Hola queridos lectores!

He estado muuuy ocupada, y por primera vez los he hecho esperar mas de lo normal y me he sentido culpable :(

Muchas gracias por sus reviews del cap anterior :3 a darkness1617, ELF-ClOUD, candy01234, Aida Koizumi, LaWeaAzul, RosasRojas y Paty, he notado que todas han explotado en amor y les ha encantado asi que estoy muy feliz por ello.

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Capítulo 38 .- Visita a los abuelos.

Febrero, 2018

(Perspectiva de Inuyasha)

Restregué mis ojos cansado, mirar el computador durante todo el día había terminado de freír mi cerebro, lo que me mantenía con ánimos era saber que al menos era viernes. Mi padre llamó justo a tiempo para distraerme.

– Hola Inuyasha.

– Buenas tardes, padre, ¿Cómo has estado? – sentí que no hablaba hace siglos con él.

– Bien, he recibido los informes de venta, si que has hecho crecer la empresa, estoy orgulloso de ti. – Okey, eso no me lo esperaba, mi padre nunca me había felicitado de esa forma – Quiero que celebremos este fin de semana, tu madre te extraña.

Medité la situación por un momento. Kagome ya tenía cuatro meses de embarazo y yo aún no les había dicho a mis padres… sorprenderlos mañana parecía el plan perfecto.

– ¿Puedo llevar a Kag conmigo? – Escuché una risa corta de mi padre.

– ¿Has vuelto con Kagome?

– Hmm, no arruines la sorpresa. – musité y mi padre volvió a reír.

– Perfecto, avisaré a tu madre para que prepare lasaña.

– Genial, Kag ama la lasaña.

Corté la llamada y Miroku apareció bajo el marco de mi puerta.

– Yo ya me voy – exclamó mientras se acercaba - ¿Te quedarás mucho rato más?

– No, saldré ahora de aquí. Mañana visitaré a mis padres con Kag.

– Uuuh, ¿se viene la noticia para los abuelos? – me pegó en el hombro y yo me reí.

– Estoy ansioso por contarles. – Me sorprendí de escucharme tan embobado. Miroku dio unas palmaditas en mi espalda.

– Es grandioso verte feliz por fin.


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Llegué al departamento cerca de las siete. El olor a dulce horneado me hizo identificarme como el padre trabajador que llega cansado y es recibido con amor por su esposa, luego de meditar lo meloso del pensamiento me sentí un poco idiota. Con su rapidez característica Kagome apareció frente a mi casi como si se hubiera teletransportado desde algún lugar del hogar.

– ¡Inu! – Se colgó de mi y me abrazó con cariño mientras me besaba. increíblemente su vientre si había comenzado a crecer, no en exceso, pero se notaba bajo la camiseta.

– Hola gatita, que agradable recibimiento. – la tomé en brazos y ella enredó sus piernas por mi cintura mientras Aki me ladraba feliz de abajo. Con 6 meses el cachorro había doblado su tamaño y ahora alcanzaba una altura considerable parado en dos patas sobre mis piernas. – ¿Cómo has estado? – pregunté mientras besaba su pequeña nariz, ella la arrugó con el gesto.

– Bien. – exclamó mientras se bajaba y tomaba a Aki en brazos, de pronto se veía gigante comparado con Kag, yo hice un pat pat en su cabeza y él lamió mi mano.

– ¿Nada de nauseas?

– Sólo un poco, pero no he vomitado ni una sola vez hoy. – Sonrió orgullosa y yo acaricié su mejilla. – Estoy haciendo un pie de limón. – Sonreí… el limón era una obsesión de Kag en los últimos meses.

– ¿Limón? – pregunté.

– Si, lo siento, se ha convertido en una obsesión no sana. – La besé con cariño mientras enredaba una de mis manos en sus cabellos.

– Me encanta.

Cuando se acercó al horno para sacar su creación ya lista, me acerqué para evitar que lo hiciera.

– ¿Puedo sacarlo yo? – pregunté, ella me miró con una arruguita en su entrecejo.

– Tienes que dejar de protegerme tanto, embarazada o no sigo siendo youkai, tú mismo me transformaste ¿recuerdas?

