Anteriormente...

—¿Qué sabes sobre...? —Preguntó Katarina.

—Me conecto al espíritu de las personas para poder hablarles, —respondió Sona—. Y alguna vez pude hablar con él. Me enteré de muchas cosas sin que las dijera y ahora las acabo de ver en ti también.

—Ok. No vayas por ahí revisando la mente de las personas —dijo y Sona sonrió—. Zoe, Garen se ha escapado.

—¡¿Qué?!

—Está en Demacia.

—¡Ah! —Gritó frustrada—. Lo voy a lanzar del Monte Targón.

En Demacia...

La sala estaba despejada. Solo Sylas y Luxana se encontraban en aquel lugar y la discusión que había iniciado, parecía cada vez aumentar de temperatura. Darius escuchó los gritos mientras buscaban a Lux y a Quinn tras hacer retroceder a los aliados de Sylas. Se acercó lo suficiente y Fiora le detuvo antes de que entrara. Hizo una señal para observar por una rendija y de ahí decidir el momento más oportuno para intervenir.

—¿Yo te uso? ¿Yo te engaño? —Soltó una carcajada fingida y dio un par de pasos, acercándose lo suficiente para que la diferencia de estatura se notara con facilidad—. He venido a apoyarte, pensando que finalmente le daríamos fin a la tiranía y resulta que venías a pedirle al cerdo asqueroso que se case contigo. Eso es más traicionero, Lucecita... hacer eso, tras hacerme creer ayer que me querías.

—Yo nunca dije que te quería. Lo que haya pasado entre nosotros, no tiene nada que ver con Demacia. Yo estoy aquí para ayudar a mí nación, para buscar la paz y la tranquilidad para buscar la forma de que magos y no magos puedan vivir en paz, sin que nadie tema a nadie y nadie se esconda de nadie. Pero es algo que no entenderás jamás.

—¡Tenemos la misma meta! ¡Pero te niegas a verlo! —Gritó.

—¡Eres tú quién no ve la realidad, Sylas! —Lux dió un paso al frente, elevando el rostro, mostrándose tan firme cómo sus palabras—. Tus planes y los míos chocan, porque yo no deseo tomar a Demacia cortando cabezas y asesinando a inocentes y culpables por igual en el camino.

—No deseo dañar a inocentes, pero si se cruzan en el camino a la libertad de Demacia, no puedo evitar que salgan heridos.

—Si podrías hacerlo, pero simplemente no te importa, solo te importa tu venganza y satisfacer tu ego.

—Sabes que juntos, somos imparables —acercó sus dedos a la mejilla de Lux y ella permaneció inmóvil. Darius desde su lugar apretó los puños de sus manos. Una cosa era aceptar que en su vida humana, tal vez deberías dejarla ir con alguien más y otra cosa era verlo con sus propios ojos—. Podemos derrocar al cerdo y hacer de Demacia el lugar que siempre debió ser. ¿Por qué es tan difícil para ti entenderlo, Lucecita?

—No hay lugar para un nosotros Sylas, nunca lo hubo, nunca lo habrá. —golpeó suavemente la mano de Sylas con el dorso de la suya, haciendo que la alejara de su rostro—. Seré clara y escúchame bien, porque lo diré solo una vez. Sigues mí causa y me dejas encargarme a mí de Demacia, para que un día, tras responder por tus crímenes puedas tener una vida normal, o simplemente tendré que ser tu juez y verdugo, aquí y ahora.

—Sabes que no puedes contra mí tú sola, Lucecita, y sabes que no te temo, ¿realmente quieres enfrentarte a mí.

—No deseo enfrentarme a ti, ni a nadie. Deseo lo mejor para Demacia y quitaré del camino a quién tenga que quitar para lograrlo.

—¿Tras decirme eso, aún piensas que somos diferentes?

—No, estoy segura de que lo somos. Tú no miras a quién pisas en tu camino a la cima, y yo, deseo quitar a las personas cómo tu del medio. —Sylas afirmó el rostro, visiblemente enojado—. Toma un decisión, y no, no te daré 3 días. Tienes 3 minutos.

El silencio se apoderó de la sala. Podía notarlo, ella hablaba en serio. Lux no iba a retroceder en sus palabras. Estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para que su voluntad se cumpliera. Era otra bastarda, otra maldita riquilla de las que tanto odiaba. Era una Crownguard, su familia lo había encerrado, y en su encierro lo torturaron y ahora, ella, entre todas las personas venía a decirle que su causa estaba mal.

—Tú... —Sylas volvió a levantar su mano, pero no llegó a tocarla, estaba a escasos milimetros—. Estaba dispuesto a perdonarte a ti, y solo a ti, porque realmente pensé que podrías ser diferente, Lucecita. Anoche pensé que sin importar lo que hubiese hecho tu maldita familia, a tí, a tí podría dejarte permanecer a mí lado, pero eres igual de engreída que ellos. Te crees mejor que los demás, justo como ellos. Si debiste aceptar a Jarvan IV aquella vez, después de todo, eres la misma basura que es él.

