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Capítulo XXXII:
—Quiero ir a casa, por favor hermana—. Murmuró cansino de llorar, limpiándose el fluido que escurría de sus fosas nasales.
Acomodó de nuevo la cabeza en las piernas de Gretchen, cubriéndose con el saco de su padre.
—Te llevaré—. Susurró en respuesta, siendo la primera vez que él hablaba desde que se subió al auto.
Llevó su mano a peinar los cabellos negros de él, hacia atrás, descubriendo su frente surcada en finas hileras carmesíes, sus ojos a más de rojos y húmedos emanaban cierta aura de temor e infinita tristeza. Su pequeña nariz estaba saturada por un rosado color intenso producto de restregarse a cada momento por la viscosidad y, sus labios, resecos ahora, que dejaban entrever una ligera marca rojiza que resaltaba del resto de la carne rosada.
Entrecerró los ojos ante sus pensamientos iracundos producidos a partir de ese leve indicador. Lo vio a él cerrar y abrir los ojos tan lento con pesadez y aflicción. Le colocó la mano por debajo de la cabeza en una señal de que pronto se levantaría y necesitaba que él se alzara un poco, solo un poco en cuanto abrió la puerta y se deslizó un poco quedando Dave completamente recostado en el asiento.
Una vetusta canción seguía sonando en la radio del auto, y el aire frío se abrió paso por la puerta abierta.
Se bajó del auto sin asentir completamente el pie derecho y tendió su mano en la puerta cerrada, dejando la palma ahí pegada. A su lado, Levi ya se posaba con el mismo ritmo tardo y pesado, la cara desplomada y los ojos perdidos que la miraban cuestionadores.
—Lo llevaré a casa—. Anunció ella.
—Pensaba decírtelo, me parece idóneo porque Hanji está en camino hacia acá. ¿Crees que puedas conducir? O, si no puedes, llamaré un taxi.
—Puedo, puedo.
Levi estiró el pie para que Gretchen usara su zapato para asentar la pierna, depositando un poco de peso en el pie que no llevaba calzado, en lo que ella no se quejó de algún dolor.
—¿Ves? Puedo.
—Llévatelo ya, no quiero que Hanji lo encuentre y se altere frente a él—. Le extendió las llaves del auto, ella en el acto le agarró su mano.
—¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué es necesario que Hanji venga? No quiero creer que es lo que estoy pensando—. Inquirió con la voz baja y marchita.
El hombre desvió la mirada hacia un punto indefinido de la calle, pensando en cómo ordenar el tumulto de emociones disparatadas y la retahíla de palabras adecuadas como para anunciarle a su hija que su hermano fue violentado sexualmente sin producir una reacción de exaltación agresiva como la de Hanji al teléfono. Ella volvió a halarlo de la mano aún enlazada con la suya con la llave en medio, no quiso mirarla, no quería dañarse de nuevo con esas estrepitosas palabras saliendo de sus labios para decir lo inconcebible.
Tenía una molestia en el pecho, ese nudo que no le permitía hablar por temor de nuevo a quebrarse.
—No puedo ahora explicártelo bien—. Murmuró volviendo a verla.
—Necesito saber—. Insistió con la voz queda y los ojos suplicantes. —¿Qué tal si le digo algo que no es debido como consecuencia de mi desconocimiento?
Y hubo silencio extendido, la interrupción por segundos de algún vehículo pasando o el berrinche del niño frente a la tienda de dulces. Levi se llevó ambas manos a cubrir su rostro congestionado y rojo por la sangre acumulada. Inhaló brevemente hondo, entreabrió los labios.
—De todas maneras, tendría que decírtelo—volvió a callarse, contrajo las cejas e hizo de sus labios una terrible mueca de enojo—abuso sexual, resumido en su nombre. ¿Entendido?
—Ce n`est pas posible… —Se llevó las manos a cubrirse la boca, sus ojos pendieron a volverse acuosos ante lo nefasto que era afirmar sus especulaciones.
Levi se acercó a ella y la indujo a caminar con suaves toques que le indicaron que debería de moverse hacia la puerta del conductor, le ayudó a subirse y le acomodó la falda del vestido de manera que no se fuera a aprisionar uno de los vuelos con la puerta.
—Solo cuento contigo para que cuides de él mientras nosotros nos enfrentamos a este problema. Llámame o envíame un mensaje cuando lleguen. Se discreta con lo que sabes, sería incómodo para él si mucha gente llega a enterarse. Te estaré informando de lo que pasa, ¿no? Para eso estoy esperando a Hanji.
Ella asintió aún con su mirada acongojada. Levi cerró la puerta y se alejó a la acera. Escuchó el motor encenderse, luego de ello el auto se movió y la direccional izquierda se prendió para luego desaparecer de sus retinas en la calle próxima. Dirigió su mirada a un tumulto de hojas secas que eran llevadas por un pequeño remolino de aire hasta sus pies donde se disipó aquel minúsculo torbellino y respiró con dificultad, ahora una inusitada lasitud se apoderaba de su cuerpo en lo que no estaba seguro si era real o un estado propio de su mente cansada.
Pero si de lo que realmente estaba seguro era que hundiría en la más honda miseria a aquel hórrido individuo que pecó de rijoso como cavernícola con el ser de luz que Hanji y él crearon. Empuñó las manos en el ferviente deseo por volverlo a agarrar del pescuezo para cometer justicia insospechada cargada por otro crimen. Agitó la cabeza brevemente, en ese intento vano de disolver la sombra que antes lo había dominado y miró al frente, ese sonido horroroso y chirriante que hacían las llantas del auto cuando Hanji conducía con negligencia. Bufó al contemplar que ella se estacionó precipitadamente y casi sin paciencia.
