3
SAKURA
Volvimos a la villa, recorriendo en coche los treinta minutos que la separaban de la finca de los Ōtsutsuki. Sasuke conducía con una mano en el volante y los ojos en la carretera. La otra mano la tenía sobre el regazo. La noche descendía lentamente en la Toscana.
Era un sitio precioso. Me encantaba al sol, los viñedos verdes y la tierra polvorienta que se alzaba cuando conducíamos por la carretera. De cierta forma me recordaba a mi hogar, pero también había cosas que no me recordaban a nada que hubiese visto en mi vida.
Sasuke no charló conmigo de cosas sin importancia. Parecía estar de mal humor, pero no estaba segura de por qué. Me había comportado en todo momento y apenas había hablado a menos que me hablasen primero. Podría haber soltado muchos comentarios de los míos, pero no lo hice. Simplemente me sentía agradecida de estar con él en lugar de en la casa con su socia psicópata y su guardaespaldas violento.
No estaba intentando escapar.
Si lo hiciese, mataría a Dei. No tenía más opción que aprovechar al máximo mi situación. No estaba segura de cuánto tiempo estaría con él; puede que fuera para siempre. Si podía conseguir que Sasuke se enamorase de mí, quizás dejase en paz a Dei y me dejase marchar.
Pero cuanto más lo conocía, menos probable me parecía.
Sasuke no tenía corazón.
Había perdido a su familia y sabía que había pasado algo serio con Koyuki. Cargaba con demasiadas cicatrices, demasiado odio. Pero al mismo tiempo tenía sus momentos suaves. Me había dicho que era hermosa, y a Kabuto que no me pusiese las manos encima. Si de verdad no le importase nada, no habría intervenido.
Y todavía sospechaba que había cambiado de parecer con lo de Bones por una razón distinta a la que argumentaba.
Pero nunca sabría toda la verdad de aquel asunto.
―¿Por qué tengo la sensación de que estás enfadado?
No apartó la mirada del camino.
―Porque lo estoy.
Debería haber sido más específica.
―¿Por qué tengo la sensación de que estás enfadado conmigo?
―No estoy enfadado contigo, sino conmigo por permitir que vinieses.
—¿Por qué? ―dije de sopetón―. No he hecho nada malo.
―Indra me preguntó si podía probarte. ―Sasuke se aferró al volante, los nudillos se le volvieron blancos―. Asura también.
Agradecí que no me compartiese. Indra y Asura eran muy atractivos, pero no quería que me prestasen a desconocidos; ya había sido bastante difícil acostarme con Sasuke. Y ahora hacerlo era tan normal que ni siquiera me lo pensaba dos veces.
―No has actuado como si yo significase algo especial para ti.
Sasuke apretó la mandíbula.
―Y si no significo nada para ti, ¿por qué te importa?
―Porque sí. No debería haber dejado que vinieses, ha sido una decisión estúpida.
―Estás siendo injusto, no he hecho nada malo. No es culpa mía que sean un par de pervertidos.
―No son pervertidos ―dijo en voz baja―. Son hombres. Cuando los hombres ven a una mujer hermosa, quieren tirársela. Es lo más natural del puto mundo. ―No había dejado de apretar la mandíbula en ningún momento.
―Entonces no deberías estar tan alterado.
Giró la cabeza y me miró, irradiando ira con los ojos.
No había sido inteligente decirle aquello.
―Sasuke, si vas a tenerme contigo a largo plazo, úsame. Deja que te ayude con los negocios. Dame algo que hacer. No quiero estar a merced de tus empleados cada vez que no estés.
―Tus sentimientos no importan, Sakura. Perdón por no dejarlo claro.
Crucé los brazos sobre el pecho y miré por la ventana.
―¿Y por qué no me matas y ya está? ―Antes había guardado la esperanza de que ocurriría algo bueno, pero ahora todo el optimismo estaba desapareciendo.
Se volvió hacia mí otra vez.
―Mátame ―repetí―. Te vengarás de Dei, le destrozarás la vida. Todo ganancias.
―¿Por qué iba a hacer eso cuando disfruto tanto estando entre tus piernas?
El corazón se me aceleró, aunque no estuve segura de por qué. ¿Es que aquella simple frase me había excitado? ¿Sería la posesividad? O puede que no fuera nada y se debiera a una reacción natural.
Mantuve la vista fija en la ventanilla; no quería mirarlo ni ver su reacción. No respondí a sus flirteos, me negaba a hacerlo.
Sasuke me cogió del codo, obligándome a alejar el brazo del pecho hasta poder cogerme la mano. La puso sobre mi muslo y me rozó los nudillos con el pulgar. Me mostró un afecto que me sorprendió, tal y como había hecho en el avión. Fue un gesto cariñoso y dulce, una gran contradicción con todo lo que era su persona.
Mi corazón volvió a calmarse y, por un instante, me sentí en paz. Me sentí a salvo, como si nada pudiese hacerme daño mientras él me consolara.
Me gustaba aquella versión de Sasuke, la que mostraba compasión salida de la nada.
―No voy a matarte, monada. Es lo último que quiero hacer.
―¿Qué quieres hacer conmigo, pues? ―No aparté la mano; me resultaba agradable. Quería que siguiese tocándome. Me hacía sentir viva, no muerta y carente de esperanza.
―Por ahora, esto. ―Se llevó mi mano a los labios y la besó―. Nada más.
No era una respuesta, pero al menos tampoco era una amenaza de muerte. Mientras le fuese útil, me conservaría. Si le gustaba lo suficiente para que me besase la mano, quizás sí que tenía una oportunidad después de todo.
Pero seguía dudándolo.
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CUANDO ENTRAMOS en el dormitorio ya era de noche. Las estrellas habían aparecido en el cielo y podían verse por la ventana abierta. Esperaba que Sasuke no tuviese planes. Había un cerrojo en la puerta, y dudaba que Kabuto quisiese hacerme la vida difícil, pero prefería que Sasuke estuviese cerca.
Mantenía a todo el mundo en su sitio.
Dejó caer la chaqueta al suelo y se quitó el reloj de pulsera, tomándose su tiempo desvistiéndose delante del armario. Lo siguiente fue la corbata, y luego se desabotonó la camisa.
Intenté no quedarme mirándolo embobada.
Su físico no se parecía a nada que hubiese visto antes. Nunca había presenciado a un hombre tan duro y fuerte. Era todo músculo esbelto en un cuerpo alto. Sus bíceps terminaban en tríceps prietos. Sus pectorales estaban tan esculpidos que no parecían reales. Tenía una ligera marca de bronceado alrededor del cuello, allí donde empezaba la camisa, pero era tan clara que apenas se notaba. Los hombros estaban tan torneados como el resto de su cuerpo, musculados pero esbeltos a la vez. La única vez que había visto a un hombre tan guapo había sido en una porno, y esa belleza se basa en el uso de la luz y los ángulos.
Sasuke contaba con esa belleza sin importar cómo le diese la luz.
