Parece que la historia se repite, el especial de halloween 2019 estuvo basado de una pesadilla que tuve, y este no es diferente, la tuve durante la noche del 30 de Octubre, el mismo día en el que empecé a escribir esto, ¿a que es curioso?

Multiverso.

One-shot.

Especial de Halloween.

"Departamentos carmesí"

Au: Storyshift.

Dato: el título original de esta historia era "La luz carmesí"

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-[Fragmento 1: un treinta y uno de octubre]-

El color naranja del fuego emanando de la madera, junto a las chispas que emitía ambientaban la oscuridad de la noche; a un año y pocos meses del subsuelo, los monstruos más relevantes en la vida del pequeño embajador que había traído dicha a sus vidas con su viaje se reunieron en una fecha para nada habitual en sus vidas, el 31 de Octubre, donde Halloween predominaba en gran parte de las culturas.

Sosteniendo un malvavisco ya perfectamente cocinado, Asriel sonrió con ilusión, llevándose el dulce a la boca para poder masticarlo bajo la atenta mirada de sus familiares; "chomp chomp chomp, glump", una vez acabaron sus mordidas y tragó aquella delicia, observó los rostros de Asgore, Toriel y Chara, un tono rojizo plagaba sus mejillas.

"¡Está delicioso, Frisk decía la verdad!"

Clamó el antiguo protector de Snowdin, su voz resonando por el oscuro bosque cual eco. La luna estaba llena en su totalidad, habiendo optado por un campamento cerca de la ciudad -pues conocían el bosque como nadie- la familia Skeleton invitó a los Dreemurr y estos a Undyne, a su vez, la actriz se trajo a su novia arrastrada de la cola, quien por obvias razones, estaba ya vestida para la ocasión.

El único que, irónicamente, se había disfrazado, fue su rey: Sans tenía un parche en un ojo y un sombrero de pirata, pero de resto, seguía portando esa horrible camisa hawaiana color celeste y esos shorts color verde.

Orgullosa, la octava caída observó al bello durmiente; Frisk, al ser tan pequeño, se había dormido usando las piernas de Papyrus como almohada tras haberse llenado la panza con una calabaza entera de dulces, habían salido temprano todos juntos, pero Papyrus, muy al contrario de la antigua capitana, no le prohibió a su hijo adoptivo el llenarse el estómago hasta el hartazgo con las delicias azucaradas.

Chara: Claro que Mirror tenía razón, siempre la tiene Azzy -contestó su hermana mayor, colocando su mano en la cabeza de Frisk, moviendo cariñosamente sus dedos en un toque suave, el chiquillo se removió un poco entre sueños, haciendo a la fémina detenerse con los dedos cerca de sus orejas. Al no sentir más movimiento, Frisk volvió a quedarse quieto, haciéndola retirar su mano.

[Pederaaaaastraaaaa~]

Canturreó Mettacrit, apareciendo detrás de su némesis con una sonrisa de oreja a oreja. Rosa y rojo se encontraron, una burlesca, la otra furiosa. Chara contuvo sus deseos de clavarle sus cuchillos al espíritu de la morena, optando por prestar atención a otra cosa: sus ojos viajaron hasta el cielo, de igual forma lo hizo el cuerpo espectral, interrumpiendo su vista. La antigua hermanita de Papyrus y Sans gozó de ver entre los mechones marrones de su frente, una vena latir.

Estaba cabreada.

La jueza, por su parte, entrecerró los párpados para ver más allá, notando unas pequeñas partículas naranjas a lo lejos.

SSSSPRAT SSSSPRAT

Las explosiones no se hicieron esperar, captando la atención del grupo entero. Papyrus cubrió los oídos de Frisk con unas ojeras que había preparado para si en caso de que a su hermano se le ocurriera contar chistes: justo como en el año nuevo, los humanos en la ciudad empezaron a lanzar fuegos artificiales, en esta ocasión, colores variopintos y figuras en post de la ocasión.

Los brillos que traían consigo las explosiones se reflejaban contra el cristal de los lentes de Alphys. Undyne poco a poco curvó sus labios, alegre por la ocasión, rodeando el pequeño cuerpo de su novia y fanática más grande. La sábana que traía puesta ocultó el color rojo de su piel, pero la nubecita de vapor creada por su vergüenza era otra historia.

El guardián de las ruinas y la capitana, no obstante, reaccionaron de una manera similar poco después de iniciados los fuegos artificiales: Papyrus se acercó el brazo al rostro, sus cuencas viendo el reloj alrededor de su muñeca para intentar ver la hora. Ya era demasiado tarde, con solo alzar la mirada, Toriel y él entendieron mutuamente el mensaje.

Era hora de irse a dormir.

Toriel: Bueno queridos -dijo la madre cabra, poniéndose de pie para mirar a Chara y Asriel, Papyrus de igual forma se levantó del tronco en el que estaba parado no sin antes sujetar a Frisk entre sus brazos con extremo cuidado para no despertarlo- ha sido una buena noche, pero deberían irse a dormir; mañana tenemos trabajo y ustedes tienen escuela.

