Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?


Nos volveremos a ver

Leriana caminó lentamente por el sendero limpio, delimitado por rocas que parecían haber sido colocadas hace no mucho. Sus nakamas se habían quedado atrás saludando a la gente del pueblo que celebraba nuevamente el retorno del niño a quien cuidaron en su infancia y había cumplido finalmente sus sueños. Y aunque ella quería quedarse disfrutando un poco más también, reconocía en su interior, nervioso y alterado, que aún le quedaban muchas cosas por hacer.

Continuó su recorrido hasta la cabaña que solía compartir con Luffy, que fue remodelada en un sin fin de ocasiones por los Piratas de Pelirrojo y que ahora parecía tener nuevas alteraciones también. Soltó una risa cuando al terminar de subir la colina encontró a algunos hombres reparando una ventana rota, pareciendo simples trabajadores propios de la Isla y no piratas salvajes.

Ler respiró hondo, saludando con su cabeza a los hombres a su alrededor, que la miraban llenos de alegría. Quizá porque ya no existía la sombra de una soga rodeándole el cuello y eso les permitía respirar tranquilos porque la niña a la que salvaron un día, no moriría de esa forma. Y porque su Capitán finalmente estaría tranquilo otra vez.

Casi como una intrusa, asomó la cabeza por la puerta y de inmediato sus ojos se conectaron con lo de Shanks.

- Arcoiris- pronunció suavemente, lleno de nostalgia. Ella despegó su cuerpo de donde se encontraba apoyada y terminó de entrar, sintiéndose inmediatamente liviana y tibia al contacto de su cuerpo con el del hombre, quién se había puesto de pie velozmente para abrazarla- creí que no volvería a verte.

- Y yo creí que ya te habías hecho la idea de pasar el resto de tu vida soportandome- le respondió ella, abrazándolo fuertemente también. El mayor le besó el cabello y con un suspiro le dejó saber el alivio que sentía de tenerla allí, finalmente sin las ataduras de un mundo o la malicia del universo encima.

- Sería un gusto- Ella levantó la vista y lo miró a los ojos, transmitiendole con ellos lo mucho que había anhelado disfrutar de la sensación de seguridad que le brindaba su presencia, llena de aromas, gestos y calidez que la consolaron de niña y seguian teniendo efecto siendo una adulta también.

- ¿Porqué están reparando la ventana?- preguntó ella de repente, tras un silencio en el que ambos se admiraron, apreciando la larga historia que tenían juntos, desde que sus almas, por capricho de los dioses, se cruzaron por primera vez hasta ese día.

- Estaba demasiado inquieto desde que llegamos aquí hace unos días- explicó sin más el pelirrojo. Ler le entendió a la perfección y el lo supo cuando notó cómo esta desviaba sus ojos hacia un lado, con las mejillas rojas como una niña y el leve temblor en los labios, como si tuviese las ganas de decir o hacer algo más - ¿Quieres verlo?

Ella clavó sus ojos en el y suspiró. Parecía como si tuviese un debate interno muy complejo por lo que Shanks la esperó pacientemente.

- ¿Quiere verme?- preguntó casi arrastrando sus palabras con su lengua y dientes, como si no quisiera que el la escuchase, pero Shanks siempre la escucharía aunque sus ojos fuesen los únicos que hablasen por ella.

-Siempre quiere verte, Ler- le soltó sin vueltas, mirando su reacción con atención, analizando cuánto podía provocarle sin quererse morir allí mismo. Ella se removió incómoda en su lugar, balanceándose sobre sus piernas y evitando mirarle. Aquello le arrancó una sonrisa genuina a Shanks, incluso cuando no era el momento, pero le lleno de dulzura y amor, de un cariño infantil que realmente, hasta ese día, podían considerar como puro- siempre pregunta por ti.

A Ler, cuando aún se encontraba con Shanks, le pareció increíble la capacidad mental que el asunto tenía. Le miraba de reojo y notaba como pese a ser idéntico a su padre, se comportaba de la manera tan extravagante y peculiar en que los demás solían decir que ella lo hacía en su infancia. Como si tuviese miles de cosas en su cabeza que no correspondían a su edad.

- El es raro- dijo ella, llena de ansiedad, recelo y nerviosismo hasta que Shanks cedió y se echó a reír en su cara, causándole molestia que opaco el resto de sus sentimientos.

- Exactamente igual a ti- le comentó aún entre risas llenas de humor, moviéndose hasta apartarse de ella y darle la espalda. Ler mantuvo sus orbes oscuras en el, expectantes a su siguiente movimiento- espérame, iré a por el...- se giró para adentrarse en la habitación que ella solía compartir con Luffy, dejándole de pie en medio de la salita. A unos cuantos pasos se detuvo y echando un vistazo sobre su hombro, concedió: - aún puedes escapar si no...

