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QUIERO QUE TE TOQUES
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Ella estaba consternada.Le rogó a Pansy que la acompañará a su habitación para contarle todo. Ella estaba segura que de alguna manera Parkinson tenía que ver con él hecho de que Draco supiera sobre su pequeña obsesión por él.
"Sabe Legeremancia." respondió Pansy, como si aquello no tuviera importancia.
Amelia abrió la boca en una o silenciosa, queriendo matarse en ese mismo momento. "¿Es una maldita broma?" exclamó ella. "Voy a matarte Pansy, ¿sabes todo lo que pasó por mi cabeza en ese momento?"
La chica sonrió, inclinándos hacia adelante en el escritorio con una mirada cómplice. "Y a él le fascinó."
"No, no, no." fue lo único que logró decir Amelia mientras Caminába de un lado a otro en su habitación.
Ya había pensado las formas de evitar encontrarse con el rubio. Quizá fingiria estar enferma para no salir de su cuarto, o sólo saldría cuando él no estuviera, merlín, cualquier cosa para no toparselo nuevamente.
"Aceptalo Ames," dijo en tono pícaro. "Le gustó."
"¿Y tú como lo sabes?" respondió, poniendo los brazos en jarra.
Pansy resoplo, saltando del escritorio para caer en la cama. "Fui la única chica en su grupo de amigos, ¿crees que se molestaban en mantener sus bocas cerradas al hablar de sexo frente a mí?"
A Amelia se le revolvió el estómago. Parkinson sabía demasiadas cosas, y era una chica muy instruida en esos temas. Siempre mencionaba que ser parte de un grupo de hombres te hacía aprender muchas cosas, por ejemplo, lo que les gustaba a la hora de las relaciones.
Eso era algo de lo que Amelia estaba alejada. Antes del bunker, no tenía muchas amistades. Sus únicos amigos siempre fueron Harry, y Ron, a quienes no podía ver más que como hermanos. Los gemelos fueron su único acercamiento al mundo feroz. Ellos se acercaron a ella en un juego que acabó casi al instante. Exactamente el mismo día que comenzó, cuando Molly los encontró besándose sin control en la madriguera.
Vergonzoso, sí.
"Cuéntame." se aventuró a decir. "¿Cómo sabes que - que le gustó?"
Pansy dio un pequeño grito, agarrando el brazo de Amelia para lanzarla a la cama junto a ella. Las dos se acomodaron mirando al cielo, acurrucadas sobre las desordenadas sábanas.
"Primero, debes saber que Draco tiene gustos..." ella hizo un gesto, torciendo el labio al pensar. "algo peculiares."
Amelia frunció el ceño, volteando el cuello hacia su amiga. "¿Peculiares?"
Pansy sonrió, dejando que unos pequeños hoyuelos marcarán su rostro. "Tendré que partir desde el comienzo contigo Ames." respondió, a lo que recibió un pequeño golpe de Amelia. "Las chicas acostumbran a tener ciertos gustos en el sexo ¿no?. Muchas pensamos en la típica fantasía. Un hombre poderoso ejerciendo posesión sobre nosotras. Es algo... indescriptiblemente placentero."
Y claro que Amelia lo sabía. La mayoría de sus sueños con Draco trataban sobre ello. Creía que se debía al hecho de que tenía nula experiencia en esos ámbitos. Las pocas veces que se relaciono con chicos ellos no iban más allá de un apretón fuerte, y Amelia era demasiado tímida para admitir sus gustos.
"Pero," siguió diciendo la chica. "posesión es algo... diferente al control sobre alguien, y ahí es donde entra Draco."
Ella estaba comenzando a sentirse profundamente confundida. "¿Pero no es control y posesión casi exactamente lo mismo?"
"Oh, no..." respondió Pansy. "Claro que no. Dentro de la posesión hay un aspecto aferrado al dominio de la persona ¿entiendes?, pero el control es sólo el hecho de sentir que tienes el poder en tus manos."
