Nuevas posibilidades.
Las muchachas no parecían rabiosas ni pesarosas, todo lo contrario: en sus rostros lo que se veía plasmado era paz y amor. Todas vestidas de blanco y descalzas, al igual que Charlize y Scarlet, caminaban en fila, con amplias sonrisas y ojos brillantes. Y así como las dos parientes de Clarissa, las muchachas también parecían ángeles de lo hermosas que estaban. ¿Cómo era posible? Fue el primer pensamiento que llegó a la cabeza de Clarissa en cuanto sus ojos dieron de lleno con las enormes sonrisas y los rostros amorosos de las jóvenes muchachas. ¿Cómo era posible que caminaran hacia ella, así, alegres y radiantes, sin señal alguna de odio, sabiendo que a pocos pasos estaba, ni más ni menos, que la asesina de todas ellas?
Sin entender nada, la joven princesa, actuando como un bebé amedrentado, se abrazó a la madre, su respiración desacompasada y con un nítido recelo al ver a las veintisiete muchachas caminando, una delante de la otra, hacia ella y agruparse, todas con sus miradas puestas en ella. Seguían sonriendo ampliamente.
–Mamá…–fue lo primero que Clarissa dijo al mirar a la mujer que le acariciaba los cabellos, también sonriendo ampliamente. Su pequeña estaba temblando mucho en sus brazos, y Scarlet trató de confortarla.
–¡No tengas miedo, hija mía!–dijo agarrando su rostro –Estas jóvenes solo quieten conversar contigo.
–¡Sí, hermana!–se acercó Charlize –Solo escucha lo que tienen que decir.
Aún cabizbaja, algo más tranquila por las palabras de su madre y hermana, pero aún con el intenso peso de la vergüenza y del remordimiento sobre sus hombros, la princesa dio, lentamente, unos pasos hacia delante hasta quedar más cerca de las muchachas de blanco. Su corazón latía tan descontroladamente que apenas conseguía respirar.
–¡Hola, Clarissa!–la muchacha que estaba más adelantada, morena y muy bonita, habló de forma mansa y suave –¡Por favor, míranos! No tengas miedo ni vergüenza.
Despacio, Clarissa subió la mirada y los grandes ojos negros se encontraron con la mayoría de ojos negros o castaños de aquellas veintisiete muchachas inocentes que habían muerto por sus manos. Una a una, ella las miró, como si necesitara aquello, como si tuviera la necesidad de castigarse aún más, grabando cada rasgo en lo más íntimo de su ser. Buscó rastros de odio, rencor o dolor allí ocultos, pero nada vio. Todo lo que percibió fue dulzura, comprensión y amor.
–Soy Marina. Debes acordarte de mí–la muchacha continuó
Clarissa se estremeció de la cabeza a los pies ante la mención de aquel nombre. Pues claro que se acordaba. No se olvidaría de ninguno de aquellos rostros que entregó a la muerte, ¿y cómo podría olvidarse de la primera a la que había asesinado? Hasta ese día podía sentir el cálido palpitar del corazón de Marina y del de todas las otras en sus manos.
–S…Sí…Me acuerdo de ti. De todas vosotras–consiguió balbucear.
–¡Sabemos qué hay en tu corazón, joven princesa!
–¿Lo sabéis? Pero…¿Qué sabéis?–desorbitó los ojos.
–Conocemos todo tu remordimiento y arrepentimiento por habernos matado. Todo el dolor y la tristeza que llevas en tu pecho y que jamás has revelado a nadie. Toda la angustia que sientes y que te gustaría desesperadamente arrancarte. Sabemos cuánto te corroe y acaba contigo cada día, sabemos tu deseo de dar marcha atrás en el tiempo y no haber hecho lo que hiciste. Sabemos muy bien que nuestros rostros te visitan todas las noches, transformando tus sueños en un mar de perturbadoras y aterradoras pesadillas.
La manera calmada en que Marina hablaba hizo que las emociones de Clarissa salieran a la superficie. La muchacha no hablaba con arrogancia sino con amor y comprensión. Las otras muchachas apenas escuchaban todo, asintiendo con la cabeza, demostrando la misma ternura de Marina para con ella.
El llanto comenzó a bloquear su garganta de nuevo, lo que ya no cupo en su pecho, subió a sus ojos en forma de lágrimas abundantes y verdaderas. Clarissa lloraba copiosamente frente a las muchachas, su madre y hermana, sin poder aguantar más los tantos meses que había guardado su dolor y remordimiento. Dejó que aquel tormento fluyera, lo máximo que podía.
