Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 32

Aparecemos en el bar un poco después de las ocho y media.

Merodeo por la camioneta de Edward mientras él descarga su equipo y lo carga hacia la parte trasera del local.

Cuando vuelve, cierra la plataforma trasera y camina hacia mí, sus ojos en mi rostro.

—Gracias por esperar.

—Podría haberte esperado.

—Nah. Está bien. Algunas de esas cosas son pesadas. —Da un paso más cerca—. Pero gracias.

Levanto la mirada hacia él.

—¿Listo para entrar?

—Sí.

No se mueve.

Mis dedos rozan su estómago, y él toma mi muñeca antes de besarme. Es suave, cariñoso, pero entonces abro la boca, dejando que mi lengua roce la suya. Él gruñe un poco mientras trastabillamos hacia atrás hasta que me encuentro contra su camioneta.

—¡Oye, Masen! —alguien grita.

Edward y yo nos separamos, compartiendo una pequeña sonrisa ante nuestro chiste privado, antes de girarnos y ver al baterista.

—Hola, Jas. —Edward envuelve mi cintura con su brazo, acercándome un poco más a él. Es un gesto pequeño para mostrarle a su amigo que soy suya, pero deja una gran impresión en mi corazón—. Ella es Bella.

Jasper asiente en mi dirección.

—¿Qué onda?

Sonrío.

—Hola.

—¿Esta es la chica? —pregunta Jasper, sonriendo engreídamente un poco.

—Esta es la chica —dice Edward, luciendo ligeramente avergonzado de ser delatado.

—Un placer finalmente conocerte —me dice Jasper.

—Sí, lo mismo digo —respondo, preguntándome por cuánto tiempo Edward ha estado hablando sobre mí.

—El bar nos dio dos tickets para tragos a cada uno. —Jasper se los tiende a Edward—. ¿Viste a Alice por algún lado? La perdí.

Edward piensa en esto.

—La última vez que la vi, estaba fumando al frente con Sam.

—Gracias. —Jasper lleva un pulgar por encima de su hombro—. ¿Vienen adentro?

—Dame un minuto —dice Edward, y Jasper camina hacia la calle para encontrar a Alice.

—Me mencionaste con tus amigos —murmuro con una sonrisa satisfecha—. Realmente me encanta eso.

—Por supuesto que lo hice. Quiero decir, no les conté todo, pero... escucharon lo suficiente para notar que eras diferente.

—¿Diferente cómo?

—Por el hecho que realmente hablé sobre ti. Y Alice dijo que dejé de ser un maldito malhumorado.

—¿Tú? ¿Malhumorado? —bromeo, recordando lo caliente y frío que fue durante esas primeras semanas de conocerlo. Me inclino hacia él para besarlo, y cuando nos separamos, él luce más tranquilo que hace un segundo—. ¿Qué pasa? —pregunto suavemente.

Su mano se aparta de mi cintura para pasarla por su cabello.

—Vi a mi ex adentro.

—Oh. ¿Rosethorn? —pregunto, sonriendo un poco. Él luce sorprendido de que sepa su usuario en Instagram—. Quiero decir, investigué un poco por mi cuenta, Masen. ¿Recuerdas?

—Cierto. —Se ríe un poco, quizás recodando que nos contamos al otro como Swannie y Masenry que echamos un vistazo a las fotos del otro en Instagram—. Solo quería hacerte saber que ella está aquí, en caso de que sea raro.

—¿Acaso intentara pelear conmigo? —Probablemente pueda ganarle. Darle un puñetazo en su teta falsa o algo.

Edward suelta una risa.

—No. Pero si se emborracha, puede que diga alguna mierda.

—¿Sobre ti?

—Quizás.

—Si dice algo, te tengo. No te preocupes. —Deslizo mis manos por su pecho y lo beso—. Pero aprecio la advertencia.

Caminamos hacia la entrada trasera, de la mano, y Edward marca el camino, llevándome detrás de él. Como si hiciéramos esto todo el tiempo. No puedo evitar echar un vistazo en busca de una Rose despechada y de cabello color lila. Afortunadamente, no la veo.

Diviso a Alice y Jasper en una mesa y me uno a ellos.

—¿Ronvíbora? —Sonríe Alice, mirando a nuestras manos unidad—. ¿Qué está pasando?

