Seto y Mokuba iban en la limusina rumbo al hotel que indicaban las invitaciones, en Bucarest, la capital rumana. "El pequeño París" era la ciudad más grande del país, además del principal centro cultural, industrial. Unos años atrás la zona circundante era rural, pero ya se habían comenzado a construir nuevos vecindarios.
El mayor de los Kaiba no había desprendido la vista de su laptop y apenas prestaba atención al paisaje cada vez que su ya no tan pequeño hermano le señalaba algún edificio o monumento. Era evidente que el único con intenciones de apreciar el encanto de aquél lugar era Mokuba.
Durante el trayecto el chico relató detalladamente todo lo que había ocurrido en su reciente visita a la tienda de juegos de Devlin. Pero tenía la sensación de que a su acompañante no le interesaba. Seto no hizo ningún comentario, ninguna pregunta o interrupción. Ni siquiera se había burlado o había hecho alguna de sus crueles sonrisas. Lo único que parecía importarle era un tonto teclado.
Mokuba miró por la ventana, permaneciendo en silencio y observando un blanco edificio de piedra, enorme, con una altura muy próxima a los cien metros, según sus cálculos. Pensó que no era un lugar atractivo para los turistas; él no sintió ningún interés por visitarlo durante su estadía. Por fuera parecía una construcción fría e inerte. No era cuestión de que necesitara un colorido especial o un diseño colmado de adornos como las principales obras de arquitectura barroca, pero unas columnas que adornaran la entrada y le dieran al sitio el equilibrio, la armonía renacentista no le venían nada mal. Así como estaba era tanto o más triste que un hospital.
—¿Y qué te respondió entonces?— escuchó que su hermano le preguntaba sin abandonar su postura. Sonrió, Seto sí lo estaba escuchando. Lo malo era que no recordaba en qué parte del relato se había quedado…"Ah, sí. En que actuaba como un enfermo…"
—Dijo que no iba a permitir que tontos entraran en su tienda—respondió mordiéndose el labio inferior. Odiaba a Ryuji. "Ni bien lo vea le voy a dar una paliza de la que nunca se olvidará…"
—¿Qué hacía él ahí, entonces?—rió Kaiba.
—No lo sé— continuó Mokuba—. Pero lo relevante es que sólo atinó a atacarme porque no supo cómo responder. Lo dejé sin una contestación. Él mismo estaba afirmando su propia idiotez…
—Llegamos— interrumpió Isono que había permanecido en silencio sentado frente a los Kaiba. Los tres bajaron del vehículo y se quedaron de pie, maravillados –aunque en Seto no se notaba tanto como en los otros dos— observando con admiración la majestuosidad del Athenee Palace Hilton. Haber tenido que soportar un largo viaje de cuarenta minutos desde el aeropuerto Henri Coanda hasta ese hotel sin dudas valía la pena si el interior del edificio era tan espectacular como su fachada.
—Al parecer Anca Tepes no escatimó en gastos— dijo Kaiba observando la construcción de arriba abajo y de izquierda a derecha. Parecía un sitio grandioso por dónde se lo mirara. Estaba ubicado en la intersección de dos avenidas importantes. Su exterior era blanco, con ventanas con y sin balcones intercaladas en las dos fachadas visibles desde la calle. La entrada quedaba justo en la esquina, ante sus narices; encima había grandes ventanales, uno por piso (que sin duda eran seis o siete). En fin, el edificio tenía forma pentagonal.
—¿Qué estamos esperando para entrar?— dijo el más joven entusiasmado y comenzando a andar hacia la entrada— No creo que durmamos en la calle—rió.
Seto lo siguió e Isono también. Mokuba ya les había sacado cuatro o cinco pasos en su carrera hacia la recepción, que estaba separada de la entrada por un largo pasillo de resplandecientes baldosas blancas de mármol con vetas oscuras y bordes grises. A ambos lados se elevaban columnas beige. Las paredes estaban acompañadas de altas puertas de vidrio y madera, y entre ellas había sillas y mesas del mismo material. El techo era fantástico. Si bien era blanco, los bordes estaban adornados por arabescos de cerámica color miel muy bonitos. Y en el centro, entre las columnas, había formas elípticas donde se ubicaban las luces. El trío observaba sin perderse detalle de nada; si no era el sitio más caro de Bucarest, estaba muy cerca.