Entonces se fijó en cuanto tiempo pasó desde que sus hijos se fueron hasta cuando llegó Hanji, seguramente un buen rato, pero no fue consciente de ese tiempo.
—Te dije que tomaras un taxi—. Amonestó Levi de inmediato.
—¿Dónde está Dave? —. Preguntó ignorando el comentario de Levi, pues, se hallaba alterada, la mirada disparada tras los lentes mirando para todos lados y caminando presurosa hacia la entrada de la escuela.
—Camino a casa—. Dijo y Hanji se volteó a verlo.
—¿Cómo?... —Se llevó la mano cerca de la frente, tenía un aire de confusión rondándole la cara— Oh, dime quién fue—. Inquirió y volvió a caminar azarada más la visible muestra de un enojo y desdicha palpitante que se hacía eco en todo cuerpo.
Caminaron unos cuantos pasos cuando algunos docentes se encontraban ya rondando los pasillos porque seguramente habrían escuchado algo o el conserje informó de algo o las cámaras de seguridad dieron cuenta de que algo fue suscitado a ojos ciegos del resto.
—Aquel que estaba muy interesado en la intensa preparación de Dave, supongo que lo recuerdas: el viejo Montgomery—. Soltó con pesadez y furia en la voz.
—Maldito viejo pervertido, desgraciado, insolente…— continuó emitiendo improperios cada vez un poco más alto y desmejorando la poca templanza que tenía, dando paso a ese estado de exaltación del vivo enojo.
Levi notó aquello en ella mas no quería hacer nada para detenerla, estaba en su pleno derecho y él haría también lo que necesitaría para llevar todo aquel asunto hasta el fondo. Algunas miradas se posaron en ellos, ninguno se inmutó y continuaron caminando hacia el decanato.
De repente, Levi recayó en que Dave no se había llevado la bividi ni la maleta por lo cual tomó a Hanji de la muñeca y la llevó consigo al laboratorio. En el lugar ya estaban algunos conserjes examinando los daños de la puerta. Entraron y Hanji se estremeció por la historia contada por Levi allí, lo vio a él rebuscar por los mesones agarrar la mochila y seguir rebuscando que al final terminó enojándose por no encontrar algo.
—La bividi—dijo— no la tenía puesta, no se la llevó y aquí no la encuentro—. Espetó saliendo del sitio con Hanji.
— ¿Qué crees que significa? —Preguntó Hanji.
—Solo espero que la escuela no se le ocurra defender ni por un mínimo a este cerdo desgraciado—. Inquirió entrecerrando los ojos. — Llamé a Nile y viene en camino. Me dijo que no me deje llevar por mis instintos de golpear a ese tipo…
—Si tú no lo haces, lo haré yo—. Dijo Hanji interrumpiéndolo y empujó la puerta del decanato.
Dentro estaban algunos individuos reunidos, el decano, el sub decano, y un par de docentes que aparentemente hablaban en voz baja. Todos ellos fueron observados por los padres que irrumpieron la sala, miraban por todo el lugar como buscando al tal Montgomery. Luego, Hanji fue allí quien se adelantó a enfrentar al grupo, siguiéndola Levi muy cerca.
—¡Señores! Que grata sorpresa es tenerlos aquí. No imagino por qué los padres de uno de nuestros chicos que nos ha dado orgullo se encuentran ahora aquí—. Habló presuntuoso el decano.
Hanji se alzó los lentes, ahora era más fácil percibir la gran aura de molestia e ira que experimentaba.
—¿Acaso no se enteran de lo que ocurre en esta escuela señores? —. Inquirió ella con su voz notablemente elevada.
—¿Dónde está Montgomery? —. Interrumpió Levi.
El grupo de individuos tras el escritorio murmuraban entre sí lo cual solo generaba disturbio en la mente de los padres.
—Por lo que sabemos el maestro Montgomery ha pedido urgentemente un permiso para ausentarse puesto que sufrió un altercado que suponemos, usted conoce muy bien Sr. Rivaille.
El mencionado contrajo aún más el rostro, visiblemente molesto y al borde de destaparse ante la estupidez de aquel comentario.
—Quiero repetir mi pregunta: "¿Acaso no se enteran de lo que ocurre en esta escuela señores?"—. Repitió avanzando un par de pasos. — ¿Por qué entonces el altercado entre el docente y Levi? ¿No lo saben? ¿Quieren que se los diga de manera explícita?
—Miren señores el altercado y el daño a las instalaciones es gravísimo: entendemos que quizá pudo haber un malentendido entre el docente y su hijo, pero no justifica que el señor Rivaille actúe de esa manera tan salvaje como lo hizo.
—¿Eso es ser salvaje? —. Increpó Levi, a su lado Hanji también empezaba a ofuscarse. — ¡¿Qué adjetivo le adjudicarían al cerdo infeliz ese cuando… se sobrepasó y ultrajó a mi hijo en esta escuela donde hay todavía personas alrededor?! ¿Qué tan salvaje es eso? Vaya, no se queden como estúpidas sanguijuelas ahí y respondan algo. ¿Muy fuerte? ¿no lo sabían? ¡Ahora lo saben!
—No, no lo sabíamos—. Murmuró un docente.
—Señor Rivaille, ¿Comprende usted que su acusación es muy grave? ¿Tiene usted pruebas?