Fastidiado, Asriel empezó a quejarse, alegando que quería quedarse despierto para seguir viendo los fuegos artificiales. Pero sus plegarias no fueron escuchadas, tanto su hermana como su madre dirigiéndose a la cabaña en donde dormiría la familia esta noche, iban a levantarse temprano todos para irse a sus hogares respectivos, por lo cual madrugar era una obligación.

Poco a poco, el círculo que habían formado todos empezó a deshacerse, hasta que casi no quedó nadie. El científico real, Asgore Dreemurr, pegó un suspiro, sus ojos aún fijos en la llama, caliente, brillante como la suya, iluminando en la oscuridad. Oscuridad que lentamente tomó control del lugar, cuando la última chispa murió, el rubio parpadeo, saliendo del trance en el que estuvo atrapado.

Estaba solo, y los fuegos artificiales habían cesado por completo. Probablemente su mujer y sus dos hijos ya se encontrasen en las tierras de Morfeo. Colocándose de pie, se dispuso a ir con ellos, más no lo hizo al ver, intrigado y sorprendido, una pequeña cubeta con una caña de pescar, una cajita de plástico con gusanos y un gorro. Ajustándose los lentes, acercándose un poco, pudo distinguir el papelito con la indiscutible letra de su esposa.

[Gorey, me tomé la libertad de traerte tu caña de pescar, tu carnada y una cubeta cuando Papyrus me dijo que habría un lago. No te quedes hasta tarde querido, ¿si?. con amor, tu esposa. -Toriel.]

Asgore: Tori... -la cara sonriente de su esposa le calentó el corazón. Toriel siempre había sido amable y dulce con él, algo que adoraba de todo corazón. Era su mundo entero, y siempre estaría agradecido con aquel pequeño ángel que, de la manera más desinteresada posible, dio su mejor esfuerzo no solo para unirlos nuevamente, sino también para reparar su familia destrozada.

Frisk había salvado a los Dreemurr.

Tomando con una mano su sombrero, se lo colocó: sus cuernos habían dificultado la tarea, pero jalando del material un poco consiguió meter sus cuernos a través de los agujeros hechos para monstruos de su índole. Sintiéndose joven, emocionado y revitalizado, el brillante padre de familia se dispuso a realizar su hobbie favorito.

Caminando hasta el muelle, el sonido de la madera crujiendo al ser pisada le trajo un sentimiento de familiaridad. No había silla alguna en la que pudiera sentarse, pero para alguien como Asgore, que tan familiarizado estaba con la pesca, no era impedimento alguno. Sentándose tras cruzar las piernas, abrió la caja donde estaba su carnada y clavó el anzuelo en el gusano desafortunado.

"Lo siento, pequeña criatura..."

Fueron sus disculpas, apuntando su caña hacia atrás, sus dedos sujetaron fuertemente la susodicha y luego lanzó hacia adelante; el carrete dejó el hilo correr, perdiéndose entre la oscuridad y la lejanía, cayendo de manera lenta en dirección al agua.

Plop~

Hasta que se sumergió. Ahora tocaba el juego de la espera.

Pensativo, el rey de ojos color carmesí observó a su única compañera a estas horas; la luna, en todo su esplendor, le hacía el favor de iluminarle y acompañarle junto a sus hijas, las estrellas. Asgore permitió a su consciencia abrir puertas de reflexión, pensar sobre su vida, sus acciones y todo lo que le había conducido a este preciso momento.

En medio de la noche, solo mientras sus conocidos dormían, pescando en la superficie. ¡En la superficie!, hacía dos años había estado con la presión, los nervios y el temor como pan de cada día, llorando noche tras noche por familias que, como la suya propia, clamaban mediante cartas y más cartas saber de sus familiares. ¿Cómo quería el Asgore de aquel entonces demostrar amor a sus hijos, mirar esos rostros, cuando había hecho atrocidades como aquellas?

No podía.

Toriel lo había abandonado, y Undyne se había vuelto en su única compañía. La única que sabía de sus horribles atrocidades, pero ni aún con eso consiguió apartar a los demonios que habitaban su consciencia. El suicidio, por muy crudo que sonara, era algo en lo cual había estado pensando demasiado, pues el haber fracasado como científico, como esposo, como marido y peor aún, como padre, eran verdades insoportables.

¿Qué habría hecho si Frisk jamás hubiese llegado a sus vidas?, ¿qué habría sido de todos ellos si hubiera muerto o jamás cruzado aquellas puertas?

Las respuestas eran muchas, ninguna buena.

Negando con la cabeza, el hombre cabra se quitó sus lentes, dejándolos a un lado de su pierna izquierda. Sus dedos sujetaron el carrete y empezó a jalar, buscando atraer a cualquier pececillo en busca de alimento. El sonido de la caña de pescar al enrollarse poco a poco le trajo tranquilidad. Podía escuchar un grillo por alguna parte, incluso juró oír un pez saliendo del agua algo cerca suyo, indicándole que había elegido el momento perfecto.

