Mientras Octavia Blake servía dos copas en la cocina de su apartamento, su mente no pudo evitar encontrarse muy lejos de allí. Odiaba aquello, odiaba su vida, odiaba tener que lidiar con tanta y tanta mierda innecesariamente y odiaba sobretodo que alguien como Ilian tuviese que verlo.
La mano le tembló un poco mientras inclinaba la botella en la segunda copa y la dejaba nuevamente sobre la encimera de la cocina.
Octavia se apartó un par de largos mechones oscuros que caían sobre su cara y tras dar una respiración profunda llena de vacío y puede que cansancio mental cogió ambas copas y se dirigió con ellas hacia el salón.
Encontró a Ilian tal como le había dejado, sentado en el sofá con el pie apoyado en el borde de la mesa y el otro en el suelo junto al mando de la televisión, la cual escuchaba con el volumen bajo para no despertar a la niña que dormía arriba con la puerta semi-abierta para que ambos pudiesen oírla si lloraba.
Ilian que la escuchó llegar al salón apartó los ojos de la televisión y volvió ligeramente la cabeza para verla, fijándose inevitablemente en aquel hermoso y atractivo rostro que le devolvía la mirada aproximándose.
Octavia que paso por detrás del sofá y de él le tendió una de las copas desde arriba, y se llevo el borde de la suya a los labios bebiendo un poco mientras bordeaba el sofá para ir a sentarse a su lado.
—¿Sabes qué llevo ya un rato preguntándome? —dijo ella al dejarse caer suavemente a su lado recogiendo un poco sus piernas cómodamente sobre el sofá con la copa aún en la mano.
Ilian que observó bien su rostro preguntándose qué podía ser, negó imperceptiblemente bebiendo un poco de la suya.
—No, ¿qué cosa?
Octavia que tomo ligeramente aire apoyó el codo del sofá para sostenerse cómodamente la cabeza quedandosele viendo a los ojos un par de segundos en silencio.
—Cómo es posible que vosotros hayáis podido hacer esto durante tanto tiempo y haber sobrevivido a ello —admitió Octavia admirando lo capaces que habían sido de lidiar con no uno, sino dos bebés y una niña tan pequeña como lo era Ontari entonces siendo ellos tan solo unos críos—. Yo solo llevo desde ayer con ella y me siento absolutamente desbordada —reconoció con cierta vergüenza bajando un poco la mirada hacia su copa—. De no haber aparecido tú, no sé que hubiese sido de mi con ella.
Ilian que se la quedo mirando largamente escuchándola hablar de aquella forma se limito a negar débilmente.
—A veces la vida no te da más opciones que tomarla tal como viene y aunque te parezca mentira, sé que habrías podido con ocuparte de ella —la alentó él no queriendo que perdiese la fé en ello—. Recuerdo que cuando mi madre se marcho la primera vez, ninguno de nosotros sabíamos muy bien que hacer.
Octavia levanto la vista para mirarle ya que pocas veces escuchaba a Ilian hablar de su madre o quejarse de su pasado, por lo que momentos como aquel eran un tanto nuevos para ella.
—Maddie y Aden lloraban noche y día y ella dijo que iría a comprar algo de leche y pañales pero se hizo de noche y no volvió... —le contó Ilian quedamente con una amarga sonrisa bajando la mirada a su copa—. Yo debía tener unos cuatro años y no entendía nada de lo que estaba pasando.
Octavia que trago un poco al escuchar aquello no imaginaba como una madre podía hacer algo así a unos hijos tan pequeños, no le cabía en la cabeza debió de ser terriblemente duro para ellos.
—Esperamos y esperamos, un día, y otro día, y otro día cerca de la puerta, incluso Ontari y yo hicimos a Lexa y a Luna arrastrar el colchón de nuestra habitación hasta el salón muy cerca de la entrada por si volvía poder oírla —siguió hablando él jugando con un hilillo de su pantalón sonriéndose con tristeza al mirarla—. Qué par de idiotas, ¿verdad?
A Octavia se le encogió el corazón ante aquella sonrisa pero sacudió imperceptiblemente la cabeza negando.
—Era vuestra madre, es normal que ansiaseis que volviese.
Ilian que recordó aquellos momentos sintiéndose de lo más estúpido, asintió sin atreverse a mirarla por unos segundos y bebió un poco de su copa después.
—Y lo hizo, solo que dos años después.
Octavia que sacudió la cabeza no podía ni imaginarse el poder vivir algo así.
—Una mañana nos despertamos para ir al colegio y de pronto allí estaba, en la cocina preparando huevos y tortitas como si nada hubiese pasado —rememoró Ilian lacónicamente mirando un punto fijo de la mesa donde tenía el pie apoyado—. Y yo creyendo que había sido por mi carta como un verdadero estúpido.
—¿Carta? —preguntó Octavia sin entender mientras le escuchaba relatarlo.
Ilian que le miro algo avergonzado hizo un quedo gesto encogiéndose de un hombro.
—A Santa Claus —ella pareció entender y sonrió indulgente—. Faltaban aún un par de semanas para Navidad y yo estaba convencido de que si se lo pedía a Santa, si prometía portarme bien y hacer caso a Luna, no pelear con Lexa o cuidar bien de Ontari y los mellizos ella volvería porque él me la traería.
Los ojos de Ilian brillaron ligeramente con el anhelo de aquel recuerdo y sonrió con cierto pesar.
—La abrace tan fuerte, y recuerdo haber llamado a Lexa estúpida por decirme que Santa Claus no existía.
Octavia que no pudo evitar alargar la mano y acariciar el oscuro cabello de Ilian queriendo reconfortarle de algún modo, le vio cerrar los ojos durante un instante.