- Está bien- lo detuvo, a penas armando una sonrisa nerviosa en su rostro intranquilo- está bien, esperaré aquí.

Shanks asintió lentamente y siguió su camino hasta desaparecer lejos de la vista de Ler. Un momento después salió Benn, trayendo consigo su rostro lleno de pintura, cuyo origen Ler supo identificar inmediatamente, provocándole una nueva agitación en su corazón que ya estaba acelerado. El levantó la cabeza y le sonrió, cerrando el espacio hasta llegar a ella y abrazarla también con cariño casi paternal.

- Es bueno verte, enana- la saludó desordenado su cabello despreocupadamente como en su infancia- estábamos preocupados por ti. Aunque yo siempre he sabido que te le escapas a la muerte cada que puedes- la felicitó con una sonrisa de medio lado que acentuaba las marcas de la edad en un rostro cansado, que había soportado muchos años a alguien como Shanks. Segundos después, se apartó de ella y caminó hacia fuera. Sus ojos entonces le permitieron ver al lugar que el cuerpo de Benn había impedido la visión anteriormente.

Allí, a unos cuántos pasos, se encontraba Shanks sosteniendo de la mano a un cuerpo pequeño, vestido con un traje de marinero.

Ler se tapó la boca, escondiendo la risa que le provocó aquello -seguramente, un gesto del pelirrojo buscando que el asunto fuese de su agrado-. Entonces dirigió sus ojos a los del pequeño rostro pecoso que le observaba con curiosidad y emoción, con un brillo peculiar, puro y humano, antes de que su dueño se safase del agarre de Shanks y se adelantaste hasta llegar a los pies de ella, donde tropezó.

"Exactamente igual a ti." Y Ler lo negó cuando lo vió, siendo el retrato mejor pintado de Ace cuando era niño. Ella tenía en claro que era como el, hasta que le vió caer y tuvo que agacharse a su altura para recogerle, porque era tan torpe como ella.

No fue un instinto maternal, ella no se sentía como una madre, solo era una reacción natural humana de extender la mano a quien se ha caído. Suspiró con pesadez hasta que le tomó el delgado y pequeño brazo, tirando de el para ponerle de pie nuevamente con más brusquedad de la que debería. Sus orbes oscuras se cruzaron con los de ella y creyó que nuevamente miraba una fotografía de Ace siendo un niño, pero también, se sintió como si tuviese un espejo que le devolvía la mirada única que ella poseia y ahora parecía compartir con el.

Era como verlos a ella y Ace en un instante de sus vidas que a pesar de vivir, nunca disfrutaron. Y de alguna forma ya no se sentía egoísta ni caprichosa, no le envidia aquello. En cambio, le gustaba esa sensación, le agradaba saberle de esa forma: Inocente.

Como si todo el camino que hizo hasta allí, hasta el, hubiese valido la pena.

Y cuando lo escuchó hablar, sintió que lo valió.

El pronunció su nombre completo con voz infantil pero confiada. Ella miró a Shanks y entendió que el probablemente se lo había enseñado.

-Sabes quien soy- afirmó ella con sorpresa , observado los ojos inteligentes y brillantes del niño, que miraban como ella, pero eran idénticos a los de Ace. Casi se echó a llorar, pero evitó hacerlo moviendo su cabeza hacia los lados, buscando recomponerse y alejar los sentimientos amargos fuera de sí. Al menos podía soportarlo está vez.

El niño entonces levantó la mano y le tocó la mejilla, allí donde corrían lágrimas que se había negado, pero que escapaban lenta y solitariamente, como una evidencia de que era humana y aquel encuentro sin le sabía agridulce en su paladar.

- Recuerdo a okasan llorando...también- dijo con voz dulce, comprensiva. A Ler le sobresaltó el que la llamase de esa manera, llenandola de incomodidad, pero le ganó el humor porque el, con una escasa edad, hablaba tan bien cuando a ella le tomó años lograrlo; a su vez, sus labios se curvaron levemente- en sus fotografías también lloraba. ¿Porqué?

- Probablemente estaba triste- explicó ella serena y nostálgica, tomando la diminuta mano en su rostro, más pequeña que la de ella, y envolviendola con curiosidad junto a su piel helada que él no se molestó en apartar.

- ¿Estás triste ahora?- preguntó mirándola con atención: Los ojos bien abiertos y llenos de inseguridad, la lengua apoyada en una de sus mejillas redondas, el gesto marcado por unas cejas arqueadas con curiosidad y preocupación. Ler cerró los ojos, meditando profundamente para no salir corriendo del lugar.

Aún era una niña tonta que había dado a luz otro niño. Y le era difícil hacerse a esa idea.

- No. No precisamente.

