Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.

Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.

Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.


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CHAPTER XLV: Juntos.

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I was made for loving you sonó en los parlantes y una sonrisa traicionera desfiló en sus finos labios. Kirishima Eijiro bajó la vista al suelo, sosteniendo el vaso de cerveza recordando todo lo que esa canción representaba para él. Su entrevista con la nueva disquera había finalizo y tenían un contrato de cinco años con ellos, con giras y ensayos en un estudio ubicado en Tokio; todo lo que alguna vez soñó se encontraba concretando frente a sus ojos pero él sólo podía escuchar la canción de KISS y transportarse años atrás cuando aún era un simple vendedor en una tienda de música perteneciente a la familia Jiro.

2016. Era su segundo año trabajando para la tienda de música, llevaba casi el mismo tiempo conformando la banda Ikigai con sus amigos Kaminari Denki, Jiro Kyoka y Tokoyami Fumikage.

La campanilla de ingreso al abrirse la puerta de la tienda, llamó la atención de los vendedores principalmente del azabache de ojos fuego quien encabezaba la sala, al ver a una joven chica de cabello rosa de rulos prominentes, ojos oscuros como el carbón y una imagen que lo hizo detener sus movimientos para verla avanzar hacia el interior del sitio como si todo le perteneciera.

No, nunca olvidaría todo lo que Ashido Mina le hizo sentir desde el instante en el que ella llegó. La joven, por su parte, se dejó envolver por el aroma a madera, el piso de parquet rechinó bajo sus pies al caminar y sus ojos no dejaban de observar los instrumentos musicales en venta. Estaba fascinada.

Su atención fue hacia los discos expuestos con los audífonos para escucharlos. Reconoció la portada Native de One Republic, su sonrisa no podía contenerse. Había aguardado el tiempo suficiente para comprarlo y tenía la posibilidad de tenerlo en sus manos. Aventuró sus manos hacia los auriculares frente a ella y entonces, la voz del vendedor que la observaba desde que ingresó, se hizo escuchar.

―También lo esperé con ansias. ―La joven de hebras rosas detuvo sus manos al escuchar al hombre junto a ella; llevaba la playera de la tienda, el cabello negro un poco largo recogido en una coleta alta y su sonrisa de dientes filosos la hizo sonreír por igual.

―Dicen que la versión de Alesso es buena ―Comentó Mina.

Él sonrió.

―¿Qué opinas tú? ―Un pequeño brillo en los ojos de la joven de ojos oscuros vislumbró al escucharlo preguntar eso; ella se colocó los auriculares y él sólo podía observarla en silencio mientras veía cómo todo en la expresión de la joven disfrutaba a medida que la música se introducía en su sistema.

Otoño del 2016 fue el tiempo en el que tanto Kirishima Eijiro y Ashido Mina fueron frecuentándose cada vez con el pretexto de discutir sobre álbumes con el vendedor, circular entre pasillos, escuchar temas nuevos recién sacados del horno y ver aquella sonrisa radiante en él.

Mina era estudiante de diseño de indumentaria y trabajaba de medio tiempo en una tienda de ropa no muy lejos de la tienda de música en donde trabajaba. Kirishima Eijiro era un joven que estudiaba licenciatura en música y trabajaba de medio tiempo en la tienda familiar de una amiga y compañera suya. Ambos tenían un interés en común y era la música, ese interés comenzó a expandirse cuando las miradas entre ambos fueron tornándose más íntimas.

No, nunca podría olvidar su sonrisa. Podrían llamarlo cursi, pero él sí creía en el amor a primera vista y sabía que la chica de hebras rosas y ojos oscuros cual noche, caló fuerte en él. Sus visitas a la tienda continuaron, sus charlas por igual; él le enseñaba música nueva, escuchaban vinilos en su hora libre, sentados tras la recepción de la tienda, miradas poco disimuladas entre ellos, sonriendo como dos adolescentes.

―Deberías venir a escucharme ―Había dicho un día que, al salir de sus trabajos, caminaban juntos―. ¡Es decir…, a mi banda y a mí…! No sólo a mí…

Sus ojos combinaban con el bello sonrojo que se apoderó en sus mejillas. Todo en él era extraño, era un hombre corpulento y podría intimidar a cualquiera pero en su mirada sólo hallaba luz, era tan cálido y dulce. Ella sonrió.

―Claro, iré a escucharte… A tu banda y a ti ―Respondió guiñándole un ojo que sólo empeoró el sonrojo en las mejillas del baterista.

Así lo hizo, ella fue a una presentación suya con los Ikigai; fue un concierto magnífico, los miembros eran talentosos todos por igual, las canciones eran covers de rock clásicos y algunos estilos alternativos de los 90 y los 2000, canciones que te hacían recordar excelentes años. Ella no dejaba de observar al baterista, sus movimientos, su cabello negro moviéndose al compás de sus golpes, su película de sudor abrazando su piel. No pudo evitar morderse el labio inferior imaginándose aquellos movimientos encima de ella.