– Si, sólo disfruto siendo sobreprotector contigo, te tuve lejos demasiado tiempo. – La agarré por la cintura y ella me miró desafiante – No me regañes por amarte. – exclamé mientras pegaba mi frente a la suya. La vi suspirar derrotada y me extendió los guantes de cocina.

– Toma, para que no te quemes.

Ambos comimos pie sentados en el sofá, con Aki sentado a nuestro lado.

– Oye gatita – musité mientras me llevaba otro trozo a la boca. Ella me miró con curiosidad mientras masticaba – Mis padres nos han invitado a almorzar mañana. – el pánico apareció en su rostro.

– ¿Les diremos mañana? – bajé mi mirada a su pancita, era pequeña, pero no pasaría desapercibida.

– No es como si pudieras ocultar la evidencia. – le sonreí y ella miró su abdomen.

– Si ocupara un sweater holgado podría. – musitó mientras acariciaba con cariño la zona.

Le hice un gesto para que se acurrucara a mi lado y ella no lo pensó dos veces. Acaricié sus cabellos con cariño y el olor a vainilla y fresas me invadió.

– ¿Cuándo es tu próximo control?

– En dos semanas más. - Llevé mis manos a su vientre y las mantuve ahí mientras daba besos en su cabeza. De pronto la preocupación se hizo evidente en el aroma de su cuerpo.

– ¿Crees que seré buena en esto?

– Por supuesto que sí.

– Intentaré ser la mejor versión de mi por ti. – musitó mientras unía sus manos a las mías, hablándole suave a su abdomen.

– ¿Podrá escucharte?

– No lo sé, espero que sí, me entretengo hablándole varias horas al día. – se rio y yo me enternecí. Tomé su mentón para besarla en la misma posición. Mordí su labio inferior con delicadeza antes de separarme.

– Te amo – musité.

– Te amo más – acarició mi mejilla con cariño.


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Al otro día por la mañana abrí los ojos primero que Kag, sentí su tibio cuerpo abrazado a mí lado izquierdo, del otro lado Aki pegaba su espalda a mi torso. Me estiré levemente y la sentí ronronear bajito como un gato mientras se apegaba más a mí.

– Buenos días – besé su frente y ella sonrió para luego besar mi pecho.

– Buenos días.

Me senté en la cama para abalanzarme sobre ella.

– Bien, ¿estás lista para hoy?

– No, pero nunca lo estaré, no puedo huir por siempre. – me concentré en besar su abdomen y me detuve ahí apoyando mi mejilla.

– Hoy conocerás a tus abuelos. – musité contra su piel, ella acarició mis cabellos y me sonrió. De pronto sentí mis mejillas arder, ni rastro había del Inuyasha bruto e incapaz de crear lazos emocionales de hace algunos años, Kag había cambiado mi personalidad incluso sin esforzarse y yo no había tenido oportunidad de combatir contra ello.

Ella se duchó primero y yo la seguí después. Cuando salí para vestirme la vi acomodando un sweater holgado sobre su camiseta, tal como había prometido.

– Gatita… hay al menos treinta grados afuera.

– Tengo frío. – puse los ojos en blanco.

– ¿Por qué quieres taparte?

– Tengo miedo de que no les guste verme así…

– Mis padres te aman a un nivel que aun no logro comprender, llevan al menos cuatrocientos años esperando que les de un nieto, estarán felices, créeme.

Me sonrió y se estiró en puntitas para besar mis labios.

– ¿puedo sacármelo allá?

– Bien… sólo no esperes a que te dé un shock térmico.


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Llegamos a la mansión Taisho cerca de las once de la mañana, el mayordomo nos abrió la puerta y nos sonrió.

– Buenos días, señor Inuyasha.

– Buenos días. – respondí y Kagome sonrió a mi lado, Aki gruñó un poco al hombre frente a nosotros hasta que ella lo miró de forma reprobatoria. Dejar al cachorro solo en el departamento no era una opción, o al menos no para Kag.

– Sus padres se encuentran en la sala de estar.

– Genial, gracias.

