Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capítulo 32
Ichigo
Escucho los tacones de Rukia tras cerrar la puerta de mi casa. Me llama y le digo
que estoy en la cocina, sabiendo que no le gustará lo que va a ver, pero paso de
guardar más cama. Estoy harto de estar tumbado. Esta mañana me dieron el alta y, si
no me la hubiera dado, pensaba pedirla voluntaria. Ayer dejé que me ingresaran tras
coserme de nuevo porque me sentía algo cansado y no tenía ganas de discutir con
nadie. Sabía que Rukia no se quedaría a descansar. Esperaba que me hiciera caso,
pero cuando la vi en la puerta me sentí aliviado, la necesitaba y necesitaba sentirla
cerca de nuevo y hablar con ella. Sentir que todo estaba bien entre los dos. Dormir a
su lado me ha dado muchas más fuerzas que las horas en ese hospital. Supuestamente
debería estar guardando cama... supuestamente. Pero cuando estaba llegando la hora
de la comida decidí hacer algo sencillo. Y no pienso reconocer ante nadie que me
duelen a rabiar los puntos. Antes muerto que reconocer que todos tienen razón y debo
guardar reposo.
—¡¿Qué haces aquí?! ¡Deberías estar en cama! —me grita. Pruebo la salsa de
tomate, ignorándola. Rukia se pone delante de mí—. ¿Ichigo? ¡A que te arrastro a la
cama!
—Mira, ahora sí que hablamos el mismo idioma. Pero mejor tras comer, me muero
de hambre.
—Trae —me quita la cuchara—. Yo acabo la comida. Tú métete en la cama y
ahora te la subo.
—Qué mente más calenturienta, Rukia... vas a tener que dejar de leer ese libros —
le digo antes de besarla—. Buenas.
—Buenas, y hazme caso. Me preocupa que se te abran los puntos, Ichigo, y no
quiero que te tengan que ingresar otra vez. No me gusta el hospital —me dice, seria, y
veo miedo en sus ojos. Ya lo vi el primer día.
—Está bien —le doy un rápido beso antes de subir a la cama. Me meto en ella tras
acomodarme los almohadones y esconder los informes que tenía sobre la cama, con la
mala suerte que Rukia entra antes de que pueda esconderlos todos.
—Eres un caso, Ichigo —Rukia entra ya sin tacones y sin la chaqueta del traje que
llevaba.
Lleva una blusa blanca que deja entrever su sujetador y una falda ajustada que
realza su figura. Está preciosa y si no estuviera muerto de hambre y sintiendo como
me tiran los puntos la seduciría hasta estar dentro de ella. Llevamos mucho juntos sin
hacer el amor y la necesito.—No me mires así, Ichigo.
—¿Así como? —le pregunto, divertido—. Si no estoy haciendo nada.
Rukia ha ido hacia mi armario y está sacando una camiseta que no uso y unos
pantalones cortos de chándal.
—Como si quisieras devorarme entera. Y lo siento, machote, pero estoy acabando
con... eso...
—¿La regla? —se sonroja y me entra la risa—. ¿Por qué te cuesta hablar de algo
tan natural? Es ridículo, Rukia.
—No sé, es muy íntimo.
—Tú y yo hemos hecho cosas muy íntimas...
—Vale ya, Ichigo, que no va a pasar nada y no creo que sea bueno para ninguno de los
dos tener que darse una ducha de agua fría.
Me meto en la cama, Rukia me retira los informes y los deja sobre la mesa de
escritorio. Cuando lo hace noto que su gesto cambia y se queda mirando una imagen
fijamente. La llamo. No responde. Es como si estuviera lejos de aquí. Me levanto
cuando la llamo por segunda vez y no dice nada.
—¡Rukia! —Rukia se gira y me mira, sus ojos violetas me miran impresionados.
—Él... mi padre... mi padre tomaba esto... que intuyo que es el formato de la droga de
"Arrancar".
—¿Estás segura, Rukia? —asiente.
—Sí, yo era pequeña cuando fui a su cuarto a por una pastilla para el dolor de cabeza
y vi éstas, al tener un color lila llamó mi atención y cogí una en mi mano.
Bajé a preguntar a mi padre si servían para el dolor de cabeza y me la quitó
de la mano, alarmado, diciendo que eran suyas y que nunca las tocara ni jugara con
ellas. Que eran muy caras. No volví a tocarlas pero no fue la primera vez que se las vi
tomar o dejarlas en su cuarto.