Edward le dedica una mirada mientras nos ubicamos en el banco.

—¿Recuerdas cuando te dije que había una chica?

—¿Esta es la chica? —Sonríe Alice.

—Sí. —Él me mira, la sonrisa más dulce iluminando su rostro—. Esta es la chica.

Jamás me cansaré de escucharlo decir eso.

—¡Bueno, mierda! ¿Cómo se conocieron?

Edward y yo nos miramos y comenzamos a reírnos.

—Eh. Es una larga historia —digo.

—Quizás en otro momento —murmura Edward, frotando mi muslo con su mano por debajo de la mesa.

Todavía tenemos este pequeño secreto, pero es nuestro secreto, juntos. Ninguno de los dos está ocultando algo. Me encanta eso.

—¿Quieres un trago? —me pregunta.

—Sí. Lo que sea que vayas a tomar.

—Usualmente comienzo con whiskey... Ayuda.

—Entonces beberé una cerveza. No soy exigente.

—Está bien. —Me besa rápidamente—. Ya vuelvo.

Él y Jasper se alejan de la mesa, y Alice se inclina sobre ella, como si estuviera a punto de soltar algo grande.

—Él está completamente loco por ti —dice inmediatamente—. No sabía que eras tú cuando me contó que había alguien que le gustaba. —Mi corazón late salvajemente en mi pecho—. Habló de ti con una sonrisa por unos minutos. Fue muy dulce y algo gracioso. Estaba muy borracho, pero también preocupado de que haya arruinado las cosas.

Sonrío hacia mi regazo.

—Él no arruinó nada.

—Entonces, ¿eres la persona que puso en la lista de invitados hace unas semanas? Por ero te vi en su show, ¿cierto?

—Sí.

—Y es por eso que tenías corazones en los ojos antes de tu consulta de hoy con él?

Dejo caer mi cabeza en mis manos.

—¿Fui tan obvia?

—Sí. Me preguntaba si eras una acosadora, ya que viniste al estudio antes, y te vi en su show. Pero entonces supuse que, si era así, él estaría tan incómodo que sería muy gracioso.

—Eres tan buena amiga con él. —Me río, sacudiendo la cabeza.

—Tengo que mantenerlo en la raya, ¿recuerdas?

—Cierto, cierto. ¿Dijiste que lo conocías desde la primaria?

—Síp.

—Entonces conociste a su mamá.

Alice se queda callada.

—¿Te contó sobre ella? —Todo lo que puedo es asentir—. ¿Y su papá? —pregunta.

—Lo conocí anoche.

—Su papá es el hijo de puta más grande que he conocido —ruge Alice—. Él es un maldito y... —Se recompone, negando con la cabeza—. Él no es familia de Edward, ¿de acuerdo? Nosotros lo somos.

Le sonrío con amabilidad.

—Estoy contenta de que los tenga a ustedes.

—Yo también. —Su sonrisa es igual a la mía—. Y estoy realmente feliz de que te tenga a ti.

Echo un vistazo a Edward y veo que Rose está parada al lado de él y Jasper. Los observo por un segundo, y alguien aleja a Jasper, dejándolos solos.

—No te preocupes por ella —me dice Alice.

No estoy preocupada. Pero, aún así observo.

Deseo saber lo que están diciendo. Lo que sea que se esté diciendo, ella no luce feliz, pero eso no la detiene de rozar su antebrazo con su mano. Él se aparta ligeramente.

—Puedo ir a interrumpirlo —ofrece Alice.

—Está bien.

En ese momento, Edward dice algo, y la cabeza de Rose gira en mi dirección. Sus ojos inmediatamente caen sobre mí.

Mierda.

Casi la saludo con la mano, pero siento que eso puede ser algo pasivo—agresivo.

En cambio, aparto la mirada. Pero no antes de que ella se aleje pisando fuerte.

—Eso fue algo incómodo —digo.

—Pero ella necesitaba saberlo. Está fuera de la escena —me asegura Alice—. Y él ya es completamente diferente contigo.

—¿Qué quieres decir?

—¿Contarte sobre su madre y su padre? Sí. Eso no es normal. Él realmente parece feliz. Así que, buen trabajo. —Se estira sobre la mesa para golpearme el brazo juguetonamente, y sonrío.