Tragué saliva cuando me di cuenta de que tenía la boca seca. Era prisionera de un criminal perteneciente a la realeza y no debería sentir más que miedo y asco, pero me descubrí sintiendo tantas emociones contradictorias que ninguna tenía sentido.
Sus pantalones y zapatos fueron los siguientes en desaparecer, y volvió a ponerse derecho, cubierto sólo por los bóxers negros.
Por fin aparté la vista; no quería que me atrapase mirándolo.
―Sé que te gusta lo que ves. ―Se acercó lentamente hasta donde estaba sentada en el sofá. Tenía una uve muy notoria marcada en las caderas, líneas creadas por sus fuertes abdominales. Había un bulto considerable en la parte delantera de su ropa interior, remarcado por la silueta de su largo miembro contra la tela.
―No deberías hacer suposiciones.
Se arrodilló delante de mí, dándome una visión perfecta de su musculada figura. Se inclinó hacia mí, apoyando un brazo en el reposabrazos mientras que con el otro me tocaba el muslo. Me miró con aquellos ojos negros suyos, embrujándome con sólo una mirada.
Ahora sí que no podía aparta la vista.
Se inclinó un poco más, hasta que nuestros labios quedaron a sólo unos milímetros de distancia.
―Respiración alterada. Boca seca. ―Me apretó la zona justo sobre la rodilla―. Muslos temblorosos. ―Lo siguiente fue mi muñeca, y sintió mi pulso―. Latidos acelerados.
Me tragué la vergüenza como buenamente pude.
Me hizo ponerle una mano en el pecho, justo sobre el corazón.
―Latidos acelerados. ―Acercó los labios a mi oído y su respiración me hizo cosquillas en la oreja―. Respiración alterada. ―Juntó nuestras bocas y me dio un beso lento―. Boca seca. ―Me cogió la mano y me colocó la palma sobre la forma de sus bóxers―. Polla hambrienta.
Le apreté la erección de manera automática; mi excitación pasó a tomar todas las decisiones. Era el hombre más grande con el que había estado nunca, pero la dolorosa dilatación que provocaba me resultaba una sensación increíble, aunque no sabía por qué. Nunca había estado con un hombre como él.
Su rostro estaba a la misma altura que el mío.
―Seamos sinceros el uno con el otro: dime que me deseas.
Lo miré a los ojos y no dudé.
―Te deseo.
Sasuke entrecerró los ojos, sintiéndose obviamente complacido con mi respuesta.
―Y yo a ti. ―Me besó y me succionó el labio inferior―. No quiero que ningún otro hombre te tenga; te quiero toda para mí.
Mis manos subieron hasta su pelo y profundicé el beso, dejándome llevar por la excitación que sentía entre las piernas. Aquel hombre había insertado un transmisor en el cerebro de mi hermano, pero no por eso dejaba de desearlo. Me tenía prisionera, pero seguía queriéndolo entre mis piernas. Lo odiaba, deseaba verlo muerto, pero seguía queriendo sentir su semen en mi interior.
No tenía sentido.
Sasuke me levantó del sofá y me colocó sobre la cama. En un instante se libró de los bóxers; su duro sexo ya estaba goteando.
Me desabotoné los vaqueros y me los bajé, impaciente por que estuviese dentro de mí.
Sasuke mostró su típica sonrisa arrogante antes de ayudarme a quitarme las braguitas. No se molestó con mi camiseta antes de subirse encima de mí y enterrarse en mi vagina. Nunca era cuidadoso conmigo; me follaba como si no importase nada para él.
Pero me gustaba.
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SOÑÉ QUE ESTABA CAMINANDO por la carretera cuando un coche pasó por mi lado a toda velocidad y se estampó contra un árbol.
Corrí hasta la ventanilla para ver si podía ayudar a quien estuviese al volante, y me encontré cara a cara con mi padre. Ya estaba muerto; tenía los ojos muy abiertos y le bajaba sangre por la cara. Mi madre estaba en el asiento del acompañante, empalada con una rama a la altura del estómago. Podía oler el humo del motor y la sangre de sus heridas. En el asiento de atrás estaba Dei, ya adulto y con el aspecto con el que lo había visto la última vez. Había muerto en el acto.
―¡Aah!
―Sakura. ―La profunda voz de Sasuke me resonó en el oído, trayéndome de vuelta a la realidad―. Sakura, es un sueño. Despierta.
Me quité las sábanas de encima de una patada, como si fueran redes que estuviesen arrastrándome a las profundidades. El sudor me cubría los brazos y el dorso de los muslos. Luché contra un enemigo invisible, huyendo del coche de mi sueño.
Sasuke me agarró de ambos hombros y me zarandeó.
―Sakura, despierta.
Por fin abrí los ojos y vi el oscuro dormitorio. Sabía que me encontraba con Sasuke, pero no recordaba dónde. Había sido una pesadilla, un sueño horrible que no era real. Salté de la cama y sentí el frío de estar desnuda. Corrí a la chimenea y luego al sofá, moviéndome para no quedarme quieta.
―¿Dónde estoy? ―Aquello no era Escocia. No era la isla. No recordaba dónde estaba, seguía dormida.
―En Italia. ―Sasuke bajó de la cama y se me acercó lentamente con sus más de ciento ochenta centímetros de hombre―. Hemos venido a hacer negocios con Indra y Asura. Los conociste hoy. ―Mantuvo la voz casi en un susurro, como si fuese a mantenerme tranquila.
Me abracé el cuerpo para esconder mi desnudez a pesar de que ya me había visto; me arrinconé más en el sillón e inspiré lentamente, intentando controlar mi respiración y parar los violentos latidos de mi corazón. No conseguía calmarme, no importaba lo que intentase. Los rostros sin vida de mi familia no dejaban de aparecer frente a mis ojos.
―No puedo perderlo... no puedo. ―Estallé en una serie de sollozos tan intensos que me hicieron temblar entera.
―Monada, ¿de quién hablas? ¿A quién no puedes perder? ―Se acercó lentamente hasta que me puso una mano en el hombro.
―A Dei... es todo lo que me queda. ―Me tapé la cara con las manos y lloré, mi cuerpo se estremecía por el cansancio. Nunca lloraba delante de nadie; no lloraba y punto. Hacerlo no resolvía nada, no hacía que los problemas desapareciesen. Pero no estaba en mis cabales y todavía estaba parcialmente dormida.
Sasuke me abrazó y me apoyó contra su pecho. Sus fuertes brazos hicieron las veces de puertas de acero. Hundió los dedos en mi pelo y lo acarició.
―Shh... sólo ha sido una pesadilla. Todo va bien.
Me forcé a dejar de llorar, a dejar de sentir aquellas violentas emociones en el pecho. Fui calmándome poco a poco con cada inhalación hasta volver a la normalidad. Mi piel reabsorbió las lágrimas y me reconforté oyendo. los latidos del corazón de Sasuke.
Sólo había sido una pesadilla.
Un sueño.
Todo saldría bien.
