—Tem, sé feliz...
Esas palabras aún resonaban en su mente, repitiendo aquella frase una y otra vez.
Sin embargo, la oscuridad se adueñaba de su cuerpo, impidiendo hacer algo al respecto.
Su voz no salía. Sus piernas y brazos no se movían. Su corazón latía lentamente y su espíritu sentía tantas ansias de correr, que no se ponían de acuerdo y acababan dejando caer su determinación.
—Tem, te amo y siempre te amaré. Por eso deseo que seas feliz, como vos elijas serlo...
En ese instante, sus ojos se abrieron, encontrándose con un escenario extraño. En una habitación, recostada sobre la camilla y observando que su brazo tenía un suero conectado a ella, notó que algo no marchaba bien.
—Oh, finalmente has despertado —una joven enfermera sonrió al ver que Temari estaba consciente. Escribió algo en su planilla y se acercó a ella para chequear los datos de las máquinas que se encontraban controlándola—. Deberás ser cuidadosa con tus movimientos.
Temari no recordaba lo sucedido. Ella aún estaba desorientada y se cuestionaba la razón por la cual estaba en ese lugar.
—¿Dónde estoy? —fue lo primero que preguntó y llevó una mano a su vientre—Necesito saber qué sucedió.
La enfermera suspiró y miró fijamente a los ojos de la rubia.
—Ingresaste a urgencias debido a un impacto de bala en el pecho, cerca de tus órganos vitales. Por suerte logramos estabilizar la situación.
—¿Cuánto tiempo estaré aquí?—con un gran esfuerzo logró sentarse. La enfermera se preocupó al ver cuán imprudente era ella.
—Eso deberás preguntarle al doctor. Iré a llamarlo... —la enfermera se retiró, dejando a la rubia con un extraño sabor en sus labios.
Bajó la mirada, enfocándola en sus manos. De pronto, un recuerdo había cegado su visión temporalmente.
Empapada en sangre, observando la sonrisa de Itachi y siguiendo la secuencia de su caída. La mirada tétrica de aquella mujer y el arma que cargaba formaban parte de una larga pesadilla.
Sus ojos se acuaron de inmediato. Sus dedos temblaban y su respiración se tornó tortuosa.
—No puede ser... —llevó sus manos al rostro y dejó caer sus lágrimas— No es justo.
Estaba destrozada. No esperaba que aquel día fuese tan horrible para ellos.
—Señora Sabaku No—un hombre de voz grave captó su atención—. Me alegra que haya despertado.
Al levantar la vista, contempló el pulcro uniforme blanco. Era un médico de edad avanzada, pues las arrugas de su rostro denotaba la experiencia adquirida a través del tiempo.
—Doctor... —musitó— ¿Cómo estoy?
—Estábamos esperando que despertaras. La operación fue riesgosa por el embarazo, pero priorizamos que siguiera su curso hasta que naturalmente el bebé quiera salir—mientras chequeaba su cuerpo, el doctor continuaba explicando: —. En caso de alguna complicación, debíamos proceder a una cesárea.
Temari estaba en silencio. Aún no lograba aceptar la realidad de lo sucedido.
—Hoy podrás ver a las personas que estuvieron preguntando por tu estado de salud a lo largo de estos días... —el hombre sonrió y la rubia pensó en aquellos quienes podrían estar desesperados por ella.
Principalmente sus hermanos Gaara y Kankuro, quienes habrán pasado algunas noches sin dormir con tal de estar al pendiente de ella.
Su mejor amiga, Sakura, a quien considera la hermana que nunca tuvo y que eligió. También Matsuri, que ahora era parte de su familia gracias a su relación con Gaara.
Eran las personas más allegadas. Aquellas que valían oro.
—Descansa. Aún faltan algunas horas para permitir el paso de las visitas.
La Sabaku No asintió y volvió a recostarse. El doctor se retiró, dejándola en aquella solitaria habitación.
Aún había algo que debía saber...
