogado o incinerado? Ninguna es tan pacífica como desearía para mí.
-n-no lo sé Dazai-san!- contesté algo molesto por la desagradable pregunta. La verdadera interrogante era que se traía entre manos está vez. Termine respondiendo "ahogado" de todas maneras.
-hmm aunque si no fuera tu elección yo elegiría agua salada, acabaría con el dolor más rápido que si se tratase de agua dulce de un río o...-siguio murmurando para si mismo.
-¿esta pensado arrojarme al mar Dazai-san?- escrute medio bromeando.
-oh no para nada! Aunque La pobre kyouka chan me ahorraría el trabajo de un suicidio si te hiciera daño.- respondió como si nada.
-eso me lleva a la siguiente pregunta; me concedes a la pequeña Kyouka está noche?
-n-no debes pedirme eso a mí- objete algo sorprendido.
-¿ah no?- al decir esto una mueca de diversión cruzó su rostro y se alejó tan rápido como había aparecido.
Al volver a casa me sorprendí por encontrar la casa tan silenciosa. Solía llegar con el
departamento inundado de aroma a salmón salado y té verde, y con Yasha Shirayuki flotando de un lado a otro llevando los ingredientes por orden de Kyouka.
Permanecí inexplicablemente molesto, sentado sobre mis rodillas con la vista fija en la puerta.
Pasaron varias horas hasta que ví asomar su pequeña cabeza azulada. No sabría explicar porque derrame un "bienvenida a casa" más feliz de lo que esperaba. Y ella me respondió con naturalidad sentándose a mi lado.
-¿Porque regresas a casa tan temprano siempre, kyouka-chan?- indague inseguro viendo que traía las manos rebosantes de los caramelos favoritos de Rampo-san.
-porque quiero que te den la bienvenida a casa todos los días.
Lo dijo con voz tan sincera y clara que aquella noche perdí por completo el apetito.
Kyouka
Pasamos un día apacible. Rampo y Dazai-san hacían casitas de Naipes con ojos cerrados, cuando kunikida encendió el ventilador con malicia y el taj Mahal de corazones de Dazai-san voló por el suelo.
La doctora Yosano me platicó sobre su habilidad y la vez que debió desmembrar a un hombre para que no perdiera la vista. escuché la anécdota con morboso interés. Supongo que no soy tan femenina para platicar con Naomi-san...
Antes de que pudiese irme Rampo-san me detuvo. Y dado que realmente no sentía deseos de ir a casa tan pronto, accedí sin chistar a cada uno de sus absurdos y extravagantes mandados.
Esto me entretuvo unas horas extra. Inclusive me excuso con Atsushi. Dado que no volvería a casa con el al acabar la jornada.
Finalmente me retiré con las manos repletas de dulces que Rampo-san me obsequio en pago por mi ayuda. Los acepte con buena gana, tenía pensado compartirlos con Atsushi en casa. Excepto los de limón. No le gustaba los ácido, ponia la clásica "cara de oliva" arrugando mucho la nariz y cerrando los ojos.
¿Cuando se convierte en tigre por completo, es capaz de comer chocolates? Eso era algo que debía preguntarle al llegar.
Me sorprendió encontrarlo con el seño fruncido contemplando fijamente la puerta.
Su mirada se suavizó al darme la bienvenida, así que opte por no indagar en la razón de su molestia.
Cenamos en silencio, como cada noche. Con o sin relación de noviazgo esta rutina permanecería. Lo cual me aliviaba.
-porque regresas a casa tan temprano siempre, kyouka-chan?- soltó esta pregunta sin aviso alguno, dejándome pasmada.
Respondí sin tacto la verdad. No me sentía avergonzada. Seguramente veía este acto más como el de un familiar, que como una enamorada. Simplemente quería que alguien estuviese para recibirlo al volver.
Recuerdo cuando mencionó que no había oído esas palabras en su infancia. A cualquier niño le gusta sentir que lo esperan en casa.
Pude notar como bajaba la mirada para disimular las mejillas encendidas. Debía ser el sofocante calor del departamento...sin embargo aquella noche dejó su tazón llenó.
Y volvió la cara con molestia cuando le ofrecí los dulces que obtuve.
Pese a que le ofrecí dormir fuera de aquel armario por estar en pleno verano, él se obstino terriblemente. Supuse que se trataba del pudor hacia alguna norma social. Después de todo ¿no estábamos en una "relación"?
Inhalé profundo diciéndome que el domingo acabaría todo.
Antes de que la oscuridad acapare mi sueño llegué a la conclusión que no comprendía en lo más mínimo a esta hombre.