Tuve que calmarme sola, pero en el pasado había sido Dei el que me consolaba. Incluso cuando tenía un mal día en clase, siempre podía llamarlo y contárselo todo. No era sólo mi hermano; era mi familia entera resumida en una sola persona. Sin él, estaba sola en el mundo.
―Perdona. ―Me aparté de Sasuke, sabiendo que lo había irritado con mi reacción. Se había despertado en mitad de la noche por mi episodio, algo que no podría importarle menos―. A veces tengo sueños muy vívidos si bebo demasiado.―No lo miré; no quería ver la ira de sus ojos.
Me cogió del codo y me volvió a apoyar contra su pecho.
―No pasa nada, monada. Yo también tengo pesadillas.
―¿De verdad? ―Me sentí mejor en cuanto mi cabeza estuvo otra vez presionada contra su pecho. Sus latidos me consolaban de un modo que no podría expresar con palabras.
―Todo el tiempo. ―Me guió a la cama y apartó las sábanas para poder arroparme―. No estás sola.
Apoyé la cabeza en la almohada y Sasuke me tapó como si fuese una niña. Se metió en la cama conmigo y, en lugar de quedarse en su lado, me rodeó con un brazo y se pegó a mi espalda.
―¿Quieres hablar de ello?
Mi brazo descansó sobre el suyo, aferrándome a él como si fuese un ancla. Podía sentir su pulso a través de la piel, la sangre que bombeaba en sus venas y le daba vida. Era mi captor, pero nunca me había hecho sentir más a salvo. No tenía sentido.
―No...
Me besó la nuca antes de descansar el rostro en mi pelo.
―Si cambias de idea, aquí estaré.
Cerré los ojos y sentí como el sueño empezaba a arrastrarme.
—Lo sé.
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DORMÍ hasta tarde por culpa de la noche movidita que había tenido.
Sasuke no estaba; lo más seguro es que ya se hubiese duchado y preparado para el trabajo. Solía levantarse en cuanto salía el sol y luego se iba a su gimnasio privado antes de prepararse para el día. Sabía que hacía ejercicio a diario, de otro modo no habría podido mantener aquel aspecto.
Me aliviaba que no estuviese, así no tenía que enfrentarme todavía a mi humillación. Había tenido malos sueños de vez en cuando, pero nada tan intenso. Había sido como si estuviera allí de verdad, viendo como la sangre les goteaba por la cara e impregnaba su ropa.
Era un sueño que quería olvidar.
Pero era un sueño tan aterrador como difícil de olvidar.
Ojalá pudiese llamar a Deidara; era la única persona en este mundo con la que podía hablar de aquellas cosas.
Sasuke volvió al dormitorio una vez que ya estuve duchada y vestida. Se había puesto su traje y corbata habituales, listo para el trabajo. En lugar de dirigirme su típica mirada de indiferencia me miró fijamente, como si estuviera rota.
Lo odié con pasión.
―¿Qué vas a hacer hoy? ―No quería darle la oportunidad de preguntar cómo me sentía. No quería su preocupación después de lo mucho que me había avergonzado yo solita. Debería haberlo apartado cuando me abrazó.
Pero lo necesitaba demasiado.
―Voy al cuartel general para reunirme con Indra y Asura. He olvidado el reloj. ―Lo cogió de la cómoda y se lo puso en la muñeca.
Me decepcionaba que se marchase. Me quedaría atrapada en aquella casa con todos sus hombres. No deberían molestarme siempre y cuando no abandonase la habitación. Podía esperar a comer hasta que volviese Sasuke.
―Nos vemos luego. ―No le rogué que me llevase con él como había hecho el día anterior. No iba a mostrar ni una pizca de debilidad más después de haberle llorado encima de aquel modo la noche anterior. No resultaba nada atractivo en mí.
No era atractivo en nadie.
Sasuke se ajustó un gemelo mientras me miraba. Nunca me habían llamado la atención los ojos negros, pero los suyos me encantaban. Eran cálidos como el café, pero oscuros como la corteza de un árbol. Podían ser intensos o juguetones según el momento.
―¿Querrías acompañarme?
Aquello me pilló por sorpresa; no podía creer lo que acababa de ofrecerme. Había terminado enfadándose consigo mismo tras nuestra reunión con Indra y Asura por haber cedido a llevarme. ¿Y ahora me preguntaba si quería ir así sin más? Tardé unos segundos en averiguar el motivo.
―No, estoy bien. Gracias.
Enarcó una ceja.
―¿No quieres venir?
―No. Me quedo. ―No me importaba darle la brasa hasta que consiguiera lo que yo quería, pero lo último que deseaba era su lástima. Que se sintiera culpable y no me entregase a Bones era una cosa, pero aquello era muy distinto.
Sasuke se metió las manos en los bolsillos y me fulminó con la mirada.
–Sakura.
Crucé los brazos sobre el pecho, negándome a dar mi brazo a torcer.
–¿Hmm?
―Sé que quieres venir, ¿a qué juegas?
―No juego a nada. Sólo me invitas porque te sientes mal por mí. Pues no lo hagas, lo detesto.
Se miró el reloj de soslayo, como si ya estuviese llegando tarde.
―Creo que tener pena de ti misma es peor comparado con que me sienta mal por ti. Pero haz lo que quieras. ―Se fue hacia la puerta sin intención de mirar atrás.
No quería quedarme allí sola, no cuando no tenía ni idea de cuánto tiempo estaría fuera. No podía explorar la propiedad cuando Kabuto me lanzaba miradas diabólicas cada vez que me veía. Era uno de los trabajadores leales de Sasuke, pero sabía que lo traicionaría en cuanto creyera que se podría salir con la suya. Podía imaginarlo sujetándome y haciéndome cosas innombrables. Y Karin... era impredecible.
―Espera.
Sasuke se giró como si hubieses estado esperando a que dijese algo.
–Te acompañaré.
Por una vez contuvo los gestos de arrogancia.
―Date prisa. Me voy en cinco minutos.
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ÍBAMOS los dos en su resplandeciente coche negro. Era de dos asientos y, a juzgar por lo alto que sonaba el motor, muy rápido. Miré por la ventanilla y no le hice preguntas. Si tenía suerte, no volvería a mencionarse lo de anoche.
Sasuke nunca ponía la radio, y me pareció extraño. Nunca lo había visto escuchando música.
―¿Qué vas a hacer con ellos hoy?
―Revisar la selección de armas. ―Llevaba puestas unas gruesas gafas de sol que escondían sus bonitos ojos.
―¿Por qué les compras armas a esos dos?
―La protección es importante, y quiero lo mejor de lo mejor.
―¿Tienes muchos enemigos?
―Todo el mundo los tiene. Y si no es así, es que estás haciendo algo mal.
Debatible.
―Puedo quedarme en el coche si quieres. ―Ya había sido bastante agradable dejando que fuera con él. Prefería quedarme en un coche recalentado antes que estar en la casa con sus hombres.
―¿Por qué detestas tanto a Kabuto?
―Porque es un capullo. Y ya me ha pegado dos veces.