El niño sonrió. Y aunque su rostro era idéntico al de Ace, con la mirada de ella, su sonrisa era como la de Luffy: Franca, emotiva e inocente, llena de emociones que transmitía la misma sensación a quienes le miraban. Ella se encontró a si misma imitandole, tan tontamente como lo haría una niña pequeña y no la mujer que se suponía que era.

- Yo...Eh...- tragó saliva y dejó caer la mano que sostenía a un lado, pero sin soltarla- quisiera presentarte a alguien, está muy ansioso por conocerte- el pequeño la miró con aún más curiosidad. Ella sintió un nuevo golpe en su estómago, por alegría y por la culpa de verle de esa forma solo entonces- ha querido verte por mucho tiempo.

Su cabeza se inclinó hacia un lado.

- ¿Conocerme?

- ¿Has escuchado del Rey de los Piratas?- la mirada del niño se iluminó. Ler alzó nuevamente sus ojos hacia Shanks, quién al parecer le había contado demasiadas cosas al pequeño para ahorrarle explicaciones. Rió.- pues está aquí, junto a sus nakamas y otro gran guerrero- expresó, refiriéndose a sus compañeros y hermano mayor, que por sus sentidos, prevenia que se dirigían también al lugar- todos ansían verte.

- ¿A mí?- preguntó, la vocecita infantil aún más aguda. Shanks carcajeo pasos atrás- ¿Porqué?

- Son mis nakamas tambien- explicó ella, ganándose una nueva exclamación de sorpresa del marinerito, seguro preguntándose porque estaba vestido de esa forma entonces- y mis hermanos. Crecimos...Crecimos junto a tu padre- pronunció observándolo con atención, esforzándose porque su voz no se perdiese en la oscuridad amarga y triste con las últimas palabras que pronunció.

- Portgas D. Ace- dijo el seguro. Ler alzó las cejas y abrió la boca. El nombre llegando a sus oídos le causó un nuevo terremoto de magnitudes inimaginables en su interior. El nudo volvió a formarse en su garganta y tuvo que aclararse para que el no notase que le costaba hasta respirar.

- Así es...- confirmo ella, suavizando su mirada mientras le apretaba levemente la mano aunque sintiese que su pecho era atravesado con mil cuchillas ardientes- fuimos compañeros de aventuras mucho tiempo hasta que tomamos caminos distintos, pero nunca dejamos de ser hermanos... Así que ellos están ansiosos por conocerte, eres su familia.

El niño sonrió con dulzura, las mejillas teñidas de rojo cálido, haciendo que sus pecas graciosamente resaltaran aun más, y con el gesto de vergüenza, su nariz se arrugase levemente, poniéndolas a bailar. Ler estuvo a punto de echarse a llorar y correr lejos del lugar, porque el pensamiento de que el era lo mejor que hizo y lo que no, le llenó de orgullo y satisfacción, una que probablemente compartiría con Ace de estar vivo.

Afortunadamente, Shanks, al verla temblar y retroceder, intervino.

- Creo que ya están aquí- informó el pelirrojo apuntando tras de ella. Ler movió su cabeza hacia atrás, sintiendo como la afirmación era real y un grupo de personas llegaban a lo alto de la colina, a unos cuantos metros de la entrada de la cabaña.

Soltó al niño y colocó sus manos en sus rodillas para impulsarse hacia arriba y comenzar a caminar, hasta que sintió un tirón en la falda de su vestido y tuvo que mirar hacia abajo, donde los ojos oscuros de asunto le miraban con expectación. Siguió caminando como si nada hasta que el carraspeo de Shanks la obligó a reaccionar, retroceder y comprenderlo.

"Oh" pensó.

Ler, pese a ser quién le había traído al mundo y superar el miedo inicial y agobiante de tenerle cerca, aún no se acostumbraba a la idea de ser madre. Hasta llamarse de esa forma le resultaba incómodo, pero no le desgraba la idea de tener a alguien, de que ese alguien viniese de ella y tuviese parte de sí en su ser. Pero no podía cambiar el mundo en un día y aún seguía actuando como si solo fuese ella una vez más, caminando hacia adelante sin detenerse ni pensar que había alguien a quien tenía que tomar de la mano.

Observó pensativa la mano que le tendida el niño, hasta decidirse a tomarla, con cuidado y hasta temor.

Tendría que pasar mucho para acostumbrarse.

Se acercaron a la puerta y abrieron. Shanks les siguió detrás hasta que salieron. Los Mugiwara, su Capitán y Sabo, se encontraban hablando y riendo con la tripulación del Pelirrojo hasta que notaron su presencia y voltearon hacia ellos.

La ex-marine se sintió cohibida instantáneamente, con miedo. No sabía que se suponía que debía hacer o decir, nadie nunca le había enseñado a hacerlo y ella tampoco quiso aprender, pero los brazos que se aferraron temblorosamente a sus piernas le demostraron que no era la única llena de miedo, que como se sintió ella misma un día, al pequeño le preocupaba el rechazo.