Tan ensimismado y confiado se encontraba, que olvidó abrir los ojos.

Poco a poco el sonido se detuvo, y el anzuelo también lo hizo. Asgore Dreemurr, pensando en el calor de su amada familia reconstruida, en su vida, en el niño que los salvó a todos, y en lo feliz que era actualmente, se quedó dormido en plena noche del 31 de Octubre.

Tal vez había sido por la época, tal vez por pensar en su pasado, en los "y si hubiera" o quizás fue algo más.

Pero esa noche, el científico real de Sans el esqueleto iba a tener un viaje bastante estresante y húmedo.

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-[Fragmento 2: El faro rojo en la tormenta negra]-

TAP TAP TAP

Los pasos que daba eran pesados, pese a andar cubierto por un suéter y un impermeable sobre si mismo, el frío aún así era insoportable. Con una mano sosteniendo el gorro amarillo cubriendo su cabello, evitaba que el viento se lo llevase. Ahora mismo era que deseaba estar en su etapa adulta para poder tener cuernos grandes en lugar de los dos actualmente pequeños.

Girando la cabeza, observó complacido como la barandilla color carmesí cubierta de gotas heladas estaba cerca suyo; de todas las entregas que había hecho hasta la fecha, esta era la más extraña. Soltando su gorro -y confiando en sus cuernos para mantenerlo en su lugar- se sujetó de los fierros carmesíes, su pelaje mojado se empapó aún más, pero al menos se sentía más seguro.

Nunca había estado en un lugar tan extraño. Pues aquél sitio, aquellos departamentos, esa plataforma de metal, todo parecía un pequeño embarcadero. El rubio observó el mar debajo de sus pies; el agua se movía de manera agitada, la luna no se veía por ninguna parte, oculta gracias a las nubes tan oscuras como el carbón. Las olas, no obstante, si estaban moviéndose, aunque de manera calmada.

El como aquellos hogares no se caían hasta perderse en el fondo del mar era un misterio.

Asgore se alejó de las delgadas barras metálicas, observando la bolsa de papel que todo este tiempo había sujetado en su mano derecha. El calor emanaba de los alimentos todavía, quizás por eso le habían elegido para aquel trabajo, debido a su afinidad con el elemento fuego, o solo fue una cruel broma del destino. Fuere como fuere, según el número escrito, debía ir a la puerta 27.

"Esto no me da buena espina... pero trabajo es trabajo..."

Negando con la cabeza, empezó a caminar. La primer puerta no era, claro que no, el mundo no estaba de su parte aquella tormentosa noche. "En renovación" decía el primer departamento, cuyo número era el 4. Frunciendo el ceño, Asgore continuó caminando, extrañándose aún más por lo raro del asunto y del como estaban construidos aquellos hogares.

Pues, en lugar de estar unidos todos como un complejo de departamentos normal separados por paredes internas, literalmente estaban separados por pequeños espacios por los cuales sin temor alguno, podía jurar era capaz de pasar a espalda pegada. ¿Qué clase de rara obsesión tenía el dueño por el color rojo?, puertas rojas, paredes rojas, incluso los tres focos que alumbraban ese extraño lugar eran rojos.

Nada tenía sentido ahí, lo que reforzaba algo que Asgore ya sabía: aceptar ese encargo fue un error.

Swsshhh~

El ambiente cambió de manera súbita para el joven repartidor. Ya no era solo la incomodidad que le causaba estar en ese lugar, ahora además también se sentía observado. Guiándose por sus propios instintos, miró hacia atrás, hacia el mar, donde solo le recibió el eterno horizonte de agua mugrienta, nubes negras y olas caóticas. Nada había allí que pudiera lastimarlo.

O eso habría pensado, de no ser porque pudo verlos.

Dos puntos dorados diminutos, como faros, saliendo del mar en la lejanía. Algo le estaba mirando con visible hostilidad, la suficiente como para hacerle sentir escalofríos, los cuales indicaban una gran verdad, que le hizo palidecer, perdiendo los pocos colores saludables de su natural pelaje blanco: la distancia que le separaba de esos ojos no significaba nada.

Estaba en un grave peligro, y debía irse de inmediato.

Pero llevado por un sentimiento del deber junto a un anhelo por cumplir su encargo, se atinó a correr hasta el final de la plataforma, a la última puerta. Ahora, por los nervios y el terror que tenía, pisaba tan fuerte que hacía resonar y temblar el metal en cuestión, quizás despertando a alguno que otro residente, aquella idea si cruzó por su cabeza, no tenía importancia alguna.

Entrega el encargo y vete, entrega el encargo y vete, entrega el encargo y vete

Se decía a si mismo en sus pensamientos, viendo el final de su calvario más cerca. Estando frente a la última puerta, se topó con la luz al final del túnel; el último departamento era, efectivamente, el número 27. Suspirando con gusto, como si hubiera perdido un peso de sus hombros, Asgore se ajustó sus lentes antes de tocar la puerta tres veces.

