Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?


A dónde fuimos nosotros

Ler había esperado aquel momento desde que los brazaletes en sus muñecas le fueron retirados, desde que fue declarada como una persona inocente y libre para poner sus pies fuera de la Isla Judicial, sin ningún guardia, sin ningún custodio cuidandole las espaldas; sin ninguna acusación esperando por limitarle sus movimientos. Aún así, Sabo se encontraba a su lado, había envuelto su mano enguantada en la de ella, entrelazando sus dedos para que esta no se soltase, porque seguía considerándola seria y hasta arisca, pero ella no hizo amago alguno por alejarse, por el contrario, la mano que le sostenía el rubio recibió un apretón.

Monkey D. Garp les seguía de cerca también. Llevaba unas cuantas cosas, pertenencias que Ler había traído consigo y le acompañaron en su detención, así como algunos obsequios que las personas que fueron a apoyarla en el juicio -por ser civiles, o simplemente, no criminales- le regalaron como una celebración por el resultado, y despedida.

Se dirigían a un buque de la Nueva Marina, que la escoltaria hasta la isla más cercana, donde ella podría tomar el rumbo que quisiese, aunque este ya estuviese más que planeado.

Llegaron hasta el muelle, donde un pequeño puente de madera plegable se encontraba extendido esperando a que ella subiese. Solo el ex-evolucionario le acompañaría debido a las obligaciones de los demás, pero tendría que volver después ya que solo era un favor que le fue concedido por qué se trataba de su hermana y porque Dragón había insistido en el consejo... Además de insistir con otras cosas también.

Algunos de sus amigos la esperaban allí, personas que le apoyaron por su amistad, por simpatía o porque le debían algo a Luffy o a ella, pero que habían contribuido grandemente en el otorgamiento de su indulto. Así, al llegar a la altura de ellos, se inclinó en una reverencia profunda y honesta, llena de agradecimiento.

- No, no - la levantó Viola, acercándose a tomarla del brazo apresuradamente- no tienes que agradecernos, te lo debíamos. Y a Mugiwara.

Vivi se acercó después, del brazo de Koza, su esposo. Le brindó una sonrisa y le guiñó el ojo. - Sabíamos que lo lograrias, y que si no lo hacías, Luffy se las arreglaría de algún modo.

Mencionarlo sin cuidado habría atraído la atención de muchas personas de forma inadecuada, además de generar problemas para la Reina de Arabasta, pero no había nadie allí en quién pudiese desconfiar o que pudiese reprocharle algo.

Una gota de agua gigante casi le cae encima, pero logró apartarse. Más no así, su abuelo, quién ni siquiera se inmutó mientras dejaba la carga en el suelo y miraba a Shirahoshi llorar, con pesadez.

- Pensé que ya no eras una llorona- la reprendió Ler, levantando su cabeza. La sirena tenía los ojos brillantes y la nariz roja. La miraba de tal forma que a Ler le adormecio los sentidos y le doblegó el corazón, haciéndola suspirar. Siempre sentiría esa necesidad de proteger a Shirshoshi- no llores, Princesa. Estaré bien.

- Lo sé...- sollozo ella, llevándose sus manos al rostro, obligando a los demás a apartarse para no ser golpeados- pero es que estoy muy feliz por usted. Ler-san- Ella sonrió y la sirena, como pudo, le sonrió también.- no se preocupe, dejaré de llorar para cuando volvamos a vernos, porque volveremos a vernos, ¿Verdad?

Ler no podía ir contra los 800 años en donde arrastró su deber. Después de todo, su existencia estaba ineludiblemente ligada al dios de los océanos.

- Nos volveremos a ver- le prometió. La princesa asintió y volvió a llorar. Ella suspiró.

Deslizó su vista por el lugar y se despidió con un gesto de cabeza de todos los presentes, que le devolvían con ánimo la despedida. Caminó al lado de Sabo hasta poner un pie en el puente, pero se detuvo cuando sintió otra presencia tras de ella. Se giró, deshaciendo el agarre de manos y observo como parte de la Marina la miraba atentamente.

- Muy tarde para revocar mi libertad, ¿No?- pronunció con humor, porque de otra manera, se habría echado a llorar.

Kuzan fue quien atrajo su atención, luciendo tan similar como al día en el que la recibió por primera vez, aún siendo una niña, como aprendiz. El ahora Almirante de Flota le miraba dejando entrever que en realidad, pese a su pereza y desinterés general, se sentía orgulloso de ella, de verla llegar con vida hasta allí.