Y Levi caminó más quedando solo separados por el escritorio con el decano.
—¿Que si tengo pruebas? ¡Claro que las tengo! ¡Yo lo vi!
—¡¿Pero ¡¿qué es lo que usted vio?!—Increpó el decano visiblemente nervioso.
—Eso lo responderé frente al juez, no ante usted. Y mejor será que vaya preparando los mejores abogados para defenderse porque denunciaré no solo a ese cerdo, ¡sino también a esta escuela!
—Esperen, esperen… ¿Comprende que eso sería gravísimo para la escuela?
—No comprendo. ¿Me cree imbécil? ¡El abuso sucedió mientras mi hijo aún se encontraba aquí! Y por lo tanto toda esta escuela deberá asumir junto con ese infeliz las consecuencias.
Levi chasqueó la lengua, frenando su mirada con cada uno de los hombres en la sala.
—Deberíamos dialogar antes de hacer cualquier cosa señores. Si usted dice que sucedió aquí entonces, porqué no le damos un arreglo aquí mismo. Podemos sancionar al maestro…
—¡No nos trate de afianzar! — Espetó Hanji.
—¡¿Usted cree que con una sanción será suficiente para las acciones cometidas por ese bastardo?! ¡No lo es para mí, ni para mi familia!
Los hombres murmuraron y se miraron entre si.
—Queremos ofrecerles la oportunidad de escoger una adecuada sanción para el docente.
—No les estamos pidiendo que lo sancionen, solo les estamos avisando de lo que vendrá luego y que deben estar preparados.
—Si ese el caso, debo decirle señor Rivaille que la escuela también adjudicará acciones legales sobre el daño que usted causó a las instalaciones.
Y Levi bramó:
—¡Mire pedazo de mierda redonda…!
Y Hanji lo tomó del hombro, ella lo miró y le dijo con voz calma:
—Levi, está claro que así no se solucionará nada. Estamos de acuerdo que llegaremos a instancias legales, pero aun así…— enfurruñó la mano como un puño listo para ser clavado en un rostro y se giró violentamente hacia el decano hablador, extendió el brazo por toda la extensión del escritorio y lo agarró de la solapa de la camisa ejerciendo presión para que él la mirara y lo alzó hasta un poco con aquella fuerza brutal que tenía reservada y que ahora relucía.— ¡No me voy a dejar acobardar por unas amenazas estúpidas de un montón de IDIOTASSS!
Lo zarandeó duramente y lo soltó. Se giró y salió del lugar junto con Levi, respirando dificultosamente por su estado de coraje que hasta pateó un par de asientos en los pasillos.
—¿Quieres agua? —. Le preguntó Levi.
—Si es posible con un poco de azúcar. ¡Dios! ¡Sentí que realmente quería golpearlos y estrangularlos! ¡¿Cómo se atreven a querer comprar nuestro silencio?!
—Son como la podredumbre.
…
Tocó la superficie del agua de la bañera casi llena, la temperatura estaba perfecta para entrar en ella y la espuma formada en esa misma superficie se mostraba ligera y se percibía olorosa a manzanilla. Un par de pisadas suaves sobre la cerámica le hizo voltear y mirarlo a él ya vestido con una salida de baño blanca. Se apoyó en el borde de la bañera y se levantó caminando hacia la puerta.
—La temperatura está perfecta para ti hermanito, tómate tu tiempo. Vendré luego para comer algo. ¿Okey?
Notó que él mantenía la cabeza un poco agachada.
—Quédate aquí—. Dijo en suplicio.
—¿Qué? Si quieres me quedaré en la habitación.
—No. Quédate aquí—. Volvió a insistir ahora pidiéndoselo también con los ojos desolados.
Ella sopesó y se dirigió a una butaca que había allí en el baño y se sentó dándole la espalda a Dave.
—Okey, me quedaré aquí—. Inquirió con voz suave. Escuchó la tela de la salida de baño deslizarse hasta el perchero, escuchó el agua al ser irrumpida por un cuerpo y escuchó brevemente un resoplido cansino de él.
Se frotó ella suavemente sus manos entre si, se preguntaba si la conducta de Dave estaba estrechamente relacionada con lo acontecido en la escuela. Y su respuesta inmediata fue que muy probablemente así era, y de ser así suponía que necesitaría mucho más tiempo para dedicarle, paciencia y amor. Ella resopló y le preguntó si necesitaba que hiciera algo más por él, él no le pidió nada, pero sin embargo se dejó hacer tranquilo: que ella le mojara los cabellos y le colocara un poco de shampoo formando bastante espuma en su cabeza. Gretchen agarró una esponja de baño, tenía color azul, le agregó un chorro de jabón líquido y apretó un poco la esponja para luego pasarla con tanta quietud y suavidad por la nuca observando de nuevo aquel breve hematoma que estaba ya bastante atenuado, entrecerró los ojos, siguió pasando la esponja por los hombros sin dejar de ser delicado el toque.
Cada que descubría un nuevo hematoma parecía entrecerrar más los ojos y hundirse en coraje; en el hombro izquierdo, más abajo del hombro, cerca a la mitad de la espalda. No descubrió ninguno en el cuello. Pensó que la persona que se atrevió a cometer esa bajeza se estaba cuidando por no dejar señales en lugares visibles, sin embargo, la mordida que tenía Dave en el labio era demasiado notoria.