TOC TOC TOC

Sus nudillos golpearon suavemente la madera de la puerta, imponiéndose incluso ante la constante lluvia. No hubo respuesta al inicio, lo que le puso nervioso de nueva cuenta, lo suficiente como para voltear hacia atrás esperando ver a lo que sea estuviese acechándole listo para lanzarse a comerlo.

Y no estaba allí. Los ojos que anteriormente estaban enfocados en él, habían desaparecido como si nunca hubieran existido. Quería creer en ello, pero no podía. Asgore tal vez fuese joven, tal vez fuese un repartidor muy mal pagado, pero estúpido si que no era. La criatura marina había sumergido su ser, ahora solo le quedaba confiar en el destino y que su cliente abriría la puerta antes de que fuera transformado en alimen-

Cliink~

"¿Qué se te ofrece hijo?"

Era un anciano humano. No un monstruo, como había estado teorizando todo este tiempo. Pocos eran los que pedían algo de comer preparado en un restaurante que no fuese de su raza; las relaciones entre ambas especies estaban tensas, por lo tanto era una auténtica barbaridad el pensar en algo como esto, pero la realidad estaba frente a sus ojos.

Tímido, el chico cabra alzó su paquete, preparándose para hablar.

Asgore: V-Vengo del restaurante Mitzuchike, s-señor... me mandaron a entregar esta orden a este lugar, con el número de su puerta -contestó, ofreciéndole la comida. Su voz había flaqueado, ya fuese por la timidez o el miedo de su depredador, Asgore estaba visiblemente perturbado. Su cliente pareció notarlo, porque su arrugado rostro cambió a una expresión de preocupación, pero también sorpresa.

"Hijo... yo no he pedido comida esta noche"

Tuvo ganas de vomitar en ese preciso momento. ¿Acaso había escuchado bien, o finalmente había perdido la cordura?... si, había oído bien; ese pobre hombre le había contestado con la peor respuesta posible. ¿Qué estaba haciendo allí entonces, si todo había sido una vil mentira?, ¿qué iba a decirle a su jefe al regresar al restaurante sin el dinero?

El señor Mitzuchike era un pulpo bastante amable, pero si había algo que odiaba, eran las devoluciones. Usando su imaginación desenfrenada, Asgore se vio a si mismo siendo despedido, incapaz de continuar con su carrera científica, toda su vida iría en picada.

Ahora sí que estaba en problemas...

El anciano aún de pie en el marco de su puerta, llevó su mano derecha a la gorra que usaba para cubrir su blanca cabellera desteñida, permitiéndose a si mismo ver a aquel extraño monstruo; debía tener unos dieciséis años, y mucha presión emocional por lo que reflejaban sus movimientos corporales y su mirada. Le temblaba el cuerpo, por como andaba vestido era imposible que fuese aquella infernal lluvia.

Era conmovedor.

Tanto, que era incapaz de rechazar el tenderle la mano.

"Uh, pero... podría comer algo antes de irme a dormir, soy un comedor nocturno, ¿sabes?"

Los ojos del rubio se iluminaron en emoción ante sus palabras, trayendo un sentimiento de satisfacción al alma de aquel hombre. Alzando los dedos de su palma en señal de espera, se adentró en las profundidades de su departamento, desde donde estaba, Asgore fue incapaz de ver algo, pero pudo escuchar claramente sonidos de puertas pequeñas abriéndose, probablemente alguna estantería, porque para cuando regresó, traía una billetera muy maltratada consigo.

"¿Cuánto es?"

Quince dólares fue su contestación, y sorprendentemente, Asgore recibió diecinueve. Alzando la cabeza al no comprender, se encontró con una mirada cálida, que le hizo olvidar por completo todo el hostil ambiente entre su especie y la de aquel adulto, junto a los temores que hacía rato estaban plagando su ser como cucarachas. Asintiendo en señal de que podía quedárselos, tomó su ahora comida con su otra mano.

La despedida fue un hasta pronto, para luego la puerta cerrarse en frente suyo. Alegre, miró esos cuatro billetes -eran totalmente suyos, de nadie más- como si fueran un tesoro. Había valido totalmente la pena todo lo que había tenido que soportar hasta ese momento, desde haber corrido en plena noche tormentosa, hasta haber pasado por el miedo de creer que algo le estaba siguiendo.

Suspirando, satisfecho, Asgore Dreemurr se dio la vuelta para salir de aquel sitio, de regreso a tierra firme para regresar a su lugar de trabajo con buenas noticias, una cama caliente le esperaba luego de recibir su salario por otro trabajo bien hecho.

La realidad se encargó de arrastrarlo de regreso a la tenebrosa, fría y oscura noche en la que estaba atrapado.

"Grrrrg"

Emitiendo un gruñido grave y bestial, Asgore vio a unos cuantos metros la cosa que había estado tras su cuerpo todo este tiempo. Lo oscuro de las nubes, junto a los resplandores carmesíes que tenía en frente suyo solo le dieron una apariencia más aterradora, pues tenía unos tonos oscuros que, acompañados por esa larga hilera de dientes y esos brillantes ojos color oro, daban un resultado pesadillezco.