- No lo suficiente. No cometas ningún crimen hasta que estes lejos, mocosa- le advirtió el hombre de hielo, mucho más helado y simple que ella. Ler alzó la barbilla, dispuesta a darse la vuelta aún cuando el resto de Marines no había hecho nada más que verle sin decir nada. Aokiji interrumpió su partida, con una indicación: - Atención...- llamó a todos los que se encontraban a los lados de el- saluden.

Ler abrió los ojos, estupefacta. Se mordió los labios para no echarse a llorar y recuperó la mano de Sabo. Desde Tashigi, hasta Hina, a la izquierda de Kuzan, alinearon sus cuerpos, y sin vergüenza alguna, tan auténticos como el, la saludaban como se saludaba a un Marine. A la derecha, Cobby y Helmeppo lo hacían también, mucho más torpes, pero igual de sinceros y expresivos, sin rastros de que se tratase de una orden, si no, de una muestra de respeto a quien un día fue su compañera también.

Ella recordó el día de su expulsión y las lágrimas que tuvo que esconder cuando peleaba con quiénes fuesen sus alumnos, a quienes enseñó todo lo que sabía y tuvieron que usar contra ella cuando tomaron bandos opuestos; cuando tuvo que pelear con sus compañeros, quienes aprendieron junto a ella, que un día la subestimaron, con quiénes tuvo problemas y aventuras también, pero que tuvieron que darle la espalda debido a sus posiciones; cuando quienes le enseñaron todo, como las habilidades que le habían permitido llegar hasta allí, la pusieron a prueba ante la muerte, porque ella así lo había decidido.

Una lagrima solitaria y emotiva se deslizó por su mejilla. Fue la única en escaparse antes de que con su mano libre, la limpiase rápidamente, observando como todos permanecían con la misma postura que se ejecuta al final del saludo.

Ellos no la habían olvidado. Ellos sabían que nunca quiso irse, que aún como pirata, conservaba el corazón de una marine que nunca podría volver a serlo. No pudo evitar corresponder el saludo de forma efusiva, golpeando sus pies y sintiendo como estos eran totalmente diferentes sin el peso de sus botas.

Garp sonrió viéndola, cruzado de brazos y con la mirada llena de dicha y melancolía. Ler era la única que siguió el camino que el siempre quiso, aunque no por voluntad propia, pero la mantuvo con vida, y el no podía estar más que agradecido con ella por resistir, y con los hombres que la saludaban por ayudarle a hacerlo.

Entonces, otra voz inesperada habló más allá del pequeño cuadro.

Sentado en unos barriles, con su uniforme de la Marina también, el ex- Almirante de Flota la miraba.

- No te molestes en saludarme a mi, sé que no lo merezco después de todo- dijo ganándose la atención de todas las personas en el muelle, incluyendo Ler, que le presionó con la mirada que el destestaba hasta sacarle un suspiro de desgana y resignación- se lo debía a Mugiwara, y supongo que también a ti, así que he saldado mi deuda- miró a los marines y luego, por última vez, a Ler. Sonrió cuando notó el brillo humano y lleno de calidez, de vulnerabilidad y humanidad que solía tener Corazón, y reflexionó que quizá si había tomado una buena decisión ese día.

Aquellas últimas palabras marcaron su partida, pues les dio la espalda y desapareció tan tranquilamente como había aparecido. Él tenía razón, Ler no podía agradecerle por lo que hizo en el juicio cuando en gran medida, lo que la llevó a el fueron sus órdenes, pero de alguna forma, en aquel lugar, no solo ella había alcanzado su redención.

Cuando Ler y los demás hubieron recobrado la compostura, ella miró hacia arriba, mientras su abuelo y hermano -y la novia de su hermano- subían sus cosas. Caminó todo el recorrido del pequeño puente de madera y desde lo alto, alzó sus brazos eufóricamente en una nueva despedida, en un estilo más de su hermano que el de ella, pero que no pudo contener al encontrarse nuevamente en un barco. En el mar.

Sabo le apretó el hombro, indicándole que era momento de zarpar. Hizo un gesto aputando tras las espaldas de ella, obligándole a girarse y darse cuenta que realmente había una sorpresa allí, una que había esperado ver, aunque nunca lo admitiese, por casi tres años.