—Te odio —respondió ella sintiendo que su corazón se desarmaba en cada palabra—. Yo si llegué a quererte. Llegué a sentirme agradecida de conocerte por muchas razones, pero, ahora mismo, te repudio cómo no podría explicarlo.

—Si me odias, ¿por qué lloras? —Tomó entre sus dedos la lágrima que bajaba por las mejillas de Lux, pero ella no se movió ni un centimetro.

—Ver lo que es realmente una persona, cuando te habías pintado otra imagen en tus mente, duele mucho —respondió—. Acusas a Jarvan IV de ser un cerdo asqueroso que solo desea el poder para él, y, ¿en qué te has convertido tú?

—Vete —dijo en un tono tan bajo que Lux pensaba haber escuchado mal—. Si no te vas, tendré que matarte. Así que me daré la vuelta, contaré hasta 10 y cuando vuelva a mirar, si sigues aquí no podré evitar hacerlo. Pero, en el fondo no quiero, por eso, vete.

—Yo no...

—¡Con un demonio, vete, Luxana! —Gritó—. ¡No quiero matarte! Por más que sé que es lo que debo hacer ahora mismo. Así que desaparece de mí vista.

—Suficiente —Darius sacudió la mano de Fiora que estaba sobre su hombro para entrar.

—Te amo —aquella frase lo detuvo. Darius dió un paso atrás y su rostro se ensombrecio, ante la atenta mirada de Fiora—. Te amo, Sylas.

—¿Y por qué haces ésto? —sujetó a la rubia de los hombros, acercándola a él.

—Podría preguntarte lo mismo —levantó la mirada y Sylas la soltó, llevando las manos de los brazos de Lux a su rostro.

—Ya lo has dicho, buscamos diferentes resultados —se inclinó y besó sus labios—. Uno de los dos tiene que perder. —Susurró sobre sus labios y ella cerró los ojos, respondiendo entre lágrimas aquel beso que sabía sería le último.

—¿Estás bien? —Preguntó Fiora sin obtener respuesta.

—Vamos, hay que buscar a Jarvan IV. —Se levantó y comenzó a avanzar.

—¡Darius! —Se detuvo y se giró hacia Fiora. Mostrando un gesto frío y lleno de notorio desagrado.

—No es asunto suyo, señorita —tomó el hacha y la sacudió, haciendo que su cuerpo tomara la apariencia celestial de la que procedía—. ¿Quieres saber si estoy celoso? Lo estoy, pero, cómo le dije a Jarvan IV en su momento, lo que nos une a Luxana y a mí está por encima de lo terrenal. Está por encima de un beso y cualquier otra cosa. Somos dos partes de una misma existencia y aunque ahora mismo ella decidiera pasar el resto de su humanidad con Sylas, con Jarvan o con quién fuera, en unos años, volveremos a estar juntos. Ella también lo sabe y sé que si fuera al contrario, si Quilleta siguiera con vida, Lux haría lo mismo. Ahora, no se meta dónde no la llaman y busquemos una... ¿Garen? —entrecerró los ojos buscando ver mejor la silueta que corría en su dirección a toda velocidad.

—¿Garen? —Fiora se giró y confirmo que se trataba de quién pensaba—. ¿Qué haces aquí? —Preguntó y el ex capitán de la vanguardia, tras recobrar el aliento al haberse acercado lo suficiente respondió.

—He venido a ayudar a mí hermana.

—No deberías estar aquí. —Darius apoyó una mano en su pecho—. Vete.

—No lo haré. Demacia es mí hogar también. Desde muy joven entrené y luché y juré dar mí vida por mí nación y mí familia y es lo que haré si hace falta. Así que no me pidas que de un paso atrás y miré desde las sombras como mí hermana menor pone en riesgo su vida intentando solucionar problemas que ella no ha creado.

—Yo me encargaré de buscar a Jarvan IV con Garen —dijo Fiora posando una mano sobre el hombro del recién llegado—. Tú, saca a Lux de ahí. Celoso o no, ese hombre no me da buena espina. Y aunque tuviera la mejor de las intenciones, no le permitiré fungir como líder en Demacia, jamás.

—¿Sabes dónde está Jarvan IV? —Preguntó Garen. Fiora negó moviendo su cabeza.

—No sabemos dónde está. Pero mantente alerta. No es el Jarvan que conocíamos, el odio y el poder lo han cegado por completo. ¡Vamos!

Se fueron por el pasillo y Darius se quedó mirando la puerta de la sala en que sabía se encontraba Lux con el convicto demaciano.

—Si que tienes malos gustos... —susurró antes de avanzar en dirección a la puerta—. ¿Se puede? —Preguntó golpeando la madera de la puerta con sus nudillos.

—Me has visto, ¿verdad? —Preguntó Lux sentada de rodillas en el suelo—. Lo siento si te ha hecho sentir mal.

—¿Qué ha ocurrido? —Preguntó mirando el cuerpo inerte de Sylas entre sus brazos.

—Le he engañado. —Sus ojos seguían desprendiendo lágrimas—. Cuando me ha besado, he hecho ésto... —mostró una daga de luz en sus manos y entonces Darius vio la sangre que corría por la espalda de Sylas.