―Creía que te estabas escapando.
Negué con la cabeza.
―No. Tiene un problema conmigo. Creo sinceramente que, si no estuvieses cerca, me haría algo peor... sólo porque puede hacerlo.
En lugar de rechazar la idea por completo, Sasuke la consideró.
–Kabuto lleva en mi plantilla desde hace mucho tiempo. No me provocaría de esa forma.
―No estoy tan segura...
―Necesito más pruebas que eso.
―Es un presentimiento. Lo sé sin más.
Iba conduciendo con una mano, con el otro brazo apoyado en la ventanilla.
―No sé qué decirte.
―Nunca has sido mujer, no sabes lo que es sentirte como una presa todo el tiempo. No lo entenderías. —Sabía cuando un hombre quería hacerme daño por su propio placer enfermizo. Si Kabuto creía que podía salirse con la suya, me pondría boca abajo a la fuerza y me violaría como a un perro.
Sasuke se giró hacia mí, con una expresión indescifrable tras las gafas de sol. Estaba guapo sin importar lo que se pusiera, incluso con gafas de sol que le escondían la mitad de la cara. Podría haberse puesto un sombrero y unas mallas y seguiría siendo atractivo.
―Sé lo que es sentirte como una presa. Pero no, no sé lo que es ser una mujer, ahí me has pillado.
Me pregunté si se estaba refiriendo a la muerte de su familia. Seguramente era el último blanco de la lista, pero nunca consiguieron acabar con él.
―¿Crees que podrías llevarme de vuelta a la isla Fair? Podría ser una de las mujeres a las que visitas cuando estás de paso. ―Tenía mujeres en Edimburgo, y posiblemente también en muchos otros sitios.
―¿Te gusta el lugar?
―Sí. No me entrometería en tus asuntos, y Teyaki me cae bien. De hecho, es el único de tus empleados con el que me siento cómoda.
―¿Cuándo te has entrometido en mis asuntos?
Tenía una memoria horrible.
―Justo ayer me dijiste lo molesto que estabas por haberme llevado a la reunión con Indra y Asura.
―Pero no te entrometiste. Y no, no vamos a hacer eso.
Oculté la decepción lo mejor que pude.
―Entonces, ¿a dónde vayas tú, voy yo?
―Exactamente. ―Nos adentramos más en la ciudad y giramos por algunas calles antes de llegar a un complejo desierto. La cámara debió reconocer su cara cuando paró frente a la entrada, porque las puertas se abrieron y le permitieron entrar.
Examiné el complejo de hormigón y miré los almacenes. No parecía que hubiese nada ilegal a primera vista.
―Si siempre estoy contigo, ¿cómo vas a pasar tiempo con tus otras mujeres? ―No me gustaba pensar en él con nadie más. Que ellas fuesen libres y se acostaran con él por propia voluntad me molestaba. Daría lo que fuera por volver a tener algo consensual, pero sabía que también me molestaba por otras razones.
―Ya buscaré la forma. ―Apagó el motor y salió del coche.
Oculté la expresión agria de mi cara antes de seguirlo.
Sasuke me cogió de la mano y tiró de mí hacia él, manteniéndome pegada a su cuerpo. Entró al almacén y saludó a los hombres antes de localizar a Indra. Su mano no llegó a soltar nunca la mía y, cuando se encontró cara a cara con el hombre que habíamos visto la noche anterior, me abrazó la cintura.
―Indra.
Éste asintió.
―Sasuke. ¿Emocionado por ver el inventario?
―Impresióname.
―Por aquí. ―Indra nos guió de vuelta a una sala donde tendríamos privacidad del resto de la gente. Asura ya estaba allí, colocando varias armas para que Sasuke pudiera revisarlas. Eran todas negras y de pinta militar. Algunas eran ametralladoras, otras pistolas.
Me sentí un poco nerviosa.
―Están descargadas. ―Indra me sonrió, como si supiese que estaba aterrada.
Sasuke me mantuvo cerca de él mientras lo examinaba todo. La única vez que me quitó el brazo de la cintura fue para agarrar con ambas manos una AK-47. Sintió su peso y apuntó a la pared opuesta. Estaba claro que ya había manejado armas antes; sabía exactamente lo que hacía.
Aquello me hizo sentir extraña. De estar de vuelta en Nueva York, estaría sentada en clase, aprendiendo sobre el sistema nervioso. Pero ahí estaba, en Italia con un hombre que tenía la intención de retenerme y follarme todo el tiempo que quisiera y que en aquel momento estaba examinando un cúmulo de armas que estaba a punto de comprarle a unos maestros del crimen.
¿Cómo había acabado Joey mezclado en todo aquello?
―¿Qué te parece? ―preguntó Asura―. Tu chica parece impresionada.
Le lancé una mirada intensa.
Sasuke no lo corrigió.
―Todo es de calidad. No escatimáis en gastos.
―Nunca escatimamos en gastos ―dijo Indra―. Lo que ves es lo que compras.
Sasuke volvió a dejar la ametralladora sobre la mesa y pasó a examinar una pistola. Sintió el peso y comprobó el cañón. Estaba descargada, tal y como habían dicho. Continuó evaluando los diferentes especímenes, comprobando pequeños detalles que yo no notaba con mi ojo desentrenado.
Indra me miró, observándome como si fuese a intentar algo.
Le devolví la mirada, amenazándolo con los ojos.
Sonrió a medias y apartó la vista.
―Tu mujer tiene agallas, Sasuke. Eso es difícil de encontrar.
—También tiene puños ―intervine―. Y no teme estampártelos en la cara.
Indra sonrió aún más.
―No la dejes escapar, amigo. Es una joya.
Sasuke agarró otra arma y la examinó como si no hubiese oído una palabra.
―Todo parece estar en orden. Guardémoslo todo. —Volvió a mi lado, pensando aún en las armas de la sala.
―Claro que todo está en orden ―dijo Asura―. Es una increíble artesanía italiana. ―Salió de la sala, posiblemente para decirle a sus hombres que necesitaban guardarlo todo.
Acabé a solas con Sasuke y Indra.
―¿Qué tal Kanna? ―preguntó Sasuke, intentando conversar mientras esperábamos.
El buen humor de Indra desapareció. No se enfadó, pero su semblante pasó a ser serio y poco hospitalario. Sus ojos carmín se oscurecieron y el cuerpo se le tensó, incómodo. Las aletas de la nariz se le dilataron, como si fuese un animal salvaje al que hubiesen provocado.
―Sabes que estoy en medio de una guerra. Y ella es la ventaja.
–¿Qué quieres decir? ―preguntó Sasuke.
Escuché atentamente, sabiendo que lo que Indra fuese a decir era importante.
―Bones se la llevó. He ofrecido hasta el último de los bienes que poseo y sigue negándose a devolvérmela. —Indra miró la pared sin parpadear; sus pensamientos estaban en otra parte―. La recuperaré, como sea.