Amelia suspiró, sin lograr captar las ideas de Pansy. "Entonces... ¿que tiene que ver Draco en todo eso?"
"Draco jamás te va a poseer. Él cree que el solo hecho de obligarle a alguien a ser de su pertenencia puede influir sentimientos que, definitivamente, el no quiere. En cambio, mantener el control sobre ti es más fácil."
Ella asintió, procesando las palabras de Pansy.
"Ahora, cuando se trata de control, el jamás aceptaría que alguien lo manipulara." aclaró. "Sería nefasto e incongruente para su ser arrogante y fuerte."
"¿Quieres decir que no se puede ejercer poder sobre él?" preguntó tímidamente Amelia, que ahora estaba enrollada en cada parte de la información que Pansy le daba.
"Jamás." recalcó ella." Y bueno, él también es rudo y bruto pero de una manera exitante ¿entiendes?"
"Si..." susurró Amelia, mientras Pansy se acomodaba.
La azabache se inclinó hacia ella, y Amelia pudo notar algo de nerviosismo en su rostro. "Hay más..."
Ella trago saliva, inclinándose también para dar un aspecto más privado, a pesar de que estaban solas en su habitación.
"Dime."
Pansy tiro un mechón de cabello antes de hablar. "Creo que Draco es bisexual."
Amelia sonrió, mirando la seriedad de su amiga. "Eso no tiene nada de raro en realidad."
"Lo sé Ames, sabes que estoy muy de acuerdo en ello. Es otra cosa a la que me refiero..."
"Sólo dilo Pans." pidió Amelia, abrazándola con fuerza.
Pansy la empujó de juego, riendo junto a ella. "Bien, basta, esto es serio."
"Está bien," respondió ella. "habla."
"A Draco le gusta... compartir su sexualidad ¿me entiendes?" habló ella. Notando la ceja alzada de Amelia, resoplo. "Él cree que no hay nada de malo en compartir tu cuerpo con, una... o dos... o más personas."
Amelia sintió el ardor por su cuello. "Quieres decir... ¿orgías?"
"Bueno, no en muchos casos." aclaró ella. "Más que nada tríos o, a veces sólo - merlín, no quiero tener que explicarte todo."
Ella se retorcio, enterrado su cara en una de las almohadas a su lado. La sola idea de pensar en él la hacía sonrojar, y estaba más que segura que ahora, estaba roja como un tomate. Pero también sentía un nudo en el estómago. Draco era demasiado abierto. Esa podría ser una de las razones por las cuales muchas chicas no han llegado lejos con él. La sola idea de pensar en relaciones con más personas le daba un vuelco.
"Tus pensamientos," siguió diciendo Parkinson. "le encantaron. Te demostraste sumisa, y eso es lo que él quiere. Sentir que te tiene en la punta de sus dedos, tambaleándote por él."
"Pero, suponiendo que lo que dices es cierto." habló Amelia, girandose hacia ella. "Aún sigo siendo una sangre sucia para él."
Pansy suspiró, frunciendo el ceño. "Me lastima decirlo pero, tienes razón. He estado algo ajena a Draco este último tiempo y, no sabría decirte cual es su postura frente a la sangre hoy en día." dio una pequeña pausa, capitulando en su mente. "Sus padres fueron estrictos con él en ese ámbito - digo, todos pasamos por eso pero, él es difícil de ceder."
"En pocas palabras, es una fantasía frustrada." interrumpió Amelia, volviendo a sentarse en la cama. "De todas maneras jamás creí que algo entre él y yo podría pasar."
"Oh, no exageres Ames." Pansy se acomodó. "Te dije que no sabemos aún qué piensa. Además, si él no quisiera nada de ti, te lo habría dicho al instante."
Ella lo pensó. Pansy siempre tiene razón.
"¿Alguien te ha hecho correr solo con palabras?"
La figura frente a ella. Alto, recio y esculpido. Draco Malfoy tentandola.
"Yo podría hacerlo."