Sus amigos la miraban con atención, preguntándose porque su rigidez, pena y comportamiento extraño. Sabo y Luffy la observaban también, pero dirigiéndose allí donde asunto creía que podía esconderse de los "desconocidos".Miró al cielo un momento, pensando en lo difícil que estaba siendo y que realmente, pese a no ser el mejor de los escenarios, no le había ido tan mal.

Ace se sentiría orgulloso por saber que habia dado aquellos pasos que aunque cortos, la acercaban a la Ler que siempre quiso y el la motivó a ser.

A la libre, a la valiente.

Tomó las riendas de la situación, pensando en el y en asunto, que había comenzado a murmurar. Se aclaró la garganta y atrajo la atención a su rostro.

- Yo...- su voz sonó débil y quebrada, pero con cada palabra se armaba de valor- yo quiero presentarles a alguien...Ven- dijo volteando levemente para tomar al niño de la mano y traerlo hacia delante más bruscamente de lo que había previsto, a donde llegó con unos cuantos pasos inseguros y la cabeza gacha. Ella le apretó la mano, ganándose su atención. Así, apuntó con su barbilla hacia donde todos le miraban con expresiones distintas, de sorpresa y emoción en el rostro o lo que sea que manifestase el cráneo de Brook- el es Portgas D...- explicó, llamándolo por primera vez por su nombre completo- pequeño, ellos son mi...Tu...Mierda...Nuestra familia.

El dió unos cuantos pasos, motivado por los pequeños empujones que Ler le dió, los suficientes para que en un segundo se viese en los aires, envuelto en los brazos del Rey que no conocía, pero que le abrazaba como si le estuviese esperando desde siempre. Sintió como lo mojaban lágrimas, como las que Ler había soltado también hace unos instantes. Le escuchó balbucear y llamarle con cariño, antes de que otro cuerpo, el de un rubio, le rodease también.

- ¿¡Pero que tienes puesto!? ¿Que mierda le estuviste diciendo, Ler?

Y de repente, el pequeño niño desconocido se llenó de mimos y atención. Ler lo miró todo un poco atrás, francamente en su limite, y es que años y años llena de ansiedad y resentimiento seguían mermando en sus habilidades sociales. Shanks llegó a su lado y la miró a ella con una sonrisa.

- No pensé que viviría para verlos a los dos otra vez aquí- dijo señalando a Luffy, quién cargaba al asunto con alegría, divirtiéndose y llorando como si el también fuese un niño.

Ella sonrió, cruzó los brazos y pateó unas cuantas piedras cerca de sus pies. Levantó la cabeza y le miró, agradecida. - Nos ayudaste a vivir lo suficiente para hacerlo. Gracias- pronunció, poniéndose de puntillas para besarle la mejilla- y por lo que has hecho con el. Es...es un niño increíble.

- Sus padres son increíbles- repuso el, tranquilizandola. Su brazo se extendió para colocarse tras los hombros de ella, obligandole a apoyarse en su pecho- toda su familia lo es- comentó despreocupadamente.

- Lo sé- Ler miró al niño jugando con el sombrero de Luffy y frunció el ceño. Levantó la cabeza y se enderezó, dejando caer sus brazos a ambos lados de su cuerpo con molestia repentina.

- ¿Qué sucede?- preguntó él, preocupado, viendo como el gesto de ella era distinto, así como todo su lenguaje corporal.

- Los regalos- explico para desconcierto del hombre, chasqueando la lengua y emitiendo un sonido parecido a una queja infantil - Marco me lo envió antes de que partiesemos. Lo dejé en el barco...- sus ojos lucieron brillantes, llenos de una exitacion.

Shanks no lo comprendió, pero le agradó en gran medida saber que su comportamiento singular se debía a la emoción infantil de una madre muy joven y primeriza, y no de la desequilibrada que trataba de escapar una vez más.

Ler avanzó cierta distancia, pero un grito agudo, casi como un chillido, la detuvo.

- ¡Okasan!- le llamó el niño. Ler tardó en reaccionar, porque se sentía extraña y desconocida aquella forma de dirigirse hacia ella. De algún modo, comprendió que era la única a la que esa voz llamaría así. Se giró entonces en su dirección. El niño había bajado de los brazos de Luffy en un pataleo casi desesperado, caprichoso, mirandola con duda , como si de dar un paso más, le rompiese el corazón. Ella comprendió el miedo que sentía porque un día también lo sintió- ¿A dónde vas?

Luffy la miró con la misma interrogante , preocupado porque hubiese sido demasiado para ella y su bien conocida frágil estabilidad mental, obligándola a huir. Pero en sus ojos no pudo encontrar temor ni cobardía, solo emoción. Se volteó hacia Sabo, quién lucía confundido también, sin entender tampoco las acciones de la ex-marine.