—También estoy muy feliz.

—Dios, he estado esperando que alguno de estos malditos consiguiera una novia que me agrade. Me he sentido sola —se ríe.

Minutos después, Edward vuelve a sentarse en el banco, acercándome una cerveza.

—Gracias. —Lo miro—. ¿Todo bien?

Toma un trago de su whiskey.

—Sí.

—¿Qué quería Rose? —pregunta Alice directamente. La amo un poco por eso.

—Ella quiere otro tatuaje. —Cualquier celo que comienza a crecer en mi vientre se esfuma porque Edward dice—: Le dije que no.

—Bien —comenta Alice, visiblemente molesta—. Juro que esa era la única razón por la que estaba contigo, amigo.

—Jamás la tatué gratis, Alice.

Es irracional, pero odio un poco que su arte esté en el cuerpo de Rose.

—Vamos en cinco —dice Jasper, pasando brevemente por nuestra mesa antes de entregarle a Edward un papel doblado.

—¿Qué es eso? —pregunto.

—La lista de temas.

—Voy a fumar uno rápido. Bella, ven a encontrarme en el público cuando comience el show —dice Alice, y le sonrío.

Se va, y aprecio el momento a solas con Edward.

—¿Estás bien? —pregunta.

—¿Sí?

—Sé que lo de Rose es raro. Lo siento.

Sacudo mi cabeza.

—Sé que estuviste con otras personas antes de mí. Ese no es el problema.

Vacila.

—¿Qué pasa entonces?

—Es jodidamente irracional, pero me molesta que tu arte esté en su cuerpo. —Allí está. Es mejor ser honesta.

Puedo ver la comprensión en sus ojos, y él sacude la cabeza.

—Jamás... las cosas que tatué en su cuerpo era mi arte, pero no es como las cosas que he esbozado para ti.

—¿Cómo así?

—El cisne, la chica con las flores en su cabello... las peonias... todo eso fue para ti. Inspirado por ti. Solo tú. Jamás he dibujado algo así para Rose. Solía quedarme despierto por la noche, incapaz de dormir hasta que te sacara de la cabeza al dibujarte en papel. Suena... estúpido.

—No, para nada. —Mi pecho se llena de alivio, y lo tomo del rostro, mirándolo a los ojos—. Me encanta escucharte decir esa cosas a mí.

—¿Sí?

—Sí.

—Todo lo que le he tatuado a Rose fue porque ella lo pidió. No porque tuviera este deseo ardiente por colocarlo en su cuerpo. No como contigo.

Mi estómago se revuelve con muchas emociones. Lujuria, amor. Pasión delirante.

—¿Tienes un deseo ardiente por colocar tu arte sobre mí? —susurro.

Se lame los labios.

—Es como... —Sacude su cabeza—. Es algo excitante de pensar. No tienes idea.

—Entonces, ¿ese es tu fetiche? —pregunto, sonriendo engreídamente.

—¿Antes de ti? No. ¿Después de ti? —Levanta sus cejas y se lame los labios—. Supongo que lo descubriremos.

Jódeme.

—Amigos, es hora —dice Jasper, rebotando de un lado al otro.

Edward lo mira y luego a mí.

—Estoy feliz de que estés aquí esta noche —murmura, inclinándose para besarme—. Y simplemente... estoy feliz de que todo esté bien con nosotros.

—Yo también. Búscame —susurro contra sus labios—. En el público. Si lo necesitas.

Él sonríe.

—Lo haré.

Se baja del banco y se dirige hacia el escenario. Termino mi cerveza y me muevo por la muchedumbre para encontrar a Alice.

Es diferente ver a Edward tocar esta vez, sin esconderme en las sombras. Él no parece estar escondiéndose tampoco. Sigue manteniendo la cabeza agachada la mayor parte del tiempo, pero sabe que estoy aquí si me necesita.

Cerca del final del show, el vocalista, Sam, dice al micrófono:

—Vamos a cambiar las cosas un poco para esta última.

Da un paso hacia atrás, y observo confundida cómo Edward baja su bajo y levanta una guitarra acústica que se encontraba a un lado.

Ladeo mi cabeza hacia Alice, pero mantengo mis ojos en el escenario.

—¿Qué está pasando?

