Las consecuencias
Nota: los capítulos anteriores son el 1 (Sentimientos prohibidos), el 10 (Una inesperada unión), el 25 (Si solo son amigos), el 27 (Tras cancelarse el plan) y el 30 (Que hable el corazón).
Taichi e Hikari recibieron un mensaje. «Ha venido Toshiko. ¿Os importa quedaros el fin de semana con Sora». Y apenas unos momentos después, Sora recibió otro mensaje similar. «Hija, ha pasado algo con Yuuko y me voy a quedar con ella el fin de semana. Pórtate bien con Taichi e Hikari».
La pelirroja suspiró para sus adentros. Aquello jodía un poco sus planes para aquella noche. Tenía la intención de decirle a Taichi que se quedara a dormir con ella, y aprovechar para tener un poco de sexo con él. Y, de paso, oficializar su relación. Habían pasado unos años muy agradables como follamigos, pero iba siendo el momento de ponerse serios. Por su propio bien.
Además, estaba la extraña revelación de su madre. Enterarse de que mantenía con cierta regularidad relaciones carnales con la madre de aquellos dos había sido un shock. Pero al fin y al cabo, solo quería que su madre fuera feliz. Y si la señora Yagami le podía dar esa felicidad, bienvenida fuera. Lo más extraño del asunto era que, pese a esa amistad, su madre y ella misma hubieran compartido a Taichi. Y más de una ocasión.
Pero veía a Taichi algo extraño aquella noche. Bueno, extraño, no. era la primera vez que se daba cuenta de lo extraño que era. Por supuesto, se refería a ese tipo de dependencia insana que parecía sentir Hikari por el castaño. Por lo general no comentaba nada, pero sospechaba que no era muy normal ver a una chica de su edad comer del tenedor de su hermano, como si le estuviera alimentando. O tal vez fueran celos, ya que sí había visto a parejas hacer aquello, y ella y Taichi no eran novios. "Aún", pensó.
—Sora… ¡Sora! —oyó que alguien la llamaba. Regresando a la realidad tangible, giró la cabeza y se topó con Mimi, que la observaba con cierta preocupación—. ¿Estás bien? Te noto un poco ausente.
—Sí, estoy bien —mintió la pelirroja—. Estaba pensando en los exámenes.
—¡Para eso aún quedan siglos! ¡Diviértete! —apremió la castaña—. Podrías venirte una temporada a Miami, nunca me haces caso, yo puedo invitarte al billete y…
Sora intentó atender a la conversación con su amiga. La que ya habían tenido muchas veces, pero terminaban todas en el mismo punto: con ella comprometiéndose sin muchas ganas a ir a Estados Unidos con su amiga. ¿Qué se le había perdido allí? Preferiría recorrer Europa, pero aquello, según Mimi, no era nada cool.
Taichi, por su parte, también estaba un poco preocupado por el mensaje de su madre. No contaba con pasar esa noche en casa de Sora… con Hikari. Su hermana sabía, de sobra, los tórridos encuentros que él había tenido con la pelirroja. Pero, por supuesto, Sora no tenía idea de que él practicase sexo con su hermanita. Ni con su propia madre. Su amiga pensaba que la única persona con la que le había compartido era con la madre de ella. Y aunque consideraba a Sora más abierta de mente de lo que la mayor parte de personas pensaban, tal vez la idea del incesto traspasara la línea. Especialmente cuando Hikari parecía estar especialmente posesiva sobre él.
—Tenemos que hacer esto más a menudo —comentó Mimi, cuando ya se preparaban para despedirse—. Pero siempre que lo digo al final tardamos otro mes en reunirnos todos.
—¡Será entonces que no quieres que nos veamos! —bromeó Yamato, provocando una carcajada general.
—¿Seguro que no te quieres venir a mi casa? —propuso Daisuke a Hikari. Takeru puso la oreja. Igual también debía ir él. Pero no.
—No, gracias. No me apetece un maratón de videojuegos hoy —respondió la castaña. "Maratón de videojuegos". Debía cambiar la última palabra por "sexo". A espaldas del resto del grupo, ella tenía un trato con Daisuke y Takeru, que les permitía tener relaciones sexuales cuando les apetecía. La única condición era que no se podían tener celos y que se permitían las relaciones con otras personas. Y, desde hacía tiempo, Hikari se consideraba propiedad de Taichi, pero que hacía pasar por pocas ganas de tener relaciones. Takeru se giró hacia su hermano, sin Hikari no tenía motivo para ir a casa del castaño.