—No todos tienen dinero para esta droga. Es una droga exclusiva que suele tomar
la gente de poder adquisitivo para engancharlos y saber que serán buenos clientes y
pagadores. Muchos han empeñado todas sus pertenencias para poder tomarla.
—¿Y qué te preocupa? Mis padres no eran pobres, tampoco es que nuestra casa
fuera una gran casa, pero siempre iban bien vestidos. Eso sí lo recuerdo y usaban
buenos coches.
—Si tenían dinero, es posible que tenga medios para encontrarte.
—Pocos medios tienen si no lo han hecho hasta ahora.
Rukia le resta importancia, yo pienso en la dichosa joyería. Por suerte ahora no tiene
las fotos, pero tengo miedo de que quien las haya comprado ponga en peligro a
Rukia. ¿Y si han sido sus padres? ¿Y si están esperando para atacar?
—Huele a quemado... ¡La comida! —Rukia sale corriendo y mientras, yo hago unas
llamadas— .Ichigo —cuelgo y miro hacia la puerta—. Primero, regresa a la cama. Y,
segundo, bajo a mi casa a por algo de comida congelada. Creo que tengo caldo de
sopa. Ahora mismo subo.
Se acerca y me besa antes de marcharse. En vez de volver a la cama me levanto y
anoto lo que me ha contado Rukia en la libreta y se lo cuento a Byakuya por mensaje.
No tarda en responderme y responde lo que yo también temo:
El círculo se estrecha, Ichigo. No creo en las coincidencias.
Yo tampoco. Y empiezo a pensar que lo que Rukia vio fue un ajuste de cuentas
porque los padres de Rukia no tenían para pagar la droga y acabaron por matar al que
trataba de pedirles el dinero. Y que los de la banda de "Los arrancars" habrán ido tras ellos
y si saben que Rukia lo vio irán tras ella. Quiero creer que el que no le hayan hecho
nada es porque nadie les informó de que en esa casa había una tercera persona. Pero
esto no me deja más tranquilo.
Me despierto y no siento a Rukia a mi lado. Enciendo la lámpara de la mesita de
noche y veo que no está. Es pasada la una de la madrugada. Tras el trabajo en la
librería, vino a mi casa para hacer algo de cena. Preparó algo rápido y cenamos en la
cocina antes de subir a mi habitación para descansar. No le he contado que ha estado
aquí Byakuya esta tarde hablando del nuevo descubrimiento y que va a buscar casos
relacionados con "Arrancar" para ver si así da con ellos. No quiero que se preocupe.
Bajo las escaleras y la encuentro mirando la noche, a oscuras, por la puerta del
balcón.
Llego hasta ella y al abrazo con mi brazo derecho, ya que el otro lo tengo en un
cabestrillo molesto. Rukia se tensa hasta que se deja caer en mi pecho.
—¿Problemas para dormir?
—No quería despertarte.
—Lo haces si cuando despierto no estás a mi lado y pienso que estás lejos dándole
vueltas a lo sucedido. Sinceramente, no me extraña encontrarte aquí pensando en todo.
—No puedo evitar pensar en que si tuve las señales ante mis ojos de cómo era Kugo
y no las vi o no quise verlas. En todo lo que nos hubiéramos evitado si no me hubiera
engañado. Siento asco por lo que tuve con él —la abrazo más fuerte mientras masajeo
su estómago sobre el pijama—. Cuando cierro los ojos lo veo disparándote. No
quiero volver a pasar por eso... y no sé cómo entender que es tu trabajo. No sé cómo
dejarlo de lado. No sé cómo coger fuerzas...
—Como has hecho siempre, Rukia. Eres una de las personas más fueres que
conozco. Otra, en tu lugar, con lo que te pasó de niña, hubiera dejado de creer en lo
bueno de la gente, o de buscar la felicidad. Tú luchas con fuerzas cada día que sales a
comerte el mundo y cuando te topas con un idiota como yo, al que consigues ablandar
y demostrar que mi forma de ver la vida no era la acertada, no te rindes hasta que no
puedo más que darte la razón. Que yo creía que estaba siendo un valiente, pero en el
fondo no soy más que un cobarde que tomó el camino fácil —Rukia se gira entre mis
brazos—. Lo difícil en esta vida es vivir cada día con intensidad.