—No tengo idea —responde.

Edward se acerca al frente y se coloca la guitarra, mientras todos los demás dejan el escenario.

—Oh, por Dios —murmuro.

—Edward nunca canta —me susurra Alice.

De repente, estoy jodidamente nerviosa por él.

—Eh, hola —dice al micrófono, sin parecer completamente cómodo parado allí. Entonces, busca en el público, me encuentra de inmediato, y dice—. Esto es para Bella.

Alice enlaza su brazo con el mío, y estoy muy agradecida por el gesto porque siento que me voy a caer.

Él comienza a rasguear, y no puedo apartar la mirada. Es simplemente él—nada de batería, nada de guitarra eléctrica. Nadie más canta junto con él. Es como esa noche en mi sala cuando tocó para mí. De repente, se siente como si fuéramos las dos únicas personas aquí. En este bar, en el mundo.

Se acerca al micrófono, y me pierdo por completo en él. Sus ojos están cerrados, su voz suave. Rasguea con facilidad, sin tener que mirar lo que hacen sus dedos o qué nota tocar. Es tan jodidamente sexy verlo allí arriba, siendo valiente, y aclamándome como suya frente a todos.

Cuando llega al estribillo, abre sus ojos y me observa de nuevo.

Escucho la letra, y mi corazón se detiene. Está cantando sobre el amor, pero es... melancólico. Casi anhelante. Está cantando sobre cómo alguien como él podría ser amado, y mis ojos se llenan de lágrimas. Intento evitar que caigan. Por supuesto que lo amo. ¿Cómo puede cuestionarse eso? Debería habérselo dicho antes, pero no lo hice porque era muy pronto.

Él merece saber que es bueno.

Merece saber que es amado.

Se merece todo.

Y si él necesita que se lo recuerde todos los días, lo haré.

La canción termina, y no puedo moverme. Las personas a nuestro alrededor aplauden y alientan, pero no hago nada porque no puedo apartar la mirada de él.

—Gracias —dice al micrófono, sus ojos aún sobre mí.

Entonces, baja del escenario.

—Necesito...

Alice aprieta mi brazo.

—Mierda, ronvíbora. Mierda. —Luce asombrada—. Pensé que lo tenía antes, pero... mierda.

La observo, aún asombrada.

—¿Sabías que esto iba a pasar?

—Ni puta idea.

El resto de la banda vuelve al escenario para guardar los elementos, pero Edward no está con ellos.

—Necesito encontrarlo —le digo a Alice.

—Hay un cuarto a un lado, cerca de los baños. Puede que esté allí. Y una puerta por ese mismo pasillo que te dirige hacia la parte trasera dónde le gusta fumar a veces.

—Gracias.

Navego entre la muchedumbre y rápidamente entro al pasillo poco iluminado. Abro la puerta cerca del baño, pero solo para encontrar un sillón y unos elementos adentro. Edward no.

Cierro la puerta, pero la del baño de mujeres se abre, y sale Rose.

Nos observamos la una a la otra.

Asumí que ella se había ido después de hablar con Edward y salir corriendo. Pero, no, estaba aquí. Y probablemente acaba de ver a Edward cantando para mí.

No hablamos con la otra, pero definitivamente estamos estudiándonos.

Ella está cubierta de tatuajes, y me pregunto cuáles son de Edward. Su cabello lila brilla, incluso bajo la pobre iluminación. Pero cuando miro su rostro, noto que su nariz está roja, sus ojos brillosos, como si estuvo llorando. Me siento un poco mal por ella. Si Edward cantara para otra chica frente a mí, también estaría triste.

Siento que debería decir algo, pero las palabras se quedan cortas. Y realmente, no es mi lugar. Ellos terminaron. Lo amo. No hay nada para decir, y no voy a defenderme. No tengo razón para hacerlo.

—Sé buena con él —dice.

Me sorprende que diga esto. Tan sorprendida que todo lo que puedo hacer es asentir, y su expresión amargada se suaviza cuando se mueve a un lado, dejándome pasar.

—Gracias —murmuro y paso por su lado hasta la puerta al final del pasillo.

EPOV

Mis ojos permanecen sobre Bella mientras la canción termina, y es jodidamente difícil leer su expresión.

