Algo andaba mal, Merlina, la hermana de Sir Gawain y también la consejera del rey parecía nerviosa a su alrededor. También la reina, Sally Alicia Guinevere, se llevaba a la joven a todos lados. No era extraño para los demás, al menos, eso se decía debido a que crecieron juntas. Sir Galahad solo lo tomó como su hermana todavía no estando lista para aceptarlo como aceptaba a su hermana adoptiva Guinevere. En vez de ir la noche que habían dicho, esperaron otro mes debido a las suplicas de Merlina deseando ser mas "cercana" a su hermano, aunque no parecía esforzarse mucho por lograrlo.
—Oh madre, tu hijo te llama— invoco Sir Galahad. —hemos vuelto.
Tan pronto lo dijo, la coneja Luna apareció con una cálida sonrisa.
—¿Que deseas saber?— Pregunto ella tranquilamente.
—Sobre mi esposa Rougine de Shallott. —declaró Sir Gawain sorprendiendo a los otros dos. La coneja asintió.
—Hace años, la dama Rougine de Shallott, vivió en su propia bella isla. Nunca envejecía y aguardaba con ella la espada Galatine que ahora tiene usted, Sir Gawain. Pero usted no fue el primero que la deseo a ella y aquella arma. Pues el mismo Merlín intentó seducirla después de que Vivian del lago lo negara.
—Oh dama, dejadme vivir eternamente en su isla. Hacer nuestro nido de amor juntos.
—Mago Merlín, se que solo deseas el cuerpo bello y el ara consagrada por mi—dijo Rougine al hombre—Pero me niego.
Tres días y tres noches él no pudo lograrlo. Molesto, se retiró. Años después, su nieta, Merlina llegó a cobrar por el rechazo. Merlina tan avara como sus predecesores deseaba encerar la belleza y castigar a todos aquellos que hicieran algo en su contra. Por lo que, el día en que supo que la dama Rougine rechazó a su amado abuelo ella fue al encuentro de la murciélaga.
—Usted, dama de Shallot, he venido a suplicarle. Deme el arma sagrada y el hechizo de vida eterna.
—No, si hago eso, corromperé el deseo de leyenda.
—Maldita seas, si tanto deseas mantener seguros los secretos, qque la torre misma y tu se mantengan guardianes. Nunca podrás salir de allí.
La maldijo a la torre para nunca salir, solo el amor la podría sacar y quien supiera el nombre de la verdadera hechicera que puso la maldición. Así la maldición mantuvo encerrada a la dama de Shallott. Solo tenía un espejo para mirar hacia afuera de su mundo. Un día, decidió preguntar.
—Espejo, Espejo, muéstrame al hombre más apuesto de todos.
—mi querida Dama, el más apuesto es Sir Shadows of Lancelot.
En él se podía ver un erizo de piel canela, pelaje negro con rojo, llevando un bebe al monte, abandonándolo a su suerte. Pero eso no la inmuto, estaba enamorada. Una noche, se consagró a mí.
—Líbrame de mi torre, oh luna mía. Déjame experimentar la alegría.
—Sabéis que solo podréis durante poco, y al regresar, tu bebé será maldecido con tu pesar.
—Oh, Luna mía. Dejadme hacerlo. Sacrificaría todo por mi sueño.
Accedí, y ella a través del espejo fue, entrando a los sueños del hombre que su corazón deseaba y que nunca le correspondería. Pasión, fingiendo ser su adorada esposa anterior. El caballero nunca lo supo, dejándola embarazada.
Tuvo a su hija, quien el poder mío tenía. Y al fin Rougine era libre, aunque la culpa la consumía. Salía de su isla para traerle comida a su linda bebé, conociendo allí a usted, Sir Knucklen Gawain.
—Mi señora sufrió por eso. La hija que tuvimos, ahora dedicada a usted—dijo el echidna mirando a la luna con dolor—Le agradezco por resguardarla. La niña en nuestro cuidado, aun siendo de otro, es mía de corazón, como de usted por bendición.
—Entonces, por sentirse culpable ella no desea acercarse a ti—dijo Sir Galahad sorprendido. —Merlina ha pecado demasiado.
—Y debe ser castigada. —Dijo Arthur. —Volvamos.
Llegaron al palacio. La pelirroja sentada leyendo, fue tomada por sorpresa y encerrada en el calabozo. La luna que brillaba por los barrotes de su única ventana le arrebató a los poderes.
—Tu avaricia te ha llevado al castigo y arrepentimiento de tus acciones. Las mentiras poco a poco desaparecerán. Y cuando el tiempo llegue, todos habrán pagado lo que deben.
—Luna, tu deseabas ser madre, ¿no has tenido suficiente? ¿O hay algún hombre que te haga sentir mujer? — lamentó Merlina en su celda.
No recibió respuesta, la magia nocturna la había abandonado.
