El Valle de la Luz

Mientras las parejas formadas por Emma y Regina, y la Reina y Clarissa aprovechaban aquel momento tan especial, rodeadas de todas las personas que las amaban y por los valientes guerreros, algo maravilloso y difícil de creer sucedía: una luminosidad límpida y transparente como la luz de la luna comenzó a formarse de la nada en medio de los presentes y a rodear la ciudad entera, sobre todo la zona donde las personas estaban concentradas. Una luz intensa, que transmitía mucha paz y buena energía, y que se notaba que estaba unida a algo muy diferente y hermoso. En varios lugares, diseminados por aquí y por allá, en medio de toda esa luminosidad, comenzaron a surgir puntos brillantes y saltarines, volviendo aún más hermosa esa niebla luminosa. Las personas sonreían al contemplarla, aunque no entendían nada, los bebés Neal y Gideon, en brazos de sus madres, se reían a carcajadas e intentaban atrapar los puntos de luz con sus gorditas manitas, y Rolland gritaba mientras daba vueltas feliz intentando atrapar un punto luminoso que titilaba.

La población y los ejércitos estaban maravillados. Emma Swan sonreía y contemplaba todo aquello aún sin entender lo que significaba, sin embargo, la explicación para todo apareció enseguida.

Emma jadeó y su respiración y ritmo cardíaco se aceleraron al constatar lo que estaba pasando. Se paralizó y quedó quieta en el sitio, su mano apretaba tan fuertemente la de Regina a su lado que la morena pensó que podría perder los dedos. Swan miraba alrededor, con la boca abierta, los ojos desorbitados, el pecho subiendo y bajando, como si hubiera visto a miles de fantasmas.

Y de hecho era exactamente eso lo que Emma estaba viendo…

–Amor, ¿qué ocurre?– preocupada, Regina acarició el brazo de la rubia, pero aun así no obtuvo respuesta. Su prometida continuaba con la misma expresión abobada, mirando de un lado a otro. En ese momento todos los presentes se centraron en la reacción de Emma y fijaron sus miradas en la Salvadora. Era evidente que Emma estaba viendo algo que nadie más era capaz.

Lo que significa toda esa luz era algo de verdad maravilloso y encantador. Poco a poco, en el campo de visión solo de Emma, empezaron a aparecer nada más y nada menos que muchas, miles de altas figuras encapuchadas de negro, con las que Emma ya estaba familiarizada y a quienes conocía muy bien. Los Espectros del Valle Sombrío…Sus guías, sus ayudantes, aun con todo ese comienzo perturbador y misterioso que habían tenido, sus grandes amigos y corresponsables de su victoria en la más temida de sus misiones. E iban apareciendo, un verdadero ejército del mundo espiritual. Y lo que sucedió tras la aparición de los seres sombríos y encapuchados fue lo que más emocionó a Emma y la hizo sonreír en medio de las lágrimas…

Los seres deformados y cubiertos por esa gruesa capa negra fueron rodeados por la intensa luz que allí había, uno a uno. A medida que la luz giraba sutilmente alrededor de sus cuerpos espirituales, empezaba a salir de ellos un intenso brillo, y con eso, las capas negras se iban transformando en ropas blancas, llenas de pureza y luz. Las manos macilentas, hinchadas y verduzcas, resultado de tantos años de sufrimiento en el Valle de las Sombras, ahora se transformaban en manos normales, limpias de cualquier tipo de oscuridad. El frío cortante que solía ser común que Emma sintiera cuando ellos aparecían fuera de las sesiones especiales ya no existía. Entonces, todos, uno a uno, se fueron quitando sus ahora capuchas blancas, y dejándolas caer tras sus cabezas, mientras Emma miraba admirada y emocionada la escena que sucedía delante de sus ojos. Los rostros verdaderos de los Espectros fueron apareciendo…Rostros de las personas que habían sido en vida, y que quedaron ocultos y escondidos bajo esas capuchas negras durante tantos años, deformados hasta el punto de que era imposible mirarlos. Los rostros de aquellos que durante tanto tiempo habían perdido su identidad y su propio ser ahora estaban de regreso en todo su esplendor.