.
.
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Horas más tarde, la enfermera volvió a chequear su estado. Al notar la mejoría, decidió que las personas que estaban afuera podrían visitarla, pero solamente de a dos y en un lapso lo suficientemente corto el cual debían repartirse.
—Cuando acabe el horario de visita, vendré a darte la medicina. Por favor, no hagas movimientos bruscos y si necesitás algo, llamame—indicó con seriedad.
Ella estaba acostumbrada a pacientes difíciles, siendo Temari era uno de ellos. Su avanzado embarazo y su herida que estaba curándose eran motivo de preocupación y más lo era al tener una personalidad como la de la rubia.
—Gracias. Lo haré... —la joven se retiró y Temari comenzó a sentir ligeras molestias en su vientre.
Esperó un momento y la puerta de su habitación volvió a abrirse. Al mirar hacia esa dirección, se encontró con los rostros desesperados de sus hermanos.
La angustia se adueñó de sus corazones y los llevó hasta Temari, a quien cada uno sostuvo una mano de su hermana mayor, Gaara sujetó la derecha y Kankuro, la izquierda.
La tibieza de sus dedos alcanzó su espíritu triste, el mismo que sentía culpa por no haber hecho más de lo que pudo.
—Rezamos mucho para que todo saliera bien y despertaras lo antes posible—comenzó hablando Gaara—. No te das una idea de la preocupación que teníamos cuando Shikamaru nos llamó y nos contó lo sucedido.
Por una extraña razón, no entendía la relación entre lo sucedido y Shikamaru. Había parte de la historia que estaba faltando dentro de su libro y debía encontrar la página perdida.
—Casi me muero del susto, hermana—expresó Kankuro mientras lloraba y apretaba la mano de Temari—. Estaba en shock...
—Perdón, no creí que pasaría eso... —lamentó la rubia y suspiró— Estoy impactada.
—Nadie lo hubiera imaginado, Tem. Es lógico que algo así sea difícil de digerir—los tres bajaron la mirada.
—Estoy abatida porque lo vi desmoronarse frente a mis ojos. Me sentía impotente y encolerizada, pero mi cuerpo se paralizó —nuevamente, el nudo en su garganta estaba atormentándola.
—Puedo imaginarlo, pero deberás enfocarte en el bebé y tratar de cuidarte—Kankuro soltó la mano de su hermana y acarició su cabello, peinando su flequillo.
—Concuerdo, hermana. Deberás seguir al pie de la letra todas las indicaciones de los médicos—ordenó el menor de los Sabaku No —. No quiero recibir más quejas de los doctores porque no estás haciendo caso.
Temari comenzó a reír. Secó las pocas lágrimas que había derramado y les pidió a sus hermanos que se acercaran.
Los abrazó a cada uno y besó sus mejillas.
—Les prometo que trabajaré duro para salir lo antes posible de aquí —aseguró y sonrió.
—Eso esperamos.
Por un momento se mantuvieron juntos. Su vínculo era tan fuerte que nadie podría romperlo jamás.
—Ya basta de palabrerías... —rompió el ambiente y prosiguió a intentar distraerse —Cuéntenme cómo están Matsu y Tenten.
Ambos se alejaron un poco de su hermana y comenzaron a reír.
—Bueno, junto con Tenten estamos planeando unirnos a los voluntarios que viajan alrededor del país para ayudar a los más vulnerables—confesó Kankuro y tanto Temari como Gaara estaban sorprendidos.
—No me habías comentado nada, ¿Acaso ya no confías en mí? —reclamó Gaara.
—Es que... —rascó su nuca y luego volteó a ver a su hermana— Ya, Gaara. Luego hablaremos. Hay gente que aún quiere verla.
—Me parece una idea muy noble de su parte—acotó la rubia, captando la atención de los dos jóvenes—. Estoy segura de que todo lo bueno traerá mucha felicidad en sus almas.
