Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.
Por obligación, serán un dragón y una víbora
44. Tercer año: La pesadilla apenas comienza.
Los días prosiguieron algo más tensos de los normal, Astoria le preguntaba, en cada ocasión que tenía, a Blaise si ya había investigado eso que debía de investigar, pero el moreno negaba y se justificaba diciendo que los deberes de los exámenes lo tenían vuelto loco. Draco hacía algo muy parecido, pero al encontrarse en la misma situación, entendía un poco mejor que su amigo no tuviera tiempo para nada, aunque ya se quería quitar a Pansy de encima.
Así transcurrió la primera semana de TIMOs, con algo de tensión y muchos trabajos. Pero por lo menos Draco y Astoria debían admitir que estaban de mejor humor después de sincerarse aquella noche. Ella sabía que él no la odiaba, que había hecho lo que había hecho porque la quería; de igual forma él sabía que ella le era leal y dadas las circunstancias ella escogería estar de su lado, aunque no lo considerara correcto.
—¿Hermano? —llamó Blaise durante el desayuno, y es que había que ver lo distraído que estaba Draco últimamente.
—¿Qué quieres, Zabini? —resopló con fastidio, dándole una mordida a su tostada. —¿Ya investigaste lo que según ibas a averiguar? —preguntó abruptamente, aprovechando que solo estaban ellos dos comiendo, ya que los demás de su grupo aun no llegaban a desyunar.
—No, aun no —admitió el moreno. —Después de Astronomía me encargaré de eso —aseguró ante la mirada suspicaz de su amigo.
—¡Por favor! Ya no soporto un día más con ella encima de mí —se quejó entre dientes, para que los que estaban cercas no escucharan.
—Ya, que antes no te hubieras quejado mucho —le recriminó Blaise.
—Antes no tenía a una linda niña a mi disposición —se defendió con naturalidad, señalando a donde estaba sentada Astoria.
—Siempre has tenido a toda la maldita escuela a tu disposición —se burló su amigo. —No me salgas ahora que no tenías de dónde escoger, porque eso esta cierto como que Crabbe y Goyle están más delgados que Montague.
—Muy chistoso —bufó el rubio, rodando los ojos y tomando algo de jugo de calabaza. Sus ojos grises no se apartaron de la, no tan lejana, imagen de Astoria. La pequeña Greengrass también estaba en el Gran Comedor, desayunando en la mesa de Slytherin junto a su amiga pelirroja. —¿Es mucho pedir estar con ella?
El moreno sonrió de lado, pero no contestó, solo se limitó a encogerse de hombros y seguir comiendo. Le era algo difícil asimilar a Draco de esa forma, quizás era porque estaba muy acostumbrado al déspota tirano que no tenía miramientos con nadie. Blaise volteó despitadamente a ver a donde estaba Astoria, la chica comía tranquilamente y sonreía. Trece años y no dejaba de ser una niña, muy linda, debía admitir, pero una niña al final de cuentas, por lo que no entendía del todo como se había colado más allá de los ojos del príncipe de las serpientes.
—¿Me pasas el aderezo? —pidió Astoria mientras desayunaba con Paige.
—¿Aun no me has dicho si hablaste con Malfoy aquella noche que fuiste tras él? —comentó la pelirroja de forma distraída, sin darle el aderezo a su amiga.
—Ni te lo diré —respondió con una sonrisa burlona, a lo que la otra chica frunció el entrecejo.
—¿Por qué? —chilló, entregándole de mala gana el aderezo.
—Gracias —rió por lo bajo y continuó comiendo sin ponerle mucho cuidado a lo que Paige decía.
—¡Astoria! —volvió a quejarse la pelirroja.
—¿Dime? —sonrió y comenzó a comer su ensalada.
—¡Que mala eres! —se quejó, dando por terminado el tema y rodando los ojos con fastidio. La castaña rió entre dientes, pero siguió desayunando al igual que su amiga, en lo que llegaban los dos otros chicos que formaban parte de su grupo.
Los cuatro comieron de forma despreocupada, hablando de cosas diarias y cotidianas como los deberes y las vacaciones que ya estaban por llegar. Mientras que el grupo de Draco desayunaba en silencio y lecturas de última hora para estudiar un poco más para los TIMOs.
O-O-O
El día continuó con relativa tranquilidad, hasta que llegó la noche y los de quito tomaron su examen práctico de Astronomía. Fueron menos de quince minutos en los que todo pasó y la razón por la que varios no terminaron bien su mapa. Simplemente la distracción de lo que pasaba en los jardines fue mucha. La profesora Umbridge en compañía de algunos miembros del ministerio quisieron llevarse a Hagrid a Azkaban y dejaron a la profesora McGonagall totalmente inconsciente por culpa de varios hechizos aturdidores.
La noticia de lo que sucedió corrió como pólvora en todo el colegio. Si bien para algunos aquello era una gran desgracia, para otros tantos parecía que las fiestas se habían adelantado. Especialmente los de la casa verde-plata estaban a favor de lo ocurrido.
—El colegio sin Dumbledore y sin ese zopenco de Hagrid, ¿a que no podría ser mejor? —comentaba Malfoy, sentado en su usual butaca de la sala común de Slytherin. —Desde hace mucho que el ministerio debió de sacar a esos dos incompetentes.
Crabbe y Goyle lo apoyaban con sonrisa, de igual forma Pansy asistía con su risa tonta y aguda como la de una hiena.
—No puedo creer lo odioso que es —murmuró Cole por lo bajo, al tiempo que se levantaba para irse a los dormitorios.
—No puedo creer el cuidado que le pones —le reprochó Paige, poniendo los ojos en blanco. El susodicho se paró en seco y volteó a ver a donde sus amigos.
—¿Qué quieres decir? —masculló de mala gana, entrecerrando los ojos, como un animal cuando fija sus ojos sobre su presa.
—Quiero decir que le pones mucho cuidado a lo que hace Malfoy —reiteró la pelirroja, sin inmutarse, al tiempo que le regresaba la mirada mortal.
—Claro que no le pongo cuidado, solo me parece odioso y él hace todo lo posible por demostrarlo —se defendió, mirando a Leo de reojo para que lo apoyara.
—Bueno, no podemos negar que Malfoy hace hasta lo imposible por destacar entre todo —intervino el castaño de ojos claros.
—Por algo es el príncipe de Slytherin —susurró con desdén Astoria, al mismo tiempo que se levantaba con gracia y caminaba hacía los dormitorios. No volteó a ver a sus tres amigos, no quería discutir con ellos y menos aún por Draco, pero le empezaba a parecer algo molesto que hablaran de su prometido. Aunque de hecho si hacía memoria, desde siempre le molestaba el hecho de que criticaran a Malfoy, era como sentir que nadie más aparte tenía derecho tanto a decir cosas buenas o malas del rubio. Porque una cosa era que ella lo hubiera llegado a llamar pedante, molesto, etc, a que cualquier otra persona le dijera patético o cualquier otro calificativo despectivo.
O-O-O
Los días siguientes a lo ocurrido aquella noche trascurrieron entre cotilleos y murmullos sobre los acontecimientos de ese año, desde la expulsión de la profesora Trelawney hasta lo que le había pasado a la profesora McGonagall. No había alumno que no tuviera algo que decir al respecto y según parecía, aquello no era algo que los profesores fueran a impedir. Por ejemplo, en Herbolaria, la profesora Sprout había hecho oidos sordos cuando Romilda Vane despotricaba contra la directora Umbridge y la comparaba con una horrible raíz de forunculos de la cual extraían una supuesta pus que curaba el acné.
—Bien, pero a que no hubiera sido igual si un Slytherin se quejara de Hagrid y sus criaturas peligrosas, ¿a qué no? —replicó Leo de muy mal genio cuando salían del invernadero número tres. —Son unos favoritistas aquí...
—¿Favoritistas? ¿Existe esa palabra? —se rió Astoria por lo bajo, pero sus palabras llegaron a oídos sordos.
—Pues, ¿qué puedo decir? —Rowle se encogió de hombros. —Tienes razón, Leo —le apoyó y siguieron caminando hacía el Gran Comedor para cenar.
—Espero que tengan por lo menos algo de pastel de carne en la mesa de Slytherin —bromeó el chico y sus dos amigas sonrieron, continuando su camino.