Y fue después de aquel primer concierto que, I was made for loving you entre cervezas y brindis posterior a la presentación de Ikigai, ella besó al chico de ojos rubíes. Lo tomó por sorpresa, es verdad pero el hombre dejó a un lado su vaso de cerveza para abrazarla, para rodearla con esos grandes brazos y sentirla con las ganas que despertaba en él. Nunca olvidaría lo bien que se sentía besar los labios de Mina escuchando a KISS de fondo.

Aquella noche fueron juntos al departamento del hombre y tal como Mina deseaba, Kirishima Eijiro le hizo el amor como hacía música. Fuerte y dulce a la vez.

―Rojo ―Dijo Mina entonces. Él la miró con una sonrisa sin comprender.

Kirishima y Ashido yacían acostados juntos en su cama, el brillo del sol se inmiscuía entre cortinas, delineando la desnudez del otro, ambos cuerpos abrazados en la cama, observándose con la fascinación que se observa un nuevo día. Ella dirigió sus dedos hacia su cabello, acariciando sus hebras oscuras.

―¿No decías que te gustaba Crimnson Red? ―Dijo ella y él sonrió.

―Lo decía por su voz ―Levantó sus ojos hacia su propio cabello―. ¿Crees que me quedará bien el rojo?

―Cariño, si Mina te lo dice, es porque Mina sabe que te quedará bien ―Respondió. Él rio y la abrazó con más fuerza para rodar y quedar sobre ella.

―Mina… ¿Te gustaría pintar mi cabello? ―Quizá fue el modo en el que lo dijo o fueron las palabras que sonaron a algún tipo de propuesta de matrimonio que la hizo sonrojarse hasta las orejas.

―Acepto ―Respondió y él la besó para cerrar el trato.

Sí, aún tenía grabado todo lo que había vivido con Mina y resurgía con aquella vieja canción que sólo la hacía pensar en ella. Esa noche era su última en Osaka, estaba brindando con sus compañeros de banda por el éxito de su viaje y el futuro próspero que tenían ante ellos pero él se encontraba sentado al borde de la piscina del hotel en donde se hospedaban, con un vaso de cerveza, un cigarrillo a punto de acabar y una sonrisa triste escuchando la estéreo que otro huésped había puesto.

Escuchó unos pasos acercándose y la voz de Denki se hizo escuchar; Kirishima volteó a verlo con curiosidad y una pequeña sonrisa le dedicó al rubio que se aproximaba a él con su buen humor característico hasta que reconoció el semblante preocupado en su baterista.

―Kiri, te he estado buscando ―Dijo el rubio―. Creí que estarías deprimido en tu habitación pero estar solo en la piscina es peor ―Comentó.

El pelirrojo dejó escapar un suspiro que Denki sólo pudo responder encogiéndose de hombros y sentándose a su lado para abrazarlo con uno de sus brazos. Tanto Eijiro como Denki eran los más expresivos del grupo, los que demostraban cariño sin incomodidad. Kirishima apoyó su cabeza contra la del rubio y volvió a escapar un suspiro de sus labios.

―Regresaremos mañana, podrás arreglas las cosas con Mina, no te preocupes ―Alentó.

―El problema está en que no sé si ella querrá regresar conmigo ―Respondió―. Hemos firmado con una nueva disquera, tendré más actividades que antes y ella…

―¿Has hablado con ella sobre eso? ―Preguntó y Kirishima lo miró con una ceja enarcada―. Sobre su tiempo como pareja, ya sabes… ―Kirishima seguía sin entender―. Eiji, ¿de verdad quieres tenerla de novia?

―¿Qué pregunta es esa? Claro, la amo. Para ti es sencillo hablar de tiempo porque tu novia está contigo en la banda y tienen cosas en común y…

―¿Qué hay de ti? ―Denki lo miró con una pequeña sonrisa―. ¿Crees que tienes cosas en común con Mina o sólo disfrutan del sexo?

Kirishima frunció su entrecejo molesto.

―Mina es más que sexo, Denki ―Habló con determinación―. No es sólo mi novia, es mi mejor amiga, me ha apoyado siempre y yo… ―Denki sonrió al ver cómo su amigo se daba cuenta por sí mismo de las cosas―. No he sido un buen amigo para ella… Odio cuando me haces éstas sesiones de psicología.

―No me mires a mí, Kyoka lo hace conmigo siempre.

Ambos sonrieron para volver a abrazarse y observar la piscina frente a ambos.