Sus labios se curvaron hacia arriba, y aunque temblorosos, era evidente que formaban una sonrisa débil y humana, emitiendo a través de ellos un sollozo que no pudo disimular. Los ojos que ya no poseían maldad, brillaron bajo la luz del sol en el mar, en aquel barco que ya había empezado a moverse; húmedos como el agua, como las lágrimas que libremente se le deslizaban por las mejillas. Porque de todos los lugares, de todas las personas que despidió antes, aquel le parecía el entorno más íntimo, con los sujetos más confiables para vulnerarse en su totalidad.

Porque seguía siendo una desconfiada que confiaba únicamente en ella, y ellos tenía cada gota de su ser más sincero, en sus facetas más expuestas, en la Marina, con Ace y con Luffy, rota como una muñeca que murió dos veces sin morir.

Un hombre rubio, alto y de porte noble como el de Sabo, dió un paso hacia ella y habló, con una sonrisa.

- Se que no quería volver a vernos, Ler-san... Pero todos teníamos muchas ganas de verla a usted.


Ler se despidió de sus antiguos subordinados con una sonrisa.

En la reasignación de la Marina, la mayoría fue a la Isla Judicial porque querían asegurarse de que hubiese un trato justo para todos los juzgados que participaron en la guerra, sin importar el bando que tuviesen. Sospechó que en gran parte se debió a ella, y como la joven egoísta e infantil que solía ser con ellos, lo aceptó y se burló abiertamente. Aceptó también que lloró viendoles con sus nuevos uniformes y rangos que le igualaban o superaban.

- Cuidese, y por favor, sea felíz- pidió Seo, deshaciendo el abrazo que le había dado, así como el que había recibido todo el pelotón. Asintió lentamente, echándoles un último vistazo antes de retroceder, tomar aire y comenzar a caminar con Sabo al lado, quién tendría que volver después cuando ella abordase con Luffy.

Sin embargo, a unos cuantos pasos se detuvo. Giró su cuerpo y miró al rubio, al joven a quien le hizo la vida imposible cuando estuvo bajo su tutela, a quien le quitó su hogar pero protegió el de ella cuando ella no pudo hacerlo.

- Lo que Ace te dijo...El tenía razón- pronunció con naturalidad, aunque se notaba el esfuerzo que le estaba poniendo a sus palabras simples. Las cejas de Cayu se alzaron con confusión, tratando de entender a lo que se refería.- Muchachos, siempre sigan lo que crean que es correcto aunque su superior diga que no lo es...A menos que su superior, por capricho del universo, fuese yo otra vez- Cuando el lo comprendió, siendo visible en la sorpresa y emoción de su rostro, ella ya se había dado vuelta, despidiéndose solo con su mano y diciendo - no te metas más en problemas, Príncipe Cayu.


Ella pretendía echar a correr como niña hacia el, sin importarle que finalmente, respecto a su edad, ya no lo fuese. Su corazón latía expectante con cada paso, emocionado por volver con quién reconocía como su otra parte, a quien entrelazaba su sintonía, y con quiénes le hacían sentir como si su viaje a penas hubiese empezado cada vez que les volvía a ver.

El Sunny era su hogar de bolsillo y ella solo quería volver a ver su brillo otra vez, a sentir el olor de la madera entrando por sus fosas nasales, escuchar la risa y canto de sus nakamas, percibir sus cuerpos en las peleas o bailes, de abrazarles y sonreírles una vez más, incluso si segundos después colapsaren sus nervios.

Pero ni siquiera pudo acercarse, cuando el cuerpo de goma del Rey de los Piratas se envolvió con el suyo y la derribó sobre la arena en un abrazo caprichoso, lleno de necesidad y sentimiento que ella no pudo negar.

Algunas cosas realmente nunca cambiarían.

Ninguna emoción era equiparable a tenerle de cerca, en sus brazos otra huérfana, hija del mar, viendo su reflejo en el huérfano, hijo del cielo que se aferraba a ella como si hubiese soportado todo este tiempo con la idea de volverle a ver.

Su alma vagabunda, encontrándose con su alma gemela.

- Ni aunque llores, porque no soporto verte llorar...- comenzó sobre Ler, permitiéndole que su propio llanto cayese en el de ella, sin vergüenza, lleno de anhelo, capricho y felicidad genuina- vas a volver a alejarte de mí.