"Joder, Hikari. ¿Por qué no te vas con ellos?", pensaron para sus adentros Taichi y Sora. Taichi para evitar una escena, y Sora para disfrutar esa noche de su amigo íntimo. Pero Hikari se volteó hacia ellos, sonriendo con naturalidad. "No te lo vas a tirar esta noche, Sora", pensó para sus adentros. Y debía asegurarse pronto de que su hermano rompiera ese tipo de lazos con la chica.
Fueron los tres en el coche de Taichi, que condujo con nervios hasta el barrio donde vivía su amiga. No tardaron mucho en llegar. Aunque se le hizo raro que ninguna de las dos se pusiera en el asiento del copiloto. La tensión parecía poder cortarse en cualquier momento. Por suerte ya se iba haciendo tarde, y con todo lo que habían comido ese día con sus amigos, no tenía pinta de que fueran a cenar.
Subieron en silencio al piso de Sora. Si en ese momento hubiera estallado una bomba en la lejanía, a Taichi le hubiera venido tener algo de lo que hablar. Pero Sora, con su tono de voz despreocupado habitual, fue quien rompió el hielo.
—¿Queréis que pidamos algo para cenar?
—No, gracias —respondió Taichi. Solo esperaba tener el resto de la velada en paz.
—Yo tampoco —respondió Hikari, y tuvo que contener un bostezo. Lo cierto era que andaba cansada. Y con ganas de pasar un rato con Taichi. Pero en casa de Sora eso iba a estar complicado.
—Yo también tengo un poco de sueño. Hoy nos hemos ido muy temprano y llevamos todo el día fuera —aceptó Sora, maldiciendo. Aunque tenía una idea para salirse con la suya—. Hikari, tú puedes dormir en mi cama, si quieres. Taichi y yo podemos dormir en la de mi madre.
—No quisiera molestarte —interrumpió Taichi, antes de que la mirada asesina de Hikari provocase un cisma—. Yo puedo dormir en el sofá, no hay ningún problema.
—¿Pero cómo vas a dormir ahí? —dijo Sora. A lo mejor el chico no le estaba entendiendo la indirecta. Pero una mirada de Taichi le indicó claramente que "Esta noche no". Pues nada, resignación—. Cómo prefieras… Pues nada, que descanséis —añadió, y se metió en el dormitorio de su madre.
Se sorprendió con la facilidad con la que cerró los ojos. Estaba cansada. Pero bueno, podía echarse un rato… y cuando se recuperase, volver al salón a por Taichi. Y llevarle a su habitación. "Y Taichi te tiene que explicar qué coño le pasa a Hikari. Ni que estuviera celosa", pensó para sus adentros. Pero en ese momento le apetecía más retozar con el chico que las explicaciones. Se acomodó quitándose el pantalón y la camiseta.
Cuando abrió los ojos, se fijó en el reloj de su madre. Perfecto, apenas había pasado una hora desde que se habían echado a dormir. Lentamente, se incorporó. Hora de ir a por el chico. Con mucho cuidado, abrió la puerta, el ruido más tonto a lo mejor podía despertar a Hikari si no se había cerrado la puerta. Y le costó un poco procesar la imagen.
En el sofá estaba Taichi, tendido bocarriba, sin pantalones, y sobre el, Hikari, igualmente sin ropa de cintura para abajo, subiendo y bajando lenta y rítmicamente por la erección del chico. No dijo nada por unos momentos, tenía que entender la imagen. Y había tantas cosas, y ninguna buena, que tenían su explicación al ver aquello. Con todo el sigilo se movió hasta que se sentó frente a ellos, que tardaron un poco en darse cuenta de que estaban siendo observados. La castaña se detuvo y suspiró.
—Te dije que no era una buena idea… —suspiró Taichi.
—No he podido evitarlo… —respondió la castaña—. Sora, yo…
—¿Cuánto? —preguntó la pelirroja—. ¿Cuánto tiempo lleváis así?