―Hablaré con ella y trataré de ser un mejor novio y amigo. Ella siempre me ha apoyado, pero yo no he hecho más que pensar en mí mismo…

―Hazlo ―Dijo Denki con una sonrisa. Se alejó del pelirrojo para ponerse de pie y quitándose su ropa, miró con diversión el rostro curioso de su amigo―. No nos iremos a Tokio hasta mañana, así que yo pienso disfrutar un poco de su piscina.

Y tras decirlo, retrocedió unos pasos hasta lanzarse al agua y salpicar a Eijiro en el proceso. El pelirrojo comenzó a reír y alentado por el buen humor de su guitarrista, lo imitó, se retiró las ropas del cuerpo quedándose sólo con su ropa interior, se lanzó al agua con un salto.


Los pasos de Mina eran rápidos y marcados, principalmente cuando estaba nerviosa o preocupada, de la misma manera, sus pasos ingresando al recinto hospitalario se escuchaban de ese modo y todo porque había recibido un mensaje de Uraraka Chieko explicándole que el tiempo de su esposo estaba acabándose y que Ochako no se separaría de su lado hasta el último aliento de su padre, le había pedido ropa de cambio y una pequeña manta que pueda proveer a su hija por las frías noches en el área de terapia intensiva.

Mina tenía el día libre en la tienda en la que trabajaba, tomó sus cosas y avisándole tanto a Tsuyu como a Camie, se encaminó al departamento de Ochako con Tsuyu, quien había encargándole su turno en la recepción a Chiyo, para tomar algunas prendas cómodas que podría utilizar estando en el hospital. El tiempo parecía correr más a prisa, sus preocupaciones quedaron en segundo lugar tras la llamada de la madre de su mejor amiga y su prioridad era llegar al hospital con todo lo que Chieko le había pedido.

Llegaron a las instalaciones del hospital casi a la par que Camie, la rubia traía un pequeño bolsón con ella y un rostro cargado de preocupación en su rostro. Las tres amigas compartieron una mirada antes de encaminarse al elevador y llevar el trayecto hasta el área de espera de terapia, en silencio.

Las puertas del ascensor se abrieron ante ellas y reconocieron a Uraraka Chieko sentada en una de las sillas metálicas que contaba el área. La mujer al reconocer los rostros de las amigas de su hija, una pequeña y triste sonrisa afloró en sus labios, se puso de pie y las tres jóvenes la contuvieron en un abrazo. El momento más difícil para los Uraraka había llegado y tener personas cálidas como lo eran esas tres muchachas, reconfortaban a Chieko.

―¿Ochako sigue en el cuarto de su padre? ―se animó a preguntar Tsuyu una vez que las cuatro mujeres tomaron asiento en el sector de espera.

Chieko asintió.

―Ingresó hace dos horas ―explicó―. Me dejó su móvil porque fue una de las condiciones que le exigieron para ingresar al área de terapia.

―Entiendo ―respondieron las jóvenes―. ¿Ella puede dejar la sala para cambiarse y comer algo? ―Fue la pregunta que Mina realizó.

―Puede pero aún no lo ha hecho ―dijo su madre―. Sería bueno que le hablemos a alguna enfermera que le pueda informar que ustedes están aquí y traen ropa para ella.

Las jóvenes asintieron y fue Camie quien se puso de pie para hablar con una de las enfermeras cercanas a ellas, informándole la situación en la que estaban. La uniformada de blanco asintió y se alejó de ellas para ir al sector de terapia dejándolas en el área de espera.

Camie se volvió a Chieko a prisa.

―¿Katsuki lo sabe? ―preguntó. Chieko se encogió de hombros.

―Ochako no lucía muy bien cuando llegó ―dijo la madre de la joven―. No entró en muchos detalles pero creo que tuvo una discusión con Bakugo-kun.

―Ese idiota ―Farfulló Camie molesta―. Su novia está pasando el peor momento de su vida y él no está aquí. Lo llamaré.

Camie no escuchó los pedidos de las enfermeras de los alrededores sobre no hablar en voz alta, sencillamente tomó su móvil y marcó el número de su amigo pero sin importar el tiempo que los pitidos se prolongaran en su móvil, él no bridaba respuesta alguna. Camie comenzaba a maldecir para volver a marcarlo sin obtener un resultado distinto al anterior. Pasó al buzón de voz sin más.

―Tsuki, ¿dónde estás? Ochako está en el hospital. Tienes que venir cuánto antes, el padre de Ochako está empeorando. ¡Contesta el puto celular! ―Vociferó molesta para colgar el teléfono, recibiendo chitos por parte de las enfermeras―. ¡Ya sé, ya sé, estamos en hospital! No me jodan.

―Camie, mejor será que te calmes ―ofreció Tsuyu. La rubia aspiró profundo para soltar todo el aire en su interior―. Eso es, ¿cómo te sientes?