Sus ojos se nublaron de tan sólo pensar en ello. Su pecho se estancaba en un mar de electricidad. Si él no la quisiera, no le habría dicho ese tipo de cosas.
Deseo.
Ella lo deseaba, en lo profundo de sus ser, de la manera más tonta y lastimera, lo deseaba.
"Pansy..." murmuró ella, suavemente. "Te mato si le dices algo de esto a cualquiera."
"Cálmate." rió ella, tomando un mechón castaño de Amelia. "No tengo a nadie quien contárselo tampoco."
Se encontraba en la pequeña biblioteca nuevamente. El libro que se había llevado días antes había sido tan interesante, que no le costó más que un par de horas en leer.
Ahora, quería algo nuevo que lograra llevar su cabeza fuera de esta realidad. Lo más lejos posible de su vida diaria.
Estaba paseando entre los estantes, pensando y pensando. Cuando una sombra oscureció su vista, tapando el rastro de la vela que la acompañaba en su búsqueda.
Amelia se giró para encontrar a Draco, mirándola fijamente, como si la analizara, buscando algo en ella que lo hiciera finalmente irse.
Comenzó a sentirse insegura. Una incomodidad que tapaba su enorme estremecimiento interno. Malfoy mirándola, haciéndola sentir débil frente a él.
Fantasías, pensó ella.
Pero no debía -
Él es Legeremente. Él puede ver lo que piensa.
Mierda.
Dio una pequeña bocanada de aire para tomar algo de valentía antes de hablar. "Draco, quiero disculparme contigo por... lo de ayer."
Él frunció el ceño, metiendo las manos en sus bolsillos antes de responder. "¿Qué cosa Granger?"
Ella rodo los ojos, lamiendo su labio con nerviosismo. "Sé que entraste en mi mente. Sé que -" su garganta ardió, un leve dolor en su mandíbula. "se que leíste mis pensamientos acerca de ti y - quiero decirte que fue sin querer, la verdad yo -"
"Si querías Granger."
Su tono seco y duro la congeló. Él no se inmutaba. Estaba ahí, parado frente a ella con la elegancia desbordante. Era un ángel en persona pero, nunca olvidaría la oscuridad que siembra dentro de él.
Amelia no respondió. Estaba demasiado avergonzada para hacerlo, pero eso era lo de menos. A Malfoy le gustaba hablar cuando tenía la oportunidad.
"Se que querías," repitió. "porque no es la primera vez que lo haces."
Y ahora, oficialmente estaba jodida.
Cierto punto en su núcleo se tensó, haciéndola apretar los muslos entre su tela de jeans, sintiendo como el calor bajaba por su estómago, posando se entre sus piernas. Sentía la culpa irradiar, pensando en cada pensamiento impuro hacia Draco, estando él cerca.
Él lo sabía.
¿Tenía conocimiento de todas sus fantasías?
"Draco, no es - yo puedo explicarte." balbuseo ella, sin darse cuenta de cómo retrocedía a la vez que él daba pasos hacia ella.
"Bueno, explicámelo." pidió él, ahora, apoyándose en uno de los estantes, mirando con ojos llenos de satisfacción.
Cerró los ojos, intentando hallar las palabras adecuadas para la situación. "Pues - yo..." su tono tembló, y cerró la boca en el momento que vio los ojos grises de él fulminando sus labios.
Draco, sin dejar de mirar sus húmedos y rosados labios, la incitó. "Vamos Granger, dilo."
Una de sus manos se apretó con fuerza mientras sentía el aire escapar de sus pulmones. "Te vi como un escape." confesó, alzando la cabeza hacia el techo. "Yo - simplemente te vi como un escape. No me he relacionado con nadie en mucho tiempo y yo -"
"Pensaste en mí." interrumpió.
Ella asintió, apretando su boca en una firme línea. La ola de placer despavorido la estaba matando. Se negaba a ceder ante su cuerpo. Ella debía controlarse, pero no parecía más que una adolescente con sus hormonas explotando en todas partes.