Con los párpados abiertos a más no poder, lo único racional que atinó a hacer fue llevar muy lentamente su paga al bolsillo más profundo de su impermeable, protegiéndola de la lluvia o de posibles pérdidas. ¿Qué podía hacer ahora?, ¿correr?, tanto él como su monstruoso acosador estaban quietos, como estatuas.

Estaba esperándolo a él.

¿Sería una cosa racional, o una bestia guiada por sus instintos más básicos?... por como le miraba, probablemente era una mezcla de ambos.

Fuera como fuera, no iba a ser comido por una abominación acuática esta noche. Mirando hacia la derecha, empezó a evaluar su situación; la salida estaba bloqueada por el cuerpo de esa monstruosidad, así mismo, esperaba un movimiento brusco para saltar sobre él y comérselo de un solo mordisco. Entonces, su brillante genio hizo click cual interruptor de luz.

Los espacios entre los departamentos

Lo suficientemente grandes para que pudiera pasar con la espalda pegada, pero también lo suficientemente pequeños como para que su adversario si intentaba pasar -cosa que muy seguramente haría- terminase atorado sin posibilidad de escapar. Envalentonado por su nueva estrategia, Asgore comenzó a caminar lento cual tortuga, esperando no alertar a su rival.

"Vamos... por aquí..."

Dijo para si, metiendo la mano y la pierna izquierdas en la sección, pero no pasando aún. En su lugar, observó otra vez a la cosa, que en sus cuatro patas, comenzó a caminar lentamente hacia él, justo como había planeado. BUMP BUMP, BUMP BUMP hacía su corazón, tragando saliva, Asgore ignoró por completo los golpes metálicos que hacían aquellas patas, si él no se alteraba, aquello tampoco.

Cerró los ojos, y finalmente metió el resto de su cuerpo en el pequeño hueco. Era un lugar estrecho, si hubiera sido un poco más gordo, no habría cabido. Quedar atorado ahí hasta la mañana, con eso a su alrededor, era un pensamiento aterrador. Moviéndose rápidamente una vez estuvo fuera de su vista, empezó a arrastrarse buscando pasar al otro lado.

El gruñido que venía desde su derecha se oyó cerca. Había llegado a donde él estuvo, pero ya era tarde.

Una vez sus dedos blancos salieron, se agarraron fuertemente de la esquina, jalándose a si mismo hacia afuera. El sentimiento de libertad invadió a Asgore junto a la victoria, lo había conseguido, estaba en el otro lado del complejo. Por un momento tuvo la estúpida y loca idea de intentar saltar; poner sus pies en la barandilla y brincar para llegar a tierra firme, pero si caía al agua, ya podía dar por asegurada su muerte.

Tenía que llegar a las escaleras.

Antes de caminar nuevamente, miró al hueco del cual emergió, encontrándose con una sombra negra enorme, cuya única luz dorada le observaba con un odio inconmensurable. Estaba del otro lado, observándole.

"GRRRRR"

Y tenía mucha furia dentro de si, por lo que había hecho.

Habría disfrutado su victoria con un insulto, pero era más listo. Volviendo a caminar, Asgore se apresuró para llegar a los últimos departamentos de aquel lado, buscando repetir la misma técnica, esta vez cerca de la escalera, luego saldría corriendo a toda velocidad, dejando atrás a ese animal infernal.

SCRRRCCSHHHH~

O eso hubiera hecho, de no ser por los sonidos a sus espaldas. Estupefacto, temiendo lo peor, volteó para presenciar el horror absoluto; el hocico y patas delanteras se estaban asomando por donde había cruzado, buscando pasar al otro lado. Horrorizado, Asgore comprendió que había calculado mal el tamaño de esa cosa, era lo suficientemente persistente como para aprovechar la humedad en su ser e intentar pasar.

No iba a atorarse, iba a cruzar a donde él estaba.

Buscando ponerse a salvo otra vez, se metió en el siguiente hueco; de los cinco departamentos, solo quedaban tres. Su mejor alternativa era el hueco más cercano, para su desgracia, era demasiado rápido. Haciendo movimientos bruscos, el rubio volvió a apegarse entre ambas paredes, respirando de manera agitada: primero un brazo, luego la pierna, después el resto del cuerpo.

Sus movimientos actuales no se comparaban en nada a los primeros, donde tenía tiempo de sobra. Aquí, debía cruzar primero o sería transformado en cena. Su pelvis se movía de adelante hacia atrás al mismo tiempo que sus piernas le llevaban al otro lado, por las fuertes pisadas y los gruñidos desesperados, ya casi había terminado de cruzar, le había visto inmiscuirse otra vez.

"GRAAARGGG"

Sus lentes, por lo bruto que estaba siendo, se cayeron. Hubiese querido recogerlos, pero eran aquellas gafas o la vida, desición que no tuvo necesidad de reflexionar. Dreemurr finalente tomó la esquina de la siguiente pared, jalándose con todas las fuerzas que tenía para huir. Su cuerpo salió fuertemente de su escondrijo, producto de la adrenalina y fuerza empleadas.