―Con ganas de matar a Katsuki ―respondió. Tsuyu levantó una ceja―. Pero más tranquila.

―Buena chica.

Volvieron a tomar asiento en el área de espera, Tsuyu era la encargada de relajar a las demás mujeres, con su carácter tolerante y calmo, era la que mejor sobrellevaba la tensión. Mina y Camie apoyaban sus cabezas en cada hombro de la azabache, cada una inmersa en sus propios pensamientos, viendo el tiempo pasar delante de ellas.

Ochako ingresó al área de espera, reconoció enseguida a su madre y a sus amigas sentadas junto a ella, sonrió con ternura. Encaminó sus pasos hacia sus conocidas, la primera en verla fue su madre, llamó su nombre y entonces, las otras tres mujeres dejaron su calma en el asiento para acudir a la castaña.

―Chako, vinimos a verte y trajimos algo de ropa y comida para ti ―dijo Mina. Ochako asintió.

―Gracias, en verdad, no sabría qué hacer sin ustedes ―respondió con cariño. Camie la abrazó y las otras dos jóvenes, la imitaron―. No tienen que quedarse. Yo pasaré la noche aquí junto a mamá, así que vayan a descansar.

―¿De qué hablas? ―preguntó Mina―. Traje ropa para mí también.

―Yo igual ―habló Tsuyu con una pequeña sonrisa―. Chiyo-san dijo que estaba bien que venga a hacerte compañía. No te preocupes.

―Tenya vendrá luego de su patrullaje, quería acercarte su apoyo ―dijo Camie―. Estamos aquí por ti, linda. No tienes que pasarlo sola.

Los ojos de Ochako se humedecieron con las palabras dirigidas por sus amigas, sintiéndose tan llena por ellas. Las jóvenes la abrazaron nuevamente y ella sintió que en verdad, la soledad iba desapareciendo de su interior.

―Será mejor que comas algo, Chako ―habló su madre interrumpiéndolas―. Puedo cubrirte mientras tú descansas un poco.

La castaña asintió a las palabras de su madre y limpiándose la comisura de los ojos, tomó asiento un momento junto a las personas que vinieron a estar con ella, alejando aquel dolor en su pecho. Su madre besó su frente y se dirigió al área de terapia intensiva para pasarlo con su esposo mientras su hija estaba un momento con sus amigas.


El vapor en la taza de té se levantaba sobre el rostro arrugado de Torino Sorahiko, cuyos ojos oscuros no dejaban de observar los rojizos del hombre sentado frente a él, su semblante no formulaba más que el fastidio de ser visto como una amenaza en aquella pequeña sala de té con estilo tradicional en donde Bakugo Katsuki, Todoroki Shoto, Toga Himiko y su nieta, Yaoyorozu Momo se encontraban ante él.

Había escuchado la plegaria que su nieta le dirigió unas horas antes, rogándole que recibiera a sus amigos para una charla que comprometía el negocio actual de Bakugo Katsuki, el nieto de la mujer que había causado tantos estragos en su vida. No pensaba atender al pedido que Momo le estaba suplicando, había jurado odio eterno a todos los que llevaban el apellido Bakugo pero los ojos de su nieta eran puros. Él no podía contra ellos.

―No lo hagas por ellos ―Había dicho Momo tomando su arrugada mano entre las tersas suyas―. Hazlo por mí, por favor.

―¿Por qué es tan importante esto para ti? ―Preguntó su abuelo con desgano.

Ella había llegado de improviso a su modesta casa de hombre jubilado a las afueras de Tokio y aunque ella intentara mostrarse serena ante él, el sencillo hecho de llegar sin avisar, le hablaba de algo extraño en su nieta. Momo siempre fue una joven de buenos modales, culta, con tanta gracia, era su nieta predilecta y adoraba escucharla tocar el piano cuando aún vivía en su anterior casa en el corazón de Tokio.

Pero esa mañana, había un atisbo de preocupación en su rostro y él no podía sencillamente ignorarlo. Cuando le preguntó la importancia de aquel pedido, las mejillas de su nieta se enrojecieron como los de una adolescente.

―Alguien que… Alguien que fue importante en mi vida hace años tiene un problema legal.

―¿Es ese nieto de los Bakugo, acaso? ―Preguntó molesto y Yaomomo se apresuró a negar con ambas manos levantadas al aire.

―Es… ―La vio mordiéndose los labios con indecisión y su sonrojo aumentando sólo le hablaba de algo que parecía costarle pronunciar―. Es su socia.

―¿Socia? ―Inquirió deprisa.

―Por favor ―Momo dirigió su mano hacia la suya y la súplica en sus ojos fue todo lo que necesitó él para acceder a su pedido y tener al nieto de la bruja maldita bajo su mismo techo.