El sentimiento de solidaridad hacia el prójimo era algo que los hermanos llevaban en la sangre. Desde pequeños, sentían la necesidad de ayudar a quien se encontrase en dificultades.
—Gracias, hermana.
El cariño que Temari sentía por sus hermanos era claramente desbordante. Por momentos, recordaba los tiempos en que apenas alcanzaban el metro de altura y todas las travesuras que ambos hacían.
El hecho de disfrutar de su etapa adulta, compartida junto a la mujer que aman, era algo que alegraba a Temari.
—Tem, perdón por abandonarte aquí, pero necesitamos dejar que los demás te vean antes que culmine el tiempo—exclamó Gaara al mirar la hora en su celular.
Ambos se acercaron nuevamente, besaron la frente de su hermana y acariciaron su vientre. Sintieron una ligera patadita y sonrieron al mismo tiempo.
—Está feliz de que sus tíos hayan venido—bromeó la rubia.
—Y nosotros estamos ansiosos de conocer a ese pequeño retoño—espetó Kankuro en un tono infantil—. Bueno, Tem. Mañana vendremos de nuevo y cuando te den el alta, pasaremos a buscarte.
—Está bien, ojalá sea pronto—llevó sus manos al vientre y sonrió al ver que sus hermanos dejaban la habitación.
Suspiró.
Sin embargo, había algo que la inquietaba.
El vacío de su alma se llenaba lentamente con la compañía de sus seres queridos, demostrándole su preocupación y regañándola, en ocasiones.
Al mirar hacia la puerta, esa vez notó la presencia de sus dos amigas, Sakura y Matsuri.
Su cuñada corrió hacia ella y la abrazó fuertemente, rompiendo en llanto cuán niña pequeña.
La pelirrosa, por su parte, se sentó a su lado y llevó una mano a su mejilla.
—Estuve muy preocupada, Tem—la Sabaku No lo comprobó al mirar las grandes ojeras que tenía. Sakura jamás descuidaba su imagen y esa era una clara prueba de que no mentía—. Necesitaba verte y saber que estabas bien.
—No te das una idea de cuánto recé para que despertaras—añadió la castaña, alejándose de su amiga —. Tenía mucho miedo...
Estaba agradecida por su compañía. Tanto Sakura, la hermana que eligió y Matsuri, la cuñada que conoció desde pequeña; eran las mujeres más importantes de su vida.
—Yo también tenía miedo. De hecho, creo que una parte de mí se fue con él... —bajó la mirada al recordar a Itachi— Creí que podía salir adelante a su lado y...
—Yo sé que lo harás—interrumpió Matsuri —. Tu bebé es la prioridad y siempre lo será.
—Estoy de acuerdo con ella—respondió la Haruno—, necesitás recuperarte para la maternidad. Aunque sabés que nosotras estaremos cuando suceda.
Su corazón elevaba su temperatura gracias al cariño brindado. Tanto sus hermanos como sus amigas eran el motivo por el cual podía continuar luchando y ganando batallas de la vida.
—Contá con nosotras—Sakura le dio un pequeño paquete y sonrió.
Temari lo sostuvo y comenzó a abrirlo. Era pequeño y no lograba adivinar de qué se trataba.
Al quitarle el envoltorio, descubrió que se trataba de un portarretrato con una vieja fotografía de ambas cuando Temari había cumplido sus quince años.
La rubia lucía un amplio vestido color rosado, su cabello era largo y ondulado. Su rostro no llevaba nada de maquillaje, mostrando su belleza natural.
—Quería que te acuerdes del momento más hermoso de tu vida—expresó la pelirrosa, emocionada—. Estabas completamente feliz, sin preocupaciones amorosas. Esa Temari es la que debe volver y quedarse para siempre.
Su adolescencia había sido divertida. Soñaba con viajar y trabajar lo suficiente para comprarse todo lo que amaba comer y vestir.