Apretó aún más la esponja de baño que se quedó presa en su mano, con los dedos meneó un poco de espuma de jabón por sobre aquella huella de mordida cerca de la clavícula derecha. Desde su posición detrás de él, trataba de estirar su cuello para mirarle el rostro en busca de algo más sin recaer totalmente en sus ojos, en su mirada de niño asustado que sabía que tenía en ese momento. Sentía la mirada de Dave encima suyo y si embargo no se proponía en devolverle el gesto: estaba bien enfocada en; sus mejillas rosáceas por dónde antes había escurrido lágrimas, su nariz ligeramente lastimada en la punta por el mismo intento de restregarse con el pañuelo la humedad y sus labios que se movían a brevedad y que ya poco temblaban.
Gretchen se rumió los labios con sus dientes, sentía la cara roja y caliente aguardando en un intento vano por no sucumbir a expresar su malestar.
—¿No me vas a preguntar qué me pasó?
La abrupta pregunta descolocó a Gretchen. Ella parpadeó y finalmente lo miró, tenía los ojitos que expresaban temor y vergüenza. La espuma del cabello estaba resbalándose por su sien, ella limpió con su dedo aquella espuma antes de que fuera a bajar más.
—¿Quieres contarme qué pasó? —. Devolvió una pregunta, su voz la cuidó para que sonara baja y suave.
—¿No lo sabes?
—Lo sé, indudablemente lo sé. Y si no puedes hablarlo no es necesario que me cuentes, yo te entenderé—. Dijo y le pasó los dedos por el rostro en una caricia tierna.
Lo vio entrecerrar un poco los ojos ante su caricia, movía la cabeza como buscando una mayor amplitud a su mano acariciándole el rostro. Ella lo comprendió y dejó su mano prendida en la mejilla y parte de la mandíbula de Dave mientras lo miraba y meneaba el índice casi cerca de su cuello, en ese siempre intento de caricia o confort.
—Gretchen quiero decirte algo…
—Dime.
—No sé por dónde empezar, es que es muy raro y me molesta.
—Tranquilo—. Susurró.
—Tengo miedo—. Inquirió inhalando hondo aire. —Tengo miedo y eso me molesta.
—No tiene porqué molestarte, sentir miedo es natural, no puedes negarte de sentir ese miedo. Lo importante es lo que hagas con él. ¿Sabes?
—No…—. Murmuró, sus ojos pendían a mirar hacia otro lado y a humedecerse de nuevo.
Ella bajó la mano hasta el borde de la bañera, también sentía desolación y ganas de llorar.
—Hermanito, no quiero engañarte, tampoco sé qué hacer o decirte para que no te sientas más así—. Creía que su voz se estaba desquebrajando. — Perdóname por eso, no sé qué hacer… ¡Mira! Te vas a arrugar de tanto estar allí en la bañera. Iré a buscarte ropa así que mejor apúrate y toma una ducha.
Un buen tiempo después cuando estuvo seco y vestido Gretchen comió junto a él, apenas un poco porque ninguno de los dos tenía demasiado apetito y pasaron parte de la tarde en la habitación de Dave en lo que él decía que tenía tareas por hacer y que necesitaba estudiar para el siguiente día pero que al final no lograba enfocarse en los objetivos de estudio y volvía a enfurecerse (sin que Gretchen lo notara) dando paso de nuevo a la vergüenza y la tristeza recordando por instantes los viles roces en su cuerpo.
Dejó de lado lo concerniente a los estudios benditos y fue en busca de sus mascotas, Rod enseguida le lamió el rostro y él casi desvirtuado de todo se lanzó a abrazar al canino del cuello y empezó a hablarle como quien necesita un escucha.
Cuando regresó de nuevo a su habitación, se miró el cuerpo y las vertiginosas señales que tenía en la piel producto de ese infausto recuerdo que a cada momento lo atormentaba. Gretchen le dijo que intentaría cubrirlas con maquillaje, resultó un poco nada más. Y le exfolio los labios para estimular la irrigación sanguínea y que el pequeño hematoma desapareciera en cuestión de poquísimos días. Resultó ser terrible la reacción de Dave ante su impulso porque las marcas desaparecieran de su cuerpo lo más rápido posible y eso sería imposible en unas horas solamente.
Y mientras ella trataba de manejar la situación con Dave, cada cierto tiempo su padre le enviaba mensajes sobre las acciones que estaban llevando a cabo y para preguntar por Dave ya que Hanji estaba, también, muy impaciente, comprensible. Supo que su padre ya no viajaría al extranjero porque se lo preguntó, y que más bien dejó a Nifa la cancelación de algunos compromisos. Supo también, que ellos se encontraban en la fiscalía acentuando la denuncia respectiva, la policía entonces intervendría y los organismos de investigación pertinentes, sabía, por tanto, que también seguramente vendrían los exámenes físicos en Dave y aquello podría ser una fuente de estrés para él.
Suspiró cansada de pensar y entró a la habitación de Dave llevándole unas galletas, él estaba en su escritorio enclaustrado aún en el estudio y qué sin embargo a penas la sintió entrar alzó la cabeza y dejó ver su yo interior quebrado.
—No puedo estudiar…—Fue lo que dijo, tenía la mandíbula apretada y el susto impregnado en el rostro.
—Ven… ven conmigo. No creo que mañana vayas a clases—. Inquirió ella extendiendo los brazos hacia él, quien se acercó y se abrazó a ella. — ¿Por qué no mejor descansas?
—No tengo sueño.
—No me refiero precisamente a dormir.