Agaché la cabeza para esconder la cara. Sabía exactamente quién era Bones. Lo había visto en persona, a él y a su mirada despreciable. Era pura maldad, asqueroso y satánico. Intenté no temblar al pensar en cómo podría haber sido mi vida. Fuera quién fuera Kanna, su destino había estado muy cerca de ser el mío.
―Lo lamento. ―Sasuke nunca se disculpaba, y pareció decirlo en serio. Me pregunté quién sería Kanna. ¿La esposa de Indra? ¿Su novia?
–Tu hermana no se lo merece ―continuó Sasuke, respondiendo a mi pregunta.
¿Su hermana? Era horrible.
Indra se revolvió el pelo, haciendo una mueca como si intentase no pensar en ello.
―Ha sido duro para los dos... no podemos dormir. ―Se cruzó de brazos y miró el suelo.
Me sentía mal por estar allí, como si estuviese entrometiéndome en algo muy personal.
Me pregunté si Sasuke mencionaría que había visto a Bones recientemente. No parecía que Bones y él fuesen amigos, pero estaba claro que existía una relación laboral. Aquello me hizo considerar si Bones se había llevado a Kanna sólo porque no había podido tenerme a mí.
¿Era yo directamente responsable de aquello?
―¿Has visto a Bones últimamente? ―preguntó Indra sin avisar, mirando a Sasuke a los ojos.
No sabía qué contestaría Sasuke a aquello.
―Hace unos meses.
Indra siguió mirándolo con cara de póquer.
―¿Estabas haciendo negocios con él?
―Más o menos ―respondió Sasuke antes de mirarme de reojo―. Iba a venderle a Sakura... hasta que cambié de idea.
Indra me miró.
―Eres una chica con suerte.
Y sí, desafortunadamente me sentía afortunada. Prefería mil veces ser prisionera de Sasuke antes que la de otro. Él era sincero y transparente. No se excitaba asfixiándome o cortándome. Y además, era atractivo y encantador. Cuanto más lo conocía, más comprendía su personalidad. Lo habían traicionado más de una vez, y era frío. No es que justificase sus acciones, simplemente las entendía.
―¿Puedo hacer algo para ayudar? ―inquirió Sasuke.
―Me está costando encontrarlo y sorprenderlo con la guardia baja ―contestó Indra―. Casi nunca se lleva a Kanna con él cuando abandona sus premisas. Tendría que conseguir tenerlos a los dos solos en algún lugar.
―¿Qué me estás pidiendo? ―quiso saber Sasuke.
―¿Cabe la posibilidad de que lo hicieras ir a algún lado con Kanna? ―preguntó Indra―. Quedaría eternamente agradecido. Tu compra sería cortesía de la casa, como agradecimiento.
No estaba segura de si Sasuke aceptaría; no era la persona más caritativa del mundo.
―No quiero ser el blanco de su desagrado. Es un buen socio y aliado.
Indra asintió.
―Llevo siendo su enemigo toda mi vida. No es alguien a quien quieras tener en tu contra.
―Aunque estoy dispuesto a intentar algo para darte la oportunidad de conseguir lo que quieres ―dijo Sasuke ―. Pero no puedo parecer culpable.
Indra asintió de nuevo.
―Lo entiendo.
―Voy a celebrar la gran apertura de mi nueva destilería en Escocia. Puedo invitarlo; no levantaría sospechas. –Metió las manos en los bolsillos; cuando se enderezaba de aquel modo tenía la misma altura que Indra. Ambos eran hombres oscuros y misteriosos, además de peligrosamente atractivos.
No quería estar en la misma estancia que aquel hombre nunca más. Hacía que se me congelase la sangre en las venas. A pesar de que pertenecía a Sasuke, no quería respirar el mismo aire que el demonio de Bones. Saber lo que le estaría haciendo a aquella pobre mujer me hacía querer romperle un vaso en la cabeza.
―Podría funcionar ―dijo Indra―. Pero no estoy seguro de si la llevaría.
―Podría sugerir que trajera acompañante ―comentó Sasuke―. Pero no puedo hacer más.
Indra lo consideró antes de asentir.
―Lo acepto. Gracias. ―Le tendió la mano―. De verdad.
Sasuke la aceptó.
―Yo no he tenido nada que ver con esto, ¿entendido?
Indra accedió.
―Entendido. Tus armas son cortesía de la casa.
―No es necesario ―se opuso Sasuke―. Si todo sale como es debido, podrás reembolsarme el dinero. No puedo garantizar siquiera que vaya a asistir.
―Cierto ―dijo Indra a su vez―. Veremos qué ocurre.
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NO DIJE nada en el trayecto de vuelta a casa; no sabía qué decir. Me había quejado de mi cautividad con Sasuke, pero podría haber tenido un destino mucho peor. Tanto si había cambiado de idea como si de verdad había creído que mantenerme con él sería una venganza mejor, tenía suerte de haber acabado en el asiento del pasajero de su coche.
Pobre Kanna.
Sasuke rompió el silencio unos minutos después.
―¿Estás bien?
―No. ―Dejé las manos sobre el regazo y miré por la ventanilla.
–¿En qué piensas?
―Ya sabes en qué. ―A Karin no le importaba que fuese una prisionera, pero a mí sí me importaba que Kanna fuera mi sustituta. Ninguna mujer debería sufrir aquel tipo de tortura. Mi aprisionamiento tampoco era justo, pero podía soportarlo.
―Es una lástima. ―Aquello fue todo lo que dijo. A él tampoco parecía importarle.
―Ha sido un detalle de tu parte acceder a ayudar a Indra. ―Puede que tuviese corazón dentro de aquel pecho de hojalata después de todo.
―Soy empático cuando se trata de asuntos familiares.
Supuse que no debería sorprenderme si tenía en cuenta lo que le había pasado a su propia familia. Era el último miembro de su estirpe y, hasta que tuviese familia propia, estaría completamente solo.
―Te estás jugando el cuello. Te respeto por ello. ―No solía sentir respeto por él, especialmente cuando me manipulaba amenazando a mi hermano, pero su oferta me daba esperanzas de que podía ser un buen hombre si se olvidaba de su amargura.
Sasuke mantuvo la vista fija en la carretera y una mano en el volante.
No debería haber esperar una respuesta, pero lo hice de todas formas.
–Si Bones me hubiese comprado, ¿crees que hubiese dejado en paz a Kanna?
―No tengo ni idea. Se la llevó por venganza, así que tenerte a ti podría no haber cambiado nada. Se podría haber aburrido ya de ti y haberte matado. ¿Quién sabe? –Lo dijo como si tal cosa, como si mi muerte no significase nada.
―Vaya... es todo bondad.
―Lo llaman Huesos por una razón.
No quería saber por qué, y no pregunté. Volví a mirar por la ventanilla.
–¿Cuándo será la fiesta?
―En dos semanas, empezando a contar desde el sábado.
Esperaba que no me llevase como acompañante. Ya me había llevado a aquello de la Holyrood, y había estado lleno de personalidades importantes. Quizás le acompañase su diplomática francesa o algo. La idea de que se llevase a otra me molestaba, pero me negué a admitirlo, sobre todo a admitirlo ante mí misma.
