No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.

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Con una sonrisa adormilada, Isabella extendió los brazos por encima de la cabeza y se dio vuelta para acurrucarse contra la espalda de Edward. Tenía que estar en un avión en doce horas, pero la última cosa que quería esa mañana era salir de la cama.

Frotó las manos sobre el vientre de Edward y con los labios le acarició el hombro. Tenían un par de horas para darse una despedida apropiada y ella estaba planeando llenar cada minuto con placer. Él se estremeció mientras que las manos le recorrieron el pecho y los dedos de Isabella golpearon el aro de su tetilla.

Ella abrió los ojos. ¿Un aro en la tetilla?

―No te detengas ahora. ― Murmuró Garrett soñoliento. ―Se siente bien. ― Isabella inmediatamente se despertó y se sentó. Ella agarró la sábana para cubrirse los pechos desnudos.

―¿Qué estás haciendo aquí?

―Yo lo invité. ― dijo Edward desde el lado opuesto de la cama.

―Fiesta de pijamas. ― Los ojos de Garrett se entrecerraron.

Isabella se acercó a Edward con el corazón acelerado. Él la agarró en cuestión de segundos.

―Garrett está cansado. Vamos a empezar sin él. ― Él le tomó la cabeza entre las manos y la besó hasta que su cuerpo rígido empezó a relajarse.

―No estoy tan cansado. ― Las manos de Garrett se deslizaron por el vientre de Isabella y ella se tensó de nuevo. ―Guarda algo de eso para mí. ― Murmuró él. Los labios suaves le rozaron el hombro.

Ella apartó la boca de Edward y miró a Garrett. Sus ojos verde esmeralda se encontraron con los suyos sin pestañear.

―¿Estás bien? ― le preguntó Edward. ― Si cambias de opinión, podemos detenernos. ― Garrett deslizó la mano por uno de sus lados, dibujando un rastro de piel erizada a su paso. Él acunó su pecho y le acarició el pezón. Los ojos de Isabella se cerraron de placer.

―No creo que ella tenga problema con esto. ― le dijo Garrett a Edward. ―Estoy más preocupado por ti. No tienes permitido odiarme.

―Hemos hecho esto antes, Garrett. ¿Alguna vez he tenido un problema?

―Pero en realidad la am…― Garrett tomó un profundo respiro. ―Estás interesado realmente en Isabella.

―Y confió en ella. Sé que ella no me engañara a mis espaldas. ― Ella sonrió y extendió la mano para acariciarle la frente con los dedos.

―Tienes razón. No lo haría.

―¿Pero engañarte en tu cara está bien? ― Preguntó Garrett.

―Esto no es engañar. ― dijo Isabella. ― Es un acuerdo mutuo para lograr una experiencia sexual. Pero si no quieres unirte, te puedes ir.

―Oh, quiero unirme. Estoy más que dispuesto a follarte hasta dejarte inconsciente. Sólo que no quiero que algo tan sin sentido como el ardiente y sucio sexo dañe mi amistad con Edward.

―Te dije que era perfecto para este tipo de cosa. ― Edward sonrió.

Era curioso cómo Garrett estaba más preocupado por las posibles repercusiones de su encuentro. Isabella sólo tendría que convencerlo de que ella y Edward querían esto, de manera que estaba bien que él también lo quisiera. Ella se retorció por debajo de Edward y abordó a Garrett por la espalda. Ella se sorprendió de encontrar que él llevaba jeans puestos bajo las sábanas. Realmente no quería hacer esto.

Ella deslizó las manos por su pecho. El destelló del metal le llamó la atención. Isabella bajó la cabeza y succionó su aro plateado con la boca. Un atormentado sonido de protesta se escapó de la parte baja de la garganta de Garrett.

―Bells, ¿Qué estás haciendo? ― susurró Garrett. Ella succionó más duro, su lengua le daba golpecitos al aro. Él tomó aire a través de sus dientes y se cubrió los ojos con las manos. ―Por favor, no lo hagas. ― El dorso de la mano de Isabella pasó contra su vientre mientras ella alcanzaba la hebilla del cinturón. Garrett se estremeció y se alejó para quedar fuera de su alcance. Él la señaló para dar énfasis. ―No, Isabella. No quieres hacer esto.

―Oh, pero sí quiero. ― Después de desabrochar la hebilla de su cinturón, ella le bajó la cremallera y le sacudió los pantalones hasta los muslos. Si polla se paró en posición firme. ―Y aparentemente, tú también. ― Garrett miró a Edward, que estaba recostado a su lado mirándolos con la cabeza apoyada sobre una mano.

―Amigo, no puedo evitarlo. ― dijo Garrett. ―Tiene mente propia.

