Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
Acto III: Madurez (El juicio de las almas)
Escena 16: Causalidad.
Disputas divinas con un sorpresivo ganador.
Shanks miró al hombre sobre su hombro, con una expresión dura y sombría. Sus hombres sabían que se estaba conteniendo para no soltar toda la furia que ver a su protegida le había causado, al encontrarla en un estado tan deporable, moribunda y sangrante. Hecha pedazos.
Incluso a ellos les dolió ver a Ler de esa forma, deshecha en una plataforma fría, dejada atrás como si nada, cuando fue la clase de persona que habría dado la vida por la institución porque dijese lo que dijese, el corazón de Ler era de una marine.
De haber sido menos prudente o más emocional, Shanks probablemente habría destruido todo sin pensarlo, pensando solo en lo que la joven pasó o lo que pasó Luffy. Pero era lo suficientemente maduro para aguantar un poco más y asegurarse que ambos saliesen con vida.
-¿ Quieres intentar quitarmela?- preguntó con una calma y suavidad que a cualquiera le habría erizado los bellos. Los marines a su alrededor, así como piratas y demás personas en el lugar, se sentían aterrados por la presencia del hombre, pero mucho más preocupados por el aura que despedía.
Sakazuki cruzó una mirada con el Almirante de Flota, llena de recelo y un destello de advertencia, como si a pesar de haberle dejado tener el cuerpo de Ace, dejarle llevarse a Leriana fuese el mayor de sus límites.
Su sentido de justicia era absoluto, y en la cúspide de los crímenes contra ella estaban los traidores como la ex-contraalmirante, quien un día fue su pupila, por lo que se sentía aún más obligado a acabar con su rebeldía de una vez.
Shanks esperó pacientemente la respuesta de Sengoku, que parecía tener un debate interno, más allá de lo moral, acerca del destino de uno de los mayores problemas para el Gobierno.
Leriana sollozó a un lado de su cuerpo mientras que la mantenía aferrada con su brazo. Pesaba tan poco y era tan pequeña al lado de cualquier persona en esa guerra, que fácilmente podía cargarla con una sola mano. De ella emitía tan poca vida que Shanks estaba seguro, moriría pronto de no ser tratada.
No necesitaba más juegos, ni negociaciones con la Marina -y el Gobierno- solo debía sacarla de allí y darle la oportunidad a Luffy de escapar.
- Llévatela.- soltó finalmente el Almirante de Flota, cediendo. Sakazuki no lo hizo.
- Sengoku, me niego a...
- Su padre no la quiere muerta y estoy seguro de que el pelirrojo prefiere matarla antes de dejarla con nosotros- explicó el hombre, conteniendo el resto de cosas que deseaba decir, pero incluso el sabía que la paciencia de Shanks tenía un límite que ellos estuvieron a punto de cruzar al ir tras de Luffy. Akainu dió un paso hacia adelante, reacio a la decisión que su superior había tomado. Al instante, las armas de la tripulación de los Piratas del Pelirrojo le apuntaron- no seas estupido y compliques más las cosas.
Apretando los dientes, el Almirante cedió.
Shanks asintió lentamente con la cabeza. Se enderezó abrazando una vez más el cuerpo de la joven con fuerza y se alejó del lugar.
- Siento lo de Ace, arcoiris, pero tú estarás bien. Tu y ancla...Me encargaré de que lo estén.
- ¿Alguna vez te agradecí por lo que hiciste por mi?- preguntó la joven, sosteniendole la cabeza entre sus piernas con suavidad.
El la miró directamente a los ojos, tomándose su tiempo para admirar como el brillo de estos había cambiado y adquirido un tono más claro, que le hacía ver como si parte de la oscuridad y maldad que la caracterizaba, hubiese desaparecido. Su rostro ya era el de una mujer, y el no pudo evitar pensar que independiente al tiempo, siempre sería su vista favorita.
- Eso puede esperar, no te preocupes...- contestó el acomodándose mejor. Respiró profundamente mientras la veía sonreír con tranquilidad. Su rostro estaba lleno de tierra y sangre, suya y de muchas personas más; al igual que su cuerpo herido y desgastado, que le hacía preguntarse como seguía de pie. El ni siquiera podía estarlo también, requeriría un buen rato antes de reponerse- me alegro de que estés bien.