Y entonces se lo llevó a la gran pileta de agua construida en el jardín, rodeados del rosal, nuevo también, se quedaron en un sillón. No hacía demasiado sol esa tarde, por tanto, no resultó nada mal. Gretchen creía que la idea de la pileta fuera de la casa y bajo el cielo fue una decisión muy acertada para momentos como aquel: cuando se buscaba armonizar los pensamientos y el estar rodeados de sonidos naturales y olores refrescantes cumplía con el objetivo.
—Me gusta tu pelo—. Inquirió Dave en medio del silencio, acomodó su cabeza en el hombro de ella y agarró un par de hebras de cabello entre sus dedos. — Tiene un color muy bonito, ahora que lo veo parece más claro todavía, como el cielo en el atardecer y además siempre huele bien.
Su cabello tan apreciado se mecía por acción del viento. Ella brevemente sonrió, casi tenía olvidados sus propios pendientes del college al estar ocupada con su hermano. Lo miró un poco de reojo, estaba jugando con su cabello como si fuera una peluca ya que se estaba colocando las hebras rojizas encima del negro suyo, y Gretchen volvió a reír por su ocurrencia deseando haber tenido la cámara para sacarle una foto a ese momento.
—También me gusta tu pelo.
—¿Como así? Es negro, no tiene mucha gracia.
—¡Escúchame bien jovencito! no voy a permitirte hablar así de tu cabello— mantenía un fingido tono serio. — Es maravilloso, sedoso y será negro, pero… ¿No es la noche negra y aún así es tan hermosa? Que a muchas personas les gusta, y aman la oscuridad. ¡Yo soy una! Créeme.
Lo escuchó reír a él, apenas fue un poco pero el suficiente necesario como darle tranquilidad a ella.
— ¿No extrañas Paris? —. Persistía en jugar con el cabello de ella. — ¿A tu abuelito?
—Por supuesto que extraño, más a mi abuelito, lo extraño muchísimo—. Dejó de mirar la pileta para centrarse en Dave. — ¿A qué viene tu pregunta?
Él resopló y algunos cabellos de Gretchen flotaron.
—Me preguntaba si extrañabas tu vida allá. ¿Amigos? Tal vez.
—Sí, también extraño a mis amigas, el vecindario, la comida… hay muchas personas y cosas que extraño de allá.
— ¿Por qué quisiste venir acá a vivir? Creo que eso fue muy difícil.
Gretchen no tenía nada que pensar porque la respuesta a esa pregunta era muy clara para ella, se cuestionaba más bien el hecho del porqué él empezó a hablar sobre el tema.
—Fue difícil hacerme la idea de que me mudaría ya que eso significaba que debía alejarme de toda una vida construida, pese a eso no cambie de pensar y hasta ahora no me arrepiento. Veo a mis abuelos cuando puedo viajar, nos comunicamos por internet y todo eso. Pasa lo mismo con mis amigas. Cuando estaba allá me pasaba lo mismo de extrañar—, hizo una ligera pausa— a ti claro está, a Mikasa, Hanji, a padre también. Pero por quien tomé la decisión de mudarme fue por ti.
Ella dejó de sentir el peso en su hombro, Dave se acomodó de lado hacia ella.
—Por mí—. Acentuó.
— ¿Recuerdas como era antes? Si podíamos nos veíamos hm… tres veces al año o cuatro, llegué a sentir que era injusto, muy injusto.
—Creo que ya no recordaba muy bien eso, ahora que lo dices: si me parece muy poco—. Se reacomodó algunos mechones de su cabello de la frente.
—Bueno entonces es por eso, no quería seguir perdiéndome de vivir tiempo contigo. Ya sabes, pronto me graduaré y tendré más responsabilidades que espero, ¡espero! No cambie demasiado mi vida contigo—. Inquirió y le tomó a él la mano, quien, al parecer, se mostraba tímido que se encorvó ahí.
— ¿Tanto me quieres? —. Preguntó con la cabeza agachada.
Apenas Gretchen podía verle la nariz.
— Pues… ¡sí! Diría mejor que te amo—. Y se escuchó una carcajada por parte de él. — ¡Oye hermanito!
— Lo siento hermana—. Y se seguía riendo ahora con la cabeza en alto — Es que eso fue muy inesperado.
— ¡Ah! No tengo más opción que hacerte memoria siempre de que te amo—. Dijo, su voz fue dulce y calma.
— ¿Me lo vas a decir siempre? ¿Siempre? ¿Siempre? —. Preguntó curioso, tenía una ceja un poco alzada junto a la expresión de expectativa que acompañaba a su rostro.
— Siempre, siempre. Y que hay de ti ¿No me amas?
Ambos se miraban conteniendo una risa, una atmósfera saludable de buen amor.
—También lo hago.
Y sobrevino la tranquilidad que luego fue opacada.
Dave empezó a hablar despacio sobre cómo fue su día y cómo sucedieron los acontecimientos. Lo hizo sin que ella le preguntara algo, solo se lo permitió y lo ayudó a que hablase hasta dónde pudiera y fuera adecuado; y fue de su conocimiento hasta dónde el sujeto avanzó con él, un acto todavía inverosímil que gestionar.
…
El camino a casa resultó agotador en realidad, Hanji a su lado en el asiento del copiloto llevaba la cabeza apoyada a la ventana apenas haciendo de la palma de su mano un pequeño cojín para suplir la rudeza de la superficie, ya que de por sí tenía ya mucho dolor de cabeza, el rostro aún constreñido apaleaba por eso. No había música ni nada, solo las respiraciones de ambos centrados en sus propios pensamientos y dilemas. Ella bajó el vidrio de la ventana buscando un mejor respiro, viento frío. Tenía en sus piernas un paquete de pastelería, fue idea de Levi llevar algo dulce a casa en esa noche de fulgores incipientes.