Volvió a enfocar su malhumorado semblante hacia el actual presidente de la compañía a la que le dedicó tantos años de trabajo. Bakugo Katsuki tenía la misma mirada imponente que su abuela, eso sin duda, pero no había malicia en los orbes rojizos del chico, podía leerlo. El teléfono de Katsuki comenzó a sonar en el bolsillo de sus pantalones, alertando a todos los presentes; por su parte, el dueño del móvil lo tomó de prisa y lo puso en silencio sin siquiera molestarse en ver quién llamaba.

―¿No contestarás? ―preguntó Sorahiko.

―Puede esperar ―respondió sencillamente, devolviéndolo a su bolsillo―. Entonces…

―Entonces, tienes suerte de que ame demasiado a mi nieta como para dejarte pisar mi casa, Bakugo ―habló el hombre mayor. Katsuki no formuló más que la acentuación en su ceño―. ¿Qué te trae aquí?

―La vieja de Shoen ―habló y Katsuki pudo notar cómo la mandíbula del hombre se tensaba al escuchar el nombre de su difunta abuela―. Un oportunista consiguió información sobre enriquecimiento ilícito que Shoen realizó hace años y planea exponerme si no le pago el dinero que me requiere.

―¿Y vienes aquí para saber si todo lo que ese oportunista te ha dicho es verdad? ―Katsuki asintió―. Tu abuela no fue la mujer más honesta del mundo, eso ambos lo sabemos y lamento decirte que el hombre que te tiene contra la espada y la pared, ha hecho su trabajo mejor de lo que me gustaría admitir.

―¿Abuelo? ―Preguntó Momo sin entender sus palabras.

Torino Sorahiko esbozó una sonrisa cansada para mirar a los jóvenes sentados frente a él.

―Yo mismo me encargué de sepultar toda la información que involucraba a tu abuela y sí, ella tiene cargos muy desfavorables de la que puede ser acusada pero no creí que alguien pudiese hurgar en algo que hacía años lo hicimos.

―O sea, tú también has sido cómplice ―Comentó Toga cruzada de brazos.

―Éramos jóvenes ambiciosos, ―fue su respuesta, el hombre se encogió de hombros rememorando sus años pasados―; Shoen era buena convenciendo, tenía una fuerza imparable en la mirada y cuando hablaba, no podías negarte a ella. ―Una sonrisa traicionera se apoderó sus arrugados labios hasta que fingió una tos seca para cubrir sus labios―. Como sea, tengo los documentos que la comprometen, pero si quieres el consejo de alguien mucho mayor a ti, muchacho… No pelees batallas que sabes, no ganarás.

Katsuki aspiró profundo para sacar un suspiro cansino.

―¿Qué voy a encontrar en esos documentos? ―Preguntó molesto.

―Las razones suficientes para no hacerle frente a ese oportunista que mencionas ―finalizó y haciéndole una seña a Momo para que lo ayude a levantarse, ella se puso de pie para tomar su brazo y ayudarlo―. La de los dos moños ―dijo mirando a Toga― y el de cabello punk ―se refirió a Todoroki―, ayúdenme a mí y a mi nieta con los documentos pertinentes. Les mostraré mi despacho, tienen suerte de que no haya quemado todo esto.

Sorahiko encabezó la fila para llevarlos a un pequeño estudio olvidado de todo lo que alguna vez, él se había encargado en sus años dorados. Por su parte, Katsuki trató de relajarse al acomodarse sobre el almohadón en donde reposaban sus piernas flexionada, recordó su teléfono y aprovechando la soledad, lo sacó para verificar quién demonios lo llamaba en medio de una reunión que podría determinar el curso de su vida.

Camie figuraba en la pantalla con varias llamadas perdidas. Maldijo para sí mismo, preguntándose qué mierda querría. Se percató de la presencia de un mensaje de voz en la pantalla, comenzaba a creer que las llamadas de Camie siempre traerían malas noticias. Contuvo el aliento para escuchar su mensaje.

"Tsuki, ¿dónde estás? Ochako está en el hospital. Tienes que venir cuánto antes, el padre de Ochako está empeorando. ¡Contesta el puto celular!" Se oía tras la línea. Bakugo cerró los ojos con fuerza, maldiciendo todo lo que conocía.

Se puso de pie inmediatamente, no podía quedarse allí. ¿Su futuro? No le interesaba, no cuando Ochako estaba pasando una situación como esa. Se movilizó hacia la salida cuando la pequeña y enclenque figura de Torino Sorahiko apareció, congelándolo en su sitio.

―¿A dónde vas? ―Preguntó. Una sonrisa ladina se formó en los arrugados labios del hombre―. ¿No que podía esperar?