–¡No hay un día ni una noche en que no piense en vosotras! ¡En que no me arrepienta a cada segundo de lo que hice! ¡Jamás me perdonaré por tal monstruosidad!– se desahogó sin aguantar más.
Y, en un acto espontaneo que hizo que la muchacha diera un salto de susto, Marina agarró firmemente sus manos. La miró profundamente a los ojos, sin deshacer su sonrisa de ternura.
–¡El verdadero arrepentimiento es sublime y encantador, independientemente del tamaño del acto cometido!–comenzó–¡Y tú, princesa Clarissa, te has arrepentido con el corazón abierto y de forma verdadera! ¡Sí, tienes que perdonarte a ti misma!
–¿Cómo podría ser capaz?
–¡Tienes que serlo! ¡Todas nosotras te perdonamos!–Marina miró alrededor, a sus veintiséis compañeras. Todas sonreían concordando.
–¡No podéis estar hablando en serio!–se exasperó –¡Acabé con vuestras vidas y la de vuestras familias, por si no os habéis dado cuenta! ¡Os arranqué la vida de forma brutal y dejé a vuestros padres llorando eternamente la pérdida de sus amadas hijas! ¿Cómo es que me perdonáis? ¿Estáis locas?
–¡No! ¡Estamos en paz!– Y Marina sonrió aún más, dejando a Clarissa incrédula –¡Escucha, por favor! He sido la escogida para hablar en nombre de todas. Cuando nos asesinaste, sí es verdad que al comienzo estuvimos sedientas de rabia. No llegamos al Valle Sombrío, sino que llegamos a otro mundo donde los adolescentes cuando mueren de forma colectiva reciben ayuda para que no se pierdan en la oscuridad y confusión. Y eso fue bueno para nosotras, porque estuvimos en un hospital donde recibimos energías de curación y tratamiento psicológico. Y allí, fuimos preparando nuestro corazón para poder perdonar a la persona que nos arrancó la vida. ¡Mira, Clarissa, tú eres buena! ¡Tienes un buen corazón! ¡Solo hiciste lo que hiciste en un momento fatídico cuando la debilidad te hizo caer en la oscuridad! Pero, si tantos villanos han tenido sus segundas oportunidades, el perdón y finales felices, ¿por qué no tú? ¡Aprende a perdonarte!
–¡Lo estoy intentando! ¡Pero es difícil! ¡Os pido perdón desde lo más profundo de mi corazón! ¡Ya dijisteis que me habéis perdonado, pero aun así, tengo que decirlo!– enjugó una lágrima que caía, desesperada–¡Perdón!
–¡Nosotras te perdonamos desde lo más hondo de nuestros corazones y con toda la sinceridad que hay en nosotras! Y sobre lo de perdonarse a uno mismo…¡Es difícil sí, pero lo conseguirás! Y para ayudarte en esa difícil transición…–sonrió más ampliamente –Ahora llegamos al punto principal. Apuesto a que quieres saber lo que estamos haciendo aquí, ¿no?
–Sí…
–¡Pues bien! Tu madre era la guardiana del Valle de las Sombras, y ella sabía lo mucho que tú en la Tierra estabas sufriendo llena de remordimientos por nosotras–miró a Scarlet que le sonrió e incentivó a continuar –Así que, ella, como el gran espíritu evolucionado que es, luchó para conseguir que una idea que había tenido fuera aceptada por los grandes espíritus superiores que trabajan para el universo. Y después de una larga reunión donde debatieron largo y tendido, la idea de tu madre fue aceptada.
–¿Y qué idea sería esa?
Marina apretó firmemente las pequeñas manos de la princesa entre las suyas, mirándola con cariño a los ojos.
–¡Tendrás una segunda oportunidad, al igual que nosotras! Podrás, de cierta forma, reparar tu error con nosotras, y nosotras tendremos la oportunidad de recomenzar. La idea de Scarlet era que pudiéramos, de alguna manera, volver a la Tierra y a nuestras familias por medio de una reencarnación colectiva. ¡Y fue aceptado! ¡Todas nosotras vamos a reencarnarnos, Clarissa!–las lágrimas de emoción comenzaban a brotar de los ojos de Marina y de todas las muchachas presentes –¡Y vamos a nacer de los vientres de las mismas mujeres que fueron nuestras madres! ¡Vamos a volver a nuestras familias, todas nosotras, con nuestra misma apariencia!
–¿Vais a volver?–el rostro de Clarissa era una mezcla de emoción e incredulidad.