―Hey, es completamente comprensible. ― dijo Edward calmadamente. Él se agarró la polla con la mano libre. ―Estoy duro como una roca sólo viendo como ella te molesta. ― ¿Verla a ella ser traviesa lo excitaba? ¿Cómo reaccionaría si le chupaba la polla a Garrett?

Isabella se deslizó por el cuerpo de Garrett hasta que la evidencia visual de su entusiasmo estuvo a nivel de sus ojos. Su eje era extraordinariamente largo, pero delgado. No estaba segura si podría tragarlo, pero estaba dispuesta a intentar.

―E-espera, Isabella. ― jadeó Garrett.

Ella lo tomó en la boca, profundamente hasta la parte trasera de su garganta. Isabella tragó. Garrett gimió. Ella lo succionó suavemente, prestándole atención a sus reacciones para determinar que tanto le gustaba que lo complacieran.

Edward puso una mano sobre la frente de Isabella y la movió ligeramente hasta que la polla de Garrett quedó libre de su boca. Garrett tomó un respiro entrecortado.

―¿No debí de haber hecho eso? ― Ella miró a Edward, sintiéndose insegura por sus acciones.

―No es eso. Yo también quiero algo de atención. ― La mirada de Isabella fue hacia La Bestia y sonrió.

―No quise ignorarte, grandulón. ― Ella se dio vuelta en la cama y tomó la gruesa polla de Edward en su boca. Sostuvo la base de su eje mientras lo succionaba con la técnica rápida que ella sabía que a él le gustaba. En cuestión de minutos lo tuvo jadeando de excitación.

Ella oyó el sonido de la hebilla del cinturón de Garrett. Él abrió una chupeta de cereza y se la metió en la boca. El colchón se movió mientras el salía de la cama. Edward lo agarró por el brazo.

―Mi mujer quiere que la folles, Garrett. ¿Le vas a dar lo que quiere o no? ― Edward hundió los dedos en el cabello de Isabella, jadeando de placer mientras ella continuaba trabajando la cabeza de su polla con los labios y la lengua. ―Mírala. A lo mejor puedes decirle que no, pero yo no puedo. No puedo negarle nada.

―¿En serio me estás pidiendo que folle a Isabella? ― Preguntó Garrett. Por el rabillo del ojo, Isabella lo vio agarrándose la entrepierna.

―No, no la vas a follar. Nosotros vamos a hacerle el amor. Juntos.

―¿Estás drogado, Edward? ― dijo Garrett. ― Nunca me perdonarás por esto. Sé que no lo harás.

―No, no estoy drogado. ― Él se acercó a Garrett y le susurró algo en el oído. Garrett se echó para atrás y miró a Edward por un buen momento. Él se encogió de hombros.

―Bueno, si estás seguro. ― Él desabrochó la hebilla de nuevo y se desnudó el mismo. Atrapada en un momento de indecisión, el corazón de Isabella dio un vuelco con aprensión.

¿Podría llevar esto a cabo? Ella liberó la polla de Edward y él jadeó entrecortadamente. Poniéndose de rodillas, ella se puso delante de Garrett y miró sus seductores ojos verdes. El tipo era sexy, no había duda de eso. Él se sacó la chupeta de la boca y la frotó sobre el pezón de Isabella. Garrett bajó la cabeza para quitarle el residuo pegajoso con la lengua. Las manos de Isabella fueron hacia su cabello, simultáneamente tratando de alejarlo y retenerlo contra su palpitante pecho. Edward se apoyó contra su espalda, sus manos se deslizaban por su vientre y sus caderas, su dura polla se presionaba firmemente en la raja de su trasero.

Algo más fuerte que una lengua lamió su pezón. Isabella jadeó por la sorpresa. Había olvidado que Garrett tenía un piercing en la lengua. Y Dios, eso se sentía bien. Ella se relajó contra el cuerpo de Edward, concentrándose en la sensación de la ansiosa lengua de rey lamiéndole el pezón.

―¿Tienes dedos mágicos como Master Cullen, Garrett? ― Ella le preguntó en voz baja.

Garrett la miró con los sensuales ojos verdes, parte de su ojo derecho se oscurecía por su largo flequillo. Él sonrió maliciosamente.

―¿Te gustaría averiguarlo?

―Edward puede hacerme venir en menos de diez segundos. Vamos a ver lo que puedes hacer.

―Diez segundos, ¿huh? ― Dijo Garrett. ― ¿Sólo con sus dedos?

―¿No le crees?― Preguntó Edward.

―¿Diez segundos? No, no lo creo. ― Él levantó la cabeza y miró el reloj. ―A por ello. Te tomaré el tiempo.

La mano de Edward se deslizó por la mitad de su cuerpo hacia la carne inflamada entre sus muslos. Ella se aferró a los muslos de Edward y se apoyó contra sus hombros mientras sus dedos buscaban su clítoris en el nido de rizos.