Kagome se tomó de mi brazo y caminó pegada a mi cuerpo como un gato asustado, ajustada a su mano iba la correa de Aki, quien caminaba siguiendo el ritmo de ella. El sweater seguía sobre su cuerpo, no había querido quitárselo antes de entrar. Mi madre fue la primera en vernos y se levantó del sofá.

– ¡Inuyasha, Kagome! Han pasado siglos, la última vez que los vi fue para la boda de Miroku y Sango. – Me abrazó con cariño y abrazó a Kag luego. - ¿Cómo han estado las cosas?

– Genial – sonreí y en ese instante mi padre se acercó a Kag. La abrazó paternal y luego me miró con una sonrisa antes de hacer lo mismo conmigo.

– Que agradable es verte por aquí otra vez.

Nos sentamos en los amplios sofás blancos mientras traían un mini coctel antes de almorzar. Kagome olió el alcohol que mi madre le extendió en una copa y la vi palidecer, últimamente el aroma del vino le provocaba nauseas instantáneas. Su pecho dejó de moverse de forma constante con la respiración, asumí que estaba intentando aguantar el aire todo lo que pudiera mientras la tomaba entre sus manos.

– ¿Cariño no tienes calor en ese sweater? El día está tan soleado. – Mi madre la miró con preocupación, yo suspiré al lado de Kag, quien me miraba con pánico y se agarraba con fuerza de mi mano.

Estoy aquí a tu lado, todo estará bien. – Le sonreí intentando animarla mientras le entregaba el mensaje mental, se me había hecho sencillo acostumbrarme, ella por el contrario aún no lo lograba. – Con Kag tenemos algunas noticias que darles. – exclamé mientras le quitaba la copa y la alejaba lo mas que pude de su nariz.

Pude ver el rostro confundido de mis padres.

– Bueno, primero, hemos vuelto a estar juntos. – La sonrisa de mi madre dejó sus colmillos a la vista.

– Sabía que tarde o temprano se darían cuenta de que estaban unidos por el destino – exclamó sonriendo.

– Y segundo…

Alenté a Kag a quitarse el sweater y cuando estuvo fuera de su cuerpo la abracé por la cintura, intentando que no se sintiera sola, la sentí temblar. Vi a mis padres bajar su mirada lentamente a la pancita de mi chica, que resaltaba con su camiseta blanca apretada al cuerpo.

– Van a ser abuelos. – Mi madre se acercó rápidamente para abrazarla y cuando se separó de ella las lagrimas estaban acumuladas en sus ojos.

– ¡Estás embarazada! – exclamó con la voz quebrada, Kagome asintió – ¡Van a ser papás! – Se apegó a nosotros para abrazarnos al mismo tiempo. – Estoy tan orgullosa de ti Inu. – Me besó la frente con cariño.

Mi padre se mantuvo estático en su posición, aunque una leve sonrisa apareció en su rostro. Se acercó a paso lento y cuando estuvo frente a Kag habló por primera vez.

– ¿Puedo? – preguntó acercando sus manos a su vientre, ella asintió. Pude notar como las manos de mi padre al igual que las mías cubrían casi en su totalidad el lugar, Kagome era tan pequeña y frágil. Levantó su mirada y nos habló a los dos – Felicitaciones, a ambos, este es uno de los regalos mas lindos que la vida les entregará.

– Así mismo lo siento yo. – exclamó Kag a mi lado, abrazándose a mi mientras me miraba fijo y sonriente.


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El resto del día después del almuerzo fue ver a Aki corriendo por el jardín, aprovechando la inmensidad de espacio con pasto, mientras mi madre mantenía a Kagome sentada a su lado, cuidándola.

– ¿Has tenido antojos específicos por algún alimento? – le preguntó y yo me reí mirando a Kag.

– No ha dejado de comer limón desde hace 4 meses, en cualquiera de sus presentaciones… limonadas, postres, helados, con sal… – respondí involucrándome en la conversación.

– Pero me hubieras dicho, podría haber preparado un pastel de limón. – mi madre exclamó triste.