Disfrutaba de las salidas al parque y al cine. Corría bajo la lluvia, sin importar que su cabello se viera afectado por ella. Eran pequeños momentos que había olvidado...
—Estaremos ansiosas por verte salir de aquí, Tem—acotó Matsuri —. Tu hermano y yo queremos cuidarte y darte nuestro cariño para que recuperes ese semblante alegre que solías tener...
Aquella sonrisa perdida después de su ruptura.
—Me prometí ser feliz y así lo haré. Soy una mujer de palabra—aseguró y volteó a ver a sus amigas.
—Así se habla, Tem—sonrió la Haruno.
—Ya, pues, cuéntenme cómo han estado—dirigió su mirada hacia Matsuri —¿Gaara y vos se comprometieron? —inquirió al mirar el anillo que portaba la mano izquierda de la castaña.
—¿¡Qué!? —exclamó exaltada—Nosotros... Bueno, si.
Sakura sonrió y Temari soltó un sutil grito de alegría. Escuchar que su hermano y Matsuri por fin podrían compartir sus vidas después de tantos percances, era una gran noticia.
—¿Ya planearon cuándo se casarían? —Sakura estaba muy ilusionada. De hecho, imaginaba a Matsuri bajo sus encantos de belleza, plasmando su arte para que vuelva a enamorar a Gaara.
—Aún no. Gaara tiene un trabajo pendiente fuera de la ciudad en estos días y por eso lo pospusimos hasta que él regresara. Mientras tanto, yo continuaré en la cafetería—aseguró—. Tus hermanos quieren dejarte la casa para que vivas con tu bebé.
—No debían molestarse tanto, puedo buscarme algo pequeño donde vivir—respondió apenada.
—Es lógico que los casados quieran privacidad. No es por vos, sino por ellos. Deberán conocerse como convivientes, es lo más razonable. De hecho, vos mejor que nadie lo sabe—comentó la Haruno, dirigiéndose a Temari.
—Si, es verdad. Pero realmente me da mucha alegría saber que podrás cumplir tu sueño, Matsu. Mi hermano siempre estuvo enamorado de vos y aunque lo disimulara, sufría por la distancia.
—Gracias, Tem. Haré todo lo posible por hacerlo feliz—sonrió y llevó sus manos al pecho.
—Matsu... —la aludida la miró y entendió su
indirecta. Sakura tenía su celular en mano y era momento de dejar que alguien más entrara.
—Si, es momento de que se vayan, ¿Verdad? —preguntó con tristeza. Deseaba irse lo antes posible de allí y tener una charla extensa con sus amigas, las cuales no veía desde hacía algunos meses.
—No quisiera hacerlo, pero debemos. Por favor, no olvides que te apoyaremos siempre—agregó Matsuri mientras sostenía su mano—. No cargues con el dolor sola. Danos la oportunidad de escucharte.
Sería fácil comenzar a hablar si supiera qué era lo que más le dolía en su corazón.
—Está bien, prometo hablar un poco más de lo que me pase. Al fin y al cabo, deberé ser menos tozuda y darle el ejemplo a mi bebé—acarició su vientre. Sentía dolores, pero no lo suficientemente fuertes como para demostrarlo—. Seré una mujer más fuerte.
—Estoy segura de que así será—la pelirrosa besó su vientre y luego, su frente—. Es momento de irnos. Aún hay gente esperando para entrar.
—¿Más?
—Si.
—Que pasen entonces. De seguro tienen poco tiempo... —exclamó al notar que sólo le quedaban un poco más de 7 minutos.
—¡Nos veremos mañana! —saludaron al unísono y se retiraron rápidamente de la habitación.
Aún quedaba alguien que necesitaba hablar con Temari.
La rubia se acomodó y se quejó apenas se quedó sola. Las contracciones se tornaban más molestas y no quería que los demás continuaran preocupándose.
Su idea era esperar a que todos se fueran y comentarle lo que le sucedía a la enfermera.