―Espera un minuto. ― dijo Garrett. ―Podría estar fingiendo.

―Nunca finjo un orgasmo.

―Si ella lo dice. ― La mano de Garrett tocó el interior de su muslo. ― ¿Puedo? ― Ella asintió ligeramente y Garrett deslizó dos dedos en su interior. Ella se tensó. Edward le besó el cuello.

―Relájate. ― murmuró él. ―Todo está bien.

Era difícil relajarse sabiendo que eran los dedos de Garrett los que se curveaban en su interior. Él giró la mano y ella se estremeció.

―¿Estás lista?― Edward le susurró en el oído.

Ella se mordió el labio y asintió. Garrett torció los dedos en otra dirección. La boca de Isabella se abrió y jadeó.

―Creo que puedo hacerla venir sólo con torcer mis dedos. ― dijo Garrett.

―No me sorprendería. ― Dijo Edward. ― Diez segundos.

―Listo. ― Garrett miró el reloj de nuevo.

Los dedos de Edward le acariciaron el clítoris con una buena presión y ritmo. Con una docena de caricias, Isabella se estremeció y gritó, aferrándose a los muslos de Edward. Su coño convulsionaba rítmicamente alrededor de los dedos de Garrett.

―Jesús. Eso fue como ocho segundos. ― Dijo Garrett. Él torció los dedos nuevamente y las piernas de Isabella se doblaron. Garrett sacó los dedos de su cuerpo y se los llevó a la boca con su chupeta. ―Mmmmm, ¿Siempre sabe así de bien?

―Oh, sí.

―No me sorprende que siempre estés en la cama con ella. Nunca me imaginé que fuera así de ardiente. Jazz no lo sabe, ¿verdad?

―No y es mejor que no se lo digas.

―Necesito descansar. ― murmuró Isabella.

Edward guió su tembloroso cuerpo hasta que ella estuvo tendida sobre la espalda. Isabella se cubrió el rostro con las manos. En realidad, era una zorra. Le había gustado haber tenido los dedos de Garrett en su coño mientras Edward le acariciaba el clítoris hasta que había gritado por la liberación sexual. Jeremy había tenido la razón sobre ella. Ahora se sentía enferma.

Un par de labios le besaron el interior del muslo. Eran demasiado suaves para ser los labios de Edward. ¿Eran los de Garrett? Ella mantuvo las manos sobre el rostro. ¿Podría permitirle a Garrett que continuara sin llegar a un trauma permanente en su psique?

Los labios suaves se abrieron camino hasta que alcanzaron la parte superior de su pierna. Algo se metió en su ansioso agujero. No eran sus dedos ni la lengua. ¿Era su chupeta? No, pensó ella. Él metió el dulce rítmicamente en su interior y succionó su clítoris. Los dedos de Isabella se curvaron sobre su frente. No puedo hacer esto. Él le acarició el clítoris con el piercing en la punta de su lengua hasta que ella comenzó a temblar. No puedo hacer esto. Jadeó. Oh sí, ese es el lugar. Lámelo, Garrett. Quiero tu boca en mí. Me gusta. Garrett le sacó la chupeta del coño y la reemplazo por su lengua. Él la retorció, la giró y luego la metió profundamente. Isabella nunca antes había sido comida tan bien. Ella se estremeció. Si Edward tenía un talento poco común con los dedos, entonces el talento de Garrett tenía que ser con la lengua.

―Dios, eso se siente bien. ― Gimió ella.

El colchón al su lado se hundió. Edward se sentó a horcajadas sobre sus pechos y se inclinó sobre ella. Isabella se quitó las manos de los ojos. Su polla rebotaba contra su mejilla.

―Chúpame. ― Ella abrió la boca y Edward se deslizó en el interior. Isabella rodeó la polla con sus labios y él empujó hasta llegar a su garganta, agarrando la cabecera de la cama para sostenerse así no ahogarla. Ella siguió succionando y dejó que él llevara el ritmo. Su concentración estaba más en lo que Garrett estaba haciéndole a cada parte que él con su diabólica lengua podía alcanzar entre sus temblorosos muslos.

Garrett la estimuló con la chupeta de nuevo y luego le extendió las nalgas con las dos manos y lamió el agujero de su trasero. Elle se retorció. Dios, eso se sentía bien. ¿Era posible tener un orgasmo sólo con una lamida en el trasero? Las ondas de placer convulsionaron en su vacío coño. Su clítoris palpitaba con negligencia.

Tal vez la mera anticipación la llevaba al borde.

―Mmmm. ― Ella perdió la concentración y respiró fuertemente sobre la polla de Edward. Él se echó hacia atrás.