Cada cierto tiempo escucha el chasquido de lengua de Levi, ya sabía que era porque seguramente hubiera encontrado otro papel basura o algún envoltorio, o algún vaso descartable de algo que se comió y lo dejó tirado en el auto.
Ella colocó sus lentes cerca de la caja de pastel en sus piernas, suspiró agotada, ese día irremediablemente jamás lo olvidaría; pasaron mucho tiempo con los abogados de Levi, moviéndose de un lugar a otro en la fiscalía, ante la denuncia formal y asentada se emitió la orden de captura del involucrado. En un principio pensaron que no hallarían su paradero ese mismo día, puesto que no localizaron en su domicilio, ni en lugares que frecuentaba con regularidad.
¿Dónde estaba? Cerca de una institución bancaria, por el movimiento que realizó en sus cuentas fue posible determinar, casi al final de la tarde, su ubicación. Ambos como padres se vieron arrastrados a experimentar deseos primitivos de atentar directamente con el hombre aquel que pasó en frente de ellos con esposas en las muñecas y siendo escoltado hasta la patrulla de policía. Arrestarlo no fue tan sencillo, el individuo trató de huir como rata o cucaracha perseguida a escobazos. ¡Infausto! ¿Qué pensaba cuando cometió su crimen? ¿Creyó que con amenazar al chico de no hablar sería suficiente? Pudiera. Claro, si no fuera el caso en el que Levi se insertó en la escena y todo su telón fue hecho trizas.
Ciertamente la situación para ambos padres se muestra como un agujero en el vacío, oscuro y hórrido; ese callejón sin salida o helado lleno de polvo que mortificaba la santa quietud.
—Tranquilízate—Dijo Levi, posando su mano encima del revés de la mano de Hanji. — Ya casi llegamos.
— Que me pidas que me tranquilice me pone aún más nerviosa—. Reparó su vista en la mano de Levi encima de la suya.
— Ya lo sé, ¿Y si te digo que te pongas nerviosa, obtendría lo contrario? —. Inquirió, levantó su mano para posarla de nuevo en el volante al girar la calle.
— Ojalá funcionara, lo dudo—. Comentó, se llevó ambas manos al rostro. — Muero por ver a mi cariñito…
— No lo digas así.
— ¿Cómo?
— ¡Ah! Déjalo—. Dijo Levi, observándola un poco a ella mientras buscaba el control que usó para el portón ahora tecnológico de la casa.
—Solo quiero verlo—. Dijo y dejó caer su cabeza hacia atrás en el asiento.
Finalmente llegaron, Levi apagó el auto que era de Hanji y fue de una vez apilando un poco de basura que sacaría de allí. Creía que olía un poco a polvo también, pero no dijo nada, solo limpiaría ese auto después que fuera con su hijo. Su compañera que antes se mostró tan impaciente por llegar, ahora relucía apagada a querer bajar, volvió a tomarle la mano, ella se sobresaltó un poco por el acto.
—Siento pedirte que te mantengas fuerte y tranquila para Dave, es un poco duro de mi parte, pero ya sabes que considero que tú podrás hacerlo mejor que yo. Estoy pensando en que quizás debería esforzarme también yo.
Entonces Hanji giró su mano, unió palma con palma ambas manos que por instinto se aprisionaron entre sí, entrelazando los dedos en un puño formado con la mitad de cada uno, la clara muestra de la unión figurada.
—Pues yo también tengo algo que pedirte y eso es que me des tu apoyo.
Y como si de un contrato verbal se tratase, estrecharon sus manos más todavía.
Tuvieron una gran sorpresa cuando acudieron con Dave y èste se escondió en sus sábanas arguyendo que no quería verlos. «Es vergüenza—dijo Gretchen— no se me ocurre algo más». Y Hanji se desbordó en tristeza ejerciendo la fuerza para verlo, (golpeando la puerta de la habitación de él) sin tener mucha respuesta. Levi tuvo que acudir a usar su fuerza para llevársela de ahí para que se tranquilice, en lo que él mismo intentaba dominar sus emociones.
Gretchen prometió hablar con él —parecía ser que solo toleraba la presencia de ella— y se convenció de que lo que impedía a Dave ver a sus padres era vergüenza innata. Pasadas unas horas y justo antes de las once, finalmente el menor salió de su habitación para ver a sus padres. Seguramente, paso mucho rato pensándolo hasta dar con su decisión. Ellos, reaccionaron tranquilos (aparentemente) teniendo muy presente el como él estaba vestido: forrado de los tobillos hasta el cuello.
Hanji y Levi sabían el por qué, prefirieron no hacer comentario sobre la ropa.
—…en el primer vuelo de la mañana Mikasa vendrá—. Dijo Levi, pensaba que aquello podría alegrar a su hijo, es decir, hacía tiempo que no veían a Mikasa.
—¿Y ella lo sabe? —. Preguntó iracundo.
—Sí, estará con nosotros durante el proceso—. Comentó Hanji.
Ella no quitaba la mirada de encima de su hijo, su pequeño, que de a ratos parecía perdido en sus pensamientos.
—Ah…—fue lo único que emitió como respuesta, todavía encorvado en el mueble, bebiendo su chocolate tibio preparado por su mamá por breves ratos.