La gente comienza a aplaudir, y es mi señal para bajar del escenario, ignorando todos los ojos sobre mí.

No puedo creer que acabo de hacer eso. En un cuarto lleno de mayoritariamente extraños. Pero cuando estaba allí arriba... no me sentí nervioso. No como me suelo sentir. Porque sabía que Bella estaba allí afuera.

No fue hasta que rasgueé la última nota que la ansiedad apareció.

Me dirijo hacia afuera, saco mis cigarrillos del bolsillo y enciendo uno. Mi mano tiembla un poco cuando llevo mi cigarrillo a mi boca e inhalo profundo. El ardor en mis pulmones es una sensación bien recibida.

Inhalo, exhalo. Inhalo. Exhalo. Hasta que la nicotina suaviza mis nervios.

La puerta trasera se abre, las bisagras siseando con la acción.

Veo a Bella echar un vistazo alrededor hasta que me ve.

Luce aliviada. Vacilante. Y jodidamente hermosa.

—Hola. —Se acerca a mí, y doy una calada más larga.

—Lo siento. ¿Te molesta esto...? —Levanto mi cigarrillo—. Necesitaba algo para tranquilizarme por un segundo.

—No me molesta —me dice.

Observo al suelo.

—¿Te avergoncé por completo allá?

—¿Qué? —Levanto la mirada, y ella sacude la cabeza, jalando de mi mano—. Edward, no. Lo amé.

—¿En serio?

Ella suelta una risa.

—Sí. Fue... nadie nunca ha hecho algo así por mí. Jamás.

Tiro de la parte trasera de mi cuello, sonriendo un poco.

—La escribí esta mañana después que te dejé en tu departamento. La melodía ha estado en mi cabeza hace una semana, pero las palabras no llegaron hasta hoy.

Me mira aplastar mi cigarrillo debajo de mi bota y luego presiona su cuerpo contra el mío y envuelve sus brazos alrededor de mi cuello.

—¿Realmente te sientes así? —pregunta suavemente—. ¿Cómo un corazón como el tuyo podría amar un corazón como el mío? —susurra, citando el estribillo—. ¿Realmente piensas que nunca podría amarte?

Me encojo de hombros.

—Cuando lo escribí, no estaba seguro. Fue antes que supieras todo, y...

—¿Sigues sintiéndote así ahora?

Me encojo de hombros nuevamente.

Pero entonces la miro, realmente la miro. Sus palabras de hoy, cómo ve todo lo bueno en mí, borra cualquier duda que he tenido de mí mismo. Recibo la sensación de vulnerabilidad que aparece en mi pecho e inhalo profundo.

Ella necesita saber lo mucho que me importa.

—Jamás miré al público antes porque no tenía a nadie quién mirar. Nadie que signifique algo para mí como tú —admito, tragando con fuerza—. Pero esta noche... todo lo que vi era a ti.

—Edward.

Con mi dedo debajo de su mandíbula, levanto su barbilla para besarla y perderme en su boca, sus caricias, y las forma en que juega con mi cabello. Presiono su frente contra la suya.

—Estar contigo anoche fue una de las mejores noches de mi vida, Bella.

—Y esta mañana... y hace unas horas —añade, soltando una risa.

—Todo. Cada segundo que paso contigo, simplemente... me siento un poco más completo. Suena estúpido...

—No. Lo entiendo. —Su expresión se vuelve tierna—. Siento lo mismo. Edward, te...

—Estoy enamorado de ti —susurro.

Estudio su rostro, y es como si todo se detiene.

Porque ella ya lo sabe. Y puedo ver que ella sabe que la amo.

Y no tengo que buscar mucho para ver que ella me ama también.

Se lo digo otra vez.

—Te amo, Bella.

Su sonrisa es la mejor jodida confirmación.

Yo estaba por decirlo primero —me dice.

—Te gané, supongo —bromeo, repitiendo sus palabras en el estudio hoy.

Su sonrisa se suaviza cuando susurra:

—También te amo. En tus dos formas, Edward y Masen. Me encanta cada pequeña cosa sobre ti. Me encantan las grandes cosas también.

Sonrío engreídamente.

—Te encantan las cosas grandes de mí, ¿eh?

Ella se ríe.

—Como tu corazón, pervertido. Pero le tengo cariño a esa otra parte tuya también.