—Chicos —les llamó Astoria por lo bajo, señalando discretamente a un peculiar grupo de Gryffindor donde se incluían Harry y sus amigos.
—¿Qué tienen de raro? —preguntó Paige. —Ya comieron y ya se van a su sala común. —añadió sin mucho interés.
—Pues, luego los alcanzo —respondió la castaña, quedándose de pie en el vestíbulo, sin despegar sus ojos del grupo que subía las escaleras a pasos largos.
—¿Como que no vienes con nosotros? —cuestionó Leo con algo de sorpresa en su rostro, volteándose a ver a su amiga con las cejas alzadas. —¿Por qué?
—No me digas que te vas a ir detrás de ellos? —bufó la pelirroja, regalándole una mirada reprobatoria.
—Entonces no te lo digo —sonrió Astoria y sus dos amigos bufaron con resignación. Paige y Leo se miraron entre ellos y negaron con la cabeza.
Los chicos entraron al Gran Comedor y dejaron a la joven Greengrass sola. Astoria sonrió de lado y contando mentalmente hasta diez se apresuró a subir la escalera con cuidado y manteniendo prudente distancia de los chicos. No quería que se dieran cuenta de que los estaba siguiendo, lo último que buscaba era que pensaran que los estaba espiando o algo por el estilo. De hecho, no debería de estarlo haciendo, pero la curiosidad podía más en ella que la sensatez.
Pasaron pocos minutos en los que llegaron a unos pisos superiores y fue entonces cuando Astoria entendió hacía donde se dirigían los Gryffindor y, quizás por el sentido común de no querer más problemas, se regresó sobre sus propios pasos a gran velocidad, casi corriendo. Mientras caminaba hacía el Gran Comedor no dejaba de preguntarse: ¿Por qué los chicos iban a donde la profesora Umbridge? No se llevaban bien, de hecho, juraba que nadie en su santo juicio, aparte de los miembros de la brigada inquisidora, iría a visitar a la directora.
Entró al Gran Comedor y con la vista buscó de inmediato a sus amigos. Los ubicó en un extremo de la mesa y mientras caminaba hacia ella buscó aDraco en la mesa, pero no estaba. De hecho, se detuvo para observar mejor y notó que no estaba presente toda la Brigada Inquisitorial, y aunque no era novedad, le pareció igual de extraño que la profesora Umbridge tampoco estuviera presente en la cena.
Continuó su camino hasta donde estaba sus tres amigos y les contó pobremente lo que pasaba y lo que pensaba sobre ello, aunque como era de esperarse sus amigos la ignoraron prácticamente y es que realmente sus "sospechas" no tenían ni pies ni cabeza.
—Creo que estás sobredimensionando las cosas —le dijo Cole cuando ella terminó de decir su monologo que dejaba ver entre líneas que ahí se estaba llevando a cabo una conspiración o algo por el estilo.
—No uses esa palabra, por favor —masculló Astoria con una mueca de asco, como si le acabaran de mencionar algo muy asqueroso. Y es que, si recordaba bien, la última vez que ella había utilizado aquella palabra había estado discutiendo con Malfoy.
—Es la verdad, le estás dando mucha importancia a cosas muy normales —le respondió Leo, ignorando la mueca de su amiga.
—Eso, estás haciendo una tormenta en un vaso de agua —añadió Cole con desdén.
—No estoy haciendo una tormenta en un vaso de agua —se defendió. —Por si no lo han notado aquí pasan cosas más extrañas e insólitas cada instante —se defendió, poniendo un vaso de jugo de calabaza sobre la mesa con más fuerza de la necesaria, provocando que salpicara algo del liquido naranja.
—Exageras —resopló Cole.
—No lo hago —insistió Astoria. Paige miró a sus amiga y luego a Cole, que en ese momento se miraban fijamente como queriendo matarse.
—No podemos negar eso —admitió Paige, intentando tranquilizarlos. —Pero tampoco podemos hacer nada al respecto, así que dejen de martirizarse.
—Este lugar es intrigante, extraño y demás, pero no nos queda nada por hacer —apoyó Leo a su media prima, sonriendo de lado.
—Bien —Astoria bufó molesta y se cruzó de brazos, indignada por le hecho de que la tacharan de exagerada y sentir que quedaba como una loca paranoica.
¿Como era posible que el colegio se hundiera debajo de ellos y casi ningún estudiante demostrara interés alguno por saber que era lo que ocurría de verdad?
¡Si, bien, todos ahí eran solo niños! Pero aquello rayaba en lo ridículo. Hacía falta más gente con sentido común, como Harry, que seguramente estaría investigando o descubriendo lo que sea que la profesora Umbridge y la Brigada Inquisitorial estuvieran tramando en ese momento. ¿O de verdad solo era imaginación suya? ¡No! Los demás eran los que estaban mal, eso de quedarse sentados mientras el barco se hunde no era algo que le cayera en gracia y era prácticamente lo que todos los alumnos de Hogwarts hacían. Al parecer solo Harry y sus amigos hacían algo al respecto, por nadie más notaba nada raro, ¿verdad?
—¿Astoria? ¿Nos estás escuchando? —preguntó Cole, sacando a la castaña de sus pensamientos. Astoria respingó y sin querer terminó por tirar su jugo de Calabaza, pero antes de que replicara algo o limpiara el desastre que acaba de formar, notó como Coop se acercaba a paso veloz hacía ellos. Se quedó quieta, observando como el hermano menor de Cole se acercaba muy indignado y detrás de él venía la Hufflepuff de cabello rosa. La chica que se llamaba Artemis y estaba también en primer año, tenía el entrecejo fruncido, pero lejos de lucir molesta más bien parecía preocupada, como si no quisiera que Coop hablara con su hermano.
—¿Tienes idea de donde se ha metido la profesora Umbridge? —preguntó con algo de brusquedad. Cole enarcó sus cejas y soltó una risista.
—¿Por qué tendría yo que saber eso? —respondió con evidente burla.
—Porque tú siempre estás enterado de todo —espetó con obviedad. Astoria soltó una pequeña risa por lo bajo, aquello era muy cierto, casi nunca había alguna noticia de la que cole no estuviera enterado. —Quiero quejarme —siguió hablando Coop — de que hay una tonta de Gryffindor que clausuró todo un pasillo. Está ahí paradota y no deja pasar a nadie. ¡Ni siquiera es prefecta! —chilló, agudizando un poco la voz.
No había que ser un genio, ni poner mucha atención, para notar que Artemis se estaba poniendo colorada de vergüenza, seguramente que Coop se estaba quejando porque a ella es a la que no habían dejado pasar por ese pasillo.
—¿Y que se supone que debo hacer? —ironizó Cole. —Ve con la profesora Sprout o qué sé yo.
—¡No la encuentro! —señaló la mesa de los profesores, donde en esos momentos solo se encontraba Madame Pince y Charity Burbage, la profesora de estudios Muggle. —Y no me voy a acercar a ellas —susurró con desprecio. ¿Como es que Coop, teniendo los mismos prejuicios de Cole no había terminado en Slytherin, junto a todos los que menos preciaban a los que no fueran magos puros? —Y te vengo a decir a ti, porque es de tu curso. La pelirroja con pecas de Gryffindor.
—¿Y qué quieres que haga? —bufó con impaciencia su hermano. —Ignorala y pasa por el dichoso pasillo y ¡ya!
—Pero está diciendo que hay un gas peligroso y no sé qué tanto —se volvió a quejar.
—¡Entonces no pases! —el Grayback mayor rodó los ojos con fastidio.
—Ya, Coop, hazle caso a tu hermano, igual no es para tanto —intervino Artemis, tomando del brazo al chico.
—Hasta Artemis me da la razón, deja de hacer berrinche por nada —el Slytherin de ojos azules se llevó la mano a la cabeza como si de repente le doliera.
—¿Es Ginny Weasley a quien te refieres? ¿La que tiene clausurado el pasillo del sexto piso? —preguntó Astoria cuando su cerebro pareció prender una alerta. Aquello tenía sentido o al menos algo así era, si Ginny tenía clausurado el pasillo y al parecer no estaban lo demás ni la profesora, algo se estaba llevando a cabo en la oficina de Umbridge, apostaba su varita a ellos. Ahora solo quería saber: ¿Qué era lo que estaba pasando ahí?