―¿En Escocia?
―Sí. La destilería está en Edimburgo.
―Qué bien. ―Quise preguntarle si iba a llevarme, pero no quería sacar el tema.
―¿Estás lista para hablar de lo de anoche?
Creía que lo habíamos olvidado.
―No.
―¿Es muy pronto?
―No. No quiero hablar nunca de lo de anoche.
Condujo por el camino de tierra, pasando de largo frente pequeñas casas con acres de terreno y cultivos. Era un día despejado y el cielo era de un azul cristalino. El sol entraba por la ventanilla del coche y me daba en los muslos, calentándolos.
―Vamos a estar juntos mucho tiempo. Deberías sacar provecho en lo que puedas.
―¿Sacar provecho? ―pregunté incrédula.
―Claro. Podría ser tu amigo si me dieses una oportunidad.
―Perdona, pero no soy amiga de criminales.
Sonrió como si tuviese una réplica en la punta de la lengua.
―Pero estás emparentada con uno.
Aquel golpe dolió.
―Yo no sabía nada, lo sabes perfectamente.
―Pero sigues queriéndolo, ¿no?
―Por supuesto que sí. ―La pregunta me ofendía.
―¿A pesar de que quebranta la ley día sí y día también? –preguntó―. ¿A pesar de que mata a gente?
―No mata a gente ―dije en tono defensivo. Miré a propósito hacia la ventanilla para evitar su mirada. En realidad, no tenía ni idea de qué incluían las actividades criminales de Deidara; sólo que había robado información de Sasuke al intentar escabullirse sin pagar por ella. Intentó robarle a un hombre cuatro millones de dólares; hasta ahí llegaba mi conocimiento.
―¿Y cómo puedes estar segura de eso?
No podía estarlo.
―No quiero seguir hablando de esto.
―Me da igual ―dijo―. Tu único familiar te mintió; se metió en negocios turbios a pesar de que sabía que podrían usarte en su contra y continuó de todos modos. Pero yo, por otro lado, siempre soy sincero. Siempre te diré la verdad, aunque no quieras oírla. Soy el tío de más confianza del planeta. Siempre podrás confiar en que cumpliré mis promesas. Soy un aliado poderoso, monada. Deberías aprovecharlo.
Debió de tocar un tema sensible, porque de repente me sentí sola. Me tomé sus palabras en serio; eran ciertas, y ya había tenido en cuenta aquel razonamiento. Sasuke era el único hombre en todo el mundo lo bastante poderoso como para protegerme. Sólo escaparía si él me lo permitía. Si no me dejaba ir, entonces debía sacar el máximo provecho de la situación.
―Habla conmigo.
―¿Por qué te importa tanto?
Giró en otro camino de tierra, levantando polvo del camino con los anchos neumáticos. El motor rugió cuando le dio al acelerador y recuperó velocidad.
―Porque me importas.
―Creo que usamos una definición diferente de la palabra.
―Eres como una mascota, monada. Quiero cuidarte para que dures mucho tiempo.
Así que a sus ojos no era más que un juguete.
–Algún día envejeceré y me llenaré de arrugas.
Se giró hacia mí y me guiñó un ojo.
―Seguirás estando muy buena. Lo sé.
Puse los ojos en blanco e ignoré aquel comentario encantador. Sabía que Sasuke se convertiría en un hombre maduro muy atractivo. Tenía los rasgos adecuados para seguir siendo guapo. Cuando fuera mayor, puede que incluso se volviera más sexy.
―Cuéntame qué soñaste anoche.
Iba a seguir insistiendo hasta que me rindiese. Ya que era la única persona con la que socializaba, estaba a su merced. De no tenerlo a él como compañía, me habría vuelto loca hacía meses.
―Esto se aplica a los dos.
―No, ni hablar.
―Entonces tiene que aplicarse a los dos. Si quieres una amistad, tienes que darme la tuya. Así es como funciona.
Se concentró en la carretera, como si estuviese sopesando lo que decía.
–Es un acuerdo interesante.
―Guau. No debes de tener ni un amigo si el concepto te resulta tan desconocido.
―No, no tengo ―dijo sin más―. Parece que tú serás la primera.
Era su prisionera, y aun así me sentí mal por él.
―¿Cómo funciona esto de la amistad?
―Los amigos siempre son sinceros el uno con el otro.
―Hecho ―dijo rápidamente―. Eso es fácil.
―Confían el uno en el otro.
―Hmm... No estoy seguro de que confíe en que dejes de intentar matarme.
Seguramente volvería a intentarlo de creer que pudiese salirme con la mía.
―Mientras tengas el transmisor, estoy a tu merced.
―Es verdad. Y sabes que puedes confiar en mí.
―¿En qué sentido?
―Mis intenciones siempre son claras. Nunca te sorprenderé. ¿Qué más?
―A grandes rasgos sólo es eso... aparte de gustarnos de verdad.
―Bueno, yo sé que me gustas. ―Volvió a guiñar un ojo―. Me gustas toda.
―Y yo... no te desprecio del todo. ―No podía decir nada mejor.
Sasuke sonrió ampliamente.
―Guau. Sí que estamos haciendo progresos. ―Me puso la mano en el muslo y le dio un apretón―. Creo que es el cumplido más bonito que me has hecho.
―No te acostumbres.
―Cuéntame lo de tu sueño.
―Te lo diré si tú me cuentas lo que pasó con Koyuki.
Se giró hacia mí con una ceja arqueada.
―¿Qué te hace creer que voy a compartir eso contigo?
―Que somos amigos y eso es lo que hacen los amigos. Yo te digo algo, y tú a mí otra cosa.
Negó con la cabeza.
―No voy a contártelo.
―¿Por qué no?
―Porque no es asunto tuyo, por eso. Pregúntame otra cosa. ―Se había puesto de mal humor, así que dejé de insistir.
―¿Cuál es tu helado favorito?
Me miró como si hubiese preguntado una estupidez.
―¿De verdad vas a preguntarme eso?
―No parece que vayas a contestar a nada más personal.
Se dio cuenta de que era una pregunta seria, y contestó.
―No me gusta mucho el helado, pero si tuviese que elegir, elegiría el de chocolate.
―Vaya. Siento como si ya fuésemos los mejores amigos del mundo.
Sasuke rió entre dientes y volvió a girar a la derecha. Se veía su villa en la distancia, encima de una pequeña colina rodeada de árboles altos.
―Háblame de lo de anoche.
Tenía que hacerlo como quien se quita una tirita, con rapidez y sin dudar.
—Soñé que veía el accidente que mató a mis padres, pero esta vez Dei estaba en el asiento de atrás. ―Ya había llorado la noche anterior, no me quedaba ninguna emoción que sentir. Lo dije como si no fuera nada, como si no importase realmente―. Vi toda la sangre... y sus ojos sin vida. Parecía real. Creo que por eso me afectó tanto. ―Miré por la ventanilla cuando empezamos a acercarnos a la casa, evitando su mirada lo máximo posible. No me avergonzaba de mis sentimientos, pero sabía que a él no le importaban. Seguramente sólo quería saberlo porque tenía curiosidad.