Cayó al suelo, lastimándose las rodillas ligeramente por lo empapado que estaba y lo duro de su aterrizaje.

En lugar de quejarse, se puso de pie inmediatamente, no volteando a mirar atrás.

Correr, correr, tenía que salir de ahí; la escalera estaba a solo unos cuantos metros. Los pelos dorados de su melena le advirtieron mediante nervios que su tiempo se iba agotando rápidamente, los gruñidos estaban haciéndose más fuertes junto a los rasguños, ya casi había terminado de cruzar al lado en el que él estaba. Era rápido, demasiado.

Pero esos breves segundos, esos tan preciosos segundos de ventaja que tuvo, le dieron la victoria.

Sus pies entraron en contacto con los escalones, alzando la cabeza, el joven monstruo empezó a mover las piernas hacia adelante, subiendo a todo lo que daban sus músculos. El frío metal se transformó en tierra, e inmediatamente comenzó a correr sin pensar. Por lo tarde que era y el clima, nadie estaba en las calles a esa noche, su único refugio era el restaurante de su jefe, pues su hogar estaba demasiado lejos.

Ahora la carrera había comenzado.

Desde atrás, habiéndose escurrido por segunda y última vez, la bestia emitió un rugido de guerra para indicarle a su presa que había iniciado su cacería: sus patas empezaron a moverse una tras otra, saliva escurriéndole desde las profundidades de su dentadura, cayéndose conforme corría siguiendo su olor, el olor del miedo y el terror desenfrenados.

Moviendo los brazos hacia adelante y hacia atrás junto a pasos agigantados, que casi parecían zancadillas, Asgore empleaba todos los medios a su alcance para mantener su ventaja.

Estaba aterrado, eso era obvio; sentía su alma salírsele del pecho, sus lágrimas se mezclaban con la lluvia pegándole en la cara, y se maldecía a si mismo por nunca haber aprendido a hacer algo más que calentar sus manos.

Si tan solo Toriel estuviera aquí.

Oh, Toriel, mujer tan majestuosa, bella, poderosa y bella. Su opuesto en todos los sentidos, él un cerebrito, ella la mejor maga de la escuela, el orgullo de todos los maestros, con las mejores calificaciones y mayor creatividad... una guerrera en todos los aspectos. ¿Qué haría Toriel en esta situación, perseguida en plena noche por un horrible monstruo?

Correr, ciertamente no. Se daría la vuelta, usaría esa lanza de fuego que tanto la caracterizaba, e iniciaría su contraataque.

"GRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARG"

Pero ciertamente, Asgore no era un guerrero. Nunca lo había sido, y nunca lo sería. Era un inventor, un cobarde, temeroso, tímido y asustadizo inventor. Dientes empezaron a rechinar producto de la frustración, casi podía sentir el aliento de esa cosa en su espalda, respirándole con un vapor caliente que marcaba la hora de su muerte. Necesitaba algo más, un obstáculo, ¿pero dónde?

¿Dónde, cuando todo lo que veía eran calles, calles y más calles?

Mirando hacia la derecha para encontrar algo que le ayudase a saber donde estaba, se topó con una pared muy conocida para él; un grafiti iluminado por una farola cercana mostrando a un esqueleto de vestimentas negras, sosteniendo a dos pequeños. El difunto rey Gaster, y sus pequeños herederos Sans y Papyrus, el memorial que habían hecho unos grafiteros humanos hacía unas cuantas décadas atrás.

Reconocía esta calle, era la llamada "Rutshenmore", un sitio donde los jóvenes salían a jugar luego de clases, a correr, a drogarse, a esconderse... pero lo más importante de todo, era que venían a jugar fútbol a una cancha enrejada que siempre estaba abierta día y noche durante el verano.

Esa era su esperanza.

Extendiendo el brazo para sujetarse de un poste, el espécimen masculino usó el impulso de su carrera para girar en la dirección que quería con mayor velocidad, lastimándose un poco la planta de los pies al deslizarse en el pavimento. Aún así, siguió corriendo, observando la inconfundible silueta de la cancha en cuestión a pocos metros de distancia, gracias a una farola algo dañada que alumbraba en un tono naranjo su cercanía.

"GRRRRRRRRR GRRRRRRRR GRRRRRRRRRR"

Estaba pisándole los talones.

Alzando más las piernas al recordar las clases de educación física, Asgore dio zancadillas, su sombrero salió volando de su cabeza al no aguantar tanta velocidad, pero para este punto, ya le daba igual si se le perdía algo, todo era reemplazable salvo su pellejo. Justo como creía, la reja estaba abierta para cualquier grupo de jóvenes deportistas buscando pasar un buen rato.

Aunque él iba a usarla para otros fines.