- Nunca- respondió ella, levantando su brazo lentamente debido al amarre a lo largo de su cuerpo con el cuerpo de el, que la estaba asfixiando sin darse cuenta, para tocarle el rostro, limpiandole las lágrimas que le hacían ver como un niño otra vez.

Ler adoraba a Luffy, y Luffy adoraría hasta la muerte a Ler y más allá de ella estaba seguro que lo haría también, como siguió amando a Sabo, como seguía amando a Ace.

Y es que con las sonrisas que ambos se daban, nada más existía a su alredor. Volvían a ser solo ellos dos en su primera pelea, en sus noches de pesadillas, sentados en la misma mesa de un bar, perdidos en un bosque tomados de la mano, tirados en el suelo de una cabaña solitaria, comiendo en la choza de bandidos del mismo plato, eran otra vez los dos que nunca querrían ser sin el otro, otra vez.

Luffy comprendió que debía soltarla cuando la vió tratar de respirar con dificultad por la boca, poniendose pálida. Y aunque consideró que era una exageración de su parte, decidió que la tendría a su lado siempre, y que ese tiempo era suficiente para reclamarle con su presencia insistente y egoísta , cuanto la había extrañado y tenido miedo de perderla.

Se retiró lentamente de ella sonriendo, luego se fijó en la presencia de Sabo, quién aunque fingia estar molesto porque lo ignorasen aguantaba la risa porque el menor casi mataba a la recién llegada Ler. El no excluía a nadie y había extrañado demasiado al rubio también, por lo que estiró su brazo y lo atrajo hacia el, golpeando los tres cuerpos y soltando una carcajada.

Era inmensamente feliz porque los tenía a ellos allí, y dentro de su corazón, estaba también Ace.


- Luffy quítate- le pidió nada amablemente Nami, pegándose a Ler también.

La navegante, al igual que el resto de Mugiwaras tenía los ojos cristalizados y las mejillas rojas por la euforia de ver a la morena asomándose por el barco tras ver a su Capitán saltar fuera de él casi endemoniado.

Todos corrieron y bajaron, impiendole realizar la tarea de abordar a la ex-marine, que se quebró en risas y un suave llanto al sentir la calidez que extrañaba de ellos al mostrarse tan auténticos y efusivos con ella. Luffy no debía ser participe del abrazo colectivo, pero estaba allí tambien, aferrado a su espalda como una garrapata, obstruyendole a los demás el paso.

Y parecía como si en verdad creyesen en algún momento que ella perdería la cabeza, porque la abrazaron con tal fuerza y anhelo, que parecían tener aún la idea de que en cualquier momento desaparecería otra vez y lo haría para siempre.

Tuvo que aguantar la respiración, permitiendo que fueran cediendo poco a poco, alejándose para dejarle respirar. Allí pudo notar como ni el espadachín, ni el cocinero -para su sorpresa- estaban en aquella bola que el resto de la tripulación había formado. Supo entonces que no querían ofuscarla aún más, por lo que se mantuvieron a una distancia prudente.

Los últimos en alejarse fueron Chopper y Luffy, que bajaron lentamente de su cuerpo para que tuviese espacio, entonces, en un gesto que sorprendió a todos, Zoro dió unos cuantos pasos adelante con firmeza, y tomándole del brazo, la jaló para rodearla con los suyos.

El shock de la tripulación no se comparó al de Ler cuando su rostro se dió contra el pecho del peliverde, ante los alaridos de sorpresa de todos a su alrededor.

Alaridos que se convirtieron en gritos de confusión y maldiciones, hasta casi tocar el cielo. Porque si bien el espadachín estimaba profundamente a Ler, demostrándolo en más de una ocasión, no era nada cariñoso ni expresivo como en aquel momento, pero lo que explotó la cabeza de todos fue que este extendiese su brazo y tomase de la corbata del traje al cocinero que fumaba ansioso por tomar a la dama de su tripulación que no veía hace tanto, y lo atrajese al abrazo. Pese a la duda, que duró apenas un segundo, el rubio la había rodeado también, separándose momentos después de que el espadachín lo hiciese.

Viendo a Sabo, que le indicaba que debía volver a la realidad, tragó saliva y se aclaró la garganta, apretando sus manos heladas, pero húmedas debido al sudor que le provocó el nerviosismo.

- ¿Volverás a dejarnos, Ler-chin?- preguntó la Mink inocentemente. Todas las cabezas giraron en dirección a Carrot y de nuevo a Ler, llenas de pánico y acusación. Ella se apresuró a levantar las manos en señal de paz y rendimiento.

