DISCLAIMER: Los personajes son de Rumiko Takahashi pero la historia es mía, por lo que NO AUTORIZO para que esta se modifique o publique en otro lugar. Derechos Reservados.
Capítulo 33: La incertidumbre.
La visita a lady Kagura no había sido tan mal. Si bien no estaba del todo con el ánimo para hacerlo, cumplió con el protocolo a seguir siendo una lady y la otra también, y ambas bebieron del té y tuvieron conversaciones de los más formales y aburridas mientras Yuka la esperaba en la cocina con el resto de los criados. Hakudoshi apareció un momento fugaz para saludarla y luego desapareció. Kagura lucía tensa, se esforzaba en ser una buena anfitriona, pero Kagome intentó que su actitud no le afectara, la finalidad de ir a su casa era limar asperezas y que ya no tuvieran problemas, sobre todo Lord Byakuya y su conocido rencor por Sesshomaru. Se daba ánimos que pronto terminaría con esa visita protocolar, visitaría un momento a su amiga querida Sango y luego, al atardecer, ya estaría en el castillo al lado de su amado Sesshomaru. Sonrió emocionada de sólo imaginar su cara cuando se lo dijera.
Terminada con la visita a lady Kagura, fue donde Sango que vivía en las afueras del pueblo. Esta vez sólo intentó saludarla y pasar a ver a las gemelas, sin quedarse más tiempo del necesario ya que el viaje de vuelta al castillo tardaba horas. Aún así Miroku llegó y por un instante no fue consciente de la hora ya que él contaba demasiadas anécdotas e historias muy divertidas, hasta Yuka, que se encontraba en el mismo salón que los demás, ya que la familia de su amiga no se regía con los estrictos protocolos de la nobleza, reía y se divertía con las ocurrencias del esposo de Sango. Fue una tarde agradable, Kagome pensó, ya satisfecha arriba del carruaje. Y se sintió muy contenta con ello.
Sesshomaru finalmente llegó al castillo de vuelta de la capital. Estaba cansado y medio hastiado con algunos problemas que surgían de los negocios y que requerían de su atención. Sus administradores eran buenos, así que finalmente les pidió que fueran ellos que tomaran las decisiones adecuadas ya que él sentía que estaba dejando demasiado tiempo sola a su esposa por culpa de las responsabilidades de sus negocios, eso sin contar con las de Lord. Pensó que era afortunado en que no lo hubieran llamado a volver a la marina, aunque después de lo del baile de la noche anterior, y con la posición del soberano, cualquier cosa era posible. Esperaba que no se vengara con eso.
Subió con pasos lentos a su habitación, quitó el corbatín y su chaqueta, dejando algunos botones semi abiertos de la camisa. Luego lavó sus manos y su rostro y bajó esperando que su esposa estuviera en el comedor. Al bajar, el lugar lucía oscuro y solitario. Arrugando el ceño se dirigió a la cocina. La cocinera y algunas sirvientas lo saludaron de inmediato y ante la pregunta del Lord de dónde se encontraba su esposa, las mujeres sólo pudieron decir que ella aún no llegaba. Extrañado y arrugando el ceño, su corazón saltó nervioso y él intentó apaciguarlo. Jaken estaba ahí y lo tranquilizó diciendo que el viaje tardaba horas y que de un momento a otro lady Kagome llegaría.
El Lord no se quedó tranquilo. Cada minuto que pasaba, más alterado su corazón estaba y más ansioso se encontraba. Fue hasta la biblioteca, negándose a cenar solo, y bebió un vaso de coñac mientras se plantaba junto a la ventana a la espera que el coche apareciera. Y, sin embargo, el sol finalmente desapareció tras el horizonte y luego comenzaron a visualizarse las primeras estrellas.
Agudizaba la mirada cada vez que creía ver algún movimiento en la entrada del castillo, pero éste permaneció quieto y solitario hasta que, hastiado de esperar y ya habiendo bebido tres copas de coñac (las dos últimas de un solo trago), bajó llamando a Jaken para que preparara su caballo. Estaba demasiado ansioso y preocupado de esperar, así que había decidido en ir a su encuentro.
- Tal vez algún caballo perdió su herradura. O tuvieron problemas con una rueda- Le dijo el anciano sirviente.
- Es probable, pero ya se está haciendo de noche y los caminos podrían ser peligrosos a esta hora- Masculló.
- No se preocupe mi Lord, va con ella su sirvienta y aparte del cochero su ayudante, la cuidarán muy bien.