Seto volteó su cabeza, sin dejar de caminar, hacia Isono y le dijo:
—Iré a que me den las llaves de las habitaciones. Cuida que no haga ninguna locura— y señaló con su cabeza a donde estaba su hermano. Isono asintió un poco distraído, con una expresión de satisfacción en su rostro, y Kaiba frunció el entrecejo. Al mirar al frente se chocó con Mokuba que permanecía inmóvil mirando hacia delante. El joven empresario dirigió su vista a la misma dirección y encontró varias caras conocidas—. Pero si es Yugi…
—Vámonos a otro hotel— dijo el adolescente volteandose y empujando a su hermano.
—Claro que no— dijo Kaiba tomando los brazos de su hermano y volteando hacia delante—. Este sitio me gusta. ¿Por qué irnos?
—Ahí está Otogi—murmuró Mokuba.
—¿Y?— preguntó el mayor empujándolo con una mano para que caminara de una vez.
—Hoy le dí una piña…Y va a querer devolvérmela— dijo nervioso.
—Pues dale otra— dijo Seto tranquilamente—, es un escarbadientes con pelo—rió—. En el último de los casos se la doy yo…
Mokuba comenzó a caminar hacia donde Yugi y sus amigos se encontraban. Zybil también estaba allí. Eso era lo peor… Miró hacia atrás con la idea de hacer un nuevo intento por convencer a su hermano pero no tuvo tiempo. Seto pasó por su lado y siguió hasta la mesa de recepción.
—Genial—murmuró.
—¡Mokuba!— gritó Yugi agitando su mano en el aire innecesariamente porque no estaba muy lejos y el chico lo veía perfectamente. Todos se voltearon a mirarlo, todos.
"No la mires…No la mires…" se dijo mientras avanzaba hacia el "Rey de los Duelos." Sentía la mirada burlona de la pelirroja y la asesina de Otogi sobre él. Eso lo ponía incómodo, pero puso mucho empeño en no demostrarlo. Sonrió cuando al fin los alcanzó y se detuvo junto al dueño de la tienda de juegos para estrechar la mano del joven duelista que ya tenía cerca de veinte años.
—¡Qué bueno verte, Yugi!— dijo al saludarlo— Han pasado seis meses desde la última vez.
—Es cierto.
—Eso se debe a que tú y tu hermano ya no asisten a los torneos— aclaró Jonouchi que ahora lo saludaba—. Nunca nos cruzamos.
—Bueno, la compañía más importante de Japón consume casi todo nuestro tiempo— respondió cerrando los ojos y sonriendo, dejando que su soberbia lo dominara.
—¿Seto va a participar de este campeonato?
—No, Yugi— aclaró luego de besar a Anzu en la mejilla—. Vinimos por asuntos de negocios… Y de paso conocer este país que a simple vista parece muy interesante.
—Kaiba está acabado— rió Otogi.
—¿Cómo estás Shizuka?— dijo Mokuba saludándola. Luego miró a Ryuji de arriba abajo —¿Por qué no se lo dices de frente?— e indicó con la cabeza a su hermano que volvía de la recepción hacia ellos.
—Yugi— dijo estirando su mano hacia el muchacho. ¿Acaso no era la primera vez que lo hacía?
—¡Qué gusto verte de nuevo, Seto!— dijo un muy sorprendido Yugi, pero a pesar de eso estrechó la mano del castaño—. Hace mucho que no sabemos nada de ti.
Kaiba asintió y miró a los demás chicos que no iba a molestarse en saludar. Se topó con una cara nueva: una chica de ojos celestes y largo cabello rojo cuyo aspecto coincidía totalmente con la descripción que Mokuba le había hecho de la tal Zybil. Tenía la cabeza cubierta por un gorro de piloto aeronáutico. La joven tenía un lamentable sentido de la moda. "Pobre…, se ve ridícula" pensó.
—Veo que has traído a todos tus porristas, Yugi— dijo sereno. Pronto sus ojazos azules se avivaron—; y le agregaste un número de payaso para cuando el duelo se torne aburrido…
—Se llama Anzu Mazaki— interrumpió Zybil sonriente.
Jonouchi y Yugi la miraron con desaprobación; Honda y Shizuka contuvieron la risa y Ryuji sonrió: ya era hora de que Zybil no fuera tan ingenua, tan buena. Era hora de que actuara con carácter. De alguna forma tenía que defenderse… Y no hay mejor defensa que un buen ataque. Después de todo, Anzu se lo merecía.
—No— dijo Kaiba negando con la cabeza gacha. Se quitó el cerquillo de los ojos, miró a la joven y aclaró—. Mazaki y la hermana de Katzuya siempre fueron porristas— y al decir esto una sonrisa maliciosa se fue dibujando en sus labios al mismo tiempo que la de la pelirroja desaparecía. Bien, estaba claro que con lo de payaso se refería a ella. Kaiba se había agregado automáticamente en su lista de enemigos. Ya habría oportunidad de vengarse.