Y todos, exactamente todos, fueron apareciendo, sonriendo emocionados dirigiéndose hacia Emma en señal de extremo agradecimiento. Hombres…Mujeres…Adolescentes…Algunos niños…Ancianos…Jóvenes…Todos ellos con sus historias particulares, un día víctimas del Hada Negra y de sus secuaces, que vieron cómo sus espíritus eran tomados por la angustia y el sufrimiento por querer poner fin a la Era de esa villana, intentando guiar a los salvadores en esa difícil misión. ¡Y la Salvadora Emma Swan había vencido, liberando de la Oscuridad a todo un planeta, así como otorgando la anhelada libertad a todos esos seres que solo querían paz y justicia! La felicidad y la emoción estaban estampadas en el rostro de Emma y también en cada uno de los rostros de los Espectros presentes.

Y eran hermosos. Y todos parecían ángeles, rodeados de tanta luz y ahora de tanta belleza en sus rostros. Y realmente eran ángeles. Y en ellos ya no había señal alguna de sufrimiento o angustia. Solo felicidad, en su estado más puro y sencillo.

Y solo Emma Swan podía verlos. Solo se aparecían a la Salvadora. El resto de personas que allí estaba seguía mirando solo la luminosidad y la cara maravillada de Emma.

Regina, una vez más, cortó el silencio, apretando el brazo de su prometida con algo más de fuerza.

–Emma, ¿qué estás viendo?–preguntó bajito, y finalmente ganó la atención de la rubia que, con la misma sonrisa estampada en su rostro y con lágrimas, se giró hacia ella

–Son ellos, Regina…¡Los Espectros! ¡Están aquí! Ya no son los seres sombríos y encapuchados de negro, sino las personas que realmente eran antes de morir y caer en el precipicio del Valle de las Sombras…¡Son hermosos, todos de blanco! No puedes verlos, ¿verdad?–miró alrededor, y vio cómo toda su familia y los guerreros miraban hacia ella sin entender nada.

Regina apenas movió la cabeza.

–No, amor, no los vemos…Solo tú–la morena le sonrió comprensiva –¿Vas a ir a hablar con ellos?

–No sé, yo…

–¡Emma Swan!–Una voz la llamó, como si adivinase lo que las dos conversaban en tono bajo. Ah, los Espectros, pensó Emma y sonrió. Incluso con su anterior forma, aún usaban sus poderes telepáticos. Emma sabía que era uno de ellos quien la llamaba, y era una voz dulce, melodiosa y femenina. Una mujer. Se giró en dirección a la llamada.

Sabiendo que algo que no podía ver había llamado la atención de Emma, Regina preguntó

–¿Qué pasa?

–¡Uno de ellos me ha llamado!–se giró de nuevo hacia su prometida y le apretó el brazo –¡Voy hasta allá! Por favor, intenta explicarles a los demás de qué se trata.

Regina asintió y comenzó a llamarlos a todos, junto con la Reina y Clarissa, para intentar explicar lo que estaba sucediendo.

–No os preocupéis, mamá, papá…–dijo al pasar por delante de David y Blanca, que aún mostraban preocupación en sus rostros –todo está bien. Son los Espectros–explicó rápidamente antes de girarse hacia la voz que la había llamado, tras ver un alivio en los rostros de sus padres.

La dueña de la voz esperaba en medio de todos los Espectros, bueno, ahora ex Espectros. Era una hermosa joven mujer, que aparentaba tener unos veinte años, cabellos rubios dorados como los rayos del sol, cayendo en cascada, los ojos muy azules, la sonrisa blanca encantadora y…

Extremadamente igual a la princesa Clarissa. Igual no, totalmente idéntica, sin quitar ni poner nada, a no ser los ojos azules, pues los de Clarissa eran negros. Emma se quedó paralizada de nuevo al aproximarse a ella.

–Tú…Tú…–la Salvadora intentó hablar, trabándose.

La joven rió

–Sí, soy yo. Charlize. La hermana gemela de Clarissa.

Claro que lo eran, sin sombra de dudas, pero…

–Tú…¿También tú te convertiste en un Espectro? ¿Caíste en el Valle de las Sombras? –balbuceó Emma.

Emma vio que la joven suspiraba pesadamente, mientras todos los demás espíritus se acercaban y las rodeaban.

