¿Acaso es todo lo que quieres decirme?
Tras medio año de luchas internas en la familia, lo había logrado. Tía Elroy acabó retirándose sin oponer resistencia alguna. El desgaste de las tragedias y disgustos de los últimos diez años, con las muertes de Anthony y Stear, la desaparición de William y los engaños de los Leagan, le pasaba factura. Su salud se resentía cada día más. Asumiendo la responsabilidad total, Albert le demostró durante dos años que era perfectamente capaz de liderarlos competentemente. Así que contó con su apoyo para renovar el consejo.
Como era de esperar, pese a los mejores resultados de las últimas transacciones, la mayoría de los ancianos se disgustaron y hasta lo acusaron de traicionar a su sangre y de haber perdido la cabeza durante su desaparición. La primera reunión para la disolución resultó incluso más incómoda que su presentación oficial, cuando apoyó a Candy denegando el compromiso con Neal.
Lo peor de todo era que ni siquiera podía hablar con ella. Se habían cruzado unas cuantas veces entre los descansos de ambos, donde no siempre coincidían. Pero cuando lo hacían, podía percibir su presencia, incluso antes de verla. Era una sensación cálida, como una invisible caricia o mudo susurro que lo avisaba cuando se aproximaba. Entonces, donde estuviera, oteaba a su alrededor y allí la encontraba, observándolo o buscándolo también entre el trajín de huéspedes y familiares.
Candy era la brisa fresca que faltaba entre aquellos ostentosos pero fríos muros. Las tímidas sonrisas que le dedicaba cuando lograban cruzarse renovaban su ánimo, aún quedando aquella sensación inconclusa entre ellos. Tenerla cerca, aunque fuera de aquella fugaz forma, lo ayudaba. Supo que regalarle aquel auto sería una buena idea. De otra forma, la cantidad de miembros alojados hubiera impedido disponer de chóferes suficientes para trasladarla cuando ella precisara. Seguramente, conociéndola, hubiera permanecido en alguna de las habitaciones de la clínica para causar las menores molestias y él se hubiera sentido aún más solo entre toda aquella multitud.
Desde que regresó de América del sur, en su escaso tiempo libre, intentaba encontrar cualquier forma de hacerle saber que seguía pensando en ella, que no había olvidado su propia petición, que toda aquella espera e inevitable distancia tenía una razón de ser. Sabía cuanto había sufrido por Terry, él había sido testigo directo y confidente. No quería que ella volviera a sufrir. Quería asegurarse que él podría ser ese alguien que la ayudara a alcanzar la felicidad que tanto merecía. Creía no equivocarse en su percepción de interés, pero no podría estar completamente seguro hasta que lograran hablar sin intromisiones ni interrupciones. Y si tal como deseaba, ella le correspondía, quería ofrecerle un futuro mejor que su actual situación y, por ello, necesitaba dejar la mayoría de los pendientes zanjados, sin dejar cabos sueltos.
Estaba resultando más complejo de lo que había previsto para su propio ánimo. Cruzarse con ella, no poder hablar con total naturalidad sin que nadie estuviera observándolos y, seguramente, juzgando su conducta, no poder abrazarla... Era cada vez más tortuoso... Podría haberse arriesgado si estuviera completamente seguro de su correspondencia... Entonces no habría dudado... No le hubiera importado si hubiera o no otras personas pendientes de ellos... Pero Albert no era de ese tipo de persona que asumía poseer aquello que deseaba. Él jamás sería como Neal. Jamás hubiera osado poner a Candy en tal compromiso. La respetaba demasiado como para caer tan bajo. Además, hubiera odiado que ella se sintiera forzada a corresponder a sus deseos sin hacerlo realmente.
No entendía a la gente que eran así. Que se forzaban en otras personas... Robándoles besos o abrazos o algo peor... ¿Qué necesidad había, si lo que realmente se deseaba era el aprecio y la correspondencia de la otra persona? Tal como le comentó aquella noche a Candy, después de que le prepararan la encerrona en las afueras de Chicago y se llevara un susto de muerte al saber que se había ido con un extraño, Neal le causaba mucha pena. Le parecía muy triste que alguien tuviera que usar aquellos comportamientos para expresar sus sentimientos. En cierto modo se lo explicaba por el tipo de familia que Neal tenía. Un padre casi siempre ausente, que seguramente no estaba al tanto de la mayoría de los comportamientos de sus hijos. Una madre ambiciosa, calculadora y clasista. Una hermana envidiosa, caprichosa y manipuladora... Y una abuela política cegada por el amor ¡Menudo panorama! ... Pensar en ello lo convencía, todavía más, de la necesidad de su actual reto.