Los pasos de la última persona que ingresó resonaron en la habitación. Temari levantó la vista y se topó con el hombre que menos esperaba.
Tenía sus ojos inflamados, su semblante era aún más pálido y su delgadez era notoria.
—Temari, hola—incluso su voz parecía quebrada.
—Sasuke... —susurró al notar el estado del Uchiha.
Su apariencia era semejante a la de un alma en pena que vagaba en el limbo. Sus palabras eran navajas que se incrustaban cada vez más en su cuerpo.
Él se acercó hasta ella y trataba de no verla a los ojos. Sentía la angustia a flor de piel y su corazón estaba al borde del colapso.
—Supongo que no esperabas mi visita, pero necesitaba venir a verte—Sasuke se sentó en los pies de la camilla y guardó las manos en sus bolsillos.
Temari lo observó en silencio. Ambos sabían que si hablaban del tema, Sasuke o ella acabarían desgarrándose mutuamente.
No obstante, era inevitable para el Uchiha.
—Siendo sincera, me sorprende. No esperaba tu presencia en este lugar —musitó la rubia.
Sasuke volteó hacia ella y suspiró. Sacó una mano de su bolsillo y le pidió a Temari que extendiera la suya. Así lo hizo y volvió a recibir aquella pequeña caja que Itachi le había dado en ese momento.
De inmediato, la mano de Temari tembló y llevó el presente a su pecho, apretando con fuerza lo último que había recibido de su parte.
—Mi hermano estaba muy ilusionado con dártelo—tragó saliva y trató de controlar su respiración para continuar: —. Estuvo muchas noches hablándome al respecto y cuando lo vi en el suelo, desplomado, mi mundo se derrumbó en mil pedazos...
Aunque Sasuke fuera un hombre que jamás mostraba sus sentimientos, la muerte de su hermano había eliminado el bloqueo de sus lágrimas al pensar en él.
—Cuando vi que te dispararon también, no sabía qué hacer—llevó sus manos al rostro—. No sabía qué era lo correcto.
Las palabras eran desgarradoras como los sentimientos que su corazón cargaba.
—Sabía que él no estaría bien, no después de verlo así, pero necesitaba estar a su lado y, al mismo tiempo, ocuparme de vos—quitó sus manos del rostro y volteó a verla—. De no ser por Shikamaru, todo sería un caos.
Su nombre nuevamente regresaba a la habitación.
—Vi la desesperación en su mirada y cómo su cuerpo temblaba ante lo sucedido. Me sentí aliviado, en cierta forma. Pero me rendí ante su cadáver... —dejó caer unas lágrimas— Él confió todo su ser en mí y tengo miedo de fallarle...
—Itachi siempre me dijo que él apostaría su vida para darte el lugar que te negaron... —confesó la Sabaku No al recordar una vieja conversación— Él estaba abrumado y deseaba que fueras reconocido, que nadie más se burlara de tus capacidades ni de tus gustos.
Sasuke esbozó una sutil sonrisa y secó sus lágrimas. Soltó un pesado suspiro y dirigió su mirada al suelo.
—Cumpliré su última voluntad y me haré cargo de la planta de Kumo—musitó —. Necesito empezar desde cero, alejándome de esta ciudad que me arrebató todo, incluyendo a mi hermano—levantó la vista hacia Temari y agregó: —. Si después de que tengas a tu bebé querés volver a tu puesto en la empresa, estaré agradecido. Nadie mejor que vos podría ayudarme allí.
—Me gustaría decirte que sí, pero aún hay algo que debo hacer a partir de que salga de este lugar—llevó una mano a su vientre y con la otra sostenía la cajita —. Pero me gustaría regresar algún día.
—Tem, ese regalo que Itachi te dio es algo muy valioso y dijo que cambiaría tu vida por completo según la decisión que tomaras—resopló —. Sin embargo, yo me adelanté a ello y muy pronto tendrás novedades al respecto.