Ni siquiera lo escuchó. Cuando el caballo estuvo listo, simplemente se subió y se fue a todo galope siguiendo el camino principal. Eran horas hasta su pueblo de origen, lo sabía, pero esperaba que, debido a la hora, se encontraran a mediados del camino o al menos pronto. Pero pasado un buen tiempo a cabalgata rápida no se encontró con ningún carruaje. Hasta que cruzando un espeso bosque vio a lo lejos un par de luces. Instó a su caballo a cabalgar más rápido aún hasta que poco a poco fue notando, a medida que se acercaba al lugar, que eran tres coches más y las luces eran de las lámparas que estos llevaban, más otras de hombres que se encontraban de pie en medio del camino. Arrugando el ceño y sintiendo los latidos de su corazón casi en la garganta, pronto se dio cuenta con horror que había un coche que él reconoció como suyo, sin los caballos y dos hombres aún en sus puestos, el cochero y su ayudante, sentados con la cabeza hacia atrás y una gran línea de sangre en sus cuellos. Estaban muertos.
Saltó del equino y caminó a prisa, con los ojos muy abiertos y el corazón bombeando tan rápido que le palpitaba la cabeza, los hombres intentaron detenerlo, le preguntaron, él no los escuchó, se fue de inmediato a abrir las puertas del carruaje para ver que éste estaba salpicado de sangre, sintió nauseas, se horrorizó, creyó que se volvería loco, de pronto algo le llamó la atención en el suelo, algo brillante y que él reconoció de inmediato. Su corazón pareció detenerse. El broche de perlas de Kagome. Lo tomó y vio cómo su mano tembló por completo. Luego lo apretó con fuerza y miró con furia a los soldados.
- La mujer, ¿Dónde está? - Masculló.
- Encontramos a una mujer, muy malherida, la llevaron a aquel pueblo- Le indicó con el dedo- hay un médico ahí. Se veía muy grave.
No lo pensó más, corrió subiendo a su caballo y cabalgó como demente cruzando el denso bosque y teniendo como único faro las luces del poblado que cada vez se veían más cerca. La villa era pequeña, dudaba que hubiera un hospital, había algo de movimiento, bajó nuevamente de un salto y atrapó al primer hombre que se cruzó en su camino tomándolo de la solapa de su chaqueta y preguntando por la consulta del médico. El asustado hombre sólo gimió y apuntó con la mano temblorosa a un pequeño edificio que no estaba muy lejos y donde había un grupo de personas afuera.
Avanzó a pasos acelerados sacando y empujando de su camino a los curiosos sin escuchar los improperios que le daban por ser tan maleducado y abrió la puerta con violencia, palideciendo mortalmente al ver al médico voltear con un delantal manchado en sangre, sus ojos se desviaron a una mujer, lo podía ver por el borde de su vestido que alcanzaba a ver, sobre una mesa. Había un ayudante que le preguntó algo, pero no lo escuchó. Creyó que moría. Se acercó rápidamente para ver a la mujer reteniendo el aire y creyendo que estaba viviendo una pesadilla. No podía ser cierto, esto realmente no estaba pasando.
- Señor, no puede estar aquí… ¡señor!
Sus ojos estaban fijos en la pobre muchacha tendida en la camilla. Su ropa estaba gran parte desgarrada y sucia, no se podía reconocer ni siquiera si era una sirvienta o una dama. Su cabello negro estaba completamente suelto, tapando una parte de su sucio y herido rostro, pálido como la muerte, con sus manos delgadas colgando por la camilla como un ser inanimado, el cuello cubierto de sangre con una herida tan horrorosa como la de los cocheros, pero ella respiraba, su pecho se movía, débilmente y la mujer a través de sus ojos velados pareció por un momento reconocerlo, y entonces movió sus labios, temblando por completo.
- ¡Debemos detener esa herida! - Masculló el galeno mirando con el ceño fruncido al Lord, que tenía el rostro desfigurado del horror y parecía no escucharlo.
- No… no es Kagome…- Murmuró y por primera vez en su vida creyó que iba a llorar. Desvió sus ojos dorados de demonio al médico y lo tomó de los hombros- ¿¡Dónde está?! ¡Donde esta mi esposa!
El galeno lo miró sorprendido y a pesar de las circunstancias notó que no él no era cualquier pueblerino. Su modo de hablar, su estampa, el vestuario, todo delataba que estaba frente a una persona de la nobleza.