—Y unos pocos días después de Navidad cuando ya pensábamos que todo iba a ir bien, ella... ella... simplemente se llevo un par de cosas que quedaban por casa y se volvió a ir —concluyó él abriendo un poco sus ojos que fueron a parar al interior de la copa—. Nunca más volví a creer ni a escribirle a Santa Claus.
La sonrisa que Ilian le dedico era tan triste como evocadora, Octavia ahora lamentaba haber sacado el tema de los niños y su cuidado porque lo último que quería hacer era provocar malos recuerdos en él.
—Lo siento mucho, Ilian.
—Tranquila, no es nada. Apareció cinco años después prometiendo que esta vez se quedaría, que arreglaría las cosas con Gustus, que volveríamos a estar bien, a ser una familia y ¿cuanto tardo en irse? ¿tres? ¿cuatro semanas, quizás? —recordó Ilian con cierta resignación bebiendo un pequeño sorbo de su copa antes de inclinarse y dejarla sobre la mesa—. Esa vez fue peor porque para entonces, Ontari, Maddie y Aden ya entendían mucho más. Con once y nueve años, no puedes decirle a unos críos que su madre volverá en cualquier momento.
—Hay personas que deberían tener prohibido tener hijos —reflexionó Octavia en voz alta sin poder evitarlo bajando un poco la mirada a su copa.
—Si te digo la verdad, de no ser por Luna y por Lexa, no se que hubiese sido de nosotros, ¿sabes? —admitió él con cierta culpabilidad y agradecimiento.
—Tú también hiciste bastante por lo que ellas me han contado —quiso reconocerle Octavia sin dejar de acariciar casi inconscientemente la suave piel de su nuca.
—No tanto como ellas —reconoció el mayor de los Woodward cerrando sus ojos—. Cuando pienso en todo cuanto han hecho las dos por sacarnos a mi y al resto adelante, no puedo evitar sentir que de algún modo yo debí hacer más.
Octavia que escuchó aquellas palabras llevo la mano a su mejilla para obligarle a mirarla a los ojos.
—Hiciste lo suficiente como para que Lexa y Luna estén orgullosas de la persona que hoy eres, créeme —insistió ella sincera viendo como a Ilian le brillaban los ojos por la emoción.
Octavia que se perdió en ellos y en su cercanía por un eterno instante bajo la mirada inusitadamente a sus labios, deseando realmente besarle, llevarse todo su dolor consigo, hacer a Ilian feliz de algún modo pero se contuvo a si misma reteniendo la respiración.
Ilian que también sintió aquella proximidad, aquella cercanía, el cálido aliento de Octavia entremezclado con el alcohol bajo despacio la mirada sabiendo lo que ella en el fondo quería.
Sabía muy bien lo que pensaba acerca de ellos dos juntos y aunque si, algunas veces pasaba algo más entre ellos, ella no quería nada serio con él por temor a que las cosas se estropeasen de algún modo entre ellos y entre ella y sus hermanos.
—Perdona, yo no... no se que me ha pasado... —se disculpó él algo apenado levantando la mirada hacia su rostro pasándose la mano por la cara tratando de borrar aquel momento por completo—. No quería ponerme trágico contigo, es solo que...
—Tranquilo, no te disculpes —se disculpó ella esta vez un poco avergonzada—. La culpa ha sido mía, no debí sacar el tema.
—Con todo esto de Lexa y Luna, creo que me he vuelto un poco blando —reconoció Ilian con una apenada sonrisa cargada en gran parte de vergüenza.
Octavia que comprendía bien la situación se le quedo mirando con cierta cautela y preocupación.
—¿Cómo sigue ella? —se atrevió a preguntarle la chica bajando la mirada al fino encaje de su corto pantalón de pijama—. Lexa, apenas me dice nada al respecto cuando le pregunto.
Ilian que movió la cabeza con un gesto se encogió de hombros inclinándose hacia delante para recuperar su copa.
—Igual. No ha habido grandes cambios en los dos últimos meses —confeso él jugando con la copa entre sus dedos para evitar mirarla demasiado—. Salvo que ya le han quitado el respirador.
Octavia que no sabía aquella novedad ya que no permitían visitas externas a la UCI la Unidad de Cuidados Intensivos del Shallow Valley, el hospital donde se encontraba ingresada desde hacía más de medio año, sonrió inesperadamente al oírle y su rostro se iluminó.
—Pero eso es genial, Ilian —dijo ella rodeandole con sus brazos con verdadera alegría, entusiasmo y felicidad—. ¿Cómo no habíais dicho nada? —preguntó ella emocionada casi saltando en el sofá—. Eso es estupendo, es muy buena señal, ¿lo sabe Lexa?
Ilian que sonrió un poco al verla de aquella manera intentó calmarla un poco mirando hacia la escalera para que con sus voces no despertase a la niña.
—Quise decírselo pero decidí que era mejor que lo viese por si misma —dijo Ilian con un quedo gesto ya que aquel era un tema delicado que tratar con Lexa—. Ocurrió hace solo tres días por eso no he querido decir nada antes, No quería hacerles demasiadas ilusiones, ya sabes.
Octavia que estaba de lo más risueña y contenta ahora mismo con aquella noticia tuvo que refrenar sus ganas de comérselo a besos de pura felicidad aunque en el fondo entendía la cautela y la reticencia que Ilian necesitaba tener por el momento.
—Estoy segura de que pronto os darán muy buenas noticias —dijo ella cogiendo su mano con fuerza llevándosela a los labios para besarla—. Lo sé.
—Eso sería increíble —reconoció Ilian con una pequeña y dulce sonrisa no queriendo hacerse demasiadas ilusiones al respecto por si acaso.
Sin duda, aquella sería la mejor noticia del mundo para todos ellos.
Continuara...
