Con el paso de los días la situación no había hecho otra cosa que empeorar.
No paraban de llegar heridos al hospital que empezaba a estar saturado. Los soldados tampoco daban abasto conteniendo a los radicales. Ya había habido muertos.
Kal y Laex habían decidido visitar a Lena, Kara y William al hospital. Los cinco estaban a punto de empezar a cenar en el despacho de la Luthor cuando llegó un nuevo grupo de heridos. Alex, William y ella se fueron a atenderlos dejando a Kal y Kara solos.
Kara aprovechó esos instantes para hablar con Kal.
- Kal, quería comentarte algo. - dijo Kara preocupada. - Me he estado fijando en los movimientos de estos tipos. ¿No te parecen extrañamente coordinados? Es decir, para ser una masa de gente furiosa, parecen que están organizados de alguna manera.
- Alex también me lo ha comentado. - suspiró Kal. - Atacaron a Lena mientras nosotros tres estábamos concentrados en la otra punta de la ciudad. O tuvieron mucha suerte, o contaron con que ella estaría desprotegida.
- Sí, eso entre otras cosas. Y justo empieza todo esto cuando logramos llegar a un acuerdo con Daron-Vex. No lo sé, Kal. Esto me da muy mala espina.
- ¿Crees que alguien está conspirando para derrocarme?
- ¿No te lo parece a ti?
- La verdad es que sí. - asintió Kal. - Pero sabíamos que esto iba a ocurrir. ¿Puede ser alguien del consejo?
- O puede ser la Voz de Rao. O podrían ser todos juntos. Si William supo que estábamos investigando la red que tienen montada, ellos también lo sabrán.
- Pues más nos vale darnos prisa y encontrar suficientes pruebas para condenarlos. ¿Crees que serían buenos esclavos? - bromeó Kal.
- Pues no veo mucho a la Voz de Rao limpiando suelos. Pero supongo que unos cuantos azotes lo motivarían. - rio Kara también.
- Estoy seguro que estarías encantada de devolvérselos.
- Por supuesto.
- ¿Están todos estables? - preguntó Kal cuando Alex, William y Lena volvieron ya entrada la noche.
- Sí, por suerte esta vez llegamos a tiempo. Pero empiezan a faltar ciertos materiales. - suspiró Lena. - ¿Podríais encargaros vosotros de traerlos? No creo que sea buena idea que salga de aquí.
- Tranquila, yo me ocupo. - respondió Alex. - ¿Me podrías hacer una lista de lo que necesites?
- Mañana a primera hora te la doy. - asintió Lena.
- Perfecto.
- Hay otra cosa que os quería comentar. Al paso que vamos, necesitaré ampliar las salas que tengo para pacientes. Cuando diseñé la capacidad del hospital, no esperaba que pasara todo esto. Falta poco para empezar a acumular pacientes en los pasillos. Además, hay gente que no quiere volver a sus casas porque están asustados.
- Alex y yo queríamos comentarte algo sobre esto. - dijo Kal señalando la aludida. - ¿Crees que podríamos convertir el antiguo palacio en una especie de refugio? Sé que es tu casa y todo eso, pero sería más fácil protegerlos si están todos juntos mientras conseguimos poner orden en la ciudad. Es difícil capturar gente y proteger a otros a la vez. Por lo menos, lo es con los efectivos que tenemos ahora mismo. No creo que la situación mejore hasta que lleguen los Lane.
- Claro, pero necesitaré reformar más el palacio para poder acoger a toda esa gente.
- Cederemos algunos hombres para que ayuden a Kara con los preparativos y mantengan esto protegido . ¿Te parece bien? - le preguntó a la aludida.
- Sí, si hace falta también echaré una mano. - se ofreció la rubia.
- Bien, dicho esto. La comida lleva fría encima de la mesa una hora por lo menos. - intervino Alex sentándose a comer. El resto siguieron su ejemplo.
Cuando acabaron de cenar, Alex y Kal volvieron a la fortaleza. Kara y William tardaron un poco más en volver sus habitaciones. Estuvieron charlando los tres con calma hasta que el moreno bostezó y dijo que tenía mucho sueño. Él y Kara decidieron dar el día por acabado e irse a dormir.
- Kara, ¿te importa? Quiero enseñarte lo que tengo previsto hacer. - la llamó Lena cuando esta estaba a punto de irse.
Kara asintió y volvió a colocarse a su lado.
La morena sacó un plano y lo colocó encima de la mesa.
- Claro, pero ¿cuál es el plan? - respondió Kara mirando el plano que tenía Lena delante.
- Ahora el hospital está en esta ala del antiguo palacio aislada del resto. - explicaba Lena señalando las diferentes partes en el papel. - Si abrimos esta pared, podremos acceder a esta zona de aquí y tener acceso a esta parte. Necesito que te encargues de tirarla abajo y de preparar estas salas con camas y todo lo necesario.
Kara asintió dando por acabada aquella pequeña reunión. La rubia se dirigió hacia la puerta. Lena entonces hizo un movimiento brusco para coger otro papel, pero se mareó y empezó a caerse. Kara corrió hasta su lado. La rubia había conseguido atraparla en el aire antes de que se golpeara contra el suelo.