- Milord…- Musitó y miró a la mujer en la camilla- Sólo la trajeron a ella…
Sesshomaru lo observó con la mirada desorbitada y tardó un momento en comprender lo que estaba sucediendo. Kagome no estaba ahí ¿dónde se encontraba? Pero no estaba en el accidente ¿Dónde estaba? Oh, Kami ¿Dónde estaba ella? Soltó al hombre con poca delicadeza y se abalanzó hacia Yuka que había entrado en la inconsciencia. Sin remordimientos la miró con horror queriendo despertarla, pero de igual manera le gritó.
- ¿¡Dónde esta!? ¿¡Dónde esta!? ¡Dígame! ¿!Dónde esta Kagome¡?
Lógicamente la pobre mujer no movió ni un solo músculo, apenas se percibía el vaivén de su pecho y su corazón esforzándose en latir. El médico lo tomó del brazo y lo apartó bruscamente, mirándolo con el ceño fruncido comprendía su desesperación, pero este hombre se estaba volviendo loco.
- No le contestará, esta inconsciente ¿no ve sus heridas? ¡Puede morir!
Sesshomaru se le quedó mirando, quería decirle que necesitaba saber, quería casi decirle que la despertara, que la volviera consciente para así preguntar, pero después se dio cuenta, en un segundo de raciocinio, que estaba delirando. Se horrorizó de sí mismo y volteó desesperado, pasándose la mano por el cabello y caminando de aquí para allá por la pequeña sala, necesitaba pensar, necesitaba respuestas y ya.
El médico volvió a su paciente junto con su ayudante y procedió con rapidez a detener la hemorragia de su cuello. Al limpiar se dio cuenta que por milagro el corte no era tan profundo y que éste había pasado rozando la vena yugular.
- No entiendo muy bien que ha pasado…- Murmuró el galeno mientras seguía trabajando en la muchacha, Sesshomaru volteó lentamente y sólo lo escuchó- Pero si su esposa está desaparecida, tal vez quien tenga respuestas es esta pobre mujer. Sin embargo, ore para que ella pueda recuperarse y despertar para informarle.
Sesshomaru ocultó el rostro entre sus manos. Quería gritar, destruir todo y matar, matar a aquel que se había llevado a su amada esposa.
No, no podía esperar ¡no podía! Salió de allí tan raudo como cuando llegó, tomó nuevamente su caballo dirigiéndose hasta el accidente otra vez. Cuando llegó, habían más personas aún y para su sorpresa Jaken también estaba ahí, enterándose de todo pero sin tener mayores respuestas que las qué el ya sabía. La policía al enterarse de que era la doncella de una lady quien estaba gravemente herida, envió policías a custodiar el lugar. Le informaron al Lord, que no había sido un robo. El broche de perlas era la prueba, además encontraron un bolso pequeño de mano de mujer, era de su esposa con algunos elementos personales y algo de dinero, que estaba intacto. Todo cuadraba que había sido un secuestro y eso casi enloqueció al Lord. ¿Quién? ¿Quién podría haber secuestrado a Kagome? ¿Bandidos solamente? La policía decía que probablemente sí. Al ver el carruaje notaron los bandidos que viajaba alguien de la nobleza y habían procedido a secuestrar a la mujer. Esa era una teoría, a menos que…
- ¿Usted tiene enemigos?
El corazón de Sesshomaru se paralizó. Enemigos ¿quién? ¿El rey? ¿El Comodoro Naraku? ¿Lord Byakuya? ¿Los seguidores de Magatsuhi? ¿O de algún otro pirata con el cual se había enfrentado a lo largo de los 8 años en altamar? Oh, Kami, no, podría ser cualquiera ¿pero quién? ¡¿Quién se atrevería?
- No le pasará nada, si la secuestraron seguramente pronto tendrá noticias y querrán una recompensa- Intentó de alguna manera tranquilizarlo. Pero era imposible, la mente y cuerpo del Lord estaba casi fuera de sí.
Masculló un par de improperios e hizo cabalgar nuevamente a su caballo, intentando buscar rastros en el camino, lo que fuera, pero ya era de noche, no se veía absolutamente nada y cuando había cabalgado como 20 minutos, se dio cuenta que sus esfuerzos eran en vano. No sabía dónde ir. No había nada que pudiera revelarle el paradero de Kagome. Se habían esfumado.
A duras penas y bajo protestas, el policía al fin lo convenció de que volviera a su castillo y que esperara correspondencia de los secuestradores, era lo único que podían hacer ahora. A menos que la pobre sirvienta despertara y ahí lo llamarían de inmediato para informarles lo que ella recordaba.