Sasuke aparcó en la entrada de vehículos, pero no salió para darle las llaves a alguno de sus hombres. Mantuvo el coche en marcha, escondiéndonos tras los cristales tintados. Me cogió la mano; sus dedos eran largos y reconfortantes. En cuanto los entrelazó con los míos, me sentí mejor. Tenía los nudillos pronunciados y sus manos masculinas se adaptaban a mis curvas femeninas con facilidad. Mostraban una pizca de su fuerza, del poder que poseía al haber vivido toda una vida de riquezas. Tenía la habilidad de mover montañas, de hacer que una reina se sonrojara. Por mucho que lo odiase, respetaba su majestuosidad. No había hombre en todo el mundo que tuviese el tipo de influencia que tenía él.
―Yo también tengo sueños así, en los que me pregunto cuánto sufrieron mis padres antes de morir. Sueño con mi hermano ya de adulto, del aspecto que tendría de haber seguido con vida. Vienen y van. Algunas noches son peores que otras.
Al menos él lo comprendía.
Uno de sus hombres se acercó al coche pero no abrió la puerta; esperó pacientemente a que su jefe actuase primero. Sasuke le echó una mirada antes de quitarse las gafas y dejarlas en el salpicadero.
―Me gustaría decir que se hace más fácil con el tiempo, pero mentiría. Ya han pasado más de veinte años y todavía no he hecho las paces con ello.
―¿Cómo ibas a hacerlo cuando los asesinaron? ―Mis padres murieron por culpa de un conductor borracho, pero fue un homicidio accidental. Aquel conductor no tenía una vendetta contra mis padres.
―Jamás encontraré la paz, ni siquiera cuando mate al hombre responsable. Lo he aceptado. Siempre miraré por encima del hombro allá donde vaya. Siempre dormiré con un ojo abierto. Le daré continuidad a mi apellido sin ellos, pero nunca olvidaré de dónde proviene.
Giré la mano para que tuviésemos las palmas juntas. Le acaricié los dedos y sentí los callos ásperos que tenía en las manos. Nunca los notaba sobre la piel de los pechos cuando me los acariciaba; en esos momentos estaba demasiado concentrada en otras cosas.
―Parece que tenemos mucho en común.
―Lo tenemos. Y no creo en las coincidencias.
―¿Significa eso que crees en el destino?
Miró nuestras manos entrelazadas antes de mirarme. Sus ojos eran impenetrables e imposibles de descifrar.
―Creo en lo que veo, y ahora mismo te veo a ti.
.
.
.
SE QUEDÓ sentado en el balcón, con el teléfono pegado a la oreja durante unas horas. No importaba el país en el que se encontrase, el trabajo nunca paraba. Seguramente Karin se encargaba de gran parte, pero había cosas que Sasuke debía atender personalmente.
Me quedé en el dormitorio y vi la televisión a pesar de que todo estaba en italiano.
Por fin acabó la llamada y entró, aún con los pantalones y la camisa de vestir. Tenía la corbata suelta y deshecha.
Lo miré cuando sentí su intensa mirada.
–Tengo una llamada más que hacer.
Ya sabía qué orden iba a darme. Había visto aquella expresión en su rostro lo suficiente como para saber lo que venía. Ahora que tenía poder total sobre mí, podía tirar de mis hilos como si fuese una marioneta.
―Te quiero desnuda y boca arriba con las piernas abiertas. Quiero que te toques hasta que acabe, y que pienses en mí. ―Noté el bulto en la parte delantera de sus pantalones cuando se acercó. Me puso los dedos bajo la barbilla y me sujetó, controlando su fuerza―. ¿Entendido?
Sabía la respuesta que quería, sabía en qué estado de ánimo se encontraba.
―Sí, señor.
Bajó la mano y volvió a salir al balcón, cerrando la puerta y sacando el teléfono para hacer la última llamada del día.
Me tragué el nudo que sentía en la garganta; de repente tenía la boca seca. La piel de los brazos se me puso de gallina, pero no por el frío. En lugar de sentirme asqueada por sus órdenes llenas de arrogancia, lo que estaba era excitada.
Quería que me comiese entera.
Ya lo había hecho antes, y había sido la experiencia más increíble que había sentido nunca. Ningún hombre me había dado tanto placer, ni siquiera los que había creído que me amaban. Pero no quería pedirlo. Tampoco tenía derecho a hacerlo; nuestro acuerdo no funcionaba así.
Hice lo que me había pedido y abrí bien las piernas. Ya me había tocado antes, pero no porque me lo pidiese un hombre. En cualquier momento entraría en la habitación y vería si había seguido sus órdenes o no.
Moví la mano entre mis piernas y me froté el clítoris, imaginando su boca en lugar de mis dedos. Mi respiración se aceleró poco a poco, mis pezones se endurecieron y cerré los ojos conforme me fui poniendo a tono. Dibujé movimientos circulares y arqueé la espalda mientras visualizaba su boca en mi sexo. Al principio me dio vergüenza, pero cuanto más excitada estaba, menos me importaba mi aspecto. Dudaba mucho que mi imagen fuera ahora mismo una de sensualidad. En aquel ángulo, mi apariencia no debía ser demasiado apetecible.
Abrí los ojos de golpe al oír como algo caía al suelo.
Sasuke ya había dejado caer su camisa y su corbata. Los pantalones también habían desaparecido, y sólo los bóxers lo cubrían. Sus ojos me quemaron mientras me admiraba, y tenía el rostro sonrojado. Había estado observándome, pero no tenía ni idea de durante cuánto tiempo.
Mi mano se detuvo y de repente me sentí avergonzada.
Sasuke se agarró los bóxers y los bajó.
―Sigue, monada. No dejes que te interrumpa.
Continué acariciándome y miré fijamente su largo miembro; de repente estaba más caliente que antes. Sasuke era el hombre más dotado que había tenido nunca dentro, y lo deseaba con urgencia. No importaba quién era ni si lo odiaba; deseaba a aquel hombre más que a ningún otro.
Se subió a la cama y se desplazó por ella hasta quedar suspendido sobre mí. Mis muslos seguían abiertos de par en par. Me observó con sus ojos negros, igual de excitado que yo. Su glande goteaba.
―Eres lo más sexy que he visto nunca, ¿lo sabes?
Le rodeé el cuello con el brazo, manteniendo la otra mano entre mis piernas, y tiré de él para darle un beso, queriendo sentir su boca contra la mía. Sentí como un ramalazo de placer me atravesaba en cuanto nos tocamos. Me froté el clítoris más fuerte, dejándome llevar por la pasión que Sasuke me provocaba.
Me devolvió el beso con la misma fuerza, exhalando en mi boca.
―Eres el hombre más sexy que he visto nunca ―dije contra sus labios. No pensé antes de hablar; mis hormonas se estaban encargando de todo. Mi trabajo era hacer que se enamorase de mí, y la adulación podría ser el modo perfecto de conseguirlo.