—¿Por qué dices eso? Tú eres muy valiente, si no lo fueras no tendrías ese trabajo tan
peligroso —cuando habla de mi trabajo le recorre un escalofrío y noto como los ojos
se le llenan de lágrimas—. No sé si puedo soportar verte marchar a trabajar cuando te
pongas bien... —me reconoce—. No sé cómo ser fuerte cuando tengo que aceptar que
jugarte la vida es parte de tu vida. No sé ser valiente cuando se trata de verte sufrir a
ti.
De sus ojos se escapa una lágrima que atrapo con un beso. El sabor salado de sus
lágrimas me recuerda a las que mi madre ha derramado por mí, por la vida que elegí,
por verme marchar de secreta sin saber dónde me estaba metiendo. Antes no entendía
su dolor, pero el otro día, cuando vi a Kugo apuntando a Rukia, sentí tanta impotencia,
tal desesperación de no poder hacer nada por ella, que esa angustia me hace pensar en
lo que siente mi madre cada vez que tiene que tragarse las lágrimas, para aceptar que
su hijo se juega la vida. Todo era más fácil cuando vivía mi vida sin matices, sólo
blanco y negro. Solo existía el deber y obligación, nada de amor. Nada de colores que
te hagan pensar si elegiste el camino correcto o el único camino que creías posible
para aliviar tu carga. Pero con Rukia todo se tiñe de colores nuevos, de ilusiones y
sueños que nunca me planteé. De miedos que me atenazan la garganta, de un amor que
me hace sentir completo. Y me doy cuenta de que es más fácil vivir cuando no sientes
nada, porque no tienes miedo a irte... ahora no quiero que nada me prive de ella. No
quiero perderme ni un solo día a su lado. Y es cuando me doy cuenta de que en esta
vida, el que no tiene miedo, es el que no tiene nada. Y yo a su lado siento que lo tengo
todo.
Ahora siento que una vida entera a su lado no es suficiente para saciarme de ella.
Que no me conformaré con menos que una eternidad juntos.
La abrazo y no digo nada, no sé qué decir. No cuando sé que seguiré mi camino. Que
no puedo cerrar esta puerta hasta dar caza a ''Arrancar'', que sólo así conseguiré por fin
cerrar un horrible episodio de mi pasado que ahora estoy empezando a superar.
Escucho a Rukia trastear en mi cuarto. Ha llegado hace poco de trabajar en la
librería. Es sábado y no tardaremos mucho en comer. Mi madre nos trajo comida y
sólo falta calentarla. Esta semana he tratado de guardar reposo... pero no ha sido
imposible. Rukia se cansó de decirme que lo hiciera y ya me da por un caso perdido.
Por suerte, los puntos no se han abierto y puedo manejarme usando sólo una mano y
ayudándome con la otra sin mover mucho el cabestrillo. Escucho un golpe en la puerta
y miro hacia ella. Rukia entra con una bata negra que no le he visto nunca. Por su cara
sé que trama algo y dejo lo que estoy haciendo. Se acerca, sonrojada, y empiezo a ver
por dónde van sus pensamientos cuando trata de abrirse la bata; y digo trata porque no
parece atinar con el nudo. Sonrío y evito reírme cuando pone cara de enfado y mira
hacia el nudo.
—En mi mente esto no pasaba así —me reconoce. Me separo de la mesa con el
corazón acelerado y el deseo corriendo por mis venas.
Hace tiempo que no estamos juntos y la necesito con urgencia. Pero Rukia
necesitaba tiempo. No sólo porque tenía la regla, sino porque su estado emocional
estaba muy alterado. Esta semana hemos estado a la par en pesadillas y acabábamos
por abrazarnos en busca de consuelo. Lo que peor he llevado es cuando se despertaba
con lágrimas en los ojos gritando mi nombre y notando en su voz ese tono amargo de
quien teme haber perdido a alguien. No podía hacer más que abrazarla hasta que se le
pasaran y se quedara dormida de nuevo. Lo peor es que su angustia atraía mis
pesadillas y era yo el que se veía sumido en ellas.
—No puedo —me reconoce—. Acabo de atarlo, pero esta bata... ¿Puedes hacer
como que no has visto nada y subo a cortar este dichoso nudo y bajo de nuevo?
—No, no tienes que ser quién no eres. Me gustas así, real y patosa. Me encanta tu
naturalidad. No me prives de ella. Ven —Rukia no duda y se acerca. Abro las
piernas y se mete entre ellas para que le quite el nudo de la bata—. Empiezo a pensar
que tu idea de calentarme era retrasando el momento con este nudo.