—Pues… apenas un rato —dijo Taichi, intentando quitar tensión en el ambiente. Pero no era momento para hacerse el gracioso, como le advirtió la mirada asesina de la pelirroja.
—Hace meses empezamos. Fue la forma más tonta, pero… no he podido evitar continuar viéndome con mi hermanito —dijo Hikari, levantándose suavemente y se echó en el sofá, cerrando las piernas. De pronto se sentía incómoda con Sora delante—. Si vas a culpar a alguien…
—Dos no follan si uno no quiere —atacó la discusión la chica—. Joder. Y pensaba que después de lo de mi madre… ¿se lo has contado? —preguntó a Taichi. Este asintió lentamente.
—Lo que tu no sabes —empezó a decir este, despacio. Parecía la noche de las confesiones—, es que… Hikari y yo, con nuestra ma…
—Suficiente —dijo Sora—. Ven.
—¿Yo? —preguntó Hikari.
—Sí, ven.
Sora se levantó y fue hacia su habitación. Con cierto miedo, Hikari miró a Taichi. Este también estaba preocupado. Tuvo la precaución de volver a ponerse las bragas antes de seguir a la pelirroja al dormitorio. Esta la esperaba sentada en la cama, mirándole muy seria. Tomó asiento también, y rezó porque no la matase en ese momento.
—Sé que lo que hacemos está mal —empezó, en vista de que Sora no decía nada—. Pero… él y tú no sois nada, ¿verdad? Así que…
La pelirroja se volvió a poner en pie y se acercó a su mesa. Abrió un cajón y rebuscó un poco. Sacó algo y lo dejó en el colchón, enfrente de la castaña. Ella lo analizó. Era un test de embarazo. Joder… y había dado positivo.
—Estoy encinta, Hikari —le explicó Sora, suavizando el tono—. Y es de Taichi. No me veo con nadie más desde hace mucho tiempo. Sé que él se ha visto con más de una… Y no me esperaba que una de ellas fueras tú… —"y menos aún, vuestra madre", pensó sin decirlo—, pero necesito que lo entiendas. Yo ya no puedo dejar que Taichi haga esas cosas.
Y en ese momento la castaña se echó a llorar. Aquello disparó las alarmas de Sora. ¿Tan enamorada estaba esa chica de su propio hermano? Debía entender que eso había de terminar, no era tan complicado. Ellos nunca podrían tener algo serio. Pero, cuando Hikari logró hablar, o más bien, balbucear, se quedó helada.
—Yo también… estoy embarazada —sollozó—. No quería contárselo aún… Es muy bueno, y… no merece que le ate así… Y estoy aterrada… Solo se que… quiero tenerle… para siempre… —consiguió decir entre lágrimas—. Joder, Sora, si lo sé…
La pelirroja no estaba en situación de preguntar si es que no tomaban precauciones. Obviamente, en sus encuentros con Taichi, imperaba el uso de la píldora anticonceptiva. Pero se le había olvidado en una ocasión. O tal vez su mente la había engañado para olvidarla adrede y atarse al chico. En cualquier caso, aquella situación suponía un problema, para las dos y también para él.
—Tenemos que hablar con Taichi. No puede quedar sin saberlo —dijo Sora, pero Hikari negó con la cabeza—. ¡Oye!
—¡No quiero que me odie! —dijo Hikari—. ¿Qué hemos hecho?
—Las dos conocemos a Taichi. Seguro que no es capaz de odiarte. Vamos —la invitó, tendiéndole la mano.
Hikari, con el cuerpo temblando, aceptó la mano de su amiga y caminaron hacia el salón. Taichi se había quedado donde estaba, mirando el techo, pero había tenido el sentido común de ponerse los pantalones. Se incorporó al ver que se acercaban. Tenía dudas sobre qué podrían haber hablado. Y se aterró cuando cada una de ellas se sentaron a su lado. Iba a morir, seguro.
—Taichi… tienes que saber una cosa —empezó Sora—. Hemos pecado de ingenuos. Pensábamos que estábamos bien protegidos, pero… estoy embarazada. Y sé que quien espero es tuyo también. No ha habido nadie más en meses —continuó. Taichi la miró muy seriamente, sin decir nada—. Pero deberías haber tomado más precauciones con tu hermanita. Resulta que ella también está esperando un hijo.