―Este asunto, no ―Respondió firme, para sorpresa de Torino―. Mi novia… ―Negó para sí, no iba a estar hablándole de su vida privada a un ex socio de su fraudulenta abuela―. Como sea, necesito irme. Regresaré cuando pueda.

―¿Y crees que éste es un hotel al que puedes llegar cuando puedas? ―La pregunta molestó a Katsuki pero no tenía tiempo que perder.

―¡No tardaré, con una mierda! Carajo, eres igual de irritante que la vieja ―Explotó Bakugo y sin más, dejó la residencia, tomó el móvil con el que vino y se marchó rumbo al hospital en donde Ochako se encontraba.

No había tiempo para pensar en su enojo inicial con Ochako, ni siquiera en su empresa. Él necesitaba estar para su novia en esos momentos, sin importar nada más.


Ochako regresó a la habitación de su padre con un poco más de energía después de sentir el cariño que sus amigas y su madre le transmitieron. La habitación con poca iluminación y el ambiente frío generaba aquel golpe en su cuerpo que la hizo contener el aliento un momento para iniciar sus pasos hacia donde se encontraba la camilla de su padre; Uraraka Kiyoshi seguía durmiendo como cuando lo dejó hacía apenas unos minutos atrás después de recibir la visita de una enfermera informándole que habían venido a verla.

Dirigió su pequeña mano a la frente fría de su padre y recorrió con cuidado su piel. Sus labios temblaron un poco, quería sonreír, quería que su padre la sintiera fuerte pero sin duda, todo en ella temblaba y se rompía más a cada segundo que corría. Sus ojos se humedecían y ella trataba de luchar contra esas lágrimas que traicionaban su entereza.

Tomó la mano dormida de su padre y la acarició con cuidado. Tenía algunas cicatrices de cortes y quemaduras pequeñas, todas esas marcas las consiguió en la cocina, era la experiencia que lo hizo volverse un gran chef y un excelente maestro. Aún podía recordar cuando espiaba a su padre cocinando, le gustaba ver el modo en el que sus ágiles manos se movían sobre el picador y casi trituraba las verduras y pescado; a sus ojos pueriles, eran tan rápidos como un rayo y aún a sus veinticinco casi veintiséis años, seguían viéndose fuertes.

Cerró los ojos y acurrucándose contra la camilla, emuló sus años infantiles en los que, alguna tormenta furiosa la despertaba y la hacía llorar, su padre siempre acudió a su habitación para calmarla, para abrazarla y decirle que todo estaba bien, que nunca estaba sola.

De pronto, Ochako sintió cómo su padre se removía un poco y la tos comenzó a atacarlo. Ochako se enderezó y trató de acercarle agua pero éste se negaba a beber.

―Papá, tienes que calmarte, ―pero sin importar lo que dijera, Kiyoshi no parecía estar en sí. Se removía inquieto y trataba de hablar pero sencillamente balbuceos audibles salían de él.

Ochako pudo reconocer las intenciones de su padre al llevar su diestra hacia la aguja intravenosa puesta bajo la piel de su mano izquierda, se apresuró a atajarlo. Su padre parecía tener algún episodio de dolor que lo arrebataba de la realidad, porque cuando ella intentaba calmarlo, él parecía aún más descontrolado. No pudo contra él, no podía hacerlo sola.

Tocó el botón de emergencia que llamaba a algún personal de blanco que pudiese acudir a su sala y en menos de un minuto, dos enfermeros llegaron, reconociendo la situación y el intento de Ochako por evitar que su padre se lastimara a sí mismo.

―Señorita, necesitamos que evacúe la sala.

―Pero, él…

―El dolor de ésta enfermedad afecta no sólo su cuerpo, si no su mente. Necesitamos sedarlo ―Explicó y con una última mirada a su padre siendo contenido por el segundo enfermero, asintió para marcharse.

Pudo escuchar la voz de su padre intentando gritar pero sin mucho resultado. Ella salió de la sala con el corazón desbocado y las lágrimas al punto de brote, su padre estaba muriendo y no sólo eso, cada segundo se volvía más y más doloroso para él.

Ochako ingresó al área de espera para hallar a sus amigas, a su madre y a Katsuki de pie frente a ellas, parecían hablando de algo hasta que Tsuyu fue la primera en verla acercarse. Katsuki volteó a ella y un atisbo de tristeza se coló en la mirada avellanada de Ochako al recordar todo lo sucedido esa mañana; sin embargo, Katsuki no la veía con rabia, no la veía con molestia, él fue el primero en acercarse a ella para que su grandes manos tomaran sus hombros con ese cariño desbordante que la dejaba muda y cálida en partes iguales.

