Frankie se detuvo apoyando las bolsas en el suelo para respirar profundamente, intentando controlar su respiración entrecortada. Inhaló otra vez con fuerza e hizo una mueca al sentir una gota de sudor resbalar por su espalda. Tres días con el ascensor deshabilitado era inaceptable; tendría que tener otra charla con el propietario. Solo quedaban tres pisos más por subir y ya había comenzado a sentir una sensación de ardor muscular en sus piernas. No se encontraría maldiciendo mentalmente si no fuera por las malditas bolsas de compra que comenzaban a hundirse dolorosamente en la palma de sus manos.

-Ah, buenas noches, señora Davis.

La anciana apenas se asomó por la puerta. Lo ojeó de pies a cabeza, pausando momentáneamente en las bolsas que cargaba.

-¿Desde cuándo tienes perro?

Frankie se aguantó las ganas de poner los ojos en blanco y forzó una sonrisa; quería ser amable con ella.

-Es de mi hermana. Solo estará conmigo por un tiempo. ¿Hace mucho ruido? -preguntó, aunque era consciente que el perro apenas ladraba y si lo hacía era muy improbable que lo escuchara a través de la pared.

La mujer negó con la cabeza y cerró la puerta dejándolo desorientado hasta que se sacudió de hombros y siguió hasta la puerta y golpearla como pudo; primero intentó con el codo y luego con el pie.

-Gracias por ayudarme -dijo con un tono sarcástico y Jane lo miró ofendida a la vez que colocaba la última bolsa con vegetales sobre la mesa.

-¿Por qué dices eso?

-Te mandé un mensaje pidiéndote que bajaras para que me ayudaras con las bolsas.

-Ah. No tenía el móvil a mano. -Se encaminó hasta el sofá, notando que también lo tenía en silencio-. Lo siento. Hubiera bajado. ¿Eso es lo que creo que es?

-Sip. Tu comida china preferida. Y compré un Lo Mein grande solo para ti así no tendrás razón para quejarte.

-No sé de qué hablas. Nunca me he quejado por algo así -apenas pudo contener la sonrisa-, pero muchas gracias, Frankie.

-Bajaré por la caja de cerveza ya que no te veo buscándola -avisó, mirándola colocar las cajas con comida sobre la mesita de café enfrente del sofá.

-¡No sabía que había una para buscar! -gritó a la vez que su hermano cerraba la puerta al salir.

Jane se sentó en el sofá y cruzó las piernas, mirando a su perro que se había sentado al lado de la mesita y miraba hacia arriba, olfateando la comida.

-Ni lo pienses porque ya te di tu comida -dijo y el perrito la miró y volvió a subir a su lado del sofá, recostándose resignado como si la hubiera entendido. Jane sonrió y miró la comida nuevamente, sintiendo como la boca se le hacía agua.

El móvil sonó y Jane gruñó pensando que se trataba de su hermano.

"Tienes razón. Esta cama es enorme para una sola persona"

Jane sonrió de oreja a oreja, sosteniendo con más fuerza el aparato en sus manos.

"¿Tan temprano en cama? Y suelo tener razón en muchas cosas ;)"

La respuesta llegó en menos de un minuto; no podía dejar de mirar los puntitos moverse mientras Maura escribía su respuesta.

"Madrugué y ha sido un día agotador"

Jane se mordió el labio inferior. Maura no tenía idea de cuánto deseaba estar con ella. Ya se estaba creando excusas para dar paso atrás con su decisión y correr hasta el loft para estar con ella. Frankie entró quejándose con la caja de cerveza sobre un hombro y Jane terminó de escribir un mensaje para enviarlo con la foto de la comida enfrente de ella, antes de dejar el aparato sobre la mesita de café.

-Aquí tienes -le dio una botella de cerveza ya abierta-. Entonces... -Empezó Frankie unos minutos después de haber comenzado a comer. Jane apartó la mirada del televisor para mirarlo a él, esperando a que prosiguiera-. ¿En algún momento me vas a explicar por qué estás aquí? Que sabes que no me importa, pero pensé que estabas bien en el loft con el trato que hiciste con Maura.