Hikari procuró contener las lágrimas, a la espera de la reacción de Taichi. Este suspiró y se echó hacia adelante, apoyando los brazos sobre las piernas. Se sostuvo la cabeza sobre las manos, y cerró los ojos. Lo que más se había temido que podía haber ocurrido. Aquella tontería de poder tener relaciones libremente debía terminar. Era lo correcto. De modo que abrió los ojos y habló con Hikari.
—Hermana… tienes que entender que no puedo dejar de lado a Sora con este tema. Cometimos un descuido, y tengo que asumirlo —le dijo. Hikari soltó una lágrima—. Y por eso, Sora —continuó, girándose a su amiga—, también necesito que entiendas que no puedo dejar a mi hermana atrás. Lo que hemos hecho no es ético, pero eso no significa que merezca que me olvide de ella.
—Eso… eso significa…
—Que me quedo con vosotras dos —dijo Taichi—. No os voy a dejar solas. Jamás. Así que necesito, Hikari, que dejes atrás los celos. No te voy a dar de lado, pero Sora también me necesita.
Hikari volvió a lagrimear, esta vez de alegría. Había tenido sus dudas con Taichi. Había sido muy bueno siempre con ella, pero tendría sentido en ese momento que hubiera preferido quedarse solamente con la pelirroja. Ellos eran amigos, socialmente estaba aceptado que empezaran a salir juntos y tuvieran a su bebé; mientras, ella debería buscar algún chico que no le importase que ella fuera con "mochila". Pero no. Aceptaba cuidar de las dos. Miró a Sora, que le sonrió tímidamente.
—¿Estás bien con eso? —preguntó Sora a la castaña. Y esta asintió lentamente.
—Si… si a ti también te parece bien —murmuró—. Lamento cómo me he portado hoy… Intenté provocarte celos durante la comida —confesó.
—No te preocupes por eso ahora. Somos una familia, ¿verdad?
—Verdad.
Ambas se acurrucaron, poniendo sus cabezas sobre los hombros de Taichi, quien las rodeó con los brazos. Pero en ese momento Sora recordó un detalle importante
—Tenemos la cama de mi madre… A estas alturas, no importa mucho si la usamos —les recordó.
Una vez allí, Taichi fue derribado contra el colchón. Las dos chicas le desnudaban con cuidado. Sentía sus manos por todo el cuerpo, y eso le gustaba. Pero no quería que solo se dedicaran a él. Ellas dos debían aprender a estar más unidas. Aunque parecía que no debía decirles nada, pues ellas mismas se aproximaron la una a la otra y se dieron un tímido beso.
—¿Seguro que esto te parece bien? —preguntó Sora a la castaña.
—Si Taichi no puede darte de lado, yo tampoco —respondió Hikari—. Seremos una familia… muy particular —rió tímidamente.
Sora asintió. Desde luego, no podía ser de otra forma. Todo lo que habían hecho durante aquel tiempo les conducía a esa situación. Una vida en común, los tres… y a lo mejor sus madres podrían pertenecer también a ello. Los límites de la moral habían desaparecido hacía tiempo, y no les importaba mucho, siempre que hubiera cariño.
—Mis chicas favoritas —murmuró Taichi al ver cómo las dos se despojaban de la ropa—. Me alegra que podamos estar así. No podía pensar en una situación sin una de las dos.
—Qué cosas nos dices —susurró Sora mientras se tendía sobre el torso del chico y le daba un beso. Notó que Hikari cataba todo el sabor del cuerpo de su hermano—. Sigo sorprendida de lo vuestro…
—Pensé en decírtelo, pero no sabía cómo…
—Y aún así, míranos —comentó Hikari, desinhibiéndose, y acariciando con su mano la espalda de Sora. Era tan suave.
—Se me ocurre una cosa… —comentó Taichi, antes de que las manos de las chicas le dieran demasiado placer en el pene como para poder pensar en condiciones.