Draco hizo un movimiento brusco que la hizo sobresaltar. Su firme mano chocado contra los estantes, una a cada lado, dejándola privada de libertad en la esquina de la habitación.
Él es rudo y bruto pero de una manera exitante.
Amelia se sintió mareada cuando el aroma a manzana y menta entró por sus fosas nasales, lo que la hizo recordar su Amortentia, en sexto año.
Quería alejarse de él. Empujarlo y salir corriendo del cuarto, pero su ser interior, su malvada personalidad cruda, le pedía que no lo hiciera. Que se quedará y dejara que Malfoy le demostrará que tan rudo podía ser.
"Si sigues pensando en esas cosas no dudaré en hacerlo."
Legeremancia.
Se maldijo a sí misma por aún no saber levantar sus paredes de Oclumancia a la perfección. Levantar barreras para ella era algo tan complicado, y por más que pasara horas sentada con Hermione, no lograba dominarlo.
Y ahora, Malfoy leía su mente. ¿Cómo se suponía que podría pensar cuando él tenía el permiso de entrar a ella cuando quisiera?
"Draco," murmuró, apoyando sus manos en la pared tras de sí. "disculpame en serio, soy tan inoportuna y -"
"¿Cuándo fue tu última vez?" nuevamente la interrumpió, con una pregunta íntima que Amelia no esperaba.
Pero nada de lo que salía de su boca podía esperarse.
La sombra de Draco Malfoy era tan escuálida como él. Un joven siniestro, de pasado oscuro, con el sentimiento de poder en sus manos. ¿Quién podría permitirse esperar sus movimientos?
Amelia vaciló, pensando en responder aquella pregunta.
Su vida sexual era corta y desagradable. La última vez que tuvo relaciones, o al menos un intento de ellas, fue con un chico de Gryffindor mayor que ella. Era experimentado, si, pero la teoría no es lo mismo que la práctica.
Supo a lo que se dirigía cuando lo vio bajarse los jeans, saltando sobre ella como si los juegos previos fueran inexistentes. Amelia no era una mujer de conocimiento, pero había que ser un tonto para no reconocer que un juego previo es esencial para el buen sexo, y el chico no le dio precisamente eso.
Cuando hubo terminado de hacer incapie en su tortuoso recuerdo, respondió. "En el último año."
"¿Con quién?"
"Andrew Jordan."
Draco apretó los dientes, haciendo que Amelia notara los movimientos de su cuello, viendo la suave piel contraerse.
Él la miraba de una manera extraña y alejada, pero que a la vez se sentía cálida y aterradora. "Bien Granger." bufó él, separándose de ella mientras giraba sobre sus talones. "Espero que tengas una buena noche."
Y con eso, salió en un segundo de la habitación, dejándola en estado de shock mientras se inclinaba sobre sus temblorosas piernas.
¿Qué carajo fue eso?
El día siguiente fue igual de aburrido que cualquier día en aquel bunker.
Poco a poco notaba como sus amigos comenzaban a cansarse de estar ahí. Harry Potter no tenía una solución en este momento, y no sabría cuando la tendría tampoco.
"Pero es algo estúpido." dijo Noah Banks, un Slytherin de su año muy amigo de las demás serpientes. "No podemos fingir salir de aquí sin un maldito plan."
Harry negó. Su tes pálida tomando un color opaco en su rostro. "En este caso, estoy del lado de Banks también." respondió, dándole una pequeña mirada a Hermione. "Es mejor quedarnos aquí hasta estar seguros."
"¿De verdad te rendirás ahora Harry?" dijo la castaña, cruzandose de brazos.
Amelia y casi todos estaban sentados en la sala principal, bebiendo chocolate caliente mientras conversaban, pero luego de un comentario de Ronald, las cosas tomaron otro rumbo, y estaba segura que se avecinaba una tormenta.
"¿Tu hermana está algo alterada no?" preguntó Delia, inclinándose hacia Amelia para que sus palabras solo llegarán a sus oídos.