Coop volteó a ver a la castaña y le regaló una mirada de desprecio y rodó los ojos, como si no la hubiera escuchado. Leo y Paige lo notaron, pero no dijeron nada, solo se limitaron a voltear a ver a su amigo mayor para ver si él lo había notado y por la expresión de Cole, sí había notado la acción de su hermano menor.
—Te han hecho una pregunta —reprendió a su hermano con voz seria.
—Pues la respuesta es obvia —espetó de mala forma. No era novedad para la Greengrass, ni para nadie que no le caía en gracia al menor de los Grayback.
—Con su permiso —susurró Astoria sin mirar a ninguno de los presentes. La chica tomó sus cosas y se puso de pie casi en un salto para salir.
Claro que no fue por el comentario o trato de Coop, si no porque aquella información era demasiado tentadora para quedarse con la duda. Allí estaba pasando algo muy extraño y volvía a apostar que no terminaría en nada bueno, mucho menos si había más estudiantes como Coop que estaban diciendo lo que pasaba en el pasillo del sexto piso, porque eso del gas era una mentira para mantener a la gente alejada, pero si aquello llegaba a los oídos de un profesor no dudarían en ir a ver lo que pasaba y seguramente atraparían a los Gryffindor, se lo que sea que estuvieran haciendo.
Se alejó a grandes pasos de sus amigos y alcanzó a escuchar como Cole reprendía a su hermano pensando que ella se había ido en realidad por el trato de Coop. Pero no se detuvo a decir nada ni dar explicaciones, igual si les explicaba a sus amigos lo que pensaba solo la tacharían de loca o en las peores circunstancias Paige le recordaría lo que le pasó la última vez que metió sus narices donde los Gryffindor y lo último que necesitaba era eso.
Salió apresurada del Gran Comedor, dirigiéndose al vestíbulo para subir las escaleras, pero sin querer chocó contra alguien antes de atravesar el vestíbulo. Al parecer ambos llevaban prisa y por eso el impacto fue algo fuerte que cayeron con brusquedad al suelo.
—¿Por qué no te fijas por donde caminas, maldita mocosa despistada? —se quejó el chico contra el que había chocado y entonces la Slytherin cayó en cuenta de quien se trataba: Draco Malfoy. Siempre tenía esa suerte para toparse con él en los momentos más inoportunos y para no encontrarlo en los más oportunos. —¿Astoria? —preguntó con ingenuidad el rubio cuando la miraba mejor.
—Creo —murmuró sonriendo de lado y notando como Draco se ponía algo pálido, al tiempo que también se levantaba para ofrecerle la mano que Astoria enseguida aceptó. —Gracias.
—Lo siento, llevo prisa —se excusó con un tono suave y ayudó a su prometida a ponerse de piel.
—¿De verdad? —dijo con tono de burla. —Si no me dices ni me entero —añadió con ironía cuando estaba por completo de pie y se sacudía la túnica. El rubio sonrió de medio lado y la niña le devolvió la sonrisa.
—Busco al profesor Snape —comentó Malfoy.
—Debe estar en su despacho —informó la Greengrass, aunque en verdad no estuviera segura de donde estuviera y la verdad es que ni siquiera le habían preguntado, pero algo tenía que decir. —En el comedor no está —añadió con tono casual.
—Lo suponía —el prefecto sonrió de nuevo y calló en cuenta de que no había soltado la mano de su niña en todo ese tiempo que llevaban hablando y justo la soltó con brusquedad cuando una chica de Ravenclaw salía del Gran Comedor.
La verdad es que en todo ese tiempo, desde su charla en los dormitorios de los chicos, no se habían relacionado mucho, aunque ya se habían contentado y se trataban con mayor cortesía, aun seguían guardando distancia, solo por si las dudas. Aun esperaban que Blaise les proporcionara la información que necesitaban para deshacerse de Pansy sin recibir muchas represarías y así poder reiniciar su relación como Merlín mandaba.
—Pues anda, ve —le dijo la pequeña castaña al cabo de unos segundos de silencio. Él asistió y con pasos largos tomó el camino a las mazmorras.
Astoria se quedó algo aturdida y permaneció de pie en el vestíbulo. La pequeña Slytherin sentía un hormigueo recorrer su cuerpo y cabe destacar que dicho hormigueo se iniciaba en la meno que le había tomado Draco. Como ansiaba volverlo a abrazar, volverlo a besar, sentir su calor y su dulce perfume de canela. Por varios segundos se olvidó por completo de lo que estaba haciendo o lo que iba a hacer y se quedó perdida en sus pensamientos y recuerdos.
—Señorita Greengrass —sin embargo, la voz del profesor Snape la regresó a la realidad y la hizo sonrojar, más aún porque Draco iba detrás de él —Deje de estar parada ahí como una tonta estatua, estamos en la escuela no en una exposición. Si no va a hacer nada productivo, haga el favor de irse a la sala común y si quiere allá siga modelando, pero deje de estovar en el paso. —ordeno el profesor con su usual tono de siempre y pasando a su lado. Malfoy lo siguió e hizo una mueca curiosa, que era difícil de entender si contenía la risa o la molestia por la forma en la que le habían hablando a su prometida. Pero nadie más dijo nada.
—Si, señor —concedió Astoria en un susurro, haciendo un puchero y tomando el camino hacía las mazmorras, viendo de reojo como su prometido y Snape subían las escaleras de mármol blanco, mientras ella bajaba por las escaleras de piedras, descartando la idea de ir a ver lo que ocurría en el sexto piso, pero segura de que Draco y Snape se dirigían hacia allá.
O-O-O
Llegó a la sala común de Slytherin y se sentó frente a la chimenea con los brazos cruzados y de mal humor. Pasó buen rato sentada en ese sofá, observando el fuego de color verdoso y haciendo oídos sordos a todos los que pasaran por la sala común o se quedaran platicando cerca de ella. Sin embargo, en algún momento reconoció una voz.
—¿Astoria, estás bien? —no sabía a ciencia cierta cuanto tiempo había pasado desde que había llegado a la sala común, pues no había puesto cuidado a nada más allá del fuego, pero al parecer en algún momento Paige se había sentado a su lado, igual que Cole y Leo estaban cerca, observándola con algo de preocupación.
—Coop fue muy grosero contigo, pero ya le dejé claro que... —intentó decir el Slytherin de cuarto, pero Astoria lo cortó.
—No es nada de eso y ya no te pelees con tu hermano por mí, él tiene razón en creer que no soy buena chica para ti —bufó con algo de fastidio.
—Claro que no eres mala para mí —sentenció Grayback, pero sus palabras parecieron caer en oídos sordos.
—¿Entonces por qué estas así? —preguntó Paige en vista de que su amiga seguía con la mirada perdida en el fuego.
—No me hagan caso, ¿sí? —refunfuñó, poniéndose de pie con toda la intención de alejarse. —Recuerden que solo hago tormentas en vasos.
—No me digas que sigues con eso de que aquí está pasando algo extraño —la pelirroja rodó los ojos y los dos chicos desviaron la mirada.
—Pues no te lo digo —dijo con firmeza y dando zancadas se salió de la sala común.
¡Bien, decidido! iría al sexto piso a ver qué demonios estaba pasando ahí. ¿Que era una metiche de primera? Posiblemente, pero cuando de sus conocidos se trataban las cosas eran diferentes y además de todo su Draco estaba de por medio en todo aquello.
Salió de las mazmorras con sumo cuidado, notando en la pared que su hora de permiso para estar fuera de la cama estaba por expirar. Algunas antorchas, velas flotantes y arañas aún alumbraban los pasillos, aunque poco a poco se iban a ir apagando hasta dejar el castillo en penumbra, en señal de que la hora de dormir había llegado, ¿seguirían entonces los Gryffindor y los de la Brigada Inquisitorial en el sexto piso? Apresuró el paso y comenzó a correr las escaleras de dos en dos, teniendo cuidado de no pisar los escalones falsos, lo último que necesitaba era quedarse atrapada a mita de las escaleras.
Llegó casi sin aliento a sexto piso y lo observó, estaba completamente vacío, aunque agudizando el oído escuchó varias maldiciones y ruido de dentro del despacho de la profesora Umbridge. Si la profesora estuviera ahí adentro seguramente no permitiría aquello, entonces solo debían de seguir los chicos. ¿Qué tan malo sería abrir la puerta y echar un vistazo?