Pasó la noche caminando de un lado a otro, con zancadas grandes y maquinando un plan siniestro y horrible al o los responsables de la desaparición de Kagome, luego pensaba en ella y deseaba que no le hubieran tocado un mechón siquiera de su cabello, después su mente vagaba a recordar los acontecimientos, buscando una respuesta ante el enigma de la desaparición de su esposa y a la vez alerta y al borde de desesperación esperando una carta o mensaje, un mensajero o algo que pudiera sacarlo de la locura en que se estaba sumergiendo.
Los sirvientes estaban horrorizados y nadie se fue a dormir, en la cocina o simplemente en sus habitaciones, pero despiertos y vestidos, estaban tan alertas y consternados por lo que había sucedido. Oraban por la salud de Yuka y la vida de su señora.
Hubo un momento en que Sesshomaru se sentó pesadamente en el sofá, intentando pensar quién podría haberse atrevido a tanto. Ella era una lady, alguien de la nobleza, por lo que debía ser una persona bastante osada como para secuestrar a alguien de importancia. Y de la importancia que era para él, sobre todo. Su "Talón de Aquiles", había dicho en algún momento Naraku.
Sus ojos se abrieron más y su respiración se hizo sonora. Naraku. ¿Podría ser él? Podría serlo. O no. ¿Cuál sería el motivo? Por su postura contraria a su pensamiento no lo creía. Arrugó el ceño. Su mirada se desvió hacia el comedor, el corazón latió con fuerza al imaginarla ahí, sentada junto a él, con su vestido azul y esa cinta que llevaba en el cabello que la hacía lucir tan hermosa. Tragó con fuerza al sentir hiel en la garganta y cerró los ojos con fuerza.
"Podrías quedarte conmigo"
"Esta noche… - Dijo muy seria y luego sonrió tiernamente moviendo sus pulgares para acariciarlo- Va a ser especial, lo prometo"
Apretó los puños de sus manos con fuerza y finalmente bramó de la frustración y la rabia. Se puso de pie y comenzó a caminar una vez más por el salón, pensando ¿quién la secuestró? ¡por qué? Cómo deseaba tener al maldito en sus manos y matarlo, no, torturarlo primero, le sacaría los ojos, le rebanaría la garganta para que se ahogara con su sangre, lo…
- Milord.
Los pensamientos siniestros se apartaron de su mente y detuvo su andar errático, mirando a su sirviente que lo observaba con profundo temor.
- ¡Qué!- Gritó, mirándolo con los ojos inyectados en sangre.
El sirviente lo había visto muchas veces como el demonio blanco, pero éste que tenía en frente de él era incluso más que eso, el sirviente hasta tragó duro. El que tenía en frente estaba bien dispuesto a asesinarlo si quería.
- Sólo… vine... por si necesita algo.
Lo miró siniestro, era como si estaba punto de lanzarse al cuello y desgarrar esa garganta. La rabia, el rencor y la impotencia lo estaba enloqueciendo, se dio cuenta del rostro de terror que tenía su viejo sirviente ante él. Se refrenó. A duras penas y volteó dándole la espalda y pasándose la mano por el rostro tratando de tranquilizarse. No sacaba nada con perder la compostura.
Por la mañana y al ver que nadie había entregado carta o mensaje alguno, pidió a su sirviente quedarse en el castillo y él partió nuevamente rumbo al pequeño poblado donde su única esperanza, en ese momento, era la sirvienta. Sólo esperaba que estuviera viva.
La consulta médica estaba custodiada por dos policías y un par de soldados. El encargado de investigar el secuestro tomaba muy enserio su trabajo ya que la persona involucrada era alguien de la nobleza y nada más y nada menos que del mismísimo Demonio Blanco.
Cuando Sesshomaru entró, lo primero que vio fue a la joven tendida en la camilla, esta vez estaba cubierta con una manta y en el cuello llevaba una venda que se veía manchada todavía con sangre. Al menos estaba viva aún. El médico salió a su encuentro y le informó que la muchacha no había despertado de su inconciencia y que todavía estaba en peligro de muerte.