–Sí, caí. Cuando fallecí al dar a luz a mis hijas, me cubrí de angustias, sufrimiento y sed de justicia. Así que, sí, Salvadora, caí en el abismo de las Sombras, y me junté a mis hermanos aquí presentes…–miró alrededor –en la lucha contra el Hada Negra con el objetivo de su caída final. Soy una de las más novatas, morí hace poco tiempo, sin embargo muchos están en el Valle de las Sombras desde hace miles de años, desde mucho antes de que Fiona cayera en el sueño profundo. Todos somos proclives a caer en el Valle Sombrío, aún más si no conseguimos dominar las emociones y sentimientos, y fue precisamente eso lo que me ocurrió a mí. Morí frustrada, llena de angustias, tristezas, aflicciones y preocupaciones, no estaba en paz, y sufría mucho. Tuve que aguantar un matrimonio en el que mi marido me era infiel y me equivoqué en esconderlo a todos y guardarlo solo para mí, sufrí aún más al tener que dejar a mis dos bebés y no poder verlas crecer ni criarlas, y guardaba una inmensa preocupación y aflicción por mi hermana. Además del miedo por lo que les pudiera pasar a mis hijas, también temía lo que le pudiera suceder a Clarissa, veía a mi hermana, a mi otra mitad, caer cada vez más en el profundo abismo de las Tinieblas y nada podía hacer para ayudarla, tenía miedo de dejarla sola en el mundo y que nadie cuidara de ella. Todo lo que más quería era que ella saliera de ese pozo en el que había caído y permanecía, y mi temor por ella hizo que me mantuviera en el Valle de las Sombras para poder ayudar en la misión de destruir al Hada Negra. No conseguía sacarme a mi hermana de la cabeza. Fui la última de los Espectros que apareció en tus encuentros, Salvadora. Tus últimos tres encuentros fueron guiados por mí…–sonrió de oreja a oreja.

–Jamás hubiera imaginado…

–No podías saberlo. Todos poseíamos la misma imagen y la misma voz, y algunos de los presentes hoy aquí ya habían sido también tus guías–la princesa señaló a su alrededor, y todos aquellos rostros sonreían a Emma.

–¡Gracias, muchas gracias!–Emma agarró las manos de Charlize, sonriéndoles a todos y sobre todo a ella –¡Pues ahora tú puedes sentirte en paz! ¡La misión fue completada con éxito! ¡El Hada Negra fue derrotada, incluso con gran ayuda de tu hermana!–la sonrisa de Charlize aumentó aún más.

–¡Lo sé! Siempre hemos estado aquí con vosotros, si no en el mismo sitio, veíamos desde el Valle Sombrío. ¡Sin embargo, en esta noche tan importante todo el Valle vino para acá con esperanzas, y rezamos mucho por ti!

–¡Clarissa se redimió! Ella está bien y feliz ahora al lado de la Reina, que también se ha redimido. Se ganó la Última Batalla con amor. ¡Y todo sucedió gracias a todos vosotros!–Emma miró a Charlize y a todos los de alrededor, emocionada y entre lágrimas, al igual que lo estaban todos. Aplaudieron a Emma durante largos segundos.

–¡El trabajo se hizo en equipo! ¡Fuiste fuerte y valiente todo el tiempo, Emma Swan! ¡No te dejaste abatir ni cuando tenías todos los motivos para caer o rendirte! ¡Eres la Salvadora que el mundo necesitaba!–Charlize la abrazó con fuerza y las dos lloraban abrazadas. Al soltarse, Charlize dijo

–Quiero que conozcas a una persona…

Y en cuanto Charlize miró hacia el lado izquierdo, una mujer hermosísima y llevando puestas las mismas ropas blancas apareció.

–Emma Swan, quiero que conozcas a mi madre, la Reina Scarlet.

No podía negar que aquella realmente era la madre de las gemelas, eran tan parecidas y de igual belleza. Alta, rubia, ojos azules como los de Charlize y una maravillosa sonrisa. Era literalmente la versión más envejecida de las dos muchachas.

–¡Es un placer conocer finalmente a la persona que ha traído la salvación tan esperada por todo este pueblo!–la ex reina saludó amablemente a Emma con dos besos en el rostro.

