La tensión en el salón de conferencia se podía sentir en el aire como un gas denso. Todos estaban al borde de sus sillas esperando alguna reacción de la detective. Cuando Cavanaugh le dio la vuelta a la pizarra blanca, Jane se quedó plantada en el lugar sintiendo cómo su corazón se aceleró al ver la foto con el mensaje dirigido a ella.

Korsak y Frost se miraron entre sí y luego dirigieron la mirada al teniente que estaba tan confundido como ellos. Se habían preparado para una reacción más agresiva, por así decirlo. La impasibilidad en la mujer era desconcertante.

-¿Sangre? ¿Lo escribió con sangre?

El teniente se aclaró la garganta antes de responder con un "Sí"

-Aún esperamos por los forenses para confirmar que la sangre sea de uno de ellos dos.

La mirada de Frost permaneció fija en el temblor de los puños cerrados de Jane. Se preguntaba qué era lo que estaba pasando por la cabeza de su compañera.

Jane se sentó porque ya no podía sostener su propio peso. Tenía que respirar conscientemente inhalando y exhalando profundamente como si estuviera al borde de un ataque de pánico. Sabía que en algún momento iba a regresar, ese tipo de asesinos nunca se detienen. Y aunque pensó haber estado preparada para cualquier cosa, el leer su propio nombre había hecho que su estómago diera un vuelco.

-Un momento -dijo y se puso de pie saliendo de la habitación antes de que alguno de ellos llegara a preguntar si se encontraba bien.

La puerta del baño se abrió con un portazo rebotando contra la pared y el contenido de su estómago terminó en el inodoro. Cerró los ojos y se apoyó en la pared de azulejos, intentando controlar su respiración, ignorando el sudor frío que sacudía su cuerpo. Se lavó la boca y la cara, secándose con unas servilletas de papel, mirando su rostro en el espejo. Aquellas fotos habían sido suficiente para hacerla entender que el asesino era mucho peor que Hoyt. La obsesión que tenía y los mensajes que le dejaba eran cada uno peor que el anterior. La impotencia que sentía la hacía vibrar de los pies a la cabeza y el solo pensar que sus seres queridos podrían estar en peligro por su culpa era suficiente para revolverle el estómago otra vez. Intentó peinarse con las manos lo mejor que pudo y caminó de regreso a la habitación.

Frost y Korsak abrieron la boca como si estuvieran a punto de decir algo. El lavarse el rostro no se había deshecho de lo rojo que su rostro y ojos habían quedado por vomitar. Sus dos compañeros cerraron la boca y dirigieron la mirada al teniente.

-Rizzoli...

Jane se mordió el interior de la mejilla. Ni siquiera podía objetar a la decisión que había tomado su teniente.

-En tu lugar hubiera hecho lo mismo -confesó admitiéndoselo a sí misma a la vez-. Vuelve a ser como Hoyt... Solo tengo un pedido.

La mandíbula del teniente se tensó y asintió, escuchando.

-Aunque me saques del caso quiero seguir al tanto de lo que está pasando. No quiero que sea como antes que no tenía permitido entrar aquí. Quiero seguir ayudándolos.

El hombre consideró sus palabras por varios segundos antes de contestar.

-Solo información Rizzoli. No saldrás de aquí a las escenas de crimen. Nada de interacción aparte de esta pizarra -Señaló el objeto a su lado y Jane se mordió el labio intentando contener su objeción.

-Será suficiente.

-Pensamos que sería buena idea hacer público que ya no estarás en el caso.

-Eso podría enojarlo más -refutó.

-Hoyt siguió para impresionarte sabiendo que estabas en el caso. Y este está dejando mensajes dirigidos directamente a ti porque sabes que estarás en la escena, que verás cada detalle que dejó para ti.

Jane entrecerró los ojos al escuchar las últimas palabras.

-Hay algo más que no te hemos dicho y que no puedes ver en fotos -añadió Frost y se detuvo inseguro de cómo seguir, así que Korsak prosiguió.

-Había un aroma muy particular que deducimos ser un perfume. La doc confirmó que es de un perfume que te pertenecía.

Aunque estaba sentada, Jane sintió como si se hubiera caído y hubiera atravesado los pisos inferiores hasta caer en el mismo infierno. Si ya no se hubiera deshecho del contenido de su estómago, estaba segura que lo hubiera hecho en ese instante.

-¿Perdón? -Su voz se entrecortó en las dos sílabas.

-Aún esperamos los resultados para confirmar que así sea.

-¿Cómo... ?

Korsak se temía esto. Había esperado una discusión de parte de Jane cuando Cavanaugh le contara de su decisión, pero lo sorprendió cuando más que una discusión Jane pareció poner las manos arriba y aceptarlo sin más. Por un instante pensó que era algo que ella ya esperaba, tarde o temprano. Pero en ese momento podía ver en sus ojos como la maquinaria en su mente estaba poniendo las piezas juntas y la expresión de Jane era muy diferente a la de antes.