―¿Estás bien?― Preguntó, acariciándole el cabello. Ella asintió. Edward se impulsó hacia adelante, luego hacia atrás y finalmente se adentró en lo profundo de su garganta. La lengua de Garrett se retorcía en su trasero. Ella se tensó. Solo se relajaba cuando él retiraba la lengua por completo.

―Dios, tienes un trasero apretado, Isabella. ¿Puedo follarlo?

Ella hizo un sonido alrededor de la polla de Edward que debió de haber sonado como una afirmación, sin embargo ella no estaba segura. Garrett se movió alrededor de la cama hacia un cajón de una mesita que contenía lo juguetes favoritos de Edward. Por el rabillo del ojo, Isabella observó a Garrett agarrar un tubo de lubricante y un condón de gran medida. Sus ojos se abrieron en protesta.

Edward salió de su boca y se sentó en la cama al lado de ella. Él animó a Isabella para que se posara sobre el estómago y le ofreció su sobresaliente polla de nuevo.

―Así, cariño. Dale a Garrett algo de espacio para hacer lo suyo. ― ¿Lo suyo? ¿Qué cosa? El corazón de Isabella dio un vuelco. No pienses en lo que Garrett está a punto de hacer. Concéntrate en Edward.

Isabella se apoyó en los codos, se inclinó sobre el regazo de Edward y lo tomó en lo profundo de su garganta. Tenía mejor control en esa posición y podía satisfacerlo con otras cosas que ella sabía que a él le gustaban. Sus dedos acariciaron el agujero de su trasero, burlándose de él con la promesa de una penetración. Su cabeza se balanceaba de arriba hacia abajo sobre la cabeza de su polla. Los dedos de Edward se enredaron en los largos mechones de su cabello mientras él se estremecía por el estímulo.

Las manos de Garrett agarraron las caderas de Isabella y la puso de rodillas. Él adentró los muslos entre sus piernas, ampliando su postura. Continuó, ayudándole a acomodar el cuerpo como él lo quería—las rodillas bien separadas y su espalda bien arqueada. Garrett introdujo un dedo resbaladizo en su trasero, mojando el pasaje con algún tipo de lubricante. Añadió otro dedo, extendiéndola en varias direcciones para prepararla para la penetración. Ella tuvo la sensación de que él hacía esto a menudo. Más lubricante. Más estiramiento y prueba.

Como si no estuviera lo suficientemente nerviosa.

Isabella liberó a Edward de su boca.

―Sólo mételo ya. ― Garrett le dio una palmada en el trasero. Ella dio un respingo.

―Lo meteré cuando este bien listo. ― Dijo él. Lo cual aparentemente fue en ese momento. Él se metió en su cuerpo. El calor inundó su alma.

―Oh. ― gimió ella. No experimentó la sensación de ardor dolorosa mientras él se deslizaba en su trasero.

Hizo una pausa. Presionaba un poco más. Garrett le dio tiempo para ajustarse, presionando hacia adelante a cada momento. Incluso cuando ella aceptó cada pulgada de él y le rotó las caderas para abrirla más, no la lastimó en absoluto.

La polla de Garrett no era tan gruesa como la de Edward y obviamente tenía mucha práctica en esta técnica.

Su ángulo de penetración era perfecto. Ella se echó hacia atrás contra él con un gemido.

―¿Te gusta?― preguntó Edward.

Garrett se echó hacia atrás y ella se estremeció. Él la tomó profundamente de nuevo. Santo Dios, sí. Sus embestidas se hicieron rítmicas, el condón estimulaba su palpitante carne.

―Sí. ― gimió ella. ―Él es bueno en esto. Oh.

―Eso es porque se lo hace a sí mismo. ― Edward se rió entre dientes. Isabella esperó a que Garrett protestara, pero él dijo:

―Follada por el mejor.

El ritmo de Garrett era constante. Implacable. Isabella de nuevo tomó la polla de Edward en su boca y trató de llevar el ritmo de los empujes de Garrett con la cabeza y la boca. Garrett pasó las manos por su espalda, subiendo y bajando por su trasero y por la parte posterior de sus muslos, luego acarició el mismo camino, pero a la inversa. Ella se estremeció. Las yemas de sus dedos se deslizaron hasta la parte delantera de sus muslos por las protuberancias de los huesos de sus caderas, su vientre, sus pechos y viceversa. Los lados de su cuerpo fueron los siguientes. Regresando a su espalda. Cada pulgada de su piel estaba viva por la estimulación. La ligera presión de sus dedos sobre su carne nunca titubeo. Cada empuje encajaba al último a la perfección. Garrett Jonhson era la perfección. Y cuando ella comenzó a acostumbrase a sus perfecta sincronía, él le dio una palmada en el trasero de nuevo. La inesperada sacudida la hizo tensarse.