–¡Sí, vamos a volver! Y tú serás la responsable de avisar a nuestras madres y familias de ese acontecimiento.
La joven princesa desorbitó los ojos, en pánico.
–Pero…Cómo…
–¡Reunirás a nuestras familias en la aldea, y les dirás todo lo que ha sucedido aquí! ¡Les dirás que dentro de algunos meses nuestras madres serán agraciadas con un embarazo, todas al mismo tiempo! Y que seremos nosotras, sus hijas fallecidas, las que regresarán. ¡Les darás la maravillosa noticia de esta segunda oportunidad que el Universo nos está concediendo, la de recomenzar! ¿Aceptas esta misión, princesa?
La cabeza de Clarissa comenzó a dar vueltas. Estaba confusa y tenía miedo.
–¡Marina, no sé si tendré valor para ello! ¿Cómo lograré encarar a vuestras familias después del mal que les causé? Con certeza todos me odiarán, querrán matarme y…
–¡Princesa!–Marina la interrumpió –¡No tengas miedo! Nuestras familias están tristes, sí, con razón. Pero no guardan odio hasta el punto de querer tu muerte. Enfrenta tu pasado sin miedo, para que así, puedas tener un lindo futuro por delante sin las mordazas impuestas por una consciencia en agonía. ¿Puedes hacer eso? ¿Por ti y por nosotras?
Todas las muchachas la miraban sin rastro de rabia. Sonreían. Y solo había paz y esperanza en sus sonrisas.
Con lágrimas en sus ojos y un largo suspiro, Clarissa cedió.
–¡Lo haré! En cuanto llegue al reino, pediré a la tropa real que reúna a todas las familias de las muchachas a las que asesiné. Y hablaré con todos.
En un acto sorpresivo, Marina la abrazó con fuerza, dominada por la emoción. Y tras ella, cada una de las veintiséis muchachas se acercó y se unieron al abrazo, quedando Clarissa en medio, llorando abundantemente. Scarlet y Charlize, algo apartadas, asistían a todo abrazadas y emocionadas. Y Emma también, que aunque seguía conversando con los espíritus, miraba la escena sonriendo.
Cuando todas se soltaron, Marina dijo
–¡Gratitud, princesa Clarissa! ¡Qué tu vida se vea repleta de eterna bondad y positividad al lado de tu Reina, tu gran amor! ¡Qué tus actos de aquí en adelante sean de pura luz y que ilumine tus propios caminos y los de otras personas que pasen por tu vida!–Marina le hizo una gran reverencia, junto con las otras muchachas.
–No me lo agradezcas–entre lágrimas, Clarissa sonrió totalmente feliz –Soy yo quien os debe gratitud eterna a vosotras, a mi madre y a mi hermana por esta oportunidad de poder subsanar, aunque sea un poco, todo el mal que causé cuando estaba hundida en la oscuridad–llamó con la mano a su madre y hermana gemela, las dos la abrazaron una a cada lado.
Todas las muchachas asintieron y sonrieron. Y el momento más difícil llegó. La despedida.
–¡Ha llegado la hora, hija mía!–Scarlet se puso delante y agarró las manos de Clarissa –Tenemos que marcharnos. Nuestra misión en este mundo acaba de terminar. Ahora, tu hermana y yo y todos los ex habitantes del Valle de las Sombras seguiremos nuestros caminos, ascendiendo de plano – lloraba, besando los nudillos de los dedos de su pequeña.
–Y nosotras iremos al plano específico donde seremos preparadas para la reencarnación, que tendrá lugar dentro de algunos meses –sonreía Marina.
–¡Pero nosotras siempre estaremos contigo, Gordita!–Charlize colocó la mano en el corazón de Clarissa –¡Recuérdalo siempre! ¡Siempre que tengamos permiso, vendremos a visitarte, sea en tus sueños, o donde estés, aunque no nos veas! ¡Hermana! ¡Por favor, te pido una cosa! ¡Cuida de mis hijas, como si fueran tuyas y de la Reina! Cuando crezcan un poco, por favor, háblales de mí. ¡No dejes que olviden que tienen una madre que las ama con toda su alma, hoy y siempre, donde quiera que esté!–Charlize lloraba copiosamente.
–No habrá un día en la vida de tus hijas en que no les recuerde, aunque sea un minuto, la madre maravillosa y cariñosa que tienen, aunque ya no te tengan físicamente– Clarissa se tiró a los brazos de su hermana y la abrazó fuertemente, mojando los cabellos rubios con sus gruesas lágrimas –¡Tus hijas sabrán de ti!