Entró rápidamente, y se dio la vuelta, tomando con fuerza los barrotes. A lo lejos, la bestia se acercaba a él, Asgore vio sorprendido como se movía de forma rápida, pese a ser tan grande, era igual de veloz. Frunciendo sus doradas cejas, empezó a correr agarrado de su protección, buscando cerrarla. El monstruoso, como si supiera lo que trataba, rugió en furia, frustración y apetito, incrementando el paso.

Era complicado. Le ardían la planta de los pies, y el asfalto estaba terriblemente resbaloso.

Pero con todo en su contra, con el mundo queriendo verlo transformado en un trozo de carne, el chico cabra usó toda la fuerza que poseía para cerrar la puerta.

WWWRRRAAAM~

Haciendo temblar todas las paredes de la cancha en el proceso con un sonido metálico producto de la vibración.

No perdiendo tiempo, el estudiante volvió a retomar la carrera, esta vez yendo directamente a la salida, la calle Rutshenmore estaba a unas cuantas cuadras de su lugar de trabajo, solo tenía que salir de allí, doblar hacia la izquierda en el siguiente cruce e ir derecho hasta ver el letrero de neón que había puesto su jefe. Iba a lograrlo, solo necesitaba esforzarse un poco más.

Todo el horror iba a terminar como llegara a la puerta para cerrarla.

"¡AH!"

Se había resbalado.

Cayendo de cara al duro y frío suelo, un dolor brutal fue el resultado de su cuerpo mojado; su nariz se había roto gracias a la velocidad a la que iba, y aparentemente, uno de sus ojos había resultado dañado también.

No importaba, nada importaba. Solo tenía que ponerse de pie y seguir corriendo.

Llevando sus brazos en frente suyo, Asgore se puso en cuatro patas, dispuesto a levantarse para seguir su ruta.

"GRRRAAAAARG"

Pero no lo hizo.

Pudo sentir el calor característico de las lágrimas claramente, secándose en su rostro cuando tocaron su húmedo pelo. Al voltear, se topó con lo que más había estado temiendo; atrás de él, esos enormes luceros amarillos y ese centenar de dientes blancos le recibieron, junto a un par de pupilas rasgadas como si se tratara de un felino, pero esa cosa no tenía ni una característica gatuna salvo aquella.

A la luz de la luna, siendo empapado por la lluvia y la sangre escurriéndose por su nariz, finalmente pudo ver de qué había estado huyendo toda la noche.

Un reptil.

Un enorme, gigantesco, grotesco, aterrador y horrible reptil a cuatro patas, dos veces más grande que él.

"Ah.. A-a-ah..."

Chillidos.

Por primera vez en mucho tiempo, fuera de su laboratorio, Asgore Dreemurr deseó estar entre los brazos de su madre, Telania Dreemurr. Los músculos de su cara empezaron a moverse, formando el terror absoluto; sus labios temblaban de arriba hacia abajo, al presenciar esa expresión fría carente de emociones. Podía ver reflejado en esas pupilas amarillentas su cara.

Eres un trozo de carne

Le decían esos ojos, el alma de ese animal. ¿Había pasado por la reja con su enorme y gran peso?... no. Gracias a los rayos lunares que se filtraban entre las nubes no tan espesas, pudo ver algunas cuantas heridas superficiales en las escamas verdosas; había embestido con todo su poder aquella barrera, probablemente mientras él estaba pensando en qué dirección debía tomar.

¿Podía sonreír?

¿Esa cosa sabía sentir emociones?, ¿disfrutaba de su temor?... nunca lo sabría. Simplemente le miraba, de pie, en el piso frente a él, a sabiendas de que no tenía escapatoria.

Iba a morir.

Asgore lo sabía, y ese animal también.

Todo iba a terminar de la peor manera posible, porque pocos eran los animales que consumían presas muertas... sería comido vivo, pulverizado y triturado por esos colmillos como si fuera un caramelo, no iba a tener problema alguno en hacerlo picadillo.

Apretando los puños, cerró los ojos. Llorando en silencio al sentir el horrible aliento con olor a muerte pegarle en la nariz.

Se arrepentía de muchas cosas, aquel pobre monstruo que moriría joven. El nunca haber vuelto a hablar con su padre luego de que los abandonara a él y a su progenitora, pese a sus insistencias de querer mantener una relación padre/hijo, nunca haber aceptado salir con sus compañeros solo para estar sepultado bajo un libro de física cuántica hasta altas horas de la noche, ni haber hecho más amigos.

Pero sobre todas las cosas... de lo que más se arrepentía, era no haberle entregado esa carta escrita anónimamente a su amada Tori.

Lo último que escuchó, fue el rugido triunfal de su asesino, junto a el como abría las mandíbulas para reclamar su premio.

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-[Epílogo: Feliz Halloween]-

SPLASH

El agua entrando por sus fosas nasales le hizo abrir los ojos y reclamar por aire. Gimiendo bajo el agua, el científico real se apresuró a nadar hasta la superficie luego de notar como había caido al lago, desorientado. Sus piernas y brazos se movieron, guiándose por la luz lunar para llegar hasta la superficie, su nariz fue la primera en salir, cual pescado, lo primero que hizo fue abrir la boca, no para comer sino para respirar.

