Capítulo 45
En el campamento, Naruto recogía sus cosas furioso. Pensar en Temari le resultaba muy doloroso, cuando Sasuke insistió:
—Te equivocas una vez más.
—Dudo que me equivoque.
—¿Por qué no te paras, respiras y piensas en lo que...?
—Amigo, esa mujer ya se ha reído lo suficientemente de mí, ¿no crees?
Los hombres de Sasuke los miraban en silencio desde la distancia. Lo que ocurría era del dominio de todos, pero simplemente observaban y callaban, nada tenían que decir al respecto, cuando Sasuke insistió:
—Quizá lo que oíste no...
—¡Sé lo que oí!
Sasuke asintió y, bajando la voz para que sólo su amigo lo oyera, preguntó:
—¿A qué vino mencionar a Hinata?
Naruto resopló. Ni él mismo sabía por qué lo había hecho.
—No lo sé. Sinceramente, no lo sé.
Al ver las pocas ganas que su amigo tenía de hablar, Sasuke finalmente se sentó a observarlo. Naruto movía sus cosas de un sitio para otro, sin ton ni son, cuando se oyó a uno de sus hombres gritar:
—¡Se acerca un jinete!
Sasuke se levantó, Naruto se acercó a él y el primero señaló:
—Creo imaginar a qué viene.
Naruto no dijo nada, y, cuando el jinete llegó hasta ellos, tras mirar a los escoceses con precaución, dijo:
—Busco a Naruto Uzumaki.
—Soy yo.
El jinete, sin dudarlo, le entregó un pergamino al tiempo que le decía:
—Para vos, de parte de mi señor, Rasa Sabaku.
Dicho esto, el hombre se dio media vuelta y desapareció cabalgando por donde había llegado.
Los escoceses se quedaron mirando a Naruto.
Todos sabían lo que posiblemente decía aquel pergamino, y Sasuke, al ver a su amigo paralizado mirando aquello, lo tocó en el hombro y pidió:
—Acompáñame.
En silencio, los dos se dirigieron hacia la tienda de Sasuke, y, una vez dentro, éste dijo:
—Ábrelo y lee lo que pone.
Sin rechistar, su amigo hizo lo que le pedía, y, después de leer, declaró tirando el pergamino:
—Soy un hombre libre. Ya no estoy casado con Temari Sabaku.
Sasuke asintió y, al ver cómo aquél miraba al suelo, preguntó:
—¿Eso era lo que querías no?
Confundido, Naruto asintió.
—Sí.
De nuevo el silencio se apoderó del lugar cuando Sasuke, seguro de su decisión, musitó:
—En cuanto recojamos el campamento podemos partir para Keith. ¿Qué te parece?
—Me parece bien.
Según dijo eso, Naruto fue consciente de que, sumido en su propio problema, no se había preocupado por su amigo.
—¿Tú estás bien? —le preguntó.
—Sí —afirmó Sasuke sin querer hablar del tema.
—Sakura...
—Prefiero que ni la nombres —lo cortó.
Naruto asintió, pero, incapaz de no soltar lo que le rondaba por la cabeza, añadió:
—¿Eres consciente de que nos han roto el corazón dos malditas vikingas?
Sasuke lo miró. Era una tontería negarlo, por lo que afirmó:
—De lo que soy consciente es de que nunca más volveré a pensar en las ridículas pruebas de amor y, mucho menos, le abriré mi corazón a nadie.
Ambos sonrieron, cuando Naruto, al ver la mirada triste de su amigo, preguntó:
—¿Estás seguro de que quieres partir?
Tras unos segundos de silencio, en los que Sasuke luchó de nuevo contra sus sentimientos, pues era consciente de que era imposible intentar algo con Sakura, musitó:
—Sí, Naruto. Muy seguro.
De nuevo, se miraron. El modo en que se sentían por todo lo ocurrido era algo nuevo para ambos. Por ello, Naruto, incapaz de entender qué pasaba por sus cabezas, pidió necesitado de estar solo:
—Cuando me digas, estaré preparado.
Y, acto seguido, salió de la tienda, dejando a Sasuke desconcertado.
Sentándose en el suelo, Sasuke se sacó del pantalón el pañuelo de Sakura que él se había guardado en el bolsillo sin que ella se diera cuenta cuando se le había caído en el exterior de la fortaleza. Aparte de los recuerdos, aquello sería lo único que atesoraría de ella, de la mujer vikinga de extremo valor que le había roto el corazón. Se lo acercó a la nariz, e, instantáneamente, el maravilloso olor de la joven lo inundó. Y, sin poder evitarlo, cerró los ojos y murmuró:
—Pelirosa salvaje..., ¿cómo voy a vivir ahora sin ti?
Nos quedan cinco capítulos para el final y el epílogo.