- No, no...Es solo que...- el aire que había retenido se escapó, por lo que tuvo que serenarse para no atorarse mientras hablaba- yo...Quiero pedir perdón. Primero a ti, Luffy, como Capitán, por haber abandonado mi puesto de la forma en que lo hice y haber actuado como actúe...- el abrió la boca dispuesto a rebartirle sus argumentos e iniciar una absurda discusión, pero Ler se adelantó , continuando- y luego a ustedes- se dirigió al resto de la tripulación, que guardo silencio escuchándola. Ella se sintió incluso más aniosa que cuando se encontraba frente a miles de personas en el juicio, porque aquellas personas eran quienes realmente le importaban- por haberles dejado y haberlo hecho de la forma en que lo hice. Se que solo querían ayudarme y que mis acciones parecían no tener sentido, y creo que aún lucen así...Pero...- la voz se le quebró mientras hablaba, y otra vez, por quién sabe que ocasión en el día, se echó a llorar. Los brazos cruzados de Franky cayeron a sus lados, y dió un paso dispuesto a ir por ella, pero Robin le detuvo. Sabía que Ler necesitaba decirlo todo- estoy inmensamente agradecida porque aún cuando les pedí espacio, me lo dieron sin dejarme ...Yo realmente nunca estuve sola allí - apuntó hacia algún lugar tras de ella- ustedes hicieron todo de tal manera en que yo nunca podría haber imaginado o hecho por mí misma. Realmente son la tripulación del Rey. Y si aún soy bien recibida, quiero pedirles mi libreta para volver a ser su práctico y acompañarles en su aventura hasta el final.

Ella ya no era la única que lloraba, el resto, aunque unos más silenciosos que otros, lo hacían también. Recordaban sus propios momentos, sus despedidas y posterior recuperación. Recordaban cuando hicieron lo mismo por ellos o por otro nakama, cuando decidieron morir juntos en la guerra, pero sobrevivieron. Recordaron, aún con más claridad vivida, el porque recorrieron nuevamente el mundo para ayudar a Ler.

Luffy, como Capitán, fue quien camino hasta ella, mirándola con seriedad. Su rostro evidenciando que había escuchado y comprendido cada una de sus palabras. A Ler le robó el aliento, porque no se veía como su hermano, si no como el Rey que había guiado tan lejos a su tripulación, y ahora la observaba a detalle. Unos segundos sin ningún otro movimiento o sonido, que le parecieron una eternidad a Ler, se rompieron con las manos de el dirigiéndose a su espalda, tras la capa roja que a penas notaba ella que tenía puesta.

- No vas a acompañarnos en nuestra aventura, Ler - dijo mientras sacaba su mano y extendía el brazo hacia ella, quién bajó la vista, temblorosa, observando la libreta que lucía exactamente igual a como la dejó- vas a vivirla con nosotros. Bienvenida otra vez...FRANKY- gritó como si el Cyborg se encontrase demasiado lejos, causándole un sobresalto a la joven, quién se mantenía temblorosa y en vuelta en llanto frente a él, a penas tomando la libreta en sus manos- prepara el Coup The Burst.

El hombre no tuvo que escuchar dos veces la orden, corrió hacia arriba, con una sonrisa enmarcada en el rostro, similar a la que tenían el resto de sus nakamas, quienes se apresuraron a moverse por el barco, aferrándose en distintas partes de el para el salto.

- ¡Ler ha vuelto!- gritaban alegremente, viendo como la joven era abrazada por su hermano, al encontrarse en un estado de shock.

-3...

Sabo fue atraído hacia ellos también, nuevamente. El rubio les sonrió, envolviendolos a ambos protectoramente como un hermano mayor. Movió sus manos sobre sus cabezas, cariñosamente y dijo:

-Bueno, creo que todo está bien aquí. Iré saliendo.

- ¿Saliendo?- preguntó Luffy, mirándolo confundido. Y receloso.

-2...

- Si, Lu. Tengo que volver al trabajo- informó resignado, despegandose un poco para verle, con una mirada llena de culpa en su rostro. El menor chasqueo la lengua e hizo un gesto que se asemejaba a cuando actuaba de forma egoísta.

Ler por otro lado, abrió los ojos y la boca, dispuesta a explicarle a gritos apresuradamente.

- 1...