- Y tú- ella le arregló el cabello mojado que caia sobre su frente y limpió su rostro con las gotas de agua que aún se encontraban sobre el, cayendo desde la ropa de ella- pensé que no saldrías de allí.
- Y yo pensé que te hundias al poner un pie sobre el mar- repuso el, recuperando a su vez más aire.
- Si lo piensas bien, es una especie de justicia divina, ¿No crees, Shanks?- preguntó ella con una risa que el apostó, le dolió dado la condición de sus huesos, pero no agregó más acerca del otro detalle.
El pelirrojo cerró los ojos y reflexionó las palabras de la menor. Estaba seguro de que nada de lo que había pasado durante su historia, y la de ella, había sido por casualidad. Cuando el la rescató aquel dia, más de una década atrás, no sabía ni siquiera porque estaba en el lugar donde estaba, porque, precisamente su barco había llegado hasta allí teniendo todo un mar. Porque ese día, porque ese momento en el que su figura había caído en el mar.
Tampoco supo porque pese a las advertencias de los demás, tuvo el errático impulso de saltar al mar y salvarla. Escondió su angustia cuando envolvió su cuerpo pequeño en sus brazos y la vió, inseguro, temeroso, deseoso de hacer cualquier cosa para salvarla.
Cuando la vio por primera vez sintió aquella sensación que tienen los verdaderos marineros al ver el mar.
Y en aquel momento, en donde era ella quien lo había salvado a él, la sensación seguía siendo la misma.
No imaginó que la chiquilla que sacó del agua hace tiempo, lo sacaría a él tiempo después. De toda la alianza, de todos aquellos que lo habían visto caer, ella había acudido a él.
Cuando volvió a abrir los ojos, la encontró mirándolo. Sentada sobre sus rodillas, inclinada sobre su cuerpo, tuvo la certeza absoluta de que el destino había tenido que ver en que se encontrasen una y otra vez.
- Si, supongo que no solo te debo un agradecimiento...- continuó ella levantando la cabeza para observar el panorama, donde el cuerpo médico y quienes tenían las mejores condiciones después de la batalla, se encargaba de asistir a los demás- también una disculpa.
- ¿Una disculpa, arcoiris?- Shanks siempre creyó que se merecía aunque sea un poco de resentimiento por parte de la ella, por que el la dejo, porque sabía que le estaba pasando, porque nunca le tendió la mano a tiempo.
- Tu y yo...- regresando a él, apretó los labios, conteniendo un sollozo- el que tú me salvaras no fue cosa tuya, ¿Sabes? Alguien te puso allí...- explicó con la mirada perdida, como si pensara o recordara muchas cosas- y te volvió a poner en todas las ocasiones en que se suponía , debía morir.
Shanks frunció el ceño sin entenderla, y es que ni siquiera ella lo había entendido bien hasta que se vio en la necesidad de saltar al mar, donde el pelirrojo había caído, herido e inconsiente.
- ¿Porque los ayudaste...OTRA VEZ?- mascullo el señor de Inframundo, furioso.
Poseidón, sentado en su trono, bebió de su copa de ambrosía con tranquilidad antes de responder, más que acostumbrado a los arranques de ira de su hermano.
- Porque así lo quiso el destino- explicó con simpleza.
Urano, a unos cuantos metros de ellos, observando la escena y aguantó la risa.
- ¿Como qué el des...?- Plutón respiró profundamente y volvió su rostro en la dirección donde se encontraba aquel vacío desde donde observaban a los humanos- Solo...No lo hagas otra vez.
- ¿Porqué insistes tanto?- preguntó esta vez Poseidón, con un tono de voz que se asemejaba al cansancio- tu ya no los odias después de tantos años.
El cielo fue quien se adelantó a responder, de una forma en la que la oscuridad no se atrevería.
-Creo que solo odia la idea de perder y ha llevado este juego tan lejos que no sabe cómo darle final.
Plutón resopló molesto, listo para intervenir nuevamente y desechar todas las ideas que los otros dos dioses se estaban haciendo de el, pero no pudo decir nada.