- Olvidé algo en el barco...¡Un regalo!- le gritó, moviendo sus brazos de forma ridícula, como si intentase dibujarle en el aire una explicación para calmar su demanda llena de pena y aflicción. Quizá por el remordimiento que le causaba el haberle dejado sin apenas soportarle- ¡Un regalo para ti!

El niño apretó sus puños y miró a las personas a su alrededor que se habían detenido también en su celebración para observar a la mujer vestida de blanco que partía. Tenía miedo, pero algo en su corazón le decía que no debía tenerlo.

- ¿¡Volverás!?- chilló otra vez.

Ella sonrió genuinamente y asintió con rapidez: - ¡No volveré a irme!- le informó con otro grito y una sonrisa, que el niño tuvo que reflejar también, porque la conexión natural que tenían lograban que sus sentimientos se entrelazarán de forma sencilla. Y el sentía la calma que le provocaba ella con aquel gesto.

- ¡No tardes, okasan!- Ler dió un brinco nuevamente, pero sacudió la cabeza, despejandose.


Siguió buscando con rabia y confusión entre las cosas apiladas en el salón del acuario, donde habían dejado todos los regalos y objetos que ella había traído consigo, porque la fiesta constante por su retorno no les había permitido ordenar. Y es que Ler tenía la certeza absoluta de que lo que buscaba estaba allí, en una caja cuidadosamente sellada para evitar que se dañase.

Se pasó el cabello que tenía en frente tras su oreja, desesperandose al no encontrar aquello que buscaba tras una intensa y agresiva revisión en todos lados, abriendo hasta aquellas cosas en donde era imposible, se encontrase el objeto. Suspiró frutrada y se sentó en el suelo, con las rodillas dobladas cerca de su pecho para observar la montaña de regalos que se encontraban abiertos salvajemente y desordenados, porque ella no encontraba lo que necesitaba.

Y le ponía de mal humor.

Estaba molesta y preocupada, pero prefería desencantarse por la idea de que Luffy podría haberlo tomado y entonces no imaginaria que en alguna parte, ella lo habría perdido o dejado atrás. Se llevó las manos al rostro, llena de frustración. Trató de serenarse contando en su cabeza hasta que decidió ponerse de pie e ir en busca de su hermano o Jinbei y Zoro, quienes habían colocado la mayoría de cosas allí.

Salió pobremente animada del salón, dirigiéndose a cubierta, sus pies arratrandose con pesadez por la madera porque realmente quería otorgarle aquello a asunto. Era algo que hasta el mismo Ace habría querido, con total seguridad.

- Ya no eres una niña, pero sigues siendo una tonta, Ler.

La única persona que debía estar en el barco se detuvo. En su interior, su agitado corazón lo hizo también. No hubo ningún sonido o moviento además de la desgarradora sensacion de sus pulmones siendo oprimidos con fuerza, robándole el aire; y su estómago removiendose, con una sensación que no había tenido en años. Levantó lentamente la cabeza hasta que sus ojos tuvieron un vistazo del frente y lo vió.

Su corazón volvió a latir y bombear sangre por su cuerpo, gritando "Allí está tu dueño" con pasión y seguridad. Y es que de pie, recostado despreocupadamente en barandilla del barco, se encontraba Ace.

Tenía los brazos flexionados y apoyados tras de sí, recargandose tranquilamente en ellos para mirarla a ella , solo a ella, con aquellos ojos que nunca creyó, volvería a ver en esa vida o en la siguiente. La estudiaba con atención, sonriendo de lado con superioridad por haberle provocado un estado atónito. La arrogancia en su gesto confiado era similar al que solía disfrutar hacer en vida, por que una vez más la había dejado sin palabras.

Lucía exactamente igual a cuando le vio por última vez, pero en su cuerpo ya no había ningún daño o herida, no había mal ni dolor en ningún rastro de su ser. Deslumbraba tanto en belleza y masculinidad que a Ler, aunque hubiesen pasado años, aún le provocaba emociones que no podía explicar.

Se echó para atrás, incapaz de recibir completamente la ráfaga explosiva de sensaciones que solo Portgas D. Ace con su mirada penetrante y su sonrisa divina, llena de descaro, podían causarle a una descarada como ella.

Su piel aún lucía bronceada, con las pecas en el lugar exacto que solía conservar en sus recuerdos, dándose cuenta que en vida le observó tanto como para que quedarán grabadas a la perfección en su mente tras su muerte. El cabello largo y rizado se veía sedoso, limpio, oscuro; pero reflejaba la luz del sol, que parecía alumbrarlo solo a el ante sus ojos como si fuese la mejor de sus obras de arte. Y Ler no pudo evitar temblar porque quiso correr hacia el y hundir sus dedos en sus cabellos, y acariciarle, y amarle, y decirle lo mucho que le extrañaba.