—¿Estás bien?

—No... —confesó—. Lo que dije, era cierto. Llegué a amarle, pero, soy consciente de que no es una buena persona. Al menos ahora, estará mejor. Podrá descansar.

—Ha cometido muchos crímenes, tal vez los Kindred no vengan por él.

—¿Puedes pedirles cómo un favor, que lo lleven a la luz?

—Lo intentaré —tomó el cuerpo de Sylas y lo tendió al costado, liberando el peso de los brazos de Lux—. Hiciste lo correcto.

—Lo sé —se abrazó a Darius y él sonrió.

—Vamos, aún tenemos que encontrar a Jarvan IV.

—Sí... —se levantó, tomando la mano de Darius y dió una última mirada al cuerpo de Sylas a su costado—. Darius... —llamó sujetando su mano—. ¿Te molesta que me duela?

—No. Lo entiendo mejor que nadie —la abrazó, recargando en él, los sentimientos que ella tenía en ese momento—. Hubiese sido peor para ti verlo en una prisión de nuevo, —besó su frente, bajó a su nariz y apostó un suave y rápido beso en sus labios—. Haz hecho lo correcto. Pero, tenemos que seguir. Garen está aquí y está buscando a Jarvan él mismo.

—No... Él no debería estar aquí.

—Hay que darnos prisa —Lux tomó su muñeca, deteniéndolo.

—No será necesario buscar demasiado.

—Jarvan... —susurró Darius viendolo frente a ellos.

—Entonces era cierto. —Traía colgando en su mano una espada manchada de sangre—. Ésta es tu verdadera apariencia, ¿no? —Lux asintió—. No sé cómo puedes creer que un monstruo cómo tú, podría gobernar a Demacia.

—Los monstruos no necesariamente tienen que tener una apariencia desagradable. Deberías saberlo. ¿No alojas a un dragón en Demacia dese hace tiempo?

—¿Qué sabrías tú sobre eso?

—Sé lo suficiente, para ver la hipocresía en tus palabras. ¿Crees que nadie lo ha notado? Hay muchas personas que ven algo raro en Shyvana. Pero, ¿quién podría ser tan estúpido para decir algo sobre la "amiga" del Gran Jarvan IV?

Jarvan esbozó una sonrisa, cargada de superioridad y petulancia, consiguiendo un gesto de desagrado en el rostro de Darius y que el rostro de Lux se arrugara en su frente. Miró la espada en su mano y la extendió al frente, dejando ver la sangre que aún goteaba del hierro y recorría gran parte de la hoja metalica.

—¿De quién crees que sea? —Preguntó.

—Espero, que no sea de quien estoy pensando, a menos que quieras que éste "monstruo" acabe con tu vida ahora mismo.

—Ladras fuerte, Luxana, ni siquiera pareces la niña malcriada que rechazó mi propuesta en el pasado —dio un paso atrás y golpeó con la espada la puerta—. El asunto es, Lux, que debes dejar los juegos de niño cuando creces. Siguen jugando a las escondidas en el palacio, cómo si aún pudieran encontrarme. Pero olvidan, que es mí hogar y lo conozco mejor que nadie.

Shyvana cruzó la puerta de la sala, arrojando al suelo los cuerpos de Garen y Fiora. El primero soltó un quejido de dolor cuando golpeó con fuerza el frio suelo y Fiora, solo mordió sus labios, escupiendo un poco de sangre. Lux permaneció inmutable, aunque temía por la vida de ambos.

—No hagas algo de lo que puedas arrepentirte. —Advirtió.

—¿Crees que me arrepentiré de esto? —Dio un paso al costado, bajo la vigilante mirada de Shyvana y apoyó su pie sobre la cabeza de Garen, apuntando la espada a su cuello—. Escoge Lux. ¿Tú hermano o el trono? ¿Qué tiene más valor para ti?

—Lux... —la voz de Garen alcanzó a salir con dificultad—. No lo escuches. Sabes... sabes lo que tienes que hacer.

—¡Cállate, maldito traidor! —Una patada en el rostro del mayor de los Crownguards le hizo callar—. Decide, Luxana, y no tienes 3 días, tienes 1 minuto.

Los ojos de Garen se cerraron tras el golpe. Fiora solo observaba desde un costado, sin poder hacer o decir nada. Shyvana, mantenía sus brillantes ojos en el rostro de aquellos que le habían presentado en ese instante cómo intrusos y el silencio solo era interrumpido por los crujidos que la armadura de la mitad-dragona emitían cada que ella movía un solo musculo de su cuerpo.

—Entonces, qué harás, Luxana?

Hola, chicos. Soy Nozomi-chan.

Quedan dos capítulos y nos despediremos de Más Allá de las Estrellas... espero lo disfruten hasta el final y si pueden, pasen a darse una vuelta por "Reinos en Guerra". Además, si leyeron el oneshot "Castigo", me alegra comentarles que, lo continuaré, y en solo un par de días, tendrán el 1er capítulo oficial.

Un abrazo.