El dios de los mares le miró detenidamente antes de devolver su atención a los huérfanos.
- Si en verdad quieres terminarlo, deja de atentar contra sus vidas y ya.
Plutón frunció el ceño. - Soy el dueño de la muerte, yo decido cuando visitarlos.
- No, tu los juzgas y recibes, pero no decides cuando es el momento- corrigió el cielo con una mano en su barbilla, reflexionando- es el destino.
Destino.
Aquello a lo que inclusive los dioses se encontraban sujetos, a quienes incluso ellos veneraban y respetaban, contra quien no podían ir.
- Estoy seguro de que podría controlarlo si Julian...- dijo de forma despectiva, refiriéndose a su encarnación humana y no a él como ser divino- la dejase morir.
- Deja de controlarlo y dejaré de asegurarme que todo siga el curso que siempre debió seguir- contestó el mar, sin encontrarse realmente a la defensiva.
Con los años, las décadas, los siglos y los milenios, desde el principio de su existencia hasta ese momento, aprendió de los humanos y como estos habían sido los preferidos de Ananké, aún sobre ellos, los dioses; y porque fue así.
Tardó en comprenderlo porque su condición no le permitía ver qué también eran seres imperfectos, pero condenados por el regalo de la inmortalidad y el poder, a la soledad y el egoísmo. No lo entendió hasta que amó al alma que fue en algún momento, la madre de otra a quien habían perjudicado tanto.
Quien había sufrido en sus manos y la de sus hermanos, tanto tiempo, e injustamente.
Sin embargo, siendo el único que tenía lugar en la tierra, el mar, en algún momento, se sintió humano, respetando aún más los giros que daba el destino y el papel que los dioses tenían con el mismo.
Casi como Ananké, el se enamoró de los marineros, empujado por los sacrificios de los héroes que habían perdido sus nombres a través de la historia, pero que el recordaría eternamente.
- ¿Estás amenazandome? - Plutón habló de forma suave, cautelosa, como si aquello se tratase de un juego de dados que implicaba la vida o la muerte, aunque ellos nunca fuesen a morir.
Y aunque "Julián" los amara, seguía siendo un dios, y ante los humanos, no podía mostrarse como tal.
- No. El pacto me impide intervenir directamente a su favor, como te impide a ti hacer lo mismo en su contra - contestó el otro de la misma manera- pero las aguas son mi espacio.
"Voy a protegerla, a protegerlos, mientras esten en el." fue lo que no dijo, pero pensó.
Plutón apretó los labios y miró a los humanos otra vez. Aunque Poseidón la hubiese ayudado en el escape con las otras mortales, amortiguando su caída y llevando al hombre pelirrojo hasta allí, este la dejaría en una Isla donde moriría o sería asesinada, para volver con el sin conseguir el perdón humano.
- Bien. Será una lástima si alguno se encuentra en problemas y lejos de el- concluyó Plutón con una sonrisa brillante y divina como la de los dioses, que significaba la perdición de cualquier mortal.
Urano buscó el alma de su antiguo guardián y lo encontró solo, esperando; le hizo preguntarse si valía la pena seguir jugando de ese modo cuando había pasado tanto tiempo y seguía arrastrando el peso de un mundo hasta allí. Poseidón y Plutón seguirían peleando. El primero porque los consideraba sus hijos y creía que el destino de ellos era ser libres. El segundo porque consideraba que les pertenecían y merecían ser castigados en sus dominios. El cielo, por su parte, creía que después de su lucha, no solo el Príncipe, si no los otros dos, merecían descansar con el.
Pero él era un poco más discreto.
- ¿De qué hablas, Leriana?
Ella suspiró, moviéndose incómoda y adolorida. - Quizá debimos cruzarnos alguna vez en nuestras vidas, pero...¿No crees que fue algo más que casualidad el que estuvieses allí, cada que yo iba a morir?- preguntó mirándolo a los ojos con expectación y algo de pena- algunas cosas son demasiado grandes y extrañas para ser solo coincidencia.
Shanks reflexionó en las palabras de la morena mientras sentía como ella, al tener ciertos conocimientos médicos, comenzaba a curarle heridas superficiales en su cuerpo. Omitió quejarse porque sus manos eran bruscas y torpes.