-¿Eres real o estoy soñando?- preguntó insegura porque él no podía estar allí, pero ella se sabía incapaz de imaginarlo con tal claridad y precisión, en el estado perfecto que poseía en vida.

Él sonrió, pero de una forma más sincera, sin malicia o coqueteos; solo tranquilizadole, transmitiendole que en su interior, el se sentía igual. Incluso notó como vagamente sus labios temblaban.

- No tienes tan buena imaginación como para soñar esto, Ler.- le respondió estirando su brazo, invitándola a acercarse. Fue entonces que Ler notó como en el otro, extendiéndose más abajo de la piel tatuada con su nombre, su mano sostenía el objeto que buscaba. Y supo que en verdad era alguien real y no estaba soñando nuevamente.

Se acercó con pasos lentos y tortuosos hasta estar frente a el, quién la espero pacientemente, mirandola con atención, deseando estrecharla entre sus brazos como había anhelado cada día, desde que partió: La observó desde donde estaba, la amó y la sufrió, y ahora la tenía allí una vez más. Una última vez.

- ¿Cómo es que estás aquí?- le preguntó ella insegura, buscando los ojos de el, que nunca se cansaría de ver y adorar, de querer.

- Urano se enteró que Poseidón y Plutón fueron a verte, y que de hecho, Plutón te llevó a verme a mí- le explicó en voz baja, sin estar seguro de porqué, cuando no había nadie más alrededor de ellos, pero buscaba la máxima intimidad que aquel entorno soleado y expuesto les podía dar. Ella cerró los ojos, recordando la decisión que tomó- eh, no, no, mírame- le pidió, tocandola otra vez por primera vez al notar su semblante lleno de culpa y decaimiento. Ante su tacto, ella se volvió a mirarle sorprendida, con un pequeño salto y cosquilleo que les invadió a ambos- Ler, es lo que debía ser. Yo habría hecho lo mismo, te habría dejado ir si eso significaba hacernos libres- la consoló sin soltar su rostro, apretando suavemente con las yemas de sus dedos la piel morena y femenina, que se estremecía bajo su tacto- por eso Urano intervino y me permitió venir aquí para despedirme. Lo hiciste muy bien en el juicio, nena.

Ler apretó los labios y se preguntó si le quedaban más lágrimas para llorar ese día, porque sentía que estaba seca en el interior. Pero Ace siempre la llevaría más allá de sus límites, la empujaría a los lugares en donde nunca imaginó que quería estar, pero adoraba visitar si era con el.

No tenía miedos ni inseguridades a su lado.

Lloró amargamente como niña en sus brazos. Se los pasó por la espalda y se aferró a el, deseando que nunca escapase de su lado, que no desapareciese, que se quedase allí con ella.

"¿Que has estado haciendo todo este tiempo, mi amor?..." Se preguntó sin poder preguntarselo a el.

Ya había soñado con el, ya le había visto y sentido a su lado, pero nunca con la verdadera calidez, cariño y sentimiento que emanaba ahora. Estaba segura que su piel fría se sentiría caliente aún después de separarse de el. De hacerlo para siempre.

"Yo te he amado, soñado y extrañado tanto..."

- Ha pasado tanto tiempo, y tanto te he necesitado, amor...- sollozó escondida en su pecho desnudo, mojado por sus lágrimas. Ace le había correspondido también, dejando escapar su propio llanto sobre ella, apretándola con desesperación y anhelo porque sabía que en verdad sería su despedida, pero queria verle como el mejor de sus encuentros- perdóname por hacerlo tan mal y querer rendirme, perdóname por dejarte ir...

- Leriana...- la llamó, con el mismo tono de voz, roto, adolorido y enamorado , que solo podía corresponderle a ella, que solo le pertenecía a su Ler- tu no me necesitabas. Yo te dejé, rompí mi promesa y aún así seguiste adelante, sin mi...Y lograste junto a Luffy que fuésemos líbres, que yo también pudiese seguir- le dijo besándole la cabeza, deteniéndose solo para acariciarla con cariño cuando la sentía hipar y escuchar su llanto desconsolado aumentar.

Ella levantó entonces la cabeza, mirándole de cerca. Los ojos oscuros y mágicos que Ace amó desde que el destino lo creó y que amaría hasta volverse parte de las estrellas o dejase de existir perdiendo su consiencia, estaba llena de amor y cariño, de dulzura y nostalgia. Tenía el brillo del llanto, pero no de dolor.

Por primera vez le miraba, y el le devolvía la mirada tambien, llena de paz.

Y Ace comprendió que quizá , incluso como estrella, seguiría brillando para ella.