Se encogió de hombros y como quien hace algo de forma inconsciente o sin saber lo que le espera, se aproximó a la puerta del despacho y la entre-abrió para ver lo que sucedía ahí adentro. Contra todo pronóstico de lo que hubiera esperado dentro del despacho no estaban los Gryffindor, ni estaban planeando nada, ni... bueno, rompió a carcajadas al ver como adentro estaban: Pansy, Warrington y Crabbe estaban inconsciente, mientras Goyle, Bulstrode y Theo parecían estar como en un trance o drogados, con la vista perdida mirando los platos con gatos que maullaban fastidiosamente y como si aquello no fuera poco, Malfoy y su hermana luchaban contra lo que parecían ser grandes criaturas viscosas y asquerosas que volaban y les daban en la cara o donde pudieran.
—¡Maldita sea, Malfoy! ¡Quítame esto de encima! —chillaba Daphne, intentando defenderse con la varita que ya estaba toda cubierta de mucosidad.
—¡Cállate y deja que me los quite yo! ¡Malditas cosas del demonio! —el rubio ya ni siquiera tenía la varita en la mano, golpeaba al aire con los ojos cerrados y mascullaba todo apenas y moviendo los labios, posiblemente por el miedo de que algo de esas asquerosas cosas pudiera caerle en la boca. Astoria sonrió de lado, sería una buena fotografía de Malfoy en ese momento, pero lamentablemente no tenía una cámara, pero si una varita.
—¡Finite Incantatem! —gritó Astoria, llamando la atención de los presentes y apuntando a Malfoy con su varita. Los grandes seres de mucosa se fueron haciendo cada vez más pequeños hasta que desaparecieron por completo, aunque da igual manera quedó cubierto del moco verdoso.
Draco sonrió a Astoria e intentó limpiarse con la túnica los rastros del moco, pero solo consiguió esparcir más la mucosidad que era difícil de deducir su se veía más asquerosa en su blanca piel o en la túnica negra. Astoria sonrió de lado y repitió el contra-embrujo contra su hermana que quedó igual que Draco.
—Te agarraría a besos si no estuviera vuelta un asco —aseguró la Greengrass rubia, que a diferencia de Malfoy limpió su varita y luego con ella se apuntó a si misma para desaparecer la asquerosidad que la cubría.
—¿Se puede saber que les pasó? —preguntó Astoria en voz baja, tomando la varita de Draco, que estaba tirada en el piso y pasándosela al rubio.
—¿Se puede saber qué haces aquí? —contestó el susodicho que tomaba su varita y miraba a su prometida de manera suspicaz, haciéndola sonrojar.
—Todavía que te ayudo con los mocos voladores ¿y me acusas? ¡Eres increíble, Malfoy! —masculló indignada la castaña.
—No te acuso de nada, pero es raro que estés aquí —Draco se acercó más a ella para hablar con una voz más baja y suave, casi en un murmullo, seguramente para que Daphne, quien en esos momentos intentaba hacer reaccionar a Theo, no los escuchara. —No sería la primera vez que me sorprendes al estar metida hasta las narices en cosas que no deberías —le dijo con seriedad.
—Esta vez no es así —respondió con molestia, pero en el mismo tono intimo que usaba el rubio. —De hecho, apenas y he venido a meter mi nariz en el asunto porque no sabía lo que estaba pasando y no me gusta quedarme con la intriga —añadió, arrugando la nariz de forma chistosa, a lo que el príncipe de Slytherin soltó una risa.
—Esa manía tuya de estar en todo te va a traer serios problemas el día que no esté ahí para protegerte —le sonrió y le dio un golpesito en la nariz.
—Es muy útil tener mi nariz metida en todas partes —respondió con autosuficiencia y sonriendo como niña chiquita. —Y no te acerques tanto hasta que estés limpio —le advirtió, retrocediendo unos pasos con una cara de asco. Draco bufó y Astoria rió disimuladamente.
—¿Qué tanto cuchichean? —Daphne volteó a verlos con el entrecejo fruncido. —¡Ayúdenme despertarlos! —los regañó, sin dejar de golpear a Bulstrode en la cabeza con su varita. —Además tenemos que decirle a la profesora Umbridge lo que pasó —chilló molesta.
—Vale —le respondió Draco. —Tú los despiertas a todos, yo voy a buscar a la profesora Umbridge al bosque y Astoria va a avisarle al profesor Snape —sentenció Draco con una voz especialmente gruesa que inspiraba cierto respeto. —Mínimo ahora si expulsan a Potter —añadió con sorna.
—¿Potter? —preguntó extrañada la castaña.
—Te cuento en el camino —le murmuró el chico al tiempo que la tomaba por la cintura para sacarla del despacho, donde Daphne se quedaba maldiciendo.
—¿Y bien? —volvió a preguntar mientras bajaban las escaleras y brincaban el escalón falso. —¿Qué fue lo que pasó? —pidió saber, poniéndose frente a Malfoy para taparle el paso e impedir que le diera más largas al asunto.
El prefecto de Slytherin suspiró con resignación y comenzó a narrarle lo sucedido a la pequeña Greengrass, claro que omitiendo ciertas cosas y cambiando otras tantas que lo podrían dejar en ridículo. ¿Qué? Tenía que mantener la imagen frente a su prometida y decir que esos mocos voladores los había convocado Theo por equivocación era mucho más digno que admitir que la zanahoria Weasley se los había lanzado y gracias a ello habían escapado toda la bola de zoquetes.
—Así que al final de cuentas si se traían algo entre manos —suspiró Astoria.
—¿Tú sabías? —cuestionó él, enarcando sus perfectas cejas como siempre. La niña negó con la cabeza.
—Me lo imaginé cuando Coop dijo que tenían clausurado el pasillo, pero como recordarás Snape me mandó a la sala común y desistí de la idea de ir a husmear —confesó con algo de opresión, evitando la mirada de mercurio.
—¿Coop? —la mueca de Draco no le dio buena espina y prefirió no contestar. —Menos mal que no fuiste —dijo al cabo de un momento de silencio. —Si te hubieran visto ahí ahora sí que no hubiera tenido modo de sacarte limpia —confesó, dándose aires de héroe.
—Indirectamente me salvaste —le concedió. No le haría mal un poco de alabanzas al rubio, más ya no se le podía subir a la cabeza. —Si no hubiera chocado contigo hubiera subido al sexto piso a saber lo que pasaba y me hubieran agarrado con los Gryffindor.
—Eres caso perdido, Greengrass —susurró con una sonrisa de satisfacción. Por unos instantes se acercó a ella, dispuesto a abrazarla y a darle un beso como Merlín mandaba, pero antes de siquiera dar un paso, se encendieron las antorchas del vestíbulo y Flich apareció detrás de ello, con su gata.
—¡Estudiantes fuera de la cama! —gritó con júbilo y emoción. —¡Oh, pero si es el señor Malfoy y su novia! —la sonrisa del conserje no se desapareció como Malfoy hubiera esperado, al contrario, parecía que se había vuelto más deslumbrante. —Al profesor Snape le fascinará esto —dijo emocionado, al tiempo que tomaba a los dos estudiantes de las orejas y prácticamente los arrastraba al despacho del profesor de Pociones.
O-O-O
—Dime que les ha ido mejor que a nosotros —resopló Daphne cuando observó a su hermano y amigo entrar a la sala común. Faltaban cinco minutos para media noche y la brigada inquisitorial junto a Zabini, Cole, Rowle y Leo estaban en la sala común, esperando por Malfoy y Astoria.
Draco miró fríamente a los presentes y señaló su pecho, donde ya no estaba ninguna insignia fuera de la del símbolo de Slytherin.
—¿Te destituyeron? —chilló Pansy alarmada, poniéndose enseguida de pie para ir a donde el rubio y mirarlo con sus ojos negros. —¡No pueden hacerte eso! ¡No es tu culpa que se escaparan! ¡Deberían de expulsar a toda la bola de idiotas! ¡A la maldita comadreja! ¡A la rata de biblioteca! ¡A la zanahoria!