- Cuando decidiste dejarme en aquella Isla e intenté saltar de un campanario, ¿Cómo llegaste allí? ¿Que te llevó a pensar que lo haría?
"Un soplo de viento que me empujó hacia a ti" pensó el pelirrojo, con una mueca debido al dolor y la pesadez de su cuerpo.
- ¿Y porque Foosha? De todo el East Blue... ¿Como terminé justo en el lugar donde conocería a Luffy?
" Escuché que las aguas eran buenas y tranquilas para navegar. Que el cielo era demasiado bueno por aquellas Islas" reflexionó pensando en aquellos días donde tomó la decisión de dirigirse hasta allí, sin saber realmente lo que encontraría.
- Y cuando decidiste dar tu brazo por Luffy, y cuando llegaste a tiempo para evitar que me atrapara el Cipher Pol...
- ¡Deja de meterte en mis asuntos!- reclamó Plutón nuevamente, viendo como los mortales se libraban una y otra vez de su llamado.
Poseidón parecía auténticamente ofendido por la acusación.
- No tengo nada que ver con eso, te lo aseguro. El pelirrojo la alejó del mar gracias a ti- acusó sabiendo que había ocupado sus propias cartas, como aquel hombre, en su contra- y yo traté de traerla de vuelta, pero no fui yo quien lo llevó otra vez hacia ella.
Urano levantó las manos e intervino, interponiendose entre ambos dioses.
- Ninguno admitirá lo que hizo realmente, ¿Porque seguir dándole vueltas al asunto?- desestimó el problema con la suspicacia de aquel que es incluso más viejo que dioses como ellos- miren a Ler, apuesto que está a punto de ahogarse otra vez.
Ambos devolvieron su vista a la tierra, a los humanos, expectantes por la próxima jugada del otro. El cielo, por su parte, sonrió desde atrás.
- De no haber sido por ti, habría ido tras de Ace a Banaro, y no tengo ni idea que habría ocurrido- susurró finalmente, dejando escapar parte del aire que había contenido con la explicación a través de cuestionamientos que le había dado al hombre- incluso en la guerra...Yo siempre debí morir y tú estabas allí salvandome.
Shanks levantó su único brazo y con su mano le acarició el rostro lleno de golpes y sangre.
- Supongo que por eso siempre que te encuentro, te ves asi- respondió en el mismo tono de voz acariciándole las heridas y raspones. Ella sonrió tristemente, sus ojos cristalizados por las lágrimas.
El siempre había recogido los pedazos de Ler, decidido a armarla para que volviese a la vida, aunque la vida, no le tocara vivirla realmente junto a él.
- ¿Porque Leriana puede nadar?- preguntó Plutón, apretando los dientes. Su rostro se había volteado nuevamente en dirección de su irritante hermano, quién se mantenía tan apasible como siempre.
- Ese castigo lo obtuvo al romper su promesa y abandonar mi templo, así que estaba desterrada de mis dominios, pero...- moviéndose a través del agua en una forma corpórea, pero no visible, por donde Leriana había salido hace no mucho con el cuerpo del hombre en brazos, observó cómo los ojos de ella eran diferentes- nunca probó ninguno de los frutos de tu árbol, por lo que su maldición no era irrevocable. Tus demonios no habitan dentro de ella. Ella aún es pura y bienvenida en mi terreno desde que protegió a la Princesa Sirena- apuntó al arma ancestral, que lloraba de alegría al ver a sus hermanos y amigos con vida- la maldición se disolvió porque cumplió con su misión. Es bienvenida nuevamente en el mar.
Lo que significaba que el dejaría de mover los mares a su favor. Y la dejaría nadar y navegar por los mismos con su propia voluntad.
Urano soltó una exclamación que había aprendido miles de años atras en los rituales que le honraban y que sabía, significaban sorpresa, e intervino: - Asi que nunca tuviste intención de que muriese realmente, ni siquiera en el mar- lo acusó con humor, para la irritación de Plutón.
- Pensé que está vez podían lograrlo- completó el señor del mar, mirando a su hermano- porque los ataques que han recibido, cada vez llegan con mas dudas.