Ella sonrió, mirando a Hermione tener una conversación acalorada con Harry sobre por qué ya debían ponerse manos a la obra.
"Mione está cansada," le respondió, revolviendo el líquido oscuro. "siente la necesidad de sacar adelante las cosas. Sólo quiere ayudar pero... definitivamente no es el momento."
"Deberias ayudarla." añadió Delia. "Eres su hermana, te escuchará."
Delia Sukre, la más tierna Ravenclaw que había conocido - sin olvidar a Luna - era la persona más amable que había visto. Podría asegurar que sus virtudes eran más de una Hufflepuff, pero por su línea genética, la inteligencia afloraba en ella con libertad, siento una de las más influyentes en la toma de decisiones.
"Hablaré con ella, no te preocupes." le respondió, con una cálida sonrisa.
Cuando sus ojos se dirigían nuevamente a la conversación, no pudo evitar caer en Draco.
Se encontraba allí, en una diagonal frente a ella. Su cuerpo rebosaba en el sillón con la elegancia que lo hacía lucir. Su traje, el cual comenzó a usar desde sexto año, lo acompañanba siempre, dándole un aspecto limpio y delicado. Amelia apretó sus dedos contra la taza cuando pudo notar que él también la miraba, pero no a los ojos.
Su mirada estaba navegando cada centímetro de su cuerpo. Sus pupilas eran rayos de luz que quemaban cada lugar, haciendola temblar de tan sólo pensar que él posaba su atención en ella.
Intentó esquivarlo y comenzó a levantar paredes de Oclumancia, cosa imposible ya que, sin darse cuenta su mente comenzó a pensar que el color negro resaltaba su suave piel, y que sus pómulos estaban muy marcados bajo aquellos ojos grises que seguían fulminandola.
Ella pensó que quizá... sólo quizá, él la veía de la misma manera.
Pero todo eso era absurdo. Pansy le advirtió de sus gustos, y una chica como Amelia jamás podría llegar a rebasar sus altas expectativas.
"Oigan, estas estúpidas peleas de niños pequeños no solucionaran nada." dijo Ailaa. "La única manera de solucionar esto es con la opinión de todos."
"Yo opino, que saldré de ésta habitación ahora mismo." dijo Theodore, poniéndose en pie para subir las escaleras.
"Theodore Nott." espetó Hermione, mirándolo de brazos cruzados. "Eres parte de esto también."
Theo suspiró, refregando su rostro entre sus manos. "Salazar Granger, me jodes."
Amelia estaba sintiéndose mareada por la voz de su hermana. Sabía lo terca que podía llegar a ser y él hecho de que no hubiera cura para su enorme afán de mantener todo en orden.
Nathan Louis se acercó a ella. Compartía casa junto a Delia en Hogwarts y Amelia lo había conocido apenas este año, cuando se unieron a su debastada fuerza. Él era divertido y simpático, todo lo opuesto a lo que solían decir en el castillo.
"Ames, ¿estás bien?" preguntó él, viéndola batallar contra si misma.
Amelia asintió, dándole su taza de chocolate. "Es sólo que, me siento algo enferma."
"¿Quieres que prepare un filtro para ti?" preguntó, tomando asiento a su lado.
Delia se inclinó entre sus cabezas, arrugando la nariz. "Él solo intenta conquistarte Amelia, pero sé que no caerás en sus juegos."
"¿Estás celosa Sukre?" preguntó Nathan, sonriendo de lado a lado.
Amelia dejó escapar una pequeña risa, llamando la atención de Draco, quien luego de analizarla, bajó la mirada a la taza entre sus dedos.
Delia bufó en voz baja, intentando hablar más despacio que Hermione, que seguía luchando contra Harry. "Por sí no lo recuerdas Nathan, soy gay."
"¿Muy gay?"
"Demasiado gay."
El chico revolvió sus rizos. "Si te llevara conmigo podrías cambiar de idea."