En general se podría afirmar que se percibía un poco de tensión en ellos, casi evitando tocar el tema; resultaba inquietante para Hanji porque ella necesitaba saber con exactitud cómo se sentía su hijo y conocer por su boca los hechos, pero Levi le había pedido que no lo obligue y ella se hallaba congestionada.
Apenas pudo darle un beso en la frente de las buenas noches, él se fue a dormir y Gretchen lo acompañó. Se volvió a quedar sola con Levi en la sala, ya habían terminado de cenar y lo seguro es que él pronto se iría.
—Iré a limpiar a tu auto—. Fue lo que dijo
Y ella quiso decir algo más:
—Es tarde, sé que estás cansado y si quieres podrías limpiarlo mañana, ¿no? Y mejor quédate a dormir aquí Levi. ¿No sería mejor?
El mencionado se quedó estático, quizás pensando.
—¿Mi habitación está limpia? —. Preguntó de espaldas a ella.
—Margarita regularmente la ordena y limpia, no creo que no esté decente para ti—. Comentó, se frotó las manos, por un instante aquello le hizo recuerdo del contacto tibio que tuvo con él en el auto.
—Mm, supongo que estará bien. Tu auto lo limpiaré ahora mismo—. Dijo, regresando a mirarla, tenía una risa nerviosa Hanji en la cara.
Fueron interrumpidos nuevamente por Gretchen.
—¿Ya está bien tu pie? Veo que caminas mucho—. Inquirió posando los ojos en la joven.
—Nada mal, valió el dolor de la sobada—. Dijo y se sentó en el mueble, aún tenía la atención de Hanji y Levi. —Tampoco se dejaba ver por la señora Clarisse, así que no me sorprendió que no quisiera exponerse a ustedes—. Comentó como si estuviese en sus pensamientos tan presente la interrogativa de los padres. —Estoy preocupada.
—No sé que va a pasar con la escuela, casi está por terminarse el año escolar… ¡Bah!
—Ya se atenderá luego. Por ahora no irá, llevaré las tareas que hubiera hecho y eso es todo—. Terció Levi. — El examen psicológico y el físico serán pronto y tendremos que prepararlo un poco.
Ambas mujeres asintieron brevemente, sabían que así sería.
…
Estaba cansadísima por el día transcurrido que apenas podía mantener los ojos abiertos ante la computadora, decidió que pronto dejaría todo de lado y dormiría para levantarse muy temprano y seguir trabajando. Bostezó. A esa hora lo más seguro era que Hanji y su padre ya deberían estar dormidos, sabía de antemano como tenían ellos los ojos extenuados y taciturnos. Los comprendía a cabalidad, siendo la mejor de entre el resto.
Apagó la computadora y se levantó de su silla hacia el baño, se lavó el rostro y antes de siquiera meterse en su cama quiso cerciorarse de que Dave durmiera bien por lo cual fue hasta su habitación, la puerta no estaba trabada por dentro lo cual resultó favorable para ella.
Entró y cerró la puerta haciendo la menor cantidad de ruido posible. Escuchó un murmullo, creyó que Dave hablaba en sus sueños como para intentar hablar en el plano real, seguramente así era. Apretó sus labios entre sí y caminó hacia la cama, Dave empezó a moverse de un lado a otro entre el edredón casi envolviéndose con la tela. Se movía un poco preocupante, su rostro sudaba, sus ojos estaban apretados con rudeza y su boca emitía de nuevo murmullos: entendió que no era un buen sueño.
Pensó en despertarlo, lo haría lento… apenas susurrándole una palabra que lo hiciera interferir de su estado inconsciente.
—¡NO! — Exclamó Dave y despertó precipitadamente, abriendo los ojos asustados que revoloteaban.
Gretchen se asustó por verlo así; desorientado agarrando tres almohadas de las cuatro que tenía y colocándolas al borde de la cama a asemejar un escudo o algo parecido.
—Hermanito…— Susurró, extendió un poco el brazo, quería abrazarlo y darle a entender que estaba ahí.
—¿Qu—e? ¿Qu—e pa—pa—sa? — dificultosamente podía hablar, en su expresión facial se podía leer su estado interno. — No quiero… tengo miedo. ¡Tengo miedo!
—Hey, tranquilo…
—¿Por qu—e? —. Se quedó quieto en medio de la cama.
—¿Uhu?
—¿Por qué siempre… y—yo no pu—puedo defenderme?
Él observaba sus manos en el aire, un par de lágrimas comenzaron a escurrir por sus mejillas.
—Háblame hermanito—. Dijo nerviosa, intentaba acercarse un poco a él.
—Soy muy débil, y—yo soy muy débil y tonto, por eso siempre me pasan cosas malas y los demás quieren fastidiarme a mí co— como los tres del instituto y ahora el maestro—. Dijo, los labios le temblaban, las manos también.
Gretchen se acercó lento hacia él, le tomó ambas manos y trató de tranquilizarlo haciendo ejercicios de respiración con él. Parecía funcionar hasta cuando Dave volvía a ahogar un llanto y se tocaba el cuerpo donde tenía recuerdos horridos y se sumergía de nuevo en un terrible quejido que ella no sabía cómo calmar.
—Tranquilo, estoy aquí.
— No puedo parar… de recordar—. Dijo dificultosamente con los ojos muy cerrados y las manos engarrotadas en las de Gretchen.
— Respira… ajá, así respira… hermanito—. Su voz ya casi se quebraba, ella no podía verlo tan triste y lloroso que también sucumbía a contagiarse de tristeza.