Sus ojos brillantes hallaron el fuego descansando en los del hombre frente a ella.

―Lo lamento ―dijo Katsuki entonces para su sorpresa―, tuve que estar aquí antes.

―Yo lo lamento, Katsuki ―habló ella abrazándose a su pecho―, te oculté algo que…

Él la acalló despacio.

―Eso no es importante ahora, Cara de Ángel ―respondió con calma. Ver los ojos de Katsuki y hallar calidez en ellos era todo lo que ella necesitaba en esos momentos después de haber visto a su padre tan mal.

Las mujeres los observaron envolverse en aquel ambiente muy propio, Chieko había sugerido dejarlos solos un momento y las otras tres no tardaron en acompañarla lejos del área de espera, permitiéndoles un poco de privacidad.

Ochako y Katsuki tomaron asiento, él la rodeó con su brazo, podía sentirla tan fría, tenía la piel erizada, parecía estar temblando. La mujer sintió el cómo su mano era abrazada por la de su novio, apretándola con cierta fuerza, deseando sentirlo aún más. Ochako tenía miedo, podía sentirlo a través de su piel y él sólo podía estar allí, abrazándola para alejar un poco aquel miedo que subía por ella como serpientes desde las plantas de sus pies.

La vio acomodarse un poco mejor y sus brillantes orbes avellanos encontraron los suyos, él dedicó una pequeña sonrisa que ella correspondió con un poco menos de ganas.

―Katsuki ―habló Ochako. Su semblante serio lo sorprendió―, en verdad lamento no haberte dicho sobre la carta. Creí que hacía lo correcto, pero sólo pensaba en mí, en mi bienestar. Yo…

―Cara de ángel ―cortó Katsuki acercándose a ella para apegar su frente a la suya―, lo sé. Cometimos errores similares pensando que hacíamos lo correcto por el otro, por ambos.

―Entonces, tú… ―Ochako cerró los ojos con fuerza.

―Hay cosas mucho más importantes que una verdad que terminaría sabiéndose tarde o temprano, Ochako ―Acarició su rostro para alejarse. Ambos se observaron un momento en los ojos ajenos, sólo necesitaban un segundo en la mirada del otro para calmar las aguas tormentosas en el mar de sus almas. Sonrió, besó los labios de Katsuki después.

―¿Qué ha sucedido con el asunto de Chisaki? ―Preguntó la joven, había preocupación en su mirada.

Katsuki acomodó un mechón castaño tras su oreja con cariño, acarició su mejilla y negó con la cabeza.

―No necesitas preocuparte por nada más que…

―Katsuki ―frenó la mujer para mirarlo a los ojos con intensidad―. ¿Recuerdas lo que me habías dicho cuando Shoen supo sobre nuestra mentira? ¿Sobre nuestro acuerdo?

―Recuerdo haberte dicho que no perderías tu departamento, pero eso no…

―"Estamos juntos en esto, no pienso dejar que lo hagas sola" fue lo que habías dicho. ―Una sonrisa fue compartida por ambos, él acarició su mejilla y ella cerró los ojos ante su tacto―. Quiero ser más que tu novia, Katsuki… Quiero ser tu amiga, tu confidente, en donde recuestes la cabeza cuando ya no puedas más, quiero…

―¿Eres tonta? ―Preguntó con una sonrisa acercándose a ella para rozar la punta de su nariz con la suya―. Eres todo eso y más, Cara de Ángel. ―Acortó la distancia entre ambos para rozar dulcemente sus labios con los propios en un beso tímido, casto; Ochako sonrió en el beso y se abrazó a él, pegó su frente con la suya al finalizar el beso y estuvo un momento de ese modo.

―Has estado en los momentos más difíciles de mi vida, Katsuki, yo no… ―Ella se separó un poco para mirarlo a los ojos―, no me imagino una vida sin ti en ella.

―Cállate, a este ritmo te terminaré proponiendo matrimonio ―Bromeó y ella se sonrojó de sobremanera, ocultando su cabeza en el pecho del hombre. Él rio por lo bajo para abrazarla.

―Tú… ―Dijo Ochako entonces estrujando las prendas de Katsuki―. Tú nos ves… ¿así? ―Ochako seguía sin mirarlo y él comenzaba a sonrojarse por la pregunta. Comenzaba a ponerse nervioso y es que las palabras de su madre regresaron con el asunto de la boda. Su silencio comenzó a prolongarse más y más y Ochako lo notaba. Se separó de él para mirarlo entonces, ambos estaban sonrojados hasta la punta de las orejas como dos adolescentes que acabaron de confesar su amor por el otro―. ¡Es una broma! ¡No lo tomes en serio! ―Comenzó a reír forzosamente y se acomodó en su asiento, fingiendo que su pregunta no causó un momento incómodo para ambos―. Como sea, ¿qué pasó con Chisaki? ¿Pudiste hablar con el hombre que trabajó para tu abuela?