―Ow. ― Protestó Edward. Ella lo liberó de su boca.

―¿Te mordí?

―Sí. Nunca antes me habías mordido. Se te está haciendo difícil concentrarte, ¿verdad? ― Ella levantó la mirada.

―Lo siento.

Él le tocó el rostro. Isabella trataría de prestar más atención a lo que estaba haciendo. Corrió la lengua alrededor de la cabeza de su polla y se la llevó a la boca de nuevo. Ella le separó las piernas para poder masajearle las bolas con la palma de su mano y acariciarle el agujero sensible con las puntas de sus dos dedos. La cabeza de Edward cayó contra la cabecera de la cama con un fuerte golpe. Él la agarró del cabello con las dos manos mientras ella lo chupaba profundamente, con la lengua trabajando contra la parte inferior de su polla hasta el fondo y luego a la inversa. Ella podía decir que él aprobaba la concentración renovada por los marcados jadeos procedentes de la parte trasera de su garganta.

―Deberías ver su rostro, Isabella. Creo que está a punto de perder la cabeza. ― Garrett se inclinó sobre Isabella, con el sudor goteando sobre la espalda de ella.

Isabella extendió una mano por entre las piernas y con las puntas de los dedos le rozo las bolas a Garrett. Él jadeó y perdió su ritmo perfecto por completo. Se quedó enterrado profundamente para que ella pudiera alcanzarlo. Isabella masajeaba las bolas de Garrett con una mano y las de Edward con la otra. La combinación de jadeos de los dos hombres la distrajo. Ella rozó su muñeca contra su clítoris mientras acariciaba a Garrett, buscando liberación sexual. Dios, le dolía. Su coño estaba muy vacío.

―Entonces, ¿Quién se va a dejar ir primero? ― Preguntó Garrett, mordiendo la chupeta con un crujido. ― Creo que puedo durar más que Edward.

―Ni siquiera te estás moviendo. Déjala chuparte y verás cuanto tiempo duras, Dios ¡Mujer! Sólo méteme los dedos. Deja de provocarme. ― Ella cumplió, deslizando dos dedos profundamente. Él gritó con voz ronca.

―Está haciéndole a mis bolas algunas cosas increíbles. ― dijo Garrett. ―Si me muevo, estoy muy seguro que se detendrá. ― Isabella levantó la cabeza.

―¿Y yo qué?― susurró ella. ―Te quiero dentro de mí, Edward. Por favor. Necesito tu gruesa polla bien adentro…

―Entonces, cambiemos. ― Garrett se retiró, haciendo gemir a Isabella.

―¿Quieres montarme, cariño?― preguntó Edward.

―Dios, sí. ― Y si eso la hacía una zorra, que así sea.

Edward se tendió en la cama para ponerse entre los muslos de Isabella. Ella agarró su polla y la guió dentro de su adolorido coño, tomándolo profunda y rápidamente. Rozando esa comezón en su interior que sólo él podía satisfacer. Ella echó la cabeza hacia atrás mientras lo montaba, vocalizando su placer en la garganta.

―Dios. Ese sonido que ella hace…― Garrett respiró por entre los dientes.

―…Es malditamente ardiente. ― Edward terminó la oración de Garrett. Garrett tocó la parte trasera de la cabeza de Isabella y ella abrió los ojos para mirarlo. Estaba parado en la cama en frente de ella. Se quitó el condón y su larga polla se paró en posición firma, brillando ante ella. ―Chúpalo, Isabella. ― La animó Edward, levantando la mirada hacía ellos. ―Puedo ver todo desde aquí.

―¿Alguna vez pensaste estar acostado viendo las bolas de tu mejor amigo? ¿Cómo está la vista? ― Garrett se echó a reír.

Isabella se inclinó hacia adelante y metió a Garrett en su boca. Él revistió su polla con una de las lociones con sabor a coco de Edward. Ella lo chupó profundamente y él maldijo entre dientes.

―Eso es, cariño. Enséñale una lección por ser tan sabelotodo. ― dijo Edward.

―Sí, enséñame una lección, profesora. ― Edward envolvió las manos alrededor de las caberas de Isabella y la ayudo a subir y a bajar en su polla. A ella se le hizo difícil concentrarse en darle placer a Garrett y a ella misma al mismo tiempo. Puso una mano sobre el sudoroso vientre de Garrett y se apartó. Él lanzó un gruñido de protesta mientras lo abandonaba. Ella bajó la cabeza, descansando su frente contra la sien de Edward. Su mano bajó por el muslo de Garrett mientras le susurraba en el oído a Edward:

―Dime que quieres que le haga. Haré todo lo que me digas.