–¡Nuestras hijas! ¡Nuestras!–Charlize miró profundamente a los ojos a su gemela y acarició su mentón.
–¡Sí, nuestras!–sonrió Clarissa –¡Os echaré de menos hasta el final de mis días!–tiró de la madre para que se juntara al abrazo.
–¡Y nosotras también, hija mía! ¡Pero queremos que vivas, mi pequeña! ¡Vive plena e intensamente! ¡Ama mucho! ¡Queremos que seas muy feliz, mi amada hija, y tu reina también! ¡Porque nada nos haría más feliz que verte feliz! ¡Grandes misiones te esperan en este mundo, Clarissa! ¡Tus manos realizarán grandes hazañas!
–Pronto lo descubrirás, muy pronto–Charlize le guiñó un ojo –Ahora, tenemos que irnos.
La princesa Clarissa quedó extrañada y curiosa sobre qué misiones y grandes hazañas serían esas. Pero nada preguntó. Confió en su hermana. Si pronto iba a descubrir de lo que se trataba, pues que así fuera. Llegaría en el momento adecuado. Tendría paciencia y sabiduría.
Charlize, Clarissa y Scarlet se dieron un fuerte abrazo del que no querían desprenderse. Pero era necesario. Se juraron cariño muchas veces más, antes de finalmente apartarse tras volverse a besar.
–¡Te queremos!–dijeron Scarlet y Charlize, a la vez, llorando.
–¡Y yo os quiero mucho! ¡Para siempre!–respondió sollozando.
–¡Emma!–Charlize llamó a la rubia que estaba al otro lado, conversando con un grupo de espíritus. La Salvadora escuchó y caminó rápido hacia ella.
–Hemos terminado con Clarissa. Después ella te informará de todo, estoy segura–le sonrió Charlize y Emma asintió sonriendo también –ahora todos nosotros debemos partir.
–¡Os deseo toda la felicidad del mundo! ¡Y llevaos con vosotros mi eterna gratitud! ¡Hablo en mi nombre y en el de todos los que han participado en esta gran Batalla!–agradeció Emma, sincera en sus palabras.
–¡Salvadora, somos nosotros quienes agradecemos por el intenso valor y fuerza! ¡Por ayudar a salvar a todo este pueblo, al nuestro y a los tuyos! ¡La misión fue cumplida con éxito! ¡Todos somos libres! ¡Te deseamos todo lo hermoso que el mundo pueda darte a ti, a Regina, tu gran amor, y a todos los tuyos! ¡Qué la felicidad camine a tu lado por siempre, Emma Swan, desde hoy hasta tu último suspiro!–fueron las dulces y emocionadas palabras de Charlize, de su madre, de las veintisiete muchachas que pronto volverían al seno familiar, y de todos los espíritus allí presentes, ex moradores del Valle Sombrío.
La escena que pasó a desarrollarse fue maravillosa. Todos se reunieron alrededor de Emma y de Clarissa: Charlize, Scarlet, Marina y las veintiséis muchachas, y los innumerables espíritus vestidos de blanco que allí estaban. Se dieron las manos, formando un grupo enorme que se perdía a la vista. Todos cerraron los ojos al mismo tiempo y sonrieron, una sonrisa que reflejaba la más completa y pura felicidad y paz. Una fuerte luz, más intensa de la que ya flotaba por toda Storybrooke, comenzó a surgir entre ellos y a envolverlos. Clarissa y Emma asistían a todo aquello con la boca abierta y encantadas, y sin darse cuenta se dieron las manos.
Poco a poco, los espíritus comenzaron a desaparecer lentamente. Una fina brisa los alejaba junto a toda la luz, e iban alzándose en espirales hacia el cielo ahora estrellado. Clarissa y Emma todavía pudieron ver las últimas sonrisas y miradas emocionadas de Scarlet y Charlize, antes de también desaparecer por completo rumbo a la oscuridad de la noche. La luz que rodeaba la ciudad desapareció por completo. Todo lo que quedaba ahora era un viento suave y cálido, que movió los cabellos rubios de Emma y Clarissa. Ahora solo estaban las dos allí. Todos los espíritus se habían ido, y lo que quedaba ahora era solo la ciudad en su forma natural, en la quietud de la noche. Solo se escuchaban algunos grillos cantar a lo lejos en los pequeños matorrales.
Aún dadas de la mano y con lágrimas en los ojos, las dos rubias se miraron y se sonrieron. Comprendieron que allí llegaba a su fin un gran ciclo. Y otro más hermoso y prometedor comenzaría a partir de ese momento