—¡Ya basta! —gritó Draco, alejando a Parkinson con brusquedad cuando la chica quiso abrazarlo y dale un beso. —No me destituyeron, ¡renuncié! —bramó molesto. —Estoy hasta... —masculló insonoras palabras que hicieron sonrojar un poco a las chicas. —Yo no estoy para estar de niñera de nadie, por mí que el calamar gigante se coma a Potter y a los demás o que les hagan una maldita estatua, me da igual. Ya me harté de que me traigan de arriba a abajo y me hagan responsable de todo lo que pasa, ¡que se vallan al diablo! —vociferó de mala manera, se notaba molesto, verdaderamente molesto.
—¿Qué pasó? —le preguntó Blaise a Astoria en voz baja. La castaña volteó a verlo y luego volteó a ver al resto.
—Realmente nada —admitió. —Flich nos llevó con el profesor Snape y cuando le contamos lo que pasó se puso pálido, pero... —la joven se sonrojó y bajó la mirada al suelo, como si no fuera capaz de seguir hablando por vergüenza o miedo a represarías.
—¡Anda, diles! —gruñó Draco, que se dejaba caer en el sofá que siempre usaba, sin importarle un bledo que Cole estuviera sentado en un antebrazo de la butaca, si al contrario le dio un codazo que casi provoca que el castaño se cayera de sentón al suelo.
—No le grites a mi hermana —le reprendió Daphne, apretando los labios para abstenerse de las maldiciones. Mientras tanto Pansy observaba todo a distancia prudente, con sus calculadores ojos negros clavados en la castaña.
—Pues Draco hizo un comentario sobre Potter y Snape pareció como si hubiera descubierto la fórmula para convertir el carbón en oro. Nos pidió que nos retiráramos y todo estaba de maravilla hasta que de la nada apareció... em bueno... —Astoria parecía dudosa de hablar, como si no le fueran a creer. —Dumbledore —dijo finalmente, provocando la reacción obvia de sus compañeros. —Malfoy dijo algo que, bueno, el chiste es que ni él ni yo fuimos prudentes al hablar, Dumbledore nos pidió que nos fuéramos y fue entonces cuando Draco comenzó a argumentar hasta el grado de que muy amablemente Dumbledore le dijo que si no le gustaba ser prefecto perfectamente podía renunciar y aquí Malfoy les aventó la insignia. —narró sin levantar la vista del suelo. —Después de eso ya no sabemos lo que pasó, nos vinimos aquí.
—No me lo creo —suspiró Theo. —Demasiada desgracia para una sola noche.
—¿Dumbledore regresó? —preguntó ingenuamente Daphne.
—¿Snape no hizo nada? Ese viejo es el hombre más buscado por el ministerio —dijo Pansy con indignación.
—¡Eso mismo dije yo! ¡Y me dijeron que no metiera la nariz en esos asuntos! —gruñó Draco con voz áspera.
—No te dijeron eso, solo nos pidiéramos que nos fuéramos —le corrigió Astoria.
—¡Casi lo mismo! —se defendió el rubio.
—Bueno, sus razones debió tener Snape para pedirte eso, ¿no? —comentó Cole mordazmente, ganándose una mirada fulminante por parte de los ojos mercurio.
—Muerte, Grayback —murmuró el chico, pero apenas y lo escucharon Astoria y Pansy, la pelinegra rió y la castaña frunció el ceño.
—Bueno, creo que uno nunca sabe del todo en donde están las lealtades de las personas —analizó Theo. —Snape le es muy fiel a Dumbledore a pesar de que no esté muy de acuerdo con él y aunque siempre le niegue el puesto que él quiere.
—Supongo que si —Daphne se encogió de hombros. —O a lo mejor pensaba atraparlo él y...
—¡Por favor! —bufó un chico mayor que en esos momentos Astoria no reconoció, pero era de la brigada Inquisitorial. —¿Qué? Es simplemente ilógico, Snape está de parte de Dumbledore a pesar de todo, no lo iba a atrapar ni nada por el estilo, solo lo iba a poner el corriente y decirle que la profesora Umbridge desapareció. No duden que para mañana lo tendremos de nuevo como profesor —sentenció, dando por hecho sus palabras y obteniendo un asentimiento por parte de los presentes.
—Pues, supongo que ya peor no puede ser la noche —suspiró Millicent.
—¿Como que no? —susurró Pansy, entornando sus ojos. —Aun queda algo por decir sobre los traidores... —el tono de voz que empleó la pelinegra era jocoso y tanto Astoria como Draco parecieron reaccionar y ponerse alerta, sospechando lo que la chica iba a decir, solo aquello les faltaba para terminar de destrozar la noche.
—Snape no es ningún traidor —le cortó Theo. —Solo hace lo que cree correcto y no somos quienes para cuestionarlo con lo mucho que nos apoya y favorece, es el mejor maestro de todos -sentenció con tono frío.
—No me refería al profesor Snape —sonrió la pelinegra, volteando a ver a Malfoy, como si esperara que en ese momento el rubio se pusiera de pie y la callara con un beso, pero muy lejos de que eso pasara, el chico le dedicó una seña muy obscena. —¡Pues! —chilló molesta ante aquello. —¿Ustedes sabían que...?
—Pansy —llamó melosamente Blaise y luego le hizo una seña que ninguno de los presentes pareció entender, no era obscena como la de Malfoy, pero la chica se sonrojó y fulminando al moreno con la mirada pateó el suelo con molestia y a pasos largos se marchó a los dormitorios.
—¿Qué fue eso? —quiso saber Daphne, mirando con las cejas alzadas a su amigo.
—Lo siento, querida, pero temo que no te lo puedo decir —Zabini sonrió y volteó a guiñarles un ojo a Draco y Astoria quienes parecían incrédulos. ¿A caso Blaise ya había amenazado a Pansy con la información esa que no les había querido rebelar? ¿Tan sucia y secreta era aquella información para que el moreno no les contara nada? Bueno, ya lo averiguarían mañana.
—Vamos a dormir —propuso Paige, bostezando y poniéndose de pie igual que el resto.
Apenas y se dirigieron la palabra entre ellos, estaban demasiado cansados para siquiera decir media palabra o dar las buenas noches. Subieron a sus respectivos dormitorios y ya mañana sería otro día. Por lo menos no podía ser peor que ese, o eso pensaban.
O-O-O
«REGRESA EL-QUE-NO-DEBE-SER-NOMBRADO» decía el encabezado de El Profeta que leía Cole.
—»El viernes por la noche, Cornelius Fudge, ministro de Magia, corroboró que El-que-no-debe-ser-nombrado ha vuelto a este país y está otra vez en activo, según dijo en una breve declaración:
»Lamento mucho tener que confirmar que el mago que se hace llamar lord..., bueno, ya saben ustedes a quién me refiero, está vivo y anda de nuevo entre nosotros -anunció Fudge, que parecía muy cansado y nervioso en el momento de dirigirse a los periodistas-. También lamentamos informar de la sublevación en masa de los dementores de Azkaban, que han renunciado a seguir trabajando para el Ministerio. Creemos que ahora obedecen órdenes de lord..., de ése.
»Instamos a la población mágica a permanecer alerta. El Ministerio ya ha empezado a publicar guías de defensa personal y del hogar elemental, que serán distribuidas gratuitamente por todas las viviendas de magos durante el próximo mes.
»La comunidad mágica ha recibido con consternación y alarma la declaración del ministro, pues precisamente el miércoles pasado el Ministerio garantizaba que no había «ni pizca de verdad en los persistentes rumores de que Quien-ustedes-saben esté operando de nuevo entre nosotros».
»Los detalles de los sucesos que han provocado el cambio de opinión del Ministerio todavía son confusos, aunque se cree que El-que-no-debe-ser-nombrado y una banda de selectos seguidores (conocidos como «mortífagos») consiguieron entrar en el Ministerio de Magia el jueves por la noche.
»De momento, este periódico no ha podido entrevistar a Albus Dumbledore, recientemente rehabilitado en el cargo de director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, miembro restituido de la Confederación Internacional de Magos y, de nuevo, Jefe de Magos del Wizengamot. Durante el año pasado, Dumbledore había insistido en que Quien-ustedes-saben no estaba muerto, como todos creían y esperaban, sino que estaba reclutando seguidores para intentar tomar el poder una vez más. Mientras tanto, «El niño que sobrevivió»...
—Por favor deja de leer esa basura —resopló Astoria, arrebatandole el periódico a su amigo.