Jane sostuvo con más fuerza los palillos chinos antes de llenarse la boca con Lo Mein para ganarse unos segundos más para pensar en su respuesta.

-Estoy bien con Maura. Es el caso... te conté lo que ocurrió y te vuelvo a repetir que no le digas a Ma, por favor. Perderá la cabeza si se entera de esos detalles-. Ella estaba a punto de perderse a sí misma.

-¿Crees que estoy loco? Claro que no le diré. Lo único que no entiendo es por qué irte del loft.

-Ya te expliqué el modus operandi...

-Lo sé, pero Maura es tu amiga. No están casadas. ¿Solo ha asesinado a parejas casadas, cierto? -preguntó y Jane se mordió el interior de la mejilla. Estaba claro que su hermano intentaba entender su razonamiento.

Jane asintió.

-Hmm -Frankie tomó un sorbo de cerveza, ordenando sus pensamientos antes de hablar otra vez-. Déjame ver si entiendo... ¿Te has ido del loft para no poner a Maura en riesgo por que el asesino podría pensar que Maura es importante para ti?

-Sí.

-¿Por qué no Dean?

-Creo que sabe que estoy en proceso de divorcio. -Dijo, aunque el mensaje que le había dejado era indicación de que, sin dudas, el asesino está al tanto de los cambios en su vida. Solo no estaba segura hasta dónde... ¿Acaso también estaba al tanto del cambio en su relación con Maura?

-Aja... -Dejó la caja con arroz frito sobre la mesita y sostuvo la botella de cerveza con ambas manos.

Estaba pensando en algo y Jane tragó en seco porque conocía muy bien esa expresión en el rostro de su hermano.

-Explícame algo... ¿En ese caso no sería mejor que estuvieras con Maura? Y si es por ser una persona importante, ¿No quiere decir que el que está en peligro ahora soy yo? O sea que yo puedo protegerme mejor que Maura, creo... espero...

Las palabras de su hermano la dejaron con una sensación de vacío en el estómago. Era ese sentir de indecisión e inseguridad que detestaba tanto.

-Sí pienso que puedes protegerte...

-Podría atacar a cualquier persona cercana a ti.

-Gracias por eso. Es muy tranquilizante escuchar esas palabras -soltó entre dientes y dejó la comida a un lado.

-No lo digo por ser insensible, pero es la verdad, Jane. Puede ser Tommy, Ma, cualquiera, hasta TJ. Si lo que quiere es hacerte daño o lastimar a alguien cercano... puede ser cualquiera. No podemos protegerlos a todos.

-Frankie... -advirtió y el sonar de su celular cortó el aire.

-Chequea que puede ser algo importante.

Jane suspiró y agarró el aparato. En el fondo estaba agradecida por la interrupción.

"No puedo creer que dos personas se puedan comer todo eso" Su mirada se mantuvo fija en los puntitos que se movían continuamente y otro mensaje apareció. "Y si duermo temprano no estaré consciente para extrañarte tanto... tal vez te tenga en mis sueños"

Los labios de Jane se separaron y volvió a releer el último mensaje. Los mensajes de Maura la sorprendían cada vez más; se había dado cuenta que llegaba a ser más expresiva cuando escribía. La mujer sería su perdición.

-¿Algo importante? -preguntó su hermano con una sonrisa de lado que la sacó bruscamente de su burbuja-. Tienes esa sonrisa otra vez...

-¿De qué hablas?

-Ay, hermanita...

Jane entrecerró los ojos frunciendo el ceño. El celular había quedado olvidado entre sus piernas.

-¿Qué?

-¿Era Maura?

-Sí. ¿Cómo sabes?

-Porque siempre sonríes de esa forma cuando lees sus mensajes. O siempre que la miras o...