―¿Cualquier cosa? ― Ella volteó la cabeza para mirar a Edward. Él estaba sonriendo maliciosamente.

―¿En realidad estás bien con esto? ― preguntó ella.

―¿Por qué no lo estaría? Fue mi idea.

―¿No crees que soy una zorra?

―¿Por qué pensaría eso? Eres un regalo del cielo en lo que a mí respecta. ― Él se echó a reír. Isabella miró a Garrett.

―Sí, haré todo lo que me digas. ― Le susurró a Edward en el oído.

―¿Qué están tramando ustedes dos?― preguntó Garrett, agarrándole la mano a Isabella que todavía descansaba en su muslo. Él le llevó la mano hacia su polla y la usó para acariciase la carne, torciéndole la muñeca ligeramente cada vez que se mano acariciaba su inflamada cabeza. ―Por favor no me digan que cambiaron de opinión y ahora me van a sacar al pasillo con un horrible caso de bolas azules.

―Sabes que no te haría eso, amigo. ― dijo Edward y se echó a reír como un maníaco.

―Pensándolo bien…― Garrett se apartó hacia un lado. La mano de Isabella le apretó la polla y él se detuvo. Ella lo miró.

―¿A dónde crees que vas?

―Sólo estoy tratando de mantener las lecciones personales a lo mínimo.

―No te haré daño, Garrett. ― prometió ella, sentándose.

―A menos que yo se lo pida.

―¿Huh?― jadeó Garrett.

―Muévelo un poco hacia la izquierda. ― Dijo Edward. Las manos de Isabella fueron hacia las caderas de Garrett y lo movió hacia la izquierda.

―Espera, Yo—…

―Pon tu mano en su pecho y empújalo contra la pared. No dejes que te contradiga. ― Instruyó Edward.

Isabella empujó a Garrett contra la pared. Él se golpeó la cabeza con un ruido sordo.

―¡Hey! ― protestó él.

―Agarra sus bolas y dile que se calle. ― Ella agarró las bolas de Garrett y él gritó de dolor.

―Suave. ― dijo Edward. Su agarre se aflojó un poco.

―Cállate. ― Ella se sentía como si tuviera un diablillo en su hombro, susurrándole instrucciones malévolas.

―Sí, señora. ― chilló Garrett.

―Lame la cabeza de su polla. ― Su lengua salió por sus labios, enrollándose en la cabeza de la polla de Garrett. Él se estremeció violentamente.

―No le des mucho. Lámele un lado, una y otra vez. Quiero que lo vuelvas loco. Hazlo. ― Ella cumplió exactamente las instrucciones de Edward. Garrett gruñó en protesta. En un minuto, Garrett se balanceó en las puntas de los pies al igual que lo hacía cuando estaba en el escenario.

―Dile lo que quieres, Garrett. ― Edward se echó a reír.

―Chúpame. ― gruñó entre dientes. ―Por favor. ― Ella miró a Edward y él sacudió la cabeza.

―Pon dos dedos en su trasero y hazle esa cosa que me haces a veces.

―¿Qué cosa?― Preguntó Garrett con sospecha. Ella sonrió.

―Eres muy generoso con tus amigos, cariño. ― murmuró.

Isabella deslizó los dedos índice y el del medio en la boca de Edward para humedecerlos y luego extendió la mano por entre las piernas de Garrett y los empujo dentro de su cuerpo.

―Oh, sí. Sabes que me gusta eso. ― Garrett jadeó con la voz entre cortada.

Ella movió los dedos hasta que encontró su objetivo y acarició persistentemente la glándula inflamada. Garrett la agarró del cabello con las dos manos y metió la polla en su boca. Sus gritos de éxtasis la animaron para que lo chupara con más fuerza mientras continuaba estimulándolo con los dedos.

Edward le agarró la muñeca a Isabella y le sacó los dedos del cuerpo de Garrett. Ella liberó su polla y miró a Edward esperando más instrucciones.

―Déjalo por un minuto. ― dijo Edward. ― Móntame hasta que te vengas y si él se queda quieto, te diré que lo chupe. Tal vez. ― Todavía temblando por el placer que le había dado, Garrett gruñó en protesta. Él envolvió las manos en la cabeza de su polla y se estremeció. ―Si se queda quieto. ― repitió Edward. ―Y no se toca a sí mismo. ― Garrett arrugó la frente.

―Jode…― Él se mordió el labio. Puso las manos en las caderas y se quedó allí parado esperando a que Isabella hiciera su próximo movimiento.

Ella le sonrió a su retorcido amante, subiendo y bajando sobre él. Los dedos de Edward trabajaron su clítoris, haciéndola loca de deseo. Su cabeza cayó hacia atrás cuando sus gemidos se hicieron más y más ruidosos con cada embestida.