"AHHHHHH"

Jadeó, tomando una larga bocanada de aire. Aunque luego de ello, se puso a toser repetidamente, más por costumbre, se llevó las manos a la cara pensando en sus gafas, ¿habían caído al fondo del lago cuando cayó?, no era la primera vez que terminaba cayendo al mar por haberse dormido en el muelle, era uno de los constantes peligros que sufría al ser un pescador nocturno.

"Toma cerebrito, seguro buscas esto"

La voz femenina a medio robotizar de Undyne le dio la bienvenida, junto a sus lentes sujetados por ella. La pelirroja y su creador cruzaron miradas, ella sonriendo de manera ególatra, regocijándose. No le tomó mucho entender la indirecta, mientras cogía los lentes por una mano, continuando el nado con la otra. Asgore tras ponérselos, frunció el ceño, visiblemente molesto.

Undyne le había tirado al agua de un empujón.

Asgore: ¿por qué hiciste eso, Undyne? -cuestionó en un tono muy impropio de él, uno cien por ciento serio. La pelirroja y él siempre habían sido cercanos, amigos, mucho más. Undyne no era totalmente su creación, después de todo, pero ella era lo que era, una actriz de renombre gracias a él, la quería y le tenía aprecio como si fuera su segunda hija.

Aprecio que era mutuo.

Quien hacía el ánime real suspiró, perdiendo su sonrisa tiburonesca. En su lugar, tomó una expresión seria mientras su ojo izquierdo empezaba a brillar, activándose. Un holograma empezó a ser presentado, mostrando a Asgore, sentando como había quedado antes de irse a dormir. Lo curioso, era que estaba llorando dormido. Todo hizo sentido para el padre de familia.

Había estado teniendo una pesadilla.

Undyne: No me gusta verte llorar, lo sabes. Ya has sufrido muchos años, Asgore. Si puedo quitarte un poco de dolor de encima, te tiraré al agua tantas veces como pueda -Le contestó, cruzándose de brazos mientras desactivaba la grabación. Conmovido, el macho cabra observó a su compañera con las cejas arqueadas como expresión de agradecimiento, la pelirroja terminó sonriéndole de vuelta de igual modo, extendiendo su brazo derecho para que pudiese tomarle la mano buscando sacarle del agua- ¿necesitas una mano, jefe?

Riendo un poco por su inteligente chiste, Asgore aceptó gustoso la propuesta, siendo sacado del agua no mucho después, sus pies tocando la madera del muelle. Completamente empapado, contemplo la posibilidad de ir a la cabaña de su familia para por fin irse a dormir con su esposa, pero por el otro, deseaba conversar con Undyne un poco más, pues momentos como este le traían nostalgia.

El subsuelo si había tenido cosas buenas.

Volteando a verla, se topó con una toalla color rojo, traída con anterioridad. Asgore observó la susodicha, aceptándola, empezando a pasársela por el cuello y parte de la nuca. Era muy obvio que había estado planeando darle un chapuzón gratis de antemano, sino no habría venido preparada con eso como pertenencia. Pero así era Undyne, todos la querían.

"Oye, Asgore"

Llamó la pelirroja, observando al rubio secarse su cabello, para luego empezar a secarse sus largos cuernos. Este la miró, pensando en que probablemente iba a querer preguntarle sobre su pesadilla o hablar sobre el pasado. No obstante, lo que recibió fue un guiño junto a un pulgar alzado, las expresiones únicas y "cools" que solamente ella podía hacer.

"¡Feliz Halloween!"

Exclamó, en un tono fuerte pero no lo suficiente como para despertar a los demás.

Claro, no podía esperar menos de su más grande invento. Verdaderamente, Undyne era algo especial y se alegraba de conocerla, la superficie era especial también, pues momentos como este nunca habrían sido posibles de haber continuado sepultados bajo Ebott, fingiendo que todo estaba bien mientras perdía un poco de su espíritu día tras día.

Verdaderamente, era un hombre muy afortunado.

"Feliz Halloween para ti también, Undyne"

Fue su respuesta, alzando el brazo derecho como despedida mientras iniciaba su caminata a la cabaña donde dormían sus familiares. Undyne no se quejó por el hecho de que Asgore no volteó a mirarla, muy por al contrario. Rió como acostumbraba, sus clásicos "Ufufu", mientras retomaba camino a donde compartía cama con Alphys.

Más tarde cuando saliera el sol le preguntaría sobre su sueño, si había una oportunidad de transformarlo en un episodio para su programa, no la iba a desperdiciar. Era su deber como actriz hacer el ánime real de un modo u otro.

Y todo el mundo amaba los capítulos especiales.

Fin.

Bueno, un nuevo Record. Terminé esto a las 4:33 de la mañana del 31 de Octubre. Feliz Halloween amigos, nos veremos pronto con 2 grandes proyectos que estoy haciendo.