-A dónde quieres lle...

-Jane... -la cortó y se estiró para volver a agarrar su comida, hablando un poco más relajado y con esa sonrisa de sabelotodo que no se borraba de su rostro-. Te conozco muy bien y sé que las cosas se deben hacer a tu ritmo. Solo te diré algo y espero que no te lo tomes a mal: Creo que deberías estar con Maura en estos momentos. Si de verdad piensas que podría estar en peligro, pues, ¿quién mejor que tú para protegerla? Además, ¿no tendrás vigilancia por unos días? Eso sería como doble seguridad para las dos, supongo. -Soltó una carcajada al ver la expresión de su hermana-. Vale, por tu cara voy a suponer que no pensaste en eso, ¿cierto?

-No... supongo que es cierto que el miedo te hace pensar irracionalmente...

-Créeme que sé que prefieres estar con ella en vez de conmigo. -Se puso de pie aun riendo-. ¡Ese soy yo! -exclamó cuando su celular sonó sobre la mesa-. Oh no...

-¿Qué?

-Ma quiere venir -avisó al leer el mensaje.

-Frankie... dime que no le dijiste que me quedaría aquí esta noche...

-No sé si le dije o sea ¿fue sin querer...? -Frankie regresó al sofá con varios sobres y una nueva cerveza-. Estas cosas te llegaron ayer -le entregó el bulto de correspondencia y Jane se puso a revisarlo.

-¿No le puedes decir que es muy tarde?

-No porque no es muy tarde y aunque lo fuera sabes que no cambiará nada. Vendrá si quiere. ¿Qué es? -preguntó cuando Jane se cubrió la boca con una mano, sobrecogida con emoción.

-Es oficial -anunció al darle vuelta al papel.

-¿¡Tan rápido!? -exclamó con emoción- Siempre pensé que estas cosas tomaban más tiempo. ¡Felicidades, hermanita! Oficialmente eres una divorciada.

-Cuando lo dices así no suena tan bien -se quejó, pero no dejó de sonreír.

-¡Una persona libre!

-Mucho mejor. Y sí, suele tomar unas semanas más, pero tuve un buen abogado. Se siente como si me hubiera quitado una carga invisible de encima.

-Cualquiera diría eso cuando se trata de Gabriel.

-Frankie... -dijo con tono serio y se miraron fijamente por varios segundos antes de estallar en risa-. ¿Quieres ir a una exposición de arte? Constance me envió una invitación. Será la última que haga antes de quedarse unos meses en Francia. -Le pasó el sobre dorado y Frankie leyó la invitación, asintiendo lentamente.

-Pensé que ya se había ido.

-Sí, pero solo para finalizar unos trámites antes de volver para quedarse.

-¿No quieres que Maura sea tu acompañante? -preguntó y Jane pudo notar que, otra vez, su hermano estaba intentando contener una sonrisa pícara.

-Maura ya tiene su propia invitación.

-¿No sería mejor que fuera Ma? Se ha hecho muy fanática del mundo del arte.

-Si quieres le puedes preguntar, pero te aseguro que dirá que vayas tú. Está muy preocupada por tu vida amorosa o falta de, -musitó rápidamente- y ve cualquier evento social como una oportunidad para que encuentres a alguien.

-Cuando pensaba que mi vida no podía sonar más triste... Hey, ahora que eres una solterona podrá molestarte también. Ves, ya no me siento tan mal. Me aseguraré de recordarle ese detalle.

-Frankie...

-Solo bromeaba... un poco. No me tienes que mirar así.

Jane se notaba repentinamente nerviosa y se había pasado la mano por el cabello oscuro, provocando que Frankie alzara una de sus cejas, preguntándose qué era lo que estaba pensando.