—»El último intento de Quien-ustedes-saben de hacerse con el poder, páginas dos a cuatro; Lo que el Ministerio debió contarnos, página cinco; Por qué nadie hizo caso a Albus Dumbledore, páginas seis a ocho; Entrevista en exclusiva con Harry Potter, página nueve... valla que aprovechan para llenar cada espacio del periódico—comentó Paige después de leer al indice de reojo, antes de que la castaña estrujara el periódico con todo el odio del mundo.
—Astoria, tranquila —le dijo Cole una expresión afligida.
—No es tu culpa lo que pasó —le aseguró Leo. Los ojos de la castaña se cristalizaron.
—Los odio tanto —masculló ente dientes.
—¿A quiénes? —preguntó con ingenuidad Paige, pero Astoria no contestó, por la verdad no sabía a quién odiaba más en todo aquello.
—Escucha Greengrass —Romilda se aproximó con mucho descaro a la mesa de Slytherin y sostenía en su mano el ejemplar de El Profeta que Astoria acaba de arrugar. —»Durante los acontecimientos de la noche anterior, en la cuales varios seguidores de el-que-no-debe-ser-nombrado fueron atrapados, el respetable e influyente señor Lucius Malfoy, un colaborador muy generoso en el ministerio y en otras organizaciones, fue capturado. Increíble de creer y al mismo tiempo muy predecible por parte del antiguo mortífago, que no tuvo recato para actuar ahora que su señor daba las señales de regresar al poder.
»Lo más controversial del caso no es el hecho de que el señor Malfoy se mostrara abiertamente como un seguidor de el-que-no-debe-ser-nombrado o su próximo juicio que seguramente lo enviará a Azkaban por sus antecedentes. No, lo verdaderamente controversial es que el auror Samael Greengrass fue quien arrestó a Lucius Malfoy, siendo ellos grandes amigos. El señor Greengrass, quien no quiso dar declaraciones, tiene muchos negocios con el señor Malfoy, incluso se rumora que sus hijos Draco Malfoy y Astoria Greengrass están comprometidos.
»Por lo que las preguntas que todo mundo se hace son: ¿Samael Greengrass será de fiar? ¿O al igual que el señor Malfoy solo estará fingiendo para proporcionarle información a el-que-no-debe-ser-nombrado sobre el ministerio? Además, ¿por qué el ministerio admite a ex-mortífagos en su personal? Recordemos claramente que el señor Greengrass también tiene sus antecedentes sombríos y teniendo esa relación tan cercana con Lucius Malfoy no sería de extrañarse que aun conservara sus creencias como mago tenebroso...
—Muerete, Vane —la cortó Astoria, poniéndose de pie de muy mal humor y alejándose a grandes zancadas. Ya había leído eso en la mañana y seguía tan indignada como furiosa. Le estaba partiendo el alma y el corazón lo que había pasado, desde el arresto del padre de Draco, pasando porque fue su padre quien lo arrestó y terminando en la forma morbosa en la que los malditos editores del profeta exponían las cosas.
¿Que a caso esos cerdos no se ponían a pensar como le destruían la vida a la gente? ¡Ojala se los comiera un Hipogriffo!
Salió del Gran Comedor y bajó a las mazmorras, no le dirigió la mirada a nadie y apenas entró a la sala común de Slytherin y ubicó al rubio.
—¿Qué tal? —preguntó la casta a Draco quien miraba furiosamente el fuego de la chimenea.
—Que me lleva el diablo —respondió con una falta de emoción que era aterradora. No se podía imaginar lo que sentiría el rubio con el arresto de su padre.
—Lo siento mucho —susurró temerosa, sentándose a su lado.
—Tú no tienes la culpa —volvió a contestar con ese tono de voz que daba miedo.
—Si te consuela saber, Potter sigue está en la enfermería, al parecer sufrió muchos daños —comentó con cierto veneno y es que en esos momentos llegaba a sentir odio por el chico. Si él y sus amigos no hubieran estado metiendo sus narices en esas cosas seguramente no se hubiera armado tanto alboroto.
—Ojalá se muera —bufó y se frotó el rostro de manera brusca, sin importar si se lastimaba con el anillo o el se despeinaba.
—Draco —Astoria se había quedado sin que decir, sentía apatía por Harry en esos momentos, pero tampoco como para desearle la muerte. La pequeña Greengrass se acurrucó en el sofá con Draco, apoyándose en su hombro.
—Qué asco me dan —se escuchó la antipática voz de Pansy detrás de ellos.
—Muerte tú también —le respondió de mala manera el rubio.
—Pero que humor tienes, aunque es entendible, tu suegro fue quien metió a tu padre a Azkaban —dijo con desdén y veneno. Draco apretó los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos y Astoria se puso de pie en un brinco.
—¡Vete al infierno, maldita culebra! —chilló la castaña, con los ojos destellando de furia.
—¡Tú cállate, maldita traidora! ¿Por qué no te vas a apoyar...? —pero Parkinson se calló en seco cuando Blaise hizo acto de presencia.
—¿Qué ibas a decir, Pansy, querida? —preguntó jocoso, como disfrutando de tener control sobre ella. La chica volvió a ponerse roja como la ocasión anterior y mal humorada salió de la sala común.
—Gracias —susurró Astoria suspirando pesadamente.
—De nada, princesa —el moreno le sonrió de medio lado a la pequeña Greengras y se acercó a donde Draco —¿Hermano? ¿Estás bien? —preguntó sentándose a su lado y poniéndole una mano en el hombro. —No les hagas caso, sea lo que sea no...
—Déjame, Blaise —le cortó Malfoy, alejándose del contacto y levantándose para salir del lugar.
—Si ayer dijimos que las cosas no podían ser peor, nos equivocamos —bufó la chica.
—Y que lo digas —masculló Zabini. —No salimos de una cuando entramos en otra.
—Habla por nosotros —le corrigió Astoria, ganándose una mirada incrédula. —Bueno, en sí, los que estamos más jodidos somos Draco y yo —se encogió de hombros. —A lo mucho y Daphne, pero en sí, a ustedes no les afec...
—No digas que no nos afecta —le cortó. —Todos o bueno, al menos hablo por mí y por Theo al decir que lo que les pase a ustedes si es asunto nuestro, porque son nuestros amigos. Y creo que lo mismo piensan tus otros amigos —añadió, señalando con la cabeza la entrada a la sala, donde estaban Paige, Leo y Cole.
—Solo quisiera desaparecer —confesó, cerrando los ojos con fuerza y dejando que dos gruesas lagrimas rodaran por sus mejillas.
—Todo va a estar bien —le susurró Paige, quien se acercaba a abrazar con fuerza a su amiga. —Te juro que todo estará bien.
—Vamos, muñeca —habló Cole, también con voz baja. —Cuando más oscuro está el cielo las estrellas brillan más.
—Hazle caso a tu amigo —dijo Blaise antes de alejarse de la castaña para ir en busca de Malfoy. —Tú eres la luz que Draco necesita —añadió en un susurró casi inaudible, que solo Astoria y Paige pudieron escuchar. —Nos vemos —se despidió.
—Yo no quiero ser la luz de nadie —masculló entre lágrimas la chica, abrazando más a la pelirroja. —Ni siquiera he encontrado una luz para mí.
—Ya, tranquila —Leo acarició la espalda a modo de confortarla.
—¿Australia? —le ofreció Cole, desplazando a Paige poco a poco, para abrazar a Astoria con firmeza.
—No —respondió y se alejó del abrazo. Estaba afligida, pero aun no perdía del todo el sentido común y por más que sonara apetecible escaparse de todo aquello, no podía y no quería dejar a Draco en aquel pozo negro.
—Valía la pena intentar —se encogió de hombros el chico de ojos azules. Los primos negaron con la cabeza y Astoria sonrió de medio lado.
O-O-O
La mañana siguiente Astoria subía por las escaleras de las mazmorras a desayunar cuando visualizó a Malfoy en compañía de Crabbe y Goyle. Se acercó sigilosa para sorprenderlo, quería abrazarlo por la espalda y darle varios besos en el cuello, pero se paró en seco cuando observó como Draco bajaba por las escaleras de mármol del vestíbulo. Harry paró en seco y lo mismo hicieron Draco y sus dos amigotes. La respiración de Astoria se corto, por la mirada que se dedicaban parecía dispuestos a matarse. Se hizo un silencio extraño, en el que a lo lejos se oían los gritos y risas provenientes de los jardines.
