No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.
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Isabella puso su pila de información en la mesa del café entre su portátil y la copa de té de manzanilla y contesto su celular. ¿No había notado el que eran las once de la noche en su zona horaria?
―¿Hola?
―Te extraño. ― murmuró Edward. ― ¿Te desperté? ― Ella sonrió. Lo extrañaba también, pero había estado tratando de terminar un montón de trabajo desde que había regresado a casa. Estaba casi capturada. La culpa por abandonar su trabajo para disfrutar de Edward estaba empezando a disminuir. Sólo un poco. Quizás ella podría regresar con el más pronto de lo que se imaginaba.
― No, aún estoy trabajando. ¿Cómo estuvo la filmación del video hoy?
―Estoy en todas las cinco tomas. Jazz es un cerdo total en la cámara. El resto de nosotros nos aburrimos. ― Ella escucho la calumnia en su voz.
―Y entonces bebiste todo el día. ― adivinó ella.
―Estábamos aburridos.
―Voy a dejarte ir.
―¿Por qué?
―Porque estoy trabajando. ― Y no puedo soportar el sonido de tu voz cuando estas ebrio.
―¿Es ese el verdadero porque?
―Llámame mañana. ― dijo ella. ― Cuando estés sobrio.
―¿Isabella?
Ella colgó. Suspiro y tomo su información. Sólo digitó un número cuando el teléfono sonó de nuevo. Consideró no contestar, pero finalmente lo cogió.
―Edward, no quiero hablar contigo ahora.
―¿Quién es Edward? ― Isabella se puso pálida. Su garganta se cerró. Jeremy. No podía respirar, mucho menos hablar. ¿Cómo había conseguido él su número telefónico? Había sido cuidadosa de mantenerse sin registrar en las guías telefónicas y le había dado el número a muy poca gente. ― ¿Quién es Edward? ― repitió él. Su única respuesta fue un grito de asombro. Paralizada de miedo, no pudo moverse. O pensar. ― ¿Él es la razón por la que has estado lejos de tu apartamento por más o menos tres semanas? ― ¿Cómo sabia él que ella había estado lejos? ¿La estaba vigilando de nuevo? ― ¿Te lo estás follando?
―¿Cómo conseguiste este número? ― Ella preguntó alrededor del nudo de su garganta.
―¿Te lo estás follando? Lo mataré. Nadie te toca excepto yo. ¿Entiendes? Tú eres mi esposa. Me perteneces…
―Jeremy, estamos divorciados. Y en caso de que lo olvides, aún tengo una orden de restricción.
―¿Vas a llamar a los policías? Adelante. Ellos no saben dónde estoy, pero te veré muy pronto, cielo. ― Él colgó.
Isabella tiró el teléfono a través del sofá como si se hubiera transformado en una serpiente. Se paró rápidamente, bajo las persianas de todas las ventanas y cerró de un tirón las cortinas. Revisó para estar segura que la puerta de enfrente estaba cerrada con llave. Atornillada. Encadenada. Miro en los armarios. Revisó debajo de la cama y detrás de las puertas. En los gabinetes de la cocina. La nevera. Ella estaba sola. Demasiado sola para su comodidad. Cogió su celular y se encerró en el baño.
Cuando cerró la puerta, la cortina de la ducha se elevó un poco. Isabella marco al 911 y sostuvo su dedo sobre Marcar cuando se aproximó a la bañera. Con el corazón aturdido, ella agarró la cortina y la sacudió de nuevo.
Vacío.
Sus hombros se hundieron de alivio. Se sentó en el borde de la bañera con su espalda contra la pared de azulejos fríos, así ella podía ver toda la habitación. Jeremy podría haber aprendido a teletransportarse desde la última vez que lo había visto.
Llamó a Edward.
Él respondió al segundo timbre.
―Oh, así que ahora quieres hablar conmigo.
Ella podía escuchar mucho ruido en el fondo. Música a todo volumen. Conversaciones. Risas. Tintineos de vasos. Ella estaba asustada y él estaba de fiesta como, bueno, una estrella de rock. El muy pendejo.
―J-Jeremy llamó. ― susurró ella.
―¿Qué? No puedo oírte. ― gritó Edward. El ruido en el fondo cambio rápidamente. Él debía estarse moviendo hacia la salida o algún lugar más tranquilo. ― Dilo de nuevo. ― dijo él.