-Yo... -Jane se mordió el labio inferior-. No será necesario que haga eso. Creo que ya encontré a alguien. Puede que te suene prematuro, teniendo por hecho que apenas recibí esto -Suspiró, mirando el papel sobre su muslo con la confirmación de que su divorcio era oficial-. Cuando me enteré de todo lo que hizo Gabriel, durante un tiempo, no pude evitar sentirme como él. Como si yo hubiera hecho lo mismo que él porque... porque había comenzado a sentir algo por otra persona. -Se aclaró la garganta y alzó la mirada para analizar el rostro de su hermano, pero él simplemente la miraba con una leve sonrisa, alentándola a continuar-. No actué, joder, ni siquiera era consciente de lo que estaba sintiendo... pero igual sentí... ¿culpabilidad?

-Aquel día, cuando nos encontramos en el parque ¿realmente querías hablarme de esto? ¿Cierto?

Jane no pudo evitar sonreír orgullosa y algo sorprendida de su hermano.

-Tal vez sí me conozcas muy bien, más de lo que pude llegar a imaginar -dijo con tono burlón bajando la mirada-. En ese momento tenía sospechas. -Pensó en si quería darle detalles, pero optó por no hacerlo-. Quería hablarlo contigo, pero cuando llegaste y me preguntaste si todo estaba bien, no pude hacerlo. De estar equivocada hubiera cambiado la imagen de Gabriel en tus ojos que, para ser sincera, ya no era muy buena.

Frankie rio, asintiendo a su vez.

-¿Aún te sientes así? -preguntó con un tono repentinamente serio-. Remordimiento.

Jane negó lentamente después de varios segundos en silencio.

-Me siento como si hubiera llegado a casa después de unas largas vacaciones. ¿Recuerdas cuando fuimos a ese estúpido campamento aquel verano de secundaria?

-Que lo pasamos super bien, si mal no recuerdo.

-Ese alivio al sentir que te acuestas en tu propia cama después de semanas de estar lejos, volver estar en la seguridad de tu habitación. Esa tranquilidad, esa sensación de paz es lo que siento ahora.

-¿Ella te hace feliz? -Intercambiaron una mirada, ambos demasiado conscientes del uso del pronombre. Los labios de Jane se separaron por la sorpresa y porque estuvo a punto de decir algo, probablemente negarlo, pero se contuvo.

-Sí. -Se miró las manos que movía nerviosamente sobre su regazo-. De una forma inesperada, tanto que a veces me cuestiono si de verdad había conocido la felicidad antes de e... -Sus ojos se encontraron y la comprensión en la mirada de Frankie la desarmó- ...ella.

-¡Pues eso es lo único que importa, hermanita! -Se le lanzó encima y Jane no pudo hacer más que aceptar el abrazo-. Y sí, iré contigo a esa exposición. Ya siento escalofríos de solo pensar en nuestra madre dándome otro sermón sobre mi vida amorosa o falta de ello. -La sostuvo por varios segundos y Jane lo abrazó con fuerza, sintiendo un alivio inmenso; era consciente que su hermano siempre había sido de mente abierta, pero no pudo evitar haber estado igual de nerviosa.

-Gracias, Frankie. -Con una sonrisa se contuvo de reclamar que era mayor que él.

-Maura es perfecta para ti, Janie -susurro cerca de su oído y Jane se quedó sin aliento al escucharlo.

El celular de Frankie volvió a sonar y se separó de su hermana con un guiño. Jane puso los ojos en blanco; sabía que su hermano estaba disfrutando demasiado de la situación. También sabía que él estaba genuinamente feliz por ella. Su corazón aún latía con fuerza contra su pecho cuando Frankie se dio media vuelta hacia ella con una mueca en los labios.

-Dice que viene en camino. Tienes cinco, tal vez diez minutos antes de que llegue ¿Qué tan bien comienza a sonar la idea de que vuelvas al loft? Por lo menos esta noche. Y, estando allí, en buena compañía, -Aquella sonrisa pícara volvió aparecer-, te piensas mejor esa decisión que tomaste.

-Frankie...

-Lo que dije antes era en serio. Tú eres la mejor persona para protegerla. Lo sabes.