- Eras demasiado joven para irte...- susurró Ler, levantando su mano para tocarle el rostro pecoso de hombre, pero uno que no avanzó mucho antes de conocer el final de su camino. La piel bronceada se sintió calidad en sus dedos helados, suave, pero con un cosquilleo que se imaginó su cuerpo por las pecas bailarinas repartidas en su rostro.

- Siempre fuimos muy jovenes- confirmó el con un suspiro, admirandola también, dibujando el contorno de su rostro único y la forma de sus rasgos preciosos lentamente, intentando conservarlos más allá de su memoria para siempre-pero parece que ha pasado una eternidad desde entonces.- Ella asintió, comprendiendo que se refería a la primera de sus vidas- hoy somos libres.

-Lo somos- repitió ella dejándose caer hacia atrás, pero sin alejarse de el. Movió su cabeza hacia un lado y observó al frente. El grupo se había dirigido a la playa, lo suficientemente cerca para que ambos les pudiese ver. Ace ladeó su cuerpo también para permitirle tener una visión completa de la escena, y para ver el también como se desarrollaba.

- Lo que significa que...No volveremos a vernos...- murmuró el, apoyado sus brazos nuevamente en la barandilla, pero esta vez en dirección a los vivos. Ler volteó su cabeza hacia él y lo miró pensativa y apenada.

- No- respondió después, con su pecho inflandose y contrayéndose mecánicamente , como si le hubiese costado decir aquello tanto como le costó comprender un día que le tenía que dejar ir.

- Leriana- llamó Ace buscando su atención nuevamente aunque los ojos de ella nunca dejaron de observarle en ningún momento, buscándolo siempre como Ícaro al sol- si vuelvo a nacer...No importa que hayamos roto el ciclo, que todo haya terminado...No importa donde esté, te buscaré y encontraré sin importar el tiempo que me tome.

Ella apretó los labios, insegura de dejarle saber que aquello era imposible, pues debido al trato y la ley de las almas mismas, todo debía seguir su curso como siempre debió ser. El no la recordaría, no la amaría más allá de la puerta del olvido que estaba destinado a cruzar desde siempre.

- Te estaré esperando- le respondió en su lugar, apoyándose también en la barandilla y extendiendo su mano para tomar la de el, con un suave tono de seguridad en sus palabras, en el amor que se tenían más allá de la vida, los dioses y el destino, pero que no pasaría de allí.

- No me extrañes demasiado tiempo. Aunque pienses que voy a olvidarte, se que si te vuelvo a ver sabré que te he amado siempre- aquello la sorprendió y le obligó a levantar el rostro para apreciar toda la expresión confiada de el, que ahora se encontraba mirando hacia el frente con una sonrisa, sin duda alguna escondiéndose en su mirada o voz- cuando la muerte y el olvido me lleven de la mano, mantendré la otra aferrada a tu recuerdo.

Ler sollozo en voz baja, dando un respingo que Ace se encargó de consolar con otro apretón de manos suaves, pero sin apartar su mirada de sus hermanos y del asunto, a quien miraba con una sonrisa atontada, llena de orgullo, admiración y ternura, de amor. Ella comprendió que probablemente estaba emocionado también por verle de esa forma, como si fuese la primera vez de ambos siendo consientes de lo que habían hecho y hasta donde su amor había llegado; así, aunque ellos muriesen un día y en verdad nunca volviesen a encontrarse, su amor nunca moriría del todo.

Incluso si ellos morían para siempre, Asunto viviría y su amor viviría con el.

- Tuvimos nuestra revancha al fin... ¿No crees, Ace?.

El rió brevemente entre dientes sin despegar sus ojos del pequeño ser que habían traído al mundo.

- Definitivamente la tuvimos- concedió con sinceridad, su gesto revelando que había una onda de sentimientos y emociones que el nunca había experimentado por nadie más que ellos, hacia el niño, y que estaba disfrutando grandemente en sus últimos momentos. Ambos habían notado como su presencia comenzaba a debilitarse, pero su agarre parecía más fuerte que nunca. Ella ni siquiera se secó las lágrimas o se molestó en prestarle atención mientras hablaba. - ¿En verdad lo hicimos bien, Ler?- solo entonces, el volteó nuevamente hacia su rostro y la observó. Ya no había dolor en su pecho, ni el peso de cadenas aferradas en su corazón, no había más culpa en su alma, solo sinceridad, paz y amor. Regocijo.

Ler sería la imagen que le mantendría imperturbable, fuerte y confiado, sin importar el destino que le esperase al otro lado. Esa imagen donde ella le sonreía de corazón.

- Lo hicimos bien, Ace.

Ambos se miraron como dos adolescentes tontos y enamorados, imprudentes e inconscientes de todo, con ese amor y adoración por el otro que ni siquiera existía en inmortales, uno que iba más allá de todo lo comprensible en la tierra, el mar, el cielo o las estrellas.