– No, no es necesario, la lasaña ha estado muy rica y me ha dejado satisfecha. – Kagome le sonrió e Izayoi apoyó una de sus manos en su pancita.

– Tienes una mami encantadora pequeñin, y un papá que te cuidará siempre, eres afortunado. – Kagome me miró y yo no pude quitarle los ojos de encima. Ahora comprendía finalmente por qué la gente decidía formar familia, esto era amor, era alegría constante… eran momentos que podría guardar para siempre en mi memoria. De pronto ya no quise salir de allí y no pude imaginar mi vida de otra forma.

– Sesshomaru viene en camino junto a Rin – Mi padre apareció con un whisky en sus manos – ¿Pueden quedarse un rato más?

Yo miré a Kag preguntando con la mirada, ella asintió.

– Si, aún es temprano. – exclamó mientras sonreía.

– A ver si uso tu pancita para incentivar a Rin a darme otro nieto.- ambas se rieron y yo disfruté del sonido.


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Sesshomaru llegó unos treinta minutos después con Rin tomada de su mano. El semblante serio de mi hermano y el dulce de su esposa contrastaban en exceso, pero de algún modo los hacía lucir en equilibrio.

Rin se acercó a saludarme y gritó cuando vió a Kag.

– Dios, pensé que no volvería a verte otra vez. – musitó y Kagome le respondió el abrazo.

– Me habrías visto eventualmente, tengo que devolver la ropa que me prestaste en esa ocasión.

– Ya ni la recordaba. – exclamó Rin. Se separó y sólo en ese instante notó el abdomen abultado de Kag, la miró con alegría genuina en los ojos – Espera… ¿voy a ser tía?

– Un sobrinito viene en camino para Sesshomaru y Rin, a ver si los motiva para ponerse en campaña también. – la voz dulce de Izayoi logró sonrojarlos a ambos.

Vi los ojos de mi hermano abrirse sutilmente por unos segundos ante la noticia y se acercó a paso lento hacia Kag. Ella lo miró hacia arriba con atención.

– Me alegro de que las cosas salieran bien después de todo este tiempo. – La voz ronca de Sesshomaru sólo sonaba suave para Rin y para Kag. – Felicitaciones a ambos.

– Muchas gracias, por todo. – Kagome le sonrió en respuesta y yo sonreí cuando mi hermano me miró, no éramos unidos, nunca me había dirigido la palabra si no era necesario, pero de pronto ya no sentí una pared entre nosotros cuando me sonrió sutilmente.


Para cuando nos alistamos para emprender el viaje de vuelta, tomé a Aki en brazos, después de gastar toda su energía corriendo durante el día de pronto había decidido dormir y no despertar por nada del mundo. Lo acomodé con su arnés especial para autos en los asientos traseros, no despertó ni siquiera en ese momento.

– Muchas gracias por todo madre, padre – Ambos me abrazaron – Prometo venir pronto.

– ¡Por supuesto que tienes que venir y la próxima vez traerás las ecografías de Kag!, quiero ver el avance mes a mes, si no vienes iré yo. – Kagome sonrió con la emoción de Izayoi.

Se despidió cordial de todos y subió al asiento de copiloto cuando le abrí la puerta.

Mientras manejaba ella iba con su cabeza apoyada en el asiento, moviendo la pulsera de oro rosado que le había regalado hace años y haciendo sonar levemente el cascabel.

– Y bien... ¿Ha sido tan terrible como pensabas?

– Me he sentido parte de una familia muy bonita, asi que estoy feliz.

Le sonreí sin despegar mis ojos del camino.


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(Perspectiva de Kagome)

El fin de semana pasó tan rápido que apenas sentí que lo había aprovechado con Inuyasha. Para el día lunes desperté temprano por la mañana con él aun abrazándome a su cuerpo. Di un beso corto en sus labios y entreabrió sus ojos dorados para mí.

– Buenos días amor, es hora de trabajar. – se restregó contra mi y un pequeño gruñido dulce salió de su garganta.

– Hmm… ¿no puedo quedarme aquí contigo?

– No… pero puedes volver más temprano si es que trabajas con ganas.