Malfoy echó un vistazo a su alrededor y Astoria se escondió un poco para que no la notara.
—Estás muerto, Potter —escuchó decir a Draco en voz baja.
—Tiene gracia —respondió el Gryffindor en con un tono normal—No sabía que los muertos pudieran caminar.
La castaña frunció el entrecejo y arrugó la nariz, no quería, pero no podía evitar sentir ese desprecio hacia Harry.
—Me las pagarás —fue lo que contestó Malfoy en un susurro. —Vas a pagar muy caro lo que le has hecho a mi padre.
—Mira cómo tiemblo —respondió Harry con sarcasmo. —Supongo que lo de lord Voldemort no fue más que un ensayo comparado con lo que me tienen preparado ustedes tres —se burló el león. La castaña apretó la mandíbula, conteniendo las ganas de gritarle unas cuentas cosas a Potter. —¿Qué pasa? —escuchó decir a Harry, pero como no podía ver, no estaba segura de que pasaba en realidad. — Es amigo de tu padre, ¿no? No le tendrás miedo, ¿verdad? —entonces Astoria entendió, Harry había mencionado el nombre del lord tenebroso y ni siquiera Draco era capaz de hacerlo.
—Te crees muy hombre, Potter —replicó Malfoy, y Astoria salió con gracia de su escondite y miró con desdén a Potter. Notó como Malfoy avanzaba hacía hacia Harry y Crabbe y Goyle lo flanqueaban. —Espera y verás. Ya te atraparé. No puedes enviar a mi padre a la prisión y...
—Eso es precisamente lo que he hecho —lo atajó Harry.
—Claro, tú lo esposaste, ¿no, Potter? —masculló Astoria, atrayendo la mirada de los chicos.
—Astoria —el susodicho apenas y pronunció el hombre de la Slytherin sin mover los labios. No, no le tenía miedo ni nada por el estilo, pero le había tomado por sorpresa, sobre todo porque le había llamado por su apellido.
—¿Tú por qué escuchas conversaciones ajenas? —refunfuñó el rubio.
—¡Ash! —Astoria maldijo como era impropio de ella y atravesó a grandes zancadas el vestíbulo, hasta perderse en el Gran Comedor.
—Todo es tu culpa, maldito Potter —recriminó Draco, fulminando con sus ojos al león.
—No es mi culpa, las cosas son lo que son. ¿No puedes con eso, Malfoy? —respondió Harry.
—Los dementores se han marchado de Azkaban —dijo Malfoy, impasible. —Mi padre y los demás no tardarán en salir de allí y entonces...
—Sí, no me extrañaría —lo cortó. —Pero al menos ahora todo el mundo sabe que son unos cerdos.
Astoria salió del Gran Comedor con la misma que entró, las mesas estaban prácticamente vacías y sin duda alguna no se quedaría ahí sola como bicho raro, si al menos se iba a quedar dentro del castillo en un día de verano, lo mejor era refundirse en la biblioteca.
Cuando observó el vestíbulo de nuevo, Harry estaba con su varita en la mano, apuntando de manera desafiante a Draco quien se había quedado estatico.
—¡Potter! —se escuchó el grito de Snape, quien había aparecido por la escalera que conducía hasta su despacho. —¿Qué haces, Potter? -le preguntó el profesor con su habitual frialdad, y se encaminó hacia ellos.
—Intento decidir qué maldición emplear contra Malfoy, señor -contestó Harry con fiereza. La boca de la castaña se abrió en una perfecta "O".
—Guarda inmediatamente esa varita —le ordenó Snape taladrándolo con la mirada. —Diez puntos menos para Gryff... -empezó a decir dirigiendo la vista hacia los gigantescos relojes de arena que había en las paredes, y esbozó una sonrisa burlona. Astoria bufó, conteniendo la risa y volteando de reojo solo para comprobar lo obvio. —¡Ah, veo que ya no queda ningún punto que quitar en el reloj de Gryffindor! —¿entonces no existían los puntos negativos? Enhorabuena, Astoria sonrió con arrogancia, jamás había sentido tanto orgullo Slytherin como en eso momento. —En ese caso, Potter —dijo suavemente el profesor —tendremos que...
—¿Añadir unos cuantos? —intervino la profesora McGonagall, quien acababa de subir la escalera de piedra de la entrada del castillo; llevaba un maletín de cuadros escoceses en una mano y con la otra se apoyaba en un bastón, pero por lo demás tenía buen aspecto.
—¡Profesora McGonagall! —exclamó Snape, y fue hacia ella dando grandes zancadas, aunque con una mueca no muy amable —¡Veo que ya ha salido de San Mungo! —Draco masculló algo por lo bajo, pero ni siquiera Astoria le pudo entender.
—Sí, profesor Snape —repuso ella, y se quitó la capa de viaje. —Estoy como nueva. Y ustedes dos, Crabbe, Goyle... —les hizo señas imperiosas a los compinches de Malfoy para que se acercaran, y ellos obedecieron, turbados y arrastrando sus grandes pies. —Tomen —le puso el maletín en los brazos a Crabbe y la capa a Goyle. — Lleven esto a mi despacho —pidió, aunque sonó más como una orden.
Los dos alumnos se dieron la vuelta y subieron la escalera de mármol haciendo mucho ruido. Draco los siguió con la mirada y con el ceño fruncido, menos mal que no se lo habían pedido a él o posiblemente le hubiera tirado las cosas encima a la vieja bruja. Astoria hizo un puchero y se cruzó de brazos.
—Aquí vamos de mal en peor —murmuró para si misma.
—Muy bien —dijo la profesora McGonagall mientras miraba los relojes de arena de la pared. —Bueno, creo que Potter y sus amigos se merecen cincuenta puntos cada uno por alertar al mundo del regreso de Quien-vosotros-sabéis. ¿Qué opina usted, profesor Snape?
—¿Cómo? -replicó éste, aunque era obvio que había escuchado perfectamente. Tanto Draco como Astoria no disimularon la sorpresa, igual que su profesor, no daban credito, en menos de cinco minutos los Gryffindor se iban a ir a la cabeza y ganar de nuevo la copa de la casa. —Ah, bueno, supongo que...
—Serán cincuenta para Potter, los dos Weasley, Longbottom y la señorita Granger —enumeró la profesora McGonagall, y una lluvia de rubíes cayó en la parte inferior del reloj de arena de Gryffindor mientras hablaba. —¡Ah, y cincuenta para la señorita Lovegood, se me olvidaba! —añadió, y unos cuantos zafiros cayeron en el reloj de Ravenclaw. —Bueno, creo que usted quería quitarle diez al señor Potter, profesor Snape, de modo que... —unos cuantos rubíes subieron a la parte superior del reloj, pero quedó una cantidad considerable en la inferior.
—¿Por qué no le pone puntos por echar a perder mi noviazgo en dos ocasiones? —masculló Astoria en voz muy baja. Aunque no pensaba aquello, estaba demasiado consternada y cabreada en ese momento como para meditar y medir el alcance de sus palabras.
—¿Ha dicho algo, señorita Greengrass? —preguntó seriamente la prorfesora.
—Que parece ser que volvimos a perder —respondió con desdén. Snape y Draco la miraron con reproche, como ofendidos.
—Bueno —sonrió la jefa de la casa de los leones. —Potter, Malfoy, Greengrass, creo que con un día tan espléndido como el de hoy deberían estar los tres a fuera —continuó la profesora McGonagall con decisión. —El lago es un lugar algo romántico, por si les apetece, aunque no creo que Potter quiera ir con ustedes, pero con un cielo despejado como el de hoy no estaría mal dar unas vueltas en escoba.
Harry sonrió y no se hizo rogar; se guardó la varita mágica en el bolsillo interior de la túnica y echó a andar hacia las puertas de roble sin volver a mirar ni a Snape ni a Malfoy ni a Astoria. La menor de las serpientes arrugó la nariz y pateando el suelo despectivamente subió las escaleras de mármol a grandes zancadas, dispuesta a refundirse en la biblioteca.
O-O-O
Pocas horas antes del banquete de despedida Astoria estaba en la sala común mirando sus notas: Había pasado todas sus clases con buenas notas.