- ¿Porque...AHHHHHHHHHH


- ¿Tienes miedo?

Ler parpadeó repetidamente unos segundos, confundida. El resto de su cuerpo tardó en reaccionar también ante la presencia de su hermano menor, que la miraba con atención, analizando la reacción que está tenía ante su pregunta. Ella abrió la boca, sin embargo, ningún sonido salió de ella por un largo rato en el que él no insistió, solo se mantuvo a su lado hasta que ella se volteó completamente hacia el y lo miró.

- Creo que nunca podré volver a mentirte- respondió, indirectamente. Estiró sus delgados brazos hacia el, dejando las palmas de sus manos en el aire, en donde Luffy las atrapó y envolvió con las suyas. Tirando levemente de las manos heladas y pequeñas, este la acercó a su cuerpo para compartirle su calidez mientras esperaba que continuara- tengo mucho miedo- concluyó con la voz bajita, esperando que nadie más en el barco, ni siquiera el secuestrado Sabo, la escuchase.

- ¿Preferirías que no vayamos?- volvió con otra pregunta. Ler supo que aquello se debía al inicidente en Dressrosa y todo lo que pasó después por su falta de comunicación. Ella prometió no volver a esconderle lo que le afectaba o atemorizaba para que el pudiese protegerla como pensaba que era la forma más adecuada de hacerlo. Luffy se prometió que no volvería a obligarla a hacer nada de lo que no quisiera, pero necesitaba estar seguro de las cosas que ella no quería o soportaba para poder evitarlas, aun si se trataba de algo como aquello. Pero Ler era el latido de su pecho que lo mantuvo con vida en la guerra cuando debió morir, el grito que le motivó a ponerse de pie cuando cambió la historia- si es así, dímelo y daremos la vuelta.

- Prometí volver, es lo que siempre quise- le dijo con voz suave y melancólica, el estremecimiento en el cuerpo del Rey le advirtió que el también estaba lleno de nostalgia y un sin fin de emociones por el reencuentro como tres de los cuatro huérfanos en su hogar- quiero volver a recorrer la aldea con libertad, ver a Makino, al Alcalde y a los demás. Quiero recorrer el bosque y subir la montaña para ver a Dadan- agregó con una leve risa, alegre, infantil, picara, como una niña que hizo una travesura- y no tener que volver a irme.

El asintió. Estiró sus brazos sin que requiriese el efecto de su fruta, estrechandola con fuerza, tanta, que ella le puso la manos en el pecho para alejarse, riendo. El la alzó en un abrazo riendo también, hasta que volvió a permitir que sus pies tocasen el suelo tras un grito de Sanji, que le amenazaba por si le rompía a la joven algún hueso.

- Se que quieres hacerlo y decirles por tu propia boca que estás bien- la secundo el, tomándole de la mano para que le siguiese cuando comenzó a caminar hacia la cabeza del Sunny, en la que se subió de un salto, luego estiró el brazo para que ella lo tomase y subiese también- pero sabes que hay algo más esperándote- En verdad el joven rey había madurado le faltaba mucho camino por recorrer, las memorias de tantas vidas ahora le permitían pensar con un poco más de claridad.

- Quiero verle también- se sinceró ella, mirando sus pies envueltos en las zapatillas blancas que había traído desde el final de juicio. Luffy tiró todas sus botas negras al mar- no solo a Shanks, aunque ese idiota va a escucharme...- el hombre le sonrió de medio lado cuando ella levantó la cabeza y miró al frente, con una mueca- le advertí que no viese los juicios.

- Dijo que tenía derecho porque lo mencionarias- se burló Luffy, sonriendo de forma brillante mientras colocaba los brazos detrás de su nuca, con seguridad- pero no dejó que asunto lo viese, no te preocupes.

Ler devolvió su vista a Luffy, sorprendida. Ciertas cosas aún se procesaban de forma muy lenta dentro de su cabeza, como lo que le competía a el, al fallecido Ace y al asunto.

Era extraño que se refiriese tan tranquilamente a el, sin tratar de forzarla o sonar emocionado, porque de cierta manera, era como mantener la llama de Ace encendida, aunque la de ella se hubiese apagado un poco con el. No dudaba que en realidad, el anhelo de conocerlo era grande, pero se contenía para no incomodarla. Seguramente Shanks y Sabo se lo había advertido, de lo difícil que era para ella y su salud mental, el convivir con Asunto sin que se echase a llorar o gritar como desquiciada.