Se giró para dejarme bajo su cuerpo, me besó lento en los labios y sentí su lengua enredarse con la mía, un suspiro murió entre nuestras bocas y cuando estaba lista para abrazarlo por el cuello él bajó a mi abdomen para quedarse ahí con su mejilla apoyada. De pronto su rostro cambió a uno de sorpresa.

– Si me concentro puedo escuchar sus latidos rápidos. – Su voz emocionada logró exaltarme a mí y me quedé ahí con miedo de moverme. Tenía sentido, su audición era bastante más potente que la de un humano normal.

Acaricié sus cabellos mientras me enternecía con la imagen. Intenté concentrarme en mi latido y los ruidos de mis entrañas, de pronto un latido bajito y acelerado se escuchaba como un eco del mío y sólo sentí amor en mi interior como respuesta. Él acariciaba mi pancita con sus garras tan delicadamente como si fuera su tesoro más preciado.

– Papi está aquí, siempre estaré aquí para ti.

Nos quedamos así por un rato mientras Aki se apoyaba a un lado de Inuyasha. Luego de unos instantes subió para darme un beso corto, yo me agarré de sus cabellos para mantenerlo cerca.

– ¿Qué tal si nos duchamos juntos antes de que te vayas? – apenas terminé de decir la frase él me sonrió.

– Me parece una excelente idea. Le serviré comida a Aki y vuelvo por ti. – Yo asentí y él se puso de pie.

Entré en el cuarto de baño y luego de unos minutos lo sentí abrazarme por detrás. Se separó para abrir la ducha y el vapor comenzó rápidamente a llenar el lugar. Me dio el paso para entrar primero y él me siguió cerrando las puertas de vidrio tras de él.

– Bien… - lo vi acercarse a mi mientras el agua empapaba su cabello y fue una imagen sublime para mis ojos. Me besó con hambre y el vapor del lugar comenzó a hacerse tan denso que me costó respirar, pero no me importó. – Tu cuerpo ha cambiado, pero los cambios me gustan. – exclamó mientras una de sus manos masajeaba mis pechos y la otra se acercaba a mi abdomen. Gemí y él me besó para acallarme.

Lo sentí bajar lentamente mientras daba pequeños besos cortos y cerré mis ojos con fuerza, de pronto sentí su lengua lamer los pliegues de mi vulva y en instinto sujeté sus cabellos.

Al bajar mi vista pude ver como me miraba fijo mientras seguía con su labor. Su lengua se sentía cálida y cada lamido sacó suspiros y jadeos de mi boca. Sorprendentemente no me demoré nada en llegar al clímax y cuando mi cuerpo comenzó a estremecerse por el orgasmo él subió para besarme y penetrarme de una vez mientras me acorralaba contra la pared. Lo sentí gruñir y morder mi cuello, las sensaciones orgásmicas siguieron ahí y volvieron a aumentar cuando succionó mi sangre.

Se movió contra mí en un ritmo constante, un poco más rápido de lo habitual en los últimos meses. Bajó a mi pecho sin dejar de moverse contra mí y lamió mis pezones que demandaban atención desde hace un rato. Subió cuando estuvo satisfecho y volvió a besarme.

Me voy. – su voz resonó en mi mente unos minutos después mirándome fijo mientras acunaba mi rostro con una de sus manos.

Córrete para mí. – pensé y vi sus ojos cambiar a rojo con esa simple frase mental, que por cierto, era primera vez que lograba. Dio una última embestida y sus músculos se tensaron con un último gruñido mientras se mantenía mirándome. Dios… su mirada fija en mi mientras llegaba al clímax y el agua escurría por su rostro en pequeñas gotas era todo lo que necesitaba para comenzar bien el día. Poco a poco el rojo abandonó sus ojos y fue reemplazado por el dorado, nunca me cansaría de admirar su color.

El agua nunca dejó de correr y supuse que nuestros cuerpos ya estaban limpios para estas alturas. Él lavó mi cabello con rapidez y yo lavé el suyo después. Cuando la espuma había sido removida completamente Inuyasha cortó el agua. Salió primero y buscó una toalla para cubrirme, luego se secó con otra y la amarró a su cintura.