- ¿Estás bien? - preguntó preocupada ayudándola a ponerse en pie de nuevo. La tenía cogida por las caderas ayudándola a equilibrarse.
- Sí, es solo el cansancio. Están siendo unos días muy ajetreados. - contestó Lena apartando las manos de la otra y separándose de ella.
- ¿Cuánto has dormido en total? - preguntó desconfiada Kara cruzándose de brazos.
- Cinco horas . - respondió la morena acabando de agarrar el papel que en un principio quería coger.
- ¿En cuántos días?
- Tres.
- ¡Lena! - exclamó Kara horrorizada. - Al final vas a caer enferma tú de agotamiento. Y no nos lo podemos permitir. ¿Quién va a dirigir este caos? - bromeó la rubia. - A partir de ahora, cinco horas mínimas al día.
- Sí, claro. Como no hay cosas que hacer. Además, ¿quién lo va a controlar? ¿Tú? - rio Lena.
Lena intentó moverse de nuevo a su silla, pero volvió a tambalearse. Con la ayuda de Kara, logró hacerlo sin acabar en el suelo. Entonces la rubia volvió hasta la puerta para marcharse.
- Evidentemente. ¿Vas a irte a dormir ahora? - preguntó Kara abriéndola dispuesta a irse.
- Tengo que hacer la lista para Alex. - suspiró Lena señalando su escritorio.
- Pero Alex no viene hasta mañana. ¿No puedes hacerla cuando te levantes? Tienes que dormir.
- Prefiero hacerla ya. Mañana nunca que se sabe qué pasará.
- Pues entonces te ayudo. - respondió Kara cerrando la puerta y sentándose a su lado.
- No hace falta.
- Cuanto antes acabemos, antes nos iremos a dormir. - insistió Kara.
- Ve a dormir tú. Yo no tardaré en ir también.
- Te conozco lo suficiente como para saber qué vas a encontrar algo que hacer después. Te ayudo y nos vamos a dormir.
- Está bien. - rio Lena. - A terca no te gana nadie.
- Fue a hablar.
Se sentaron las dos una al lado de la otra casi rozándose. Estuvieron revisando los papeles así un rato. Lena agradecía volver a tener a Kara a su lado. Kara estaba maldiciéndose a sí misma por ponerse en esa situación. Se levantó y se sentó en el sofá a continuar para poner distancia entre ellas.
Cuando acabaron de revisarlo todo, Lena se puso a escribir la lista. El plan original era que Kara la esperara hasta que acabara y las dos fueran a la parte de la residencia de Lena. Cuando la morena levantó la vista de la lista acabada, Kara dormía profundamente tumbada en el sofá. Lena se quedó ensimismada mirando a la rubia. Había echado de menos verla dormida, dormir a su lado. ¿Para qué iba a despertarla?
Cogió una manta y se recostó al lado de la kryptoniana. Las cubrió con la manta y cerró los ojos. No tardó mucho en quedarse dormida también.
*/*/*/*
El Sol empezó a despertar a Kara. No era del todo consciente de su alrededor, apenas había abierto los ojos. Notó un bulto a su lado. Pasó un brazo a su alrededor y lo apretó contra ella. El bulto se movió y se apoyó contra su cuerpo. Olía a Lena. Kara abrió los ojos rápidamente para encontrarse la cara de la morena a un palmo de distancia.
La soltó rápidamente. Quiso levantarse, pero estaba atrapada entre la morena y el respaldo del sofá. Tenía dos opciones: aguantar allí hasta que Lena se despertara o levantarse y arriesgarse a despertarla. La morena necesitaba esas horas de sueño. Pero Kara no quería volver a caer.
Con todo el cuidado que pudo, sacó su cuerpo de bajo de Lena. Después, intentó levantarse sin mover a la morena. Justo cuando estaba a punto de salir del sofá, Lena se empezó a remover para acabar abriendo los ojos. Kara se acabó de levantar y corrió hasta la mesa.
- Buenos días. -murmuró Lena medio dormida y con una sonrisa.
- Sí, buenos días. - decía Kara nerviosa colocándose bien la ropa. - Me voy a ir a desayunar. Nos vemos luego.
Para cuando Lena quiso responderle, ya se había ido. La morena no sabía si reír o sentir pena.
Lena no tardó mucho en levantarse también e ir a la cantina. Kara estaba sentada en una mesa con William y tres platos llenos de comida a su alrededor. Lena cogió algo también y se sentó con ellos. Kara estaba bebiendo cuando William empezó a hablar con la morena.
- ¿Noche movidita? - preguntó William. Por un momento, pareció que Kara se había atragantado con el líquido. Al final, consiguió salvar parte de su dignidad.
- Un poco. Lo de siempre. Pero me fui a dormir temprano al final. - contestó alegre Lena.
- Define temprano. - preguntó William levantando una ceja.
- Debo haber dormido unas cuatro o cinco horas.
- ¡Por Rao! ¡Récord! Por fin. - suspiró aliviado William. - ¿Y a qué se debe este milagro?
- Cosas. - sonrió Lena mirando su plato de comida.
- Creo que voy ir tirando. - dijo Kara levantándose.