Delia apoyó su taza en el reposa brazos, haciendo un gesto de repulsión. "Eso es realmente asqueroso Nathan, de verdad."
"De todas formas," dijo Amelia. "no creo que lo que tengas alcance para convencerla."
"¿Quieres ver?" preguntó él, señalando el cierre de sus jeans.
Amelia se puso de pie, dando la vuelta para mirarlo. "Me das náuseas Louis, busca alguien que te quite ese enorme ego que tienes."
Avanzó por la sala sintiendo la risa de Delia y Nathan. Nadie notó que ella había salido del lugar, así que, silenciosamente, abrió la puerta de entrada, apoyando el marco para no emitir un golpe.
Necesitaba salir de ahí al menos por un minuto. El encierro parecía hacerle daño y no quería pensar en las consecuencia que tendría después.
Avanzó por el corredor hasta llegar a los arbustos, corriendolos con delicadeza para admirar el cielo tenuemente anaranjado de la tarde. El sol estaba prácticamente a a mitad del monte y pronto desaparecería para dr inicio a la noche.
Cerró los ojos, intentando poner fin a las palpitaciones de su sien. Inhalo aire fresco, sintiendo llenar sus pulmones, y se contuvo. Su garganta se cerró, impidiendo el paso de aire. Por un segundo pudo sentir todo. El cantar de las aves, el venir de las hojas, la frescura del viento. Y exhalo, botando lo malo de su cuerpo.
Estaba en completa paz cuando el crujido del hielo la desconcentro.
Lentamente se giró, y su cabeza se inclinó hacia bajo al ver a Draco frente a ella. Ignoró todos sus sentidos y levantó una barrera al instante. Pensó en muros de papel color crema, su habitación. Necesitaba pensar en algo que le transmitiera seguridad y su cuarto era lo mejor para ella.
"Te congelaras aquí." dijo él, parándose a su lado.
Ella trago saliva sin para de oclumar. "Necesitaba aire."
Él estaba ahí, inmóvil, sus ojos brillando en un tono naranjizo. "Te entiendo, es un poco abrumador allí dentro."
Amelia se sentía mal por sorprenderse de su amabilidad, pero cuando vives demostrando un tipo de personalidad, es difícil creer en los cambios radicales. "Lo es...",
Escondio las manos en los bolsillos de su abrigo, ladeando la cabeza en su bufanda.
Era la primera vez que se instruia tanto en permanecer ocluida, y no le estaba ayudando para nada con su dolor de cabeza. El mantener las paredes en pie era más difícil de lo que creía, pero aún cuando sentía una presión contra ellas, golpeando y golpeando hasta querer despedazarlas por completo.
"Es un poco absurdo lo que haces." dijo él, sin mirarla.
Amelia alzó su cabeza, quedando a la altura de sus hombros. "¿Hacer qué?"
"Ocluir." respondió él. "Cuando ya sé la mayoría de tus pensamientos, es ridículo que los sigas escondiendo."
Ella volvio a marearse y está vez, se plantó frente a él, sin atreverse a mirarlo a los ojos. "Draco ya te pedí disculpas y -"
"No te pedí que lo hicieras." la interrumpió, dando un paso hacia atrás para alejarse de ella. "Yo quiero decir... fue algo sorprendente descubrirlo."
Ella abrió la boca, viendo el gélido aire entrevolar por sus labios. "¿A qué te refieres?"
Draco miró atrás, como si un miedo lo absorviera por dentro. "No creí que alguien pensara en mí de esa forma." respondió. "Mucho menos cuando la persona no ha tenido ningún tipo de relación conmigo."
Amelia quería salir corriendo en ese mismo instante. Si aquello no era una forma de rechazarla, no sabía que pensar entonces.
"Draco, en serio, si te incomodó o... algo, juro que no volverá a suceder." dijo ella desesperadamente. "Fue algo totalmente irrespetuoso de mi parte y muy sacado de lugar. Nunca creí que pudieras leer mi mente, pero repito, no volverá a suceder. "
"Ese es el problema." dijo casi en susurro.