- Llámalo por su nombre si quieres- dijo ella, moviendo su cuerpo y arreglando su vestido para sentarse cómodamente en la cabeza del Sunny, observando como Foosha ya era visible en la lejanía - después de pensar en que no lo volvería a ver, me di cuenta que quería verle aunque sea una vez más.

Luffy se había sentado inmediatamente a su lado, dirigiendo su vista a su tierra natal también. Aquella revelación le obligó a mover su cuello hasta tener un vistazo de ella nuevamente, quién se encontraba escondida entre sus rodillas. Le costaba, pero por la expresión en su rostro sabía que era verdad.

- Creo que no me mientes esta vez...- soltó el, sorprendido. Sus cejas alzadas y la boca abierta de tal forma que la ansiosa Ler soltó una risa- estás de acuerdo con que ellos nos estén esperando en Foosha también, Shanks y...- Luffy dijo su nombre, con un tono de voz que a ella le hizo pensar en lo mucho que el muchacho habría querido decirlo desde antes, desde que se enteró de su existencia y había insistido con verle pese a su negativa. Y le gustó cómo sonaba. Pensó en los ojos oscuros y las pecas graciosas que le disgustaban pero ahora recordaba con un sentimiento diferente- tal vez ir a los Juicios si fue la mejor decisión.

Ella no agregó nada, solo se mantuvo en silencio un largo momento en el que las olas y las risas ajenas a ellos, provenientes de las charlas que tenían sus nakamas en las diferentes partes del barco, hacia eco en sus oídos. Entonces, una voz sonó sobre la de todas, para dar una indicación:

- Prepárense para bajar, en 5 minutos estaremos en Foosha- informo Nami desde el segundo nivel en la cubierta del barco. Sus manos rodeaban su cintura y el gesto serio en su rostro no dejaba lugar a quejas, como cuando Luffy entraba en su faceta de Capitán egoísta. Ler la miró por sobre su hombro, repitiéndose que la pelirroja se había vuelto aterradoramente similar a su hermano en ciertos gestos y momentos, porque simplemente no podía despegar sus ojos de el.

Y aquello le gustaba.

Le llenaba el estómago que a veces sentía vacío al pensar en que el muchacho estaría solo siempre, o que viviría siempre al pendiente de ella. Porque era muy inocente y hasta tonto en muchas cosas, pero había demostrado ser todo un hombre al sincerarse en su sentir hacia la navegante con un amor distinto al que le tenía a ella, a Sabo o sus nakamas. Ambos tenían una relación que avanzaba de forma lenta, pero segura, inocente, una que disfrutarían por mucho como debía ser.

Ella sabía, por experiencia propia, que no debían adelantarse.

Regresó su vista a Luffy, quién también miraba a Nami, con una sonrisa amplia en su rostro, encantadora, tanto, que le enternecio.

- Se que ya les di las gracias a todos- volvió a hablar Ler, atrayendo la atención de su hermano, que la miró expectante a sus palabras- y a ti, porque ustedes cambiaron todo el curso del juicio aunque yo insistiese en alejarlos de mi- continuó levemente apenada, apretando sus manos nerviosamente- pero no te he agradecido del todo a ti, más allá del juicio, de esta vida...Gracias por cambiar el curso de mi destino...- el abrió los ojos con sorpresa y luego bajo la cabeza. Ler le tomó de la mano y le invito a verla otra vez, antes de echarse a sus brazos- de nuestros destinos. Gracias por permitir que nos volviesemos a ver.

- Yo habría hecho cualquier cosa por ti, Ler. Habría hecho cualquier cosa por ustedes y lo volvería a hacer. Por eso quiero estar seguro de que...

Ella lo interrumpió alejándose lo suficiente para tomarle del rostro y obligarle a mirarle. Entrecerró los ojos mientras apretaba las mejillas del joven con decisión, obligandole a formar un puchero al cual el no se opuso.

- Iremos- declaró, palmeando las mejillas del Rey de los Piratas de forma infantil- así que debemos bajar antes de que Nami suba por nosotros.

El la miró detenidamente de nuevo, mientras sentía como lo soltaba lentamente, con una sonrisa como las que le daba de niña en aquel lugar al cual se dirigían. Y supo que no había nada más que sinceridad en sus palabras, por lo que le devolvió el gesto, armando una sonrisa de D también, antes de asentir y gritar:

- ¡VOLVIMOS!