- ¿Ha pasado algo entre vosotras? - preguntó William con curiosidad.
- Ojalá, pero Kara simplemente es así. - suspiró Lena.
*/*/*/*
- William, ¿estás haciendo algo? - le preguntó Kara más tarde cuando se lo encontró por uno de los pasillos.
- Pues ahora mismo, no. ¿Por?
- Espero que sepas utilizar un martillo. - sonrió la rubia perversa.
Kara arrastró a William y a los soldados hasta la dichosa pared. Empezaron por la mañana y para la tarde, ya la habían echado abajo y estaban preparando las habitaciones.
- Gracias por conseguir que Lena duerma algo. Eres la única que es capaz de conseguirlo. - añadió William dejándose caer sobre una silla agotado. Kara la miró extrañada. - No me mires así. Era... Soy la mano derecha de la Voz, sé lo que hay entre Lena y tú.
- Había. Se ha acabado. - aseguró la rubia imitándolo.
- ¿Y por qué será que no me lo parece? - rio William antes de marcharse a buscar más cosas.
Kara suspiró y lo siguió de vuelta al trabajo.
- Oye, siento curiosidad. - empezó a hablar la rubia. - ¿Cómo es eso de ser la mano derecha de ese hombre?
- Pues bastante desagradable, ¿para qué mentir? He tenido que renunciar a muchas cosas por su culpa. - reflexionó William serio.
- ¿Qué pasó?
- Perdí a mi mejor amigo bajos sus manos y yo no pude hacer nada. - confesó el hombre. - Ese es mi motivo principal para hacer lo que estoy haciendo, Kara.
*/*/*/*
Con la gente protegida en las ciudades, Kal y Alex habían conseguido atrapar a un buen número de gente. Pero solo sirvió para que el número de radicales creciera de golpe otra vez. Y esta vez, fueron a atacar directamente al antiguo palacio.
Kara y sus soldados apenas tuvieron tiempo de cerrar las puertas para contener el ataque. Tuvieron que prácticamente tapiar toda puerta, ventana o agujero por el que alguien se podudiera colar. Estaban completamente rodeados y atrapados en el edificio.
El lugar estaba lleno de gente. Parecía que media ciudad estaba viviendo ahora en su interior.
Era cerca del anochecer del octavo día de encierro. Lena quería ir hasta los jardines del palacio a buscar unas plantas medicinales que había en el invernadero. Kara se la encontró saliendo del despacho cuando volvía del final de su ronda y se había ofrecido a acompañarla. El inverandero estaba pegado a los muros del palacio y la rubia decía que temía que alguien se pudiera colar por allí mientras Lena recogía las plantas. La morena se la quedó mirando con una ceja levantada. Los muros en esa parte medían más de dos metros de ancho. Era bastante difícil que alguien se colara por allí, pero Kara insistió en ir.
Así que una al lado de la otra fueron bajaron hasta los jardines. Desde que estaban encerrados allí, ese espacio era el único desde el que se podía respirar algo de aire libre. Era normal verlos llenos de gente tumbada en el césped o paseando.
Lena logró recoger las plantas sin que ningún radical se colara por allí y aprovechó para picar un poco a la rubia. Ella solo respondió sonrojándose y murmurando algunas palabras.
Estaban caminando con calma de vuelta al despacho de la Luthor cuando vieron un par de hombres peleándose. Kara tuvo que separarlos para que la cosa no pasara a mayores. No era la primera pelea que tenían que disolver. La tensión entre los mismos refugiados a causa del encierro cada vez era mayor y daba más problemas.
Una vez los dos hombres estuvieron más tranquilos, volvieron hasta el despacho de la morena.
Lena se sentó en su mesa para trabajar en las provisiones para los próximos días. El agua llegaba por las fuentes privadas del antiguo palacio, pero la comida, no.
- Tenemos que pensar un sitio para situar mejor la flota de los Lane. No puede ser que cada vez que los necesitemos, tarden días en llegar. - se quejaba Kara. Estaba tumbada en el sofá del despacho . La rubia seguía sin fiarse de que Lena se fuera a dormir a horas decentes, así que estaba con la morena en su despacho hasta que creía que era hora de irse a dormir y la acompañaba, o la arrastraba, hasta su habitación. Kara nunca llegaba a entrar. Cuando llegaban a la puerta de la morena, la rubia huía de vuelta a la suya.
- La verdad es que debería herirte en tu orgullo kryptoniano. Los daxamitas tenían una flota más rápida. - rio Lena.
- Sí, ríete. Pero Kal y Alex no van a sacarnos de aquí hasta que lleguen. ¿Cómo va el racionamiento?
- Pues si no me fallan los cálculos, vamos a necesitar los soldados para controlar a los refugiados. Vamos a pasar mucha hambre.
- Mis señoras, necesitamos que vengan. - entró un soldado en el despacho sin llamar.
- ¿Qué sucede? - preguntó Kara alarmada.
- No lo sabemos, pero algunos soldados están empezando a enfermar de repente.
Kara y Lena se miraron confundidas entre ellas.
- Lo que nos faltaba. - suspiró Lena.
Habían concentrado todos los soldados enfermos en una misma sala. William ya estaba allí examinándolos y apuntado cosas en algunos papeles.