Sasuke se detuvo en nuestro abrazo para mirarme a los ojos, satisfecho con mi respuesta. Volvió a besarme antes de apartarme la mano de entre las piernas. Me dio un beso en los dedos antes de meterlos en la boca y chupar.
Mis muslos rodearon sus caderas casi por voluntad propia, y mis pezones se endurecieron a la vez.
Chupó el sabor de mi vagina de mis dedos antes de apartar la boca.
–Monada, ¿en qué pensabas?
Sabía exactamente lo que significaba aquella la pregunta.
―En ti.
―¿Y qué hacía en tu fantasía?
Me avergonzaba decir la verdad, a pesar de que ya no podía pasar más vergüenza. Ya me había visto en mi peor momento. En lugar de contestar, lo besé de nuevo. Quizás sería suficiente para ir al grano.
Pero Sasuke era demasiado tozudo para ello; se apartó.
―Dime. ―Me besó la comisura de los labios y me apretó el clítoris. Lo frotó agresivamente, tocándome mejor de lo que me había tocado yo.
Cuando me hacía sentir tan bien no podía pensar con coherencia.
–Me lo comías.
Sus dedos pararon el masaje y me besó una última vez. Me besó el cuerpo, descendiendo hasta llegar a la separación entre mis muslos. Se movió hasta acabar con la cara entre mis piernas.
Empecé a retorcerme al instante, hundiéndole los dedos en el pelo.
―Dios, ¡sí! ―Le clavé las uñas en los hombros, casi agujereándole la piel con ellas. Flexioné las caderas y me empujé más hacia su boca. Quería cada centímetro de su lengua en mi clítoris. La quería dentro de mí, fuera de mí. Sentir aquel placer cegador hacía que no pudiese pensar en otra cosa que no fuera en recibir más―. Sasuke... ―No debería haber pronunciado su nombre, especialmente cuando hacerlo incrementaba su poder sobre mí, pero en aquel momento no me importó.
Sopló en mi vulva antes de rodear otra vez mi clítoris con la lengua, aplicando más presión hasta encontrar el lugar perfecto. Me hizo correrme con violencia, lanzándome por el precipicio cuando ni siquiera me había dado cuenta de que estaba al borde del mismo.
―Sasuke. ―Eché la cabeza hacia atrás y cerré los ojos, disfrutando del fuego sensual que me atravesaba. Era poderoso, increíble. Uno de los mejores orgasmos que me había dado, de aquellos que me causaban contracciones en la vagina incluso cuando no estaba dentro de mí. Me derramé y Sasuke lo lamió todo como si quisiera saborear hasta la última gota.
Una vez que la parte álgida del clímax hubo pasado, éste desapareció lentamente. El órgano entre mis piernas siguió palpitando durante un rato, haciendo que cada toque de su lengua me siguiera motivando a mover las caderas violentamente de puro placer.
Sasuke levantó la cabeza y se elevó, con los labios húmedos. Su miembro palpitó de placer mientras se colocaba sobre mí. Tenía la piel sonrojada allí donde sus músculos se flexionaban y movían para sostenerse, y se formó una delgada película de sudor sobre sus pectorales y cuello. Deseé no sentirme tan atraída hacia él, pero era imposible que mi cuerpo ignorase lo increíble que era. No sólo su cuerpo era impresionante, sino que tenía una mandíbula fuerte y ojos negros cálidos.
En lugar de quedarme satisfecha, deseé más. Quería su grueso miembro dentro de mí, abriéndome hasta el fondo como todo hombre debería hacer con su chica. Lo agarré del bíceps y lo guié para que se colocase encima de mí por completo.
―Fóllame.
Se le escapó un gruñido y sus ojos se endurecieron. Me separó más las piernas y me las levantó con los brazos, ajustando mis caderas y estirando mi espalda baja de un modo que no había hecho nunca antes. Me dobló exactamente cómo quería y presionó su glande contra mi entrada. Se hundió lentamente en mí.
Fue más increíble que tener su cara entre las piernas.
―Sasuke...
―Joder, qué mojado está.
―Porque tú haces que me moje.
Dejó de introducirse en mí y me miró con una expresión ardiente.
–Monada... Jesús. ―Entró hasta el final, insertando toda su longitud hasta que sus testículos quedaron pegados a mis nalgas.
Le clavé las uñas en los tríceps, sintiendo el músculo bajo la piel más tenso que una cuerda.
No salió y entró lentamente de mi cuerpo como las otras veces que habíamos tenido sexo; en su lugar me embistió con fuerza desde el principio, haciendo que el cabecero de la cama golpeara contra la pared por la velocidad con la que se movía. Su respiración se agitó del esfuerzo, y su poderoso cuerpo se cubrió de sudor en cuestión de minutos.
Bajé las manos por su torso y sentí como mis pechos se movían violentamente mientras me poseía. Me encantaba verle la cara mientras se movía dentro de mí, ver cómo se le tensaba la mandíbula de aquel modo tan sexy y sus ojos adoptaban una expresión dura. Sus sienes se llenaron de sudor y me cayó una gota en el pecho. Adoraba verlo hacerme suya tan fuerte como podía, sin delicadeza, como si no pudiese soportar hacerlo de otro modo.
Iba a correrme otra vez. Lo sentía en mis profundidades, que era donde me golpeaba. Había apretado el gatillo, como si tuviese un botón especial ahí dentro. Subí las manos hacia su nuca y lo agarré del pelo, sosteniéndome de él como si fuese un ancla mientras el fuego me atravesaba.
―Sasuke... me corro.
Sasuke respiró acelerado, sin dejar de embestir.
―Lo sé. ―Se movió todavía con más fuerza, restregándose contra mi clítoris y dándome un empujón extra para que sintiese un orgasmo todavía más poderoso que el anterior. Me sumí en una vorágine de satisfacción caótica y grité mientras las sensaciones me atravesaban, sin importarme que toda la casa pudiese oírme.
–Dámelo todo. ―Mis manos se resbalaron por su sudor mientras intentaba agarrarlo.
Sasuke cerró los ojos y soltó un gemido involuntario antes de dejar de moverse dentro de mí. Se hundió por completo antes de correrse, y su miembro se endureció todavía un poco más en mi interior mientras se liberaba. Volvió a escapársele otro gemido violento al terminar, llenándome con cada gota de su semen.
Ahora que la diversión se había terminado, me quedé tumbada y calmé mi respiración. No me había dado cuenta de lo sudorosa que estaba hasta que ambos quedamos satisfechos. Me había estado moviendo con él desde el principio, mi cuerpo lo había buscado siguiendo el ritmo de sus caderas mientras aceptaba su miembro y Sasuke me lo entregaba. Ni siquiera me había dado cuenta de estar haciéndolo. Cuando él y yo follábamos, no pensaba en otra cosa salvo en la sincronía de nuestros cuerpos.
Y sospechaba que él tampoco.