- Yo fui la tormenta que atrapó a tu barco y convirtió tu viaje en un desastre- se disculpó nuevamente con una expresión llena de angustia en su rostro, porque el hombre al que sostenía la había protegido tanto durante su vida, incluso cuando ella creyó que la había abandonado.
El negó tranquilamente, sin soltar su rostro. - No, tu fuiste el arcoíris que me esperaba al final de ella...Siempre serás mi arcoíris, Ler. La señal de que aún después del peor huracán y la peor de las vidas, puede haber algo bueno- le aclaró el, deseando poder levantarse lo suficiente para dejárselo aun más claro con un beso, pero se conformó con hacerla sonreír genuinamente. Su sonrisa se amplió aún más cuando el grito de una voz conocida les retumbó en los oídos- y el siempre será mi ancla. Creo que parte de mi se quedó siempre a su lado.
Segundos después, una nube de polvo apareció al lado de ellos, con una sonrisa aún más tonta y lleno de más heridas que los otros dos juntos.
Sin embargo, incluso entre los dioses, hubo un ganador inesperado.
- Así que fuiste tú- Poseidón se cruzó de brazos y volteó en dirección al cielo, que era quien se encontraba está vez en su trono, pensativo, pero con una sonrisa disimulada en el rostro.
- Ustedes se estaban divirtiendo demasiado tomando bandos, yo me estaba aburriendo al no estar de lado de ninguno. Ninguno le prestó mucha atención a Ace al inicio, así que lo hice yo- respondió con simpleza, disfrutando de la vista a sus pies pero a la cabeza de los mortales, quienes veían el azul del cielo despejado, porque él mismo estaba tranquilo también- ¿No vas a decir nada, Plutón?
El dios se mantuvo en silencio mientras observaba la escena también.
- Parece que lo dejaste sin palabras- comentó Poseidón sin borrar su sonrisa, e imitando la acción de sus hermanos, se asomó por el borde del mundo- aunque no creo que se haya rendido a pesar de que claramente ya están más lejos de lo que nunca habían llegado.
- Aún queda tiempo hasta que sea juzgada.
- Pero tu ya no tienes la misma motivación para condenarla...- señaló el cielo, moviendo su cabeza para dirigirse a Plutón- para condenarlos...Si no, no habrías permitido que Ace y los otros viesen el resultado de la batalla también.
- Solo son ilusiones. No importará lo que vea si se trata de otro fracaso- explicó el dios caprichoso, con irritación. Los humanos nunca serían totalmente comprensibles para el- los pecados que cometió en esta vida hablaran por ella.
- No creo que el vaya a dejar que se marche otra vez- Poseidón apuntó al Rey de Sombrero de Paja, que había llegado al lado de su hermana y alma compañera, abrazándola con esperanza, amor y alegría- no planea soltarla.
Los ojos platinos de Plutón destellaron en una nueva emoción, demostrando que en su cabeza había tomado lugar un nuevo pensamiento, pero que también reflejaron la duda acerca del mismo.
- El tendrá que hacerlo, porque ella sabrá que tiene que ir...Desde que la historia fue conocida, sabe que su batalla no terminará allí.
Ler sonrió cuando los brazos de Luffy la envolvieron con fuerza, envolviendo a Shanks también. Fue extraña la sensación de estar juntos nuevamente, de formar un cuadro que solo vivió en su infancia, pero que se sentía tan familiar como si apenas hubiese ocurrido ayer.
Aún así, le fue invitable no pensar en lo que aquel "final" representaba para ella, para ellos. No cuando sabía parte de la verdad, cuando era consiente de que su existencia era más grande que aquel momento de victoria y euforia, de exitacion debido al resultado, de tranquilidad por ver al otro con vida cuando tantos habían muerto.
Ella sabía muy bien que su alma, conectada a la de Luffy y a la de Ace, pese a haber ganado la libertad del mundo, no era libre. Qué aún faltaba un poco más.
Qué su existencia, que trasendia más allá de una era, aún tenía que ser enjuiciada. Y se preguntó si los dioses que la condenaron un día, tendrían el mismo criterio 800 años después.
El siguiente capítulo es la resolución del juicio y luego tenemos el final. Verdaderamente ha sido un largo camino...