- No se reconocer los síntomas, Lena. - dijo pasándole los documentos.
- Déjame ver. - dijo Lena. Su cara debía ser un cuadro. No se lo podía creer.
- ¿Qué pasa, Lena? - preguntó William.
- Esto. - dijo levantando los documentos. - Son síntomas de un veneno común en el norte. Alguien está envenenando el agua de los soldados.
Kara rápidamente se giró y cargó contra William.
- Ya sabía yo que no nos podíamos fiar de ti. - gruñó Kara.
- Kara, te prometo que no sé nada de todo esto. - se defendía. - Me interesa tan poco como a ti que los soldados enfermen.
- Ya, seguro. Y ¿quién los ha envenenado?
- No lo sé. Pero a estas alturas la Voz de Rao ya sabrá que os ayudo. Quiere mi cabeza tanto como la tuya o la suya. - dijo señalando a Lena.
- Ayudarnos puede ser una retorcida estrategia de las vuestras.
- Kara, cálmate, por favor. - dijo Lena colocando su mano sobre el brazo de la rubia. - No creo que haya sido él quien los haya envenenado.
- ¿Por qué? - contestó Kara sin soltarlo ni separar su mirada del moreno.
- Cuando digo que este veneno es del norte, me refiero más al norte de Gimina. Se hace a partir de plantas que solo crecen en la frontera con Daxam. De hecho, solo crecen cerca del escondite de los Luthor.
- Espera, ¿has sido tú? - contestó Kara confundida mirando a Lena.
- No, la verdad es que me gusta mantener la cabeza sobre los hombros. Y para eso necesito a tus soldados.
- ¿Alguien de los refugiados? - sugirió Kara soltando a William que respiró aliviado.
- Sí. - asintió Lena. - Primero tenemos que comprobar si compartieron la misma jarra o algo por el estilo. Será donde vertieron el veneno.
- ¿Ellos estarán bien? - preguntó señalando a sus soldados.
- Sí, no te preocupes. Puedo preparar el antídoto. Escúchame, después tenéis que comprobar qué refugiados han podido verter el veneno. Pero nadie puede saberlo. Sería un caos. La versión oficial es que solo son unas fiebres por cansancio.
- Bien. - asintió Kara. - Tú, William, conmigo. Quiero ver en todo momento qué haces.
*/*/*/*
Ya de noche, Kara entró en el despacho arrastrándose. Llegó hasta el sofá y se dejó caer. Dejó caer la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Parecía que el cansancio empezaba a pasarle factura. Cada vez su cuerpo tenía menos energía.
- ¿Ha habido algo de suerte? - preguntó Lena sin levantarse de su silla.
- No, nada. -murmuró Kara. - ¿Cómo están ellos?
- En un par de días estarán bien. La dosis no fue lo suficientemente fuerte.
- Bien, he colocado algunos guardias de confianza a vigilar el agua de forma disimulada. Espero que puedan pillar a quien sea in fraganti.
- ¿Habéis encontrado donde estaba el veneno?
- Sí, de hecho, yo también había bebido de allí. Supongo que ellos debieron beber más agua.
- ¿Has notado algún síntoma? - preguntó Lena preocupada.
- No, estoy bien, tranquila. Solo cansada. - Kara suspiró.
Lena se levantó y se sentó a su lado. Estaba medio girada para poder ver a la rubia.
Kara no pudo evitar que se le escapara la risa.
- ¿Qué pasa? - preguntó Lena con curiosidad.
- Nada, cosas mías.
- ¿Podrías honrarme contándome que es tan divertido?
- ¿Cuánto hace de la coronación de Kal? ¿Dos meses?
- Más o menos.
- Me prometí que no iba a cruzar más palabras contigo. Mi plan va sobre ruedas de momento. Todo un éxito. - se burló de sí misma Kara.
- No me voy a quejar de que tu plan fracase. - sonrió Lena.
*/*/*/*
Kara junto a William cargaban con algunas cajas con suministros desde el almacén del hospital.
Habían pasado un par de días y no había aparecido nadie más envenenado. Etón había llegado ese día informando que los Lane llegarían al día siguiente. Así que por primera vez en semanas empezaban a respirar tranquilos. Podían ver el final del encierro.
- Pero, a ver, ¿la acompañas hasta su habitación cada noche y ya? - preguntaba confundido William.
- Sí, claro. Ya te dije que lo nuestro había acabado. - contestó Kara como si fuera algo obvio.
Se agacharon para colocar las cajas en el suelo. Al levantarse, Kara se tambaleó. William tubo que agarrarla para evitar que se cayera.
- ¿Estás bien? - preguntó William preocupado.
- Solo estoy cansada. - murmuró la rubia sin fuerzas.
- No, Kara. Estás ardiendo. Volvamos a que te miren.
- Estoy bien de verdad. - contestó intentando empujar a William lejos de ella, pero se desmayó en el intento.
*/*/*/*
Kara se había pasado los últimos tres días delirando. A su cuerpo le estaba costando mucho combatir el veneno. Debía llevar días notando los síntomas de un veneno que había seguido bebiendo. Si eso no la mataba, Lena iba a hacerlo si ella misma no moría de la preocupación. Llevaba días y noches en vela cuidando de ella. Tenía el corazón en un puño. Tanto que hasta le dolía físicamente.