El aniversario de Candy se aproximaba, el nuevo Consejo ya había empezado a trabajar totalmente coordinado y pronto estaría en disposición de realizar el cambio vital por el que había trabajado tanto... Tan solo quedaba confirmar si Candy quería formar parte de ese cambio y modelarlo junto a él.
Continuará...
Referencias a "Candy Candy La historia definitiva", de Keiko Nagita:
Pg. 9 - Retrospectiva de Candy - en su residencia final.
[...]
"El Hogar de Pony", como siempre lo llamamos, está muy lejos de aquí. Jamás había detestado tanto la distancia como ahora... que nos separa un océano inmenso.
[...]
Pg. 10-11 - Retrospectiva de Candy - su amado es una persona detallista.
[...]
Allí tengo el óleo "Número 10", con un marco hecho a mano. Mi amado lo ha colocado de tal forma que se vea desde cualquier punto de la casa. Lo encontró hace muchos años, en un mercadillo de Londres.
Qué maravilla de regalo.
Con una sola mirada, vio el "Número 10" entre un montón de pinturas viejas, y supo al instante que se trataba del Hogar de Pony. No era un cuadro cualquiera: era un paisaje con el Hogar de Pony visto entero desde la perspectiva de una colina cercana.
[...]
Pg. 12 - Actualidad de Candy - descripción del paisaje mostrado en el cuadro reconocido por su amado. No es de invierno nevado.
[...]
Era un precioso día de mayo. La colina de Pony estaba cubierta por un manto de delicadas flores blancas. Bastaba con subir a la cima para deleitarse con una vista espectacular del Hogar de Pony, rodeada de un exuberante bosque frondoso que hechizaba la mirada. La hierba, alta y fina, se mecía al viento. Los racimos de flor de lupino y los girasoles adornaban con vivos colores el jardín.
[...]
Pg. 20 - Primer encuentro con Albert, frente al Hogar, como Príncipe de la colina, donde mantienen una breve conversación y bromean riendo juntos.
Pg. 369 - Carta de Candy para el tío abuelo William - visita de Albert al Hogar descubriéndose como el Príncipe de la colina
[...]
Quiero agradecerle con toda mi alma el haber venido a visitar el Hogar de Pony.
Sé que está iniciando un nuevo proyecto y que es una época un tanto complicada para usted.
[...]
A veces, siento que floto en el aire.
Nunca he olvidado al príncipe de la colina.
No creo que esta noche pueda conciliar el sueño.
Candy
Pg. 307 - Respuesta de Albert a la carta de Candy
[...]
Me hubiera gustado hacerlo en el lugar donde nos vimos por primera vez, en la colina de pony.
[...]
Pg. 307 - Carta de Candy a Terry - sobre su única visita al Hogar de Pony.
[...]
Sé que estuviste muy poco tiempo,
pero las directoras me contaron que fuiste a ver la gran encina a la que siempre trepaba,
el manzano en el que aprendí a lanzar el lazo y la colina de Pony.
[...]
Pg. 386 - Última carta de Candy a Albert - visitas al Hogar de Pony de Albert.
[...]
Tus cortas visitas no le hacen bien a mi corazón,
pero que me esté acostumbrando significa que me estoy volviendo cada vez más fuerte, ¿Verdad?
creo que a la señorita Pony y a la hermana Lane les sucede lo mismo.
[...]
Pg. 293 - Retrospectiva de Candy - sobre cofre regalado por su amado. Detallismo característico de Albert...
- La cacería del zorro para su presentación y selección de una joya familiar, un rubí, como premio de aquel año,
- Los vestidos de América
- Los vestidos de más en el internado
- Los disfraces
- La cena sorpresa (manga y anime)
- Desayuno sorpresa (manga)
- Merienda y paseo en coche, sorpresa (manga)
- Abrigo para que pueda ir a buscar a Terry sin congelarse en Rockstown (manga)
- Le arregla la barquita cisne para darle una vuelta en ella (manga)
- Otra merienda sorpresa en el Hogar de Pony para su regreso (manga y anime)
- Habitación personalizada en la mansión de Chicago
- Regalo de los caballos César y Cleopatra
- La construcción de la nueva clínica del Dr. Martin
- Las reformas del Hogar de Pony
- Le pide el broche para descubrirse como el Príncipe pero más tarde se lo regala.
[...]
Del fondo del armario, saco un gran joyero con bonitas incrustaciones.
Este objeto, adornado con nácar y gemas diminutas, pasa de generación en generación en la familia de mi amado. Intenté decirle que algo tan hermoso y de tanto valor no encaja conmigo, pero él se echó a reír y, desde entonces, no ha desistido de su propósito. Dice que puedo hacer lo que quiera con el joyero.
[...]