Susurro que ella no escuchó. Su mente iba a explotar sintiendo la humillación correr por su cuerpo. Estaba sintiéndose aún peor y no hallaba la hora de que la conversación acabara.
Pero estaba lejos de eso.
"Amelia..." murmuró él, retomando un paso. "¿por qué crees que has tenido ese tipo de... fantasías conmigo?"
Sabía sus palabras. Se las había dicho antes y se las repetiría ahora. "Eras el único menos cercano a mi Draco. Contigo era algo... fácil pensar en ello."
"¿Te tocaste?" siguió preguntando, está vez, dando otro paso. Su chaqueta rosando la de ella. Sus rostros más cerca de lo debido. "¿Te has tocado pensando en eso?"
Y está vez, ella quedó sin palabras.
Nunca.
Ella nunca se había tocado a sí misma. Lo había intentado en reiteradas ocasiones, pero nunca logró sentirse cómoda consigo misma. A veces se sentía mal por ello. Creía que era un problema personal. Sentía como se rechazaba, pero no sabía el por qué.
Pestañeo un par de veces antes de mirar sus dedos jugando frente a ella. "Yo no..." apenas podía decirlo. Mucho menos cuando se lo estaba confesando a alguien. "Yo realmente no he podido -"
"Nunca te has tocado a ti misma." dijo Draco, terminando la frase por ella.
Con vergüenza, Amelia asintió. Sus mejillas ardiendo en llamas y la temperatura de su cuerpo elevándose con rapidez.
Draco suspiró, de una manera gruesa y baja. "Amelia, quiero que me mires por favor."
La tensión en su cuerpo fue inexplicable cuando sintió su tacto por primera vez. Piel con piel. Sus dedos sobre su barbilla, inclinandola para admirarla.
Se centró en en sus pestañas, largas y curvadas, escondiendo sus gélidos ojos color plata brillante. El solo contacto la llevó a recordar. Ella mirándolo durante las clases. Su cabello naturalmente desordenado cayendo sobre su frente. Sus manos moviendo la pluma con un desliz suave. El impulsivo tic de su pierna que no paraba de saltar cada vez que se veía molesto. El fruncir de su ceño cada vez que algo le disgustaba.
Pero sus ojos.
Sus ojos siempre fueron iguales. Sus ojos hablaban más que sus gestos y por eso Amelia siempre creyó que Draco Malfoy era más que eso.
"Quiero que te toques." dijo él, su rostro inexpresivo. "Quiero que te toques para ti."
Ella sintió un peso en su pecho, y pronto, una punzada en su núcleo la hizo apretar sus piernas. "Draco yo -"
"Amelia, ¿haz explorado tu cuerpo?"
Su labio tembló y sus piernas se apretaron aún más. La manera en la que le hablaba, la suavidad de su tono y la calidez que estaba transmitiendo era algo nuevo por explorar.
"No."
Draco asintió, dejando caer su mano para ponerla en u bolsillo. "Bien, hazlo. Quizá, una manera de liberar esta tensión que tienes es... tocandote."
Su mente comenzó a divagar en sus palabras. ¿Él liberaría su 'tensión' también?
"Tocate pensando en... alguna situación se tu mente." le repitió. "Puedes pensar en alguien que... estimes conveniente."
Amelia ignoró la sensación al escuchar esas palabras. Alguien que estime conveniente. Él no quiere que piensen en él, y se lo estaba dejando claro.
"Bien Draco." habló finamente ella, balanceando su cuerpo hacia la entrada del bunker. "Intentaré hacerlo."
Dios un par de pasos antes de volver a sentir su voz.
"Amelia."
Ella se giró, mordiendo su labio con nerviosismo. "Si..."
"Disculpame." dijo él. "Esto es algo extraño."
"No te preocupes Draco," respondió ella, manteniéndose cabizbaja. "la que debería disculparse soy yo."
"Bien." murmuró él, pasando la mano por su cabello. "Descansa."
