Atsushi
No sabría decir si era de día o de noche cuando desperté sobresaltado por mis propias pesadillas febriles.
-no me dejaste otra alternativa- declaró la voz de Kyouka que estaba a mi lado cambiando lo que parecía una compresa fría. - intentaste ir a trabajar y debí emplear la fuerza, lo siento.
Parpadee incrédulo y traté de mover mi cuerpo pero fue en vano. Me habían envuelto como un sushi entre las mantas.
Y estaba demasiado somnoliento para reprocharle a mi compañera estos extremos cuidados.
-solo los tontos se resfrian en verano...- repetí tratando de zafarme de las mantas.
-pero este tonto no podrá ayudar a nadie en semejante estado- sentenció Kyouka con los brazos en jarras.
Acabé negociando para que me liberara del cálido abrazo de las frazadas prometiendo comportarme y no moverme hasta alcanzar una recuperación.
-prometelo- pidió extendiendo el delicado meñique hacia mí.
Nunca me había parecido que fuera de las chicas que hacen promesas o confidencias, lo suyo era ir más al grano. pero acabé cediendo al ver su expresión de sincera preocupación.
-lo prometo- y enlace nuestros dedos para cerrar la promesa sacándole una sonrisa.
Todas las horas siguientes las pase en un estado de sopor, viendo a la oji azul ir y venir con diligencia, limpiar el sudor de mi frente, tomar la temperatura, darme de comer y beber como si fuese un infante.
Sonreí para mis adentros ante la escena.
¿Acaso esto no era normal en una pareja? No lo sé. Realmente esa fue la primera vez
en mi vida que era cuidado y atendido durante una enfermedad.
Me sobresalté al sentir que se ponía de pie para salir, y sin pensarlo me aferré a su mano con inusitada desesperación. No quería que se marché de mi lado.
No recuerdo si de mi boca escapó algún reproche. Pero ella me aseguró que llamaría alguien para que tome su lugar, pude oir mencionó que era el día libre de Naomi y Lucy. De igual forma no la dejé ir. No deseaba a nadie más.
Pude sentir como cedió y sin deshacer mi agarre volvió a sentarse.
aunque las pesadillas me siguieron atormentando, y difícilmente podía distinguir entre ellas y la realidad. Recuerdo claramente la sensación de sus manos sobre mi cabeza, acariciando con ternura, repitiendo que no se iría a ninguna parte.
Mi cuerpo se tenso y mi cabeza empezó a dar vueltas cuando sentí sus labios contra los míos.
Pude oir que murmuró que lo olvidaría. Pero bien sabía yo que ni muerto podría hacerlo.
Kyouka
Debí darle varios golpecitos en el hombro para despertarlo.
Me había tardado mucho tiempo explicarle, tras la primero vez ante su ceño fruncido, que no se trataba de un miedo infantil a la oscuridad.
El baño era un lugar privado donde podría ser atacada fácilmente. Dadas las experiencias de mi antiguo trabajo, estás precauciones me parecían necesarias.
Aunque es probable que no lo haya convencido del todo, pues siempre tomaba mi mano y me guiaba por el corto y estrecho pasillo hasta la puerta. Donde permanecia cabeceando hasta que yo terminaba. Era más parecido al trató que un padre guardaría con su hija.
Pero aquella vez al sostener su mano, la sentí terriblemente cálida. Era evidente que estaba enfermo. O al menos por la mañana lo estaría. Así que tras sacarlo del armario y acomodarlo en mi cama. Inhalé profundo y me dirigí valientemente al baño con una navaja bajo la manga.
Pase el resto de la noche cambiando la compresa de agua fria. Pues no parecía que la fiebre bajase. Por la mañana tras inmobilizarlo con las mantas para evitar que fuera al trabajo (Pues conocía lo terco que podía llegar a ser). Fui a buscar medicina.
En el camino me encontré con Lucy Montgomery y Naomi desayunando en el restaurante. No me abstuve de comentarles el estado de Atsushi. Y ambas se ofrecieron solicitas a atenderlo en caso de que fuera necesario.
Al volver lo encontré despierto y me excusé por la excesiva pero necesaria medida.
-solo los tontos se resfrian en verano- musitó decaído tratando de incorporarse.
Finalment Acabó por prometerme que no haría más esfuerzo absurdos hasta recuperarse. Y me permitió cuidarlo el resto de la mañana hasta la tarde.
Aunque había informado la enfermedad de Atsushi, tenía pensado asistir a la agencia por si era requerida. Para dispersar los pensamientos que me inundaban a tener a mi "novio" solo para mí. Al fin y al cabo esto no era mutuo o real. Y tenía escrito el final.
Me incorpore antes de acabar creyéndomelo, pero él tomó mi mano con fuerza y me lo impidió.
-si te dejó te irás con Rampo-san- pronunció no muy consciente de sus palabras haciendo un puchero de niño pequeño.
Fue en vano asegurarle que llamaría alguien más para que no estuviese solo.
-no quiero que te vayas- al decir esto último me dejó por completo desarmada. Así que lo recosté con cuidado y me quedé.
Siguió aferrado a mi mano aún dormido. No sintio cuando acaricie su cabello platinado.
-¿porque no me dices esto consciente?- espete exhausta.- realmente no puedo esperarte para siempre.
Si él podía comportarse tan egoísta, me ví con igual derecho. Y acabe por besarlo rápidamente.
-de todas maneras lo olvidarás- asentí alzando los hombros para excusarme. Aunque sentía como mis mejillas ardían y las ganas de salir corriendo y cubrirme el rostro empezaban a emerger.
-no lo olvidaré- oí que murmuró Atsushi por lo bajo sin mírame a la cara, y con las orejas coloradas.
Sentí deseos de morir en aquel instante.