Ella empezó a lagrimear, sentía la cara todo caliente. Una gruesa lágrima rodándole por la mejilla, el sueño la había abandonado. Se deshizo de sus pantuflas y trepó a la cama. Mantenían unos centímetros de distancia con él, conectados por las manos.
Poco a poco Dave volvía a abrir lo ojitos en la penumbra de la noche.
—¿Sabes? Desearía que me hubiera pasado a mí antes que a ti… así ahora no estuvieras así sintiéndote tan terrible. No lo soporto.
El menor el menor hizo gesto de desaprobación, movía de un lado a otro la cabeza frenéticamente. Se abalanzó hacia ella aferrándose a su cuerpo en un abrazo desesperado.
—¿Y tú crees que yo podría soportar que te pase esto?
Gretchen dio un respingo.
—Perdón hermanito, solo que… quisiera que no estuvieras pasando por esto y no sintieras esto. — Dijo entre hipidos. — No, no debería pasarle a nadie—. Reflexionó y recostó a Dave en la cama.
Fue por un par de toallas húmedas y le limpió el rostro y él cuello sudoroso, le acarició las mejillas y le dijo que era bueno que cerrara los ojos un rato. En él solo persistían hipidos y la viscosidad en su nariz que por breves instantes le molestaba demasiado.
—Quédate aquí—. Pidió él.
—Okey, me quedaré aquí—. Dijo y se recostó a su lado.
—Abrázame, hermana abrázame—. Pidió aquello recostándose de lado hacia la pared de almohadas que formó.
Ella lo abrazó y se quedó quieta esperando a que se durmiera. Sin que él se lo pidiese empezó a tararear una canción muy calma, siguió tarareando hasta cuando ella se durmió, incluso, primero que Dave.
Fuera de la habitación, dos padres se mantuvieron quietos escuchando; Hanji tenía las manos cubriendo su rostro congestionado y Levi que mantenía una efímera máscara de quietud.
…
Prácticamente lo acompañó durante la revisión médica que le practicaron ese día como parte del proceso de investigación y que el médico diera parte certificando las señales visibles en su cuerpo. Era un hecho el que Dave había desarrollado un miedo generalizado si se encontraba solo con alguien desconocido, como el médico, por ejemplo.
Le siguió la evaluación psicológica y la entrevista forense, el testimonio de los hechos por adelantado para el proceso judicial en curso. Incluso, dentro de estos procesos pidió siempre la compañía de Gretchen, y ella se mantenía sentada, silenciosa, alejada en una esquina de aquella oficina.
La experta en ciencias de la conducta estaba frente a su hermano, un tablero con hojas y un lapicero más una grabadora de audio en una mesita cercana. Parecía como si su papel, aparte de protector, era el de una observadora —se lo adjudicó sola— por lo que creía representaba. Veía y no veía, escuchaba y no lo hacía, estaba haciendo esas dos conductas sin hacer en realidad, pues, estaba metida en las memorias frescas de aquel testimonio:
«Le dije que por favor parara, se lo dije en por favor y no lo hizo. ¡es horrible! ¡Quise gritar por ayuda!»
—El maestro continuó a pesar de que yo le dije que eso no estaba bien—. Dijo y siguió un hipido. — Y me dijo que debería callarme.
«Me hizo ver su cosa horrorosa y tocarla. ¡Me obligó! Y me cacheteó porque yo me rehusé».
—Si, señorita. También eso pasó y me agredió con golpes no tan fuertes, pero… temía que si fueran más fuertes.
«No lo sé hermana… creo que finalmente me rendí a dejarme porque creí que no podría hacer nada. Me doy cuenta de que fue estúpido. ¡Debí estrangularle el pene!».
—Hasta ahora no entiendo por qué lo hizo, siempre pareció un maestro muy preocupado por mí o solo… era para convencerme.
«No sé cómo decírtelo… sí también hizo eso y me moví porque no quería eso y me giró de espaldas y me bajó el bóxer… hizo mucha presión para que no me moviera y sentí un dedo ahí».
—No, no fue eso. Y—yo nunca quise que eso pasara.
«Sentí que iba a poner algo más ahí, y entonces comencé a gritar y luego escuché las patadas en la puerta y fue cuando se asustó y me dejó. Me sentí aliviado cuando vi que era mi padre».
Ambos, el diálogo presente y el recuerdo se mezclaban en su mente, cansada también.
¡Hola! Gracias por leer, votar y dejar un comentario.
Vamos a revisar rápidamente algunas instancias producto a la exposición a un evento que causa desconcierto. Primero tenemos el TEA (Trastorno de estrés agudo) y el TEPT (Trastorno de estrés post traumático) el TEA es el antecesor al TEPT, si no canaliza de manera adecuada las emociones de impacto que generó el evento en la persona es muy probable que desarrolle el TEPT, ambos trastornos mantienen síntomas y signos similares, su diferencia radica en la extensión en el tiempo de los síntomas y signos, es decir, si sobrepasa aproximadamente seis meses debe considerarse muy grave y es necesario la asistencia de un experto.
LeviHan: parece que no sirve el enlace :/ y respecto a su pregunta creo firmemente que en hondo y ancho mar de emociones y sentimientos Levi lo dijo en muchos sentidos, tanto como porque en ese momento se sentìa morir y necesitaba un verdadero apoyo que, indudablemente, lo encuentra en Hanji y... tambièn apelo a su afectividad de hombre. :)
05/10/2020