Sasuke se levantó y acomodó su ropa. Se acercó a Temari y se detuvo a mirarla. Ambos estaban absortos ante la realidad que los había golpeado cruelmente.
—Itachi estaba muy enamorado de vos. Eso no lo niego, pero también sabía cuál era su lugar en tu corazón y yo, más que nadie, se lo he recordado. Evité que sufriera por un amor de novela que, probablemente, tenía nulas chances de llevarse a cabo—confesó —. Sin embargo, también me sorprendí al ver que tu amor era recíproco y en la medida que él esperaba. Por eso agradezco que lo hayas hecho feliz antes de morir, Temari.
La emoción invadió la serenidad de su rostro. Los dolores se intensificaron de tal modo que no pudo ocultar sus expresiones.
—¿Temari? —al ver que ella no respondía y sus quejidos eran cada vez peores, Sasuke decidió resarcir el daño a sí mismo, saliendo rápidamente en busca de algún médico.
Sasuke estaba consternado, pero no volvería a quedarse paralizado.
En el lapso que Temari estuvo a solas, rompió en llanto. Su bebé pateaba sutilmente y Temari nuevamente se aferró a la cajita.
"No te das una idea de cuán ilusionado estoy por el nacimiento..."
—Itachi, creo que llegó el momento que estábamos esperando... —murmuró.
.
.
.
Minutos más tarde, el doctor que la atendía la estuvo revisando y le comunicó a Temari que estaba comenzando el trabajo de parto.
Los dolores se intensificaban y su cuerpo no lo resistía.
La angustia fue disipada por la ilusión y su mente sólo pensaba en dar lo mejor de sí misma para no equivocarse.
—Doctor—el hombre la miró por un segundo —¿Podría darle esto a uno de mis familiares? No quiero perderlo.
El médico asintió y lo guardó en su bolsillo.
—Cuando pasen a buscarte, lo haré. Ahora, concentrate en lo que sigue. Respira profundo y no te alteres.
El proceso apenas comenzaba...
..
.
.
.
Algunas horas más tarde...
Sakura y los hermanos de Temari estaban ansiosos.
La pelirrosa caminaba de un lado a otro, mordiendo sus largas uñas. Gaara, tenía su vista fija hacia el suelo. Kankuro movía sus pies mientras murmuraba en voz baja.
El menor de los Sabaku No estaba a cargo del regalo de Temari. Sentía curiosidad, aunque por respeto a la privacidad de su hermana no abrió la caja.
—¿Tanto puede tardar este tipo? —espetaba la Haruno, mientras volvía a marcar en su celular.
De repente, la aparición de Naruto le devolvió la serenidad.
El rubio caminaba con prisa y, a su lado, Shikamaru se mostraba preocupado.
Los hermanos Sabaku No voltearon a ver al Nara y resoplaron.
Existía un cierto resentimiento hacia su ex cuñado. No obstante, no podían hacer ni decir nada al respecto debido a que Shikamaru era el padre del bebé que estaba esperando su hermana mayor.
—¡Qué bueno es verlos aquí! —Sakura se acercó a Naruto y lo besó rápidamente. Luego, caminó hasta el Nara y lo miró con recelo. Lo sujetó de sus hombros y dijo: —Es momento de que te pongas los malditos pantalones y apoyes a mi amiga. Su bebé está por nacer y lo mínimo que podés hacer es estar a su lado.
El moreno tragó saliva al sentirse abasallado por Sakura. Suspiró y asintió.
Al fin y al cabo, la Haruno estaba en lo cierto. Él debía apoyar a Temari con su hijo o hija.
—Le prometí a Tem que me haría cargo y pienso cumplirlo. Sé que fui un idiota todo este tiempo, pero quiero reparar mis errores de alguna forma en la que ella no se sienta invadida—confesó.
En ese momento, Kankuro se levantó de su asiento y se ubicó al lado de Sakura. Ella soltó a Shikamaru y se apartó para dejarle espacio al Sabaku No. El Nara lo observaba con cierto arrepentimiento en su mirada. Sabía que su hermano era un hueso tan duro de roer como ella.