Tenían encarcelado al envenenador en las celdas del antiguo palacio. Por lo visto, quería asesinar a la purificadora de Gimina.
Las tropas de los Lane y sofocaron rápido la revuelta. Todo el mundo había podido volver sano y salvo a su casa. Habían capturado a unos cuantos cabecillas que Kal había mandado interrogar.
Así que todo estaba volviendo poco a poco a la normalidad, excepto Kara.
Mientras se recuperaba, Lena había encargado a William que cuidara de la rubia durante el día y que no se separara de su lado. Era de noche cuando la visitó en su habitación. Se acercó al moreno que parecía concentrado en unos documentos que tenía entre manos. Él le había dicho que mientras vigilaba a la rubia iba a ir adelantando la decodificación.
- ¿Cómo está? - preguntó Lena.
- Parece que está empezando a curarse. Creo que lo peor ha pasado. Son muy afortunados los kryptonianos. Si nosotros hacemos eso, morimos. - suspiró William.
- Afortunados y cabezas huecas. ¿Quieres irte a descansar? Ya me quedo yo. - ofreció Lena.
William solo asintió y se levantó de su silla.
- ¿Has cenado? - le preguntó él antes de irse.
- Sí, tranquilo. Ve a dormir.
Una vez estuvieron a solas, Lena comprobó lo que le había dicho William. En efecto, parecía que lo peor había pasado. Sintió el alivio invadir su cuerpo. La morena se sentó a su lado en la silla y se dedicó a observarla.
Mientras la rubia había estado inconsciente, la mayoría de los heridos del hospital se habían recuperado y no habían llegado más. Ahora solo faltaba que la rubia se recuperara. Habían sido las semanas más largas de su vida. Y los últimos tres días, los peores.
Esa noche, como todas las otras, Lena se iba a quedar al lado de Kara cuidándola.
Era bien entrada la noche cuando la rubia empezó a moverse.
- Sed. Agua. - carraspeó la rubia como pudo intentándose incorporar.
- Espera. Ahora voy. Tranquila. - le contestó Lena empujándola de vuelta contra la cama. - Casi nos matas del susto. - bromeó.
La rubia como respuesta solo sonrió con los ojos entre cerrados. Logró beber un poco. Respiró profundamente y volvió a quedarse dormida.
*/*/*/*
El día siguiente se lo pasó durmiendo horas salteadas. Las horas que estaba despierta charlaba con William que le hacía compañía o con Alex cuando iba a verla.
- Vaya susto nos ha dado. - decía Lena a Alex. Kara se acababa de volver a dormir, así que la mayor había ido a ver a Lena a su despacho. La Luthor estaba repasado algunos papeles sobre su mesa.
- Te mereces un descanso. - suspiró Alex. - ¿Cómo ha ido con Kara estos días? Me refiero a cuando estaba sana.
- Bien, supongo. No lo sé, Alex. Había momentos en que me trataba cómo antes y otros en que apenas me miraba. Por lo menos, ahora no me evita.
- ¿Pero quieres más? - insistió Alex.
- Claro que quiero más. La quiero de vuelta del todo.
- ¿Sabes? Tengo una idea. - sonrió perversa. - Los Danvers tenemos una casa en una pequeña isla perdida en medio del mar. No hay nadie más en kilómetros a la redonda ¿Por qué no os vais las dos unos días las solas?
- Me imagino la conversación: "¿Oye, Kara nos vamos de vacaciones? Claro, ¿por qué me iba a negar a irme contigo a una isla desierta para estar a solas?". No veo qué podría fallar.
- No tiene por qué ir por propia voluntad.
- Alex Danvers, a veces, me das miedo.
*/*/*/*
- Hola, rubia. ¿Cómo estás hoy? - saludaba Lena a Kara que estaba sentada contra el cabezal de la cama con la mirada perdida en la pared.
- Estoy tan destrozada como cuando me tuvisteis días sin comer. - la saludó de vuelta bromeando.
- Técnicamente, llevas días comiendo muy poco. - rio Lena.
- Eso lo explica. - asintió Kara con media sonrisa.
- Por lo menos, parece que tu cuerpo ha expulsado el veneno. - dijo Lena mientras comprobaba que Kara no tuviera más síntomas. Después se sentó a su lado.
- ¿Cuándo me podré ir?
- ¿Ya te quieres ir? - preguntó sorprendida. - Te acabas de recuperar. No te irás hasta que no estemos seguros de que estás bien.
- ¿Y eso será?
- Cuando la jefa lo decida. - contestó Lena señalándose a ella misma.
- ¿Y la jefa no tiene motivos ocultos para mantenerme aquí? - rio Kara.
- Para nada. - bromeó la morena. - Fuera bromas, Kara. De verdad, quédate un par de días más para acabar de recuperarte.
- Solo si me alimentáis.
- Por su puesto. ¿Algo en particular?
- ¿Puedo elegir? - dijo ilusionada Kara.
- La verdad es que no. - rio Lena. - La variedad no es muy grande. A penas estamos empezando a llenar los almacenes otra vez.