El hombre suspiró cuando su cuerpo se sintió desvanecerse y alejarse de ella a pesar de tenerle al apar, por lo que se apresuró a despedirse:

- Dile que lo quiero y me habría gustado conocerle...Y recuérdale a Sabo y a Luffy que los amo...Nunca olvides que te amo a ti- soltó de forma acelerada, sin detenerse un segundo a respirar- Cuidalos y cuídate. No me llores mucho tiempo porque volveré por ti. Hasta entonces, se libre y feliz- e inclinándose sobre sus labios, antes de que Ler pudiese reaccionar para corresponderle, desapareció

Cualquier indicio de llanto, del nudo que se le formó en la garganta al dejar de sentirle y verle a su lado, así como el dolor en su pecho que repentinamente le parecía vacio al saber que aquella había sido su última vez juntos, fue silenciado inmediatamente por el sonido de música. Aquello le trajo recuerdos, pensando que quizá Luffy quería consolarle otra vez, pero en su mente no encontró sentido, mucho menos, en su corazón.

Los parlantes al rededor del pueblo y de lugares en donde ella no imaginó que podían haber, transmitieron con toda su fuerza y volumen una canción que su mente tardó en reconocer, pero que en su corazón se introdujo automáticamente, como si nunca hubiese dejado de sonar pero ella hubiese olvidado escuchar hasta entonces.

"Nos volveremos a encontrar..." cantó una voz, llenando cada uno de sus sentidos como ondas de melancolía, como un llanto que de cierta forma, quería y necesitaba escuchar. Respiró sintiendo como sus pies casi se movían al ritmo de la misma, con naturalidad y gozo. Su vista se empañó con lágrimas y su cuerpo tembló.

" No sé dónde, no se cuando..."

Ler cerró los ojos, apretando ansiosamente el sombrero contra su pecho, disfrutando de la canción y de la promesa que Ace había cumplido, porque finalmente, ella también la cumplió.

Volvió a casa.

Y el la recibía a gritos, con dicha desesperada y exagerada. Su declaración era salvaje, ruidosa y orgullosa, alzándose sobre todo lo demás, sobre cualquiera, como siempre lo hizo el ; a través de la melodía de aquella canción que encontró años atrás, y ella no supo hasta hace poco.

" Pero sé que nos volveremos a ver en un día soleado..."

No encontró una nueva razón para llorar, si no, sonreír con el peso del dolor de los recuerdos, en vuelto en una manga de paz y tregua, de tranquilidad, porque al menos había podido verle una vez más y hacerle saber que había vuelto a casa.

Miró al cielo un instante, aún con la sonrisa triste y melancolica. Murmuró un corto pero genuino agradecimiento.

"Sigue sonriendo, como siempre lo haces..."

Se enderezó lentamente y cerró los ojos, disfrutando de la brisa marina y el sol que le besó con cariño y ternura el rostro, como si realmente fuese el beso que el hombre de fuego no pudo darle, pero que le llenó de su calidez y la sensación de libertad, envuelta en su recuerdo vivaz y despreocupado, en la música que un día abrazados como niños, bailaron sin pensar en nada más.

Al fin sus almas sabían lo que pasó con el otro, a donde fueron después de aquel fatídico final en su primera vida.

"Hasta que el cielo azul se lleve las nubes oscuras lejos..."

Y se alegró de que aquel fuese el fin de la última, y él, a dónde se dirigiese, no arrastrarse más cadenas atadas a su cuerpo. Que finalmente lo que le ataba a ella y a todo lo malo de su pasado, se hubiese roto.

"Así que saluda a las personas que conocí, diles que no tardaré mucho..."

Se aferró una vez mas al recuerco de Portgas D Ace y miró a la lejanía, donde Luffy y Sabo, junto al asunto y sus nakamas, alzaban los brazos saludandola, llamando su atención para que volviese con ellos. Shanks y el resto de sus amigos, hasta Dadan, se unieron a ellos también, gritando su nombre, cantando a todo pulmón la canción con que Ace había prometido esperarla. Entonces puso una mano en la barandilla, dispuesta a saltar hacia abajo y echarse a correr hacia ellos para vivir una aventura completamente nueva, una que no tenía un guión, que solo le competía vivir a ellos desde ese día.

"Ellos estarán felices de saber que cuando me viste partir, me fui cantando está canción..."

Dentro de sí tenía la promesa clara de aquella canción, del amor que le tenía al hombre, por lo que se mantuvo sonriendo al caer al suelo y comenzar a correr con el sombrero de Ace en sus manos, esperando un día, con un rostro distinto, con una vida distinta, volver a amarle con su misma alma.

"Nos volveremos a encontrar..."

-Si no puedo volver a verte en esta vida, yo esperaría, esperaré verte en la siguiente.

Hasta entonces, debía decir adiós.

Adiós, Ace...

O hasta que nos volvamos a encontrar.