Jane suspiró antes de meterse una albóndiga en la boca y ponerse de pie, recogiendo su chaqueta de invierno.

-¿Confío en que le podrás dar una buena razón sobre mi ausencia a Ma?

-¿La verdad no es suficiente?

-Frankie...

Su hermano alzó las manos en gesto de paz.

-Me las arreglaré. -Se mostró pensativo y Jane se detuvo antes de abrir la puerta, mirándolo como si supiera que quería decirle algo.

-No tomes mucho tiempo. Con Ma -especificó mirándola a los ojos-. De todos nosotros ella es la menos tonta, solo creo que se ha puesto una venda en los ojos, pero se la está quitando poco a poco, Jane -advirtió.

-Lo sé... -concordó y se dio media vuelta, cerrando la puerta detrás de ella.


Jane le pidió al taxista que diera tres vueltas alrededor de la cuadra antes de bajarse y entrar por la puerta trasera. Miró la pantalla del celular distraídamente mientras subía por la escalera hasta llegar a la puerta del loft. El último mensaje que le había enviado a Maura había sido recibido, pero no leído.

Jane abrió la puerta lentamente y subió la escalera a la habitación mientras se quitaba la chaqueta. El celular de Maura estaba sobre la mesita de noche y la sábana estaba tirada a un lado, pero la mujer no estaba ahí. Un escalofrío recorrió su cuerpo y quiso llamar su nombre, pero se ahogó en su garganta mientras miles de escenarios pasaban por su cabeza; ninguno de ellos buenos.

-¿Jane? -llamó Maura, deteniéndose en el último peldaño, claramente sorprendida de verla ahí-. ¿Estás bien? -preguntó al ver la mezcla de miedo y alivio en el rostro de Jane. Se acercó lentamente cuando no obtuvo respuesta-. Pensé que...

-Estoy bien -musitó Jane al abrazarla.

Maura titubeó un poco, pero terminó rodeando la cintura con sus brazos, estrechándola con fuerza. Su mano izquierda subió lentamente por la espalda de Jane hasta perderse en el cabello oscuro y reposar sobre su nuca, sintiendo cómo Jane se estremecía al sentir la caricia en la base de su cabeza.

-¿No te pudiste resistir a mi espaciosa cama? -susurró sobre cabello oscuro, cerca de su oído.

Jane soltó una carcajada y se separó solo lo suficiente para mirarla a los ojos, viendo lo despeinada que Maura estaba, así que apartó un mechón de pelo de su rostro.

-Te ves hermosa.

La sonrisa de Maura se amplió, divertida; se había visto en el espejo unos minutos antes y su aspecto desorganizado y cara somnolienta dejaba mucho que desear.

-¿Estás segura que estás bien? Me temo que tu visión está afectada.

-Vaya, Dra. Isles. Creo que sí estoy siendo una mala influencia en ti. Aunque, si soy honesta, me está gustando mucho.

-¿Sí? -Preguntó, tomándola de la mano para llevarla a la cama y ambas se sentaron al borde. Maura la imitó y colocó un mechón de pelo oscuro detrás de la oreja, acariciando su mejilla. Jane cerró los ojos, apoyándose en la cálida palma.

-Quiero estar contigo -dijo en voz baja aún con los ojos cerrados-. Y también no me pude resistir a esta cama. -Su labio inferior temblaba y Maura se relajó al darse cuenta que era por las fuerzas que estaba usando para no reírse de sus propias palabras-. Hablé con Frankie y me hizo ver las cosas desde una perspectiva diferente. Si estoy a tu lado podré protegerte mejor -explicó y Maura ladeó la cabeza-. Me asusté cuando llegué y no te vi en la cama -admitió y bajó la mirada.

-Estaba en el baño -explicó en voz baja y deslizó sus dedos por la mandíbula de Jane hasta llegar al mentón, alzando lentamente su cabeza para mirarla a los ojos, y volvió a preguntar en apenas un susurro:

-¿Estás bien?