Pero su fastidio fue máximo cuando Anzu y Mokuba rieron descaradamente del comentario del castaño, y Yugi hizo esfuerzos inútiles por no imitarlos.
—Nos vemos Yugi— dijo el menor de los Kaiba—. Tenemos que cerciorarnos de que nuestras habitaciones sean tan geniales como esta planta.
—Hasta luego—dijo Seto saludándolo con su cabeza y siguió a su hermano que prácticamente corría hacia los ascensores. Isono fue tras ellos.
Anzu los observó marcharse con una sonrisa en el rostro que no se le iba a borrar fácilmente. Era increíble como con un simple comentario Kaiba puso a Zybil en su lugar. Ahora el muchacho le resultaba más agradable…
Jonouchi no despegaba su mirada del suelo de reluciente mármol blanco. Estaba un poco confundido –o desilusionado— por el comentario de Zybil hacia Anzu. La chica había mostrado un rasgo de su personalidad oculto hasta entonces, y que a él le desagradaba. Quizás Zybil no era tan inocente… "O los constantes ataques de Anzu tienen su cuota de responsabilidad ante tal reacción" se dijo. Pero ya no sabía que creer. Y si lo pensaba bien, lo de Anzu era menos convincente. La conocía hace años y sabía que ella no era ni por asomo lo que Ryuji creía. ¿Qué estaba pasando entonces?
—Es una buena idea la de echarle un vistazo a nuestras habitaciones— sugirió Yugi.
—De acuerdo— dijo Honda.
Yugi y Jonouchi fueron al mostrador de recepción. En su breve ausencia, Anzu y Zybil no dejaron de lanzarse chispas con sus ojos. Ambos duelistas regresaron con cinco juegos de llaves. El joven rubio se había llenado los bolsillos de su chaqueta marrón con los caramelos que había sobre la mesa y no dejó ninguno en el recipiente, haciendo que Yugi quedara rojo de vergüenza. Honda se abalanzó hacia su amigo tratando de apoderarse de algunas golosinas, pero Jonouchi no estaba dispuesto a permitírselo.
—¿Pueden dejar de actuar como niños?— dijo Shizuka posando sus manos en la cintura, claramente enojada.
Honda escuchó su voz y enseguida se olvidó de su batalla campal con "su cuñado" –cómo lo llamaba en sus pensamientos— y se acercó a la joven con una sonrisa tonta.
—Qué baboso— murmuró Zybil. Ya se encargaría de que Shizuka no le diera más bolilla a ese estropajo humano y apuntara más alto. "A Anzu no le gustará nada que su amiga se interese por su querido Yugi" pensó y una sonrisa volvió a asomar en su rostro.
Las habitaciones que les habían asignado eran cinco y estaban en el segundo piso. Una era para Yugi y otra para Jonouchi. Al ser los duelistas invitados no iban a tener que compartirlas. Pero sus amigos tendrían que repartirse en las tres restantes.
—Ryuji y Honda en una— sugirió Jonouchi, aunque al mirar a Honda le dejó claro que era una orden. No iba a permitirle ni siquiera pensar en compartir la recámara con su hermana… "¡No!"
—Yo y Anzu en la otra— concluyó Shizuka muy sonriente. Planeaba utilizar el tiempo que compartiría con la castaña en convencerla de que se disculpara con la pelirroja y arreglaran las cosas de una vez por todas.
Zybil dio gracias al cielo de que no la hubiera elegido a ella o de lo contrario sus planes se verían arruinados.
—Estoy de acuerdo— dijo sonriendo.
Anzu no tenía muchas ganas de compartir la habitación con Shizuka. Su relación con ella ya no era la misma; además, la chica había festejado los ataques de Zybil. Esa no era una actitud de una buena amiga. Pero no había otra opción. ¿Querer cambiar de habitación con Zybil no le ocasionaría problemas? No dudaba de que la joven aprovecharía la situación para dejarla mal parada ante sus amigos.
La habitación que le asignaron a Yugi era la más grande de todo el piso; un recibimiento digno del Rey de los Duelos y muy probablemente el futuro campeón del Torneo Dacia. Su rubio amigo también tenía una amplia habitación, muy cómoda, pero un poco más chica que la suya.
Las otras que sus amigos ocuparon eran más pequeñas y eran para dos. Pero bueno, no dejaban de ser espléndidas. La más satisfecha en ese sentido era Zybil que no tenía que compartir la suya con nadie. Ni bien terminó de revisar la habitación se sentó ante el ordenador y lo encendió. Era el momento de investigar a los organizadores del torneo…Y planear su venganza.