Yo me quedé pensando un poco en esto de poder transmitir pensamientos entre los dos, lo había intentado en varias oportunidades y no había resultado, o al menos no hasta ahora, ni siquiera sabía como entrenarlo.

– Oye Inu – exclamé mientras terminaba de abrochar mi sujetador. - ¿Cómo funciona esto de la unión mental extraña? – él se rio mientras colocaba su camisa.

– La verdad no tengo idea, sólo sé que tengo que concentrarme bastante más que para controlar mentes humanas. También he notado que la conexión física hace la mental más fácil. – Tenía sentido, yo sólo había podido cuando de forma literal su cuerpo había estado unido al mío.

– ¿Podemos practicar cuando vuelvas? Podría enviarte mensajes de amor todo el día sin necesidad de celular. – el sonrió y me abrazó.

– Cuando vuelva practicamos, es costumbre supongo. Mis padres lo tienen tan controlado que ni siquiera necesitan tocarse para que funcione, no sé si lo has notado, pero se mueven en sincronía perfecta alrededor del otro.

– Si – era verdad. A pesar de que Inuyasha y yo funcionábamos como imanes y nuestra relación era fuerte, aún no había una sincronía completa entre nosotros… quizás necesitaríamos siglos para ello.

Luego de vestirnos tomamos desayuno juntos mientras nos reíamos. Por suerte esta mañana no había sentido náuseas y pude volver a comer un poco más. Aki llegó moviendo su cola segundos después.

– Hoy podríamos ponerle su última vacuna… ¿lo hacemos cuando llegues?

– Super… espera por mí.

– Siempre espero por ti. – dio un pequeño beso sobre mi frente y luego caminó al baño para lavarse los dientes.

Se despidió con un beso lento en mis labios y apenas desapareció por la puerta de pronto tuve un mal presentimiento y un escalofrío me recorrió. Cerré la puerta principal con llave cuando el miedo me embargó.

Me dediqué a ordenar el departamento con Aki siguiéndome por todos lados. El sonido del citófono mi distrajo unos minutos después y contesté.

– ¿Sí?

– Buenos días, señorita Higurashi… Hay… correspondencia para el señor Taisho, subiré para ir a dejársela. – exclamó la voz ya conocida del conserje.

– Super, muchas gracias.

la puerta sonó y abrí con una sonrisa que se borró apenas vi a la figura femenina frente a mí. Intenté cerrar la puerta con toda la fuerza que pude encontrar, sin embargo como siempre, su fuerza era mayor.

– ¡Oye!, pensé que estarías feliz de verme después de tres largos años… quien diría que tu e Inuyasha volverían, ¿acostarme con él no fue suficiente motivación para romper su relación de manera definitiva?

Kikyo me miró desafiante y Aki comenzó a ladrar, lo vi prepararse para atacarla y tuve miedo por su bienestar, el cachorro no tendría oportunidad contra ella.

– ¡Aki, no! – exclamé en un grito, él se quedó en su lugar, obedeciendo, pero no detuvo sus ladridos.

Continué haciendo fuerza para cerrar la puerta, pero ella no se rindió. Mis garras comenzaron a doler mientras se doblaban hacia atrás contra la madera y mi sangre la manchó en pequeñas gotas rojizas, a pesar de ello no me rendí e intenté empujar con todo mi peso apoyando mi hombro.

– Abrirás esta puerta voluntariamente si no quieres que dañe a ese perro, me tiene hastiada con sus ladridos y tu sabes que basta sólo un empujón fuerte para que la abra.

Aki me miró hacia arriba y me rendí, sabía que sus amenazas no eran solo palabras. Dejé de combatir y la puerta se abrió hasta atrás.

– Bien, ¿Qué tal si vamos a caminar por ahí? – Me sonrió y su voz resonó en mis oídos.


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(Perspectiva de Inuyasha)

– Las ventas han aumentado al triple durante los últimos cuatro meses, creo que has acabado con la competencia en tiempo record.- Miroku mostró unos gráficos ante mí y yo sonreí.

– Es que tengo una mano derecha muy eficiente. – él se rió.