―Mierda. ― murmuró Garrett. ― ¿Se supone que tengo que quedarme aquí mirándolos follar mientras yo no obtengo nada? ― Isabella levantó la cabeza para mirar a Garrett.

―Ya tuviste lo tuyo. Y se supone que debes de quedarte quieto. ― dijo ella y lo empujó contra la pared. ― Rompiste mi concentración. Ahora tendré que comenzar de nuevo. ― Edward jadeó por el placer. Ella lo miró para encontrarlo retorciéndose en el borde de un orgasmo. Ella le dio una bofetada. ―No te atrevas a terminar. Todavía no. No he terminado contigo. ― Él le agarró la muñeca antes de que lo abofeteara de nuevo.

―Te estás poniendo muy mandona. ― Él miró a Garrett y asintió. Garrett saltó de la cama.

Edward la agarró por la cintura y rodó con sus cuerpos entrelazados hacia uno de sus lados. Ella jadeó mientras su polla llegó a su interior. Él le levantó la pierna izquierda. Garrett se acunó contra la espalda de Isabella. Ella se puso rígida.

―Relájate. ― Le susurró Garrett en el oído. Él trató de entrar en su trasero con la cabeza de su polla y luego se deslizó en su interior.

Los dos estuvieron en su interior. Oh. Gloriosamente llena.

Garrett se comenzó a mover. Edward la embestía, mientras Garrett se retiraba. Edward se retiraba, mientras Garrett la embestía. Sus sentidos estaban tan abrumados que ella no pudo hacer nada más que aferrarse al pecho de Edward y jadear para recuperar el aire, su cabeza se echaba hacia atrás presionándose en el hombro de Garrett.

―¿Estás bien? ― Le susurró Edward en el oído.

―Sí. ― jadeó ella. ― ¡Sí. Sí, Oh Dios, Sí! ¡Follenme. Llénenme. Los dos. Me encanta. ¡Me encanta! ― Isabella vio las estrellas cuando se vino, pero ellos no la dejaron recuperarse.

Cambiaron para empujar y sacar al unísono. El cuerpo de Garrett convulsionó detrás de ella.

―Dios, Edward, tu polla me está volviendo loco.

―Sí. ― coincidió Edward. ―Te siento moviéndote dentro de ella. Se siente demasiado bien. ― Se le cortó la respiración. ―Más rápido. Garrett. Quédate conmigo. ― Isabella volteó la cabeza para mirarlos. Estaban uno frente al otro, mirándose a los ojos por encima de su hombro. Ella había visto esa intensidad entre ellos en el escenario, esa conexión, pero se sorprendió de verla en ese momento. Edward cerró los ojos. Todavía llevando el ritmo, Garrett se inclinó hacia adelante y lo besó en la boca.

Isabella abrió los ojos violentamente.

La lengua de Garrett probaba los labios de Edward.

Edward abrió la boca y Garrett metió la lengua en su interior. La mano de Garrett fue hasta la parte trasera de la cabeza de Edward para mantenerlo cerca mientras lo besaba. Él chupaba los labios de Edward apasionadamente, las embestidas en el cuerpo de Isabella se hicieron más vigorosas y perdieron la sincronía. Garrett miraba a Edward todo el tiempo mientras lo besaba, con sus ojos brillando con lágrimas inesperadas. Después de un momento, él cerró los ojos y su beso pasó de ser apasionado a desesperado.

Isabella se quedó tendida, demasiado aturdida para hacer algo más que mirar estúpidamente.

Oh Dios mío. Garrett amaba a Edward. Ella lo sabía con certeza. Garrett amaba a Edward. Lo amaba. La urgencia de abrirle los ojos la sobrecogió. ¿Edward estaba consciente de esto? Isabella no creía que Edward se hubiera dado cuenta de que Garrett lo estaba besando. Él estaba en su inspirador trance que lo dejaba inconsciente algunas veces.

Después de un momento, Edward volteó la cabeza hacia un lado, rompiendo el beso. La cabeza de Garrett cayó para descansar contra un lado del rostro de Isabella. Él tomaba la mandíbula de Edward con tanta ternura que Isabella apretó un puño.

Sabía que Edward no amaba a Garrett. No de esa manera. No podía hacerlo. Edward era suyo. Sólo suyo.

Garrett jadeó por el esfuerzo, la embistió dos veces y luego se estremeció con un grito de asombro al alcanzar la liberación.

―Edward. ― jadeó él. ―Edward. ― Edward no se movió por varios minutos. Él abrió los ojos, pero estaban vidriosos con esa mirada lejana que tenía cuando estaba completamente dentro de su cabeza.

―¿Lo oíste?― susurró él.

Isabella sonrió. Apartó la mano de Garrett hacia un lado y acarició los pegajosos mechones de cabello del sudoroso rostro de Edward.