—Me reprobaron —se quejó Leo, arrugando el pergamino donde estaban sus calificaciones.
—¿Qué? ¿Pero cómo? —preguntó alarmada Paige.
—Ciencias Muggle —respondió él, sin mucho interés. —Creo que el semestre que viene no la tomaré, igual no la necesito para nada...
—¿Entonces para que la tomabas? —intervino Astoria, enarcando las cejas.
—Curiosidad, morbo, ¡que sé yo!, igual es pura basura —aseguró Dolohov.
—Ya, pues el año que viene no la tomas y ya —le tranquilizó Paige.
—¿Vamos al banquete? —propuso Astoria, guardando el pergamino de sus notas dentro de su túnica.
El grupo de Slytherin de tercer año salió de las mazmorras y se sentaron en un extremo de la mesa de su casa, aun no comenzaba el banquete del todo.
—¿Qué tal? —preguntó Daphne, sonriendo y acercándose a donde su hermana. —¿Como te salieron las calificaciones?
—Mira por ti misma —dijo con autosuficiencia, sacando el pergamino y poniéndoselo enfrente. La rubia lo tomó y con una mueca de orgullo y burla lo examinó, para luego devolvérselo —¿Y?
—No está mal —contestó con una risa, como si fuera insignificante.
—¿No está mal? —preguntó ingenuamente Leo. —¡Sacó un noventa y ocho con Snape! —aclaró con sobresaliente asombro.
—¿Qué? —Daphne le arrebató el pergamino a Astoria y lo examinó de nuevo con la sorpresa reflejada en el rostro. —¿Pero como le hiciste?
—Ya ves —sonrió la pequeña Greengrass y luego le arrebató sus notas a su hermana.
La Greengrass rubia le dedicó un gesto altanero y haciendo ondear su cabellera se alejó a largas zancadas para tomar lugar a un lado de Theo y los demás del grupo de Slytherin con los que se juntaba, aunque Malfoy no estaba presente.
Cole se acercó a ellos y, como de costumbre, se sentó frente a Astoria y sonrió.
—¿Y, ya lo pensaste, verano en Australia? —fue lo primero que dijo, enseñándole lo que parecían ser unos mapas o panfletos, pero Astoria se había quedado pensando en el paradero de su prometido que sin siquiera contestar negativamente se puso de pie y se salió del Gran Comedor.
Lo primero en hacer fue ir a la sala común de Slytherin, pero no lo encontró ahí, luego buscó en los dormitorios y tampoco. Salió a arrastrando los pies y pasó de largo el vestíbulo para subir por los pasillos, no le apetecía estar en el banquete. La verdad no le apetecía nada más que estar en el regazo de Draco, acurrucando y con los sentidos embriagados por su dulce aroma, peor no habían hablando mucho después de lo ocurrido la noche en la que se había descubierto el regreso de Voldemort.
Caminó sin rumbo alguno hasta que pasó aun lado de Luna, quien dando saltitos y canturreando algo sobre un pudin, le dedicó una sonrisa. Al final del pasillo visualizó a Harry y sus miradas esmeraldas se cruzaron. El Gryffindor pareció tentado a alejarse, pero algo dentro de Astoria se adelantó y se puso frente a él.
—Hola, Harry —saludó, sonriendo de lado, aunque más que sonrisa parecía una mueca.
—¿Ah? ¿Ya soy Harry? Antier era Potter —contestó con algo de antipatía, chasqueando la lengua. La verdad no le apetecía para nada hablar con nadie. —¿O solo soy Potter cuando está Malfoy presente, Greengrass? —recriminó el león con un tono de voz cortante. Astoria se encogió un poco, sintiéndose culpable por la forma en la que había tratado a Harry esos días y los sentimientos negativos que había sentido hacía él, pues la verdad al final de cuentas, él no tenía la culpa de lo que había pasado, de hecho era una victima más de las circunstancias y eso solo lo había entendido al enterarse de la muerte de Sirius Black, quien al parecer era el padrino de Harry, o al menos eso le había dicho Cole en la mañana, después de leer El Profeta.
—Lo siento mucho, Harry —se disculpó la Slytherin. —La verdad, estaba molesta, pero pues tú no tienes la culpa de mis desgracias —añadió, desviando la mirada. —Aunque te confesaré que era reconfortante pensar que sí, tú solo hiciste lo correcto y bueno, cada cual es responsable de sus actos, muchas veces la gente toma riesgos innecesarios, sin reparar en las consecuencias terrible que pueden suceder —el castaño pareció estremecerse, seguramente habría recordado a Sirius. Si Sirius no hubiera ido esa noche al departamento de misterios, si no se hubiera arriesgado por él...
—Tienes razón, pero muchas veces hay cosas que están fuera de nuestro alcance —susurró con cierto dolor y pudo sentir como Astoria le tomaba las manos.
—Siento mucho lo de tu padrino —le dijo suavemente, sus ojos reflejaban una sinceridad que simplemente Harry no fue capaz de dudar o pensar que la Slytherin le estuviera tomando el pelo. —Yo no sé qué haría si alguien de mi familia... bueno, no lo llego a imaginar. Creo que prefiero que terminen en Azkaban.
—Supongo, cualquier cosa es mejor —suspiró el chico, soltando las pequeñas manos de la castaña.
—Bueno, Harry —titubeó un poco. —Creo que, aquí nos despedimos —las esmeraldas de Gryffindor voltearon a verla con algo de desconcierto y la Slytherin sonrió encogiéndose de hombros. —Estamos en diferentes barcos y solo te deseo lo mejor, aunque eso pueda implicar que mi barco se hunda —dijo con una sonrisa.
—¿Pero de que hablas, Astoria? —Potter frunció el entrecejo, esperando que ella riera y dijera que era broma. —¿Lo dices de verdad? ¿No es broma?
—Ellos son mi familia, Harry —sentenció la Greengrass con firmeza, muy segura de estar haciendo aquella decisión.
—Tu padre es un auror, no puedes hablar en serio —insistió el Gryffindor, sin dar crédito a las palabras, Astoria estaba dejando claro de qué lado estaba.
—Algún día lo entenderás —fueron las últimas palabras de la castaña, antes de alejarse por el pasillo, aún en busca de Draco. Harry la miró alejarse y aunque no le caía en gracia lo que acaba de escuchar, se dio cuenta que con lo que había hablado tanto con Luna como con Astoria el terrible peso que tenía en el estómago desde la muerte de Sirius se había aligerado un poco.
O-O-O
Al día siguiente, el viaje de vuelta a casa en el expreso de Hogwarts fue muy tranquilo, al menos en el compartimiento de Astoria y sus amigos, pues al bajar del tren, la castaña descubrió que a su prometido, junto a Crabbe y Goyle, lo habían convertido en una babosa. En la estación tardaron diez minutos en volverlos a su apariencia original, aunque sus túnicas habían quedado con residuos muy asquerosos.
—Esto solo nos pasa a nosotros —masculló Draco, que sin ningún recato se sacaba la túnica y la camisa para ponerse una limpia que había sacado del baul.
—Eso no es todo —murmuró Daphne al ver como el elfo-chofer de su familia se aproximaba a ellas con una carta, una carta que le entregó a Malfoy. El rubio la leyó y se puso más pálido de lo que ya estaba. —¿Y bien? —preguntó la rubia, a sabiendas de lo que seguramente decía.
—Verano con ustedes, para mantenerme alejado del escándalo —bufó, pasandoles el pergamino que al parecer había escrito su madre, Narcissa.
—Anda, que se enteren los de El Profeta y ya leo el encabezado: "Hijo de mortífago en casa de un auror" —se burló Daphne con ironía, ganándose un codazo.
—Muy chistosa —le regaño Astoria. —Lo peor de todo es que la pesadilla apenas comienza —murmuró la chica, regresando la carta a Draco y tomándolo del brazo. —Vayámonos —sentenció y tanto su hermana como prometido asistieron sin decir una palabra más, la verdad es que no había mucho que decir. Las dos Greengrass y Malfoy sintieron las miradas de muchos magos y brujas sobre ellos, pero solo apresuraron el paso, suficiente tenían como que los juzgaran más de lo que El Profeta lo hacía. Lo único que deseaban los tres, en esos momentos, era saber como hacerse invisibles para evitar que los vieran y cuchichearan sobre ellos y sus padres.