Desilusionado por no obtener las respuestas que necesitaba, suspiró y se acercó de igual manera a la joven. La observó con dolor. Estaba magullada, tenía moretones en sus mejillas y los brazos, en la nariz tenía sangre seca y su boca también estaba herida. Cerró los ojos con fuerza deseando que Kagome no hubiera pasado por nada de eso. Oh, Kami, si ellos habían lastimado a una mujer como ésta… Apretó los labios y tragó con fuerza. De pronto los párpados de Yuka se agitaron, él creyó que era una reacción a un sueño que estaba teniendo, tal vez, pero luego de un momento la joven comenzó a gemir y él se sorprendió cuando sus ojos comenzaron a abrirse, levemente. El médico se acercó con rapidez y le tomó el pulso. La muchacha comenzó a gemir cada vez más fuerte y luego, se tomó la garganta con una mano temblorosa.
- ¡Oh! ¡esta despierta! - Murmuró Sesshomaru con emoción- Por favor, dígame, ¡¿qué sucedió? – Clamó con desesperación, sin importarle que el galeno le pidiera que se alejara mientras él intentaba tranquilizar a la muchacha, que cada vez se alteraba más- ¡Por favor!- Ni siquiera sabía su nombre- ¡Kagome! ¿¡Qué sucedió con Kagome!? Usted estaba con ella ¿no lo recuerda? ¡Fueron de visita a un pueblo en la costa!
Yuka parecía tener una venda en los ojos, no enfocaba bien la vista, tampoco parecía comprender dónde estaba, lo único que percibía era que sentía todo el cuerpo horriblemente pesado, el ardor en el rostro y un dolor lacerante en la garganta. Sabía que su mano le temblaba y de pronto fue capaz de percibir que no estaba sola, buscó con la mirada una voz, una voz desesperada, ronca y profunda masculina que nombraba a alguien.
- Kagome… ¿Dónde está?
- Kagome… por favor, se lo suplico…
Yuka desvió el rostro y gimió al hacerlo, llevándose una mano al cuello otra vez, pero alguien se la apartó, aun así, sus ojos finalmente divisaron a un hombre, que seguía hablándole con desesperación. Estaba a su lado, su rostro hermoso desencajado, el cabello plata y largo desordenado, sus ojos dorados enrojecidos, no lucía bien, nada bien, pobre ¿Quién era? Arrugó el ceño y luego lo comprendió.
- Mi… milord…- Murmuró e hizo una mueca, la garganta le dolía demasiado y su voz era ronca y débil.
Sesshomaru le tomó una mano con desesperación.
- Oh, se lo suplico, por favor, dígame que sucedió ¿Dónde está mi esposa?
Ella entrecerró los ojos. Se sentía tan débil y adolorida.
- Su… esposa…- Murmuró apenas, sin comprender todavía, pero forzando a su memoria a recordar. Retazos de acontecimientos se apoderaron de su cerebro. El relinchar de los caballos, voces desesperadas de hombres, rudas, el grito ahogado de otro hombre, la mirada de una mujer que buscó refugió en ella, ambas se abrazaron, la puerta del carruaje abrirse de golpe, rostros sádicos y asquerosos sonriendo y mostrando una dentadura decadente pero con un brillo de oro en un incisivo central, la separación a la fuerza de ese hombre que arrastraba a la mujer, la pelea que dio a quienes intentaban retenerla desde atrás y luego el corte en el cuello, dejándola tirada en el asiento trasero del carruaje.
Lo recordó todo, con horror, dolor, se estremeció y lloró rememorando el miedo y el pavor que sintió en ese momento.
- Por favor…- Volvió a suplicar Sesshomaru.
Se calmó. La señora. Su señora. Miró al Lord y sólo pudo decir, en un hilo de voz.
- Ella… milady… está embarazada…
Continuará…
N/A: Hola, muchas gracias por leer hasta aquí y por todos los mensajes que me dejaron. Sí, varias tenían razón, fui dejando pistas, muy evidentes por cierto jeje, esta embarazada. No sé si el siguiente capítulo es el final o el siguiente a ese, todo depende de lo extenso que quede lo que me queda por escribir, de todas formas aviso, para ir ya despidiéndonos de la historia, que ha sido todo un reto escribir porque hacía muchísimo, años, como 10, que no escribía tanto (no esperaba ni siquiera llegar al capítulo 20 jeje), ni que fuera una trama histórica y menos un sesshome, pero lo he pasado bien, me ha gustado y me siento contenta que, quienes no son fans de la pareja, aún así le dieron una oportunidad al fic y lo leyeron, de verdad se los agradezco, así como también a quienes han leído desde el inicio y a quienes, capítulo a capítulo, sin falta, me han dejado su review. Todo lo valoro mucho.
Un abrazo.
Lady.