—No creas que porque mi hermana tendrá un hijo tuyo yo olvidaré todo lo que le hiciste... —el resentimiento aun continuaba en su corazón. Él vio llorar a su hermana y desmoronarse en poco tiempo y no permitiría que Shikamaru volviera a lastimarla.
—No te preocupes, Kankuro. Repararé el daño ocasionado... —respondió Shikamaru, con la mirada fija al suelo.
—Kankuro, dejalo. Shikamaru es un hombre adulto como Temari y no es de nuestra incumbencia sus asuntos—intervino Gaara al acercarse a ellos.
—Pero... —gruñó—¡Gaara! ¿De qué lado estás? Maldita sea.
—Soy neutral y Temari tiene derecho a elegir lo que la haga feliz. Nosotros simplemente somos sus hermanos, no los dueños de su vida—suspiró y palmeó el hombro de Kankuro—. Además, dije que será niña.
—¡¡QUE NO!! —encolerizado, Kankuro enfrentó a su hermano. Sakura y Naruto reían, mientras Shikamaru se incomodaba ante la escena —¡SERÁ UN HERMOSO, FUERTE Y COQUETO VARÓN QUE ROMPERÁ CORAZONES COMO SU TÍO MAYOR! —aseguró y cruzó sus brazos.
—A Tenten no creo que le agrade eso, pero... —Sakura añadió el comentario y les dio la espalda, dejando a Kankuro sin derecho a réplica.
Era cierto. Kankuro respetaba a Tenten y lo que menos quería era que ella sintiera celos por sus tonterías.
—Mejor callate, Sakura... —cuando Kankuro estaba a punto de redoblar su apuesta, el médico que atendía a Temari apareció frente a ellos.
De inmediato quedaron en silencio, a la expectativa de una buena noticia.
—¿Cómo se encuentra Temari? —el primero en acercarse fue Shikamaru— Por favor, necesito saber cómo se encuentran ella y mi bebé.
—¿Usted es el papá? Está bien, acompáñeme, por favor—el hombre se adelantó hacia los pasillos donde tenían prohibido el ingreso.
Shikamaru suspiró y caminó detrás suyo, tratando de controlar sus nervios.
De hecho, tenía miedo por cómo podría reaccionar Temari al verlo allí.
El médico llegó hasta la habitación y abrió la puerta, pasando primero él y luego invitando al Nara.
—Señora Sabaku No, ¿Cómo se siente? —preguntó el doctor mientras se acercaba.
—Exhausta, pero feliz. La verdad es que... —al levantar la vista, se topó con una mirada colmada de felicidad —Shikamaru... —murmuró y él fue acercándose lentamente.
—2 minutos y debe retirarse. La señora necesita descansar—advirtió el médico y los dejó solos en aquella habitación.
—Gracias —espetó él y volteó nuevamente hacia Temari.
En sus brazos cargaba un pequeño ser que se encontraba alimentándose. Sus manitos se aferraban al cuerpo de su madre, despertando una indescriptible ternura en Shikamaru.
—Es... —se sentía patético. Deseaba acercarse más y besar a Temari, pero el miedo lo paralizaba y sólo se limitaba a contemplar la belleza desde lejos.
—Shikamaru—su llamado captó su atención—, no tengas temor. Acercate a conocer a tu hija.
En ese entonces, supo que su desierto comenzaba a disiparse. Ya no existía un vasto terreno árido, sin un ápice de esperanza de donde aferrarse.
Él conoció la razón por la cual podría seguir adelante, el motivo de lucha que encendería su corazón.
—Mi... —tragó saliva y caminó lentamente hasta quedar junto a ella. No despegaba la vista de su bebé— ¿Mi hija?