-No tengo idea, es cosa de los forenses -respondió el teniente sin caer en cuanta de lo que realmente estaba preguntando.

Korsak aclaró la garganta, logrando llamar la atención de la mujer.

-Hemos llamado a Maura para que nos asistiera, por eso nos pudo confirmar que el aroma era un perfume.

-¿Maura está aquí? ¿En Boston? -preguntó con un semblante serio.

Frost miró de reojo a su compañero y se enderezó en la silla antes de hablar, pero el teniente habló primero.

-Ordené que se contactara a la doctora Isles.

Korsak respiró entre dientes y tomó una decisión.

-Le pedí a Maura que no te dijera nada; ni de su llegada ni del caso -confesó y Jane arrugó el ceño-. La puse en una posición difícil con la aseguranza de que se te informaría de lo ocurrido cuando fuera el momento indicado.

-¿Por qué?

-Porque te hubieras aparecido en la escena del crimen en un abrir y cerrar de ojos, Rizzoli -habló el teniente con un tono serio-. Chequearé los detalles sobre la vigilancia y te llamaré cuando todo esté listo.

Los tres detectives lo siguieron con la mirada hasta que salió del salón.

-Jane...

-Ahora no, Frost -cortó bruscamente.

-¿A dónde vas, Jane? -preguntó Korsak cuando la mujer se levantó, pero Jane ni se molestó en mirarlo antes de salir.


Al doctor Doster le gustaba escuchar música mientras hacía sus autopsias. Antonio Vilvaldi sonó de fondo por la mayoría de la mañana y ayudó a Maura a relajarse y enfocarse en lo que hacía. Doster terminó su trabajo mucho antes que ella y entró en su oficina para terminar el resto.

La música había terminado cuando cubrió el cuerpo y se quitó toda la protección y lavó las manos antes de dirigirse al laboratorio para sentarse en un taburete y terminar su informe. Se sintió tentada a sacar el celular de su uniforme, pero se obligó a enfocarse en el trabajo y mantener la mente en lo que hacía. Después se enfrentaría a lo que sea.

Jane sacó el celular del bolsillo mientras el elevador descendía. El último mensaje que le envió a Maura había sido leído, pero no obtuvo ninguna respuesta. Se sentía rara, como si su cuerpo estuviera moviéndose de forma automática sin ella siquiera pensar a dónde quería ir. Cuando se dio cuenta ya estaba en la puerta de la morgue.

-Buenos días, Detective Rizzoli.

-Buenos días Susie. ¿Está Doster?

-Estaban haciendo las autopsias hace un rato. Ahí está -señaló cuando el hombre salió de su oficina y se dirigía en su dirección. .

-Ya terminé el reporte -agitó la carpeta que sostenía en la mano-, pero tengo órdenes estrictas de entregarlo personalmente al detective Korsak -dijo antes de darle chance a pedirlo-. La doctora Isles debe de estar por terminar su reporte, así que tendrán que esperar un poco más.

-¿Dónde está la doctora Isles?

-La vi en el laboratorio hace un rato -dijo Susie antes de alejarse de ellos. Doster asintió y se dirigió al elevador dejando a Jane plantada en el medio del pasillo. Le tomó varios momentos en volver a moverse y dirigirse al laboratorio, deteniéndose en la puerta de cristal, mirando hacia adentro ubicando a la mujer que estaba sentada de espalda a ella.

Maura vestía uno de los uniformes negro -que solo usaba cuando tenía que hacer autopsias- y tenía el cabello recogido en una coleta. Jane abrió lentamente la puerta y entró, notando que Maura estaba allí sola.

Por un instante pensó que Maura había notado su presencia cuando suspiró con fuerza y cerró la carpeta, soltando el lapicero casi tirándolo. Maura cruzó los brazos sobre la mesada y se dobló apoyando la frente sobre sus antebrazos con otro suspiro.

La mirada de Jane se suavizó y dio otro paso, acercándose.

-Maura.

La rubia alzó la cabeza, pero no se atrevió a girarse. Aún no.

-Si estás aquí... -No pudo continuar. Sabía que en algún momento Jane iba a bajar o se encontrarían en otro lugar durante el día; no podría evitar enfrentarla por siempre.

-Ya hablé con ellos y me pusieron al tanto de lo que ocurrió -dijo con un tono agotado que hizo que Maura reuniera el valor y la mirara por primera vez.

Ninguna de las dos dijo nada cuando sus miradas se encontraron. Maura estaba sorprendida porque había esperado una reacción totalmente opuesta. Esperaba a una Jane explosiva, hasta indignada por la decisión que su teniente había tomado, enfadada con ella por haberle ocultado la verdad. Pero la mujer que tenía enfrente parecía derrotada y sin fuerzas siquiera para hablar. Era algo tan inusual en Jane que la dejó estupefacta.