Un suspiro se escapó de los labios de Katsuki al recordar cómo había dejado la casa de Torino Sorahiko. Se llevó una mano al rostro para masajeárselo un momento; definitivamente, ese hombre tenía más motivos para odiar a los Bakugo.

―Lo dejé plantado con Todoroki, Toga y Yaoyorozu.

―¡¿Por qué?! ―Preguntó sorprendida.

―¡Porque vine aquí a verte! ―Respondió y las mejillas de Ochako seguían sonrojadas―. No pongas esa cara de sorprendida. No te dejaría sola, lo sabes; Camie me informó del estado de tu padre.

―Pero, Katsuki…

―Pero nada ―habló el hombre acentuado su ceño fruncido―, dejé a Todoroki que se encargue. Iré más tarde. Quiero estar contigo.

Ochako no pudo ocultar la ternura que le causaba escuchar lo que su novio estaba diciendo, recostó su cabeza contra su pecho y se abrazó a él con fuerza.

―Katsuki, debes irte ―habló Ochako sin soltarlo―. Tu negocio está en juego, necesitas estar allá no aquí.

―Necesito esto ―respondió rodeándola con sus brazos, apegándola más a él―. Me iré luego, pero quería saber que estabas bien, que estarás bien y… Quería estar contigo un momento.

―Te amo ―susurró contra su pecho y él respondió besando su cabeza.


Toga seguía revisando los documentos que Torino Sorahiko les había entregado para verificar lo que ya sabían, estaba fastidiada porque todo aquello era culpa de su maldito hermano mayor que no podía sencillamente desaparecer de su vida después de tomar el dinero que solía proveerle. No, él tenía que hacer metástasis en otros sitios hasta llegar a ella.

―No son números favorecedores ―habló Shoto suspirando―. Si Chisaki expone esto, no sólo Katsuki estará en peligro… Todo ALC podría perecer bajo una demanda millonaria.

―No necesito que lo repitas ―respondió Toga, molesta.

―No cabe duda que poco le interesa su empresa al chico ―comentó Torino sentado en su almohadón, viendo a los jóvenes ahondar en sus documentos―, se ha ido como alma que se lleva el diablo de aquí.

―No podría culparlo, abuelo ―respondió Momo sentada frente a Himiko―. El padre de su novia está muriendo, no puede dejarla sola en momentos tan delicados.

―¿Un Bakugo preocupándose por alguien que no sea sí mismo? ―Torino comenzó a reír con ganas―. Eso sí que es nuevo para mí.

―Bueno, partiendo de la idea que has conocido a la araña ponzoñosa de su abuela, dudo que esperes algo distinto, anciano ―respondió Himiko sin mirarlo.

―¡Toga-san!

―Oh, ¿ésta mocosa charlatana es de quien me hablaste, Momo? ―Preguntó Torino y entonces, las dos mujeres voltearon a verlo con expresiones de fastidio y vergüenza.

―¡Abuelo!

―Lo que me faltaba. ―Toga farfulló molesta soltando los documentos que tenía en sus manos, se puso de pie y se alejó de la sala bajo la atenta mirada de las otras tres personas en el cuarto.

Momo bajó la mirada a los documentos que Himiko tiró con cierta pena. Por su parte, Toga dejó el interior de la casa para respirar un poco de aire puro, recostándose contra uno de los pilares de madera que contaba la casa tradicional en la que Torino Sorahiko vivía. Tenía los nervios de punta, lo sabía, su hermano era un puto grano en el culo y no se contentaba con hacerle la vida imposible a ella, debía meterse con otras personas para fastidiarla aún más.

Su teléfono comenzó a sonar entonces, lo tomó y al reconocer un número desconocido, frunció su entrecejo para luego contestar.

Tic tac ―era la voz de Chisaki Kai tras la línea. Toga apretó con fuerza su móvil.

―Tienes que tener agallas para llamarme, maldita mierda ―escupió molesta.

Puedes insultarme todo lo que quieras, hermanita ―habló con diversión―, pero te recuerdo que los tengo en mis manos y sólo tienen dos días más para responder a mis requerimientos.

―Eres un…

¿Por qué no lo haces más sencillo? ―Habló su hermano―. Desliga del problema a tu amado Bakugo, elimina tu trato y págame lo que me corresponde. ¿O acaso quieres hundirlo contigo?

La llamada culminó allí y ella deseaba lanzar su teléfono contra el suelo con toda la rabia que su hermano despertaba en ella. Estaba harta de él, estaba harta de todo. Volvió a desbloquear su teléfono para buscar entre sus contactos uno en particular.

Shiragaki Tomura.