Suspiro, mi sonrisa se desvanece lentamente, antes de ponerme un poco serio. Ella mueve sus brazos y los envuelve alrededor de mi cintura, abrazándome, descansando su cabeza sobre mi pecho.

Soy jodidamente afortunado de tenerla.

—Gracias —le digo, levantando una mano hacia su cabello.

—¿Por qué me agradeces?

—¿Por estar allí por mí? —Trago—. Por perdonarme. Amarme.

—Siempre estaré allí para ti. —Presiona un beso contra mi barba incipiente—. Y perdonarte. —Un beso en mi mejilla—. Y amarte. —Termina con un beso en mi boca, y la abrazo más fuerte—. Quizás yo necesite agradecerte por dejarme entrar.

—No tienes que agradecerme por eso —le digo.

—Jamás me he sentido así con alguien.

—Yo tampoco —murmuro—. Yo tampoco.

Se aparta un poco.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Lo que sea —digo fácilmente, y me doy cuenta por primera vez desde que la conozco que lo digo en serio. Ella puede preguntarme lo que sea, y seré honesto. Es una sensación jodidamente increíble, tener cero dudas entre nosotros.

—Me vas a dar tatuajes gratis, ¿cierto? Quiero decir, yo soy la chica y todo.

—Probablemente pueda conseguirlo —me río—. Y no eres la chica. Eres mi chica —susurro en su oído y luego presiono un beso en su frente—. Te daré lo que sea que quieras.

—Pensaba en una nota musical. Por Charlie. Al menos, para mi primer tatuaje.

Mi sonrisa es pequeña y cariñosa.

—Me gusta eso.

Ella gira su cabeza, apartando su cabello.

—Pensaba detrás de mi oreja.

—No creo que sea una buena idea —le digo—. Quizás en otro lugar.

—¿Por qué no?

—¿Porque es jodidamente ruidoso? Y la vibración y el zumbido en tu oído puede ser demasiado para tu primera vez.

—Usaré tapones.

—Aún así.

—¿Qué pasó con "te daré lo que sea que quieras"?

—Bueno... mientras que sea sensato —digo, acariciando con mis dedos la piel detrás de su oreja.

Ella luce molesta y jodidamente adorable.

—¿No crees que pueda manejarlo?

—No es eso.

—¿Qué es?

—No quiero lastimarte —murmuro.

—Quiero que me lastimes —dice suavemente, y sus palabras van directo a mi polla—. Además, como tu cliente, ¿no se supone que me des lo que quiero?

—Como mi cliente, es mi responsabilidad ser honesto contigo y darte mi opinión profesional —digo—. Pero no eres mi clientes. Eres mi novia.

—Me encanta escucharte decir eso. —Suspira—. Pero aún así quiero la nota musical detrás de mi oreja.

Suelto una risa exasperada.

—No vas a cambiar de parecer, ¿no?

—Para nada.

—Está bien.

—Entonces, ¿lo harás?

Paso una mano por mi cabello.

—Sí.

Su sonrisa es tercamente satisfecha.

—¿Debería contactar a Masen para agendar una cita? —bromea, pasando sus dedos a lo largo de la barba en mi mandíbula.

Me río, dejando caer mi cabeza para besarla fuerte.

—No me pongas celoso de nuevo —advierto.

—¿Por qué no? Es algo sexy.

Mis manos se mueven de su cintura hacia su trasero.

eres algo sexy.

Su gemido se bajo y suave. El sonido también va derecho a mi polla.

—¿Podemos ir a casa ahora? —Suspira en mi boca.

—Tengo que guardar.

—¿Y luego podemos irnos? —Toma de la parte trasera de mi cuello para acercar mi oído a su boca—. Quiero que uses tus labios para mostrarme todas las partes de mi cuerpo que quieres tatuar.

Eso es todo lo que necesito escuchar.

Me aparto de la pared y tomo su mano mientras nos dirigimos hacia mi camioneta.

—Pero tus elementos —protesta, aún dejándome marcar el camino.

—Le mensajearé a Jasper y le diré que guarde por mí —digo, apurándola para que suba por mi puerta—. Me debe una.


Aww, aunque varias vieron mi adelanto que le iba a cantar... awww jajaja

Gracias por comentar. ¡Hasta el próximo!