Ryuji y Honda estuvieron discutiendo largo rato por las camas, los armarios… Hasta discutieron por una maleta, ya que las de ambos eran iguales. Pero Otogi tenía razón y la que el castaño había tomado era la suya.
Anzu entró detrás de Shizuka y avanzó hasta la cama que estaba junto al balcón. Dejó su maleta sobre el pisó y se tiró sobre el cómodo colchón que estaba cubierto por un juego de cama blanco con ilustraciones rojas. Era muy cómodo. Todo le resultaba confortable en ese lugar, menos algunas compañías…
—¡Esto es fantástico!— gritó Mokuba saliendo al balcón— Si en nuestro próximo viaje no nos alojamos en un hotel igual a este no viajo— advirtió riendo. Cerró los ojos e inhaló profundamente. "Hasta respirar aquí es genial" pensó.
Su hermano estaba en la entrada junto con Isono y un joven empleado del hotel que era más bajo, de cabello negro corto y ojos marrones claros; quien los había guiado hasta allí. A los hermanos Kaiba les asignaron la mejor suite del edificio que se encontraba en el séptimo piso. Era enorme y espectacular…
—Me casaré con Anca—volvió a gritar el muchacho regresando junto a su hermano y dándole un codazo—. ¿Por qué no nos quedamos a vivir aquí, Seto?
Este no le hizo caso y siguió prestándole atención a las indicaciones que el joven moreno daba. A las ocho comenzaría la inauguración del Torneo Dacia.
El empleado salió de la habitación seguido por Isono que se iría a la suya. Seto cerró la puerta y miró a su hermano.
—A las ocho—dijo.
—Genial—Mokuba estaba animado—. Deben faltar como seis horas, podré dormir una larga siesta ya que me desperté a…
—Acabaré con tus profesores si no te enseñaron nada sobre el cambio de horario— advirtió Kaiba llevando sus maletas a uno de los sillones.
Mokuba se golpeó la frente con la palma de su mano izquierda. "Maldita diferencia horaria" pensó. No iba a poder dormir nada. Si en Japón era cerca del mediodía, en Bucarest debían ser alrededor de las cinco de la tarde.
—Pero me voy a poner muy lindo para impresionar a Anca—sonrió—. Fue muy gentil con nosotros, Seto— dijo acercándose al sillón donde Kaiba se había tirado.
—Nadie se lo pidió.
Mokuba se enojó.
—A veces eres tan insoportable— gritó y le arrojó uno de los almohadones de los sillones libres en el rostro al joven de cabello castaño. Luego se metió en su habitación y comenzó a buscar qué usar en la inauguración.
Zybil apagó el monitor del computador al oír que golpeaban la puerta. Se levantó de la silla y arrojó su gorro sobre la cama. Se acomodó su largo cabello que parecía una llama ardiente y dejó su campera en el sillón. Abrió la puerta con una de sus mejores sonrisas, esas que eran capaces de derretir un glacial en instantes, deseando que fuera Jonouchi. Pero no.
—Buenas tardes— le dijo al joven de pelo negro que había llamado a la habitación recién.
—Ho…Hola, señorita— dijo el tipo que no tardaba en babearse mientras la miraba de arriba abajo—. Sólo que…quería avisarle que la inauguración será o las ocha—"¿o las ocha?" pensó sintiéndose un nabo.
—Genial— dijo Zybil—. Nos vemos allí entonces— y cerró la puerta. Se recostó en la pared con una clara expresión de triunfo en su rostro. Aprovecharía cualquier instante libre durante la fiesta para engatusar a ese muchacho y tenerlo en sus manos. Un títere extra no le venía nada mal. Había notado en ese chico la misma expresión que tenía el rostro de Ryuji el día que se conocieron. Incluso Mokuba la observaba de esa forma durante su primer encuentro. Y ambos habían sido presas fáciles de su encanto…
Ahora el panorama parecía aclararse ante sus ojos. El empleado del hotel y Ryuji serían usados para llevar a cabo sus planes contra Anzu. Mientras tanto, ella se encargaría de las estratagemas más complicadas.
Caminó hasta el escritorio mientras pensaba en eso. Encendió el monitor y en la pantalla apareció la imagen de una chica de cabellos negros y largos recogidos en una coleta; tenía unos hermosos ojos caoba que componían una mirada desafiante y en su brazo izquierdo había un disco de duelo negro.
—Anca Tepes— dijo frotándose las manos—, prepárate para ser la ficha con la que le haré Jaque Mate a Seto Kaiba.