–¡El placer es todo mío! Pero…

–Sé lo que pasa por tu cabeza…–Charlize intervino riendo –Pero no, mi madre no era uno de los Espectros, no era uno de nosotros. Ella no fue víctima directa o indirecta del Hada Negra, y murió mucho antes de que el Hada despertara de su sueño y de que se cumplieran las profecías, y no vivió en su época de dominio. Sin embargo, mi madre era una especie de ángel protector– miró con ternura hacia Scarlet y agarró su mano –Ella era una guardiana del Valle de las Sombras. En realidad existen varios de ellos. Los guardianes del Valle Sombrío tienen la misión de vigilar y proteger a los Espectros y no permitir que se pierdan definitivamente en su sufrimiento para que, en cuanto consigan lo que desean, puedan seguir sus caminos hacia otros planos, y son ellos los que guían y ayudan en esa transición. Mi madre ya está en un plano espiritual más elevado, haciendo otros tipos de trabajos, pero en cuanto supo que yo había caído en el Valle de las sombras, pidió a un superior la misión de convertirse en guardiana del Valle hasta que todo se concretizase y pudiera ayudarme y ayudar a todos.

–¡Eso es realmente muy hermoso!–Emma escuchaba todo encantada.

–¡Hay muchas cosas bellas en otros planos tras la muerte, Salvadora!–dijo dulcemente Scarlet –Siempre hay una manera de contar unos con otros, de forma directa o indirecta. Y siempre puede haber segundas oportunidades. Y hablando de segundas oportunidades…– miró a Charlize sonriendo con complicidad –Tenemos una segunda oportunidad que darle a una persona. Una persona muy especial para nosotras dos, a la que amamos mucho y amaremos eternamente.

Emma sabía perfectamente de quién estaban hablando. Y sonrió de oreja a oreja.

–Clarissa–señaló

–Exactamente–Scarlet sonrió emocionada, rodeada de luz –Emma…¿Podrías decirle a mi hija que venga hasta aquí? Charlize y yo necesitamos hablar con ella.

–¿Pero cómo? Si solo yo puede veros.

–¡No te preocupes!–intervino Charlize –Los Espectros y ex Espectros solo suelen aparecerse ante los Salvadores a los que guían, sin embargo podemos hacer excepciones. Mi madre y yo vamos a materializarnos para que Clarissa nos vea, solo nosotras dos y…Algunas otras personas aquí presentes pues será necesario e importante que ella las vea.

–¡Claro!–Emma sonrió y asintió. No hizo más preguntas porque creía que aquello era un asunto particular de familia –Voy a llamarla, la traigo hasta aquí y os daré privacidad. Mientras, yo converso con varios de nuestros amigos aquí presentes. Quiero conocer algo más de vosotros antes de que os vayáis–miró sonriente a todos lados.

Scarlet y Charlize asintieron y sonrieron en agradecimiento. Y Emma partió en busca de Clarissa que estaba en medio de la gente a lo lejos, junto con su familia y amigos.

Regina había conversado con algunos grupos y ahora todos ya estaban charlando, riendo y celebrando de nuevo, como estaban antes de la aparición de los Espectros.

–Clarissa…–Emma tocó levemente el hombro de la más joven, que se giró hacia ella, extrañada –Tienes que venir conmigo.

–¿Yo? Pero…¿Por qué?–al ver que la muchacha estaba un poco asustada, trató de tranquilizarla.

–No te preocupes, alguien quiere verte. Y creo que te va a gustar…

Emma le guiñó un ojo a Regina que allí estaba, ganando una sonrisa de la morena. También le sonrió a Belle, a sus padres y a Gold.

–Mi niña, ¿quieres que te acompañe?–la Reina Regina entrelazó sus dedos a los de la más joven, preocupada.

–¡No, Majestad! No es necesario, pero gracias–le acarició el rostro con su mano y le sonrió, le dio un beso en la mejilla al que la reina correspondió.

Dejando al grupo charlando tras ella, Clarissa echó a andar al lado de Emma hasta el sitio donde los espíritus invisibles se encontraban. La princesa estaba nerviosa.

–Emma, ¿qué…?

–Calma, ya estamos llegando–sonrió

Emma llegó al sitio colmado de espíritus, cerca de donde estaban Scarlet y Charlize lado a lado. Las dos lloraban mucho al ver a Clarissa allí, parada junto a Emma, y tan cerca de ellas. La muchacha no podía verlas.

–Mi niñita…–sollozaba Scarlet.

–Gordita…– sollozaba Charlize también, pronunciado de forma tan cariñosa el apelativo que siempre le había dado a su gemela.

De momento, Clarissa solo veía la gran luminosidad que aún rodeaba a toda la ciudad.