―Sí, cariño. Lo oí. Déjalo venir.

―Yo no oigo nada. ― Garrett levantó la cabeza, oyendo atentamente.

―Trae algo para escribir. ― le dijo a Garrett. Y déjanos solos. Él es mío.

―¿Qué? Él no ha terminado, ¿verdad? Quería verlo venirse. Siempre se ve tan ardiente cuando se deja ir.

―Lo hará en un momento. Ve a conseguir algo en dónde escribir. Créeme, vas a querer escribir esto.

―Gracias por compartir a Edward conmigo esta mañana, Isabella. Él ha estado distanciándose de mí últimamente. ― Garrett besó la sien de Isabella con ternura y se retiró.

Uh, no. Ella no estaba compartiendo a Edward. Por más emocionante y placentero que fue su encuentro, ella prefería tener a Edward para ella. Edward era suyo. Sólo suyo. Y quería mantenerlo de esa manera.

Garrett buscó ruidosamente algo en qué escribir, pero Isabella escasamente se dio cuenta. Estaba demasiado ocupada tratando de llegar a un acuerdo con la idea de que no estaba esperanzada, loca y profundamente lujuriosa con Edward ―Master― Cullen. En realidad podía amarlo. Era una idea que no encajaba bien con ella.

―¿Por qué me estás mirando así?― Le preguntó Edward, más alerta de lo que había estado momentos antes.

―¿Cómo?

―Como si tuvieras un sabor feo en la boca. ― Edward se lamió los labios, con el ceño fruncido por la confusión. ― ¿Y por qué mis labios saben a cereza? ― Él levantó la cabeza para mirar a Garrett. ― ¿Me besaste otra vez? ― ¿Otra vez?

Garrett se rió inquietamente.

―Claro que no.― Él arrojó un bolígrafo y un bloc de papel en la cama y huyó de la habitación. La puerta se cerró detrás de él seguramente. Ni siquiera se había molestado en llevarse la ropa.

―Me besó, ¿verdad? ― Edward miró a Isabella.

―Tal vez.

―Voy a partearle el trasero. Discúlpame. ― Él se retiró, la polla salió de su cuerpo. Isabella le rodeó el cuello con los brazos.

―No quiero que te vayas. ― Ella acarició el rostro contra el cuello de él. No recordaba haber sentido esta unión emocional antes. ¿Por qué el saber que alguien más amaba a Edward la hacía quererlo para ella aún más?

―Él lo sabe.

―¿Garrett y tú son más que amigos? ― preguntó ella, su corazón palpitaba rápidamente. Por favor di que no. Por Favor.

Edward dejó de tratar retirarse y la embistió de nuevo.

―No estoy seguro de cómo responder a esa pregunta.

―¿Son amantes?

Él dudó por un largo momento. Isabella se sintió mal del estómago.

No porque Garrett y Edward compartieran una relación íntima, sino porque ella y Edward no eran tan exclusivos como ella misma había llegado a creer.

―Sé que voy a lamentar decirte esto. ― Él tomó un profundo respiro y evitó la mirada de Isabella cuando dijo, ―Garrett y yo nos experimentamos en la secundaria.

―¿En la secundaría? ― Dijo ella sin aliento.

―Sí. Sólo fue una vez. ― Él cerró los ojos. ―De acuerdo, dos. Lo follé dos veces. Pero olvidamos eso y nunca lo volvimos a hacer de nuevo. ― Él enterró el rostro en el cuello de Isabella. ―Te doy asco ahora, ¿verdad? Nunca debí de habértelo contado.

―No me das asco. ― susurró ella. Aliviada. Sí, eso era lo que estaba sintiendo. Y feliz de que confiara en ella tanto como para contarle algo tan personal.

―¿No? ― Él levantó la cabeza para mirarla, con los ojos bien abiertos por la sorpresa.

―No. Está bien. Todo está en el pasado. ¿Verdad?

―Sí, por supuesto. Ni siquiera me gusta pensar en eso. ― Él la miró fijamente por un largo momento y luego la besó. ―No puedo creer que estés tan fresca con esto. Eres demasiado buena para ser verdad. ― Edward le mostro su aprecio con profundos y envolventes besos. Ella lo animó a que continuara, sabiendo que incluso si él ya había superado la breve atracción por Garrett, Garrett no estaba dispuesto a renunciar a Edward.

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Quedé.

Ajajajajaja! Y como soy bien mala… hasta aquí tendremos actualización hoy (o no?) No olviden dejar un comentario y pasarse por mi grupo de Facebook 'Twilight Over The Moon', si están interesadas en el concurso, no duden en mandarme un PM o un Inbox n.n

¡Nos leemos pronto!