―J-Jeremy llamó. ― Se secó una molesta lágrima con el dorso de su mano. ¿Qué va a obtener con lágrimas? Nada. Ellas de seguro no hacen que un borracho deje de acusarte de ser una puta asquerosa.
―¿Tu exmarido? Pensé que no tenías contacto con él. ¿Por qué te llamó?
―Quiere saber dónde he estado las últimas tres semanas. ― susurró. Ella no podía hablar más fuerte. Como si Jeremy pudiera escucharla.
―Te está acosando otra vez. ― dijo Edward con certeza. ― ¿Tienes a alguien que pueda quedarse contigo hasta que yo llegue allá?
―No, no te llamé para que vinieras. Él dijo que iba a matarte.
―¿Dijo eso? ¿Cómo si ni siquiera me conoce?
―No vengas.
―Entonces ven para acá. Inmediatamente.
Hubo un ruido en el apartamento de al lado y Isabella saltó. Ya era suficientemente malo que tuviera que vivir con miedo, pero se rehusaba a poner a Edward en riesgo. Si ella iba hacia él, o el venía hacia ella, sabía que Jeremy podría herirlo.
Ella trago saliva y tomo un respiro profundo, esperando sonar confiada cuando dijo:
―No seas ridículo. Tengo toneladas de trabajo que hacer. Él está siendo un idiota. Estaré bien. Yo sé que no me molestara de nuevo. Le recordé que tengo una orden de restricción. Si se acerca a mí, todo lo que tengo que hacer es llamar a la policía y ellos lo arrestaran. ― Si, está bien. Yo tan sólo me sentare por aquí por una semana y espero a que el psicótico acosador de tu ex marido te deje en paz. ― Edward…
―Estaré allí tan pronto como pueda. ¿Quieres que me quede en la línea contigo?
―Eso no es realmente necesa… Por un momento.
―Háblame de tu día. ― dijo. Ella podía escuchar el ruido del bar en el fondo de nuevo. ― Hey, Phil. ― Él le gritó a alguien, ― Llámame un taxi, ¿sí?
―¿Ya te vas, Edward?― Dijo un molesto sonido de mujer. ―Apenas empezamos la fiesta.
―No me estás hablando de tu día. ― Edward le dijo a Isabella.
―¿Qué quieres saber?
―Todo. Empieza desde el momento en que abriste tus ojos.
―¿No debería empezar desde el momento en que rodé por la cama y traté de encontrarte, pero no estabas allí?
―Sí, empieza con eso. ― Ella podía oír la sonrisa en su voz.
Ella le contó sobre su día. Cada momento, incluido lo que Jeremy le había dicho por teléfono. Edward siguió hablando en el taxi camino al aeropuerto, mientras reservó un vuelo en el mostrador de boletos, y todo el tiempo mientras esperaba por su vuelo. Ella se sintió a salvo tan sólo teniéndolo al otro lado de la línea. Con el tiempo Isabella dejo el baño y se metió en la cama con su teléfono. De todas formas, dejo todas las luces del apartamento encendidas. No creía que podía manejar la oscuridad.
―Mi batería va a morir. ― dijo él. ―Seguiré hablando tanto como pueda. Mi avión está abordando pronto.
―Lamento ser una peste, Edward.
―Tú no eres una peste.
Ella no se había dado cuenta que estaba a punto de llorar hasta que las lágrimas empezaron a caer.
―No debí haberte llamado. Y no debería dejarte venir para acá. ― susurró ella, y se sonó la nariz. ― Jeremy podría lastimarte.
―Yo me puedo cuidar de ese pinche estúpido. No te preocupes por mí. Mantente a salvo hasta que llegue. Ya sabes, si te vas a dormir ahora, estaré ahí cuando te despiertes. ― Isabella asintió con la cabeza como si él pudiera verla. Estaba cansada. Drenada mentalmente.
―Gracias por estar hay para mí.
―Eso no tiene importancia. Tu sabes que yo te a…― El teléfono se desconectó. Su batería debió haberse muerto. No queriendo darle a Jeremy la oportunidad de llamarla de nuevo, apagó su teléfono. Mañana ella conseguiría cambiar el número. ¿Pero cómo? ¿Cómo la había encontrado Jeremy? Ella había sido muy cuidadosa.
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Oh, no… problemas. ¿Qué les pareció este capítulo? No olviden dejar un comentario y pasarse por mi super exclusivo grupo de Facebook 'Twilight Over The Moon', tenemos muchas dinámicas.
¡Nos leemos pronto!