Maura asintió lentamente sin saber cómo acercarse a ella, como si fuera una extraña. Lo detestaba.

Jane se acercó un poco más colocándose a su lado, apoyando su cuerpo en la mesada.

-Les hablaste del perfume...

-Jane...

-¿Cuánto dijiste?

-Solo que era un perfume que tenías y que tiraste. No les dije nada sobre Gabriel... -aclaró y la expresión de la mujer hizo querer ponerse de pie y tomarla entre sus brazos, pero no sabía si el contacto físico sería bienvenido en esas circunstancias. Era raro volver a sentir esa inseguridad con Jane.

Jane asintió y su mirada divagó alrededor del laboratorio antes de terminar en ojos claros.

-Me sacaron del caso... no por completo, pero... -Se mordió el labio inferior y sus ojos brillaron como si estuviera intentando mantener sus emociones y sus lágrimas al margen-. ¿Cómo podré hacer mi trabajo así? -se preguntó más a sí misma, doblando los hombros.

Maura se puso de pie disipando el espacio entre las dos y sostuvo el rostro de Jane con ambas manos, haciendo que la mirara.

-Permítenos cuidar de ti esta vez. -Un dedo pulgar limpió una lágrima antes de rodear su cuello y atraerla a su cuerpo en un abrazo, sintiendo un suspiro tembloroso en su cuello donde Jane escondió el rostro-. Te protegeremos. Sabes que Frost y Korask no descansarán hasta detenerlo y yo haré todo en mis manos para ayudarlos.

El agarre de los brazos que se aferraban a su cintura se relajó antes de perder el contacto y Jane se separó al dar un paso atrás. Se sentía como si estuviera en limbo, como si su mente hubiera recibido toda la información que se le había dado desde que puso pie en aquel lugar, pero no había procesado -realmente- lo que todo significaba. Solo tenía una cosa segura:

-No creo que sea buena idea que me quede contigo -dijo con la mirada perdida y por muy decidida que intentaba sonar, el temblor en su voz la delataba.

-¿Qué?

-El loft... no es buena idea que me esté quedando a vivir allí.

Los labios de Maura se separaron y una voz en su mente le gritó que se sentara porque sus piernas comenzaron a temblar, pero no pudo hacer más que quedarse inmóvil, buscando alguna explicación en los ojos de Jane.

-Oh...

La voz de Maura se ahogó cuando Jane la volvió a abrazar con fuerza y su cuerpo se sintió lánguido entre sus brazos. El miedo reflejado en los ojos claros que había llegado a adorar tanto le dejó saber que no se estaba explicando tan bien como pensaba.

-Maur. -Se separó solo lo suficiente para besar su mejilla y luego sus labios-. El modus operandi de este asesino es matar a parejas. Y su obsesión conmigo no... no es seguro y... -Sostuvo el rostro de la rubia entre sus manos como ella había hecho antes- ...tú eres mi persona -confesó y tragó en seco cuando las palabras salieron de su boca y sintió cómo las manos de Maura alrededor de su cadera se aferraron a ella con fuerza-. No puedo arriesgarte, Maur.

-¿Qué propones? -Preguntó intentando dejar a un lado la sensación agridulce que las palabras de Jane dejó en ella. No habían hablado sobre qué eran exactamente. Habían pasado de mejores amigas a amigas que tenían sexo, pero nunca habían llegado a hablar sobre el cambio que eso suponía entre las dos.

-Me quedaré con Frankie.

Maura quería oponerse, pero sabía que Jane tenía razón aunque no fuera de su agrado.

-Esto... ¿Cambiará algo entre nosotras?

Jane negó con la cabeza rápidamente antes de hablar.

-No te librarás tan fácilmente de mí, Maura Isles. Creo que lo mejor sería que mantuviéramos en secreto -se aclaró la garganta- los cambios en nuestra relación. Al menos hasta que lo capturemos.

-Entiendo.

-Sé que no te gusta. -Suspiró y la volvió abrazar como si tratara de un último abrazo-. A mí tampoco -susurró sobre cabello dorado y cerró los ojos con fuerza al sentir una humedad en su cuello donde Maura escondía el rostro. No le podía pedir que no llorara cuando apenas podía contener sus propias lágrimas.

-No, no me gusta, pero al menos estaré más tranquila sabiendo que estarás con tu hermano. Haré todo en mi poder para ayudar a los detectives, Jane. Haz hecho que deteste dormir sola -se quejó en voz baja y el cuerpo de Jane vibró entre sus brazos cuando no pudo contener la risa.

Los ojos de Jane notaron un movimiento y Susie no se llegó a percatar de ellas hasta que estuvo a punto de abrir la puerta. La técnico forense le sonrió levemente y con un asentir se dio media vuelta.