Consternado ante su belleza, Shikamaru acercó su mano hasta la cabeza de su pequeña hija. Acarició su delicado y fragil cabello rubio, experimentando por primera vez el sentimiento que afloraba desde lo más profundo de su ser.
Su corazón latía velozmente y sus ojos no pudieron contener las lágrimas de alegría al conocerla.
—Si— dirigió su mirada hacia su bebé y agregó: —Karura, él es Shikamaru, tu papá.
En ese instante, la pequeña alejó su rostro del pecho de Temari, volteando en dirección a Shikamaru. Sus ojos eran semejantes a los suyos.
Bostezó y luego estornudó.
—Salud... —musitó la Sabaku No mientras acomodaba su ropa.
Lo miró nuevamente a Shikamaru y sonrió.
Después de tanto tiempo, él formaba parte de su felicidad. Aquella sonrisa era lo que más amaba en el mundo y volver a verla era un verdadero regalo del cielo.
—¿Te gustaría cargarla? —inquirió. La beba volvió a bostezar y estiraba sus diminutos brazos al desperezarse —Es tan floja como vos.
—¿Puedo hacerlo? —Shikamaru sostuvo a Karura entre sus brazos y comprobó la fragilidad de un pequeño ser.
—No temas. Estarás bien con ella.
Shikamaru estaba perplejo. Se perdió en la mirada de su bebé, quien estaba a punto de dormirse nuevamente.
Dejó caer unas cuantas lágrimas y la abrazó.
—Te amaré con todo mi ser, Karura. No dejaré que nada ni nadie te dañe—dirigió su mirada hacia Temari y añadió: —Repararé mis errores dándole lo que quede de mi corazón a ella y sé que vos también lo harás.
—Karura es mi felicidad. Alguna vez dijiste que debía ser feliz y ahora ya sé con quién—confesó—. Se trata de encontrarme a mí misma y brindarle el amor incondicional a mi hija. Le enseñaré todo lo que sé para que pueda defenderse en la vida.
Shikamaru escuchaba atentamente las palabras de Temari. Ella había cambiado, era obvio.
—Ella es la razón de mi existencia, mi verdadero amor y el que nunca traicionará—suspiró —. Gracias por este regalo del cielo.
—No, soy yo quien debería agradecerte. Ahora sé que esta pequeña niña será la luz de mis ojos y la mujer que más ame cuando sea viejo...
Era cierto. Su amor permanecía intacto, pero dentro del cuerpo de su pequeña Karura. Ella era el fruto del inmenso amor que alguna vez se profesaron y por errores que cometieron fueron dejando atrás.
Sin embargo, existía una razón por la cual no olvidaban sus momentos felices.
Existía un motivo por el cual podrían seguir viéndose a los ojos y esconder sus sentimientos.
Era cierto. En ese momento, sus corazones se volvieron delatores ante el resplandor del alma pura de Karura.
A partir de allí, sus amores estarían unidos a través de ella, curando sus viejas heridas y recordando sus mejores momentos juntos.
La felicidad no supone estar en pareja, sino encontrar la verdadera razón por la cual luchar día a día.
Temari llegó a esa conclusión desde el día que descubrió la infidelidad de su esposo. No obstante, Shikamaru lo entendió cuando se percató de cuán importante era Itachi en la vida de la Sabaku No.
Sin embargo, la presencia de Karura era aquella esperanza que residía en la caja de Pandora que Shikamaru había abierto sin tener en cuenta las consecuencias.
Los celos, el dolor, la tragedia y la separación fueron lo más doloroso que ambos atravesaron en sus duelos.
Mas la vida les presentó aquello que salvaría sus corazones, la esperanza de un nuevo amor que floreció ese día.
Karura fue la razón por la cual hizo que los corazones de sus padres se volvieran delatores.
—Te amo, princesa...
—¿Fin?
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Omg!!! Hemos llegado al ¿final? de esta obra!
Pues, aún tengo algo más para darles y en las siguientes horas estará publicándose
Gracias por llegar hasta aquí.