—No, era quitarme la bata en plan sexy... cosa ridícula, pues no lo soy...
—Lo eres.
—Sí pero no sé ser sensual...
—¿Como las protagonistas de tus novelas? Te prefiero a ti, real. Prefiero que todo
sea perfecto porque es contigo y no porque lo hacemos todo meticulosamente como
debería de ser. Dichoso nudo. Espero que no le tengas mucho aprecio a esta bata —Le
digo, cogiendo unas tijeras de la mesa.
—No, la compré hoy. Claro que compré la versión barata. No una bata de seda...
—se echa a reír—. Lo que cuenta en la intención —me dice, cuando corto del todo la bata.
Aparto a un lado la dichosa bata y me quedo quieto cuando veo que Rukia lleva un
seductor conjunto de encaje. Mi mente evoca conjuntos como estos en otros cuerpos y
no recuerdo por qué los encontraba tan atractivos. Rukia es real, es curvas y
naturalidad. Es belleza en estado puro, sin operaciones y sin tratar de ser lo que no es.
Es la mujer más hermosa que he tenido jamás el placer de tocar y ella hace que todos los
recuerdos de cuerpos pasados queden eclipsados por su belleza.
Le quito la bata del todo y alzo la mano por sus brazos, acariciándola con cuidado. Su
piel se eriza por mi contacto y noto como el pecho de Rukia baja y sube por su
respiración acelerada. Sigo mi sutil caricia hacia su cuello, enredando mis dedos
entre su pelo negro, bajando los nudillos hacia sus pechos que se yerguen cuando
me sienten cerca, haciendo que sus pezones me saluden tras el trasparente encaje. Se
me seca la boca pero no detengo mis movimientos. Sigo por su estómago y la acaricio
hasta bajar a donde reside todo su calor. Mi mano sólo pasa por ahí lo justo para
notar que está ardiendo. Su respiración es más trabajosa que antes. Alzo la mirada y
sus ojos violetas están cargados de deseo. Se muerde el labio y mando a la mierda mi
sutil caricia, la beso de forma posesiva. Cierro las piernas para que se siente sobre
ellas y lo hace al tiempo que mete sus manos bajo mi camiseta. Odio el cabestrillo,
que me hace no poder tocarla como quisiera. Subo mi mano por sus pechos y tiro de
su ropa interior, liberándolos. Me separo de sus labios para bajarlos hacia sus cimas.
Los beso con posesión. Con desesperación, dando gracias por tenerla a mi lado.
Rukia gime y se retuerce sobre mis piernas, buscando consuelo. Bajo mi mano hasta
sus braguitas y las aparto para adentrarme en su húmedo interior. Estás más que lista,
pienso cuando separo sus suaves pliegues y meto un par de dedos en su interior para
torturarla. Y yo no puedo esperar más. Necesito sentirla más cerca. Sentir que todo
está bien. Que nada ni nadie la apartarán de mi lado.
Como podemos, y entre risas que hacen todo esto más real y natural, apartamos la
ropa y Rukia baja poco a poco para meterme en su interior. Cuando lo hace, ambos
contenemos el aliento de la intensidad que sentimos. Nunca he sentido esto y cada vez
es mejor. Me encanta sentir como me abraza íntimamente, como me cubre con su
feminidad. Como somos uno. Me encanta cuando me muevo y Rukia se deja ir, libre,
sin esconderme nada. Sin temer que vea todos sus gestos. Sin pensar en su pelo o el
maquillaje corrido. Sin pensar en nada que no seamos nosotros dos. Me encanta
cuando nos besamos y nos decimos sin palabras lo mucho que nos necesitamos. Lo
mucho que nos amamos. Lo mucho que nos complementamos. Me muevo más fuerte,
tocándola para que se venga conmigo, para que esto lo alcancemos juntos. Cuando
siento que está cerca de explotar la penetro más fuerte, más rápido hasta que Rukia
estalla y no puedo más que seguirla en esta dulce liberación mientras la abrazo con
fuerza, esperando que nunca tenga que sentir el amargo sabor de su pérdida.