–Emma, ¿por qué me has traído aquí? No entiendo nada…

–Enseguida entenderás…–Emma guiñó un ojo a Scarlet, pero, para Clarissa, Emma estaba guiñando al aire –Os daré privacidad…

Y Swan echó a andar hacia los otros Espectros para saludarlos, dejando a Clarissa sola, allí parada, sin entender lo que la otra rubia estaba haciendo. Parecía que Emma se había vuelto loca, hablando sola mientras echaba a andar por su izquierda.

–¡Emma ¡ ¡Emma! ¿Pero qué diablos está pasando? ¿Dar privacidad a quién? ¡Solo estamos tú y yo aquí!–gritaba la princesa mientras Emma se alejaba. Colocó las manos en la cintura y suspiró –Me lo tengo merecido…

Y entonces Clarissa lo sintió, y también lo vio, una claridad aún mayor de la que ya dominaba la ciudad se formó tras ella. Era una luz mucho más intensa y brillante que traía junto con ella una suave y cálida brisa que rodeaba su cuerpo. Sintió un ligero estremecimiento y cerró y abrió rápidamente los ojos, antes de girarse hacia aquel rayo de luz.

–¿Clarissa?

La voz la llamó de forma tan suave, dulce y llorosa que Clarissa sintió como si entrara en su alma y erizara cada célula de su corazón. No podía ser…

Al darse lentamente la vuelta y ya temblando de la cabeza a los pues, se encontró de frente con su hermana gemela, Charlize, al lado de su madre Scarlet, ambas con unas sonrisas tan grandes y emocionadas en sus bocas que fácilmente podían rasgarse. Las dos mujeres llevaban largos vestidos blancos, los pies descalzos, y estaban rodeadas de aquella luz intensa y brillante que Clarissa había visto y sentido pocos segundos atrás. Estaban hermosas. Perfectas como ángeles. Perfectas en sus aspectos originales, exactamente como Clarissa las recordaba, en cada mínimo detalle. Se habían materializado par que la joven princesa pudiera verlas en aquel momento.

La emoción fue demasiado intensa y fuerte. Clarissa clavó su mirada en los ojos aguados de su hermana gemela y de su madre. Y cayó a sus pies. De rodillas, llorando compulsivamente, aún intentando asimilar la emoción por verlas allí, quizás por última vez en la Tierra. No tenía duda alguna de que eran sus espíritus. Siempre creyó en la vida después de la muerte. Y en aquel instante la joven princesa agradecía en silencio la oportunidad de poder verlas una vez más. Mientras Clarissa lloraba intensamente cubriéndose el rostro con las manos, su madre y su hermana se acercaron aún más y acariciaron sus cabellos, dándole todo el amor que sentían por ella, amor que era infinito. Scarlet y Charlize también estaban llorando, y Clarissa, tras un buen rato recibiendo aquellas caricias en su cabeza, abrazó fuertemente las piernas de ambas mujeres.

Charlize y Scarlet ayudaron, con cuidado, a Clarissa a levantarse. Sus piernas temblaban y sus pequeñas y delicadas manos estaban frías como hielo. Su cuerpo aún temblaba debido al llanto.

Y vino el abrazo colectivo. Mientras conversaba a lo lejos con algunos espíritus, Emma observó con una sonrisa emocionada la hermosa escena que allí sucedía: Clarissa, en el medio, siendo abrazada al mismo tiempo por la madre y por su hermana, las tres dejando fluir a través de sus ojos las intensas emociones y el amor, las palabras que no necesitaban ser dichas, pero que allí estaban guardadas en el fondo del alma, y que las tres sabían cuáles eran.

Al soltarse, las tres se miraban, riendo, y Scarlet acarició el rostro de Clarissa, dándole un beso cariñoso en la cabeza.

–¡Mi pequeña! ¡No sabes cómo te echo de menos todos los días! ¡Cuánto te amo a ti y a tu hermana!–decía la madre, dominada por la emoción.

–¡Mamá, en mi corazón no existe dolor más profundo como el dolor por la falta que me haces!–y se lanzó a los brazos de la madre, con la cabeza apoyada en su pecho, mientras una vez más recibía las profundas caricias maternas.

–¡No quería marcharme! ¡Pero ahora estoy aquí, mi pequeña! ¡Y vamos a aprovechar este tiempo juntas!–le besó la parte alta de la cabeza.