Jane se perdió en aquella mirada por unos largos segundos.

-En lo que cabe. Ahora estoy bien. Estás bien. -Dejó escapar un suspiro tembloroso y su mirada descendió a los labios entreabiertos de la rubia. Maura lo notó y no pudo evitar sonreír antes de cerrar el espacio entre las dos, uniendo sus labios-. Mucho mejor ahora -susurró entre besos y la risa de Maura llegó a sus oídos, haciendo que una sensación de euforia la acogiera.

-¿Entonces volverás? -preguntó Maura al separarse.

Jane asintió.

-No sé cómo pude pensar que dejarte sola aquí sería buena idea -admitió un poco apenada-. Pensé que... pensé que alejarme te protegería, pero si no estoy contigo no...

-No tienes que pensar en eso. -Tomó el puño cerrado de Jane entre sus manos, deshaciéndolo para entrelazar sus dedos-. ¿Por qué no te cambias de ropa y me acompañas?

Jane asintió y se puso de pie rápidamente, quitándose la blusa mientras caminaba hacia el armario. La habitación estaba iluminada con una luz tenue de la lámpara sobre la mesita de noche; era suficiente para distinguir la mirada de Maura sobre ella en el reflejo del espejo.

-¿Ves algo que te guste?

-Sabes que sí. -Maura respondió casi al instante, apoyada en el espaldar de la cama, sin dejar de mirar cómo Jane se quitaba el pantalón de chándal.

Jane se aclaró la garganta y Maura sonrió al darse cuenta que la morena aún se ponía nerviosa cuando era así de directa con ella.

-Por cierto, me llegó la invitación de tu madre -decía mientras se quitaba el sostén y buscaba una blusa para ponerse.

-¿Sí?

Maura no estaba segura si lo había dicho en voz alta o si lo había pensado; estaba muy distraída mirando cómo los músculos de la espalda desnuda de Jane se flexionan con sus movimientos.

-Frankie aceptó ir. Por cierto -anunció con un tono de voz más alto ¿cómo se pudo olvidar? La mirada de la rubia la siguió y Jane recogió su chaqueta, buscando algo en el bolsillo interior. Primero sacó un sobre dorado que reconoció como la invitación de su madre y luego otro sobre blanco. Jane subió en la cama con una blusa sin mangas y en ropa interior, entregándole el sobre blanco al sentarse a su lado, hombro a hombro.

-¿Qué es?

-Ábrelo.

Jane se mordió el labio mientras la miraba sacar el papel del sobre. Maura se quedó sin aliento al leer el título.

-Jane... esto es...

-¿Genial? -dijo unos segundos después de que Maura se mantuviera en silencio sin saber qué decir-. ¿Una gran noticia? ¿Vivificante?

-¿Vivificante? -repitió divertida-. Sí, sí lo es. Me alegra... o sea si estás feliz, yo estoy feliz por ti.

-Maura, cariño, ¿Que si estoy feliz? ¿En serio tienes que preguntar? Estoy eufórica. Soy libre. Estás conmigo en la cama más cómoda del mundo y me estás sonriendo de esa forma que me enloquece.

-Es la primera vez que me llamas así.

Jane abrió los ojos sorprendida y entonces se dio cuenta de lo que había dicho.

-¿De todo lo que dije con eso fue con lo que te quedaste? Te dije que me enloquec... -Los labios de Maura la acallaron y un gemido se escuchó cuando sus lenguas entraron en contacto; ninguna de las dos estaba muy segura de quién se había originado. Pero eso no importaba.

-Te mostraré cuánto te puede enloquecer -susurró Maura a la vez que sus labios se deslizaban a lo largo de la mejilla ardiente de Jane hasta llegar al lóbulo de su oreja, mordiéndolo más fuerte de lo esperado-. Cariño...

Esta vez, definitivamente, el gemido que se escapó sin ninguna vacilación era de Jane.