– ¿y Mika? Generalmente le paso estas carpetas a ella para que las archive.

Ahora que lo mencionaba no la había visto hoy…

– Creo que no ha venido a trabajar… la llamaré. – tomé mi celular y marqué aquel número que había quedado olvidado en mi lista de contactos desde que Kagome había vuelto a aparecer en mi vida; después de un par de tonos la llamada terminó, me había cortado. Okey, eso era raro.

Un escalofrío me recorrió y tuve el impulso de llamar a Kag. El tono de marcado se me hizo eterno, contesta gatita… La grabación del buzón de voz terminó de asustarme. Me puse de pie antes de volver a hablar.

– Necesito salir de aquí, iré a ver si Kag está bien… - Miroku no pareció comprender mi arrebatado cambio de ánimo, pero se puso de pie de todas formas.

– ¿Quieres que te acompañe? – yo asentí y él me siguió de cerca.


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El trayecto a casa nunca se me había hecho tan largo. Intenté acelerar todo lo que pude mientras seguía marcando el número de Kag, llevaba diez llamadas ya, ella no había contestado ninguna. Mi corazón comenzó a latir con fuerza y las manos me temblaron sobre el volante. Miroku me miró preocupado.

– Necesitas calmarte, quizás se ha quedado dormida.

– Su sueño es muy ligero, para estas alturas debería haber contestado… y el hecho de que Mika no esté en la oficina justo hoy no puede ser simple coincidencia… Kagome me dijo que no le daba confianza… soy un idiota, no debí dejarla sola.

– Tenías que trabajar, deja de culparte, sé que el que Kag esté embarazada te tiene más aprehensivo de lo normal y puedo comprenderlo totalmente, pero ella es bastante fuerte por sí misma, probablemente lleguemos allí y todo este en orden.

Volví a llamar, el buzón de voz volvió a sonar y golpeé el volante con rabia. Miroku llamó a Sango cuando estábamos a unas cuadras del apartamento.

– Hola amor, ¿has hablado con Kag hoy?, ah… no, por nada, es que no le contesta a Inuyasha y ha entrado un poco en pánico. No no, no es necesario, te avisaré cualquier cosa, bien, adiós.

Frené con fuerza frente a mi edificio y salí del auto sin preocuparme si Miroku me seguía o no. El conserje no estaba, raro. Apreté el botón del ascensor y cuando noté que estaba en el último piso comencé a apretar mis puños con ansiedad. Logré llegar al piso veinte en minutos que se me hicieron eternos, abrí la puerta del departamento y Aki llegó a mi lado moviendo la cola.

– ¡¿Gatita?! – nada, el silencio de pronto me hizo sentir indefenso.

Recorrí todas las habitaciones mientras Miroku llegaba y cerraba la puerta.

– Inuyasha… ven aquí. – exclamó mirándola. Me acerqué con rapidez a su lado.

Miré la madera por unos segundos y noté que había marcas de garras sobre ella, también había pequeñas pintas y gotas en café rojizo. En todo mi arrebato ni siquiera había sentido el aroma de la sangre de Kag… a pesar de que la puerta estaba impregnada.

Tomé a Aki en brazos mientras revisaba que no tuviera heridas, lamió mi nariz con cariño y salí con él en brazos a paso rápido.

– Espera, ¿dónde vas? Ni siquiera tienes una pista para seguir.

– No puedo quedarme aquí de brazos cruzados ¿no? – Intenté oler con toda mi concentración la puerta por ambas caras. De pronto muy sutil apareció el aroma de Kikyo. Mierda.

– Kikyo… Kikyo estuvo aquí. – caminé hacia el ascensor con Aki en brazos y apreté el botón con desesperación. La cabeza comenzó a dolerme y mis manos temblaban, el eco de mis latidos se hizo insoportable para mis oídos.


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Eso ha sido todo por hoy, leí algunos comentarios y algunas personas ya sospechaban y extrañaban a Kikyo, bueh, ha vuelto a aparecer. Estaré actualizando entre martes y miércoles, lo prometo

Un abrazo virtual a todos/as!

Frani.