- Pues quiero un plato de todo lo que haya.
- Claro, ahora vuelvo. - dijo Lena y se levantó. Antes de irse, añadió: - ¿Kara? Me alegro de que estés bien. Y, también, de que aceptes quedarte unos días.
- Solo me quedo por la comida. - bromeó la rubia.
Kara se volvió a quedar sola en la habitación. Se tumbó de nuevo totalmente. Se estaba aburriendo muchísimo, pero había intentado leer y solo había logrado un dolor de cabeza. Se maldijo así misma por estar atrapada allí y con Lena ahora que todo había terminado. Quizá podría escabullirse a Kandor cuando todo el mundo se fuera a dormir. ¡Cuánto echaba de menos poder olvidarse de todo allí!
Lena no tardó mucho en volver con una bandeja en las manos con un par de platos encima.
- Ahora traerán el resto. - dijo Lena pasándosela a la rubia que volvió a sentarse.
- Gracias. ¿Te vas a quedar aquí? - preguntó Kara cuando vio a Lena sentarse en la silla al lado de la cama.
- No tengo nada mejor que hacer. - respondió encogiéndose de hombros.
- ¿Y no vas a cenar?
- No tengo hambre.
- Como digas...
Al cabo de cinco minutos de incómodo silencio, llegó el resto de comida. Lena miraba fijamente a Kara mientras esta comía.
- Anda, come un poco. - dijo Kara pasándole un plato.
- No, tranquila. Estoy bien.
- En serio, Lena. Come.
- Solo si me dejas un hueco a tu lado.
- Si no hay más remedio. - rio Kara haciéndose a un lado para dejar un espacio a Lena.
La morena se sentó a su lado y cogió uno de los tantos platos que le habían llevado a Kara y empezó a comer a su lado.
- ¿Cómo está? - preguntó Kara. Lena se separó del plato para mirarla. La rubia no había calculado lo cerca que estaban. Al encontrarse a el rostro de la Luthor a menos de un palmo de ella mirándola fijamente, volvió la mirada rápidamente al plato y carraspeó.
- Bueno, creo que hablaré con los cocineros. - rio Lena que aún no había dejado de mirar a Kara fascinada. Hacía mucho tiempo que no veía a Kara sonrojarse así.
- No voy a ser yo quien te lo impida.
Acabaron de comer sin decir nada más. Lena se levantó a dejar los platos vacíos en una pequeña mesa y volvió a sentarse al lado de Kara.
Estaban las dos totalmente rígidas y en silencio. Kara se planteaba seriamente la posibilidad de salir corriendo de la habitación, mientras Lena pensaba en si era buena idea presionar un poquito a la rubia. Se inclinó hasta colocar la cabeza contra el hombro de Kara y suspiró.
Kara continuaba totalmente rígida debajo de ella. Lena cogió la mano que tenía más cerca y empezó a acariciarla. Primero, fue un suave roce por el dorso. Al ver que la rubia no se apartaba, la giró y empezó a pasar las yemas por la palma. Resiguió las líneas de las manos lentamente. Después pasó a las cicatrices de las muñecas para volver sobre su camino y reseguir los dedos. Repetía ese recorrido una y otra vez lentamente.
- Hacía mucho tiempo que no pasaba tanto miedo. Me pensaba que te perdía por siempre. - rompió el silencio Lena.
- Lena...
- Tranquila, sé que no estamos juntas. Pero, por lo menos, te puedo ver. Puedo bromear contigo o discutir. Puedo perseguirte mientras me ignoras o me evitas. Puedo inventarme nuevas maneras de llamar tu atención. Puedo verte comer como si no tuvieras fondo o destrozar algún muñeco de entrenamiento. Alex ya me ha contado que últimamente duraban poco enteros. Sobre todo, los días que nos habíamos visto. - rio Lena.
- Me llevabas a los límites. No lo negaré.
- ¿Sientes algo por mí todavía? - preguntó Lena levantando la cabeza para mirar a la rubia que seguía mirando al frente. - No te estoy pidiendo que volvamos juntas. Solo quiero saberlo. Necesito saber si aún queda algo ahí.
Lena cogió la cabeza de Kara y la obligó a mirarla. La rubia cedió a mover la cabeza, pero mantenía la vista gacha.
- Sabes que sí. - murmuró.
Lena se quedó mirando fijamente sus labios y, poco a poco, se acercó hasta besarlos. Dejó un suave besó y se separó un poco a la espera de la reacción de la rubia. Kara no se movió. Estaba con los ojos cerrados.
- Lena... - empezó la rubia.
La morena no la dejó continuar y la besó de nuevo. Esta vez alargó el beso hasta que Kara se lo devolvió. Se besaron suavemente sin llegar a más explorándose de nuevo con cuidado. Solo disfrutaba con el roce de sus labios. Lena intentaba no dar ningún paso en falso. Kara se debatía internamente entre separarse o ceder del todo. Cuando les faltó el aire de separaron y Lena apoyó su frente contra la de la Kara. Ninguna de las dos abría los ojos.
- Te he echado de menos. - dijo finalmente Lena.