Entro en la librería de mi madre, es sábado y Rukia está trabajando aquí. Han
pasado dos semanas desde el incidente, Kugo se va a pasar una larga temporada en la
cárcel. Rukia ha declarado y presentado una denuncia en su contra, y yo también. Su
familia no puede hacer nada por mucho dinero que tenga. Se lo merece. Ya me han
quitado los puntos pero sigo de baja, por más que he dicho que estoy perfectamente
para trabajar. Cosa que no es cierta del todo, ya que me sigue doliendo el brazo. Pero
antes muerto que reconocer mi debilidad. Al menos, ante todos los que no sean Rukia
ya que a ella no puedo, ni quiero mentirle. Además, que me cuide no está tan mal,
pienso, recordando cómo esta mañana, mientras me acomodaba las almohadas, se
cayó sobre mi pecho y lo que empezaron siendo unas risas por lo patosa que es a
veces, se trasformó en algo más intenso que mandó las almohadas bien lejos.
Rukia me mira y sonríe. Está atendiendo a un cliente y cuando se gira hacia él no
puede borrar la sonrisa que mi presencia pinta en sus labios. Una sonrisa que se borra
cada vez que tiene que atrapar un "te quiero" por miedo hacerme daño. Estoy cansado
de ver morir los "te quiero" en sus labios. De ver en su mirada la incomprensión tras
una pesadilla. Tengo que decirle la verdad. Para que entienda por qué esa palabra tan
dulce es para mí una tortura. Para que comprenda por qué me he pasado tantos años
viviendo en la oscuridad y ella me ha traído de vuelta a la vida.
El cliente se va con una sonrisa en la cara, producida por la simpatía de Rukia. Me
acerco y la beso.
—Debería estar celoso —le digo, entre sus labios—. Eres una provocadora.
Rukia se ríe y entrelaza sus brazos al rededor de mi cuello.
—¡Eh!, vosotros. Dejad las manitas para otro momento. Necesito ayuda aquí.
Nos dice mi madre desde el almacén. Voy a ayudarla pero Rukia me detiene.
—Alto, machote, que estás de baja y yo me basto y me sobro para ayudarla.
Rukia se va al almacén y mi madre le manda cosas, ésta no tarda en salir. Al verme
me señala con el dedo la salita. Entramos, saca una llave y le da vueltas en su mano.
—¿Estás seguro, hijo? No te estoy diciendo que no se lo cuentes. Que lo hagas tras
tanto tiempo, me hace feliz... pero sé que será duro para ti ir a esa casa.
—Si quiero que me entienda, tiene que saber lo que viví. Y tengo que afrontarlo de
una vez. Cojo la llave y la aprieto fuertemente en mi mano.
—Si necesitas cualquier cosa, cuenta con nosotros, hijo —mi madre tiene lágrimas en
los ojos. Duda, pero al final me abraza y le devuelvo el abrazo, sorprendiéndola—.
Nunca me cansaré de dar gracias porque ella apareciera en tu vida.
—Ni yo —-le digo, con un nudo en la garganta.
Me separo de mi madre y salgo a la librería ojear libros para aliviar la tensión que
siento. Rukia no tarda en salir y mi madre le dice que por hoy puede irse.
—Ichigo puede esperar...
—No, no puede. Vayanse, e hijo, no estás solo, nunca lo has estado.
Asiento y salgo hacia la calle sin poder contener las emociones. Esto va a ser más
complicado de lo que pensaba. Rukia me sigue con la chaqueta puesta y me mira sin
comprender.
—Voy a llevarte al lugar donde mi vida cambio para siempre.
—¿Estás seguro? —la miro a los ojos y veo miedo mezclado con determinación.
—Sí.
Rukia asiente y me sigue hasta mi coche. Entra y pongo rumbo al lugar que se
aparece en mis pesadillas. Hacemos el viaje en silencio. Ambos tensos. No decimos
nada hasta que detengo el coche en una zona de bungalós con un parque en medio, a
una hora de donde vivimos ahora. Observo la única casa que parece muerta, sin vida.
Abandonada. Así es como la veo en mis sueños.
—¿Qué hacemos aquí?
—Te he traído para que entiendas por qué soy así. Por qué no puedo escuchar decir lo
que sientes, y por qué llevo años viviendo entre tinieblas —señalo la casa—. Todo
pasó en esa casa. Ahí, en esa casa, fue donde mi padre trató de matarnos...
—¿Tu padre? Un momento, Ichigo ¿Isshin?
—No, Isshin no es mi padre. Es nuestro tío. Mío y de Kaien. El que sí es mi padre
trató de arrebatarnos la vida.