Siguiendo sus instrucciones, Sora se tendió en la cama, e Hikari se abrazó a ella, echada sobre su cuerpo. De aquel modo, el castaño se pudo aventurar entre las piernas de ambas, y empezó a lamer sus sexos suavemente. Acompañó aquellos movimientos con sus manos, de modo que las dos quedaban bien atendidas en todo momento. Jugueteó con los puntos que conocía que les daban más placer, con la presión justa para arrancarles gemidos del gusto.
—So… Sora… —jadeó Hikari al notar la lengua de su hermano llevándola al séptimo cielo, y aplacó sus gemidos contra la boca de la pelirrosa. Ella aceptó sus labios y la envolvió entre sus brazos. Sentía el experto dedo de Taichi acariciándola en el punto exacto. Iba a lograr que llegara al orgasmo, aunque los temblores de la castaña le indicaron que ella había culminado antes. No iba a protestar, pues ella misma no tardó en sentir una ola de placer recorriendo todo su cuerpo.
—Eres el mejor —suspiró Sora, recuperándose de aquello.
Pero aún le aguardaba una sorpresa, pues Hikari se incorporó como pudo, y se movió por el colchón, de modo que pudo separar un poco las piernas de la pelirroja. Taichi sonrió, sabiendo que era su turno.
—Espera… antes os he interrumpido… —murmuró Sora, aunque las manos de Hikari recorriendo todo su cuerpo espontáneamente la estaban excitando demasiado. Y la imagen de Taichi, erecto frente a ella, le hacía ansiar sentirle dentro.
—En realidad, ya habíamos acabado una vez —confesó la castaña—, así que es el momento de que lo disfrutes.
—¿Estás preparada? —preguntó Taichi mientras se acomodaba entre las piernas de su amiga.
—Siempre —suspiró ella, antes de sentir cómo el chico se abría paso dentro de ella. No contuvo su voz. Se dejó llevar por aquel momento. Por inercia, sus piernas se cerraron en la cintura de Taichi, mientras este la embestía suavemente. Probó el sabor de sus labios cuando se reclinó para besarla. Disfrutó de aquella experiencia, bajo la atenta mirada de Hikari. Era extraño, no se sentía incómoda con ella delante. En cierto momento, la joven se tumbó a su lado y le tendió la mano, mientras Sora y Taichi iban juntos hacia el orgasmo. A la castaña le parecía una imagen muy tierna. Sintió presión de la mano de la pelirroja, y supo que en ese momento había llegado al culmen.
Hikari fue la siguiente, pero Taichi tenía cierto cansancio en el cuerpo. Eso no era un problema para ella, pues antes lo había pasado bien cabalgando sobre su hermano y tenía la intención de completar la tarea, por lo que se aseguró de que su erección estuviera preparada antes de pasar una pierna por encima de él y empezar a subir y bajar a lo largo de su miembro erguido.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó Sora, sosteniéndola por las caderas para ayudarla a subir y bajar.
—Gra… cias… —jadeó ella, que intentaba ahorrar su respiración para el movimiento aquel. Miró a Taichi. Obviamente estaban más unidos que nunca. Ahora lo sabía. Su preocupación no había tenido fundamento, ahora lo sabía y era feliz por ello. Iban a estar siempre juntos, y con ese pensamiento alcanzó el orgasmo poco después.
—Creo que nuestras madres nos matarán cuando sepan esto —comentó Taichi. Se había echado a dormir, y sus ahora novias se acomodaban sobre su pecho para descansar.
—Yo creo que no. Al fin y al cabo, no hay nada en todo esto que sea habitual —dijo Sora.
—Y, si así fuera, entre los tres saldríamos adelante —aseguró Hikari.
¡Hola a todos! Me hubiera gustado publicar ayer. Pero ayer no lo había terminado, así que ¡aquí lo tenéis! A esta trama le quedan dos capítulos más. Y no se si entre medias habrá algún otro one-shot. Las musas lo decidirán.
honter11: Claramente, Ken no podía quedarse solo con uno xD Y quieres un Michi... Pues dame detalles, ¿algún escenario en particular?
HijadeHypnos: Me alegro que te haya gustado :D ¿Continuación del Kenyakoke? ¿Y del Koushi? Bueno, si se me ocurre algo con lo que trabajar, o me das una base interesante, todo puede ser.
Me despido hasta la siguiente actualización. Lemmon rules!