- Y yo a ti. - murmuró Kara. - Pero sigo pensando lo que te dije, Lena. No vamos a volver. - dijo separándose y se levantó de la cama.
- ¿A dónde vas? - le preguntó sorprendida por el movimiento tan brusco de la otra.
- Voy a refrescarme. - dijo poniéndose la primera ropa decente que encontró y se fue por la puerta.
Las puertas del antiguo palacio estaban vigiladas. Utilizó uno de los tantos agujeros que habían abierto los radicales durante el sitio para escaparse del hospital en dirección a Kandor. Hacía frío en la calle ya de noche, pero lo agradecía. Después de los últimos días, necesitaba respirar y sentir el aire fresco. Todavía podía sentir los labios de Lena sobre los suyos.
Kandor estaba a penas a diez minutos del antiguo palacio, pero se le hicieron eternos. Mientras su cabeza le decía que continuara su camino, una parte de ella le suplicaba para que diera media vuelta.
*/*/*/*
- Estos son los documentos que logré decodificar y estos otros están a medias. - dijo William señalando diferentes montones sobre la mesa.
Lena y William volvían a estar en la habitación secreta de la biblioteca. Las cosas habían vuelto a la normalidad en la capital. Kara había vuelto a evitar a Lena.
Habían mandado un mensaje Brainy para que volviera con Daron-Vex de donde fuera que se lo hubiera llevado.
- Oye, ¿todos estos documentos están firmados por Zor-El? - preguntó Lena a William.
- Sí, los más antiguos. - respondió como si fuera algo obvio.
Continuaron ordenando y clasificando los papeles. William le enseñaba todo lo que había encontrado y la ponía al día. Alex apareció poco después y se unió a ellos.
- No me puedo creer todo esto. Hasta Krypton nos dará su apoyo para meterlo entre rejas. Sumado con lo que han soltado los detenidos...- decía aliviada la Danvers.
- Pues sí. La verdad es que lo va a tener complicado si quiere salir impune. - añadió confiada Lena.
- ¿Se lo vais a decir a Kara? - dijo William levantando uno de los documentos.
- No necesita saberlo de momento. - cortó Alex. - Primero, centrémonos en atrapar a la Voz. Tenemos que encontrar la manera de que venga hasta aquí. Será más fácil atraparlo en la capital que en vuestro templo.
- Quizá yo pueda ayudarte con eso. - contestó William. - Seguro que lo puedo atraer.
- Bien, luego nos ponemos. Lena, ¿me acompañas? - dijo Alex saliendo por la puerta.
- ¿A dónde? - preguntó confundida siguiéndola.
- Tengo que explicarte algo. - sonrió perversa Alex.
*/*/*/*
- ¿Alex, has visto mi camisa azul? - preguntaba Kara a Alex desde la puerta de su cuarto. La mayor estaba entrenando en el patio.
- No, ¿por qué? - preguntó de vuelta, pero Kara ya había desaparecido otra vez. Al cabo de unos segundos, apareció bajando por las escaleras con prisa. - ¿Vas a la ciudad? - la paró.
- Sí, ¿por? - respondió Kara impaciente. Precisamente hoy Barry le había dicho que iba un artista buenísimo de algún país extraño a Kandor y que tenía tres combates programados. No quería perdérselo.
- Oye, ¿podrías pasar por un barco del puerto? Tenía que ir a revisarlo, pero aún no he ido. Y hoy tengo cena con Kelly aprovechando que está en la capital y Kal, con Lois. ¿Te importa?
- Yo iba a desconectar un rato, Alex. - contestó haciendo un puchero.
- Vamos, es solo un momento. Haz este pequeñín favorcito a tu hermana favorita. - suplicó la mayor.
- Como si tuviera otra. - bufó Kara.
- ¡Gracias! - dijo alegre Alex.
- Me refería a que no tengo otra hermana. Ve tú, Alex. Por una tarde que tengo libre...
- Venga, menos quejas, mano derecha del rey. Ve a hacer tú trabajo. - ordenó poniéndose seria.
Evidentemente, Kara acabó cediendo.
Así que ahí estaba. En el puerto había decenas de muelles colocados en paralelo en la profunda y estrecha cala que había en el centro de la ciudad. Según le había dicho Alex, el barco prácticamente estaba en los últimos muelles. Era un barco de la corona, así que en teoría debería ser fácil de reconocer. Pero casi era de noche y el puerto no estaba bien iluminado. Kara se lo anotó en la lista de cosas pendientes para mejorar la capital.
Con un poco de esfuerzo, al final lo localizó en el último muelle. Algunos marineros se encargaban de mover cuerdas y preparar velas. Quizá no iban a tardar mucho en volver a partir. Subió a cubierta y preguntó por el capitán a una mujer que pasaba por allí. La mandó al camarote del capitán bajo cubierta. Golpeó la puerta un par de veces, pero no recibió respuesta. Abrió la puerta lentamente. La habitación estaba totalmente a oscuras.