–¡Hermana!–Charlize se acercó despacio, sonriendo entre las lágrimas –¡No sabes lo feliz que estoy! ¡Sabía que librarías tu corazón de la oscuridad! ¡Siempre lo supe!

Esta vez Clarissa se tiró a los brazos receptivos de su hermana y lloró aún más.

–¡Charlize! ¡Sí, me he liberado, pero todo tiene un precio y sufro las consecuencias de mis actos! ¡Y una de esas graves consecuencias fue tu muerte! ¡Te echo tanto de menos, hermana mía! ¡Te marchaste, y lo hiciste llevándote un pedazo muy grande de mi alma! ¡No consigo sentirme completa sin ti!–sollozaba mientras Charlize le acariciaba los cabellos.

–¡Yo me siento igual! ¡No estoy entera sin ti, y nunca lo estaré! ¡Cosa de gemelos! ¡Y te echo tanto de menos, Clarissa, todos los días! ¡Tanto que de lo mucho que quería protegerte me llené de angustias y me convertí en un Espectro para hacer justicia y ayudarte a superar todo por lo que venías luchando! ¡Y tú no tuviste la culpa de mi muerte!¡Escucha!–agarró su rostro para que la mirara –Tuve un buen embarazo. Estuve bien cuidada. ¡Observa cómo, incluso sin saberlo en ese momento, escondías un buen corazón! Solo me diste tareas ligeras de costura en el palacio, para que no me viera sobrecargada en mi condición. Lo que sucedió es que realmente tenía un problema cardíaco que desconocía, y eso causó complicaciones en el parto y me condujo a la muerte. Era una fisura en las arterias. Mamá vino a contármelo en una de sus visitas al Valle de las Sombras, donde yo me encontraba–Clarissa miró desolada y apesadumbrada a su hermana –Así que, quiero que sepas, hoy y siempre que tú no fuiste la culpable de mi muerte. El parto complicó un defecto cardíaco que ni siquiera sabía que tenía, y todo se agravó culminando en mi fallecimiento. ¡Tú no tienes la culpa!

Ante esa frase, Clarissa suspiró pesadamente y miró a la hermana y a la madre con una tristeza tan profunda en su mirada que era capaz de partir el corazón de cualquiera. Se notaba claramente que la muchacha estaba afligida y sufría mucho por algo.

–De tu muerte puede ser que no tuviera la culpa, hermana…Pero por el contrario…De otras muertes…–la princesa no pudo continuar. De nuevo comenzó a llorar y se desahogó como nunca antes. De nuevo su cuerpo se veía sacudido por los sollozos.

Scarlet y Charlize la miraron con comprensión. Le dieron un tiempo para que echara fuera todo aquel dolor y angustia que venía asolándola por tanto tiempo, después Scarlet la miró profundamente a los ojos y le dijo, con cuidado y calma a su hija

–Hija…Sabemos perfectamente a lo que te refieres. La causa de tanto dolor y agonía que guardas dentro de ti…–la madre colocó la mano delicadamente sobre el pecho de Clarissa, al lado del corazón –Conocemos uno de los principales motivos del dolor que te asola todas las noches, y que muchas veces no te deja dormir debido a los remordimientos y al arrepentimiento.

–¿De verdad…?– Clarissa intentaba balbucear bajito, enjugándose las lágrimas.

–¡Sí, Gordita, lo sabemos!–intervino Charlize –Y ese es uno de los motivos de que mamá y yo estemos aquí, materializándonos ante ti. Y no solo nosotras dos…sino también, ellas.

Clarissa pensó que en cualquier momento se iba a desmayar. Su sangre se congeló en sus venas y los latidos de su corazón superarían el ritmo acelerado de cualquier otra cosa que ya viera en su vida. Inspiró profundamente, agarrándose a la madre, y casi cayó al suelo debido al temblor de sus piernas al mirar hacia donde su hermana señalaba.

Hacia ella, caminando lentamente, venían veintisiete jóvenes muchachas, adolescentes. Sin sombra de duda, los espíritus de las veintisiete muchachas que Clarissa había asesinado de forma brutal, arrancándoles los corazones aquel día en la pequeña aldea cerca de palacio, cuando llena de ira y odio hacia Fiona, había encontrado a las muchachas parecidas al Hada. Las veintisiete jóvenes que, desde aquel fatídico día, no habían abandonado sus pesadillas nocturnas colmadas de remordimiento.