- ¿Hola? Soy la princesa Kara Zor-El. Me envían... - empezó a decir Kara, pero antes de que pudiera acabar la frase, la empujaron desde detrás hacia el interior de la sala. La puerta detrás de ella se cerró. Intentó abrirla, pero parecía que la habían cerrado desde el otro lado. Miró si se podía escapar por las ventanas. Eran demasiado pequeñas y apenas cabía por allí. Oyó como daban órdenes para zarpar y el barco abandonó el puerto. - Maldición.
Volvió a la puerta y empezó a golpearla. Estaba atrapada. ¿Quién la querría secuestrar? Pregunta tonta, literalmente hacía poco más de una semana la habían intentado matar. Con la de enemigos que tenía, ¿quién no la querría secuestrar? Miró a su alrededor. Aquello ni tan siquiera era el camarote del capitán. ¿Cómo había caído en una trampa tan tonta?
Decidió prepararse para cuando quien fuera que la había encerrado, volviera. Tarde o temprano tendrían que aparecer. Por suerte, llevaba con ella su revólver. Valoró si encender alguna luz para poder apuntar a algo, pero pensó que eso le daría una desventaja. Así que se escondió entre las tinieblas en un rincón desde el que podía ver perfectamente la puerta preparada.
Sus secuestradores no tardaron ni diez minutos en volver. Oyó el sonido de cosas moverse detrás de la puerta y las llaves. Amartilló el revólver y se preparó para apuntar.
- ¿Kara? - oyó una voz la rubia nada más abrirse la puerta.
Una silueta iluminada entró junto con la voz, pero Kara no llegó a disparar.
- ¿Lena? - preguntó Kara sorprendida. - ¿Se puede saber qué es todo esto? - preguntó ahora cabreada.
- ¿Sorpresa? ¿Perdón? - dijo Lena con una sonrisa incómoda.
- ¿Me puedes explicar por qué me acabas de secuestrar? - gruñó guardando el arma.
Lena se acercó a una pequeña lámpara de aceite que colgaba en la pared y la encendió.
- Fue idea de Alex. Quería que te tomaras unas vacaciones para acabarte de recuperar y todo eso.
- ¡¿Cómo que unas vacaciones?! - exclamó Kara. - ¿Y por qué estás tú aquí también? Y sigue sin explicar por qué me estáis secuestrando.
- Vale, Alex quería que nos fuéramos de vacaciones las dos solas. Como suponíamos que no ibas a aceptar, tramó este plan.
- ¿"Ella tramó"? ¿Me tengo que creer que no fue idea tuya?
- Te sorprenderá saber que yo estaba en contra de estas vacaciones forzadas. Pero tu hermana es muy persuasiva. Dice que está harta de estar en medio y de vernos como dos almas en pena.
- La voy a matar. Ordena que demos medias vuelta. - gruñó Kara enfadada.
- No lo voy a hacer. - contestó Lena cruzando los brazos. - Y tienen órdenes de Alex de no hacerte caso a ti.
- Lena, da la orden. - se acercó Kara a la Luthor amenazadoramente.
- No, quiero recuperarte y me parece que el plan de Alex es bueno. - contestó segura Lena sin dejarse intimidar.
- ¿De verdad te parece buena idea secuestrarme para que vuelva contigo? - dijo incrédula Kara separándose. - ¿Es que estáis locas?
- "Locas" no es la palabra que usaría.
- Es verdad. "Desesperadas" os pega más. ¿Puedo saber dónde vamos por lo menos?
- ¿Te suena la isla de Sonokym?
- Sí, claro. Espera, ¿nos vamos a una isla en medio de la nada? Tienes que estar de broma. - lloriqueó Kara.
- Vamos, Kara. Ni que fuera tan mala compañía. - bromeó Lena descruzando los brazos, pero Kara le lanzó una mirada asesina. - Lo captó. Hagamos un trato. El barco nos dejará y volverá al cabo de una semana. Si después de esos días todavía no quieres volver conmigo, lo aceptaré.
- Siempre dices lo mismo. - bufó Kara.
- Si no funciona esto, la verdad es que me he quedado sin recursos. Es mi último intento. Lo prometo.
- Bien, ¿una semana dices? - preguntó Kara para asegurase.
- Exacto. - asintió Lena.
- Trato. - dijo alargando la mano Kara. Lena la tomó y la apretó sellando el pacto.
- Trato.
- Ahora tengo hambre. ¿Dónde está la comida?
- Déjame ir a pedirla y vuelvo.
- ¿Para que comamos juntas? - volvió a preguntar Kara.
- Sí, ¿por qué?
- Nada, ve. Yo espero aquí.
Justo el instante después de que Lena saliera por la puerta, Kara la cerró y la encalló desde dentro.
- ¿Qué haces? - se oyó la voz de Lena desde fuera. La morena intentaba abrirla de nuevo, pero no podía.
- Que tengamos que estar en la misma isla no significa que tengamos que convivir. Tú, por tu lado y yo, por el mío. - rio Kara sintiéndose extremadamente lista.
- ¿No tienes hambre? - continuó Lena sin rendirse.
- Prefiero pasar hambre que cenar contigo. Nos vemos cuando lleguemos a Sonokym.
- Bien, como quieras. Pero para tu información llegaremos pasado mañana por la mañana. ¿Podrás aguantar más de un día sin comer?
- Aguanté semanas. Un día pasará rápido. - se burló Kara.
